Reseña: American Psycho (2000)

De entre ese impresionante número de actores “jovenes, bellos y exitosos” de los últimos años, yo definitivamente me quedo con Christian Bale. No sé, hay sencillamente algo en la presencia de este actor que hace que, forzosamente, deba prestarle atención. Lo vi por primera vez (al igual que la mayoría) como el niño protagonista de El imperio del sol (1987), una de las películas menos exitosas de Steven Spielberg, y su excelente trabajo en ella fue seguido de una serie de films fácilmente olvidables (si excluímos buenas adaptaciones cinematográficas como Mujercitas y Henry V), pero en las que este actorazo siempre aportó su toque de esa nueva elegancia aglosajona que va a término medio entre el british y el all-american. Incluso otorgó cierta cantidad de dignidad a películas de género evidentemente mediocres, como Sueño de una noche de verano (1999), Equilibrium (2002) o Reign of Fire (2002). A ver que hace cuando este año se encasquete el traje de Batman.

Pero en fin, hablemos de esta película, de American Psycho (2000). Hace poco, en mi blog personal mencioné la novela en que está basada esta cinta, y me preguntaba si esta no me gustaría menos ahora que he leído el libro. La respuesta es un rotundo no, ya que ambos son muy diferentes. Sabiendo que era absolutamente imposible llevar la extrema y gráfica violencia del libro a la gran pantalla, su directora, Mary Harron, decidió dejar el gore y el sadismo de la novela de Bret Easton Ellis fuera de la pantalla, mostrándonos, en vez de eso, el soporífero y decadente mundo cotidiano de Patrick Bateman en todo su esplendor (sus amigos yuppies, su insoportable novia, el tedio de trabajar para amasar una fortuna que haga juego con aquella en la que nació) y sugiriéndonos su reinado de terror a través de pequeños pero efectivos momentos. Esto no quiere decir que falten escenas de sexo y violencia explícita, porque definitivamente están allí, pero son tratadas con la desesperación típica del excibicionismo que caracteriza al personaje: para Bateman, el sexo es autocontemplativo, y la violencia es una manera de control. Todo esto, al igual que el libro (y en eso se ha lucido la señora Harron) es abordado con un aire de irrealidad que raya en la pesadilla. El mejor ejemplo es este: una escena en la que Patrick persigue (desnudo y con zapatillas) a una mujer por el pasillo de su edificio para matarla con una motosierra es absolutamente irreal, casi onírica, sobre todo cuando observamos ese pasillo limpio, solitario y silencioso, y esa motosierra tan brillante que parece hecha de plata.

Christian Bale está perfecto como Patrick Bateman, y sabe darle el toque perfecto al personaje a través de una cuidada presencia física y una serie de gestos (tanto corporales como de voz) que le hacen un ser completamente artificial, un auténtico monstruo enfundado en un traje de marca, listo para saltar en cualquier momento sobre cualquier habitante de ese mundo que es completamente suyo. Ignoro si esta película puede ser considerada de terror (aunque tiene elementos clásicos de una, incluyendo una imagen de Patrick haciendo abdominales mientras ve La matanza de Texas) pero sencillamente no podía dejar de hablar de ella. Creo que el mejor comentario lo hace la película misma, con mi frase favorita de Bateman: “¿Saben lo que decía Ed Gein, un asesino en serie de los años 50? Decía que cuando veía a una chica guapa por la calle, una parte de él quería decirle cosas bonitas, regalarle flores y llevarla a cenar… mientras que otra parte de él se preguntaba cómo se vería su cabeza pinchada en un palo”.

Indiscutiblemente, lo ha dicho todo.

Reseña: Session 9 (2001)

Confieso que no conocía al director Brad Anderson, hasta que a principios de este año vi su última película: El maquinista (2004). Resulta que este hombre no es extraño al género, ya que en el 2001 había dirigido esta otra pieza de culto: Session 9 (2001), que no había ido a ver (lo confieso) por mi escepticismo a la hora de contemplar a esos actores provenientes de la tele (en este caso David Carussso, el pelirrojo de NYPD Blue). Estaba en un gran error, porque Anderson había logrado algo que difícilmente se ve hoy en día: una historia de atmósfera pesada, en la que es más lo que se sugiere que lo que se ve, y en la que durante la hora y media (o un poco más) que dura, estás inmerso en una situación de angustia que difícilmente se borra. De primera, sin duda alguna.

Session 9, sin embargo, no es una película fácil, ya que Anderson no te lanza directamente en la historia así no más, sino que poco a poco la va desenvolviendo frente a tus ojos. Trata de un equipo de cinco hombres cuyo trabajo es retirar las placas de asbestos de un edificio abandonado, específicamente un manicomio (la película no fue filmada en un estudio, sino en un edificio real de las afueras de Boston, con lo que el realismo es increíble). Poco a poco, estos cinco hombres empiezan a reñir entre sí, a escuchar cosas, a lentamente perder la razón. Todo esto mientras uno de ellos escucha atentamente unas cintas de sesiones psiquiátricas que podrían revelar que en el hospital sucedieron cosas que nadie sabe. Y bueno, no digo más.

La historia no se cierra por completo en esta película. Muchas cosas quedan a la imaginación del espectador, pero la atmósfera que ha creado Anderson con esos pasadizos oscuros, derruídos y decandentes es tan efectiva, que hace que la auténtica estrella no sea ninguno de los actores protagonistas, sino el propio hospital, que poco a poco pareciera estar vivo, como una entidad siniestra dispuesta a aplastar a aquellos que han invadido su soledad. Como ya he dicho antes, es mucho más lo que se sugiere que lo que realmente se muestra, pero para todos aquellos que aman el terror psicológico (y mira que este término a veces es aplicado con demasiada libertad) esta es su película.

 

Otro "zombi"

Aprovechando que hablábamos antes de zombis, quiero aprovechar para recordarles el inminente estreno este año de The Devil’s Rejects (aún sin título, distribución o noticias aquí en España). Para los que no tienen ni idea, se trata de la segunda parte de La casa de los 1000 cadáveres, opera prima del rockero Rob Zombie. Ahora, si tampoco tienen ni idea de esta última, me parece muy grave. En todo caso, los tipos se han fajado haciendo una página web bastante buena para promocionar la película (sitio que, por cierto, incluye el trailer): http://www.thedevilsrejects.com. Cualquier información adicional, también pueden visitar el blog del propio Rob Zombie: http://lionsgatedirectors.com/zombie/index_flash.html. Por las fotos (como la que está arriba) y lo que he leído por ahi, Zombie ha logrado reunir de nuevo a todo el elenco de la original, aunque esta vez la película anda más por la nota de Natural Born Killers. En fin, como siempre digo, habrá que echarle un vistazo.

Los muertos de Romero otra vez

Es imposible describir la alegría que siento de que, tras 20 años después de su última aparición, los muertos vivientes de George Romero vuelvan a tener su día. Se espera que para el verano de este año se estrene Land of the Dead (no me atrevo a “predecir” cual sería su título en español), la cuarta parte de su saga. Los detalles de la trama están bien resguardados, pero se sabe que tiene lugar varios años después de El día de los muertos (1985), cuando en el mundo no quedan ya más que tribus de supervivientes reclusos en fortalezas, y entre los zombis han empezado a surgir ejemplares que muestran algo de inteligencia. En cuanto a los actores, sé únicamente que está John Leguizamo, Asia Argento y algunos más que no conozco. En el apartado de efectos especiales, hay esperanzas de que incluya la menor cantida de CGI posible, ya que trabajan el mítico Tom Savini y el no-menos-mítico Greg Niccotero (que entre otras, tiene en su currículum Evil Dead 2). En fin, que no puedo esperar, así que tráiganla ya.

Reseña: 28 días después (2002)

Cuando por primera vez oimos hablar de ella, se suponía que iba a ser la película de terror de la década o algo así. Está realmente muy lejos de serlo, pero si algo se le puede agradecer al director Danny Boyle es que su película 28 días después (28 Days Later) al menos tuvo el efecto “positivo” (hasta ahora) de revivir el sub-género de las películas de zombis, generando platillos tan suculentos como el remake de El amanecer de los muertos (sí, aunque no lo crean sí hay remakes buenos), la excelente Shaun of the Dead o la cuarta parte de la saga de George Romero dedicada a los muertos antropófagos: Land of the Dead, que se estrenará este año. Y lo más increíble de todo, es que esta película de Boyle ni siquiera es realmente sobre zombis (!)

De lo que trata 28 días después es sobre un virus que se desata en Londres y que atrapa a todo aquel que se contagia en una ola de furia desatada e incontrolable. Como la enfermedad se propaga a los pocos segundos del contacto con la sangre de un infectado, en 28 días ya todo el país está en ruinas, con apenas unos cuantos supervivientes que intentan abrirse paso a través de las ciudades desiertas y los campos por los que vagan los contaminados, persiguiendo una señal de radio que ofrece el remedio a la epidemia… ¿o no?

La película, dotada de un realismo casi de documental, es un buen intento (al menos técnico) de mostrar ese escenario apocalíptico que tanto se ha explotado en el cine. Hay incluso innegables guiños a la obra de Romero (imposible no hacerlo, dado que él es realmente la fuente de todos estos relatos) pero falla en darnos esa sensación de futilidad y de desgracia para la especie humana. No voy a revelar nada aquí, pero sin duda mi amigo Noel Gross tenía razón cuando dijo en su columna: “¡Gran película! ¡Terrible final!”.

Aunque las imágenes de un Londres desolado son realmente escalofriantes, y el retrato de esa civilización que literalmente se ha ido a la mierda está muy bien logrado, algo sencillamente no termina de cuajar con 28 días después. Quizás sea el hecho de que para un director prestigioso como Danny Boyle todavía existen ciertos prejuicios a la hora de darnos ese final apocalíptico y desesperanzador que una película como esta necesita. Espero que no sea así. De todas formas, solamente por los filmes que ha originado, esta cinta se merece un sitio de privilegio.

Reseña: Drácula, príncipe de las tinieblas (1966)

Hoy en día, si se les pregunta a muchas personas (quiero decir, personas amantes del género de terror) quien ha sido el mejor Drácula de todos los tiempos, la mayoría dirán, sin duda, el mismo nombre: Christopher Lee. Este gran hombre, a quien ruego a Dios las generaciones actuales no recuerden únicamente como el Saruman de El señor de los anillos (2001-2003) o el Count Dooku de El ataque de los clones (2002), hizo casi veinte películas (se dice rápido) para la mítica productora británica Hammer Films, y en muchas vistió la famosa capa del conde, siendo sin duda el que mejor supo explotar toda la inmensa carga erótica que inspira este personaje. La primera que vi, y la que tengo más fresca en la memoria (quizás porque volví a verla recientemente) es Drácula, príncipe de las tinieblas (Dracula: Prince of Darkness, también conocida como Revenge of Dracula). Esta, una de las muchas secuelas de Horror of Dracula (1958) fue dirigida también por Terence Fisher. Lee esta vez no estuvo respaldado por su eterno archienemigo Peter Cushing (quien hizo varias veces el papel del doctor Van Helsing) pero al menos pudo acosar sexualmente a la bellísima Barbara Shelley (que no, no es la de la foto).

Siempre me parecerá curioso, cada vez que vea esta película, lo realmente siniestra que es. Utilizando el viejísimo argumento de la pareja de incautos que se aventura en un castillo abandonado a pasar la noche (a pesar de que les han advertido que no lo hagan), la película arranca de una manera insuperable y osada para la época: uno de los fieles sirvientes de Drácula mata a uno de los transeúntes y, tras colgarlo de cabeza sobre la tumba de su señor y cortarle el cuello, procede a rociar con su sangre las cenizas del conde, que por supuesto vuelve de la tumba a proseguir con su actividad favorita: succionar cuellos, especialmente los que pertenecen a apetitosas hembras mortales. Si a esto añadimos el hecho de que el largirucho y tétrico conde jamás pronuncia una sola palabra en toda la película (dicen que Christopher Lee quitó todas las líneas de su papel porque el diálogo le parecía ridículo) llegamos a la conclusión de que estamos ante una de esas pequeñas joyas de autocine.

Quizás no llegue al nivel de otras producciones de Hammer, especialmente dentro de los parámetros de Drácula, pero sin duda alguna que esta secuela no hace sino demostrarnos lo vital que ha sido Christopher Lee para el género. El conde y su enemigo Van Helsing se volverían a encontrar años después, y pocas serán las veces en que no los veamos ir uno contra el otro en esa eterna batalla entre el horror y la ciencia, entre la lujuria y la razón. A veces gana uno y a veces otro. Al menos, en Drácula, príncipe de las tinieblas, gana el género.

 

Reseña: Undead (2003)

Hay gente que dice que soy un incoherente y que las cosas que digo no tienen sentido. Se preguntan, por ejemplo, como puedo defender una película como Dagon y dejar por el suelo otras que, a primera vista, son al menos igual de malas. Pues bien, creo que hay que añadir una entrada más a esa lista de inconsistencia crítica, porque creo que Undead, cinta australiana que ya lleva un par de años rodando por ahí pero que no se estrenará en Estados Unidos hasta este verano, es muy mala. Y que conste que la vi con el mayor de los placeres, esperando encontrarme ante algo en la línea de Evil Dead o cosas por el estilo (sobre todo porque así es como me la vendían, y además porque fui engañado por su página web, que debo reconocer hace un muy buen trabajo publicitario). Es como siempre dicen: la mezcla entre terror y comedia es muy difícil, y con la excepción de Evil Dead 2 o la más reciente Shaun of the Dead (que en España recibe el creativo título de Zombie’s Party) generalmente no es muy bien recibida. Algo similar pasa con esta película, que desde el principio parece un relanzamiento de la serie B típica de los 50, con zombis, invasiones extraterrestres, y una música que recuerda por breves momentos a las memorables obras de Ed Wood. Además, las películas de cadáveres ambulantes te lo ponen fácil porque solamente hay una historia, a partir de la cual te inventas lo demás: en un pueblo pequeño habitado por escoria rural (cuando mucho), ¿qué es lo peor que puede pasar? ¡Que los muertos caminen! De una premisa así sale horror y comedia pero de los buenos, aunque en este caso se recurra a chistes fáciles que, en su mayoría, provienen del personaje que ven en el poster, del cual no voy a decir nada porque arruina la experiencia.

En fin, mi consejo inicial sería alejarse de esta película lo más posible, pero le doy alguna ventaja por ciertas imágenes, momentos realmente buenos (en su mayoría tomados de otras películas mucho mejores). Imagino que algunos pensarán que estoy equivocado, que es una mezcla de terror y comedia y no debe ser tomada en serio y bla bla bla. Pero yo les digo sencillamente que la clave para que una película de terror sea buena también como una cómica es la siguiente: que sepamos claramente que es intencionalmente graciosa. Los dos chicos que dirigieron Undead… ¿querían ellos que nos riéramos de determinadas situaciones o que las admiráramos? No estoy tan seguro.

 

Al fin viene Tales From the Crypt

Me gustaba más cuando la televisión por cable era pro-imperialista, cuando a HBO sencillamente no le daba la gana de hacer un canal exclusivamente para el público latinoamericano y nos encasquetaba su versión gringa en la que, de vez en cuando, se podía encontrar cosas de gran calidad que hoy, lamentablemente, no son más que un recuerdo. Sin duda alguna esta opinión puede variar, pero yo no dudo en que uno de esos ejemplos de auténticas maravillas era la ya difunta serie Tales from the Crypt, que definitivamente marcaría un hito en mi temprana y tardía adolescencia, y que se perdió para siempre con el cambio de idioma. Pues bien, parece que no todo está perdido, porque ahora, años después de su desaparición, los gamberros de HBO se pusieron las pilas y, tras ver que auténticas basuras estaban siendo tratadas con la mano de seda de la tecnología digital, han decidido darle luz verde al lanzamiento en DVD de la primera temporada de esta serie en la que, según las palabras de sus creadores, “las estrellas vienen a morir”. Para los que no la conocen, les diré que se trata de una serie de historias de terror de media hora con tres elementos en común: gore, sexo y un final con twist. Los productores de esta serie también eran de lujo, y no ajenos al género: William Friedkin, Joel Silver, Richard Donner y Robert Zemeckis (este último dirigió tres episodios).

La primera temporada de Tales from the Crypt tenía solamente 6 episodios, por lo tanto el paquete tiene solamente 2 discos (uno de ellos es solamente de material adicional) y, según lo que he podido leer, estará disponible a partir del verano a un precio bastante asequible. En fin, que tengo que echarle un vistazo a como de lugar.

Otras de Pinhead

Siempre soy el último en enterarse de estas cosas. Parece ser que están por salir dos nuevas secuelas de Hellraiser, con lo que hasta la fecha estaríamos hablando de la nada despreciable cantidad de OCHO películas (a partir de este número deja oficialmente de ser una saga para convertirse en una franquicia). De las seis que ya están en la calle, confieso que me falta una por ver: la sexta, titulada Hellseeker, y que supuestamente es una inspiración-rayando-en-plagio de Memento. Por supuesto, que nadie lo dude, la original de Clive Barker sigue siendo la mejor.
Las dos nuevas secuelas serán, como lo fueron las dos anteriores, películas que nunca pasarán por los cines, porque llegarán directamente a DVD. La primera, con el curioso título de Deader (más muerto) sale en julio de este año, y la otra, Hellworld, lo hará en septiembre. Por supuesto, ya Clive Barker no está, pero siempre nos quedará Doug Bradley (a quien mi primo Lino tuvo el privilegio de conocer en persona) en el papel de Pinhead, en gran parte porque no creo que haya NADIE que pueda sustituirlo. Habrá que ver que tal le va a estas dos nuevas películas. Lo digo porque se han visto casos (son raros, lo sé, pero existen) en que las secuelas que pasan directamente a video no me han resultado tan nefastas, como por ejemplo Tremors y Starship Troopers. Les comentaré luego, si las consigo.

[Nota: por cierto, les recomiendo el libro “Monstruos Sagrados” de Doug Bradley, en el que hace una revisión de todos los grandes actores que han interpretado a monstruos en la historia del cine, desde Lon Chaney hasta Robert Englund. Indispensable. Esto no hace sino revelarme algo que ya conocía: Doug Bradley sigue haciendo estas secuelas (algunas de ellas terribles) primero porque ama el personaje, y segundo porque así gana el dinero para dedicarse a su verdadera vocación: el teatro. ¡Que gran tipo!]

Reseña: La matanza de Texas (1974)

Mi relación con La matanza de Texas (o el más específico The Texas Chainsaw Massacre) es difícil de explicar, principalmente porque la vi tarde, hará cosa de unos tres años, después de tener muchísimo tiempo escuchando hablar de ella. Podemos decir únicamente que se trata de la primera película de Tobe Hooper (también conocido por Poltergeist), que fue financiada en parte con las ganancias de Garganta profunda (la porno más famosa de todos los tiempos) y que hasta la fecha ha generado tres secuelas y un desastroso remake. Nada de esto le quita su valor; sigue siendo una de las más grandes películas de horror de todos los tiempos, principalmente gracias a su ferocidad y la suciedad con que se nos presenta.

Dicen los mismos autores que está inspirada parcialmente en los crímenes de Ed Gein, un asesino en serie americano de los años 50. Yo no sé si esto es cierto (francamente lo dudo) pero puedo lanzar la conclusión a la que llegué después de verla (y a sus innumerables imitaciones): no sé como es que todavía hay gente que hace auto-stop. La posibilidad de que termines en las manos de una familia de “white trash” caníbales (en la que el más pintoresco de los miembros es un gigante mongoloide que lleva una máscara hecha de piel humana y se divierte picando a los incautos visitantes con una motosierra) es demasiado inquietante para ser desechada.

Es una lástima que no exista ninguna copia restaurada debidamente. Es verdad que la película es una producción de bajo presupuesto de los 70, pero la imagen y el audio dejan bastante que desear en una era en que la tecnología ha permitido reparar cosas más antiguas. En fin, quizás alguien se apiade de nosotros algún día. Mención especial merece Gunnar Hansen, el corpulento actor (era realmente un actor) que interpreta a Leatherface, y que pasó por la tortura que significó aquel rodaje demencial, caluroso, visceral y asbolutamente repulsivo. Entretanto, la película seguirá siendo el mejor ejemplo de por qué NUNCA hay que parar sin razón en la carretera.