Reseña: The Medium (2021)

Mezcla de exorcismos y pseudo-documental, The Medium (2021) es una película del mismo director de la también tailandesa Shutter (2004) y el guionista de la surcoreana The Wailing (2016), dos cintas que al igual que esta despertaron un entusiasmo general entre los fanáticos del terror que en gran medida nunca llegué a compartir. Sin embargo, también es cierto que esta es, en muchos sentidos, mucho mejor que ambas de sus antecesoras. También es una película ambiciosa que hace un esfuerzo loable por incorporar una mirada distinta al panorama cultural de donde proviene y eso al final ha terminado teniendo más peso que varios de sus elementos más convencionales.

Entre estos elementos está por supuesto su premisa de metraje hallado en el que un equipo de periodistas rueda un documental sobre una chamana solo para descubrir, en medio del reportaje, que la sobrina de esta ha sido poseída por un espíritu maligno, lo que desata un intento desesperado por salvarla que por supuesto es debidamente documentado. Ya de entrada debo debir que me pareció interesante la forma en que la película busca meter al espectador de lleno en la cultura chamánica de Tailandia aunque luego termine entregándose por completo a una trama de posesiones más visto dentro del género de terror.

Toda esta trama de posesiones es lo que termina siendo el tema central de la película, uno que por desgracia no solo está lleno de los lugares comunes que hemos visto mil veces ya en estas historias de (incluyendo las por lo visto indispensables secuencias de cámara fija y visión nocturna) sino que encima acaba desdeñando su muy innecesario formato documental, que la película abandona y retoma varias veces de forma completamente arbitraria a lo largo de su muy abultado metraje. Esto último sería el segundo problema que tiene, a mi juicio, y es que es una película larga, lenta y toda la parte del principio mientras va montando su atmósfera se siente algo tediosa.

Aún asú tiene muchas cosas positivas, una energía particularmente agresiva y casi animal, así como algunas escenas y recursos realmente horripilantes. Algunas de sus ideas me han gustado, pero la banalidad de su formato y su excesiva dependencia de trucos que hemos visto muchas veces en otras películas más entretenidas hicieron que perdiera fuelle para mí. Pienso que si hubiese sido más corta y hubiese mantenido su estética de cámara en mano sin intentar justificar con la idea de un documental me hubiese gustado mucho más.

Reseña: Hell House LLC (2015)

Con un recibimiento muy positivo en la fecha de su estreno, Hell House LLC (2015) era una de esas películas que tenía muy pendiente de ver y que en cierta forma ya conocía porque varias de sus escenas habían sido compartidas en redes sociales en las que varios usuarios reaccionaban ante algunas de sus escenas de miedo. Debo decir que como película tiene una premisa muy interesante que se presta para un buen relato, aunque también es cierto que las constantes formales del cine de metraje hallado tienen como consecuencia que varias de sus mejores armas sean cosas que hemos visto antes.

La premisa antes mencionada es la de una empresa que monta una casa del terror en un viejo hotel de una pequeña localidad americana sin darse cuenta de que este está realmente embrujado, y lo que les va sucediendo a medida que van montando su atracción y descubren la siniestra historia de la casa forma la base de un documental acerca del misterio que rodea a la fatídica noche de inauguración, cuyo preámbulo vamos descubriendo poco a poco.

A partir de esta idea comienza lo que podemos definir sin duda como una muestra de oficio cinematográfico envidiable: presupuesto mínimo, algunos sustos muy ingeniosos y un uso constante de la anticipación puesto que, como comentaba arriba, la película está estructurada sobre el relato de un hecho cuya resolución ya conocemos, por lo que el cómo se llega hasta allí es una de las cosas más interesantes que tiene. Esto tiene como consecuencia, sin embargo, que las sorpresas sean pocas y el triple juego de meta-ficción (la película no es ni siquiera el documental en sí sino un reportaje sobre el documental) se me hizo muy falso y con poco espacio para sorpresas más allá de algunos sustos puntuales que se dan con los personajes explorando la casa y preparando lo que todos creen son unos inocentes trucos de tren de la bruja.

Sé que esto lo digo muchas veces y puede que parta de un prejuicio mío, pero me choca mucho cuando el empleo de la cámara subjetiva no está debidamente justificado y este por desgracia es uno de esos casos. Con todo y eso debo reconocer que algunas escenas de miedo están muy logradas y que el final de la película es muy intenso a pesar de que sabemos cómo acaba e incluso terminamos re-visitando metraje que ya habíamos visto al principio pero esta vez con otro estado de ánimo. Aunque no me ha haya seducido del todo la verdad es que es un trabajo muy bien hecho y por lo visto hay incluso dos secuelas con el mismo director, lo cual me sorprende porque no hubiera pensado que de aquí se pudiese sacar mucho más.

Reseña: Lake Mungo (2008)

Tras la trágica muerte por ahogamiento de la joven Alice Palmer, su familia está en la certeza de que los fenómenos ocurridos en su casa se deben a su fantasma, que intenta comunicarse con ellos. Esta es la historia de la que parte la cinta australiana Lake Mungo (2008), un falso documental que se ha convertido con el tiempo en una de las más apreciadas obras de este formato en el género de terror. Durante años me fue recomendada por mucha gente de cuyo criterio me fío pero nunca llegué a verla, en parte porque no es tan fácil de conseguir, pero lo cierto es que es una película muy singular que no solo es muy buena sino que tampoco se parece mucho a la mayoría de los trabajos con los que es inevitablemente comparada.

Más allá de la premisa mencionada arriba, una de las cosas que más sorprende de la película es que realmente parece un documental, y como tal tiene un manejo sutil pero efectivo de lo que vendría siendo sus golpes de efecto. De hecho la mayor parte del componente sobrenatural de la película está dado por la representación de fenómenos muy conocidos para aquellos amantes de la conspiranoia fantasma: apariciones espectrales en fotografías y cintas de vídeo casero, la inevitable entrada en escena de un investigador paranormal y recreaciones de escenas de miedo aderezadas con entrevistas a los miembros de la familia. Toda esta parte está, a decir verdad, muy lograda y la investigación acerca no solo de la presencia del fantasma sino de la verdad tras la muerte de la joven está tratado de una manera muy interesente con giros sorpresa de trama pero sin apenas truculencias ni escabrosos secretos como una película más convencional habría hecho sin duda.

De hecho, es aquí donde tengo que mencionar algo que quizá condicione la apreciación que se tenga de la película, y es que Lake Mungo pone el énfasis en la parte emocional de la historia y la manera en como la familia de Alice debe lidiar con su muerte. Es por eso que quien se espere una película de terror pura y dura se va a llevar un chasco porque si bien hay sustos y escenas de miedo, estos no son para nada el centro de una historia que se presenta más bien de forma melancólica y hasta cierto punto optimista en cuanto a sus conclusiones. Quizá el problema resida en que durante el momento de su estreno y su posterior lanzamiento en mercado casero la película fue publicitada como una historia de terror más convencional, en parte gracias a cosas como esta engañosa portada que la cinta recibió tras su inclusión en el After Dark Horrorfest.

Es posible que a mucha gente la decepcione pero esto se debe principalmente a que se ha publicitado como una película de terror al uso cuando para nada es así. Si uno va sabiendo esto de entrada la puede disfrutar mucho más porque realmente está muy bien. Curiosamente, su director, Joel Anderson, no ha vuelto a rodar un largo desde entonces a pesar de que la película ha terminado por granjearse cierto nivel de culto, lo cual es sin duda una lástima.

Reseña: Noroi: The Curse (2005)

Tiempo atrás, cuando este blog estaba en sus inicios y la fiebre por el terror asiático estaba en pleno apogeo, Noroi: The Curse (2005) fue una que me quedó por ver a pesar de que muchos me la recomendaron. Con el tiempo se ha convertido en una de las más famosas películas surgidas de esa explosión de terror asiático en occidente, una que además tiene un mérito mayor al tratarse también de una cinta no tan accesible como el resto de sus congéneres, una que empleó el formato de metraje hallado/falso documental antes de que Paranormal Activity (2009) lo pusiera otra vez de moda.

En este caso tenemos un reportaje ficticio para la televisión en el que se cuenta la historia de un famoso investigador paranormal que desapareció misteriosamente mientras indagaba la verdad acerca de un caso específico, uno que comienza de forma muy pequeña con rumores de ruidos extraños en la casa de una mujer y su hijo y que termina adquiriendo dimensiones mucho mayores. No es fácil de resumir porque la película misma aborda el caso desde múltiples perspectivas y pequeñas historias en principio independientes que terminan coincidiendo en un fenómeno paranormal que combina cultos ancestrales, poderes psíquicos y demonología de una forma muy anclada en la realidad y que resultará conocida a aquellos aficionados a la rumorología y la conspiranoia clásica.

Precisamente por esos motivos es que creo que esta no es una película para todo el mundo ya que no solo no sigue una narrativa lineal sino que encima es considerablemente, parca en «sustos» (algo raro en estas películas asiáticas de esa época, al menos las que nos llegaron aquí) y encima tarda mucho en llegar lo realmente bueno. Eso sí: la historia en sí misma alcanza un tono siniestro realmente envidiable y toda el clímax es tan intenso que la salva. De la misma forma, el formato de cámara en mano permite algunos trucos muy buenos a nivel de imagen, y es precisamente su estética de vídeo cutre lo que se convierte en una de sus principales fortalezas y termina dándole gran parte de su identidad.

A pesar de ser mucho más lenta y cerebral de lo que estamos acostumbrados, Noroi: The Curse es una muy buena película de miedo y un ejemplo de docu-terror de la vieja escuela casi desprovisto de efectismos y con un ambiente realmente desolador en su por otro lado muy eficiente clímax, en el que sabemos desde el principio qué ocurre pero en el que también encontramos sorpresas. Muy recomendable y una de las esenciales para tener una idea general de ese cine de terror que se hizo popular en nuestro lado del planeta contra todo pronóstico.

Reseña: Gonjiam: Haunted Asylum (2018)

Me gusta mucho cuando tengo ocasión de comerme mis propias palabras, porque si una cosa he dicho aquí muchas veces es que no me suele gustar mucho el subgénero de terror documental o metraje hallado, y sin embargo de vez en cuando me suelo topar con algunos ejemplos de este formato que me sorprenden tanto en lo que a oficio se refiere como a la parte de miedo. Es el caso de la surcoreana Gonjiam: Haunted Asylum (2018), de la que ni conocía su existencia hasta que la encontré en streaming y que me conquistó gracias a una premisa muy interesante y sobre todo muy bien ejecutada.

Confieso, eso sí, que comencé a verla con las expectativas muy bajas debido a que la idea principal me hizo creer que estaba ante una copia de la canadiense Grave Encounters (2011), película con la que comparte una premisa casi idéntica de un reality paranormal en el que un grupo se infiltra con cámaras en un hospital psiquiátrico abandonado en torno al cual se ha tejido una leyenda de fantasmas. Al igual que ocurría en la arriba citada cinta de The Vicious Brothers, la transmisión de este metraje originalmente es un timo pero termina siendo real para desgracia de los involucrados, quien se ven de repente acosados por la maldición del hospital sin poder abandonarlo.

Pero mi escepticismo duró solo en los primeros minutos porque luego la película va agarrando vuelo y personalidad propia mediante el empleo de algunos trucos de formato muy ingeniosos que entre otras cosas justifican muy bien el empleo del metraje continuo, como por ejemplo el hecho de que cada uno de los integrantes del grupo lleve una pequeña cámara que permite a la historia tener múltiples puntos de vista y le otorga así un dinamismo que este tipo de cintas por lo general no tiene. Es verdad que algunos de sus recursos están muy vistos, pero la película sabe manejarlos muy bien, sobre todo en una última media hora de auténtico infarto que funcionó por completo conmigo.

Pese a que nunca había escuchado de ella con anterioridad, Gonjiam: Haunted Asylum fue un gran éxito en su país de origen y milagrosamente no ha sido adaptada todavía en forma de un remake occidental, quizá por su semejanza con otras historias muy parecidas. Lo cierto es que me parece muy recomendable y si estás busando una cinta de metraje hallado que utilice bien sus arquetipos y construya una historia de terror efectiva y realmente pavorosa, este es muy buen ejemplo y una muy grata sorpresa.

Reseña: V/H/S 94 (2021)

Probablemente parezca difícil de creer, pero V/H/S 94 (2021) es una película que esperaba con muchas ganas, ya que este regreso de la saga de antologías de metraje hallado (producida y estrenada esta vez en la plataforma de streaming Shudder) fue precedida por un gran hype que auguraba un retorno al estilo de terror que la hiciera popular en su momento. Por desgracia el resultado ha estado muy por debajo de lo que esperaba, no solo en cuanto a la calidad de sus historias sino incluso en cuanto a su adherencia a la premisa principal, que en esta ocasión parece más bien un agregado superficial cuando antes era lo más importante.

Nuevamente tenemos un marco narrativo en el que un grupo de fuerzas especiales de la policía irrumpe en el escondite de un misterioso culto en el que encuentran un lote de cintas de VHS con siniestras historias de terror supuestamente reales. El hecho de ambientar la película en el año 1994, a decir verdad, no parece tener demasiada importancia y apunta únicamente a cierta estética nostálgica que se aprecia solo en una de las cuatro historias que incluye la antología, en la que un equipo de reporteros de una cadena local se adentra en el alcantarillado en busca de un monstruo de leyenda y termina encontrando más de lo que puede manejar. El resto de las historias son perfectamente atemporales, con lo que la premisa tampoco es que se aproveche mucho.

La verdad es que ninguna de las cuatro historias resulta muy memorable. La cinta tiene un gran acierto al incluir nuevamente al director indonesio Timo Tjahjanto, quien ya había trabajado en V/H/S 2 (2013), la mejor película de la saga, y su historia es lo suficientemente desquiciada y poco convencional para llamar la atención, pero es en el fondo una comedia gore que parece más bien una parodia del género de terror (este aspecto paródico, por cierto, está presente en los cuatro segmentos) y, sobre todo, no justifica su adherencia al formato de metraje hallado. A decir verdad, este fue mi principal problema con la antología en general: ninguna de las cuatro historias aprovecha realmente el punto de vista subjetivo más allá de la aplicación de un filtro a la imagen para darle su apariencia de videocámara noventera; todas ellas contienen planos elaborados, contraplanos y montaje preciso que sigue a los actores y a las escenas sin fallo alguno, con lo que en realidad cualquiera de ellas podría haber sido rodada con una perspectiva tradicional de tercera persona.

No me pareció tan terrible como la tercera entrega de la saga, pero esta nueva entrega de V/H/S ha terminado siendo una ligera decepción debido a lo poco memorable de sus historias y al triste desaprovechamiento de su premisa y formato. No he mencionado la historia que enmarca todo porque honestamente me pareció lo peor y con un nivel de calidad muy por debajo de todo lo demás gracias a sus actuaciones y valores de producción dignos de una parodia porno. Como antología contiene algunos pasajes e ideas interesantes, pero lo cierto es que mentiría si no dijera que esperaba mucho más de este regreso.

Reseña #900: Host (2020)

Pensé que nunca iba a llegar pero aquí estamos: la noningentésima reseña de Horas de oscuridad está dedicada a la película de terror que quizá haya explorado mejor el tema de la pandemia, en el sentido de aprovechar su ambientación en ella sin necesidad de usarla como fuente de terror en sí misma. Hablo por supuesto de Host (2020), dirigida por Rob Savage a partir de un cortometraje suyo y producida por el canal de streaming Shudder, que resultó ser no solo una sorpresa sino una las cintas de «metraje hallado» (término usado aquí en un sentido muy amplio) más exitosas de los últimos años y, en mi opinión al menos, una de las grandes del 2020. Sé que muchos probablemente estaréis en desacuerdo con esto último, pero espero que al menos podáis concenderme cierto grado de objetividad debido a que este es un formato que no me suele gustar a menos que se justifique de alguna manera.

Y vaya que lo justifica: en este caso la película está ambientada en plena pandemia cuando un grupo chicas recluidas en sus respectivas casas deciden hacer una sesión espiritista a través de Zoom, la cual por supuesto sale mal y hace que comiencen a ser acosadas por una presencia sobrenatural que se ha colado en sus vidas de la peor manera. La película está narrada, como todos sabéis ya, desde la perspectiva de la pantalla de ordenador de una de ellas, recreando además el ambiente de una manera ingeniosa y muy cuidadosa con el detalle; uno de los aspectos más interesantes y comentados de la película es que solo dura 65 min, todo en «tiempo real» y con la sesión del grupo contenida en exactamente 40 minutos, que es lo que dura una llamada gratuita de Zoom.

Por supuesto la idea de ambientar la película desde el punto de vista de una pantalla no es nueva, e incluso aquí ya hemos mencionado tanto Unfriended (2014) como su secuela, con lo que no nos pilla por sorpresa. Sin embargo, me atrevería a decir que la dinámica que presenta Host es un tanto distinta en cuando a que es mucho más contenida y limitada únicamente a los trucos posibles con este servicio de mensajería en concreto. Incluso logra colarnos un par de sustos y recursos nuevos que yo personalmente no recuerdo haber visto en otro lado por mucho que el resto de la historia sea algo que ya hayamos visto otras veces.

Esta es también una trama que carece casi por completo de «mitología», en el sentido de que la amenaza a la que se enfrentan sus protagonistas es muy básica y no recurre en ningún momento a investigaciones sino que se desarrolla toda en una única secuencia de miedo muy visceral que no obstante transporta al espectador a través de un tren de la bruja personal limitado a una pequeña pantalla. Es por eso que, tal como comentábamos en Unfriended, la idea de ver esta película en un portátil y no en una sala de cine es algo que no la perjudica sino que por el contrario juega a su favor, ayudando a meternos dentro de la historia y a en cierta manera compartir la experiencia que están viviendo los personajes.

Esta sensación de realismo y la perspectiva personal parecen ser los principales objetivos de estas versiones modernas de metraje hallado que han salido desde el éxito de Paranormal Activity (2007). Sin embargo, la idea de la que parte una película como esta distinta desde el momento en que se supone que lo que estamos viendo es algo que transcurre en tiempo real, por lo que el «metraje» al que nos referimos es algo que se va creando a medida que vamos viendo la película, y el hecho de que se haya estrenado en una plataforma como Shudder y no en cines hace que su corta duración no sea un problema. Habrá que ver si el auge de este tipo de servicios hará que ideas similares tengan cada vez una mayor presencia.

Con sus muy básicas ideas y recursos, así como por su sencillez argumental, Host quizá no sea la mejor película de terror del 2020, pero sí me atrevería a decir que es una de las más singulares y una prueba más de que el formato de metraje hallado puede dar de sí incluso a aquellos que como yo lo reciben con cierto prejuicio. Personalmente, salvo por un susto final bastante más cutre que todo el resto de la película, yo estoy dispuesto a abrazar de forma entusiasta estos trabajos viscerales e ingeniosos, y solo lamento que el hecho de que su pertenencia a una plataforma específica haya causado que no esté disponible con la misma facilidad que otras de sus contemporáneas.

Reseña: Murder Death Koreatown (2020)

Todos estamos de acuerdo en el hecho de que este ha sido un año difícil para los cines como establecimiento, pero en mi caso personal, si bien no he podido asistir tanto a salas como hubiese querido, esto me ha ayudado a toparme con algunos trabajos a los que normalmente no me habría acercado. En este sentido, el mayor «descubrimiento» que he hecho probablemente sea Murder Death Koreatown (2020), una película que cosechó un gran éxito en festivales durante el pasado verano y que con toda seguridad se convertirá en el nuevo found footage de culto y (esto no lo duden) una de las más destacadas películas de terror de este año que se acaba.

Siguiendo la estela meta-publicitaria de obras como El proyecto de la bruja de Blair (1999), gran parte de la gracia de esta película está en el misterio alrededor de su creación. Al hacerse pasar por algo genuino, la cinta no tiene créditos de director ni de guionista, y a pesar de que tiene títulos y música incidental (lo que la convierte en «película» en un sentido clásico), la trama parte de un hecho real al que parasita y explota para contar la historia de un hombre desempleado y posiblemente deprimido que se obsesiona con un crimen ocurrido cerca de su domicilio y comienza una investigación torpe y caótica. Esta búsqueda personal se convierte pronto en una muestra de conspiranoia que le aleja de sus semejantes a la vez que lo adentra en un misterio que parece estar solo en su cabeza. No digo más porque hay muchas sorpresas por el camino, pero aquí está un espectacular texto de Jorge Loser que deconstruye el maravilloso entramado de la película de una forma muy eficiente y sin recurrir a spoilers.

Al final probablemente sea eso lo más interesante, que si bien es cierto que tanto el crimen como la atmósfera son inquietantes y la película tiene alguna que otra escena de miedo, la trama realmente va sobre el «director» y como espectadores vamos presenciando la manera en que esta obsesión se apodera de él hasta el punto de que todo lo que ocurre parece provenir únicamente de su fijación con el tema y la absoluta torpeza y falta de criterio de su investigación amateur. Esto por un lado facilita la identificación que sentimos con él y al mismo tiempo aleja a la cinta de la ya muy manida estructura del found footage de nuestros tiempos que, como hemos repetido hasta el cansancio, muchas veces no es sino una excusa para justificar el cutrerío formal de películas de terror muy básicas hechas para sacar cuatro perras del aficionado medio.

En este caso ciertamente no parece que haya sido así; Murder Death Koreatown requerirá sin duda cierta dosis de paciencia por parte del espectador ya que no hay escenas de impacto ni concesiones al terror más convencional, pero tiene una logradísima atmósfera, una trama interesante y un manejo del horror mundano que se siente real a pesar de todos los enigmas sin resolver y el acabado tan poco efectista que ostenta. Véanla porque estamos sin duda ante uno de los trabajos más interesantes del año y uno que para variar no es nada difícil de conseguir, ya que sus creadores (sean quienes sean) la tienen disponible para alquilar por dos pavos en su canal de Vimeo, con subtítulos en varios idiomas.

Reseña: The Bay (2012)

Se hace raro ver el nombre del director Barry Levinson asociado a uno de estos productos menores de Blumhouse, pero de todas formas no creo que él en particular haya tenido que ver mucho con el estilo de algo como The Bay (2012). Lo digo porque en el fondo lo que esta nos ofrece no es distinto de otras obras del género de falso documental que hemos visto con anterioridad, y aunque creo que este visionado me ha dado alguna que otra perspectiva nueva, creo sinceramente que la disfruté más la primera vez que la vi hace ya ocho años.

En mi caso particular sospecho que el principal motivo de que se convirtiera en algo memorable para mí es el tema que trata, el descubrimiento en un pequeño pueblo costero de los Estados Unidos de un letal y agresivo parásito acuático que devora a sus víctimas desde el interior y que causa estragos en la población a medida que el gobierno local se muestra incapaz de lidiar con la pandemia de una forma efectiva. Como decíamos arriba, la historia está narrada como un falso documental amateur que mezcla noticias, videollamadas y vídeos caseros con la narración de una joven periodista que vivió los acontecimientos en directo. Hay que decir que la idea del parásito es no solamente buena sino que además se me hizo escalofriante al revelarme ciertas fobias y temores que no sabía que tenía, y en ese sentido algunas de sus escenas están muy bien conseguidas.

Esta idea de la que parte además se hace especialmente oportuna en la época actual, ya que el concepto de la pandemia que se sale de control y la frustración de los entes gubernamentales al verse incapaces de dar una solución a tiempo es algo que está muy presente en el imaginario colectivo ahora mismo, aunque aquí la cosa parece cobrar más el formato de una película de zombis o infectados en el sentido de que el mal se va propagando de forma rápida y sembrando el caos en una población que básicamente es dejada a su suerte por las autoridades. Por desgracia estas ideas son prácticamente lo único que tiene porque lo cierto es que The Bay es una película muy sencilla que no ofrece nada nuevo en este género tan trillado como es el del docu-terror, e incluso en ese sentido me pareció que su formato no estaba del todo aprovechado puesto que la estructura de la cinta está hecha alrededor de «escenas» que podrían perfectamente haber sido contadas desde una perspectiva tradicional con varios puntos de vista, con lo que ni siquiera está justificada su estética de falso documental y cámara en mano. La cinta incluso añade una subtrama de una pareja y un bebé que no aporta absolutamente nada al argumento principal más que una burda y obvia manipulación hacia la fibra sensible del espectador y su temor de que un bebé salga herido.

Este último detalle me reafirma en una posición que vengo defendiendo desde hace mucho y es que la inmensa mayoría de estos productos de terror documental (especialmente aquellos producidos por la omnipresente Blumhouse) no utilizan dicho formato como una decisión artística sino única y exclusivamente para ahorrar costes de producción ya que se pueden permitir un nivel de cutrerío formal que una película convencional no puede. De todas formas, la calidad de The Bay es probablemente superior a la de varias de sus congéneres, y aunque sea una película muy modesta y poco destacable, al menos su amarillista premisa le da un toque especial, por mucho que este no haya sido explotado de forma satisfactoria.

Reseña: Unfriended: Dark Web (2018)

Unfriended-Dark-Web

Unfriended: Dark Web (2018) es una película a la que le tenía ganas desde hace tiempo. El principal motivo es que soy una de las pocas personas a las que, por lo visto, le hizo gracia la primera parte, y debo decir que muchas de las cosas que me gustaron de aquella están también presentes en esta secuela, principalmente el gimmick de la perspectiva fija en la pantalla de un portátil y el desarrollo de la historia en tiempo real. Sin embargo, también es cierto que abandona muchos de los aspectos positivos de la primera y consigue un relato que pese a ser diferente es también considerablemente inferior por más de un motivo.

Uno de estos cambios, y algo que ya me había desilusionado un poco cuando vi el trailer, es el argumento: en esta ocasión la historia sigue a un joven programador que encuentra un portátil abandonado en una cafetería y descubre, durante una sesión de Skype con sus amigos, que dicho artefacto pertenece a un grupo de hackers que comercia con macabros vídeos en la llamada «dark web», el oscuro reino de internet fuera de los motores de búsqueda y donde se realizan todo tipo de terribles transacciones. Lo digo de esta forma tan ridícula porque la cinta lo presenta así; el lado oscuro de la red es mostrado aquí como un reino macabro en el que los protagonistas cometen el error de meter el pie, despertando así la atención de un grupo degenios criminales ocultos en las sombras y que comenzarán a acosarlos para recuperar aquello que les han robado.

Es precisamente en este punto donde se encuentra para mí el principal problema de esta secuela, y es que pese a haber abandonado el ángulo sobrenatural de la primera parte, la representación que hace tanto de la red oscura como de las habilidades de los hackers es muy poco realista y tan exagerada en cuanto a los por lo visto infinitos poderes de los acosadores, que bien podrían haber sido fantasmas desde el principio. Hay cosas positivas, sin duda; siendo justos, me gusta que se mantengan algunos aciertos de la original en cuanto al uso de verdaderos programas y plataformas como Skype, Facebook o Google (algo que le aporta cierto grado de legitimidad ante el público joven al que seguramente esta película está dirigida). También me gusta que mantiene ese ritmo frenético e imparable que la original tenía, pero el argumento es tan poco serio que en ocasiones se hace sonrojante, sobre todo en la forma en que son desapachados algunos de los personajes.

No voy a decir que no me gustó del todo porque lo cierto es que te mantiene interesado y logré verla de un tirón, cosa que no siempre me pasa. Pero no puedo negar que en ocasiones se siente como un remedo algo simplón de la primera parte, y mucho más impostada no sólo por la ingenua representación de la tecnología sino también por el empleo mucho más evidente de trucos cinematográficos que la hacen más similar a una película de terror del montón, hasta el punto de que incluso aparecen los logos de las productoras al principio, cosa que creo recordar no pasaba en la original. Es definitivamente una secuela muy inferior, y estoy seguro de que la buena prensa que recibió poco antes de su estreno por parte de varios portales dedicados al cine de terror tiene que haber sido un marketing pagado. No me lo explico de otra forma.