Reseña: Historia de lo oculto (2020)

Un programa de televisión en la Argentina de finales de los ochenta prepara en directo la que será su última transmisión, en la que intentarán revelar el contenido de una investigación vinculada al gobierno y cuya última pieza esperan hacer pública en directo. Ese es el punto de partida de Historia de lo oculto (2020), una maravillosa película que mezcla thriller político, conspiranoia, terror cósmico y ficción sobrenatural, y también una de las más interesantes entradas del fantástico latinoamericano en los últimos años.

Es difícil decir de qué se trata sin destripar detalles importantes de la trama, pero el párrafo de arriba resume de forma más o menos acertada lo que hay que saber. El resto va cayendo ante el espectador de forma gradual pero efectiva, a la vez que este no solo va descubriendo el misterio detrás del argumento de la película sino también sus decisiones estéticas o temáticas, tales como la ratio de aspecto de la pantalla (que va variando dependiendo de cosas que ocurren en ella), el uso alternativo del blanco y negro y el color, y por supuesto un subtexto abiertamente político pero abordado con inteligencia y sobre todo de una forma muy poco covencional.

Todo esto, además, tratado desde una perspectiva minimalista en el que mayor parte de las escenas tienen lugar en espacios cerrados, con especial atención a las muy intensas escenas que transcurren en el plató de televisión, las cuales se resuelven casi siempre mediante diálogos. El resto de las escenas, con los reporteros del programa haciendo su propia investigación, son las que contienen la mayor parte de las claves argumentales así como los elementos fantásticos, y aunque en un principio pareciera que sus salidas son un tanto arbitrarias, todo el entramado argumental va encajando poco a poco hasta desencadenar en un final muy bueno que no solo ofrece respuestas a lo que hemos visto sino que también abre un abanico de posibilidades muy grande.

Siendo sinceros, todo el principio se hace un poco difícil de seguir, lo admito, pero los que se queden serán ampliamente recompensados con una de las más estimulantes obras de terror (?) que he visto en mucho tiempo. Me ha volado la cabeza y siento que quiero verla otra vez lo antes posible. Tenía mucho tiempo que no veía una película capaz de emplear el fantástico para crear una analogía política tan apasionante y bien hecha, y aún así siento que hago un muy pobre trabajo recomendándola porque para hacerlo mejor tendría que hablar de las cosas que ocurren en ella cuando esta es una de esas películas a las que es mejor asistir en frío. No la dejen pasar.

Reseña: Aterrados (2017)

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Siguiendo poco a poco con mi objetivo de reseñar más cine de terror latinoamericano, Aterrados (2017) me llegó acompañada de un hype altísimo puesto que esta cinta argentina de Demián Rugna se ha llevado numerosos elogios allí donde se ha estrenado, calificándola como una de las más terroríficas películas de miedo en español de tiempos recientes. Si estas expectativas están justificadas o no es algo que cada quien tiene que decidir por sí solo, pero lo cierto es que me parece por encima de todo una película muy buena que sabe aprovechar sus recursos e influencias de manera discreta pero efectiva, además de tener todos los elementos para convertirse en poco menos que un clásico del terror del sur en los años venideros.

Su sencillo argumento (un trío de investigadores paranormales que estudian los misteriosos fenómenos que parecen aquejar a un barrio de Buenos Aires) la emparentaron a mis ojos con dos referentes que se me vinieron a la cabeza de forma inmediata: Poltergeist (1982), de la que toma el ángulo paranormal y pseudo-científico, y Ju-On: The Grudge (2003), a la que se asemeja en un principio por su terror pausado y enteramente visual pero sobre todo por su estructura fragmentada y la idea de una «maldición» que se extiende a todo aquel que entra en contacto con ella. Todo este trozo inicial, así como el desenlace, me parecieron grandiosos a nivel de terror, no sólo en el apartado visual de los fantasmas y las criaturas que aparecen, sino también por los conceptos que maneja de horror cósmico y que la elevan por encima de las más inocentes recreaciones sobrenaturales que el género nos ha dado en décadas pasadas.

Pero no vayáis a pensar que se limita a seguir las pautas de otras películas: Aterrados tiene su discurso propio y sobre todo una búsqueda personal a la hora de mostrar imágenes de criaturas imposibles, sobre todo una vez que se entrega a sus efectos especiales, algunos de ellos realmente sobresalientes para tratarse de una producción tan modesta. Pero además es reconfortante ver cómo la estructura de la película invita al espectador a atar cabos e ir armando el argumento dentro de su cabeza, sin condescendencias de ningún tipo pero también logrando una película accesible y nada pretenciosa. De hecho, si tuviese que señalar un único detalle que no me gustó, sería que toda la parte del medio con los investigadores paranormales se me hizo un tanto pesada y reiterativa, y me parece que quita tiempo a la parte de terror que es aquella en donde la película realmente brilla. Además, estas escenas están aderezadas con un cierto toque de humor que no siempre funciona.

Al final no estamos ante una película perfecta y probablemente no sea la obra maestra que han señalado varios críticos anglosajones (por lo visto se prepara un remake americano para el futuro próximo), pero sí es una película que merece la pena y que sólo por su principio y desenlace debería estar entre las imprescondibles del terror hispanoamericano de los últimos años. Su éxito además ha querido que tenga una distribución más que decente fuera de las fronteras de su país de origen, así que no tenéis excusa.

Reseña: Desde la oscuridad (2014)

Producción hispano-colombiana rodada en inglés, con una muy típica historia de fantasmas que involucra niños, un crimen del pasado sin resolver, y un terrible secreto por parte de un personaje cuyas consecuencias caen sobre sus descendientes, además de una típica estructura de la familia en peligro. Estos topicazos son los que llenan de lado a lado una película como Desde la oscuridad (2014), cuya única diferencia radica en su sonrojante ambientación en una exótica Colombia de postal turística que ya ha sido criticada por muchos, pero que honestamente me parece menos insultante que el montón de clichés que muestra su argumento.

Como mencionaba arriba, Desde la oscuridad abre con una pareja-joven-con-niño que viaja a la Colombia profunda para tomar el control de una fábrica fundada por el padre de uno de los personajes. De entrada la manera como representa todo un país en la forma de un pueblito idílico de casitas coloridas ubicado al lado de una selva es casi una broma, pero pronto observamos como público que el sitio no es tan idílico como pinta, puesto que la propiedad parece estar acosada por los fantasmas vengativos de unos niños con muy malas intenciones.

No hay que ser muy espabilado para ver qué pasa aquí, y todo aquel que haya visto algunas películas de este tipo adivinará de qué trata prácticamente desde el principio, y entenderá que la aparente prosperidad de la familia se asienta sobre un terrible secreto de explotación y miseria que se ha cebado con los habitantes del pequeño pueblo y que, por supuesto, no parará hasta que la ofensa sea vengada. Únicamente la ambientación en la selva colombiana cambia el registro, ya que todo lo demás es exactamente igual, desde la pareja joven hasta la madre coraje que defiende a su niña y que sólo así logra empatizar con la misión vengativa de los fantasmas. Para ser honestos, también es cierto que la cinta no hace grandes esfuerzos por ocultar nada de esto, así que supongo que es muy consciente de su general medianía.

Y ese es precisamente el problema: no hay nada aquí que no hayamos visto antes y mejor hecho, pero la película tampoco es tan mala como para resultar memorable por los motivos equivocados. Su desarrollo es muy sencillo, su ambientación ni siquiera es interesante y su supuesto mensaje social es demasiado obvio e ingenuo para tocar cualquier fibra. Si queréis ver algo en este estilo pero mucho mejor llevado a cabo, una gran recomendación es la muy superior El espinazo del diablo (2000), de Guillermo del Toro, esta incluso contada desde una perspectiva infantil que, honestamente, le habría venido mucho mejor a la cinta de la que hablamos hoy.

 

Reseña: La casa del fin de los tiempos (2013)

La casa del fin de los tiempos (2013) fue una película a la cual le seguí la pista desde el momento de su estreno, aunque por motivos de disponibilidad geográfica no pude verla hasta más de año y medio después. Algo que recuerdo de aquel entonces fue toda su campaña publicitaria en la que se aseguraba que estábamos ante la primera película de terror venezolana. Si esto es cierto o no es algo que no puedo asegurar ya que tristemente soy muy ignorante en lo que se refiere a cine de miedo hispanoamericano, pero si algo me quedó claro tras verla es que esta, en realidad, no es una película de terror al cien por cien: a pesar de su siniestro imaginario y del manejo de su argumento, la película es en realidad un ejemplo de cine fantástico de temática oscura pero que a la hora de la verdad parece más interesado en presentar una fascinación por lo desconocido que en explotar sus posibilidades de terror. En ese sentido, y a sabiendas de que quizás no lo esté explicando de forma clara, la película me trajo a la mente algunos ejemplos recientes del cine apadrinado por Guillermo del Toro, específicamente El orfanato (2007), con la cual comparte el tema de una madre buscando a su hijo desaparecido y lidiando para ello con una presencia que al menos en un principio parece sobrenatural.

Tengo que reconocer que esta película me gustó mucho más de lo que inicialmente esperaba, y creo que el principal motivo es que a pesar de la sencillez de su planteamiento (toda la película transcurre prácticamente en un único escenario de una casa oscura y laberíntica) es sin embargo un trabajo ambicioso que no trata al espectador como idiota sino que le permite ir armando él mismo la historia a través de una estructura de narrativa fragmentada, saltando de una época a otra intentando esclarecer la desaparición. Es en el misterio del niño desaparecido y la madre que lo busca desesperadamente donde se encuentran los únicos elementos de terror, puestos delante del espectador como una cortina ante lo fantástico que únicamente se revela al final. Espectadores más espabilados que yo muy probablemente pillen este desenlace desde mucho antes que se produzca, pero no fue mi caso y aún así creo que el misterio está muy bien construido. Ciertamente ayuda mucho el escenario de la casa, que está muy bien aprovechado, como aprovechada está también la actuación de su absoluta protagonista, Ruddy Rodríguez, quien me sorprendió con un trabajo sumamente natural teniendo en cuenta lo que hasta la fecha le he visto hacer.

No engañamos a nadie si mencionamos las evidentes aspiraciones comerciales de una película como esta, y su estructura es completamente mainstream no sólo por la presentación sino también por sus muy evidentes influencias, de las que sin embargo no abusa para nada. Pero al mismo tiempo se agradece que se haya tomado su argumento y su propuesta en serio y haya conseguido esquivar algunas de las trampas de trabajar con niños y la falta de naturalidad que muchas veces he visto en este tipo de productos, al menos en cuanto a actuación. A nivel técnico se notan a veces las carencias, sobre todo en el intento de envejecer treinta años a su protagonista, pero al mismo tiempo hay una compensación en el empleo de la casa como un sitio sin artificios de ninguna clase. Honestamente, considero que el cine venezolano necesita muchas más películas como esta, y en lo personal me agrada la idea de revitalizar para el cine de terror a mitos eróticos noventeros como Ruddy Rodríguez.

Curiosamente, y a diferencia de lo que suele ocurrir en estos casos, el desenlace es uno de los mejores detalles de La casa del fin de los tiempos, y aunque como decía arriba es probable que muchos lo vean venir (sobre todo si han pillado las referencias de la película) no por eso desmerece. Para mí el principal problema de este final es que desmonta el ambiente de terror tan eficiente que la película había construido, algo que por cierto también pasaba en El orfanato pero que aquí al menos es mucho más interesante. Vale la pena, así que echadle un vistazo.

 

Reseña: Somos lo que hay (2010)

Confieso que escuché hablar de Somos lo que hay (2010) únicamente por su remake americano que se ha estrenado este año. De lo contrario, muy probablemente no habría sabido de su existencia, lo que demuestra hasta cierto punto lo tremendamente aislado que estoy de las propuestas de cine de terror latinoamericano que nos han ido llegando. En esta ocasión ya sólo por el argumento me pareció atractiva: la historia de una familia de caníbales que habita en las barriadas de la capital mexicana y que se ven obligados a buscar la forma de continuar su macabro sustento cuando el patriarca muere de forma repentina en medio de la calle.

Esto que he comentado arriba es sólo la premisa inicial de una película que reconozco tiene grandes ideas, aunque la mayoría de ellas terminan siendo bastante alejadas del género que nos toca. De hecho, como película de terror encuentro que promete mucho más de lo que realmente da, y no serán pocos los que argumenten que no es en realidad una película de miedo sino más bien un drama social con uno que otro toque sangriento. A decir verdad, el director y guionista Jorge Michel Grau parece estar mucho más interesado en resaltar ciertos aspectos de la realidad socio-económica de los protagonistas y su mundo que su afición a la carne humana, detalle que está siempre relegado a un segundo plano y al que los personajes principales nunca se refieren de forma directa y explícita.

Tanto es así que el propio tema del canibalismo no es aprovechado en su faceta de impacto al espectador sino como simplemente otra manifestación del poder deshumanizante de la miseria y una puesta en evidencia del abismo entre clases de un país como México. En realidad, más que sobre la antropofagia es una película sobre la pobreza y el inframundo de las barriadas de D.F, una ciudad que se retrata oscura y decadente con sus policías corruptos, prostitutas vengadoras y bandas de niños ferales que le dan un ambiente casi post-apocalíptico. En medio de todo este caos y degradación, la presencia de una familia que mata para comerse a sus víctimas pasa a ser una simple rareza poco reseñable, como deja bien claro la primera escena en la que se muestra cómo pasa desapercibida la muerte del padre con una muy poco sutil carga de comentario sociológico.

Todas estas ideas están muy bien mostradas y son lo que probablemente llame más la atención de la película. El comentario social está plasmado de forma tan evidente que me pregunto hasta qué punto se habrá mantenido en el remake americano, aunque ya el trailer de este último augura una película muy distinta. El problema en este caso es que este discurso social predomina por encima de todo lo demás; la película se me hizo tremendamente aburrida y en ocasiones frustrante ya que deja abiertas muchas interrogantes acerca de la familia protagonista y está constantemente prometiendo cosas que nunca llegan. Como nota curiosa, eso sí, hay en esta cinta una evidente reverencia al fantástico mexicano con una clara alusión a Cronos (1993) de Guillermo del Toro, mediante la inclusión de un personaje de dicha película que vuelve a aparecer aquí, interpretado por el mismo actor y repitiendo prácticamente la misma escena, como para darnos a entender que ambas películas transcurren en el mismo universo. Un curioso y agradecido detalle para una película que es sin duda interesante, pero que puede terminar echando para atrás a más de un aficionado al terror de verdad.

Reseña: Juan de los muertos (2011)

Fácilmente catalogable como el primer clásico de medianoche del cine cubano, Juan de los muertos (2011) ha sido para mí no sólo una gratísima sorpresa este año sino también una serie contendora para una de las comedias de zombis más disfrutables de los últimos tiempos, algo nada fácil ahora que precisamente el cine de muertos vivientes se encuentra en uno de sus momentos más prolíficos. No porque sea una muestra de originalidad ni mucho menos, sino por la manera tan eficiente como logra trasladar el tema de lo zombi a un contexto completamente nuevo sin olvidarse de toda la tradición cinéfila que tiene detrás. Pero es también, por encima de todo, una cinta muy divertida que merece un lugar de honor entre las mejores comedias con cadáveres ambulantes de por medio.

El argumento es algo que sin duda habréis escuchado mucho antes de su estreno, con una epidemia zombi desatándose en la Habana y nuestro héroe Juan atrincherándose junto a sus amigos e intentando sobrevivir en un ambiente hostil a la vez que intentan sacar el mejor provecho de la situación. Algo que me ha parecido curioso, sin embargo, es la manera como la mayor parte del material publicitario (así como la mayoría de las reseñas que he leído desde su ya lejano estreno) hacen hincapié en dos elementos; el curioso «negocio» que monta Juan al desatarse la epidemia (básicamente, eliminar a tus seres queridos zombificados) y los toques de sátira política son a menudo destacados como si fuesen el tema central de la cinta cuando no es así. Ambas cosas, si bien están presentes, no conforman el principal discurso de una película que por el contrario cumple con cabalidad una estructura bastante típica de este tipo de cine, con los protagonistas refugiándose de la epidemia inicialmente, luego intentando sacar provecho y finalmente procurando huir lejos al desbordarse la situación.

No quiere decir esto que el director y guionista Alejandro Brugués haya renunciado al comentario social. Lo que ocurre es que si hay un «mensaje» en Juan de los muertos es uno que está por encima del tema político, y no es otro que la historia de un hombre que se define ante todo como «sobreviviente» y que honestamente no ve la epidemia zombi como algo más difícil que la ya de por sí azarosa vida en la nación tropical. En este sentido la película cuenta con un aliado increíble en la figura del actor protagonista Alexis Díaz de Villegas, quien está perfecto en el papel de Juan y transmite de forma increíble el candor que se oculta tras la aparente indolencia y parsimonia de su personaje. En realidad todos los personajes están muy bien dibujados, huyendo además de los estereotipos de este tipo de películas y dando la vuelta a algunos de sus más conocidos clichés y giros argumentales como la ya arriba mencionada dificultad de acabar con tus seres queridos o el típico problema que surge cuando un personaje es mordido y lo oculta al resto del grupo. Estos detalles, así como las sutiles referencias a otros clásicos de lo zombi como Braindead (1992) o el eterno debate entre los zombis lentos contra los rápidos, demuestran además que estamos ante una película con un genuino amor por el género que toca, y ante unos cineastas que evidentemente conocen el cine de zombis, y no simplemente otras parodias del cine de zombis.

Con todo esto, y si sumamos además unos niveles de producción bastante buenos y la nada desdeñable odisea de rodar el Apocalipsis en los escenarios más icónicos de La Habana, tenemos en Juan de los muertos una película entrañable que hay que ver y atesorar. Aquí en donde vivo llegó tarde, tras habérmela perdido en festivales y en su estreno original, pero la espera en mi caso valió la pena porque he salido encantado no sólo por lo divertida y tremendista que ha resultado ser, sino además por ese final tan genuinamente conmovedor que en lo particular me ha reconciliado con cierta visión de mundo más allá de lo meramente cinematográfico. Sinceramente, muy recomendable.

 

Reseña: La casa muda (2010)

La uruguaya La casa muda (2010), película de la que ya llevamos tiempo escuchando hablar, viene a revelarnos una importante carencia en el hecho de que es la primera cinta de terror latinoamericana que hemos reseñado en Horas de oscuridad, error que planeo enmendar en el futuro cercano. Lo que más se resaltó en el momento de su estreno fue, aparte de lo ínfimo de su presupuesto y lo minimalista de su puesta en escena (una joven que se hospeda junto con su padre en un antiguo caserío rural y es acosada por una extraña presencia que la hará pasar un muy mal rato) fue su factura técnica, ya que supuestamente su director, Gustavo Hernández, filmó toda la película casi sin diálogos y en un gigantesco plano secuencia cercano a los ochenta minutos. Esto, de entrada, os podemos revelar que no es del todo cierto, ya que hay claros momentos en los que se ha «ocultado» el corte entre una escena y otra (digamos que hay un motivo muy claro por el cual la pantalla se queda en total oscuridad varias veces).

Con todo y esto, es en el aspecto formal donde la película se hace más interesante; por mucho que el dichoso plano secuencia no sea real, la cámara se presenta como un personaje más que sigue a la protagonista de forma casi constante y en ocasiones parece tener incluso su propio punto de vista, como si fuese de manera consciente una ventana destinada al público, creando una sensación de inmediatez que se me hizo muy similar a la vivida en cintas como REC (2007). Pero no nos confundamos: en La casa muda no hay una voluntad de imitar el realismo de las películas de metraje hallado o falso documental. De hecho, la película en ningún momento intenta ser cien por cien realista ya que hay música incidental y la cámara juega en ocasiones a desorientar al espectador de forma premeditada pasando de la omnisciencia a la primera persona e incluso creando «planos» fijos y distantes en momentos muy específicos. Alguno de los lectores con mayor conocimiento del oficio cinematográfico que yo podría ahondar en esto, pero en verdad os digo que la forma narrativa de esta cinta es lo que más me ha gustado.

Esto nos lleva claro está al argumento, que como decíamos arriba, no es tan ingenioso. Aparte de ser una historia de casas tenebrosas de toda la vida, la casi perpetua oscuridad de la película reduce muchísimo el espacio y, lejos de proporcionar una sensación de claustrofobia, uniformiza la escenografía en pos de una supuesta atmósfera de desorientación que a mi juicio no se llega a construir de forma efectiva y hace que la cinta sea, francamente, bastante monótona por momentos. De hecho en determinados pasajes me ha recordado mucho a Los abandonados (2007) de Nacho Cerdá, en el sentido de que aquí también se va gran parte del metraje en mirar cómo los personajes exploran habitaciones oscuras con una linterna. A esto se suman algunos problemas de inverosimilitud ya que este deseo de investigación por parte de la protagonista parece privar por encima de la angustia que normalmente produciría un intruso en la casa, máxime cuando dicho invasor ha probado ya ser un asesino. Aunque claro, todo esto imagino que va en pos de los auténticos momentos de horror de la película, entre los que se incluyen varios de los más típicos clichés de cine de miedo como los falsos clímax, las fotos antiguas o las subidas de audio. Todos estos sustos a veces funcionan y a veces no. No es realmente algo demasiado destacable, pero la cinta tiene sus buenos momentos de miedo, y en algunas ocasiones consigue crear ese vínculo emocional con el espectador debido a la cercanía estética con la protagonista y su «realista» puesta en escena.

Por desgracia todo se echa a perder casi al final de la cinta con una revelación sorpresa absurda y tramposa que tiró por los suelos todo mi disfrute inicial. De no haber tenido este giro argumental y haber optado por una historia quizás más literal y «sencilla», La casa muda habría terminado siendo un interesante ejercicio de estilo y una entrada bastante solvente en el mundo del horror de ambientación rural. No voy a deciros cual es dicho giro final, pero si os advertiré que es de esos que hacen replantearse todo lo que ha pasado antes, por desgracia revelando las trampas de guión y ambientación diseñadas para engañar al público de una forma muy básica y tonta. Con todo y esto, esta película de Gustavo Hernández causó bastante ruido en su momento e incluso tuvo como consecuencia un remake americano que aún estoy pendiente de ver pero que por lo visto no se aleja demasiado del original.