Reseña: Better Watch Out (2016)

limbo

Una de las más recientes joyas del terror navideño cierra nuestra tríada de películas decembrinas. Better Watch Out (2016), conocida originalmente con el mucho más atractivo título Safe Neighborhood, es una magnífica pieza de invasión domiciliaria que consigue darle un interesante giro sorpresa a lo que quizás sea uno de los más manidos estereotipos de terror: la niñera en peligro. Lo hace además de una forma poco habitual en el cine mainstream americano, con un enfermizo y en ocasiones desagradable subtexto de violencia y un psicópata de fabricación propia que determinará en gran medida la opinión que se tenga de la película en sí.

Si no cuento más es porque la naturaleza de la amenaza que se cierne sobre la protagonista es algo que llega genuinamente de sorpresa, a menos que se haya visto el material promocional de la película, que ya se encargó de destriparlo. Así que os recomiendo no ver ningún trailer ni buscar imágenes de la cinta antes de verla ya que la llegada de este giro (que de todas maneras se da muy temprano) cambia por completo el tono de la historia y convierte lo que originalmente era una invasión domiciliaria de libro en un relato de terror en el que el verdadero monstruo parece ser la misoginia y el ansia de dominación de los hombres hacia las mujeres, una historia de psicopatía que como expectadores veíamos venir desde muy temprano pero no a este nivel, o al menos eso me pasó a mí.

Es también una película muy sencilla que transcurre toda en la misma casa con muy pocos personajes, por lo que el principal peso de está en las actuaciones. Curiosamente, entre el elenco principal se encuentra la misma pareja de niños protagonistas de La visita (2015), notablemente creciditos pese a que ambas cintas se rodaron apenas con un par de años de diferencia. Pero quien realmente se echa toda la cinta sobre sus hombros es el joven Levi Miller en el rol de uno de los críos, quien tiene sin duda el personaje más difícil. He leído muchas críticas negativas de su trabajo pero sinceramente creo que la mayoría está confundiendo su animosidad hacia el personaje con las capacidades actorales de quien lo interpreta, porque esa rabia que como público sientes hacia él es sin duda alguna intencional. La joven protagonista Olivia DeJonge hace también un muy buen trabajo, y siempre es un gusto ver cintas como esta en la que las chicas no son retratadas como víctimas sino que se enfrentan valientemente a su situación e intentan revertirla en todo momento.

Better Watch Out es una gran película de terror navideño y una que sin duda ha de ser revisitada en futuras fiestas. Comienza como algo muy ligero y mantiene ciertas dosis de humor a lo largo de su recorrido, pero de vez en cuando te sorprende con momentos y secuencias bastante perturbadoras. De nuevo, es mucho más sencilla de lo que parece, pero sabe jugar con las expectativas de un género muy manido y tiene un deje de crueldad que yo en lo particular tenía tiempo sin ver en el cine americano. Y por supuesto, como mirada terrorífica a la masculinidad tóxica me parece mucho mejor y más inteligente que algunas muestras recientes que han pasado por aquí.

Reseña: Anna y el Apocalipsis (2017)

anna-and-the-apocalypse-still-864x467

Para la segunda entrada de nuestra tríada navideña recupero una que no pude ver en el momento de su estreno, Anna y el Apocalipsis (2017), una producción británica (concretamente escocesa) que en aquel entonces se publicitó como una mezcla entre Shaun of the Dead (2004) y La La Land (2016), una comedia musical de terror con zombis de por medio y con la Navidad como ambientación principal. Como ha dicho ya gente más lista que yo, semejantes comparaciones pueden haber subido demasiado las expectativas y terminado haciéndole daño, porque lo cierto es que es mucho más sencilla de lo que parece y sus pretensiones no dan para tanto pese a que la película de Edgar Wright sí que está entre sus más que evidentes influencias, con incluso algunas escenas muy parecidas.

En realidad, y esto sí que es algo que me esperaba, se trata de una película dedicada a un público juvenil acerca de una chica de espíritu rebelde que equilibra sus miserias típicas de instituto con el alzamiento de los muertos y la necesidad de convertirse en heroína para rescatar a su padre. Y claro está, hay canciones de por medio. Tengo que aclarar aquí algo que muy probablemente he mencionado antes y es mi resistencia instintiva hacia los musicales; de todos los géneros cinematográficos, el musical es probablemente el único que encuentro genuinamente anacrónico, y por lo general tiendo a sentir un rechazo hacia ellos. No todos (una de mis películas favoritas de todos los tiempos es precisamente un musical), pero digamos que la idea de que los personajes de repente se pongan a cantar me ha parecido desde siempre tan ridícula que siento que de alguna forma tienen que justificármelo. Esto es un prejuicio mío, evidentemente, y no tiene nada que ver con la calidad de la película en sí.

Una de las formas en que dicha justificación suele darse es, por ejemplo, haciendo de la trama y los personajes algo relacionado con el mundo del teatro o de la música, una idea que ha sido usada en musicales de terror en el pasado y que pensé sería el caso aquí ya que parte del argumento involucra el montaje de un espectáculo escolar de Navidad, pero dicho elemento no pasa de ser una muy breve mención. Otra forma en que se podría hacer es dando mayor relevancia y tiempo de metraje a las canciones que a los diálogos hablados o al menos haciendo que la película empiece con una canción, pero nada de esto ocurre. De hecho, pese a que las canciones en su mayoría me han gustado y están muy bien producidas, algunas de ellas no parecen tener nada que ver con lo que está ocurriendo en pantalla, por lo que se sienten un tanto desconectadas del resto de la película. Además, las coreografías, el ritmo y el estilo de narración en general se me hicieron en ocasiones poco vistosos y con unas diferencias de tono que me echaron un poco para atrás, ya que ese ambiente de High School Musical convive en ocasiones con momentos sumamente oscuros como un plano en el que se ve a un zombi comiéndose a un bebé de un carrito.

Todo esto deja una sensación de que Anna y el Apocalipsis podría haber sido mucho más, quizás en otras manos o con un enfoque distinto que explotara sus posibilidades musicales o su ambiente festivo, el cual dicho sea de paso tampoco parece estar muy relacionado con la Navidad. Es una idea muy buena que podría haber dado más juego, pero al final termina siendo un entretenimiento inofensivo que tampoco consigue destacar tanto ni como musical ni como comedia zombi. Con todo y eso la he disfrutado, el elenco es muy simpático y no me cuesta nada reconocer que tengo una playlist con la banda sonora. Así que queda recomendada, pero ciertamente es mejor bajar un poco las expectativas antes de acercarse a ella.



[Recuerda que tienes hasta la medianoche del 26 de diciembre para votar en nuestra encuesta de lo mejor del 2019]

Reseña: Black Christmas (2019)

black-christmas-cinema-movie-film-review-entertainment-ie

Abrimos la tríada de reseñas navideñas de este año con Black Christmas (2019), tercera versión del clásico de Bob Clark de 1974 que ya había visto un remake del 2006 dirigido en aquella ocasión por Glen Morgan. Ahora, cuarenta y cinco años después del original, esta nueva adaptación cae en las manos de la directora Sophia Takal, quien además escribe un guión que reinventa por completo la película; estamos ante una nueva versión que no solamente no se parece en nada a las dos encarnaciones anteriores sino que tampoco tiene que ver nada con la Navidad. Por el contrario, Takal y su coguionista April Wolf construyen una alegoría marcadamente feminista muy alejada del protoslasher de Clark y más al estilo de otras muestras de horror con protagonistas femeninas como Satan’s School for Girls (1973), The Slumber Party Massacre (1982) y la versión original de The House on Sorority Row (1983), a la que me recordó muchísimo ya incluso desde sus primeros avances.

A decir verdad, este subtexto feminista del que hablo arriba es probablemente lo más interesante que la película tiene, algo que debe haber estado muy claro para sus realizadoras teniendo en cuenta lo destacado y explícito que está. Si bien es cierto que la Black Christmas (1974) original también hacía mención de temas políticos de su época, esta nueva versión lo subraya tanto que su trama termina yéndose de las manos. La cinta balancea una cantidad impresionante de temas, desde la crítica a los típicos roles de género, la cultura de la violación, el estereotipo del Macho Alfa universitario y la representación de la mujer en los estudios clásicos, así como la valoración de la sororidad por encima de todo y lo hace de una forma tan frontal y carente de sutileza que se convierte ya desde el principio en su principal muestra de identidad hasta el punto de hacerla parecer una parodia. Para que lo tengáis claro, imaginaos una de esas películas de propaganda cristiana pero sobre las principales causas del feminismo, con escenas y diálogos tan evidentes en su intención que, honestamente, se me hicieron imposibles de tomar en serio.

Por si fuera poco, la campaña publicitaria parecía haberla dañado de forma muy especial debido a un espantoso trailer que destripaba casi toda la película, aunque después de haberla visto me he dado cuenta de que no ha sido completamente así porque el misterio acerca de quién está matando a las universitarias y por qué es algo que se ve claramente en los primeros diez minutos, y además se nos aclara en más de una ocasión de forma literal: personajes explicando mediante diálogos lo que está ocurriendo, como si hubiesen considerado que el público no se enteraría de otra manera. Todo esto es algo que estaba dispuesto a pasar por alto sin problemas hasta que llega el tercer acto y la película toma un giro sorpresa (el único, por cierto, que no te contaban en el trailer) que cambia la naturaleza de la cinta por completo pero a partir del cual parecen haberse dado por vencidos, desembocando en una confrontación final con los villanos que parece más bien una sátira en lugar de una cinta de terror.

Creo que lo que más me ha decepcionado es que los primeros minutos prometían algo mucho mejor. Como decía arriba, el ángulo feminista de la película, aún con su inexistente sutileza y claro sermoneo, era al menos su punto más destacado e interesante, pero el acabado final es tan cutre y poco serio que termina dañando toda su promesa inicial. Además, la cinta es tremendamente light en su intento por alcanzar una clasificación de edad PG13, por lo que ni siquiera podemos argumentar un disfrute superficial de un slasher común y corriente. Me temo que esta será una de esas obras que algunos rechazarán por los motivos equivocados, despotricando de su explícito tono político en lugar de sus poco aprovechados recursos, su guión que raya en la autoparodia, y lo ilógico de muchas de sus salidas argumentales. De momento, y a juzgar por los comentarios que he leído sobre ella, es algo que por desgracia está pasando.



Puede que la de hoy no haya valido la pena, pero recuerda que todavía puedes votar aquí por tus favoritas de este año que se acaba.

Reseña: Cuento de Navidad (2006)

navidad

Nuestra trilogía decembrina de este año cierra con una entrada que debería haber caído por aquí hace mucho tiempo, en los inicios mismos de este blog. El telefilme Cuento de Navidad (2006), sexta y última de aquellas Películas para no dormir que produjo Narciso Ibañez Serrador a mediados de los dos mil (y de las cuales todavía nos queda una por reseñar) es una que además ha crecido en mi recuerdo con el pasar de los años, y un nuevo visionado reciente me ha servido para darme cuenta no sólo de que estamos ante la que con toda seguridad es la mejor de su particular ciclo, sino también ante uno de los mejores trabajos del director Paco Plaza. Es una película que además engaña al público tentándole con la carnada de la nostalgia facilona de los ochenta para luego adoptar un tono y contexto oscuro y violento que poco tiene que ver con la Navidad pero que aún así no pierde en ningún momento su perspectiva infantil.

Esta perspectiva a la que me refiero es porque, como todos sabemos, la película está ambientada en un pueblo costero en la España de los ochenta y protagonizada por un grupo de niños que descubren en un agujero en medio del bosque a una ladrona de bancos vestida de Papá Noel, a la que torturan y maltratan para intentar localizar el dinero que ha robado. Esta premisa de la que parte todo es interesante no sólo por mostrar el siempre efectivo tabú de la crueldad infantil sino también porque representa un giro tremendo con unos chavales que en las primeras escenas constituían una referencia a los Goonies y al Equipo A y que terminan viviendo su propia aventura pero como villanos, todo de una forma muy grotesca y malsana pero también muy efectiva y por momentos genuinamente desagradable.

El tono infantil se mantiene también no sólo a través del ambiente desfasado de “veraneo” o la batería de referencias a los años ochenta que hay (sobre todo la secuencia inicial) sino en detalles estéticos como el hecho de que, salvo la ladrona, nunca vemos la cara de ningún personaje adulto, lo que mantiene a los niños de protagonistas. Y lo mejor de todo es que en ningún momento se siente condescendiente hacia los críos, ni siquiera durante el clímax de persecución, que es el único momento en que la película parece bajar la guardia en cuanto a su oscuridad a la hora de intercalar la violencia con momentos de humor hechos a costa de su antagonista y que se ven de repente truncados por un desenlace oscuro y siniestro que francamente no me esperaba y que le sienta de maravilla al relato.

El experimento de Ibáñez Serrador con Películas para no dormir no terminó lo que se dice demasiado bien ya que no tuvo continuidad ni ayudó particularmente a impulsar las carreras de los directores en él involucrados, pero ahora, doce años después de su estreno, Cuento de Navidad merece convertirse en un ejemplo de un relato de terror sencillo pero efectivo, y sobre todo un nuevo clásico navideño sumamente cruel que merece mucho la pena. Como propósito para el Nuevo Año prometo ponerme al día y reseñar el último de estos seis telefilmes que nos queda por visitar, así que si no los habéis visto ya tenéis algo que hacer.

Reseña: Body (2015)

body-movie

Segunda entrega de nuestra trilogía de Navidad de este año, Body (2015) es una película que tiene mucho a su favor: una muy buena estética, una muy cuidada ambientación navideña que no se siente para nada forzada y, sobre todo, un elenco casi exclusivamente femenino que se siente muy natural y con una química creíble entre sus actrices. Cuenta además con un argumento muy básico que no tarda en ponerse en marcha: un grupo de amigas que deciden coronar su velada navideña de diversión colándose en una mansión vacía y que, debido a un error que se salda en una tragedia, deben ocultar un cadáver, dando inicio así a una escalada de desgracias que se extiende durante la noche y las arroja a una situación que se va complicando a cada momento que pasa.

Esta premisa a la que me he referido arriba es algo que está sin duda alguna muy visto, y cualquiera podrá preveer enseguida varios de los giros narrativos así como las rivalidades que inevitablemente terminan por surgir entre las chicas debido a la forma distinta en que cada una decide lidiar con la situación. Algunas reseñas que he leído la han puesto a parir acusándola de ser una cinta misógino que perpetúa estereotipos de mujeres pérfidas que planean la destrucción de un hombre y no tardan en traicionarse las unas a las otras, pero yo no termino de ver esto del todo: por el contrario, siempre me gusta encontrarme con una cinta de este género en el que los personajes femeninos no sean mostrados siempre como víctimas o incapaces, algo que definitivamente no ocurre aquí sino todo lo contrario. De hecho, el verdadero horror de la cinta está en hasta qué punto son capaces de llegar sus protagonistas (sobre todo la rubia líder del grupo) con tal de salvarse a sí mismas, y de lo exponencialmente difícil que se hace llegar a una feliz resolución.

Pero a pesar de estos aciertos, Body es también una película que se siente incompleta, una en la que quedan muchos cabos sueltos y que al final resulta demasiado sencilla, tanto que en verdad me sorprendí cuando se acabó. Recuerdo que cuando la vi hace apenas un par de años me impactó el darme cuenta de que esta es una película que apenas dura 75 minutos, de los cuales calculo que unos diez serán los títulos de crédito iniciales y finales. Esta inusualmente corta duración me hace pensar que estamos o bien ante un largometraje severamente editado en post-producción o en un corto al que se le añadieron escenas y giros narrativos sin consecuencia ni criterio alguno ya que la situación por la que pasan las chicas se torna tan descabellada en ocasiones que resulta poco creíble.

Body pintaba bien al principio pero se va descalabrando un poco, y aunque he terminado por apreciarla un poco más de lo que hice en su momento, tengo que reconocer que sigue siendo bastante olvidable. Me gusta, sin embargo, la idea de una película de terror de Navidad que huye de los ya muy manidos juegos con los símbolos tradicionales de las fiestas, y sólo por eso creo que se merece una tímida consideración.

Reseña: A Christmas Horror Story (2015)

xmas-1366x670

Para abrir nuestro especial de Navidad de este año no se me ocurre nada mejor que una película que, honestamente, debió haber sido mucho más exitosa de lo que fue en su momento. Esto lo digo porque la idea de la que parte A Christmas Horror Story (2015) es una que se veía venir desde hacía mucho tiempo y que misteriosamente no había sido explotada, al menos no desde el cine de terror mainstream. Dicha  idea a la que me refiero es la de una cinta de relatos basada exclusivamente en las fiestas decembrinas, algo que parece una consecuencia lógica ya que varias antologías anteriores como Cuentos de la cripta (1972) ya incluían entre sus segmentos historias ambientadas en la Navidad.

Una cosa que me gusta es que todos los relatos están más o menos parejos en cuanto a calidad, algo por lo general difícil de encontrar en este tipo de cintas. También todos están bastante unificados en cuanto a estilo a pesar de que en ella trabajan tres directores distintos: Grant Harvey, Steven Hoban y Brett Sullivan, nombres que también trabajaron en la trilogía de Ginger Snaps (2000), a la que hay varios guiños conscientes empezando por la mención del pueblo de Bailey Downs. La estructura también resulta de lo más curiosa ya que los cuatro episodios van contándose simultáneamente  entrelazados por un marco narrativo con William Shatner (evidenciando entre otras cosas el enfoque no-tan-serio de la película) y una historia de Papá Noel enfretándose en el polo norte a una epidemia zombi que constituye con toda seguridad el segmento más recordado y al que todo el mundo termina por hacer alguna referencia.

Todos estos detalles curiosos y las ocasionalmente efectivas ideas que muestra no son a pesar de todo suficientes para encumbrar A Christmas Horror  Story al nivel de otras antologías más destacadas. Es decir, por mucho empeño que le hayan puesto sus responsables no estamos hablando aquí de algo tan destacable como Trick ‘r Treat (2008), que resulta la comparación más obvia por la manera como los segmentos se van narrando de forma simultánea. Esta es, sin embargo, una película mucho menos ambiciosa que muchas veces sucumbe ante sus propios excesos y muestra quizás una confianza excesiva en su premisa al abandonarse a sus aspectos más superficiales y eludir algunos aspectos más inteligentes que asomaban en la manera como se cruzan algunas historias y que no están realmente explotadas salvo por la revelación final, que le da a todo el conjunto un tono mucho más oscuro de lo que parecía al principio.

Con todo, A Christmas Horror Story es una muy buena opción para dar inicio al maratón de películas de horror navideñas de este o de cualquier año. No es la mejor película de antología que podemos encontrar, pero la verdad es que no hay tantas que hayan utilizado esta premisa y sólo por eso (y por ver a Papá Noel luchando contra unos elfos zombi) vale la pena rebajar un poco nuestras expectativas. Sus responsables deben haberlo sabido ya que esta película tuvo una presencia muy tímida en cines y sólo vio alzarse su popularidad en formato doméstico. De hecho, y ya como curiosidad final, la película se vendió con una carátula alternativa titulada A Holiday Horror Story en algunos locales de Walmart en Estados Unidos, debido a la política de dicha empresa de no resaltar el carácter cristiano de la Navidad. Ahora que lo pienso, ese es un chiste que podría perfectamente haber sido incluido en la propia película.

 

Reseña: Black Christmas (2006)

Estrenada precisamente el día de Navidad hace ya nueve años, Black Christmas (2006) viene a cerrar nuestra trilogía dedicada a las fiestas decembrinas, con mucho retraso ya que la vimos por primera vez en el momento de su estreno y nunca hasta ahora habíamos tenido la voluntad de reseñarla. Su llegada fue en un momento en el que el género de terror estaba pasando por el clímax de su fiebre de remakes y nuevas versiones, aunque considero que la mayor parte de su público no conocía el clásico de Bob Clark de 1974 en el que se basa (de hecho creo recordar que dicha conexión nunca se mencionó durante su estreno en España). Tampoco es un problema en realidad ya que esta es una cinta que apenas emplea a la original como excusa y es por lo tanto un trabajo muy distinto con sus propias intenciones tanto temáticas como estéticas. El principal motivo por el que la he vuelto a ver es mi interés por su director, Glen Morgan, veterano de Los expedientes X y un guionista muy interesante que tuvo una importante presencia en el terror de la década pasada pero que sólo tiene dos cintas en su haber como director, ambos remakes: Willard (2004) y esta que tenemos hoy. Ambos trabajos de Morgan son menos convencionales de lo que en un principio parece, y aunque su apreciación puede dividir a la mayor parte del público, son películas que vale la pena ver.

La versión 2006 de Black Christmas destaca de entre la ola de trabajos similares porque Morgan lleva a su criatura hasta el extremo de lo grotesco ofreciéndonos lo opuesto a lo que en su momento nos dio la original: si la cinta de Bob Clark era interesante precisamente por su condición de proto-slasher, lo ambiguo de su trama y los muchos cabos sueltos que dejaba su resolución, esta es en cambio un producto explícito en su violencia, cruel para con sus personajes y que abraza su condición de cine carnicero revelando desde el principio la identidad del asesino a través de una escabrosa historia previa que contrasta de forma radical con el ambiente navideño de su trama principal. Por supuesto se mantiene el elenco joven y la estructura típica de chicas universitarias enfrentadas a un asesino misterioso, pero esta vez todo está resaltado a lo bestia, dándonos una película mucho más violenta que la original hasta el punto de que en ocasiones se hace difícil de tomar en serio.

Esto último quizás sea el punto clave porque lo cierto es que ese nivel de violencia es probablemente el principal atractivo de la película pero también algo que dificultó su mercadeo a lo que hubiese sido su público ideal, que no era otro que el consumidor de terror adolescente que todavía insuflaba al género slasher algo de vida. Aparte, y tras haberla visto de nuevo, considero que la película no aporta realmente nada nuevo ni en cuanto a lo que había hecho Bob Clark ni al cine de asesinos en general. Al igual que Willard dos años antes, este remake de Black Christmas fue un rotundo fracaso tanto de taquilla como de crítica que acabó prematuramente con la carrera de Morgan como director, ya que nunca volvió a dirigir un largometraje y sólo recientemente ha vuelto a la televisión gracias al resurgimiento de Los expedientes X.

Sabiendo esto, estoy aquí en un punto medio: personalmente esta cinta forma parte de un estilo de horror que ya no me interesa, pero por otro lado la dirección de Morgan y lo divertido del elenco la hacen al menos una película interesante, e incluso aquellos que se hayan sentido decepcionados con la ambigüedad de la original pueden encontrar cosas positivas en ella. Y como promete su título, es realmente navideña y el tema de las fiestas de diciembre está resaltado de forma muy obvia, por lo que se hace perfecta para esta época.

 

Reseña: Silent Night (2012)

La segunda película de nuestra tríada de terror navideño de este año no trae tan buenos resultados. Fue también una a la que en su momento no le presté mucha atención ya que no escuché o leí casi nada sobre ella, ni bueno ni malo. Hablo por supuesto de Silent Night (2012), autoproclamado remake del famoso slasher Silent Night, Deadly Night (1984) que popularizó el arquetipo del Papá Noel asesino a principios de los ochenta. Tal como sospechaba después de haber visto el avance hace un par de años, esta nueva película es en realidad no tanto un remake sino un reinicio de la saga, ya que la trama es completamente distinta y sus intenciones a la hora de construir un relato de terror son otras, por desgracia mucho menos ambiciosas.

Lo único que se mantiene esta vez es la idea del Papá Noel matando de forma horrible a aquellos que considera indignos de las fiestas decembrinas, y todo lo demás es distinto. De hecho, estamos ante una película slasher de toda la vida con un asesino enmascarado, silente y misterioso con un regodeo extravagante y lúdico hacia la violencia. Esta vez además la historia está contada desde el punto de vista de las víctimas, especialmente de una mujer policía que hará lo imposible por detener al asesino antes de que se cargue a todo aquel presente en su muy extensa lista de bajas. Como decía, algo tremendamente convencional y para nada arriesgado, cuyo única carta es la figura de Papá Noel matando gente a diestra y siniestra con hachas, cuchillos y hasta un lanzallamas. Aparte de algunas pequeñas referencias a las primeras entregas de la saga original, esta es su única semejanza.

Otra gran diferencia, y algo que la separa de la mayoría de estas películas de Papá Noel asesino, es que Silent Night intenta abordar su material desde una perspectiva más seria, aunque las aspiraciones comerciales de la cinta hacen que todo se sienta muy ligero, repetitivo y poco dado al impacto: salvo una escena en particular en la que despacha a un personaje de forma sádica usando una trituradora de madera, la película me pareció francamente muy aburrida y privada casi por completo de interés, y la imagen de su asesino está muy exagerada en el trailer porque a la hora de la verdad su presencia está mucho menos aprovechada de lo que promete.

El resultado de todo esto es una película muy poco estimulante, sin nada que la haga realmente destacar dentro de su género, muy predecible y (esto sí que es una sorpresa) definitivamente inferior a todas las demás entregas de la saga original. Estas, aunque nunca fueron grandes películas, al menos eran divertidas e interesantes en su ineptitud o en su rareza. La de hoy, sin embargo, se siente como un subproducto sin nada especial. Para historias de Santa Claus haciendo el mal, mucho mejor es que tiréis de clásicos como la siempre recomendable Christmas Evil (1980), que quizás un día reseñemos por aquí.

Reseña: Krampus (2015)

Desde hace algún tiempo atrás vengo reivindicando la Navidad como época perfecta para una maratón de películas de terror, por encima incluso de Halloween, y aún así debo reconocer que en los últimos años estábamos cortos de ejemplos que pudiesen formar parte del imaginario de horror de estas fiestas. En este sentido la llegada de Krampus (2015) ha sido toda una sorpresa, y para variar de las más positivas que he tenido últimamente. Por mucho que este personaje del folklore austro-bávaro se haya puesto de moda últimamente (de hecho no es la primera ni la segunda cinta que hay por ahí suya), estamos ante una gran historia de terror que a pesar de su ligereza tiene un gran componente de crueldad y está llamada a convertirse en una referencia del horror navideño como en su momento lo fue Gremlins (1984). Así de contento he quedado.

Todo esto, repito, ha sido toda una sorpresa para mí, puesto que las anteriores cintas que tenían al Krampus de protagonista habían sido por lo general subproductos bastante lamentables, por lo que cuando por primera vez escuché hablar de este proyecto no estaba lo que se dice muy entusiasmado. Mis esperanzas aumentaron al ver que al frente de todo estaba el director Michael Dougherty, quien después de la muy recomendable Trick’r Treat (2008) se apuntaba nuevamente a un relato de horror basado en una festividad, y ha sido precisamente adaptando un personaje que ni siquiera forma parte de la tradición americana aunque sí de un arquetipo muy popular en este tipo de cine: el Papá Noel malvado. En el fondo es de eso de lo que trata Krampus: la pérdida de fe de un niño en la Navidad que invoca a un terrible demonio que viene a castigar a aquellos que han destruido la esencia de las fiestas. Ya desde los créditos iniciales se nos deja muy claro que el principal tema de esta película es la degradación de la Navidad y el ajusticiamiento de sus profanadores a través de unos monstruos que hablan mucho de los orígenes paganos de esta celebración.

Y es precisamente en este imaginario donde la película de Dougherty destaca: el diseño de las criaturas, y especialmente del propio Krampus, es glorioso, completamente alejado de cualquier atisbo de caspa o ironía, y a pesar de sus muy evidentes intenciones cómicas durante gran parte del metraje hay escenas y secuencias realmente horribles que no temen ni siquiera a meter caña a través de la muerte (espantosa) de niños. En un principio la película parece engañarnos debido a un elenco compuesto en gran medida por actores famosos por comedias, pero el tono de la película está perfectamente equilibrado y aunque nunca llega a ser realmente terrorífica, tampoco llega a ser del todo cómica. La comparación de arriba con Gremlins en este sentido no es nada fortuita porque al igual que aquella construye la comicidad al mismo tiempo que presenta una amenaza real que pone la vida de los protagonistas en verdadero peligro.

Unos efectos especiales muy buenos, un diseño de criaturas sobresaliente y una atmósfera muy buena que me recordó en más de un momento a otras películas de estado de sitio como La niebla (2007), Krampus es el nuevo clásico de las Navidades y probablemente la película que más satisfecho me ha dejado este año, un año en el que los trabajos más interesantes han estado fuera de lo común. No llega a los niveles de excelencia de Trick´r Treat, pero es sin duda muy recomendable como ejemplo de un tipo de cine que ya no se hace, aquel que puede servir para iniciar a un joven público en el cine de terror, una oscura fantasía muy superior a cualquier otro ejemplo de Papá Noel maligno que se me pueda ocurrir ahora mismo.

 

Reseña: Silent Night, Deadly Night 5 (1991)

La última entrega de la saga original de Silent Night, Deadly Night se estrenó directamente a formato doméstico en 1991, y nuevamente contó con Brian Yuzna detrás de las cámaras, si bien no como director al menos como productor y co-guionista de una cinta que nuevamente tiene muy poco que ver con el resto de la saga en cuanto a tono y argumento, pero que sabe encontrar puntos interesantes dentro de su locura argumental, sus limitados recursos, y su muy evidente ambientación californiana noventera. Tal como ocurrió en la entrega anterior, la mayoría de las opiniones que he encontrado en Internet acerca de Silent Night, Deadly Night 5: The Toy Maker (1991) son negativas, pero honestamente pienso que es un error, ya que con todos sus defectos me sigue pareciendo mucho más interesante que el poco atractivo slasher de la primera entrega.

Esta al menos hace una cosa que su predecesora no hizo: recuperar el tema navideño que se había dejado de lado. Eso no quiere decir que Yuzna y el director Matin Kritosser abandonen por completo la conexión con su trabajo anterior, ya que algunos personajes de la cuarta parte reaparecen aquí en pequeñas aportaciones secundarias. Pero el argumento tampoco esta vez va sobre un Papá Noel asesino, sino sobre unos misteriosos juguetes responsables de la muerte de aquellos desafortunados que los reciben, con lo que esta entrega además aborda al menos parcialmente el ángulo infantil que esta saga nunca antes había explotado. Además, los responsables de esta película han sabido convertir su elenco en toda una provocación al poner como villano a Mickey Rooney, actor inevitablemente asociado al lado más amable de las fiestas decembrinas. En una deliciosa muestra de cómo el pez muere por la boca, Mickey Rooney presta su trabajo a esta secuela a pesar de haber sido él uno de los más fieros instigadores del boicot que hundió a la Silent Night, Deadly Night (1985) original.

Aunque en su defensa podemos decir que esta quinta entrega es tan diferente que es muy probable que sólo haya sido después del rodaje que se terminara asociando a la saga. Las comparaciones que muchos han buscado con el clásico de Charles Band, The Puppet Master (1989), pero dichas comparaciones son a decir verdad superficiales y basadas únicamente en la cercanía entre Band y Yuzna a través de los años. La verdad es que esta quinta entrega de la saga es, quizás por su temática infantil, un cuento de navidad grotesco pero que sabe combinar muy bien su crueldad infantil con algunas cosas más típicas de un público adulto como por ejemplo la forma en que realza la sexualidad de muchos de los personajes y lo poco desarrollado que está el crío, quien no es el protagonista de la historia sino solamente la víctima.

Es ya para el desenlace donde esta película alcanza su momento más desquiciado con una revelación final que dividirá completamente al público pero que a mí en lo particular me pareció más que coherente con lo que venía tratando la historia hasta entonces, además de que se ve venir si uno presta atención a las muy obvias pistas que te da prácticamente desde el principio. Mi valoración final de la saga de estas películas navideñas puede que no sea del agrado de todos, pero estoy más que convencido de que son las entregas posteriores las más interesantes, fallidas sin duda y menospreciadas por su componente de comedia involuntaria o sus grandes carencias de medios, pero sin duda alguna más ambiciosas en cuanto a su desarrollo y sin miedo a probar cosas descabelladas, algo que la primera entrega (aquella más famosa) no puede decir. Como todos sabéis bien, existe un remake únicamente nominal estrenado en el 2012, pero es tan distinto de todas estas películas que creo que merecerá ser tratado aparte.