Reseña: Ring (1995)

Todo el mundo, o al menos la mayoría de los que se pasan por aquí, conocerá sin duda la fundacional película de Hideo Nakata Ringu (1998), pero probablemente no sean tantos los que sepan que no fue esta la primera versión de la novela de Koji Suzuki; pocos años antes ya se había hecho esta adaptación para la televisión japonesa que entre otras cosas era más apegada incluso a la novela original. Aunque nunca recibió una edición en formato doméstico en Occidente (al menos que yo sepa), Ring (1995) se ha convertido con el tiempo en una curiosidad que vale la pena ver por muchos motivos, entre otros lo distinta que resulta al camino que tomaría la saga más adelante.

Por supuesto la trama es la misma que ya conocemos: un periodista investiga la misteriosa muerte de su sobrina que al parecer está relacionada con una cinta de vídeo que mata en siete días a todo aquel que la ve, y para descubrir la verdad se alía con un psíquico en horas bajas que lo adentra en un mundo de fenómenos paranormales y pseudo-ciencia. Una de las cosas más interesantes a destacar de entrada es que el protagonista es, al igual que en la novela de Suzuki, masculino, un detalle que ninguna otra versión ha mantenido. También sigue muy de cerca el tono de misterio paranormal de la novela original, aunque esta adaptación sí que opta en ocasiones por secuencias que intentan hacerla más «de terror», aunque por desgracia no lo consigue muy bien debido a los muy limitados medios de los que dispone.

De hecho una de las cosas más curiosas que tiene es cómo la película intenta balancear esa atmósfera de cine de miedo con la estética propia de una cinta de los noventa evidentemente rodada en vídeo con una música muy pobre y unos efectos especiales de saldo que se notan sobre todo en detalles como la famosa cinta maldita (que parece aquí un trabajo de pura psicodelia) y las apariciones fantasmales hechas a través de disolvencias que ya resultaban baratas incluso para la época. Esto, sin embargo, no quita que la película introduzca aspectos interesantes que otras adaptaciones han dejado de lado, como por ejemplo los detalles más escabrosos de la historia de Sadako, un personaje que a diferencia del resto de las adaptaciones está completamente erotizado hasta hacer de ella un súcubo seductor, completamente acorde con el tono marcadamente erótico de una película que incluye numerosas escenas de desnudos y sexo lo bastante explícitas como para requerir el ya clásico pixelado púbico propio de la ficción japonesa.

Resulta curioso ver hasta qué punto la versión de Nakata suavizó varios elementos de la novela original y cómo esta de la que hablamos hoy intenta por el contrario rescatarlos aunque sus valores de producción televisivos terminen pasándole factura. Evidentemente está, por lo menos a nivel técnico, muy por debajo de sus adaptaciones posteriores, pero como curiosidad cinéfila está muy bien y permite ver que varios de los puntos estéticos que asociamos con la versión del 98 ya se habían ensayado aquí. Quiero pensar que definitivamente hubo una influencia ya que uno de los guionistas de este telefilme, Jôji Iida, terminaría también co-escribiendo y dirigiendo una de las secuelas de la saga cinematográfica. Así que echadle un ojo al menos. Como ya he dicho, hasta donde sé no existe en la actualidad una edición en formato doméstico disponible, aunque se puede conseguir fácilmente por medios alternativos.

Reseña: The Unholy (2021)

Nueva entrada en el siempre fértil terreno de películas de terror basadas en la religión, The Unholy (2021) es una a la que quizá habría prestado más atención si hubiese sabido que estaba basada en una novela de James Herbert, un autor que me gusta mucho y que por sí solo habría explicado el innegable componente pulp de una historia mucho menos seria de lo que plantea en un principio. La cinta de la que hablamos hoy está por el contrario más cercana a clásicos terrores góticos como la ya comentada aquí La máscara del demonio (1960) en el sentido que parece de otra época en la que este tipo de historias se abordaban desde una perspectiva más festiva.

En este caso en particular la trama va acerca de un periodista en horas bajas (el siempre simpático Jeffrey Dean Morgan) que viaja hasta un pequeño pueblo de los Estados Unidos donde se está produciendo una serie de milagros por parte de una chica que podría ser una santa, pero cuyos poderes tienen en realidad un origen mucho menos benévolo. Si piensas, sin embargo, que esta es una historia acerca de la fe y de un personaje cínico dándose de bruces con lo sobrenatural, que sepas que estás solo parcialmente en lo cierto porque la película nunca aborda estos temas desde una óptica seria y se trata más bien de una historia de maldiciones, brujería y una conspiración histórica que incluye a las altas autoridadesd de la iglesia.

Pero en realidad este tono superficial con el que toca sus temas no es un problema en sí mismo ni algo que se le pueda criticar; lo que en mi opinión termina tirando la película abajo es el evidente cutrerío técnico que hace que por momentos parezca que estás viendo una serie de televisión de los noventa, algo que queda claro ya desde el prólogo ambientado en el siglo XIX pero que no mejora con el tiempo de metraje sino más bien todo lo contrario. Lo curioso de todo este asunto es que normalmente este tipo de cintas suele usar la falta de recursos como coartada para tener unos efectos especiales más sutiles, pero esta se decanta por lo opuesto y se afinca en unos efectos especiales de saldo (sobre todo en cuanto a lo concerniente al monstruo final) que terminan pasándole factura de la peor manera.

Tampoco quiero ser muy duro con esta película porque considero que hay unas ideas muy buenas aquí, sobre todo en cuanto al carácter siniestro y circense de la Iglesia y el aprovechamiento de la fe popular, y realmente considero que la misma trama con un poco más de cuidado estético hubiese podido funcionar mucho mejor, pero la desgana con la que recrea sus escenas de miedo hizo que no me la pudiese tomar en serio en ningún momento. No me convenció.

Reseña: Antlers (2021)

El director Scott Cooper, quien tiene en su haber varias entradas «respetables» en el mainstream como Crazy Heart (2009), Out of the Furnace (2013) y Black Mass (2015), se estrena en el cine de terror con Antlers (2021), con la que viene a solventar dos importantes carencias: por un lado un merecido vehículo de lucimiento para la actriz Keri Russell, y por otro lado una nueva historia sobre el Wendigo, una de las criaturas más conocidas de la mitología rural americana y cuya inclusión en el cine de miedo es siempre bienvenida. Esta entrada además cuenta con muchas cosas a su favor y aunque resulta un tanto inconsistente en cuanto a los temas que toca, es probablemente una de las más efectivas y tenebrosas que se han hecho acerca de este monstruo.

La identidad de la criatura, por cierto, no es algo a lo que se le de mucha importancia por lo que puedes verla incluso si no estás familiarizada con ella. Algo curioso es que la trama se asume como sobrenatural desde el principio por lo que la protagonista (una maestra de escuela que descubre que lo pensaba originalmente como un caso de abuso infantil tiene un origen mucho menos terrenal) va descubriendo el origen de algo que como público ya conocemos; la presencia de una criatura inhumana que queda liberada por accidente y a la que ella y su hermano deberán enfrentar a como de lugar.

Como decía, la película tiene muchas cosas a favor: un elenco sólido, una ambientación y fotografía magnífica y unos efectos especiales y diseño de monstruo espectaculares que elevan el acabado final a algo muy por encima de los humildes preceptos de una creature feature convencional. Precisamente el diseño de la criatura es particularmente bueno y memorable, y algo en lo que se nota mucho la mano de Guillermo del Toro como productor. Es tan bueno, de hecho, que hace que pasemos por alto lo genérica que resulta la historia y la manera en que gran parte de su mensaje sobre el maltrato y los daños irreparables de la industrialización son dejados de lado sin nunca desarrollarse a plenitud.

Esta superficialidad sobre cuestiones que parecían más importantes en un principio son la única crítica real que le puedo hacer, porque todo lo demás resulta tremendamente disfrutable y la película se asume desde el principio como una historia de terror oscura y muy violenta con algunos pasajes realmente duros de ver. Es una lástima que no haya tenido éxito en el momento de su estreno aunque ahora que ha comenzado a aparecer en servicios de streaming está comenzando a ser descubierta por muchos que en su momento la dejaron pasar, incluyéndome. Está muy bien.

Reseña: La matanza de Texas (2022)

Fede Álvarez y compañía se echan al hombro como productores a La matanza de Texas (2022), nuevo soft reboot de la saga y un nuevo intento de rentabilizar la película de Tobe Hooper mediante su conversión al género slasher, algo que la original nunca fue. A diferencia de la mayoría de los intentos anteriores, sin embargo, esta ha ganado una gran notoriedad en parte gracias a que Netflix se hizo cargo de su distribución, dándole así un estreno mucho más concurrido de lo que probablemente habría tenido en caso de pasar por cines. ¿El resultado? Depende de cómo se mire: si bien esta nueva Texas Chainsaw Massacre 2 (aunque tenga el mismo título, eso es lo que es) sigue sin entender lo que hacía la original algo especial, es también una de las secuelas más entretenidas que se han hecho, por mucho que el listón haya estado siempre bajo.

Por mi parte confieso que al principio me llamó mucho la atención ya que comienza con una premisa muy atractiva que utiliza como trasfondo la brecha entre la América urbanita y la rural (probablemente la mayor y más profunda división que existe hoy en día en los Estados Unidos), abordando temas como la gentrificación, el miedo al otro y sobre todo la superficialidad de un idealismo banal e ingenuo. Por desgracia, todos esos temas interesantes son completamente dejados de lado e ignorados una vez que Leatherface entra en escena, transformando la película en un festival de gore y violencia mayor que el de cualquier entrega y trayendo además al personaje de Sally, la superviviente de la película original que regresa casi cincuenta años después a acabar con el causante de su trauma de una vez por todas.

Precisamente ha sido la inclusión de este personaje uno de los aspectos más comentados de la película. Los motivos por los que está en ella son dos muy evidentes: por un lado, darle a la película cierto grado de legitimidad como secuela tardía, y por el otro terminar de copiar descaradamente el Halloween (2018) de David Gordon Green. Al final ninguno de estos dos motivos tiene sentido alguno no solo porque la inclusión de Sally resulta forzadísima e intrascendente sino también porque el personaje está interpretado por otra actriz, con lo que imagino que los responsables contaban con que el público se olvidara de que la actriz original, Marilyn Burns, murió hace ya varios años.

No todo es malo; a pesar de que no tiene nada que ver con la de Hooper ni parece saber qué era lo que hacía de esta algo especial, no se puede negar que los efectos prácticos y gore son realmente excelentes y la película tiene la ventaja de que es corta (dura menos de hora y media, incluyendo nueve minutazos de créditos finales). Además, no tuve que pagar para verla en un cine. Estas tres cosas por sí solas creo que explican que mucha gente la haya disfrutado, pero honestamente no siento que pueda concederle más que eso ya que precisamente una de las mejores cosas que tenía la original era la forma en que se negaba a banalizar su violencia, lo que a su vez hace que el espectador la recuerde como una película mucho más brutal de lo que realmente era. Esta, además, tampoco se puede decir que destaque mucho como slasher ya que incluso dentro de su propia liga hemos tenido ejemplos muy superiores que parten de una premisa y referentes similares pero mejor hechos. No ha estado mal, pero hasta ahí.

Reseña: Lake Mungo (2008)

Tras la trágica muerte por ahogamiento de la joven Alice Palmer, su familia está en la certeza de que los fenómenos ocurridos en su casa se deben a su fantasma, que intenta comunicarse con ellos. Esta es la historia de la que parte la cinta australiana Lake Mungo (2008), un falso documental que se ha convertido con el tiempo en una de las más apreciadas obras de este formato en el género de terror. Durante años me fue recomendada por mucha gente de cuyo criterio me fío pero nunca llegué a verla, en parte porque no es tan fácil de conseguir, pero lo cierto es que es una película muy singular que no solo es muy buena sino que tampoco se parece mucho a la mayoría de los trabajos con los que es inevitablemente comparada.

Más allá de la premisa mencionada arriba, una de las cosas que más sorprende de la película es que realmente parece un documental, y como tal tiene un manejo sutil pero efectivo de lo que vendría siendo sus golpes de efecto. De hecho la mayor parte del componente sobrenatural de la película está dado por la representación de fenómenos muy conocidos para aquellos amantes de la conspiranoia fantasma: apariciones espectrales en fotografías y cintas de vídeo casero, la inevitable entrada en escena de un investigador paranormal y recreaciones de escenas de miedo aderezadas con entrevistas a los miembros de la familia. Toda esta parte está, a decir verdad, muy lograda y la investigación acerca no solo de la presencia del fantasma sino de la verdad tras la muerte de la joven está tratado de una manera muy interesente con giros sorpresa de trama pero sin apenas truculencias ni escabrosos secretos como una película más convencional habría hecho sin duda.

De hecho, es aquí donde tengo que mencionar algo que quizá condicione la apreciación que se tenga de la película, y es que Lake Mungo pone el énfasis en la parte emocional de la historia y la manera en como la familia de Alice debe lidiar con su muerte. Es por eso que quien se espere una película de terror pura y dura se va a llevar un chasco porque si bien hay sustos y escenas de miedo, estos no son para nada el centro de una historia que se presenta más bien de forma melancólica y hasta cierto punto optimista en cuanto a sus conclusiones. Quizá el problema resida en que durante el momento de su estreno y su posterior lanzamiento en mercado casero la película fue publicitada como una historia de terror más convencional, en parte gracias a cosas como esta engañosa portada que la cinta recibió tras su inclusión en el After Dark Horrorfest.

Es posible que a mucha gente la decepcione pero esto se debe principalmente a que se ha publicitado como una película de terror al uso cuando para nada es así. Si uno va sabiendo esto de entrada la puede disfrutar mucho más porque realmente está muy bien. Curiosamente, su director, Joel Anderson, no ha vuelto a rodar un largo desde entonces a pesar de que la película ha terminado por granjearse cierto nivel de culto, lo cual es sin duda una lástima.

Reseña: Historia de lo oculto (2020)

Un programa de televisión en la Argentina de finales de los ochenta prepara en directo la que será su última transmisión, en la que intentarán revelar el contenido de una investigación vinculada al gobierno y cuya última pieza esperan hacer pública en directo. Ese es el punto de partida de Historia de lo oculto (2020), una maravillosa película que mezcla thriller político, conspiranoia, terror cósmico y ficción sobrenatural, y también una de las más interesantes entradas del fantástico latinoamericano en los últimos años.

Es difícil decir de qué se trata sin destripar detalles importantes de la trama, pero el párrafo de arriba resume de forma más o menos acertada lo que hay que saber. El resto va cayendo ante el espectador de forma gradual pero efectiva, a la vez que este no solo va descubriendo el misterio detrás del argumento de la película sino también sus decisiones estéticas o temáticas, tales como la ratio de aspecto de la pantalla (que va variando dependiendo de cosas que ocurren en ella), el uso alternativo del blanco y negro y el color, y por supuesto un subtexto abiertamente político pero abordado con inteligencia y sobre todo de una forma muy poco covencional.

Todo esto, además, tratado desde una perspectiva minimalista en el que mayor parte de las escenas tienen lugar en espacios cerrados, con especial atención a las muy intensas escenas que transcurren en el plató de televisión, las cuales se resuelven casi siempre mediante diálogos. El resto de las escenas, con los reporteros del programa haciendo su propia investigación, son las que contienen la mayor parte de las claves argumentales así como los elementos fantásticos, y aunque en un principio pareciera que sus salidas son un tanto arbitrarias, todo el entramado argumental va encajando poco a poco hasta desencadenar en un final muy bueno que no solo ofrece respuestas a lo que hemos visto sino que también abre un abanico de posibilidades muy grande.

Siendo sinceros, todo el principio se hace un poco difícil de seguir, lo admito, pero los que se queden serán ampliamente recompensados con una de las más estimulantes obras de terror (?) que he visto en mucho tiempo. Me ha volado la cabeza y siento que quiero verla otra vez lo antes posible. Tenía mucho tiempo que no veía una película capaz de emplear el fantástico para crear una analogía política tan apasionante y bien hecha, y aún así siento que hago un muy pobre trabajo recomendándola porque para hacerlo mejor tendría que hablar de las cosas que ocurren en ella cuando esta es una de esas películas a las que es mejor asistir en frío. No la dejen pasar.

Reseña: Valentine (2001)

Reseña guardada especialmente para este día, Valentine (2001) fue en su momento uno de los ejemplos de esa fiebre por el slasher juvenil que inundó las carteleras a finales de los noventa y princios de los dosmil, sobre todo tras el éxito de Scream (1996) y sus sucedáneos. Entre estos trabajos, por cierto, se cuenta el del propio director de esta película, el australiano Jamie Blanks, quien ya había hecho su colaboración a esta tendencia con la por otro lado muy superior Leyenda urbana (1998). En esta ocasión el gancho, y aquello que la diferencia de sus congéneres, está en el empleo del día de San Valentín como clave temática, pero todo lo demás está allí: elenco joven, asesino enmascarado y una trama enrevesada en la que la identidad del asesino y la motivación tras los crímenes es de una importancia central.

Dicha trama es algo, además, que se nos revela prácticamente desde el principio a través de un innecesario flashback donde vemos al chico feo y rarito de la clase de instituto que años más tarde decide vengarse matando una a una a las chicas que lo rechazaron y cuya acusación falsa hizo que terminara en prisión. Un día, de la noche a la mañana, estas chicas comienzan a morir a manos de un misterioso asesino atavidado con una máscara de Cupido en los días previos a San Valentín, que es cuando tiene lugar la masacre principal y el clímax de la película.

Habiéndola revisitado ahora muchos años después de que lo hiciera por primera vez he terminado por descubrir muchos detalles interesantes en la película que no había visto antes y que en realidad dan para mucho juego aunque no se aprovechen del todo: tanto las motivaciones del asesino como la historia de la amistad entre las chicas muestra esbozos de una trama mucho más compleja de lo que se muestra a simple vista, con escenas y giros argumentales un tanto inexplicables que parecieran hablar de un trasfondo de personajes y subtramas que probablemente tuvieron que ser eliminadas para reducir tiempo de metraje y cuya ausencia se nota, sobre todo una vez llegado el momento de la revelaci´ón final, muy predecible para cualquiera que haya visto películas de terror pero que inevitablemente terminará generando más preguntas que respuestas. También hay muchas buenas ideas en cuanto a la cultura del ligue que incluyen referencias que quizá los más jóvenes no pillen (el speed dating, el ya difunto intercambio de cintas, etc) y que se podrían haber combinado con la temática de San Valentín, como también se habrían podido combinar sus muchas alusiones a la masculinidad depredadora o el subtexto misógino del asesino, que por lo visto va a por las chicas que lo rechazaron pero no a por los chicos que lo humillaron en el mismo incidente.

Todas estas son cosas que están ahí, sin duda, pero que inevitablemente terminan o bien dejándose de lado o bien no desarrollándose en beneficio de un tratamiento más superficial, desde el lucimiento de Denise Richards como innegable reclamo erótico del elenco hasta un balanceo un tanto ca´ótico del misterio en torno al asesino, puesto que cerca del final la película empieza de repente a traer de vuelta a varios personajes secundarios para intentar hacerte creer que el culpable podría ser cualquiera cuando en realidad resulta muy claro de quién se trata casi desde el principio. Después de tantos años le he encontrado muchos aspectos positivos que no tomé en cuenta en su momento y que me hubiese gustado se aprovecharan más, porque lo cierto es que aquí sí que hay el germen de una buena idea que por desgracia no llega mucho más allá de lo que sus contemporáneas consiguieron.

Reseña: 1922 (2017)

Ahora que Stephen King está teniendo tan buena racha con las adaptaciones de sus obras considero pertinente rescatar una película que en su momento no tuvo la repercusión que se merecía, quedando sepultada entre el resto de los estrenos de una plataforma de streaming. Hablo por supuesto de 1922 (2017), una muy buena adaptación de la que a mi juicio es también una de las mejores novelas cortas de King de los últimos años y que fue incluida en su colección Todo oscuro sin estrellas, la cual por supuesto recomiendo sin reserva alguna.

La historia es la misma que la de la novela: la narración de un granjero de principios del siglo XX que cuenta cómo un día él y su hijo se aliaron para matar a su mujer e impedir que esta vendiera la granja y se emancipara. Pero lo que comienza como simplemente la historia de un crimen se convierte pronto en algo mucho más terrible cuando tras el hecho padre e hijo comienzan a ser acosados por la culpa, el rencor y una serie de desgracias que caen sobre ambos como si de una maldición se tratase.

De hecho, una de las cosas más interesantes que tiene es que el supuesto componente sobrenatural es ambiguo y perfectamente podría estar solo en la mente del protagonista, algo que una película más convencional no habría hecho. Aquí por el contrario el peso parece estar en lo cruel y macabro que es el argumento incluso abordado desde el realismo, algo a lo que le ayuda su magnífica ambientación y, especialmente, el espectacular trabajo de Thomas Jane, un actor injustamente infravalorado con un rango muy amplio y que aquí tiene el que fácilmente es su mejor trabajo hasta la fecha.

Contrariamente a lo que ciertas clasificaciones puedan decir, 1922 es no solo una película de terror sino también una historia deprimente y desoladora cuyo única falta quizá sea que no llega a los niveles de horror y grotesco de la novela en que se basa. Aún así, hay imágenes muy poderosas y aunque todo el conjunto es más sencillo de lo que parece en un principio, te deja con muy mal cuerpo. Tuvo quizá la mala suerte de estrenarse con poco bombo en Netflix al mismo tiempo que otra adaptación de King, El juego de Gerald (2017), la cual obtuvo muy buenas críticas y también estaba basada en una novela de King que exploraba conflictos matrimoniales bajo una faceta de terror. De todas formas no la dejen pasar.

Reseña: Fear Street: 1666 (2021)

La trilogía de Fear Street cierra de forma satisfactoria con esta tercera parte completamente entregada a lo sobrenatural y que, tal como corresponde a un tercer acto, sirve también para poner de cabeza lo que pensábamos estaba claro de las dos primeras entregas al mostrarnos en un muy largo flashback la historia de la bruja Sarah Fiers y el secreto detrás de su maldición. Me sorprende lo mucho que he disfrutado esto y lo bien que ha salido este experimento de miniserie con episodios relativamente autoconclusivos, sobre todo teniendo en cuenta que esta tercera entrega es muy distinta a las dos anteriores en casi todo: estética, estilo e incluso referentes.

Tal como habíamos visto al final de la segunda entrega, esta tercera entrega está en su mayor parte ambientada en el pasado, concretamente en el año 1666, contando así la historia detrás de la maldición de Sarah Fiers y revelando al mismo tiempo no solo la verdad acerca de lo que ha desencadenado la trama sino también la exposición de un pasado de injusticias y violencia sobre la población de Shadyside, con especial saña en sus miembros más vulnerales. El cambio tan radical de ambientación funciona gracias a la ingeniosa decisión de llenar la trama del siglo XVII con los mismos actores de las dos primeras entregas haciendo otros personajes, lo cual, si bien trae algunos sonrojantes momentos de acentos que salen mal, ayuda a mantener el vínculo emocional con el público y da juego a interesantes paralelismos muy acordes con el argumento.

Este cambio también trae como consecuencia el abandono parcial del componente slasher de las dos películas predecesoras, pero todos los demás aciertos se mantienen, incluyendo la curiosidad estética de una película ambientada en el pasado pero rodada con una estética si se quiere moderna. También, y en concordancia con las dos entregas anteriores, es mucho más explícita en cuanto a sus temas de sexo y violencia pero al mismo tiempo está dotada de un subtexto emotivo y reivindicativo que se da a un nivel si se quiere mayor que el de las anteriores, volviendo durante el último tercio a 1994 para darle cierre a la historia con un último desafío catárquico y un muy claro discurso político.

Todo esto que he contado es algo, sin embargo, que se da con total naturalidad y no es sino la consecuencia de temas que las tres películas han ido asomando de forma gradual, sin descuidar en ningún momento sus aspectos de terror. Además celebro que haya una saga de terror juvenil que no menosprecie a su público potencial sino que por el contrario esté constantemente empujando los límites de lo que se suele presentar en este tipo de historias, lo cual me hace perdonarle todas sus autoindulgencias y sus pequeños fallos. En verdad me ha parecido una excelente trilogía que debería haber sido más exitosa de lo que fue. Espero que tenga continuidad porque el potencial que tiene es enorme.

Reseña: Scream (2022)

La primera entrega de la saga de Scream hecha sin la participación de Wes Craven riza el rizo asumiéndose de entrada ya no como meta-slasher sino como una serpiente que se muerde la cola, con una cantidad abrumadora de auto-referencias tanto a la saga como a su versión meta-ficcional, Stab, algo que la acerca más a la tercera entrega de la saga, con la que tiene muchos puntos en común. Personalmente me ha parecido la menos recomendable de todas por muchos motivos, y el principal de ellos quizá tenga que ver con las inexistentes ganas de sacar algo interesante bajo la excusa de la autoparodia.

El empleo del mismo título de la original a pesar de tratarse de una quinta entrega ciertamente no es algo nuevo, pero tiene sentido si tenemos en cuenta que se trata básicamente de una vuelta a los orígenes, con un grupo de jóvenes amigos acosados por un asesino que lleva una máscara de Halloween y que guarda relación no solo con el pasado del pueblo de Woodsboro sino también con la obra de ficción Stab, la cual tiene una gran importancia para el argumento. Se hace necesario, por lo tanto, seguir no simplemente las reglas de las películas de horror (clave argumental ya hace tiempo superada) sino las reglas de las propias películas de Stab y por lo tanto de Scream: la clave del misterio está en el pasado, las víctimas están todas relacionadas entre sí y el asesino es uno (¿o dos?) del propio grupo, algo que se menciona incluso en varias ocasiones para que hasta el más tonto del público lo pille.

Esta es la idea base de la que parte, solo que los ingredientes están mal: el nuevo elenco me pareció en su mayoría terrible (sobre todo la chica protagonista) y, tal como está representado el personaje de Ghostface desde el principio, la resolución del misterio no tiene sentido alguno, cosa que los responsables saben pero a lo que no parecen dar ninguna importancia. Honestamente, casi todos los pocos momentos de brillantez están protagonizados por los personajes de la saga original, quienes resultan esenciales para la resolución de la trama a pesar de que, paradójicamente, tienen una participación tan limitada y con tan poco tiempo en pantalla que casi no tienen oportunidad de hacer nada. De hecho el único que parece hacer algo con su personaje es David Arquette, quien vuelve una vez más como Dewey y protagoniza los únicos momentos de la película en los que sentí alguna conexión emocional con lo que estaba pasando. Eso y el excelente trabajo de voz de Roger L. Jackson como Ghostface son los únicos momentos de calidad real.

Todo lo demás me pareció sinceramente muy pobre: a pesar de que la película es mucho más violenta que las anteriores, el discurso meta es ya un chiste facilón a estas alturas, incluyendo la poco sutil coña del «horror elevado» y la absurda idea de la «recuela», palabra que nunca había escuchado ni leído hasta ahora. Pero en realidad, las menciones metaficcionales, más que un chiste, me parecieron un intento bastante burdo por parte de la película de justificar su propia existencia. Lo peor quizá sea la resolución del misterio y especialmente la motivación de los crímenes, acompañada por supuesto de una reflexión acerca del fandom tóxico que me pareció vulgar, facilona y terriblemente ingenua, en un alarde de autocomplacencia discursiva similar al de la última versión de Black Christmas (2019). De verdad, si queréis ver algo mucho más interesante e innovador con la saga os recomiendo que le echéis un vistazo a la serie de televisión, que está mucho mejor. En cuanto a esta, no miento si les digo que en varias ocasiones, sobre todo cerca del final, sentí una gran pena ajena.