Reseña: X (2022)

Tras tomarse una pausa de casi una década, Ti West vuelve al género de terror y lo hace bien. Su nueva película, X (2022), ya empezaba además a generar comentarios desde mucho antes de estrenarse, quizá por tener involucrada a la gente de A24 y con ello dar algo de expectativa crítica a una película que parecía apuntar hacia un renacimiento del proto-slasher de los setenta. Digo «parecía» porque esta cinta, al igual que la excelente The House of the Devil (2009), guarda semejanzas con otras obras del pasado solo en su superficie y casi siempre limitadas a la ambientación. Todo lo demás es distinto y, debo decir, muy bueno.

Ambientada en el año 1979, la película sigue a un grupo de cineastas porno que viajan hasta una apartada cabaña rural en Texas para rodar una película para adultos sin revelar sus intenciones a los dueños de la propiedad, cosa que luego desata una ola de violencia digna de los mejores tiempos de Tobe Hooper. Este estallido de violencia y sangre al que me refiero, sin embargo, tarda mucho en llegar y cuando lo hace funciona gracias a que el guión nos ha entretenido hasta entonces con unos sólidos personajes y un elenco sobresaliente.

En este elenco, por cierto, habría que destacar tanto a Mia Goth (en un doble papel) como a Brittany Snow, a quien algunos de vosotros recordaréis como la protagonista de aquel remake de Prom Night (2008) y que aquí se encuentra a años luz en cuanto a su trabajo actoral, incluso teniendo en cuenta los catorce años de diferencia entre una película y otra. En realidad todo el elenco está genial, los personajes son creíbles y llegado el momento la película ofrece una visión positiva y progresista de la sexualidad que, curiosamente, es la antítesis de lo que representa el slasher convencional.

Una vez que de desata el elemento de terror la cosa se vuelve hiperviolenta, oscura y muy alocada, todo ello sin renunciar a un retorcido sentido del humor que no se siente para nada forzado sino todo lo contrario. Honestamente debo decir que, a pesar de mi predilección por la obra de Ti West, no esperaba que esto me gustara tanto pero al final ha terminado siendo uno de los estrenos de terror más importantes del año para quien esto escribe. Por lo visto habrá más, ya que el director ha hablado de una precuela que supestamente ya está lista y que se estrenará este mismo año, como bien confirma la escena post-créditos. Si es como esto ahí estaré.

Reseña: Possum (2018)

Possum (2018), el largometraje debut de Matthew Holness (a quien sin duda conocéis por su genial alter ego ficticio Garth Marenghi) es una singular pieza de terror minimalista y también una de las mayores sorpresas que me he llevado en los últimos años pese a que varias personas me la recomendaron por mucho tiempo. Es no solo un trabajo visualmente impresionante sino también una película con una atmósfera única conseguida con muy pocos recursos y apenas un par de personajes, y ciertamente trabajo que no me esperaba proveniendo de alguien a quien conocía más por sus obras de comedia.

La historia, además, tiene la ventaja de ser muy sencilla: un titiritero caído en desgracia que vuelve a la casa rural de su niñez con la firme intención de purgar su pasado, acto que comienzará con la destrucción de su obra maestra: un grotesco títere con forma de araña humanoide llamado «Possum», del que no parece poder deshacerse por mucho que lo intente. Intercaladas con esta historia están asimismo varias escenas del personaje principal con su siniestro tío, que parece estarle constantemente reclamando cosas de su pasado y que no hará su regreso más fácil.

De entrada lo que hace la película memorable es el apartado técnico y visual, no solo la ambientación de ese pueblo en ruinas del que ambos personajes parecen ser prácticamente los únicos habitantes, sino sobre todo la imagen de auténtica pesadilla del muñeco, que parece una criatura salida de Bloodborne y que probablemente sea muy desagradable de ver para aquellos que tengan algún tipo de fobia por los arácnidos. Lo modesto de los medios hace que la película sea parca en efectos especiales, y de hecho las escenas de movimiento del títere están hechas de una forma primitiva que quizá por eso resulta más inquietante aún. De todas formas esta no es una película de muñecos asesinos sino algo mucho más sutil, una obra de terror surrealista en la que asistimos al desmoronamiento mental del protagonista y la superación de su trauma, algo que funciona gracias sobre todo a la soberbia actuación de Sean Harris, a quien tardé mucho en reconocer sin barba.

A pesar de todo, es una película difícil de recomendar a todo el mundo ya que es muy sencilla a nivel de argumento y tanto su ritmo lento como su imaginario visual deliberadamente poco realista requieren paciencia por parte del espectador. De todas formas hay mucho que apreciar aquí en cuanto a tono, estética y momentos de terror, así como un subtexto perverso y oscuro acerca de los secretos y el abuso con el que no contaba teniendo en cuenta la obra anterior creador. Me ha parecido magnífica y uno de los debuts más interesantes que he visto.

Reseña: Historia de lo oculto (2020)

Un programa de televisión en la Argentina de finales de los ochenta prepara en directo la que será su última transmisión, en la que intentarán revelar el contenido de una investigación vinculada al gobierno y cuya última pieza esperan hacer pública en directo. Ese es el punto de partida de Historia de lo oculto (2020), una maravillosa película que mezcla thriller político, conspiranoia, terror cósmico y ficción sobrenatural, y también una de las más interesantes entradas del fantástico latinoamericano en los últimos años.

Es difícil decir de qué se trata sin destripar detalles importantes de la trama, pero el párrafo de arriba resume de forma más o menos acertada lo que hay que saber. El resto va cayendo ante el espectador de forma gradual pero efectiva, a la vez que este no solo va descubriendo el misterio detrás del argumento de la película sino también sus decisiones estéticas o temáticas, tales como la ratio de aspecto de la pantalla (que va variando dependiendo de cosas que ocurren en ella), el uso alternativo del blanco y negro y el color, y por supuesto un subtexto abiertamente político pero abordado con inteligencia y sobre todo de una forma muy poco covencional.

Todo esto, además, tratado desde una perspectiva minimalista en el que mayor parte de las escenas tienen lugar en espacios cerrados, con especial atención a las muy intensas escenas que transcurren en el plató de televisión, las cuales se resuelven casi siempre mediante diálogos. El resto de las escenas, con los reporteros del programa haciendo su propia investigación, son las que contienen la mayor parte de las claves argumentales así como los elementos fantásticos, y aunque en un principio pareciera que sus salidas son un tanto arbitrarias, todo el entramado argumental va encajando poco a poco hasta desencadenar en un final muy bueno que no solo ofrece respuestas a lo que hemos visto sino que también abre un abanico de posibilidades muy grande.

Siendo sinceros, todo el principio se hace un poco difícil de seguir, lo admito, pero los que se queden serán ampliamente recompensados con una de las más estimulantes obras de terror (?) que he visto en mucho tiempo. Me ha volado la cabeza y siento que quiero verla otra vez lo antes posible. Tenía mucho tiempo que no veía una película capaz de emplear el fantástico para crear una analogía política tan apasionante y bien hecha, y aún así siento que hago un muy pobre trabajo recomendándola porque para hacerlo mejor tendría que hablar de las cosas que ocurren en ella cuando esta es una de esas películas a las que es mejor asistir en frío. No la dejen pasar.

Reseña: 1922 (2017)

Ahora que Stephen King está teniendo tan buena racha con las adaptaciones de sus obras considero pertinente rescatar una película que en su momento no tuvo la repercusión que se merecía, quedando sepultada entre el resto de los estrenos de una plataforma de streaming. Hablo por supuesto de 1922 (2017), una muy buena adaptación de la que a mi juicio es también una de las mejores novelas cortas de King de los últimos años y que fue incluida en su colección Todo oscuro sin estrellas, la cual por supuesto recomiendo sin reserva alguna.

La historia es la misma que la de la novela: la narración de un granjero de principios del siglo XX que cuenta cómo un día él y su hijo se aliaron para matar a su mujer e impedir que esta vendiera la granja y se emancipara. Pero lo que comienza como simplemente la historia de un crimen se convierte pronto en algo mucho más terrible cuando tras el hecho padre e hijo comienzan a ser acosados por la culpa, el rencor y una serie de desgracias que caen sobre ambos como si de una maldición se tratase.

De hecho, una de las cosas más interesantes que tiene es que el supuesto componente sobrenatural es ambiguo y perfectamente podría estar solo en la mente del protagonista, algo que una película más convencional no habría hecho. Aquí por el contrario el peso parece estar en lo cruel y macabro que es el argumento incluso abordado desde el realismo, algo a lo que le ayuda su magnífica ambientación y, especialmente, el espectacular trabajo de Thomas Jane, un actor injustamente infravalorado con un rango muy amplio y que aquí tiene el que fácilmente es su mejor trabajo hasta la fecha.

Contrariamente a lo que ciertas clasificaciones puedan decir, 1922 es no solo una película de terror sino también una historia deprimente y desoladora cuyo única falta quizá sea que no llega a los niveles de horror y grotesco de la novela en que se basa. Aún así, hay imágenes muy poderosas y aunque todo el conjunto es más sencillo de lo que parece en un principio, te deja con muy mal cuerpo. Tuvo quizá la mala suerte de estrenarse con poco bombo en Netflix al mismo tiempo que otra adaptación de King, El juego de Gerald (2017), la cual obtuvo muy buenas críticas y también estaba basada en una novela de King que exploraba conflictos matrimoniales bajo una faceta de terror. De todas formas no la dejen pasar.

Reseña: Fear Street: 1666 (2021)

La trilogía de Fear Street cierra de forma satisfactoria con esta tercera parte completamente entregada a lo sobrenatural y que, tal como corresponde a un tercer acto, sirve también para poner de cabeza lo que pensábamos estaba claro de las dos primeras entregas al mostrarnos en un muy largo flashback la historia de la bruja Sarah Fiers y el secreto detrás de su maldición. Me sorprende lo mucho que he disfrutado esto y lo bien que ha salido este experimento de miniserie con episodios relativamente autoconclusivos, sobre todo teniendo en cuenta que esta tercera entrega es muy distinta a las dos anteriores en casi todo: estética, estilo e incluso referentes.

Tal como habíamos visto al final de la segunda entrega, esta tercera entrega está en su mayor parte ambientada en el pasado, concretamente en el año 1666, contando así la historia detrás de la maldición de Sarah Fiers y revelando al mismo tiempo no solo la verdad acerca de lo que ha desencadenado la trama sino también la exposición de un pasado de injusticias y violencia sobre la población de Shadyside, con especial saña en sus miembros más vulnerales. El cambio tan radical de ambientación funciona gracias a la ingeniosa decisión de llenar la trama del siglo XVII con los mismos actores de las dos primeras entregas haciendo otros personajes, lo cual, si bien trae algunos sonrojantes momentos de acentos que salen mal, ayuda a mantener el vínculo emocional con el público y da juego a interesantes paralelismos muy acordes con el argumento.

Este cambio también trae como consecuencia el abandono parcial del componente slasher de las dos películas predecesoras, pero todos los demás aciertos se mantienen, incluyendo la curiosidad estética de una película ambientada en el pasado pero rodada con una estética si se quiere moderna. También, y en concordancia con las dos entregas anteriores, es mucho más explícita en cuanto a sus temas de sexo y violencia pero al mismo tiempo está dotada de un subtexto emotivo y reivindicativo que se da a un nivel si se quiere mayor que el de las anteriores, volviendo durante el último tercio a 1994 para darle cierre a la historia con un último desafío catárquico y un muy claro discurso político.

Todo esto que he contado es algo, sin embargo, que se da con total naturalidad y no es sino la consecuencia de temas que las tres películas han ido asomando de forma gradual, sin descuidar en ningún momento sus aspectos de terror. Además celebro que haya una saga de terror juvenil que no menosprecie a su público potencial sino que por el contrario esté constantemente empujando los límites de lo que se suele presentar en este tipo de historias, lo cual me hace perdonarle todas sus autoindulgencias y sus pequeños fallos. En verdad me ha parecido una excelente trilogía que debería haber sido más exitosa de lo que fue. Espero que tenga continuidad porque el potencial que tiene es enorme.

Reseña: The Craft (1996)

El año pasado, durante Halloween y aprovechando la ocasión de los 25 años de su estreno, decidí volver a echar un vistazo a una película a la que le tengo mucho aprecio: The Craft (1996), conocida en español como Jóvenes y brujas, una de las cintas de terror juvenil icónicas de los noventa y una que cuenta con un considerable culto al ser también una especie de cápsula del tiempo de todo lo perteneciente a esa década en particular. Fue una buena idea porque si bien siempre he sido consciente de los problemas y limitaciones que tiene, también considero que sigue siendo una película muy sólida con ideas adelantadas a su tiempo y que continúa siendo merecedora de cierta atención.

En caso de que nunca la hay´áis visto, hay que dejar claro que no es totalmente una cinta de terror, sino más bien un drama juvenil con ángulo sobrenatural en el que cuatro adolescentes de un instituto religioso se unen en una cercana amistad gracias a su interés compartido por la magia y que terminan liberando un poder dentro de ellas que por supuesto viene con un precio dif´ícil de pagar. Es interesante asimismo que, contrariamente a lo que suele pasar en este tipo de historias, la manera en la que se representa dicho mundo de magia y esoterismo está soprendentemente bien documentada pese a que varios de los aspectos mitológicos de la trama son invención del guión de Peter Filardi, quien también es el guionista de Flatliners (1990), una película con paralelismos muy evidentes con esta de la que hablamos hoy.

Y sin embargo, gran parte del encanto de la película reside en su maravilloso elenco principal. Ninguna de las cuatro protagonistas era realmente adolescente (una de ellas, Rachel True, tenía ya treinta años cuando la película se estrenó), pero todas están muy bien en sus papeles y cada una brilla en determinados momentos de la historia, aunque quien verdaderamente se luce es Fairuza Balk, quien terminaría teniendo aquí uno de sus trabajos más conocidos. También sale una joven Neve Campbell, el mismo año en que se estrenó Scream (1996), pero sin el brillo protagónico. En realidad todo el elenco está genial, la relación entre los personajes se siente muy natural y la trama no teme adentrarse en territorios oscuros considerando su contexto juvenil, lo cual siempre es un agregado positivo.

Soy el primero en reconocer que mi apreciación por The Craft está en gran parte condicionada por la nostalgia, y sé muy bien que no es una película perfecta ya que, entre otras cosas, pasa demasiado rápido sobre algunos de los temas más espinosos que aborda como el racismo hacia una de las jóvenes brujas (quizá para mantener la trama en el rango de la hora y media de duración), pero me sigue pareciendo maravillosa y en muchos sentidos una película con un tratamiento del horror de instituto que no se había visto mucho entonces y que continúa siendo hasta cierto punto una rareza. Como es bien sabido, en el 2020 la productora Blumhouse estrenó una secuela/reboot que no llegué a ver pero que no fue muy bien recibido a juzgar por las críticas que me llegaron. Echad un vistazo a la original, que nunca está de m´ás.

Reseña: Noroi: The Curse (2005)

Tiempo atrás, cuando este blog estaba en sus inicios y la fiebre por el terror asiático estaba en pleno apogeo, Noroi: The Curse (2005) fue una que me quedó por ver a pesar de que muchos me la recomendaron. Con el tiempo se ha convertido en una de las más famosas películas surgidas de esa explosión de terror asiático en occidente, una que además tiene un mérito mayor al tratarse también de una cinta no tan accesible como el resto de sus congéneres, una que empleó el formato de metraje hallado/falso documental antes de que Paranormal Activity (2009) lo pusiera otra vez de moda.

En este caso tenemos un reportaje ficticio para la televisión en el que se cuenta la historia de un famoso investigador paranormal que desapareció misteriosamente mientras indagaba la verdad acerca de un caso específico, uno que comienza de forma muy pequeña con rumores de ruidos extraños en la casa de una mujer y su hijo y que termina adquiriendo dimensiones mucho mayores. No es fácil de resumir porque la película misma aborda el caso desde múltiples perspectivas y pequeñas historias en principio independientes que terminan coincidiendo en un fenómeno paranormal que combina cultos ancestrales, poderes psíquicos y demonología de una forma muy anclada en la realidad y que resultará conocida a aquellos aficionados a la rumorología y la conspiranoia clásica.

Precisamente por esos motivos es que creo que esta no es una película para todo el mundo ya que no solo no sigue una narrativa lineal sino que encima es considerablemente, parca en «sustos» (algo raro en estas películas asiáticas de esa época, al menos las que nos llegaron aquí) y encima tarda mucho en llegar lo realmente bueno. Eso sí: la historia en sí misma alcanza un tono siniestro realmente envidiable y toda el clímax es tan intenso que la salva. De la misma forma, el formato de cámara en mano permite algunos trucos muy buenos a nivel de imagen, y es precisamente su estética de vídeo cutre lo que se convierte en una de sus principales fortalezas y termina dándole gran parte de su identidad.

A pesar de ser mucho más lenta y cerebral de lo que estamos acostumbrados, Noroi: The Curse es una muy buena película de miedo y un ejemplo de docu-terror de la vieja escuela casi desprovisto de efectismos y con un ambiente realmente desolador en su por otro lado muy eficiente clímax, en el que sabemos desde el principio qué ocurre pero en el que también encontramos sorpresas. Muy recomendable y una de las esenciales para tener una idea general de ese cine de terror que se hizo popular en nuestro lado del planeta contra todo pronóstico.

Reseña: Lamb (2021)

Como suele suceder con este tipo de películas apadrinadas por A24 (que solo distribuye en Norteamérica pero que realiza los trailers que la mayoría del mundo ha visto), la campaña publicitaria hacía ver a la islandesa Lamb (2021) de forma muy distinta a lo que terminó siendo. Una de mis principales motivos para decir esto es porque me resulta difícil clasificarla como una historia de terror. Su director la comparó a un cuento de hadas macabro, y la verdad es que la mayor parte de ella se presenta como un drama con una premisa de corte fantástico pero que se afinca en cómo reaccionan los personajes más que en el argumento.

La premisa a la que me refiero es la de una pareja de granjeros en un solitario paraje de Islandia que descubren un día que una de sus ovejas ha tenido una cría muy distinta y particular. A estas alturas la mayoría de ustedes quizá ya conozcan de sobra en qué consiste esta peculiaridad de la que hablo, pero me lo guardo porque una de las mejores cosas que la película tiene es como dosifica sus revelaciones de género fantástico para sacar mejor provecho de ellas. Basta decir que ese descubrimiento termina cambiando por completo la vida de la pareja y la relación que tienen con la cría de oveja guarda un vínculo directo con un trauma de su pasado y lo que inevitablemente ocurre cuando se juega con las leyes de la naturaleza.

Con todo y eso no es una película tan fácil porque en cierta manera es contraria a lo que estamos acostumbrados a ver como espectadores. El primero de los tres actos (anunciados estos con intertítulos, a la manera de Lars von Trier) es muy lento y rodado casi sin diálogos (aunque no los necesita), pero lo único difícil de ella son sus extravagancias formales ya que el argumento es, por el contrario, extremadamente sencillo y va tocando sus temas de forma muy clara y explícita: la tristeza del duelo, la exploración de la maternidad y sus lados más siniestros o la incapacidad de aceptar la muerte de un ser querido. Es también una historia muy cruel y con una aura de inminente desgracia a lo largo del metraje; durante toda la película, incluso en las escenas más felices, sientes que algo terrible está a punto de pasar.

Sin embargo, en mi caso particular creo que lo que más me pegó fue la forma en que la película cuestiona la relación emocional que los humanos podemos llegar a tener con los animales y la manera arbitraria y autoindulgente en que volcamos en ellos nuestros afectos. No he escuchado a nadie hablar de eso en específico así que es probable que sea solo una invención mía pero no paraba de pensar en ello después de verla así que lo dejo por aquí. De todas maneras, insisto en que es una historia muy sencilla a nivel de argumento y no da ningún giro sorprendente ni nada por el estilo, lo cual sumado a su anticlimático final puede decepcionar un poco a algunas personas. Destaco, eso sí, ese ambiente de fatalidad que se palpa constantemente y que sospecho ha sido lo que finalmente ha causado que se le mencione como una película de horror, algo hasta cierto punto discutible. Muy recomendable de todas formas.

Reseña: Hunter Hunter (2020)

Como ya se deja intuir por el título, la canadiense Hunter Hunter (2020) es un muy eficaz ejemplo de narrativa de supervivencia que apuesta por el enfrentamiento entre un cazador y otro, con algunas sorpresas a lo largo del camino y una brutalidad poco habitual en este tipo de historias, al menos dentro del mainstream. Es también una película que, al menos al principio, no parece ser realmente de terror sino más bien de lucha contra la naturaleza mezclada con conflicto familiar. Como decía arriba, eso cambia llegado cierto momento, pero el camino hasta allí resulta de lo más satisfactorio.

El argumento va acerca de una pequeña familia compuesta por padre, madre e hija adolescente que viven aislados en los bosques de Canadá, renegando de la civilización y malviviendo como pueden de la venta de pieles. Los tiempos son difíciles, y la escasez de presa y los peligros de la vida salvaje comienzan a hacer mella en el ánimo de la madre, que se plantea sacar a su hija de aquel ambiente y volver a la ciudad. Es la llegada de un lobo que pone en peligro su modo de vida lo que desencadena la acción, así como el descubrimiento de una amenaza dentro de los bosques que va más allá de lo que la familia ha encontrado hasta ahora.

No quiero contar más porque es a partir de entonces cuando se dan algunos de los giros más importantes de la película, giros que además son los que la enmarcan definitivamente en el género de terror siempre sin abandonar el lado dramático. Este último, por cierto, conseguido siempre con un elenco mínimo en el que tenemos a un irreconocible Devon Sawa como el padre de la familia, así como a Nick Stahl en la figura de un forastero que llega a la cabaña de los protagonistas a cambiarlo todo. Como decíamos, la película comienza como algo muy típico, un relato familiar de hombre vs. naturaleza que sin embargo pega un giro tremendo en sus últimos veinte minutos que lo acerca más al cine de terror ultraviolento. Lo interesante y a la vez decepcionante de este cambio de registro es que se da precisamente en el clímax cuando una película más convencional quizá habría hecho de esto su premisa principal. Esto me dejó con una sensación muy extraña porque parecía que toda la trama no era sino la excusa para llegar a ese momento tan jodido.

Aún así pienso que ese final es tan bueno y que solo por eso no será fácil de olvidar. P´rueba de ello es que la película ha levantado muy buenos comentarios allí donde se ha estrenado, y todos ellos siempre mencionan ese desenlace catárquico que puede que enlace a la película con un cine de terror pesimista que no me gusta tanto, pero que definitvamente no esperaba a este nivel. Tampoco me ha parecido ninguna obra maestra, pero mentiría si no dijera que disfruté mucho de esa brutalidad y esa economía de medios de la que hace gala casi desde el principio. De los mejores trabajos que le he visto a la gente involucrada.

Reseña: Silent Night (2021)

Para cuando se publique esta entrada ya será Nochebuena, por lo que la ocasión es perfecta para la tercera entrada de nuestra trilogía de reseñas navideñas, además la última reseña del año y una de mis películas favoritas de este 2021 que se acaba. Silent Night (2021) ha sido, de hecho, una de las sorpresas de esta temporada y una de las raras ocasiones en que como espectador he podido acercarme a una película sin saber nada de antemano ya que para cuando la vi no había trailer ni cartel, ni siquiera una sinopsis. Es muy probable que ahora que se ha estrenado la gente tenga más información sobre de qué trata, pero esta sin duda es de esas a las que es mejor acudir en frío.

Esa premisa que al principio se mantuvo prácticamente en secreto es la de una familia británica que se reúne en Nochebuena para una cena de Navidad muy especial, aunque lo que hace única esta noche es algo que al principio no sabemos y que se revela en algún momento del metraje de forma muy natural pero consiguiendo que cambie toda la película y lo que antes parecía una reunión familiar con personajes de variable grado de tolerancia y desfachatez termina adquiriendo tintes cada vez más siniestros detrás de toda la emotividad decembrina que estamos acostumbrados a ver.

Lo que la directora Camille Griffin consigue aquí es una maravillosa comedia negra con una premisa muy jodida (una vez revelada) que sin embargo consigue momentos de auténtica ternura que te llegan al corazón cuando menos lo esperas. Todo esto con unas actuaciones increíbles (creo que es de las películas que he visto donde me gusta más Keira Knightley) y una trama muy interesante desarrollada principalmente a través de diálogos que te deja roto por dentro. Y sin embargo, es precisamente esa trama y ese tono lo que la hace tan apropiada no solo para Navidades sino concretamente para estas Navidades y lo que ello significa en el ánimo colectivo. Difícilmente se me ocurre una película más apropiada para terminar el año. Lamentablemente no puedo ser más específico ni explicar por qué esto es así o las influencias que oculta. Ni siquiera puedo clasificarla en un género específico porque solo eso ya destriparía detalles que considero mejor descubrir por uno mismo.

Una cosa curiosa que sí puedo decir es que durante su pase en festivales se desató una pequeña polémica por parte de algunos críticos que aseguraban que la película contenía una velada metáfora antivacunas, y aunque puedo entender la lógica que llevó a algunas personas a pensar así, dicha conclusión me parece por lo menos osada. De hecho la proyección que yo vi estuvo precedida por un mensaje de la propia directora desmintiendo esta intención y asegurando que era todo lo contrario. En todo caso, no sé cómo más hablar de ella sin decirles simplemente que vayan a verla aunque sea fuera de Navidad.