Reseña: Blood Red Sky (2021)

A la hora de hablar de lo más destacado del año echo en falta alguna lista dedicada a esas obras de las que no esperaba nada y que me terminaron gustando mucho más de lo que originalmente creía. Un claro ejemplo de esto es Blood Red Sky (2021), una producción alemana para Netflix que se convirtió (al menos para mí) en una muy grata sorpresa porque partía de una premisa que me parecía absurda en el papel y sin embargo consigue tomársela con seridad y más oficio del que se pudiera pensar, cosa muy difícil en estos tiempos en los que, tal como comentábamos en una ocasión, la definición de serie B parece haber pasado a ser la de películas cutres destinadas a ser disfrutadas de forma irónica.

La p´remisa de la que hablo es la de un vuelo nocturno a través del Atlántico que es tomado por un grupo terrorista sin saber que en él viaja un vampiro que busca llegar a los Estados Unidos para someterse a un experimento que le cure de su condición. Esto que estoy contando no es un spoiler ya que estaba claro desde el mismo material promocional. Lo que sí es verdad que no me esperaba es que esta es una mezcla de terror y acción, una especie de Die Hard con vampiros de por medio en el que la protagonista es precisamente el monstruo que debe hacer lo que sea por salvar a su hijo.

Una cosa que me gustó mucho es que la película se ahorra explicaciones innecesarias de cosas ciertamente insustanciales como por ejemplo la motivación última de los terroristas. También me gusta que las partes de horror y acción están cuidadas por igual y hechas de forma tan trepidante que terminé perdonándole todo, incluyendo la manera tan extraña en que todos los personajes, incluyendo los meros figurantes, parecen conocer de sobra las «reglas» del vampirismo.

El único problema que tiene a mi parecer es que es muy larga y podrían perfectamente haberse ahorrado algunas cosas como todos los flashbacks de la protagonista, que al final no aportan realmente nada más allá de abultar el metraje y dar una motivación a sus acciones que ya era más que visible en el presente gracias a la muy bien retratada relación entre ella y su hijo. Con todo y eso me pareció muy entretenida y curiosa, y esto es algo importante para mí ya que suelo tener poca paciencia cuando veo que una película de estas dura más de 90 minutos y esta me la he visto de un tirón sin problemas. Ojalá hubiera muchas más con este nivel de efectividad.

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Reseña: Jakob’s Wife (2021)

Durante una fallida aventura extra-marital, Anne Fedder, la esposa del predicador de una pequeña comunidad rural, es atacada por un vampiro que acaba de llegar al pueblo y comienza poco a poco a convertirse en un monstruo, lo cual no solo la empuja a beber sangre sino que además introduce nuevos desafíos a su vida de pareja. Esa es más o menos la premisa de Jakob’s Wife (2021), una simpática película de vampiros que parece traída de otro tiempo y que sin embargo logra salir dignificada gracias a un tono muy especial entre terror y comedia y sobre todo a las actuaciones de sus protagonistas.

En este apartado por supuesto destaca una maravillosa Barbara Crampton en el papel principal, más intensa y hermosa que nunca y con una presencia que se come por completo la historia. El caso de la Crampton es muy singular porque en los últimos años ha tenido una especie de renacer como actriz en numerosos trabajos de terror independiente, algunos de los cuales hemos reseñado aquí. Sin embargo, casi siempre su presencia estaba relagada a papeles secundarios destinados a dar legitimidad a películas que quizá habrían pasado un tanto más desapercibidas de no haber contado con ella. En cambio esta, en la que también hace de productora y que por lo visto intentó levantar desde hace ya varios años, le da el papel central y permite demostrar mucho mejor sus capacidades como actriz, sobre todo al emparejarla con Larry Fessenden (quien también ha venido apareciendo mucho como actor últimamente) en el papel del predicador, haciendo los dos un dúo con una gran química y momentos muy buenos.

Esta dinámica entre los dos saca a relucir otra cosa que me gustó mucho de la película y es la forma en que el tema del vampirismo sirve no solo como metáfora más que evidente de la liberación erótica de la protagonista sino también, sorprendentemente, como una vía de esta para recuperar la pasión menguante en su vida de pareja. Esto es algo curioso porque una producción más común quizá habría villanizado al personaje de Fessenden pero aquí ocurre todo lo contrario, ya que Jakob también tiene su propio arco de personaje paralelo al de su mujer, un detalle poco habitual que he agradecido mucho, como también he agradecido el aspecto puramente de terror con su claro ambiente de vampirismo retro y su más que evidente homenaje a Salem’s Lot (1979). Esto último se nota no solo en el detalle estético de los vampiros que llevan los colmillos en el centro de la boca sino también en el carácter andrógino y de otredad del villano principal.

Lecturas aparte, Jakob’s Wife es una película muy disfrutable que puede no ser para todo el mundo debido a los claros referentes que maneja, pero que en ningún momento toma el camino fácil de la caricatura sino que balancea muy bien sus componentes de terror y comedia, algo que la mayoría de estas joyas del pasado a las que referencia sabían hacer. Me ha parecido muy entrañable y una a la que vale la pena acercarse.

Reseña: Drácula (1931)

Una de las mayores deudas cinéfilas que guardé durante mucho tiempo fue esta versión en español de Drácula (1931) realizada por Universal y que se rodó de forma paralela a la versión con Bela Lugosi. La cinta estaba destinada al público hispanohablante y por lo visto formaba parte de una práctica común en una época en la que el doblaje no estaba generalizado y las regulaciones laborales de la industria del cine no eran lo que se dice muy sólidas. No es esta por supuesto la única versión alternativa (también se hicieron versiones en alemán, francés o italiano) pero sí es de las pocas que han conseguido sobrevivir hasta nuestros días y de hecho se consideró perdida durante mucho tiempo hasta que una copia apareció en Cuba durante los años setenta. Su condición de rareza ha hecho de ella una película con un culto propio hasta el punto de que es casi tan conocida como la de Lugosi, con la que se le compara muchas veces.

Por supuesto el argumento es exactamente el mismo así como la estructura dramática de la película, basada no tanto en la novela de Bram Stoker como en su versión para teatro de Hamilton Deane y John Balderstone, aunque sí hay que destacar el hecho de que esta versión parece haber tenido mayores libertades a la hora de construir su propio estilo y discurso; pese a que utilizó los mismos decorados de la versión en inglés, el director George Melford (quién no hablaba ni una palabra de español) pudo aprovechar el hecho de rodar de noche para inspirarse en el trabajo de Tod Browning y «corregir» algunos detalles que daban a su obra un dinamismo mayor que el de su contraparte angloparlante. Una cosa que se menciona mucho es que en esta versión, a diferencia de la de Bela Lugosi, la cámara se mueve y algunos planos son mucho más «cinematográficos» y menos como una obra de teatro de filmada, a pesar de que se mantienen detalles de la época como la ausencia de música y algunas actuaciones muy extravagantes. Esto último es evidente sobre todo en lo que concierne al conde Drácula, interpretado por el actor español Carlos Villarías, quien de todo el elenco sería el único que tuvo acceso al rodaje de la versión en inglés y a quien de hecho se le animó expresamente a que imitara el trabajo de Lugosi.

Lo que no se suele mencionar tanto son las diferencias que ambas versiones tienen a nivel de exposición; esta versión es casi treinta minutos más larga y dedica este metraje a incorporar escenas que redondean un poco el trasfondo de los personajes, aunque momentos clave como las muertes siguen ocurriendo fuera de cámara. Otro detalle interesante es que el subtexto erótico está mucho más marcado que en la versión original, y mientras las actrices de la versión de Browning iban por lo general tapadas hasta el cuello, la Eva Harker de Lupita Tovar luce un escote que difícilmente habríamos visto en otras producciones de Universal. Este detalle es otra muestra más de esa mayor libertad que parece haber tenido esta producción amparada en su objetivo de complacer a un público específico y no haber estado destinada a una distribución mayor.

Son precisamente detalles como estos los que han llevado a muchos críticos a defender la idea de que esta versión de Drácula es superior a la original, opinión que se ha mantenido durante mucho tiempo. A decir verdad, no sé si estoy de acuerdo con ese juicio, ya que si bien es cierto que a nivel técnico resulta mucho más ingeniosa, considero que comete otros errores como una duración un tanto excesiva o un sentido del humor que a veces choca con el tono general de la historia. Pero sobre todo lo que no se puede negar es que la original tiene a Bela Lugosi, quien por sí solo era el alma de esa película y que está muy por encima del trabajo que (muy dignamente) logra hacer Carlos Villarías. Con todo y eso es una obra fascinante de ver y pese a que muchos de sus elementos estéticos ya eran historia pasada en el momento de su rodaje, forma parte de una historia del género de terror de la que me hubiese encantado ver más ejemplos. Quizá estos aparezcan algún día.

Reseña: Underworld: Blood Wars (2016)

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Tras una pausa de cuatro años desde la última entrega, la guerra entre los vampiros y los licántropos continúa en Underworld: Blood Wars (2016), y tal como comentábamos en aquella ocasión, parece haber cierta intención de volver a la «sencillez» inicial de la primera entrega a la vez que se amplía la mitología de unos seres que poco tienen que ver con el imaginario terrorífico que nos hemos construido. Esta vez, Selene y su nuevo compañero David se enfrentan a un nuevo líder del clan de licántropos, así como a una conspiración dentro de las propias filas de los vampiros, que desean más que nada aprovechar la sangre híbrida de nuestra protagonista para adquirir nuevos poderes y vencer finalmente a sus rivales.

Lo directo y básico de su premisa ha traído sus consecuencias, ya que no solamente parecemos haber abandonado (temporalmente al menos) la subtrama de la hija de Selene sino también gran parte del discurso de lucha de clases licántropo/vampiro que parecía ser hasta ahora la esencia del universo de Underworld. Esa misma sencillez argumental y estética ha sido en cambio puesta al servicio de la que probablemente sea una de las entregas más flojas de una saga que parece haber perdido por completo su rumbo, sin poder decidirse por el camino que realmente desea seguir. En este sentido, se trata de una película hecha a las patadas y durante la cual se lanzan a la pantalla ideas que podrían haber sido perfectamente tratadas por separado en dos o tres películas distintas. Incluso la presencia de Kate Beckinsale se hace algo extraña ya que su personaje de Selene no parece tener tanta importancia como en las entregas anteriores y en ocasiones pareciera anticipar una especie de transición hacia otros protagonistas y otra historia completamente distinta de la que nunca se nos dice mucho, como tampoco se nos dice de los nuevos elementos introducidos en la historia tales como el clan de vampiros nórdicos o los súbitos cambios en las reglas del juego presentadas en la trama, que se contradice a sí misma numerosas veces en cuanto a qué es lo que los vampiros desean de Selene (¿es su sangre o la de su hija?) o el nivel de amenaza que representan realmente los lycan.

Otra cosa curiosa del argumento es que si bien se mantienen los aspectos más superficiales de la saga como su acción hiperbólica y su lavada fotografía blanco/negro/azul, todo se siente muy distinto, más enfocado hacia la fantasía y menos hacia su imaginario de terror. Esto último se hace evidente no solo en el hecho de haber recibido una clasificación por edades de 16 en Reino Unido (más que los 12 de la entrega anterior, pero sin llegar a los 18 de las primeras tres cintas de la saga), sino también en que nunca vemos a estos vampiros comportarse realmente como vampiros. Esto muy probablemente se deba al hecho de que a excepción de la primera Underworld (2003), la saga nunca ha tenido personajes completamente humanos, pero es otra muestra de esa ligereza general que parece afectarla cada vez más.

Tal como decía en otra ocasión, estas últimas entregas de la saga de Underworld me han hecho considerar que quizás fui demasiado duro con la original del 2003, y de hecho tengo ganas de volver a verla aunque sea para ver que tal se sostiene porque al menos recuerdo que tenía aspectos atractivos a nivel de estética que estas continuaciones han ido relajando cada vez más. De momento, al parecer esto no se ha acabado ya que incluso el final augura una continuación que el propio Len Wiseman ha confirmado, contando una vez más con Kate Beckinsale como la incombustible vampira Selene. Habrá que verlo, pero la verdad no es algo que me interese demasiado.

Reseña: Vampyr (1932)

Hay varios motivos por los cuales hemos dejado para el final una reseña de Vampyr (1932), uno de ellos es que se trata de la única cinta de este especial que nunca había visto antes, y también porque es quizás la menos convencional de las doce de las que hemos hablado durante este mes de abril, a pesar de que por lo visto es una de las más accesibles de su director, Carl Theodore Dreyer. Lo digo con algo de inseguridad porque lo cierto es que es apenas la segunda película de Dreyer que he visto en mi vida, pero por lo que he podido leer se trata de uno de sus argumentos más sencillos y lineales. Esta cinta de terror sin embargo fue un fracaso en el momento de su estreno y es sólo con el tiempo que se ha convertido en una película de culto y ha sido alabada por la maravillosa atmósfera que Dreyer consigue a raíz de una trama muy básica que ya para 1932 estaba más que vista.

Esta trama a la que me refiero sigue la historia de un joven estudiante que llega a un pequeño pueblo donde una familia está siendo víctima del ataque de un vampiro. Contar más que esto sería destripar toda la película, y de todas formas lo interesante aquí no está en el argumento como tal sino en la forma que ha escogido Dreyer para contarla. Hecha a partir de ideas de un libro de cuentos del autor J. Sheridan Le Fanu, Dreyer monta el ambiente gótico de su película con un grado de autenticidad poco habitual trabajando enteramente en locaciones reales y en su mayor parte con actores no profesionales (de hecho el protagonista, Nicolas de Gunzburg, era un miembro de la nobleza rusa que accedió a financiar la película a cambio de interpretar el papel principal). Estéticamente, además, hay una intención de dar a la película la apariencia de un sueño al utilizar una camara ligeramente fuera de foco para algunas de las escenas de exteriores, lo que causa una extraña sensación de irrealidad en contraposición con el carácter más racional de lo que está ocurriendo en escena.

Parte de esta sensación de irrealidad se consigue también gracias a elementos que no estoy seguro sean del todo intencionales, tales como la forma rígida y acartonada de sus actuaciones. Asimismo, hay que mencionar que esta fue la primera película sonora de Dreyer y arrastra todavía muchos recursos del cine mudo. La trama va avanzado principalmente gracias a las imágenes y hay muy pocos diálogos, de hecho la mayor parte de la exposición se da no a través de personajes sino de largos textos insertados en pantalla a través de intertítulos o de planos en los que la cámara nos muestra las páginas de un libro, momentos que entregan el argumento de forma bien clara para que el público pueda concentrarse en las imágenes. La idea funciona porque el ambiente que la película crea con todo esto es en verdad hipnótico hasta el punto en que realmente se siente como un sueño que público y protagonista están teniendo juntos. Es probablemente una de las mejores ambientaciones góticas que he visto jamás en una película, y una digna de ser imitada.

A pesar de todo, Vampyr fue un fracaso comercial y de crítica durante su época, y durante mucho tiempo fue considerada un punto bajo en la carrera de Dreyer, quien realizó varias modificaciones al montaje final en un esfuerzo por hacerla más accesible, sobre todo teniendo en cuenta que coincidió con horrores góticos más comerciales como las películas de monstruos de Universal. Con el tiempo, sin embargo, la rareza de su ambiente y su singular estilo narrativo la han elevado de cara al público. La versión que nos llega hoy no tiene la mejor calidad posible ya que los negativos originales se han perdido y la película ha sido reconstruida a partir de retazos de varias versiones internacionales. Pero a pesar de todo es una cinta muy curiosa cuya atmósfera la hace realmente inolvidable.

Reseña: Drácula (1931)

Por supuesto, es imposible hablar del horror clásico y no mencionar a los monstruos de la Universal. Lo cierto es que este estudio ya había dejado una huella en el panorama de terror durante la época del cine mudo, pero no fue sino hasta 1931 en los albores del cine sonoro cuando darían con la fórmula para cambiar la faz del cine de terror de masas americano dando inicio a su auténtica edad de oro. Una de las primeras películas de dicho ciclo fue, como no, el Drácula (1931) de Tod Browning, que como todos sabéis ya fue la primera versión «oficial», aunque técnicamente el guión adaptaba no la novela de Bram Stoker sino su mucho más sencilla versión para teatro de Hamilton Deane y John Balderston, que había adquirido gran popularidad durante los años veinte. Hay también una clarísima inspiración en el Nosferatu (1922) de Murnau, con escenas y planos casi calcados.

El mayor interés de la película (y sin duda alguna sus escenas más recordadas) está al principio cuando asistimos al encuentro entre Renfield y Drácula, momento en que el carácter monstruoso de la historia y su villano nos queda claro. La recreación del famoso castillo del conde y el ambiente de terror que lo acompaña fue sin duda una de las claves de su éxito y emparentó a la película de la Universal con las historias de horror de esa Europa que para muchos era la imagen de un mundo antiguo y de un pasado misterioso, una fascinación a la que el propio conde alude llegado el momento y que utiliza como su auténtica puerta de entrada en la sociedad occidental. De hecho el principal atractivo de la película, y el verdadero motivo por el cual es recordada hoy en día, es por Bela Lugosi en el papel principal. No estamos aquí ante el conde Orlock de Murnau con su apariencia de roedor monstruoso; el Drácula de Lugosi es un aristócrata exótico, un depredador sexual que utiliza sus artes de seducción pero también su más sutil poder de hipnosis. Lugosi, que ya había interpretado a Drácula en el teatro, borda el papel a la perfección y durante años fue la imagen por excelencia de este monstruo en el cine y quien le imprimió muchos de los elementos que hoy en día se consideran básicos de su personaje. Quizás eso ha terminado alterando el recuerdo de gran parte del público que cree (erróneamente) que Lugosi interpretó a Drácula varias veces en su carrera cuando en realidad sólo lo hizo en esta película y en la comedia Abbott y Costello contra los fantasmas (1948). Sin embargo sí es cierto que hizo varios papeles de villano claramente inspirados en el famoso conde.

Lo que sí está claro es que esta no es, con todo, una de las mejores obras de terror de la Universal, ni mucho menos una de las películas más logradas de su director. Browning fue principalmente, como ya hemos mencionado en otras ocasiones, un director de películas mudas que nunca logró adaptarse del todo al cine sonoro. Esto, sumado a los orígenes teatrales de su adaptación, tuvo como resultado una cinta todavía anclada en elementos y estructuras propias del arte de la escena que hacen que por momentos parezca que estamos viendo una obra de teatro filmada: planos fijos, silencios, monólogos declamatorios, actuaciones o bien rígidas o exageradas y unos efectos especiales basados principalmente en técnicas de teatro tales como niebla, cambios de iluminación y murciélagos mecánicos. Hay que resaltar en este sentido que las transformaciones del conde (e incluso todas las muertes) ocurrían siempre fuera de escena, y que la película no tiene música, algo común en aquellos tiempos de transición al cine sonoro pero también en producciones más modestas.

Se dice que a pesar de ser su obra más conocida, Browning nunca estuvo particularmente interesado en trabajar en esta película y que varias de sus escenas fueron en realidad dirigidas por su director de fotografía, Karl Freund, quien al año siguiente dirigiría La momia (1932), otra cinta de monstruos de la Universal que es, en muchos aspectos, un remake inconfeso de Drácula. Esta de la que hablamos hoy definitivamente fue superada por muchas de sus contemporáneas, pero abrió la puerta a una nueva manera de concebir el cine de terror y fue un gran éxito de público que tendría una larga y fructífera continuidad, produciendo unas ganancias que por desgracia Lugosi nunca llegó a disfrutar en vida ni monetariamente ni en lo que concierne a su prestigio como actor. A pesar de todo es una película fundacional, y la historia acerca de su rodaje y las circunstancias de su producción es tan interesante como la obra en sí.

 

Reseña: Abierto hasta el amanecer 3 (1999)

Aparentemente ignorada en el momento de su estreno (no conozco a nadie que la haya visto o me haya hablado de ella, para bien o para mal), Abierto hasta el amanecer 3 (1999) fue estrenada en formato doméstico paralelamente a la segunda parte, en un intento por expandir el universo de aquella película de Robert Rodríguez y Quentin Tarantino cuyo éxito y entusiasmo generado creo que nadie esperaba. Me parece curioso que no se mencione más porque lo cierto es que, contra todo pronóstico, esta precuela ambientada en la época de la Revolución Mexicana es una película decente que resulta muy superior a la nefasta segunda entrega, a pesar de contar con un elenco menos conocido y haber cambiado de forma radical la ambientación de su trama. Creo que nunca podría decir que es realmente buena, pero es sin lugar a dudas más ambiciosa y contiene dentro de sí el germen de una película interesante que lamentablemente se fue quedando por el camino, pero con todo y eso algunas de sus ideas salen a la luz y la convierten en algo al menos interesante de ver, ciertamente mucho más de lo que en un principio me esperaba.

Al situarla en plena Revolución Mexicana la película consigue abrazar su condición de western exótico abandonando completamente su ambientación moderna. También se deja de lado gran parte del contenido humorístico de la segunda parte y se busca por el contrario una estructura más similar a la película original de Tarantino/Rodríguez. Como en esta, toda la primera mitad muestra una trama relativamente realista que en principio nada tiene que ver con la premisa principal: una banda de forajidos que huye de las autoridades que les persiguen, historia que se entremezcla con la hija del verdugo local que se ha escapado con uno de los delincuentes y está siendo ahora perseguida por su padre y sus hombres. Por otro lado tenemos la figura histórica del escritor americano Ambrose Bierce (que en un evidente guiño a la película original está interpretado por Michael Parks) que viaja junto a una pareja de predicadores y se queda varado en medio del paraje. Todos estos grupos terminan, como en la original, encontrándose en un burdel ubicado en medio del desierto que (sorpresa) está infestado de vampiros.

También los arquetipos se repiten: Marco Leonardi interpreta aquí al protagonista que es un remedo obvio del personaje de George Clooney en la original, un antihéroe cínico y en ocasiones cruel con una idea muy limitada de la lealtad, y la veterana Sonia Braga es el reclamo erótico y la evidentísima sustituta de Salma Hayek en su papel de la madame del burdel. El personaje de Braga, por cierto, también da pie a comentar que, a diferencia de la película original, esta precuela intenta unir ambas mitades a través de una trama de misterio acerca del personaje de la hija del verdugo, en quien se va sugiriendo desde el principio cierta conexión con el mundo de los vampiros que no se revela hasta más adelante y que, aunque un tanto descabellada a nivel de argumento, intenta establecer el universo de la saga contando sus orígenes. Es un detalle muy superficial y que no se explora demasiado, pero que sin duda alguna resulta un abreboca de intentos más consistentes por parte de Robert Rodríguez de construir una mitología de vampiros mexicanos en la que más adelante ahondaría con su francamente mejorable serie de televisión de Abierto hasta el amanecer. También es más evidente aquí la representación de los vampiros como serpientes y no como murciélagos.

Todo esto en muchas ocasiones funciona, a pesar de unos efectos especiales algo risibles cuando se opta por el CGI, algunas actuaciones nefastas y el desaprovechamiento de ciertos elementos que sonaban atractivos en un principio como el personaje de Ambrose Bierce, que parecía que iba a ser importante pero al final termina quedándose en nada y pasando de explicar ciertos misterios en cuanto a su arco argumental que nunca se resuelven. No es para nada una película memorable, pero sus responsables al menos han dado algunas imágenes y momentos buenos, y el espíritu de su estilo y argumento es mucho más cercano al de la original que al de su contemporánea secuela. Es sólo en los valores de producción y en el acabado final donde se queda por debajo, principalmente porque la primera película estaba hecha por dos cineastas muy talentosos que estaban en su mejor momento. Aun así, es interesante, y mucho mejor de lo que esperaba.

 

Reseña # 600: La máscara del demonio (1960)

La reseña número seiscientos la hemos dejado para pagar una de las mayores deudas que teníamos en este blog en sus casi diez años de existencia, y es que nunca hasta la fecha nos habíamos puesto a comentar una película del italiano Mario Bava, muy a pesar de que han sido varias las ocasiones en que nos lo han solicitado. Para compensar un poco esta tardanza, hemos escogido su primer trabajo como director en solitario (al menos hasta donde sepamos, porque es cierto que no conocemos toda la obra del italiano) y una de sus obras más conocidas, La máscara del demonio (1960), o Black Sunday o The Mask of Satan, dependiendo de la edición que os hayáis encontrado. Esta película es importante no sólo como un gran exponente de ese terror gótico de factura europea que se popularizó en todo el mundo gracias a productoras como la Hammer, sino también por haber dado fama a gente como Bava o la bellísima Barbara Steele, quien se consagraría en aquel entonces como una de las más famosas actrices de terror de los años sesenta.

Tras una secuencia de introducción espectacular en la que asistimos a la quema de una pareja de brujos y la maldición que uno de ellos lanza sobre su propia familia, la película nos traslada al siglo XIX, cuando los personajes protagonistas exploran una tumba abandonada y terminan liberando por accidente el espíritu de la terrible hechicera que buscará renacer en el mundo de los vivos. Bava toma la estructura de un relato de Nikolai Gogol y lo transforma en una historia de terror gótico que al menos en la superficie aparenta una composición clásica: antiguas ruinas, terribles maldiciones familiares, brujería, satanismo y una locación exótica como es el caso de las estepas de Moldavia. Digo que aparenta cierto clasicismo porque muy pronto la historia comienza a mezclar varios elementos dispares como una insinuada historia de vampiros y un énfasis en la sexualidad perversa que por desgracia se quedó censurada para gran parte del público; de hecho el doblaje italiano de La máscara del demonio dejaba claro que los dos hechiceros villanos, Asa y Javuto, eran hermanos, referencia que se eliminó del doblaje en otros idiomas para evitar la alusión al incesto, pero que al mismo tiempo dejaba ciertas interrogantes acerca de por qué el retrato de Javuto aparece colgado en los muros del castillo de la familia.

Estos detalles de erotismo malsano fueron solamente un elemento más de lo osada que fue esta película para los estándares de principios de los sesenta, yendo más allá de lo que en su momento habían logrado trabajos similares, y en cierta forma cambió las reglas del juego puesto que también la Hammer se dedicó a partir de entonces a tensar los límites de aquello que podía hacer en pantalla. Sin embargo, el trasfondo cultural italiano de La máscara del demonio la diferencia de todos estos trabajos. Uno de los detalles que siempre he encontrado más interesantes no sólo de Bava sino del terror italiano en general es su relación de amor/odio con la religión católica, ya que Bava no deja de hacer mención en todo momento a un imaginario cultural cristiano presente no sólo en la ya antológica escena de la quema de la bruja sino en la fijación con el cadáver de Asa que se mantiene incorrupto y atrapado en su ataúd únicamente por la presencia de la cruz. La visión de ese cadáver con las cuencas vacías llenas de gusanos también evidencia otro aspecto muy recordado de esta película, que es su fijación con los ojos como puerta del mal, algo a lo que ciertamente ayuda la fisionomía de Barbara Steele, cuyos grandes ojos negros parecen ser los protagonistas de la película.

Es la presencia de Steele lo que ayuda también a subirle varios enteros. Honestamente, no creo que la cinta hubiese alcanzado el éxito que tuvo de no haber contado con una actriz como ella, una presencia magnífica que cautiva desde el momento en que aparece en las ruinas de la capilla con dos grandes mastines negros, una imagen ya icónica y muy explotada en el género de terror a pesar de que técnicamente el personaje en cuestión es la heroína. El trabajo de Steele es desigual en su doble papel, ya que como la joven Katja (inevitablemente interés romántico del por otro lado muy olvidable héroe masculino) no convence mucho, como tampoco convence la forzada y cursi subtrama romántica, pero cuando hace de la bruja Asa su presencia se roba cada escena, y se nota a leguas que es en su poderosa villana donde recaen las simpatías de Bava y su película. Es por eso que incluso ahora, cuando la he vuelto a ver muchos años después de la primera ocasión, sigo creyendo que el final de la película no es tan feliz como muchos piensan, y que hay un giro narrativo de corte fatalista que se intuye aunque no se diga explícitamente. Si no habéis visto la película no os lo voy a arruinar aquí, pero una vez que llegue ese final sabréis exactamente a qué me refiero.

Como ya comentábamos arriba, La máscara del demonio fue un gran éxito y una de esas colaboraciones de las que sale magia a pesar de todas las dificultades. El director Mario Bava contaba en vida que escogió a Steele únicamente por su físico y que fue muy difícil trabajar con ella debido a la desconfianza que sentía de aquel equipo de cineastas italianos trabajando con un guión cuyas escenas no se conocían hasta el mismo día del rodaje. Eso en parte puede que explique la naturaleza fragmentada del argumento y los repentinos cambios de tono de la historia, pero el resultado es innegable. Como introducción a la obra de Bava y al terror italiano en general, no se puede pedir nada mejor.

 

Reseña: What We Do in the Shadows (2014)

Tras haber arrasado en festivales, What We Do in the Shadows (2014) fácilmente se perfila, al menos para el que escribe, como una de las principales candidatas para lo mejor de este año y además como una de las mejores comedias de horror de los últimos tiempos. No es fácil que diga esto teniendo en cuenta que esta producción neozelandesa de los mismos de Flight of the Conchords emplea para su propuesta el formato de falso documental tan de moda hoy en día y hacia el cual tiendo a guardar cierto escepticismo, pero este no es para nada el caso: estamos por el contrario ante una película que sabe aprovechar muy bien sus recursos y que además hace alarde de un conocimiento del género que parodia realmente envidiable, y todo siendo al mismo tiempo bastante respetuosa con el material.

Aquí en este blog ya hemos hablado de ella en ocasiones pasadas, pero aquellos despistados deben saber que la premisa de la película trata de un equipo de cineastas que elaboran un documental siguiendo el día a día de Viago, Vladislav, Deacon y Petyr, cuatro vampiros que comparten una casa en Wellington, Nueva Zelanda. Cuatro tipos de vampiros muy distintos entre sí, de personalidades (y edades) muy variadas que además responden a cuatro arquetipos cinematográficos que hemos visto en varias ocasiones. Decir más es redundante a estas alturas porque la película pronto se encarga de pasearnos por la cotidianidad de sus personajes y su vida en la ciudad, aparte de las típicas situaciones a las que un ser de la noche debe enfrentarse como la necesidad de ser invitado para entrar en los sitios, procurarse víctimas con regularidad, el enfrentamiento con otros monstruos y las dificultades que inevitablemente surgen cuando un hecho fortuito resulta en la creación de un nuevo compañero que les enseñará a vivir la vida moderna.

La muy certera parodia que la película hace de los lugares comunes y convenciones del género de vampiros (al que desmenuza por completo) puede causar el rechazo de aquellos que busquen una película de terror, pero en el apartado de comedia es una obra muy inteligente que destaca no sólo por su guión sino por el trabajo que hacen todos sus protagonistas, motivo por el cual es recomendable verla en versión original. Cuando llega el final te das cuenta de que esa hora y media se te ha pasado volando y en ella has desarrollado un cariño enorme hacia estos entrañables seres de colmillos largos que te han mantenido con la mirada fija en una cinta que domina su material cómico a la perfección y que consigue disfrazar su aspecto de documental de forma muy eficiente, hasta el punto de que no pocas veces olvidé por completo que estaba viendo un trabajo con este formato.

Y es que allí está precisamente la principal fortaleza de What We Do in the Shadows, en el dominio absoluto de los códigos reconocibles del cine de vampiros y en la forma en que estos se presentan en pantalla para ser puestos en evidencia, y no sólo en su vertiente clásica de seres elegantes de capa y mirada siniestra sino también en su vertiente monstruosa, en su faceta de rebelde modernidad, en su faceta medieval e incluso en su vertiente romántica actual. Una gran película, sin duda, y en cuanto a comedias de terror de los últimos años no puedo pensar de momento en nada más recomendable que esto.

 

Reseña: Abierto hasta el amanecer 2 (1999)

Ligera decepción, debo decir, ya que me esperaba que la presencia de Robert Patrick como actor elevara un poco el resultado. Lo hace en cierta forma, pero no lo suficiente para alzar Abierto hasta el amanecer 2 (1999) hasta un nivel medianamente destacable. Lo digo además con bastante sinceridad ya que por todos es bien sabido que la primera parte dirigida por Robert Rodríguez tampoco está precisamente entre mis favoritas, pero al menos tenía un encanto propio y una energía muy peculiar de la que esta secuela carece.

De entrada hay dos cosas que hay que destacar de esta segunda parte: una de ellas es que se aleja un poco del tratamiento de horror y aumenta en gran medida las dosis de comedia (algo que queda claro ya desde ese prólogo con Bruce Campbell y Tiffany Amber Thiesen) haciendo de esta una parodia más que una continuación de la película de Rodríguez. La segunda cosa que hay que señalar es que sus conexiones con la original son muy escasas, y no van más allá de una muy breve aparición del Titty Twister (engañosamente resaltada en el trailer) y un cameo del personaje del barman de Danny Trejo. Esto presenta una confusión en cuanto a la continuidad ya que nunca se explica cómo es que el bar sigue en pie y el personaje de Trejo continúa con vida, a pesar de que la película deja bastante claro que esta segunda parte tiene lugar después de la primera. Pero esto es algo secundario; de lo que trata realmente la película es de un grupo de asaltantes de bancos que toma refugio en un motel de carretera en México y que ven cómo se complica todo cuando uno de sus miembros es convertido en vampiro y comienza a transformar uno a uno al resto de su grupo.

Hay que decir, sin embargo, que el argumento no es algo de lo que la película se ocupe mucho, ya que incluso pasa de comentar cosas que por otro lado parecen insólitas, como los motivos que pueden tener los vampiros del bar para atacar a los delincuentes o el por qué estos siguen interesados en robar el banco aún después de ser convertidos en monstruos. Poco importa de todas formas porque lo importante aquí es cómo se parodian los elementos de la película original hasta hacer de esta película una comedia en la que el personaje de Robert Patrick queda reducido a un carácter bastante pusilánime y el chiste de cruzar dos palos para formar una cruz se repite constantemente una y otra vez. Hay algunos guiños a la primera película pero están bastante distanciados, lo que hace que esta sea una cinta completamente distinta en la que los elementos de western de la primera parte están suavizados y en la que no hay escenas tan memorables como aquel baile de Salma Hayek o el ataque inicial de las hordas vampíricas.

No puedo negar que Abierto hasta el amanecer 2 tiene sus momentos, y que la idea de situar la acción fuera de los confines de la primera película es una buena idea. Sus carencias son básicamente el no hacer nada interesante con sus personajes y el haber confirmado a Robert Patrick como un actor cuyos mejores trabajos han sido tradicionalmente como secundario. Reconozco que la vi únicamente por completismo antes de ver la serie y que sólo recientemente me enteré de que había una tercera entrega (la cual tengo entendido que es una precuela). Esa también la veré, sin duda. Esta de la que hablamos hoy no será tan memorable como la primera, pero como parodia ciertamente podría haber sido peor.