Reseña: Unfriended: Dark Web (2018)

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Unfriended: Dark Web (2018) es una película a la que le tenía ganas desde hace tiempo. El principal motivo es que soy una de las pocas personas a las que, por lo visto, le hizo gracia la primera parte, y debo decir que muchas de las cosas que me gustaron de aquella están también presentes en esta secuela, principalmente el gimmick de la perspectiva fija en la pantalla de un portátil y el desarrollo de la historia en tiempo real. Sin embargo, también es cierto que abandona muchos de los aspectos positivos de la primera y consigue un relato que pese a ser diferente es también considerablemente inferior por más de un motivo.

Uno de estos cambios, y algo que ya me había desilusionado un poco cuando vi el trailer, es el argumento: en esta ocasión la historia sigue a un joven programador que encuentra un portátil abandonado en una cafetería y descubre, durante una sesión de Skype con sus amigos, que dicho artefacto pertenece a un grupo de hackers que comercia con macabros vídeos en la llamada “dark web”, el oscuro reino de internet fuera de los motores de búsqueda y donde se realizan todo tipo de terribles transacciones. Lo digo de esta forma tan ridícula porque la cinta lo presenta así; el lado oscuro de la red es mostrado aquí como un reino macabro en el que los protagonistas cometen el error de meter el pie, despertando así la atención de un grupo degenios criminales ocultos en las sombras y que comenzarán a acosarlos para recuperar aquello que les han robado.

Es precisamente en este punto donde se encuentra para mí el principal problema de esta secuela, y es que pese a haber abandonado el ángulo sobrenatural de la primera parte, la representación que hace tanto de la red oscura como de las habilidades de los hackers es muy poco realista y tan exagerada en cuanto a los por lo visto infinitos poderes de los acosadores, que bien podrían haber sido fantasmas desde el principio. Hay cosas positivas, sin duda; siendo justos, me gusta que se mantengan algunos aciertos de la original en cuanto al uso de verdaderos programas y plataformas como Skype, Facebook o Google (algo que le aporta cierto grado de legitimidad ante el público joven al que seguramente esta película está dirigida). También me gusta que mantiene ese ritmo frenético e imparable que la original tenía, pero el argumento es tan poco serio que en ocasiones se hace sonrojante, sobre todo en la forma en que son desapachados algunos de los personajes.

No voy a decir que no me gustó del todo porque lo cierto es que te mantiene interesado y logré verla de un tirón, cosa que no siempre me pasa. Pero no puedo negar que en ocasiones se siente como un remedo algo simplón de la primera parte, y mucho más impostada no sólo por la ingenua representación de la tecnología sino también por el empleo mucho más evidente de trucos cinematográficos que la hacen más similar a una película de terror del montón, hasta el punto de que incluso aparecen los logos de las productoras al principio, cosa que creo recordar no pasaba en la original. Es definitivamente una secuela muy inferior, y estoy seguro de que la buena prensa que recibió poco antes de su estreno por parte de varios portales dedicados al cine de terror tiene que haber sido un marketing pagado. No me lo explico de otra forma.

Reseña: Creep 2 (2017)

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Hace ya algún tiempo pasó por los tribunales de esta página una curiosa película de perspectiva documental titulada Creep (2014), que a diferencia de la mayoría de los trabajos de este subgénero conseguía hacer un uso más interesante de su formato gracias a un guión principalmente basado en el trabajo de dos únicos actores y unos diálogos en su mayoría improvisados. Tres años después los mismos responsables sacaron esta secuela desafiando cualquier expectativa, ya que nunca pensé que una premisa como aquella pudiese tener cabida más allá de una única película. Y funciona, porque si bien sigue sin ser un trabajo para todo el mundo, el director Patrick Brice y el actor Mark Duplass (quienes también escriben el guión a cuatro manos) nos traen con Creep 2 (2017) una película muy superior que ha conseguido captar mi atención prácticamente desde el principio.

En un intento por dotar a su invento de algo interesante, Brice y Duplass le dan la vuelta a su premisa a pesar de partir de una idea muy similar: nuevamente el mismo asesino de la primera cinta invita a alguien (en esta ocasión una joven youtuber en decadencia) a rodar un documental sobre su vida con una oferta laboral demasiado buena para ser cierta. La novedad esta vez es que nuestro protagonista revela a la chica desde el principio que es un asesino, que ha perdido la alegría de matar y desea únicamente dejar constancia de sus crímenes para la posteridad. Sin embargo, el verdadero giro que la película presenta es que la chica podría estar (o no) tan perturbada como él, por lo que quizás este psicópata haya encontrado finalmente sin quererlo su alma gemela.

Al igual que en la primera parte, Creep 2 basa su principal fuerza en una serie constante de diálogos en la que los personajes se van descubriendo poco a poco ante el espectador y trayendo numerosas sorpresas, cosa nada desdeñable puesto que como público creemos saberlo todo ya acerca del personaje de Duplass. Sin embargo, al revelar su identidad como asesino desde el principio la película ahondar más aún en su pasado y descubrir cosas acerca de su origen, siempre a través de los diálogos y de momentos bastante tensos en los que sentimos que cualquier cosa puede ocurrir y que la vida de la chica está realmente en peligro. A esto hay que sumarle una muy interesante actuación por parte de Desiree Akhavan, que dota a su personaje de una presencia muy fuerte a pesar de que tiene la menor cantidad de diálogos y (obviamente) no aparece tanto en pantalla. La interacción entre los dos se siente genuina y orgánica, y a pesar de que los diálogos son en gran medida improvisados y la cinta tiene unos medios muy modestos, la tensión va creciendo poco a poco hasta desembocar en un muy eficiente final que personalmente no me esperaba ya que la trama estuvo jugando conmigo todo el tiempo.

A pesar de todo está claro que esta no es una película que le vaya a gustar a todo el mundo ya que requiere de entrada tragar no sólo con la perspectiva documental sino también con una estética desprovista de todo glamour que muy probablemente eche para atrás a gran parte del público como me echó para atrás a mi inicialmente hace unos años, cuando vi la primera parte. Pero si aquella os gustó aunque sea un poco, esta queda absolutamente recomendada ya que es sin duda alguna mucho mejor, tanto que se me pasó volando y quedé con ganas de más. La verdad es que ha estado muy bien.

 

Reseña: Unfriended (2014)

Uno de los prejuicios más antiguos que he evidenciado en los años que llevo escribiendo en este blog ha sido mi rechazo general a la estética de metraje hallado o falso documental. En el pasado ya hemos soltado el argumento de que si bien es cierto que existen trabajos ingeniosos que han echado mano de este estilo convertido ya en subgénero propio, en la mayoría de los casos se trata sólo de una estrategia económica que permite a la película abandonar aspectos técnicos que una cinta convencional no puede permitirse dejar de lado. A pesar de eso, es algo que reconozco como una limitación propia y busco encontrar trabajos que me convenzan de lo contrario, ya que en ocasiones surgen muestras de este tipo de estética que me parecen más interesantes de lo que normalmente se suele ver. Tal es el caso, para mí al menos, de Unfriended (2014).

Metraje hallado o falso documental no es exactamente lo que tenemos aquí ya que la película apunta a su estética „realista“ mediante otro tipo de truco: a través de casi 90 minutos mostrados en “tiempo real”, presenciamos a un grupo de amigos de instituto acosados por el fantasma de una antigua compañera que los ataca en medio de una sesión de Skype de la que no pueden salir en ningún momento. El gimmick reside en que la cinta está narrada por completo desde la perspectiva de la pantalla del ordenador de la protagonista, que va pasando de ventana en ventana a medida que la historia se va desarrollando frente a nuestros ojos sin aparentes cortes y con cierta simultaneidad que nos obliga a prestar atención a eventos que van ocurriendo en paralelo frente a nuestros ojos, detalle que por sí solo requiere de una inmersión total en la historia que, por increíble que parezca, se produce desde el principio ya que ni siquiera hay títulos de crédito iniciales.

Tanto la perspectiva permanente de la pantalla como el empleo de las redes sociales como método de narración no son cosas nuevas: recuerdo un cortometraje argentino de terror llamado Alexia (2013) que tenía la misma premisa, además de la película de Nacho Vigalondo Open Windows (2014), casualmente del mismo año y que contenía una perspectiva similar aunque en tono sci-fi y mucho menos realista. Pero lo interesante de Unfriended no es su originalidad sino lo bien ejecutada que está su premisa y la atención que han prestado a detalles que por lo general son ignorados en una idea como esta. Una de las cosas que más me sorprendió, por ejemplo, es que sus responsables hayan usado las auténticas interfaces de aplicaciones como Skype, Facebook, Youtube, etc. en vez de crear sus propios sustitutos ficticios de esos programas y plataformas. Este detalle, que puede parecer una tontería, funciona porque le otorga a la película cierto margen de realismo que contrasta con el ángulo sobrenatural, aunque lo más pavoroso del argumento no es el fantasma como tal sino la posibilidad de que alguien conozca nuestros secretos y los comparta en línea, ese espacio donde es fácil perder el control de aquello que decidimos mantener como privado. 

Por supuesto, no estamos hablando aquí de una gran película de terror ni nada por el estilo: con sus sustos baratos, sus burda manipulación del espectador basada en trucos de montaje, su final absurdo y algunos momentos risibles como la secuencia de Chat Roulette (bastante desfasada además, porque no sé hasta que punto siga siendo esa una plataforma popular), esta sigue siendo una cinta de miedo de usar y tirar. Sigo defendiendo, sin embargo, lo ingeniosa que puede llegar a ser y lo interesante de una premisa que se disfruta mejor a una menor escala. Esto último que digo es algo literal: debido a su formato y estética, Unfriended es una película que nunca debió haberse estrenado en un cine y que se disfruta mucho más si ve en casa en la pantalla de un portátil, y en ese sentido sí que me parece única y un ejemplo del cine de terror adaptado a las nuevas tecnologías y a la vez sobreponiéndose a sus limitaciones técnicas. No tardaréis en olvidarla, pero tiene cosas que me han impresionado y eso no es poco.

Reseña: As Above, So Below (2014)

Estrenada en España con el poco agraciado título Así en la Tierra como en el Infierno, As Above, So Below (2014) es una película de metraje hallado y por lo tanto, en teoría al menos, partía de una mala base conmigo. Sin embargo, hay que reconocer que la idea de ambientar una película de terror en las catacumbas de París es de entrada muy atractiva y que esta cinta gana puntos por usar (en parte) locaciones reales y por emplear de forma efectiva los elementos del found footage. Esto último no debería resultar una sorpresa tratándose del director John Erick Dowdle, quien ya se había pulido en este formato gracias a películas anteriores como The Poughkeepsie Tapes (2007) y Quarantine (2008). Dowdle también es el director de Devil (2010), una película que me gustó por lo visto sólo a mi, a juzgar por los comentarios que he leído al respecto.

Lo interesante es que si bien se trata de una película de terror, el argumento participa más del género fantástico, ya que aquí no hay monstruos ni maldiciones sino una trama que tiene más que ver con la alquimia, la magia y el esoterismo, con lo que en muchos aspectos se asemeja más bien a una cinta de aventuras con un tono más oscuro de lo habitual. También hace un fuerte hincapié en el empleo de situaciones imposibles, trucos de cámara y efectos especiales destinados a desorientar al espectador y añadir un componente de irrealidad a lo que estamos viendo, por lo que el formato de metraje hallado no se emplea, como en la mayoría de los casos, para dar una sensación de realismo sino únicamente como una perspectiva subjetiva dedicada única y exclusivamente a meter al espectador en la historia. Honestamente pienso que habría ganado mucho de haber usado un formato en tercera persona de toda la vida, pero no es la única cinta que hace esto: ya lo habíamos visto en películas como Grave Encounters (2011) o la más reciente Blair Witch (2016).

Pero a pesar de que sus formas y recursos a la hora de intentar crear una atmósfera de miedo no sean los más originales (esto quizás debido al agotamiento de este subgénero de metraje hallado) es al menos una película interesante que toca algunos temas que en lo particular me atraen mucho, y sé que a mucha gente también. La idea de la magia y lo fantástico como algo escondido en el subsuelo de las ciudades es una idea realmente buena y, de nuevo, el hecho de usar las catacumbas de París como escenario le da una capa de realismo que quizás no habría tenido de haber empleado una localidad más exótica. En este sentido es digna de aplausos, aunque a la hora de la verdad muchos de sus giros narrativos estén muy vistos y, en general, sea quizás demasiado “ligera” como película de terror, sobre todo comparada con las cintas arriba citadas o con otros ejemplos de terror subterráneo como The Descent (2005), con la que surgirán las inevitables comparaciones durante los primeros minutos.

Debo reconocer que los primeros minutos no pintaban nada bien y todo el inicio antes de entrar a las catacumbas me pareció bastante aburrido, pero una vez que coge impulso y se mete de lleno en la exploración de las catacumbas la película gana mucho en atmósfera e interés, al menos lo suficiente como para poder perdonarle sus fallos. En general me ha gustado y teniendo en cuenta lo denso del tema que toca me parece una decisión valiente el que se hayan atrevido a hacer de ella una historia de aventuras que raramente se suele abordar hoy en día de una manera seria. Sigo creyendo que podría perfectamente no haber sido de metraje hallado y el resultado habría sido mejor, pero también es cierto que dicho formato se usa hoy por hoy en gran medida como coartada a la hora de justficar medios más limitados y una estética menos trabajada que la que suele mostrar una película más convencional. Ha valido la pena.

Reseña: Blair Witch (2016)

Tarde o temprano tenía que ocurrir: después de casi dos décadas explotando y exprimiendo el cine de metraje hallado hasta convertirlo en un género propio, era sólo cuestión de tiempo antes de que llegara una nueva versión de aquella película que comenzó todo allá por 1999, y efectivamente, aunque han tardado menos tiempo del que pensaba, he aquí el pseudo-remake de El proyecto de la bruja de Blair (1999), titulado simplemente Blair Witch (2016) y adoptando la forma de una secuela ambientada quince años después de la original pero que repite prácticamente todos los puntos del argumento de la obra de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, con muy pocos cambios o aportaciones novedosas, por lo que a pesar de todos sus esfuerzos por parecer lo contrario, estamos realmente ante un remake encubierto de la película de los noventa.

Soy el primero en reconocer que la vi con ciertos prejuicios, no sólo porque el metraje hallado es un género que me interesa muy poco sino porque la bruja de Blair original es una película que me gusta mucho, y tras verla de nuevo recientemente me di cuenta de que es ampliamente superior a casi todas las cintas de este subgénero que han venido después, las cuales nunca han parecido entender exactamente qué fue lo que hizo de la original un éxito. Esta que tenemos ahora en el 2016 es de hecho mucho más parecida a la ola de productos similares que se han estrenado desde entonces, una versión “actualizada” de la original con más efectos sonoros y especiales, más momentos de terror puro y duro, un mayor contenido explícitamente sobrenatural, y absolutamente nada de la sutileza y ambigüedad que constituía la mayor fortaleza de la original. Es, en todos los sentidos, una secuela típicamente comercial que toma aquellos aspectos superficiales de la primera parte y los extrapola para ofrecernos lo mismo que antes pero a lo bestia, sólo que este tipo de continuaciones por lo general se hacen un par de años después de la primera y no tras casi dos décadas en las que ya el mercado de este tipo de productos se ha saturado por completo.

Pero mentiría si no dijese que hay al menos ciertos puntos de interés: aquí es donde os revelo que mi principal motivación para ver esta película no tenía nada que ver con la nostalgia por la original sino más bien con nombre de Adam Wingard como director, un cineasta muy competente cuyas obras anteriores, A Horrible Way to Die (2010), You’re Next (2011) y The Guest (2014), causaron una buena impresión en mí y me habían convencido de que podía sacar algo interesante de un proyecto que, evidentemente, ha sido un encargo. Hasta cierto punto es así porque mediante la ampliación del elemento sobrenatural Wingard logra sacar algunas ideas atractivas, sobre todo en los últimos diez minutos de la película, cuando se desata el clímax y los personajes sobrevivientes se enfrentan a la amenaza de los bosques en medio de un delirio surrealista que incluso juega con nuestra percepción del espacio y el tiempo, en un alarde similar al que ya habíamos visto en otra cinta de metraje hallado, Grave Encounters (2011), aunque menos trabajado y algo confuso.

A decir verdad ese ha sido, para mí, el mayor problema con esta película: ninguno de los elementos adicionales que ostenta ha sido desarrollado sino que va lanzando ideas una tras otra enredando tanto al público como a los personajes. Esta es además una de esas cintas de terror cínicas en las que los protagonistas nunca saben realmente qué es lo que está sucediendo y por lo tanto nunca tienen realmente una oportunidad de triunfar sobre la amenaza que se cierne sobre ellos, por lo que el final está cantado desde el principio incluso si no tenemos en cuenta que el propio formato ya revela desde el minuto uno cuál ha sido el fin de los personajes. En definitiva, todo lo que tenía de bueno la primera película ha sido tirado por la borda en aras de un trabajo comercial repetitivo, predecible, lleno de sustos baratos y plagado de todos y cada uno de los vicios que suelo odiar de este tipo de historias. El por qué un director como Adam Wingard ha sido el encargado de llevar esto a la realidad es algo que se me escapa, porque esto no es más que otro ejemplo más de un terror documental fácil de personajes gritando, efectos de sonido a máximo volumen, cámara temblorosa y un monstruo final que nada tiene que ver con la sutileza y buen arte de la original.

Reseña: Creep (2014)

Creep (2014) es ante todo la enésima entrega del por lo visto ya omnipresente formato de cine de metraje hallado, pero no sólo eso: es también un trabajo completamente minimalista y al menos interesante en cuanto a que realiza un intento de crear una historia de terror con apenas dos personajes y una serie de diálogos en gran parte improvisados, por mucho que la situación de la que parte la trama sea muy típia. Con todo y eso no me ha parecido una película demasiado destacable, o al menos no más allá de lo minimalista que resulta y del trabajo de sus dos únicos intérpretes. Los motivos por los que no me ha parecido gran cosa se deben en gran medida a la elección de las formas típicas del terror documental, y también al desaprovechamiento de su premisa y del por lo general muy buen ambiente que consigue crear en su primera mitad.

Pero primero que nada hay que hablar un poco de lo que se trata la película: Creep es también un claro ejemplo de ese modelo de historias en las que el protagonista es seducido por algo “demasiado bueno para ser verdad”. En este caso, nuestro personaje principal es un joven cineasta que acepta un encargo visto en un anuncio puesto por un misterioso hombre que lo cita en una cabaña apartada de la civilización y que le pagará una buena suma simplemente por grabar su vida cotidiana durante un día en una especie de video-diario de confesiones. No cuento más porque la sorpresa acerca de lo que empieza a suceder es parte del disfrute que la cinta ofrece, pero basta decir que, muy previsiblamente, aquella oferta resulta tener un reverso siniestro y la interacción entre los dos personajes comienza a cobrar tintes cada vez más inquietantes a medida que el día transcurre y la psique de este desconocido es expuesta.

Lo primero que debo decir es que ya de entrada el hecho de que esta fuese un película de metraje hallado ya me echó para atrás, sobre todo teniendo en cuenta que el formato no está del todo justificado más allá de un punto de vista meramente presupuestario. Me explico: hay un momento en el que uno de los personajes hace una referencia explícita a Mi vida (1993), cinta en la que se intercalaba el video-diario de un hombre enfermo de cáncer terminal con escenas en perspectiva omnisciente de toda la vida, en la evidente suposición de que no todo el día a día de una persona tiene por qué ser grabado. Es curioso que Creep no haya decidido optar por el mismo estilo dual ya que le habría sentado muy bien, sobre todo en la segunda mitad de la película, cuando el protagonista continúa guardando un meticuloso registro de todo lo que le ocurre a pesar de que no tiene ningún motivo para hacerlo, o al menos ninguno que haya sido explicado antes.

Esta segunda mitad es para mí lo que al final hizo de esta cinta algo poco destacable, y que desinfló por completo la sorprendente tensión generada durante los primeros cuarenta minutos. De hecho, me atrevería a decir que esta es una obra que funciona mejor en su sencillez inicial, ya que con muy pocos recursos, con escenarios naturales, dos únicos actores y diálogos, consigue sus mejores momentos. Pero esto es también lo único que puedo destacar de ella. Del resto, poca cosa a decir verdad.

 

Reseña: Paranormal Activity: The Ghost Dimension (2015)

A mi favor puedo decir que soy un completista incurable. Desde el estreno de la primera entrega en el 2009, he visto en el cine todas las películas de Paranormal Activity, y esta no iba a ser la excepción, aún teniendo en cuenta que no albergaba ninguna esperanza de que saliera bien. Sin embargo, tenía curiosidad por el cierre y por cómo terminaría toda la historia. Porque Paranormal Activity: The Ghost Dimension (2015) es, hasta donde sé, la última entrega de una saga que ha visto mejores días, una en la que sus propios creadores parecen haber perdido el interés al entregar un producto a destiempo y hecho a trompicones.

Para entender un poco esto último es necesario hacer memoria y recordar cómo comenzó todo: el estreno de la Paranormal Activity (2009) original fue, como todos sabemos, un gran éxito, dando inicio tanto a la fiebre por el terror de formato documental como a lo que se perfilaba como una de las franquicias más rentables del cine de terror moderno. Tanto es así que las siguientes tres entregas de la saga se estrenaron religiosamente cada año siempre por las mismas fechas, alrededor de Halloween. La película de Oren Peli las tenía todas consigo para convertirse en la sucesora de Saw (2004) en cuanto a periodicidad e incluso cierto estilo de continuidad que se quería dar a todo el producto, con una historia que en teoría al menos se iba tejiendo a lo largo de cada entrega. Pero entonces, tras el estreno de Paranormal Activity 4 (2012) todo pareció cambiar. Desmotivados quizás por las malas críticas hacia una película que no hizo nada por avanzar la trama general, en el 2013 no tuvimos ninguna entrega de Paranormal Activity, y la quinta entrega, subtitulada The Marked Ones (y que, no olvidemos, no estaba planteada originalmente como una secuela sino como un remake/spin-off enfocado en el público latino) terminaría siendo estrenada en enero, que tradicionalmente es el mes en el que los estudios de Hollywood sacan la basura, esos estrenos destinados al fracaso. Pasó el 2014 y nada que se escuchaba de continuar la saga. Hemos tenido que esperar hasta el 2015 para que se estrenara esta sexta y última entrega, con muy poco bombo en comparación con las cintas anteriores. Para mí es evidente que algo se rompió en el juguete, y que la saga ya no interesaba tanto al estudio como en otros tiempos.

Esta desgana de la que hablo se siente en toda la película, empezando por el hecho de que no hay un interés real en terminar la enrevesada historia que habían ido tejiendo. Nuevamente tenemos el mismo esquema de todas las entregas anteriores, con otra familia de pareja joven/hija pequeña que en esta ocasión encuentran una extraña videocámara en la casa a la que se acaban de mudar y terminan siendo acosados por una presencia que se hace más palpable cada noche que pasa. El gimmick en esta ocasión es que la cámara hallada tiene la extraña facultad de “ver” al ente que los acosa, lo que sirve para regalar al público un ocasional uso de efectos especiales digitales destinados (no nos engañemos) a justificar el gancho del 3D con el que han querido rentabilizar el producto a nivel de taquilla. Como podemos ver, no sólo el argumento es increíblemente perezoso al reciclar la misma trama y estructura de todas las entregas anteriores, sino que el abuso de los efectos especiales roba a la película de la única carta que la saga tenía a su favor y que era precisamente la sencillez con la que conseguía meter miedo en el público, algo que aquí se ha perdido por completo y que desentona con la supuesta atmósfera realista que quieren dar. Todos los efectos que se muestran aquí se ven, por el contrario, increíblemente falsos y totalmente injustificados porque el hecho de “ver” al demonio que acosa la casa no parece tener ningún efecto en los protagonistas.

Pero lo peor sin duda es la continuidad con la saga anterior. Esta sexta entrega retoma por supuesto la historia de las dos hermanas y el cónclave de brujas que se introdujo en la segunda entrega, hasta el punto en que parece ignorar absolutamente todo lo demás y abandona muchas de las subtramas que había abierto con secuelas posteriores, como si se hubieran dado cuenta de que estas no tenían ninguna posibilidad de seguir de forma decente. Lo que quiero decir con todo esto es que incluso si se es un seguidor de esta saga será inevitable caer en una decepción al darse cuenta de hasta qué punto los responsables de Paranormal Activity decidieron matar su franquicia. Por todos estos motivos no tengo reparo en decir que es lo peor que he visto este año, porque inclusive con los ejemplos más cutres que he visto en el 2015 al menos tenía la sensación de que estaba viendo una película de verdad, y no el estertor final de una saga que, repito, debió quedarse en la primera entrega.

 

Reseña: La visita (2015)

La visita (2015) es probablemente la película de terror que con más ganas he esperado este año, y sé que en eso no estoy solo. De hecho, pocos estrenos recientes han causado tanta expectativa como este desde que las primeras impresiones asomaron la idea de que estábamos ante el regreso de M. Night Shyamalan, quien tras una serie de estrepitosos fracasos comerciales en sus propios proyectos y tras un par de traumáticas experiencias con la maquinaria hollywoodense, necesitaba de forma desesperada un éxito que le recordase al público sus innegables capacidades como director. Esta película de la que hablo hoy es no sólo un regreso a sus raíces de terror, sino también una vuelta a una producción mucho más modesta que busca conectar con los gustos del público de hoy en día y a la vez tener una mayor libertad a la hora de abordar el material del que parte.

Teniendo en cuenta esto, hay una evidente jugada hacia lo comercial presente ya desde el inicio, cuando los créditos iniciales nos muestran la curiosa alianza entre Shyamalan y el productor Jason Blum, el hombre detrás de la mayor parte de los grandes éxitos del terror mainstream de los últimos años como Paranormal Activity (2009), Insidious (2010), Sinister (2012), The Lords of Salem (2012), The Purge (2013), Oculus (2013) y un larguísimo etcétera, y que ahora ha fichado al cineasta de El sexto sentido (1999) para una nueva película de terror con niños partiendo de sus conceptos de escaso presupuesto y alta rentabilidad. La presencia de Blum quizás explique el que Shyamalan se atreva esta vez con una obra de falso documental en la que una jovencita y su hermano menor hacen una visita a sus abuelos, a quienes conocen por primera vez, y van descubriendo poco a poco que tras el extraño comportamiento de los ancianos se esconde un terrible secreto.

Confieso que de entrada esto ya me daba muy mala espina, puesto que todos sabéis mi rechazo habitual a este género tan abusado de terror documental, pero en este caso debo decir que dicho formato está hecho desde una perspectiva muy superficial en la que las reglas de un falso documental no siempre se respetan, desde la insólitamente nítida calidad de imagen de una cámara de andar por casa hasta la presencia de créditos iniciales e intertítulos que documentan el paso del tiempo. El recurso de la cámara en mano está poco justificado pero al menos no lo encontré tan cargante como otros ejemplos recientes así que tampoco me molestó tanto. Mucho más criticable me parece el empleo de niños en el elenco y un muy alargado primer acto en el que no sucede gran cosa y que por momentos se me hizo interminable. Lo bueno en este sentido es que una vez que la película coge vuelo y Shyamalan se mete en la historia, el resultado es muy positivo. El subtexto de locura y el horror ante los estragos de la vejez está muy presente y aunque muchas veces no queda claro cuál es la extensión de dicha locura en los personajes principales, algunas de las imágenes que nos regala son muy efectivas y meten miedo de verdad.

Por supuesto la película tiene sus detalles que no conectaron conmigo: el principal de ellos quizás sea una inconsistencia de tono en la que la mayoría de los elementos de horror son contrarrestados por un humor muy forzado (casi siempre proveniente del muy asesinable hermano menor de la protagonista), con lo que el componente de miedo pierde muchas veces su efectividad, y en definitiva la película se hace larga por culpa del muy aburrido primer acto. También pienso que el formato de falso documental le hace daño por innecesario y por lugar común a estas alturas, y honestamente no veo el motivo (más allá del meramente presupuestario) de usar este tipo de narrativa. Eso sí, si la película se salva es por su tramo final, no sólo por la ya habitual “sorpresa” de Shyamalan (muy sencilla y sin embargo muy efectiva) sino por añadir la que probablemente sea la mayor tensión de todo el metraje. El director se casca luego de este maravilloso clímax una sonrojante coda final que me ha parecido sobraba, pero en general es un trabajo muy digno que espero tenga el éxito suficiente para volver a poner el nombre de M. Night en la palestra. Una película extraña en sus intenciones y muy mejorable, pero también eficiente y teniendo en cuenta lo último de este director, es algo que vale mucho la pena.

 

Reseña: La cueva (2014)

A manera de anécdota debo contar que vi La cueva (2014) durante el verano pasado en el Berlin Fantasy Filmfest, bajo el mucho más pomposo título In Darkness We Fall. Supongo que este título se debe al hecho de que ya existe una cinta de terror anglosajona del 2005 titulada The Cave y no querían prestarse a confusiones. El caso es que entré sin saber nada de ella, y mi sorpresa fue mayúscula porque la terminé disfrutando mucho a pesar de que en términos generales no creo que vayamos a recordarla de aquí a un tiempo. De todas formas, tampoco creo que las intenciones detrás de ella hayan estado muy alejadas de esto porque tengo la sensación de estar principalmente ante un intento por parte de la productora Filmax de repetir el éxito conseguido años atrás con REC (2007); aquí se repiten varios de los mismos elementos que funcionaron aquella vez, desde el formato de metraje hallado, la cámara en mano en medio de la oscuridad y una situación genuinamente angustiosa de un grupo de amigos de excursión en Formentera que se pierden en una laberíntica caverna y van sucumbiendo a la desesperación cuando el hambre, la sed y el miedo comienzan a apoderarse de ellos.

Todo esto conforma un arsenal de terror bastante básico, hay que admitirlo, pero que por una vez parece funcionar. Es una suerte porque la verdad es que no hay prácticamente nada de originalidad en esta película: ya desde prácticamente el principio quedan muy bien establecidas las distintas personalidades de cada uno de los miembros del grupo, así como la existencia de una capa conflictiva que subyace debajo de lo que a primera vista parece ser una gran amistad, y no sólo eso sino que incluso el menos avispado del público podrá anticipar ya desde los primeros minutos cuál será el papel que desempeñará cada uno de estos personajes una vez que llegue la situación límite en la que se encuentran. En fin, todo muy obvio y prácticamente sin ninguna sorpresa, puesto que incluso el final se puede fácilmente intuir.

Lo que sí es verdad que no pude anticipar fue el uso tan eficiente que la película da a su muy limitado repertorio. Tal como mencionábamos arriba, aquí no hay monstruos ni enemigos de ninguna clase, sino que son los propios personajes los que dan rienda suelta al horror una vez que su relación se resquebraja y comienzan a ser dominados por su desgracia. El recurso de la cámara en mano es un tanto barato y no siempre está justificado más allá de la funcionalidad que tiene para el propio espectador (básicamente la creación de una perspectiva subjetiva que te mete de lleno en la película), pero el gran acierto que tiene, uno del que además puede jactarse ante otras historias de cavernas que hemos reseñado en el pasado, es en su uso de locaciones reales. No solamente estamos hablando de que rodaron en una cueva de verdad, sino que incluso el hecho de que los personajes en ningún momento puedan ponerse completamente de pie ayuda a crear un clima de angustia impresionante que hizo que lo pasara muy mal. No exagero: por un momento llegué a sentirme físicamente mal y estuve a punto de salirme de la sala hasta que el interés por el argumento me retuvo, así que aquellos que sufran de algo de claustrofobia ya quedan advertidos.

Esta sensación visceral es probablemente lo más destacable de La cueva, ya que como decíamos no estamos ante un trabajo muy original o que vaya a marcar una pauta en el cine de terror actual, ni siquiera dentro de este formato tan de moda como el del docu-terror. Sin embargo, teniendo en cuenta mis (justificados) prejuicios ante el uso del metraje hallado como recurso, el que haya encontrado una cinta de estas características como algo rescatable no es algo que se vea todos los días.

 

Reseña: V/H/S: Viral (2014)

Si habéis estado prestado atención a nuestros prejuicios, sabréis sin duda que aquí en Horas de oscuridad no somos muy asiduos al subgénero de metraje hallado o falso documental, y sin embargo no nos desagradó del todo cuando vimos la cinta de antología V/H/S (2012). Es más, todavía hoy consideramos que su secuela, V/H/S 2 (2013) es una excelente película que se encuentra incluso entre lo más destacable de cine de terror que hemos visto en los últimos años. Fue precisamente ese subidón de calidad el que elevó mucho nuestras expectativas para la tercera y hasta la fecha última entrega de la saga, V/H/S: Viral (2014), la cual se encargó a finales del año pasado de aniquilar prácticamente todas nuestras ganas una vez estrenada y las críticas negativas empezaron a caer por todas partes. Creo que por este motivo decidí esperar y comprobar por mí mismo si aquellos palos estaban justificados. En mi caso lamento que haya sido efectivamente así: esta tercera entrega es una secuela muy inferior con un nivel muy bajo incluso para los modestos estándares de la primera película.

Uno de los problemas que tiene ya se ve desde el momento en que vemos el título y la ausencia de un numero de secuela nos confirma algo que ya sospechábamos, y es la falta de continuidad con las entregas anteriores aún a costa de la coherencia con la propia premisa de la saga. En esta ocasión ya no se explora aquella misteriosa casa llena de cintas de vídeo sino que el marco de la trama cuenta una confusa historia acerca de una persecución y los efectos psicológicos de una maldición viral que se extiende por Internet, lo cual ya de por sí invalida el título de la película al no tocar la figura arcaica de las cintas. Incluso el cierre de este argumento es extraño y deliberadamente incomprensible, y encima aderezado con fallos técnicos intencionales añadidos como código estético, que son tan abundantes que terminan siendo molestos.

Al igual que en las dos entregas anteriores, los diferentes segmentos de V/H/S: Viral están dirigidos por distintos cineastas como Justin Benson, Gregg Bishop o Nacho Vigalondo, pero la calidad de ellos es muy desigual y algunos ni siquiera pueden ser considerados del todo como historias de terror. El de Vigalondo es el más interesante de todos (al menos al principio) pero en la mayoría de ellos (salvo quizás el último, un risible segmento tejido alrededor de unos jóvenes patineteros) el motivo por el cual la acción está siendo grabada queda como algo meramente arbitrario, lo cual es una lástima porque eso era precisamente un detalle que la saga había cuidado muy bien. Y es que eso es básicamente el principal problema: comparada con las dos anteriores, esta se siente como una película perezosa y muy poco cuidada, encima con algunos intentos de humor muy mal equilibrados que terminan restando gran parte de efecto a algunas ideas que en principio parecen mostrar gran promesa, como (de nuevo) el relato de mundos paralelos de Vigalondo.

En definitiva creo que este es uno de esos escasos momentos en los que la mala fama despertada por una película está más que justificada, aunque en mi caso creo que se debe a las expectativas generadas por la muy superior y recomendable segunda entrega de la saga. En esta pareciese que sus responsables se hubiesen cansado ya de la propuesta y decidido tirar por la ventana todo lo que hacía interesante a V/H/S. Por cierto debo mencionar algo que quizás todos saben, pero existe un cuarto segmento dirigido por Todd Lincoln, el mismo director de The Apparition (2012) que por lo visto sólo fue incluido como contenido adicional en la edición de formato casero de esta película. Yo la vi en Netflix, por lo que este segmento no lo he visto aún, pero tengo entendido que es muy diferente del resto hasta el punto de que incluso abandona el formato de metraje hallado en favor de una perspectiva tradicional, por lo que puede que haya sido ese el motivo por el cual fue suprimido. En todo caso, dudo mucho que tras la experiencia tenga ganas de repetir.