Reseña: Ringu 2 (1999)

Tras el fracaso taquillero de Spiral (1998), sus responsables decidieron hacer una secuela completamente nueva de Ringu (1998) como si aquella nunca hubiera existido, contratando nuevamente al director Hideo Nakata y empleando un guión completamente alejado de la obra literaria de Koji Suzuki. Es así como llegó al año siguiente Ringu 2 (1999), la verdadera secuela oficial y una que, contrariamente a su predecesora, abraza sus componentes de terror de manera mucho más explícita. Aunque la considero claramente inferior a la primera parte, no se puede negar que marcaría el camino por el que la saga habría de seguir, ya que todas las continuaciones posteriores de una u otra manera han tomado la lección de esta de la que hablamos hoy.

El argumento es también un reboot en toda regla, con la misma protagonista de Spiral (aquí interpretada por otra actriz) iniciando su propia investigación acerca de lo ocurrido a los personajes de la primera película. Es importante mencionar también que a diferencia de lo que ocurría en la otra secuela, en esta sí que vuelve la misma protagonista de la Ringu original junto con su hijo, y que su participación resulta mucho más importante para la resolución del misterio que rodea al fantasma de Sadako y sus verdaderas intenciones más allá de la muerte.

A partir de aquí la trama se complica mucho y no sabría resumir exactamente de qué se trata ya que toda la primera mitad resulta confusa y los personajes van descubriendo cosas más o menos porque sí, sin el fino trabajo de investigación que mostraban en la primera parte. Encima, al estar despojada de la premisa de la cinta de vídeo se pierde el componente de carrera contra el tiempo que hacía especial a la película original. El desenlace también es un tanto raro ya que se mezcla el tema de la maldición de Sadako con historias de poderes que se extienden a otros personajes y un intento de continuar la maldición a través de otros medios que no quedan lo que se dice muy claros y que requerirán de paciencia por parte de algunos espectadores.

Lo bueno, sin embargo, es que la película sí explota su potencial de historia de terror de una manera más marcada incluso que la original, y aunque en ocasiones pareciera que se rinde a un efectismo mucho más de andar por casa lo cierto es que regala algunas imágenes impactantes. Estas tendrían una marcada influencia en el resto de la saga no solo en sus variantes japonesas sino incluso en el remake de Gore Verbinski del 2002, que toma directamente escenas y planos de esta película incorporándolas a la historia original. Por cierto: una cosa que me sorprendió fue confirmar la enorme influencia que terminó teniendo la versión americana en la manera como recordamos esta historia, ya que tanto la primera parte como esta me han hecho darme cuenta de que la Sadako de la versión japonesa siempre fue una mujer adulta pese a que en el imaginario colectivo persiste la representación de la villana de esta saga como una niña. Este fue un detalle curioso que había desterrado por completo de mi recuerdo y que solo he recuperado ahora.

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Reseña: Spiral (1998)

Coincidiendo con el estreno de Ringu (1998) en Japón, sus productores decidieron aprovechar la popularidad de la novela de Koji Suzuki para estrenar de una vez su secuela, en una jugada de marketing poco habitual con la que esperaban explotar la fiebre por el fenómeno causado por esta historia paranormal. Rasen, o como se le conoce en Occidente, Spiral (1998), fue de hecho rodada de forma paralela a la primera parte por los mismos productores y al menos parte del mismo elenco, aunque esta vez en manos de otro director y guionista, Jôji Iida, el mismo responsable de la versión televisiva de Ring (1995) de la que hablábamos hace poco. Su guión estaba a su vez basado en la novela Spiral del propio Koji Suzuki, quien a diferencia de lo ocurrido con la primera entrega sí trabajó directamente en la producción.

El hecho de que el autor de la novela original estuviera involucrado tuvo como consecuencia que mientras la cinta de Nakata tuvo la libertad de interpretar a su manera la historia de Sadako y su maldición, esta segunda entrega es mucho más apegada a la fuente literaria, con lo que reduce considerablemente los elementos de terror para abrazar una historia de tono paranormal y pseudo-científico en la que un patólogo investiga la muerte de uno de los protagonistas de la primera parte y se encuentra de nuevo con la cinta de vídeo maldita que continúa cobrándose vidas a pesar de que se suponía que el misterio estaba resuelto.

A partir de aquí comienza una trama increíblemente confusa y enredada que no solo desanda el camino trazado por la película anterior sino que incluso se vuelve más críptica a medida que avanza el metraje, con lo que aquellos que hayan disfrutado de la historia original probablemente queden decepcionados al ver los giros tan raros que toma esta continuación y lo muy distinta que resulta de todas las demás entregas de la saga. Esto también me hizo darme cuenta de algo que ya sospechaba desde hace tiempo pero que terminé de confirmar y es que la película de Nakata resulta en muchos sentidos muy superior a la novela que adapta, y casi todo lo que me gusta de la historia de Ring y sus secuelas son cosas que provienen del cine, en concreto de la primera película.

En todo caso lo que en verdad perjudica a Spiral es precisamente la manera tan distinta en que enfoca el material a pesar de contar con el mismo equipo de producción, ya que incluso se ve mucho más barata y menos cinematográfica que la primera parte. Como curiosidad me parece que sigue siendo un trabajo interesante, pero francamente no me extraña que haya sido un fracaso en el momento de su estreno, a diferencia de la cinta de Nakata que fue todo un fenómeno. Tanto es así, que sus productores tomaron la polémica decisión de realizar una nueva segunda parte sacando a esta de su continuidad, con lo que pasó a ser la «secuela olvidada» de una de las sagas más prolíficas y famosas del terror japonés contemporáneo.

Reseña: Ring (1995)

Todo el mundo, o al menos la mayoría de los que se pasan por aquí, conocerá sin duda la fundacional película de Hideo Nakata Ringu (1998), pero probablemente no sean tantos los que sepan que no fue esta la primera versión de la novela de Koji Suzuki; pocos años antes ya se había hecho esta adaptación para la televisión japonesa que entre otras cosas era más apegada incluso a la novela original. Aunque nunca recibió una edición en formato doméstico en Occidente (al menos que yo sepa), Ring (1995) se ha convertido con el tiempo en una curiosidad que vale la pena ver por muchos motivos, entre otros lo distinta que resulta al camino que tomaría la saga más adelante.

Por supuesto la trama es la misma que ya conocemos: un periodista investiga la misteriosa muerte de su sobrina que al parecer está relacionada con una cinta de vídeo que mata en siete días a todo aquel que la ve, y para descubrir la verdad se alía con un psíquico en horas bajas que lo adentra en un mundo de fenómenos paranormales y pseudo-ciencia. Una de las cosas más interesantes a destacar de entrada es que el protagonista es, al igual que en la novela de Suzuki, masculino, un detalle que ninguna otra versión ha mantenido. También sigue muy de cerca el tono de misterio paranormal de la novela original, aunque esta adaptación sí que opta en ocasiones por secuencias que intentan hacerla más «de terror», aunque por desgracia no lo consigue muy bien debido a los muy limitados medios de los que dispone.

De hecho una de las cosas más curiosas que tiene es cómo la película intenta balancear esa atmósfera de cine de miedo con la estética propia de una cinta de los noventa evidentemente rodada en vídeo con una música muy pobre y unos efectos especiales de saldo que se notan sobre todo en detalles como la famosa cinta maldita (que parece aquí un trabajo de pura psicodelia) y las apariciones fantasmales hechas a través de disolvencias que ya resultaban baratas incluso para la época. Esto, sin embargo, no quita que la película introduzca aspectos interesantes que otras adaptaciones han dejado de lado, como por ejemplo los detalles más escabrosos de la historia de Sadako, un personaje que a diferencia del resto de las adaptaciones está completamente erotizado hasta hacer de ella un súcubo seductor, completamente acorde con el tono marcadamente erótico de una película que incluye numerosas escenas de desnudos y sexo lo bastante explícitas como para requerir el ya clásico pixelado púbico propio de la ficción japonesa.

Resulta curioso ver hasta qué punto la versión de Nakata suavizó varios elementos de la novela original y cómo esta de la que hablamos hoy intenta por el contrario rescatarlos aunque sus valores de producción televisivos terminen pasándole factura. Evidentemente está, por lo menos a nivel técnico, muy por debajo de sus adaptaciones posteriores, pero como curiosidad cinéfila está muy bien y permite ver que varios de los puntos estéticos que asociamos con la versión del 98 ya se habían ensayado aquí. Quiero pensar que definitivamente hubo una influencia ya que uno de los guionistas de este telefilme, Jôji Iida, terminaría también co-escribiendo y dirigiendo una de las secuelas de la saga cinematográfica. Así que echadle un ojo al menos. Como ya he dicho, hasta donde sé no existe en la actualidad una edición en formato doméstico disponible, aunque se puede conseguir fácilmente por medios alternativos.