Reseña: Resident Evil: The Final Chapter (2016)

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Ahora que Capcom parece estarse tomando más en serio su propiedad intelectual, y siendo la llegada de un reboot algo inminente, es hora de terminar lo que debí haber hecho hace mucho tiempo y dedicarle unas líneas a Resident Evil: The Final Chapter (2016), sexta y última entrega de la saga que protagonizara Mila Jovovich y que Sony explotó sin ningún tipo de vergüenza durante más de una década. Es también una oportunidad inmensa para hacer un balance de la saga en su totalidad y rescatar lo que se pueda de ella.

Esto último viene a colación porque pese a no tengo problemas en admitir mi parcialidad hacia una saga que siempre consideré un placer culpable, sigo defendiendo la idea de que la primera entrega de Resident Evil (2002) fue una película bastante decente que puede que no haya guardado mucha fidelidad al material en el que se basa (algo que supuestamente la nueva saga sí hará) pero que al menos ofreció algo que en aquel momento no era tan común y que en cierta forma ayudó, junto con 28 días después (2003) y El amanecer de los muertos (2004), a traer de nuevo el género zombi a la pantalla. Esto es algo que las secuelas irían perdiendo para enfocarse más en la acción hiperbólica con la Jovovich de protagonista absoluta y que esta sexta y última entrega parece querer recuperar, al menos en parte.

Y lo cierto es que, tal como ocurría con Underworld: Blood Wars (2016), hablar del argumento no tiene sentido porque cada entrega de Resident Evil ignora de manera descarada su propia continuidad y reinicia la saga de nuevo con otro estilo diferente y referencias muy superficiales a las anteriores entregas. En ningún otro caso es eso tan evidente como en esta ya que todo aquel cliffhanger de la entrega anterior es completamente dejado de lado: el regreso del villano de la tercera entrega, el nuevo cambio de bando de Albert Wesker (quien recordemos había finalizado la película anterior forjando una frágil alianza con Alice) y la súbita reescritura del pasado tanto de la propia Alice como de la Reina Roja, me hicieron pensar por momentos que se había estrenado una entrega intermedia que por algún motivo no llegué nunca a ver. Tampoco es que importe mucho porque la trama es muy sencilla y las ambiciones de la película son muy básicas a pesar de que está clara su intención de hacer de este el verdadero capítulo final.

Lo que tenemos aquí en realidad es una entrega mucho menos extravagante que las dos anteriores, más sucia y con un mayor hincapié en el Apocalipsis zombi que la mayoría de sus antecesoras. Esto la hace un tanto más digna a mi parecer, y considero que resulta un acierto teniendo en cuenta que el desenlace de la película anterior auguruaba un tono hiper-épico que francamente dudo le hubiese sentado con tanta eficacia. A pesar de eso sigue teniendo los mismos problemas, y aunque comete el acierto de no introducir personajes importantes nuevos (algo que ningún desenlace debería hacer), sigue sin capturar la sencillez de la original para rendirse a un espectáculo vacío que apenas se sostiene gracias a mi absoluta parcialidad hacia Mila Jovovich y su particular estilo de acción. Con todo y eso sigue siendo una de las más disfrutables entregas de la saga, aunque sé muy bien que para muchos eso no será suficiente. Habrá que ver cómo lo hace el reboot ahora que esta ha llegado definitivamente a su fin.

Reseña: Poltergeist (2015)

Recuerdo que el de Poltergeist (2015) fue uno de esos remakes que se anunciaron durante muchos años; casi una década llevaba escuchando sobre él hasta que finalmente se estrenó, y no fue hasta que vi el primer trailer que acepté que, efectivamente, se haría realidad. El avance no me dejó lo que se dice muy impresionado, pero le di el beneficio de la duda al ver que su elenco contaba con Sam Rockwell, un actor muy bueno poco dado a prestarse al tipo de producción banal que la cosa auguraba. Al final, resulta que las impresiones iniciales no iban demasiado desencaminadas: esta nueva versión del clásico de Tobe Hooper hecho 32 años después es un remake bastante superficial y sobre todo innecesario ya que decide tomar el camino fácil de cambiar muy pocas cosas con respecto a su antecesora, y los cambios que sí acomete son todos para peor.

La historia es exactamente la misma: una familia en dificultades económicas se muda a una casa en los suburbios y poco a poco descubre que su nuevo hogar está embrujado. Tal como en la cinta del 82, la irrupción de lo sobrenatural en el hogar familar es al principio benévola, para luego ir adquiriendo tintes cada vez más oscuros cuando resulta obvio que los fantasmas desean apoderarse de la pequeña niña de la familia, quien es pronto secuestrada por los espíritus y arrastrada a otra dimensión donde deberá ser rescatada por sus padres, con la ayuda de investigadores paranormales que conforman el lado puramente esotérico del argumento.

En su favor debo decir que en esta nueva entrega hay un intento sincero por hacer una versión moderna de Poltergeist (1982), sólo que siguiendo la filosofía de gente que piensa que la definición de “moderna” es simplemente volver a hacer la misma película amplificando aquellos elementos superficiales de la original, es decir los efectos especiales. Esto también significa que todos aquellos detalles que en la original eran mostrados con sutileza y ambigüedad aquí son arrojados a la cara del público de forma explícita. El mejor ejemplo de esto que estoy diciendo es algo que ya sabía iba a ocurrir desde mucho antes: en esta nueva versión, a diferencia de la original, llegamos a ver el mundo de espíritus al que es arrastrada la hija menor, por supuesto en toda su gloria CGI y en tres dimensiones. El imaginario de esta zona fantasma es, además, tremendamente convencional, lo que delata el abandono de esta nueva película de los preceptos esotéricos “new age” que tanto caracterizaron a la cinta original en su contexto de los ochenta. Aquí, por el contrario, el investigador paranormal interpretado por Jarred Harris es mucho menos interesante que Zelda Rubinstein, quien se convirtió en la imagen más identificable de la saga original junto con la pequeña niña, quien también es mucho menos memorable en esta ocasión.

Pienso aún así que la mayoría de la gente rechazó este remake por los motivos equivocados. A juzgar por las expectivas que despertó antes y después de su trailer, casi todo lo que leí al respecto fue un cúmulo de prejuicios ante lo que intuían sería sólo un entretenimiento familiar cargado de efectos especiales. Dichas quejas eran un poco absurdas porque, tal como comentábamos al reseñarla hace un tiempo, la original era exactamente eso: un espectáculo de efectos con una trama sobrenatural que nunca llegaba a ser completamente de terror sino más bien de asombro hacia lo Desconocido. En esta, todos estos elementos están suavizados a excepción de los efectos, y aunque la película sí que intenta por momentos ser terrorífica de la manera más barata posible (léase el payaso malévolo y cierta escena con un taladro), todo se siente muy desganado y tremendamente superficial, con lo que incluso la subtrama de los apuros económicos de la familia, que parecía que sería importante al principio, es dejada pronto de lado.

Esta nueva versión de Poltergeist es poco más de lo que esperaba, y verla sólo me hizo sentir una mayor reverencia hacia la original de 1982, que todavía se mantiene vigente como una muy buena historia con la que iniciar a los más jóvenes en el cine de terror. Esta en cambio se siente como otro ejemplo más de un horror mainstream plagado de sustos típicos y fantasmas agresivos con niños de por medio, con todo bien explicado y que difícilmente será recordado después.

 

Reseña: Paranormal Activity: The Ghost Dimension (2015)

A mi favor puedo decir que soy un completista incurable. Desde el estreno de la primera entrega en el 2009, he visto en el cine todas las películas de Paranormal Activity, y esta no iba a ser la excepción, aún teniendo en cuenta que no albergaba ninguna esperanza de que saliera bien. Sin embargo, tenía curiosidad por el cierre y por cómo terminaría toda la historia. Porque Paranormal Activity: The Ghost Dimension (2015) es, hasta donde sé, la última entrega de una saga que ha visto mejores días, una en la que sus propios creadores parecen haber perdido el interés al entregar un producto a destiempo y hecho a trompicones.

Para entender un poco esto último es necesario hacer memoria y recordar cómo comenzó todo: el estreno de la Paranormal Activity (2009) original fue, como todos sabemos, un gran éxito, dando inicio tanto a la fiebre por el terror de formato documental como a lo que se perfilaba como una de las franquicias más rentables del cine de terror moderno. Tanto es así que las siguientes tres entregas de la saga se estrenaron religiosamente cada año siempre por las mismas fechas, alrededor de Halloween. La película de Oren Peli las tenía todas consigo para convertirse en la sucesora de Saw (2004) en cuanto a periodicidad e incluso cierto estilo de continuidad que se quería dar a todo el producto, con una historia que en teoría al menos se iba tejiendo a lo largo de cada entrega. Pero entonces, tras el estreno de Paranormal Activity 4 (2012) todo pareció cambiar. Desmotivados quizás por las malas críticas hacia una película que no hizo nada por avanzar la trama general, en el 2013 no tuvimos ninguna entrega de Paranormal Activity, y la quinta entrega, subtitulada The Marked Ones (y que, no olvidemos, no estaba planteada originalmente como una secuela sino como un remake/spin-off enfocado en el público latino) terminaría siendo estrenada en enero, que tradicionalmente es el mes en el que los estudios de Hollywood sacan la basura, esos estrenos destinados al fracaso. Pasó el 2014 y nada que se escuchaba de continuar la saga. Hemos tenido que esperar hasta el 2015 para que se estrenara esta sexta y última entrega, con muy poco bombo en comparación con las cintas anteriores. Para mí es evidente que algo se rompió en el juguete, y que la saga ya no interesaba tanto al estudio como en otros tiempos.

Esta desgana de la que hablo se siente en toda la película, empezando por el hecho de que no hay un interés real en terminar la enrevesada historia que habían ido tejiendo. Nuevamente tenemos el mismo esquema de todas las entregas anteriores, con otra familia de pareja joven/hija pequeña que en esta ocasión encuentran una extraña videocámara en la casa a la que se acaban de mudar y terminan siendo acosados por una presencia que se hace más palpable cada noche que pasa. El gimmick en esta ocasión es que la cámara hallada tiene la extraña facultad de “ver” al ente que los acosa, lo que sirve para regalar al público un ocasional uso de efectos especiales digitales destinados (no nos engañemos) a justificar el gancho del 3D con el que han querido rentabilizar el producto a nivel de taquilla. Como podemos ver, no sólo el argumento es increíblemente perezoso al reciclar la misma trama y estructura de todas las entregas anteriores, sino que el abuso de los efectos especiales roba a la película de la única carta que la saga tenía a su favor y que era precisamente la sencillez con la que conseguía meter miedo en el público, algo que aquí se ha perdido por completo y que desentona con la supuesta atmósfera realista que quieren dar. Todos los efectos que se muestran aquí se ven, por el contrario, increíblemente falsos y totalmente injustificados porque el hecho de “ver” al demonio que acosa la casa no parece tener ningún efecto en los protagonistas.

Pero lo peor sin duda es la continuidad con la saga anterior. Esta sexta entrega retoma por supuesto la historia de las dos hermanas y el cónclave de brujas que se introdujo en la segunda entrega, hasta el punto en que parece ignorar absolutamente todo lo demás y abandona muchas de las subtramas que había abierto con secuelas posteriores, como si se hubieran dado cuenta de que estas no tenían ninguna posibilidad de seguir de forma decente. Lo que quiero decir con todo esto es que incluso si se es un seguidor de esta saga será inevitable caer en una decepción al darse cuenta de hasta qué punto los responsables de Paranormal Activity decidieron matar su franquicia. Por todos estos motivos no tengo reparo en decir que es lo peor que he visto este año, porque inclusive con los ejemplos más cutres que he visto en el 2015 al menos tenía la sensación de que estaba viendo una película de verdad, y no el estertor final de una saga que, repito, debió quedarse en la primera entrega.

 

Reseña: Amityville 3D (1983)

Tercera entrega de la más longeva saga de casas embrujadas hasta la fecha, Amityville 3D (1983) forma parte también de una moda que surgió a principios de los ochenta de emplear el truco de las tres dimensiones en estrenos populares, algo que en el género de terror ya vimos con Viernes 13 parte 3 (1982) o Tiburón 3 (1983), estrenada el mismo año. Es también una entrega que está a años luz de sus antecesoras en prácticamente todos los sentidos, y hoy en día su principal valor anecdótico es que cuenta en su elenco con una joven y novata Meg Ryan haciendo un papel secundario, hecho que incluso su carátula alemana explota a conciencia. Este es prácticamente el único valor añadido que le puedo encontrar, ya que no sólo el efecto 3D es bastante malo sino que encima sólo está disponible en una edición británica para DVD que ya no es tan fácil de conseguir.

Ignorando en gran medida cualquier conexión con las primeras dos partes de la saga, esta tercera entrega comienza cuando un periodista acostumbrado a desenmascarar fraudes paranormales compra la misteriosa casa victoriana en Amityville y comienza (como no) a verse afectado por la presencia maléfica que anida en los sótanos de la residencia. Hasta este punto la historia no tiene nada de especial salvo el énfasis en el carácter malévolo del edificio prácticamente desde el principio, repitiendo trucos ya empleados en entregas anteriores como la perspectiva desde aquella famosa ventana del ático, las nubes de moscas, o la muerte de algunos personajes presagiada en fotografías. Estos efectos son un poco gratuitos y sirven para distraer de un argumento muy pobre en el que nunca queda bastante claro el motivo por el cual el personaje protagonista insiste en vivir en una casa que se va cobrando varias vidas.

Pero no es solamente argumental el problema; por el contrario hay varios tropezones técnicos que denotan las prisas en sacar adelante esta secuela. El mayor de ellos quizás sea un montaje nefasto en el que se nota que hubo escenas eliminadas cuya ausencia hace que la muerte de algunos personajes no parezca tener efecto alguno en el prota masculino. Eso y la insistencia del 3D que para colmo ni siquiera es aprovechado en las partes sobrenaturales sino en vulgares intentos aleatorios de arrojar objetos a la cara del público. Para colmo la cinta tiene ya cerca del final el típico momento en el que el protagonista es asistido por investigadores paranormales que intentan dar un enfoque “científico” al fenómeno. Lo curioso es que este momento decisivo llega cuando ya la película está literalmente en sus últimos minutos, con lo que su desarrollo es casi nulo y su pertinencia para la trama casi inexistente.

Como nota positiva tengo que destacar, sin embargo, una escena en particular en la que se resuelve la muerte de un personaje de una forma muy poco común y genuinamente terrorífica e inquietante. Este momento es tan bueno que me hizo preguntarme en realidad cómo es que el resto de la película podía ser tan terrible. Porque de eso no me queda la menor duda; esta Amityville 3D no sólo fue un fracaso de crítica sino que se estrelló en la taquilla desterrando a la saga de los cines y causando que todas las entregas posteriores saliesen en formato doméstico, por lo menos hasta la llegada de su remake más de veinte años después.

 

Reseña: Piraña 3DD (2012)

Antes de hablar de esta película, tomemos un momento para recordar lo que ha sido la trayectoria de la saga de Piraña hasta nuestros días. Tal como mencionábamos en su momento, la película original de Joe Dante de 1978 era una simpática película serie B hecha a la sombra de Tiburón (1975) pero con un menor presupuesto. Conseguía sin embargo hacer algo interesante que iba más allá de la mera explotación de los peces carnívoros y tocaba temas en teoría más serios como su nada sutil discurso ecologista y anti-militarista. Luego vino el remake de Alexandre Aja de 2010, con un presupuesto mucho mayor y el apoyo de la industria de Hollywood detrás. Pero si aquella película funcionó fue porque Aja tomó el camino opuesto al que suelen tener estas reinvenciones modernas; en lugar de intentar legitimar una pequeña cinta serie B haciéndola más oscura y “seria”, Aja usó todo el presupuesto dado para desmembrar Piraña y hacerla una locura llena de sangre, tetas y efectos gore por doquier en medio del Spring Break y encima con el gimmick de las tres dimensiones. Eso fue la auténtica gloria de Piraña 3D (2010) y el motivo por el cual fue no sólo un buen remake sino también una excelente comedia de horror.

Dos años después de aquella proeza toca el turno a una secuela titulada (muy ingeniosamente) Piraña 3DD (2012), que no sólo repite el truco de las tres dimensiones sino prácticamente toda la estructura de la primera pero a lo cutre. Esta vez las pirañas no vuelan sino que atacan un parque acuático en otro lago, con apenas conexión con los eventos de la primera película y con mucha menos chicha. Es básicamente un remedo barato de la película de Aja, pero lo más lamentable de todo quizás sea el hecho de que detrás están nada menos que el director John Gulager y los guionistas Patrick Felton y Marcus Dunstan, responsables de la trilogía de Feast (2005) y por ende los nombres idóneos para recoger el testigo entregado por Aja y los suyos.

El resultado es tremendamente pobre incluso para las expectativas que cualquiera pueda tener. Algunos incluso caerán en el error de creer que la primera película era así también, pero se equivocan: Piraña 3DD es la marca blanca de la película anterior, más cercana a los telefilmes baratos de la SyFy con sus escasos efectos gore (mucha sangre diluida en agua pero poca carne), su elenco de desconocidos y su humor basado en cameos de famosos crepusculares como David Hasselhoff, quien al menos parece tener suficiente entereza para reírse de sí mismo y de lo bajo que ha caído su carrera. Si bien no es la peor secuela que he visto, comparada con la primera parte resulta tremendamente básica y sin ningún atractivo más allá de algunos momentos que denotan el ofensivo sentido del humor de sus responsables y que al menos dan algo de vida a un producto por lo demás bastante olvidable en su conjunto.

Pero el principal problema de la película es que salvo esos momentos de humor que denotan cierta mala leche muy destacable por parte de sus creadores, estamos ante un trabajo francamente aburrido cuyos principales logros nada tienen que ver con las pirañas y sí con un sentido del ridículo que parece haber abandonado a los participantes. Incluso el uso de los cuerpos femeninos está tratado esta vez de una forma infantil y a diferencia de la primera película no viene unido a los elementos gore puesto que la matanza que se desarrolla al final es muy descafeinada debido a los más limitados medios de esta continuación. De hecho, si no hubiese sido por el 3D esta película habría pasado directamente a formato doméstico sin ningún tipo de contemplación. Ahora me pregunto si habrá sitio para una tercera parte, aunque el palo generalizado que se llevó en su momento me hace dudarlo.

 

Reseña: Silent Hill: Revelation (2012)

Cuando salió la primera película de Silent Hill (2006) me acerqué a ella con unas expectativas muy bajas, producto sin duda de la mala fama que suelen tener las adaptaciones de videojuegos al cine, que salvo pocas excepciones suelen ser bastante tristes. No fue el caso aquella vez: de hecho, la película de Christophe Gans no sólo me gustó mucho sino que incluso me atrevería a decir que es de las más interesantes adaptaciones de un videojuego que he podido ver hasta la fecha, ya que no sólo manejaba bien sus elementos de terror sino que además tenía una historia que atrapaba y sobre todo una maravillosa estética y atmósfera que construía una aventura terrorífica muy notable con referentes conocidos incluso para aquellos que, como yo, jamás se habían acercado al juego de Konami. Algunos me discutirán esto y dirán que todos estos son logros del videojuego y que la película simplemente los traslada a la pantalla, como si eso fuese algo fácil de hacer y no tuviésemos decenas de ejemplos de estrepitosos fracasos.

Por desgracia un título que hay que sumar a esa lista de calamidades es Silent Hill: Revelation (2012), triste secuela tardía de la película de Gans que arroja por la borda prácticamente todos los aciertos de su antecesora y sustituye la colosal aventura de la original por un barato espectáculo de feria con un argumento muy pobre, unos personajes de tercera fila y un acabado de serie Z en el que lo único que destaca es deleite visual que su director Michael J. Basset intenta dar metiendo a saco el gimmick del 3D en cada momento posible. De hecho, el truco de las tres dimensiones es probablemente lo único que haya podido garantizar el estreno en cines de este despropósito, ya que en todo lo demás estamos ante una secuela cutre como pocas, un material digno de todas estas mediocres continuaciones a formato doméstico que nos han llovido con el tiempo. E incluso dentro de esta liga es probablemente una de las peores películas que me he tragado en años.

Curiosamente, la cinta intenta continuar la historia de la original pero lo hace a través de una elipsis narrativa que nos sitúa varios años después, con la niña de la primera película de vuelta en el mundo real luego de que su madre lograra sacarla del mundo de terror al que había sido llevada. El cómo salió de allí es algo que la película decide no mostrarnos, para simplemente centrarse en una muy pobre historia de la misma chica ahora adolescente que debe volver a adentrarse en el pueblo de Silent Hill para rescatar a su padre. Todo esto con un elenco muy pobre que incluye a Adelaide Clemens (habitual ya en este tipo de producciones y quien no parece ni de lejos el mismo personaje de la primera película) y Kit Harington en su debut cinematográfico. El caso de este último es curioso porque su voz suena muy distinta a como suena en Juego de Tronos, lo que me hace sospechar que muy probablemente le doblaron para ocultar su acento británico. Ni hablar de Sean Bean y Carrie-Anne Moss, quienes a todas luces desearían estar en cualquier otro lugar.

Creo que mi principal problema con esta secuela es el hecho de que ignorara de forma tan evidente no sólo los logros sino incluso la línea argumental del primer Silent Hill. Si como yo sois de los que quedaron gratamente impresionados con la primera quedaréis sorprendidos del tremendo bajón que sufre esta segunda parte en la que apenas queda nada más allá de un muy vacío espectáculo informático y una terrible confrontación final que termina de la peor manera posible: intentando tomarse en serio una pelea de dos tipos enfundados en trajes de látex. Muy, pero muy lamentable.

 

Reseña: La matanza de Texas 3D (2013)

La séptima entrega en la saga de La matanza de Texas es borrón y cuenta nueva, cosa que no debería sorprendernos ya que ese es el estado natural de prácticamente todas las encarnaciones que han salido después de la original de Tobe Hooper, salvo en un par de ocasiones en las que los responsables sí que se atrevieron a hacer una secuela. Esta vez, y exactamente una década tras el remake de la Platinum Dunes (al que visto lo visto me han entrado ganas de volver), llega La matanza de Texas 3D (2013), una continuación directa de la primera parte realizada casi cuatro décadas después, y que ignora por completo todas las demás entregas buscando ser la continuación definitiva de la original, ahora con el gimmick de las tres dimensiones incorporado.

Destacando primero lo bueno, la película tiene unos primeros quince minutos excelentes, que funcionan como un macabro epílogo de la original del 74 en el que los miembros sobrevivientes de la familia Sawyer se enfrentan a una turba furiosa. Esta secuencia sirve no sólo para cerrar el primer capítulo sino además para borrar de un plumazo todas las continuaciones que la película ha tenido, aunque se nota cierta reverencia hacia el camino andado previamente al incluir sendos cameos de Gunnar Hansen (el Leatherface original) y Bill Moseley, inolvidable por su participación en La matanza de Texas 2 (1986). Lástima que tras este espectacular inicio la película se desinfle sin remedio. No exagero; si bien no esperaba que este nuevo e innecesario reinicio fuese una buena película, nunca me imaginé que llegaría incluso a proyectar una luz positiva sobre el remake del 2003, que con sus carencias al menos tenía un estilo y estética propios.

La matanza de Texas 3D, por el contrario, se rinde a un formato de horror juvenil de toda la vida en el que no hay sorpresa alguna y al que fácilmente hubiésemos podido dar cualquier otro título. Una vez más se comete el error de intentar convertir la saga en un slasher convencional, esta vez poniendo a un Leatherface solitario que al prescindir de la familia de caníbales tira por la borda lo que probablemente es el elemento más reconocible de la saga. Se repite una vez más el mismo esquema de jóvenes citadinos en un ambiente rural hostil que deben enfrentarse a un terrible asesino enmascarado y van muriendo de uno en uno. Encima la película es parca en cuanto a violencia, y únicamente puedo destacar aquí a su guapísima protagonista, Alexandra Daddario, estrella juvenil en alza gracias a las películas de Percy Jackson que es una seria contendora a la más hermosa final girl en muchos años.

La edad de los protagonistas trae a colación algo que ya muchos han comentado y es la inconsistencia cronológica de la película, que insiste en ser una secuela ambientada en tiempos actuales (hay smartphones) pero que supuestamente ocurre unos veinte años después de la original. Este detalle, que parece una tontería pero llega incluso a distraer de la trama, no es más que otra muestra de desidia de una película que parece haber sido hecha a golpes y sin ningún interés por hacer algo interesante con una franquicia que merece un mejor tratamiento que el que ha tenido últimamente. Si bien esta vez al gigantón de la motosierra no le quitan la máscara, sí que lo despojan de todo su interés al hacer de él un asesino genérico que en poco se diferencia de tantas otras historias de matarifes anónimos que han pasado por aquí. Es una lástima que la película no haya conseguido estar a la altura de ese prólogo que consiguió, como mucho, hacerme querer ver de nuevo la original. No voy a recomendarla aquí por ser la respuesta obvia, así que para aquellos que quieran ver un mejor ejemplo de jóvenes perdidos en el hostil ambiente de la América profunda les invito a que echen un vistazo a La casa de cera (2005), una película que curiosamente toma muchos elementos de la saga de TCM y que sin duda está mucho mejor que esta insípida vuelta a los orígenes.

Reseña: Guerra mundial Z (2013)

Anunciada con gran expectativa como el novamás de la épica zombi, Guerra mundial Z (2013) es una nueva entrada en este cine apocalíptico de cadáveres ambulantes de la que tenemos escuchando bastante tiempo aunque sea gracias al título de la novela de Max Brooks en la que se basa. Como era de esperarse, aprovecho para hacer un pequeño inciso y recomendar a todos aquellos que no lo hayan hecho que se acerquen al libro de Brooks, el cual no sólo es una gran historia de zombis sino probablemente una de las mejores novelas de terror que se han escrito en lo que va de siglo, lo cual no es para nada una exageración. En cuanto a la película, hay que decir que ha sido una decepción muy grande y un desperdicio tremendo de las enormes posibilidades de la novela original. Por muy difícil que fuese de adaptar (debido a la propia estructura documental del libro), el resultado podía haber sido muy diferente. Aquellos que esperen una adaptación más o menos fiel es mejor que vayan dejando esas esperanzas de lado. El título y la premisa inicial es prácticamente lo único que encontraréis de la novela de Brooks, así que aquí no veréis nada de otakus supervivientes, el misterio de Corea del Norte o la batalla de Yonkers.

Para aquellos que no conozcan la historia, la película Guerra mundial Z habla sobre el advenimiento del Apocalipsis zombi y la misión de un investigador de las Naciones Unidas que viaja por el mundo intentando dar con una cura a la vez que escapa de la devastación que se va apoderando de la civilización humana. De entrada la premisa es interesante y hay que destacar que la película realmente intenta innovar al abordar la historia de los no-muertos desde una perspectiva global, cosa que nunca antes se había hecho, al menos no en cine. La adaptación recoge así uno de los aspectos más interesantes del libro al intentar mostrar cómo varias culturas distintas lidian cada a una a su manera contra las hordas de cadáveres que se acumulan a sus puertas. Por desgracia, al intentar reducir toda esta información a una sola película, termina convirtiéndose en una muy superficial acumulación de secuencias de acción en las que se repite siempre la misma estructura: Brad Pitt llegando a una zona en peligro en la que algo (por lo general su propia llegada) descalabra el orden conseguido causando que deba salir por patas.

Esto nos trae a otro problema en particular que tiene que ver con el director de la película, Marc Forster, y la forma que tiene de rodar las escenas de acción. Forster, a quien seguramente recordaréis por Quantum of Solace (2008), satura la imagen de movimientos hasta el punto en que muchas veces no tienes idea de lo que está pasando en pantalla, lo cual no sólo te desconecta de la acción sino que encima muchas veces evita de forma consciente imágenes de impacto en lo que a mí por lo menos me ha parecido una forma velada de censura de la violencia; es muy significativo y a la vez lamentable ver cómo en el primer ataque de la película, cuando los zombis irrumpen en un atasco de tráfico, prácticamente no se ven los zombis. La cosa no mejora mucho después, y secuencias como la de Israel dejan claro que lo que entiende la película por acción es mostrarnos hordas indiscernibles de zombis CGI que no sólo corren sino que se apilan unos sobre otros hasta formar masas que se mueven al unísono. La idea imagino que habrá sonado muy bien en papel, pero está hecha de forma tan frenética y caótica que no me ha producido ninguna emoción.

Esta ligereza general es el aspecto más preocupante de Guerra mundial Z, más incluso que su repetitiva estructura de acción, su hipertrillado ángulo de la familia en peligro o la disparatada resolución que ofrece. Nunca pensé que vería una historia de zombis tan poco gráfica y con un tan escaso componente de violencia, hasta el punto en que, como ya dijo alguien muy acertadamente, esta es la primera película de este género que se puede ver con toda la familia. Siendo sinceros, es lógico que el resultado final haya sido este desastre teniendo en cuenta que fue una producción muy accidentada que sufrió muchos retrasos y que en gran medida tuvo que ser rodada de nuevo. Con todo y eso, por lo visto ha resultado ser un éxito y ya se habla de una secuela. Veremos si esa hipotética segunda parte consigue algo mejor. Del resto, creo que hay mucho más y mejor material zombi en cualquier capítulo de la serie The Walking Dead que en esta película de la que hablamos hoy.

 

Reseña: Hansel y Gretel: Cazadores de brujas (2013)

Hansel y Gretel: Cazadores de brujas (2013) es una película que honestamente no sé por qué estoy reseñando, ya que a estas alturas muy probablemente ya habrá salido de cartelera sea cual sea el lugar donde se estén leyendo estas líneas. Supongo que parte tiene que ver con la curiosidad que sentía por esta nueva entrada en la reciente tendencia hollywoodense de tomar cuentos de hadas y reinventarlos pasándolos a través del tamiz de una estética oscura y sangrienta más dada a la acción, cosa que se nota dado el nombre de su director, Tommy Wirkola, el joven cineasta noruego de quien seguramente recordaréis la comedia de zombis Dead Snow (2009). El título también remite a Abraham Lincoln: Cazador de vampiros (2012), a la cual se parece en mucho aunque esta es sin duda mejor y más coherente con lo que se podría esperar de una película de este tipo gracias a sus toques de steampunk, sus anacronismos intencionales y su evidente inclinación hacia la comedia.

La idea de la que parte (mostrar la vida adulta de Hansel y Gretel una vez que deciden convertir su matanza de brujas en una profesión remunerada) es atractiva, aunque esta película no brilla precisamente por lo inteligente de su argumento. Este, de hecho, es muy pobre y refleja lo insustancial de esta película y lo mal que aprovecha sus posibilidades; este argumento se centra en un plan maestro por parte de las brujas para hacerse invencibles, un plan alrededor del cual gira toda la película y hacia el que van dirigidas todas las acciones de los villanos. Sin embargo, cuando dicho climax finalmente llega, es resuelto en una veloz secuencia de apenas unos segundos. Lo que sí sorprende es lo oscura que resulta la historia de lo que pasó originalmente con los padres de Hansel y Gretel, detalle que en sí mismo me pareció mucho más fuerte que la supuesta violencia de la película, que a mi parecer no es tanta; soy de la opinión que el trailer la hace parecer más sangrienta de lo que realmente es. La poca violencia que hay es, eso sí, estrambótica e hiperbólica, pero hecha constantemente a costa de las brujas. A decir verdad, nunca llegas a sentir que los personajes principales estén realmente en peligro.

Pero Wirkola se reserva un par de cosas interesantes que suben varios enteros a la película, en este caso con los personajes de las brujas, muy vistosos todos y creados con una gran dosis de imaginación que por desgracia se ve criminalmente desaprovechada ya que la mayor parte de estas criaturas aparecen en ese fugaz clímax del que hablábamos más arriba. Estos personajes son los que en cierta forman compensan lo aburridos que son los héroes interpretados por Jeremy Renner y Gemma Arterton, que simplemente recitan sus diálogos y hacen posturas que desembocan en autoparodia. El caso de Arterton me parece especialmente doloroso porque considero que es una actriz muy interesante e increíblemente guapa que por algún motivo continúa siendo relegada a películas olvidables como esta, Príncipe de Persia (2010) o aquel nefasto remake de Furia de titanes (2010). De hecho, de todos los actores el único que me ha convencido fue Famke Janssen, que está muy bien en el papel de la jefa de las brujas y que de todo el elenco principal es la única que parece imprimir algo de intensidad a un trabajo a todas luces alimenticio.

Creo que no descubro nada cuando digo que Hansel y Gretel: Cazadores de brujas me ha parecido (disculpad la expresión) una película francamente idiota para cuyo disfrute hace falta quizás una disposición y un ánimo específico que personalmente no he podido conseguir. En realidad, y a pesar de la inventiva de su director, esta es una fórmula que ya hemos visto muchas veces: el cool artificial, el argumento básico y sencillo de los héroes vengadores cuya trauma milagrosa y casualmente encuentra su cierre, el aprovechamiento de elementos clásicos de la cultura popular y esa acción hiperbólica tan cansina de la mayor parte del cine de aventuras de hoy en día. Esta además entronca con otras tradiciones de acción, magia, comedia y terror en ambientes góticos que sí han funcionado como El ejército de las tinieblas (1992), a la que intenta imitar en más de una ocasión. Sin embargo, personalmente pienso que esta película tiene más en común con subproductos como Van Helsing (2004) que con la anteriormente citada película de Sam Raimi. En lo que a mí respecta, no le faltan momentos buenos, pero en general es bastante olvidable.

 

Reseña: Underworld: Awakening (2012)

La guerra entre licántropos y vampiros continua en Underworld: Awakening (2012), cuarta entrega de una saga que religiosamente regresa a las carteleras cada tres años. Esta de hoy no la vi en cines a pesar de que tenía algunos detalles que me interesaban, principalmente el regreso de Kate Beckinsale (hermosa como siempre) como protagonista después de una ausencia que tuvo como resultado la supérflua precuela del 2009. Len Wiseman, sin embargo, no dirige esta vez y se limita a escribir el guión y producir este vehículo de lucimiento para su esposa, cediendo las laboras de dirección a los cineastas suecos Måns Mårlind y Björn Stein.

No sé si la ausencia de Wiseman es el motivo, pero lo cierto es que esta entrega de Underworld, con todo y que es la secuela que la segunda debió haber tenido en su momento, se siente muy diferente al resto de la saga. Si bien se mantienen detalles superficiales como la fotografía negro/blanco/azul y las obligadas acrobacias tipo Matrix, esta cuarta parte se apoya mucho más en la acción pura y dura y deja bastante de lado toda la parte argumental reduciéndola a una trama muy sencilla que debo decir comienza muy bien, con un excelente recuento de los humanos declarando guerra abierta tanto a vampiros como a licántropos, casi exterminando a dichas razas. El “despertar” del personaje de Selene en los laboratorios de una maligna corporación dedicada a hacer con ella experimentos clandestinos es también un bastante obvio intento por seguir, al menos en parte, el camino trazado por las películas de Resident Evil, ante las que se alza una inevitable comparación no sólo en el componente de acción descabellada y poderío femenino sino también en el uso del 3D y el mayor hincapié en la sangre y la violencia desmedida. Es con toda seguridad la entrega más violenta de Underworld hasta la fecha.

Dicho esto, e incluso sin tener en cuenta que nunca he sido realmente un entusiasta de esta saga, hay que decir que es también la entrega que se siente más disparatada a nivel argumental y sin duda alguna menos cuidada como película que las tres anteriores. Parece haber en el argumento una extraña intención de devolver la línea argumental a sus inicios, cuando Underworld era simplemente una historia de licántropos contra vampiros, y este objetivo se lleva a cabo aún a costa de cargarse gran parte de los aciertos conseguidos con anterioridad. Más que tres, al ver la cinta me ha dado la impresión que habían pasado al menos veinte años desde la última entrega, a juzgar por la forma como se despachaba por completo todo lo anterior. Sólo así me explico la aparición de una camada de vampiros completamente nueva, la inclusión de una niña alrededor de la cual gira toda la trama pero a la cual nunca se le da un nombre, la inusitada crueldad del personaje de Kate Beckinsale (inédita hasta ahora en la saga) y la inexplicable ausencia del personaje de Scott Speedman, cuya cara incluso llegan a superponer digitalmente en el cuerpo de otro actor durante el prólogo (¡!).

Todos estos detalles ayudan a que Underworld: Awakening se sienta un poco fuera de lugar en la saga, con un tono bastante diferente a pesar de contar con los mismos actores. En cierta medida, es algo similar a lo que pasó con otras franquicias cinematográficas de éxito como La momia o Piratas del Caribe. Encima lo que nos han traído esta vez está rematado con un argumento débil que comete aciertos superficiales (ese nuevo monstruo…) pero que por otro lado tiene giros argumentales inexplicables y momentos francamente vergonzosos que se convierten con facilidad en comedia involuntaria. Con todo y eso, como película de acción es aceptable hasta el punto de hacerme querer revisar de nuevo las dos primeras entregas de la saga. A lo mejor después de todo el tiempo que ha transcurrido logro apreciarlas de forma distinta.