Reseña: Flatliners (2017)

flatliners-2017-ellen-page

Esta vez dedicamos algunas líneas a una película que pasó casi por debajo de la mesa, concretamente la nueva versión de Flatliners (2017), remake de la cinta homónima de 1990 que ya reseñamos aquí y que en esta ocasión está protagonizada por Ellen Page, Diego Luna y otros actores de los que no he escuchado hablar nunca. Esto último me parece algo importante a destacar porque la original de Joel Schumacher es precisamente recordada, entre otras cosas, por su impresionante elenco de jóvenes estrellas en alza como Kevin Bacon, Julia Roberts, William Baldwin y sobre todo Kiefer Sutherland, quien también aparece brevemente en esta nueva versión.

Lo que sí parece haberse mantenido es la premisa: unos jóvenes, ambiciosos e irresponsables estudiantes de medicina que deciden experimentar en sus propias carnes aquello que ocurre en el cerebro en el momento de la muerte, experimento que en un principio parece tener consecuencias muy positivas ya que despierta el potencial de estos personajes (algunos se vuelven más inteligentes, otros más atléticos, etc), aunque luego por supuesto todo sale mal cuando empiezan a tener extrañas visiones del más allá y se convierten en blanco de lo que en un principio parecen ser presencias de ultratumba.

Aparte del tema de las habilidades (que tampoco es que tenga grandes consecuencias para la trama), esta película no introduce grandes cambios, por lo que la mayor parte de sus aportaciones son más bien superficiales, encima con una estética mucho más de andar por casa y un ritmo mucho más frenético acorde con su ambientación juvenil. La que sí ha cambiado, sin embargo, es la valoración moral, ya que esta versión establece más o menos desde el principio el carácter peligroso e irresponsable del experimento cebándose sobre todo con el personaje de Ellen Page, quien aquí es representada como alguien mucho menos carismático y genial que su equivalente interpretado por Sutherland en la original. Su contraparte masculina, el personaje de Diego Luna, es por el contrario el miembro más sensato del grupo y el único que se niega por completo a participar de la experiencia cercana a la muerte.

Aunque quizá el mayor problema que tenga es que no sólo es considerablemente menos terrorífica que su antecesora sino que por algún motivo intenta por todos los medios complicar un argumento que en la original era muy sencillo. Encima trata de encajar (incluso más que la original) un confuso mensaje moralista que nunca queda del todo claro, como tampoco queda claro el verdadero alcance de la amenaza sobrenatural que los protagonistas están sufriendo. La única sorpresa es una muerte que ocurre a la mitad de la película y pese a que inicialmente pareciera lo contrario, no tiene en realidad ningún peso para la trama. En realidad estamos hablando de una película un tanto vacía que no tiene los aciertos estéticos, ni de casting, ni la química que la versión anterior mostraba, así que no me sorprende que haya pasado desapercibida.

Reseña: Flatliners (1990)

flatliners-portada

Flatliners (1990), o como se le conoce en España, Línea mortal, es una que quería desde hace tiempo recuperar para el blog porque recuerdo que fue una película de terror que me gustaba mucho en aquel entonces y que no había vuelto a ver en por lo menos dos décadas. Treinta años después de su estreno conseguí la motivación que necesitaba: el reciente remake con Ellen Page que salió hace un par de años y que muy pronto también reseñaremos por aquí. Pero ojo, ver de nuevo la original de Joel Schumacher ha sido toda una revelación porque si bien se me han hecho mucho más evidentes sus carencias, sigue teniendo un encanto especial y muchos puntos a favor que hacen aún más evidente su potencial (hasta cierto punto) desperdiciado.

Llamarla “de terror” también es estirar el término un poco pese a que el argumento parte de una premisa sobrenatural: cinco ambiciosos y geniales estudiantes de medicina que realizan un experimento clandestino para investigar de primera mano lo que ocurre después de la muerte, lo que básicamente constituye en irse matando y resucitando por turnos de forma cada vez más osada. El problema empieza cuando estas experiencias no salen gratis y cada uno de ellos trae de vuelta consigo extraños fenómenos que prueban no ser nada benévolos sino todo lo contrario. Por supuesto, lo más comentado de esta película incluso hoy en día es su elenco de lujo encabezado por figuras como Kevin Bacon, Julia Roberts (antes de alcanzar el mega-estrellato) y Kiefer Sutherland, quien ya había trabajdo con Schumacher en Jóvenes ocultos (1987), una película que tiene muchas similitudes estéticas con esta. En esta ocasión Sutherland no es exactamente el villano pero sí quien tiene el personaje más interesante, el principal motor tras el experimento y aquel que se verá más afectado por el ataque de un ente sobrenatural nacido de su experiencia con la muerte.

Es esta idea, repetida además en el resto de miembros del elenco, lo que convierte la película en un relato hasta cierto punto moralista en el que cada personaje debe saldar cuentas con su pasado de una forma si se quiere brutal. Aquí es donde comienzan mis problemas con ella, y esto es algo que no había notado hasta ahora, pasados muchos años: llegado un momento la cinta se vuelve demasiado larga y reiterativa, y parte de eso tiene que ver con el hecho de que las historias del grupo hacen bulto. La cinta dura casi dos horas (demasiado para una producción de este tipo en 1990) y el motivo es que insiste en mostrarnos las experiencias sobrenaturales del resto del grupo cuando está claro que la única realmente importante es la de Kiefer Sutherland, y la única además que es realmente de terror. Por este motivo resulta increíble que no sea él el protagonista absoluto y los demás sólo personajes secundarios. Por el contrario, la cinta insiste en presentar a Kevin Bacon y Julia Roberts como los protagonistas (romance incluido), cosa que a mi juicio es un error porque nos despoja del auténtico ángulo de cine de miedo que la película merecía.

Pero a pesar de esto estamos hablando de una cinta que todavía se sostiene, con una estética atractiva y un elenco ideal en el que cada uno de los cinco miembros del grupo tiene su oportunidad para lucirse. Además se toma su premisa en serio, cosa que no puedo decir del remake reciente. De ese hablaremos otro día, pero sólo quiero dejar claro que aunque mi recuerdo la haya mostrado como mejor de lo que realmente es, esta versión original de Flatliners es algo que sigue valiendo la pena. Curiosamente, Kevin Bacon protagonizaría casi una década más tarde la cinta Stir of Echoes (1999), una película muy superior y muy parecida a lo que esto debería haber sido y que sin embargo no fue.

Reseña: Martyrs (2015)

martyrs

Confieso que esta era una que tenía mucha curiosidad por ver. La verdad es que en su momento no me enteré siquiera de que Blumhouse había realizado en el 2015 este remake de la francesa Martyrs (2008), y no debo haber sido el único porque esta nueva versión pasó sin pena ni gloria resultando prácticamente ignorada a pesar de que la original fue no sólo muy popular sino también muy admirada por la mayoría de la crítica mainstream como una de esas piezas emblemáticas del terror francés de mediados/finales de los dosmil. Esta versión americana, muy previsiblemente, es un refrito descafeinado que suaviza gran parte del impacto de su predecesora, pero también intenta en cierta medida algunos cambios destinados a darle otra sensación dramática a la misma historia. No puedo decir que funcione, pero me ha resultado al menos interesante de ver.

La premisa base es la misma, así como aproximadamente dos terceras partes del argumento. De todas formas, lo más interesante de estos remakes siempre ha sido ver exactamente en qué se diferencian; en esta ocasión, el Martyrs (2015) de Blumhouse parece buscar un mayor ángulo dramático al dedicar más tiempo de metraje a la amistad entre las dos chicas protagonistas, algo que no hacía el original de Laugier (más preocupado en los giros de trama y su crueldad nihilista) y que personalmente me pareció una gran idea que por desgracia no lleva a ninguna parte.

Si digo que no lleva a ninguna parte es porque precisamente toda esta construcción del amor entre estas dos huérfanas hermanadas por la desgracia parece sólo una excusa para un tercer acto que abandona casi por completo el camino trazado por la original y se convierte en un enfrentamiento justiciero que muy probablemente se haya hecho para dar a la película un final moralmente más satisfactorio para el público, algo que en cierto sentido me recordó a la también reciente Inside (2016), que reseñamos aquí hace relativamente poco. Este cambio, que se ve venir desde muy lejos valga decir, no me parece malo en sí mismo, pero esta hecho con mucha menos imaginación y resalta todos sus temas y explicaciones hasta el hartazgo mediante diálogos, como si alguien hubiese decidido hacer Martyrs pero volviéndola más accesible para un público mayoritario, algo que también se deja ver en el hecho de que es considerablemente menos violenta que la original, pese a que tengamos que soportar un primer plano de tortura bastante desagradable.

La cinta de Pascal Laugier del 2008 es hoy por hoy recordada como una de las más emblemáticas de su momento, mientras que esta nueva versión es la marca blanca de esta. Siendo sincero, algunas de sus ideas me agradaron y en general no la encontré tan ofensiva como la ya citada Inside, pero entre el hecho de parecer mucho más barata, mucho menos violenta y haber sustituido su brutalidad por un final de acción apresurado y hasta algo risible hace que no termine de convencerme. Creo que la mayor decepción ha sido descubrir que el guionista de esta nueva versión es Mark L. Smith, quien no sólo tiene experiencia en el género de terror con trabajos como Vacancy (2007) u Overlord (2018), sino que encima también ha escrito guiones de éxito en el mainstream como The Revenant (2015). Mi consejo: si tenéis estómago, mejor la original.

 

Reseña: Bliss (2019)

bliss-2

Probablemente el primer estreno de terror realmente destacable que he visto este año, Bliss (2019) debería bastar para que nos pusiéramos las pilas y comenzáramos a seguir la obra de su director, Joe Begos, quien consigue aquí un magnífico thriller fantástico-erótico acerca de una pintora en medio de una crisis creativa quien tras una noche de juerga y experimentación con drogas duras comienza poco a poco a transformarse en una criatura con una imparable sed de sangre, condición que se va colando en su obra de manera inesperada.

Esta idea de la que parte, valga decir, es un arquetipo de terror que me gusta mucho y que ya hemos mencionado en alguna otra ocasión: el del artista atormentado cuyo encuentro con lo sobrenatural le va destruyendo pero a la vez le insufla una nueva creatividad que le empuja a hacer su mejor obra. Pero aunque la idea en sí no sea muy original, la película le inyecta una vitalidad y energía realmente envidiables, y la hermosa estética de su director de fotografía Mike Testin (quien repetiría con Begos en VFW (2019), estrenada el mismo año) eleva un material que en otras manos quizás no habría pasado de ser una cinta de terror del montón.

Es precisamente esa estética, oscura y a la vez colorista y perfectamente a juego con el viaje desenfrenado de sexo, sangre y drogas que impregnan los noventa minutos de metraje lo más interesante de todo, por encima incluso del argumento que, como decíamos arriba, es muy básico. Tan básico que la cinta nunca llega a explicar del todo el origen de la aflicción de la protagonista ni su naturaleza (aunque sabemos perfectamente en qué se está convirtiendo, dicha palabra nunca se menciona). Poco importa porque el descenso del personaje y su obsesión está muy bien retratado y sobre todo soberbiamente actuado por su actriz principal, una magnífica Dora Madison que se entrega por completo y a la que espero ver más en el futuro.

Violenta, sucia, visceral y también llena de una gran carga sensual, Bliss es sin duda una que volveré a ver y que queda recomendada desde ya. La cinta se encuentra en un limbo un tanto extraño ya que es demasiado particular para encajar dentro del mainstream pero al mismo tiempo muy poco cerebral como para ser incluida dentro de aquello que se suele conocer (por desgracia) como “terror serio”. Creo que eso incluso la hizo más especial ante mis ojos. Dadle una oportunidad porque vale la pena.

Reseña: The Lodge (2019)

THELODGE.CourtesyofNEON.0

Veronika Franz y Severin Fiala, los mismos directores de Goodnight Mommy (2014) traen The Lodge (2019), un thriller psicológico con un ligero toque sobrenatural que pintaba en un principio muy bien pero que termina siendo mucho menos de lo que prometía en un principio. Con todo y eso la película pertenece a una tendencia actual dentro del cine de terror que yo personalmente agradezco, esas cintas atmosféricas lentas y pausadas con gran énfasis en la imagen y de las cuales ya hemos tenido ejemplos recientes como The Blackcoat’s Daughter (2015), Hagazussa (2017) o Hereditary (2018).

Menciono esta última porque por desgracia The Lodge se ha llevado algunas comparaciones (casi siempre desfavorables) con la película de Ari Aster, comparaciones que se deben principalmente a ciertas decisiones estéticas en común como la casa de muñecas, además de una apertura argumental que va acerca de una familia tocada por la tragedia. En esta ocasión se trata de dos niños que deben pasar unos días con su joven y futura madrastra en una cabaña aislada en medio de la nieve y, por supuesto, empiezan a ocurrir cosas que sugieren una presencia en la casa.

Hasta aquí podría parecer una película convencional, pero no lo es del todo; a través de un ejercicio de dirección muy bueno, la cinta de Franz y Fiala juega con el espectador ofreciendo un cambio de punto de vista que termina afectando toda la película. Todo el inicio está contado desde la visión de los niños, y la cámara deliberadamente evita mostrarnos el rostro de la madrastra hasta que ya el viaje a la cabaña es inevitable. Es en este momento, cuando comprobamos que la chica no es un monstruo sino una joven común y corriente con un pasado problemático, cuando la historia cambia de perspectiva y la muchacha pasa a ser la protagonista, y la odisea a la que se enfrenta cuando se queda sola con los dos críos y sus propios fantasmas (tanto internos como externos) se hace por momentos muy dura de ver y convierte todo en un macabro cuento de hadas que simplemente no puede acabar bien.

Todo este interesante tratamiento, así como el empleo del imaginario religioso unido al trauma y la aplastante sensación de soledad de la casa y sus alrededores bastarían para poner a The Lodge en un sitio alto en cuanto al cine de terror reciente. Por desgracia es una película que queda bastante tocada por una revelación que ocurre en su tercer acto la cual no sólo es muy predecible sino que además resulta poco verosimil y para colmo termina arrojando una nueva luz sobre los eventos transcurridos con anterioridad. Como resolución me pareció tan pobre y absurda que debo decir arruinó casi por completo mi experiencia. La salvan la estética y la sobresaliente dirección de Franz y Fiala, pero la historia me pareció poco aprovechada y definitivamente mucho más ligera que sus anteriores trabajos. Tiene cosas que valen la pena pero en general no puedo decir que me haya dejado satisfecho.

Reseña: Wounds (2019)

wounds

Babak Anvari, director de la ya comentada aquí Bajo la sombra (2016) estrenó el año pasado su nueva película de terror, Wounds (2019), la cual tuvo un trailer muy prometedor que auguraba un misterio sobrenatural con algunas imágenes perturbadoras. Al final ha terminado siendo algo muy distinto, una película poco convencional (por ponerle un calificativo) que muchas veces se regodea en su propia rareza y que nunca termina de dar lo que promete, lo cual quizás haya contribuido a que no fuera muy bien recibida. Hay sin embargo cosas rescatables, aunque sea por el hecho de que este tipo de cine de miedo que no parece tener interés en dar muchas respuestas es algo poco habitual y que he terminado apreciando con el tiempo.

La película comienza cuando nuestro protagonista (un Armie Hammer echándose todo el peso de la cinta encima) encuentra un teléfono móvil abandonado en el bar donde trabaja y, tras revisarlo, descubre en él una serie de horribles fotografías que muestran actos de tortura y mutilaciones. Estas imágenes lo conectan con una realidad ultraterrenal y lo convierten en el blanco de una presencia sobrenatural que nunca es explicada del todo pero que el espectador irá descubriendo a medida que la película transcurre y el mundo del personaje principal se desmorona a su alrededor.

De todas formas la trama es lo de menos porque, de nuevo, la película no le da demasiada importancia. En vez de eso parece que lo principal es la atmósfera de terror constante que rodea al protagonista, la idea de que algo terrible está siempre por ocurrir, y el lento descenso de un personaje cuya vida muestra unas serias carencias emocionales. Nada de esto es explorado en profundidad, por desgracia, lo que hará de esta una experiencia frustrante para espectadores que prefieran una narrativa más cerrada. Y sin embargo, aquellas cosas en las que sí funciona resultan involvidables, no tanto por aquello que sucede sino por lo que uno como pública está esperando que ocurra. Con todo y eso considero que podría haber ofrecido un poco más; no me hizo falta saber más sobre la amenaza que acecha al protagonista pero al menos me hubiese gustado un final más cerrado ya que la cinta termina precisamente en el punto en el que, en otras películas más convencionales, habría empezado lo bueno.

Es difícil para mí dar una opinión sobre Wounds porque con el tiempo mis gustos han cambiado un poco y este tipo de historias atmosféricas se han convertido en algo por lo que me siento muy atraído, pero entiendo que la mayoría no lo vea así ya que la película está continuamente prometiendo algo que luego se niega a dar. Por este motivo yo la recomendaría a gente que sintiera curiosidad por este tipo de historias, y al menos el hecho de que esté disponible en streaming en casi todo el mundo hace que el riesgo sea mucho menor. Con todo y eso, espero ansioso lo nuevo de Babak Anvari en un futuro cercano.

Reseña: Darlin’ (2019)

darlin-review-artikelbild

Pollyanna McIntosh debuta como directora en esta tercera entrega de la trilogía iniciada por Offspring (2009) y The Woman (2011), haciendo en esta ocasión una película muy diferente y considerablemente más modesta que sus antecesoras. Dejando de lado un poco los horrores vistos en las dos anteriores entregas, Darlin’ (2019) se cuenta esta vez desde la perspectiva de la tribu de caníbales, en concreto una niña que queda separada de su madre adoptiva y que es puesta en un orfanato religioso donde intentarán re-educarla para devolverla a la sociedad civilizada, algo que por supuesto no sale como se esperan.

Me extraña sobremanera el hecho de que esta fue una película que se estrenó casi por sorpresa y que tuvo muy poca repercusión incluso en su país de origen, ya que precisamente The Woman fue una cinta muy celebrada en su momento por la crítica de horror. No sólo eso sino que la propia Pollyanna McIntosh (que no sólo dirige sino que retoma como actriz su papel de las entregas anteriores) se ha convertido con el tiempo en una cara recurrente en el género mediante sus numerosas apariciones en cine y en la serie The Walking Dead. Y a pesar de todo esto la cinta pasó bastante desapercibida, quizás por el hecho de ser tan distinta a las anteriores; alejada casi por completo del festival de violencia de sus predecesoras, esta parece más interesada en construir un alegato acerca de la opresiva fuerza no sólo de la religión sino específicamente de las estructuras masculinas de poder, personificadas todas en el personaje del obispo interpretado por Bryan Batt, quien reúne en sí todos los estereotipos de cura malvado que se han hecho nunca.

Por desgracia, pese a sus interesantes ideas, el camino tomado por esta secuela no parece haber sido el indicado con lo que su tremenda diferencia con las anteriores muy probablemente decepcione a aquellos que esperaban una cinta de terror. Esta parece en realidad una comedia negra con situaciones y momentos muy poco realistas incluso para este género. La manera como esto se va intercalando con los temas más serios que la trama plantea hizo que el final pareciera un tanto caótico y convirtió lo que parecía una película de horror en una pieza del teatro absurdo que se ve además dañada por una estética que deja en evidencia sus escasos recursos de producción. Tampoco ayuda el hecho de que todos sus elementos de discurso religioso y sociológico estén puestos de una forma tan superficial que parece por momentos una caricatura.

No puedo decir que Darlin’ me haya decepcionado ya que honestamente ni siquiera me enteré de que se estaba rodando hasta muy poco antes de que se estrenara. Lo que sí puedo decir en todo caso es que es un trabajo muy distinto a las dos películas anteriores y que su forma de comedia surrealista terminó dominando todo a costa de los planteamientos serios que parecía tener en un principio, de manera que no la recomendaría a no ser por puro completismo. En este sentido me parece mucho más recomendable la francesa Crudo (2016), oque toca también el tema del canibalismo de una manera mucho más interesante y la cual no he reseñado aún a pesar de que me gustó mucho.

Reseña: Better Watch Out (2016)

limbo

Una de las más recientes joyas del terror navideño cierra nuestra tríada de películas decembrinas. Better Watch Out (2016), conocida originalmente con el mucho más atractivo título Safe Neighborhood, es una magnífica pieza de invasión domiciliaria que consigue darle un interesante giro sorpresa a lo que quizás sea uno de los más manidos estereotipos de terror: la niñera en peligro. Lo hace además de una forma poco habitual en el cine mainstream americano, con un enfermizo y en ocasiones desagradable subtexto de violencia y un psicópata de fabricación propia que determinará en gran medida la opinión que se tenga de la película en sí.

Si no cuento más es porque la naturaleza de la amenaza que se cierne sobre la protagonista es algo que llega genuinamente de sorpresa, a menos que se haya visto el material promocional de la película, que ya se encargó de destriparlo. Así que os recomiendo no ver ningún trailer ni buscar imágenes de la cinta antes de verla ya que la llegada de este giro (que de todas maneras se da muy temprano) cambia por completo el tono de la historia y convierte lo que originalmente era una invasión domiciliaria de libro en un relato de terror en el que el verdadero monstruo parece ser la misoginia y el ansia de dominación de los hombres hacia las mujeres, una historia de psicopatía que como expectadores veíamos venir desde muy temprano pero no a este nivel, o al menos eso me pasó a mí.

Es también una película muy sencilla que transcurre toda en la misma casa con muy pocos personajes, por lo que el principal peso de está en las actuaciones. Curiosamente, entre el elenco principal se encuentra la misma pareja de niños protagonistas de La visita (2015), notablemente creciditos pese a que ambas cintas se rodaron apenas con un par de años de diferencia. Pero quien realmente se echa toda la cinta sobre sus hombros es el joven Levi Miller en el rol de uno de los críos, quien tiene sin duda el personaje más difícil. He leído muchas críticas negativas de su trabajo pero sinceramente creo que la mayoría está confundiendo su animosidad hacia el personaje con las capacidades actorales de quien lo interpreta, porque esa rabia que como público sientes hacia él es sin duda alguna intencional. La joven protagonista Olivia DeJonge hace también un muy buen trabajo, y siempre es un gusto ver cintas como esta en la que las chicas no son retratadas como víctimas sino que se enfrentan valientemente a su situación e intentan revertirla en todo momento.

Better Watch Out es una gran película de terror navideño y una que sin duda ha de ser revisitada en futuras fiestas. Comienza como algo muy ligero y mantiene ciertas dosis de humor a lo largo de su recorrido, pero de vez en cuando te sorprende con momentos y secuencias bastante perturbadoras. De nuevo, es mucho más sencilla de lo que parece, pero sabe jugar con las expectativas de un género muy manido y tiene un deje de crueldad que yo en lo particular tenía tiempo sin ver en el cine americano. Y por supuesto, como mirada terrorífica a la masculinidad tóxica me parece mucho mejor y más inteligente que algunas muestras recientes que han pasado por aquí.

Reseña: El faro (2019)

The-lighthouse-header

Tras la buena acogida de La bruja (2015), la nueva película del director Robert Eggers, El faro (2019) era probablemente una de las más esperadas de este año que está por terminar, y lo primero que puedo decir de ella es que no decepciona;  su segundo largometraje es todavía más arriesgado formalmente que su predecesor, aunque hay que advertir que también es menos accesible y mucho más ambiguo a nivel de argumento, pese a que los temas que trata y los arquetipos culturales de los que bebe sí que son bastante obvios. Creo que fue en parte por eso que terminó por convencerme, pero por otro lado entiendo que gran parte del público no lo verá así; de hecho, es muy probable que alguno de vosotros considere que no estamos necesariamente ante una película de horror.

Esa premisa que os han vendido en el trailer es cierta: ambientada a finales del siglo XIX, la película comienza cuando el joven Ephraim Winslow (un excelente Robert Pattison poniendo un muy bien trabajado acento de Maine) llega a una pequeña y remota isla para asistir durante cuatro semanas en la administración del faro bajo las órdenes del viejo marinero Thomas Wake (Willem Dafoe) y el resto del metraje se va en la recreación de su azarosa vida en medio del mal tiempo, la soledad, y sobre todo la guerra psicológica que se desata entre los dos hombres a causa del secretismo del viejo hombre de mar, que insiste en no permitir que Winslow suba a la cima del faro, por lo que el joven se obsesiona con la idea de descubrir lo que considera un oscuro secreto.

Este argumento, que podría perfectamente haberse adaptado en una cinta de horror convencional, es sin embargo contado con total ambigüedad por parte de Eggers, quien crea su atmósfera a partir de ese ambiente opresivo de la isla y su permanente estado de caos y suciedad, mostrando el lento pero seguro descenso a la locura de sus dos protagonistas no sólo por medio de los diálogos (recreados, por cierto, de la literatura romántica anglosajona hasta el punto que mi cerebro tuvo que adaptarse a ellos durante los primeros minutos) sino también de imágenes extrañas de las cuales nunca queda claro hasta qué punto son reales. Gran parte de esto se consigue a través de la estética: blanco y negro, una proporción de 1.19:1 que hace que la pantalla sea prácticamente cuadrada, y unos lentes de cámara antiguos que le dan a la película una sensación atemporal, pero lo más destacado sin duda son las actuaciones, tanto el desquiciado Willem Dafoe como el destacable trabajo actoral de Pattison en la que quizás sea la mejor actuación que le he visto hacer hasta ahora.

Aquellos que esperen un trabajo de horror tan visceral como La bruja quizás queden decepcionados, por lo que hay que advertir desde ya que El faro es una producción muy distinta, un relato más inclinado a la alegoría con referencias mitológicas muy evidentes y una trama en la que no siempre queda claro qué es lo que ocurre simplemente porque Eggers ha puesto la trama al servicio de estas ideas que quería transmitir acerca de diversos temas, desde la frustración sexual hasta el destino trágico que espera a aquellos que luchan por el éxito material. Lo que sí está claro es que se trata de una cinta fascinante que invita a verla más de una vez, y me hace desear que Eggers siga dándonos cine de terror en el futuro con la misma libertad creativa de la que parece haber disfrutado hasta ahora. Muy recomendable.

Reseña: Doctor Sueño (2019)

doctorsleep2

Con el pasar de los años y unos cuantos éxitos en su haber, Mike Flanagan se ha convertido no sólo en un gran director de horror, sino también en un nombre a tener en cuenta a la hora de hablar de adaptaciones del trabajo de Stephen King. En este sentido, Doctor Sueño (2019) era probablemente su mayor desafío como cineasta debido a las espectativas que había generado prácticamente desde que se anunció, puesto que sobre ella se proyectaba la enorme sombra de El resplandor (1980), que muchos consideran la mejor película basada en la obra de King y una que al propio escritor de Maine no le hace mucha gracia. Decir que sale airoso de esa prueba es poco; este nuevo trabajo de Flanagan (la cuarta adaptación de King que hemos visto este año) está planteada como una secuela de la película de 1980, pero es también una película que reconocilia hasta cierto punto la visión de Kubrick con la de King, sirviendo de homenaje a las dos y combinándolas de una forma que originalmente no creía posible.

Partiendo de una premisa que por momentos recuerda más al cine de superhéroes que a una historia de terror, Flanagan logra la nada fácil tarea de adaptar una novela que no sólo no está (para mí al menos) entre las mejores de King sino que parecía hecha deliberadamente para distanciarse de la adaptación cinematográfica de El resplandor y entroncar con su visión original de los personajes. Estaba claro que esta película no podía hacer lo mismo, y por eso Doctor Sueño se ve obligada a reinterpretar el material añadiendo algunas escenas, quitando otras, mezclando personajes y en general buscando nuevas salidas argumentales a escenas clave de la novela, lo cual en muchas ocasiones llegó a sorprenderme. Y por supuesto está lo más comentado, que es la manera en que Flanagan incorpora El resplandor a su película mediante escenas y flashbacks que no utilizan metraje reciclado de la cinta de Kubrick sino que la recrean con otros actores de una manera asombrosa e increíblemente detallista; ojo sobre todo a la magnífica caracterización que hace la actriz Alex Essoe, a quien vimos en Starry Eyes (2014), de Shelley Duvall.

Eso sí, las principales referencias aparecen sólo durante este tramo final, la cual por fortuna nunca destriparon en los trailers; el resto de la película es de Flanagan y muestra varias de sus constantes como director, incluyendo una estética y sustos que ya había explorado en su serie de La maldición de Hill House. También resulta interesante la forma en que reúne elementos de otras obras de King incorporándolas al universo particular del autor pero siempre manteniendo la historia en los muy definidos límites del enfrentamiento entre Danny Torrance y los villanos, especialmente Rose the Hat, interpretada aquí por Rebecca Ferguson quien tiene el que probablemente sea personaje más vistoso de la cinta.

Confieso que entré a ver Doctor Sueño con las expectativas un tanto bajas porque esta era sin duda alguna una tarea muy difícil pero he quedado gratamente sorprendido. Flanagan logra hacer los cambios necesarios a la novela de King y al hacerlo consigue cerrar un cisma de tres décadas entre las visiones de este y Kubrick, trayéndonos la que sin duda es no sólo la mejor adaptación de King que hemos tenido este año sino también una de las mejores en mucho tiempo, un sincero homenaje tanto a la cinta de 1980 como a su novela original. Pero además, y esto me parece que se dice poco, la calidad tanto de esta película como de El juego de Gerald (2017) y La maldición de Hill House demuestran que Flanagan es un director que sabe sacar joyas de material que no es precisamente fácil de adaptar. Sólo por eso habría que apreciarlo mucho más de lo que hacemos.