Reseña: Doctor Sueño (2019)

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Con el pasar de los años y unos cuantos éxitos en su haber, Mike Flanagan se ha convertido no sólo en un gran director de horror, sino también en un nombre a tener en cuenta a la hora de hablar de adaptaciones del trabajo de Stephen King. En este sentido, Doctor Sueño (2019) era probablemente su mayor desafío como cineasta debido a las espectativas que había generado prácticamente desde que se anunció, puesto que sobre ella se proyectaba la enorme sombra de El resplandor (1980), que muchos consideran la mejor película basada en la obra de King y una que al propio escritor de Maine no le hace mucha gracia. Decir que sale airoso de esa prueba es poco; este nuevo trabajo de Flanagan (la cuarta adaptación de King que hemos visto este año) está planteada como una secuela de la película de 1980, pero es también una película que reconocilia hasta cierto punto la visión de Kubrick con la de King, sirviendo de homenaje a las dos y combinándolas de una forma que originalmente no creía posible.

Partiendo de una premisa que por momentos recuerda más al cine de superhéroes que a una historia de terror, Flanagan logra la nada fácil tarea de adaptar una novela que no sólo no está (para mí al menos) entre las mejores de King sino que parecía hecha deliberadamente para distanciarse de la adaptación cinematográfica de El resplandor y entroncar con su visión original de los personajes. Estaba claro que esta película no podía hacer lo mismo, y por eso Doctor Sueño se ve obligada a reinterpretar el material añadiendo algunas escenas, quitando otras, mezclando personajes y en general buscando nuevas salidas argumentales a escenas clave de la novela, lo cual en muchas ocasiones llegó a sorprenderme. Y por supuesto está lo más comentado, que es la manera en que Flanagan incorpora El resplandor a su película mediante escenas y flashbacks que no utilizan metraje reciclado de la cinta de Kubrick sino que la recrean con otros actores de una manera asombrosa e increíblemente detallista; ojo sobre todo a la magnífica caracterización que hace la actriz Alex Essoe, a quien vimos en Starry Eyes (2014), de Shelley Duvall.

Eso sí, las principales referencias aparecen sólo durante este tramo final, la cual por fortuna nunca destriparon en los trailers; el resto de la película es de Flanagan y muestra varias de sus constantes como director, incluyendo una estética y sustos que ya había explorado en su serie de La maldición de Hill House. También resulta interesante la forma en que reúne elementos de otras obras de King incorporándolas al universo particular del autor pero siempre manteniendo la historia en los muy definidos límites del enfrentamiento entre Danny Torrance y los villanos, especialmente Rose the Hat, interpretada aquí por Rebecca Ferguson quien tiene el que probablemente sea personaje más vistoso de la cinta.

Confieso que entré a ver Doctor Sueño con las expectativas un tanto bajas porque esta era sin duda alguna una tarea muy difícil pero he quedado gratamente sorprendido. Flanagan logra hacer los cambios necesarios a la novela de King y al hacerlo consigue cerrar un cisma de tres décadas entre las visiones de este y Kubrick, trayéndonos la que sin duda es no sólo la mejor adaptación de King que hemos tenido este año sino también una de las mejores en mucho tiempo, un sincero homenaje tanto a la cinta de 1980 como a su novela original. Pero además, y esto me parece que se dice poco, la calidad tanto de esta película como de El juego de Gerald (2017) y La maldición de Hill House demuestran que Flanagan es un director que sabe sacar joyas de material que no es precisamente fácil de adaptar. Sólo por eso habría que apreciarlo mucho más de lo que hacemos.

Reseña: In the Tall Grass (2019)

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En medio de todas las adaptaciones de Stephen King que nos han llegado (y nos seguirán llegando) este 2019, In the Tall Grass (2019) resulta una de las más modestas, pero al menos nos ha traído el regreso del director Vincenzo Natali, quien tras haber pasado los últimos seis años en el mundo de la televisión vuelve con un largo. Esta vez dirige y escribe una película basada en un relato escrito a cuatro manos entre King y su hijo Joe Hill, con resultados un tanto desiguales. Esto último sigue resultando una proeza porque lo cierto es que el cuento original es muy sencillo, lo cual obliga a la película a tomar su propio camino y convertir lo que era una historia bastante lineal y específica en un enrevesado relato fantástico que mezcla gore con paradojas temporales y terror cósmico, cosas que ya aparecían en el cuento original pero a las que aquí se les da otra dimensión.

Lo que tenemos en cambio es la historia de una pareja de hermanos que, durante en un viaje por carretera, cometen el error de parar junto a una iglesia en ruinas en medio de la nada y rodeada por un mar de hierbas altas que se extiende hasta donde llega la vista. Cuando escuchan dentro de la maleza los gritos de auxilio de un niño, los dos se adentran en la vegetación para luego, por un inexplicable fenómeno, no encontrar la forma de salir de un lugar convertido en un auténtico laberinto verde, uno además habitado por una presencia maléfica que los pondrá en peligro a ellos y a otros viajeros que han tenido la desgracia de caer en la misma trampa.

No he leído suficiente de la obra de Joe Hill como para hacer una valoración similar, pero hay muchas cosas en esta historia que remiten a la atmósfera típica de un cuento de Stephen King, empezando por esa locación de América profunda en la que transcurre el argumento y un ambiente que recuerda en muchos momentos a otros cuentos suyos más famosos como Los chicos del maíz. También vemos aquí otras constantes del propio Natali y una premisa que en muchas cosas se asemeja a su película más famosa, Cube (1997), con la que comparte la idea de desconocidos que deben colaborar así como la frustración de un laberinto cíclico del que parece no haber salida. Esos son sus detalles más interesantes y definitivamente aquellos en los que la película consigue sus mejores momentos. Hay escenas e imagénes sorprendentemente violentas para tratarse de una producción de Netflix, sobre todo considerando que sigue siendo un tabú cinematográfico cebarse con mujeres embarazadas. Por otra parte, todo el ángulo del horror cósmico, que era la base del relato de King, luce un poco abandonado y no tan atractivo ya que la película nunca llega a hacer nada interesante con ello, ni siquiera una vez llegado un final que definitivamente me pareció demasiado ligero para lo que la historia merecía.

A pesar de sus evidentes logros, In the Tall Grass me pareció poca cosa y ciertamente un estreno menor comparado con otras adaptaciones de King de este año como It: Chapter 2 (2019) o Doctor Sleep (2019). Con todo y eso tiene cosas muy rescatables, aunque su estructura y su eficacia como cine de terror queden un tanto en entredicho ante otros trabajos que han conseguido resultados mucho mejores basándose en ideas similares, del cual el mejor ejemplo para mí sigue siendo la muy superior Triangle (2009), cinta a la que hay que volver. Esta no ha estado mal, pero no creo que vaya a ser una que recuerde de aquí a un tiempo.

Reseña # 801: It: Chapter 2 (2019)

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Cerrando ya este muy postergado especial de reseñas octocentenarias, qué mejor oportunidad para soltar unas cuantas líneas sobre It: Chapter 2 (2019), segunda parte del binomio de adaptaciones de It y una de las tres (¡tres!) adaptaciones importantes que tiene pautadas Stephen King para este 2019. De esta forma, tras la ya reseñada Cementerio de animales (2019) y antes del estreno de Doctor Sueño (2019) el próximo mes de noviembre, esta segunda parte de la historia de Pennywise el payaso viene a cerrar la que probablemente sea la más ambiciosa película jamás hecha basada en la obra de King, al menos dentro del terror mainstream. Ha sido también, para mí al menos, una ligera decepción, y aunque la he disfrutado y tiene sin duda alguna innegables aciertos, no puedo dejar de pensar que me pareció seriamente menos aterradora que la primera parte y muchas de sus decisiones en cuanto a argumento y tono me parecieron cuanto menos insólitas e inexplicables. Intentaré explicarlo lo mejor que pueda.

Una cosa que me sorprendió de manera muy grata es que, a diferencia de aquella miniserie de 1990, esta versión de It se ha preocupado por hacer de sus dos entregas cinematográficas películas más o menos independientes, ya que la primera parte quedaba más o menos cerrada y perfectamente podría servir de agridulce final de la historia. En ese sentido, esta segunda parte es una secuela en toda regla, con el Club de los Perdedores regresando a Derry 27 años después para enfrentarse nuevamente a Pennywise y a sus propios demonios internos. Esta vez, sin embargo, están preparados, ya que uno de ellos, Mike, se ha quedado en Derry estas tres décadas recopilando historias acerca del ente detrás del payaso asesino y buscando la forma de destruirlo de una vez por todas. Agradezco que los responsables hayan decidido devolver a Mike su carácter de historiador aficionado, cosa que me extrañó ya que precisamente eso fue algo que se le arrebató en la primera parte.

Pero a pesar de esto que acabo de comentar, la película no está hecha exclusivamente desde la perspectiva de los adultos; por el contrario hay numerosos flashbacks de los mismos personajes como niños, escenas que por algún motivo no fueron incluidas en la primera película y que convierten esta entrega en una odisea de casi tres horas (creo que es una de las películas de terror más largas que he visto en mi vida) con una estructura bastante repetitiva: cada uno de los miembros del Club de los Perdedores tiene su propio encuentro con su pasado y por supuesto su propia escena con Pennywise. Sin embargo, una cosa que me llamó la atención es que incluso estas escenas están rodadas de una forma que resulta menos aterradora que la primera parte, y si bien los personajes son adultos, el horror sigue siendo en gran medida infantil y, salvo una escena del principio de la película, muy poco “serio”, algo que definitivamente no me esperaba y que hizo de la cinta algo mucho más ligero de lo que había esperado, incluso para una producción comercial como esta.

IT Chapter 2 trailer screen grab

A decir verdad, este cambio de tono con respecto a la primera parte puede que sea mi principal problema con esta secuela, ya que la cantidad de humor que han metido en prácticamente todo el metraje es demencial: prácticamente todas las escenas de terror tarde o temprano son desinfladas mediante un chiste, casi siempre proveniente del dúo de personajes interpretados por Bill Hader y James Ransone, que terminan convirtiéndose en los personajes mejor interpretados y en los protagonistas por defecto ya que todos los demás están sumamente desaprovechados y resultan bastante olvidables a pesar de contar con un elenco muy sólido.

Con todo y esto, hay definitivamente aciertos: uno de los más evidentes ha sido el de adaptación de la novela original de King y sus mayores derroteros fantásticos que quizás no hubiesen tenido cabida en una película de este calibre. Por el contrario el guión simplifica en gran medida tanto la mitología de Derry como la historia del propio Pennywise y deja varios aspectos de esta abiertos a la interpretación, por mucho que nos regale esa confrontación final con monstruo gigante incluido. Eso y un desenlace poderoso y emotivo que sabe tocar las teclas correctas y dar el cierre apropiado a una historia que se siente como algo familiar.

Esto último es algo que me parece clave porque lo cierto es que, posiblemente, las carencias como película de It: Chapter 2 tengan que ver con los cambios en la manera de consumir ficción por parte del público actual. Esta es una película que, al igual que la novela en que se basa, tiene un trasfondo argumental enorme, muchas subtramas que aprovechar y muchos personajes en los que hubiese sido interesante profundizar un poco. Todo esto me hace pensar que hubiese funcionado mil veces mejor como una serie de diez episodios que hubiese hecho justicia no sólo a la novela sino a sus propias posibilidades como historia de horror y relato de crecimiento. Tal como está me ha parecido entretenida y con un nivel de producción definitivamente superior al promedio de adaptaciones de King, pero también me parece una película intrascendente y muy por debajo de la buena impresión que causó en mí la primera parte. Y aún así, con todo y eso, forma parte de una dupla a la que habrá que volver y que espero que sea sólo el principio de un renacer de la obra de King en los cines. En eso sí que salimos ganando.

801. It - Chapter 2 (2019)

Reseña: Cementerio de animales (2019)

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Tras la buena racha de algunas adaptaciones recientes como It (2017) o El juego de Gerald (2017), la obra de Stephen King parece estar disfrutando de un nuevo aire comercial que ha llevado a los estudios a revisitar algunos de sus libros a través de nuevas versiones que por lo visto están siendo muy bien recibidas. Tal es el caso de esta nueva adaptación de Cementerio de animales (2019), la cual vino precedida por un hype altísimo incluso mucho antes de su estreno. Dirigida esta vez por Kevin Kolsch y Dennis Widmyer, los mismos de la excelente Starry Eyes (2014), esta nueva versión me ha parecido una muy buena forma de rescatar una de las mejores novelas de King, y aunque tiene algunos puntos en los que me ha decepcionado un poco, me parece en muchos sentidos una versión valiente que al menos ha sabido tomar algunos riesgos y tejer un discurso propio.

Y es que a pesar de que las opiniones encontradas, debo confesar que uno de los principales motivos por los que me ha gustado ha sido precisamente esos cambios que han hecho con respecto no sólo a la versión anterior sino también a la novela original del Stephen King. No es ningún spoiler porque es algo que ya se sabía desde el primer trailer: pese a que se mantiene la misma premisa base de la novela, en esta ocasión es el otro de los niños del matriomonio Creed quien muere dando inicio al principal conflicto del argumento. El cambio parece en un principio pequeño, pero por más que se haya intentado menospreciar en algunas reseñas que he leído, lo cierto es que esta alteración tiene un efecto significativo tanto en el desarrollo de la trama como en el tono que la película alcanza.

De hecho, una de mis principales quejas antes de ver la película era que me parecía que el trailer lo destripaba todo, pero al final estaba equivocado: lo cierto es que es sólo tras la muerte de dicho personaje cuando la película realmente “comienza”, y las consecuencias de enterrar al ser querido en el cementerio micmac son algo que influye todo este tercer acto y no sólo el clímax, como ocurría en la original. A partir de aquí la historia se convierte en algo muy distinto a lo que King quería contar, quizás con una menor carga dramática y quizás más deudora del horror de hoy en día, pero al mismo tiempo con un discurso propio y con algunas decisiones y momentos realmente horripilantes por mérito propio.

Siendo sinceros, me parece que el empeño que han puesto Kolsch y Widmyer en este tercer acto han tenido como consecuencia un tratamiento un tanto apresurado del material original, puesto que parece que todo lo que ocurre antes del accidente no es sino un muy largo preámbulo por el que parecen querer pasar lo más rápido posible. Esto hace que por el camino se pierdan algunos componentes dramáticos que resultaban esenciales en la trama tales como la relación paterno-filial entre Louis y Jud, que aquí está prácticamente dejada de lado (de hecho, Jud parece tener una relación más cercana con Ellie en esta película que con su padre). Pero otro lado, debo decir que me alegra mucho ver que hayan querido hacer algo nuevo con la novela de King en vez de limitarse a tocar las mismas teclas que la versión del 89, y aunque el final de la película puede que no convenza a muchos, lo cierto es que al menos consigue una seña de identidad propia que muy pocos de estos remakes suelen tener. A pesar de sus condescendencias a los clichés del horror comercial (básicamente toda la subtrama de Zelda) y de que en muchas cosas siento que no consigue superar a la versión anterior, pienso que esta es una película que ganará con los años y que ciertamente merece ser vista.

Reseña: Cementerio de animales 2 (1992)

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Pese a haber tenido un recibimiento crítico un tanto irregular, la primera Cementerio de animales (1989) fue un gran éxito que por supuesto tenía que tener una continuación. Tres años después, la misma directora Mary Lambert se puso al mando de Cementerio de animales 2 (1992), esta vez sin la participación de Stephen King y teniendo como resultado una película muy distinta que parece haber sido hecha al menos una década después de la original teniendo en cuenta el cambio radical en sus referentes. Es también por desgracia una secuela muy inferior a pesar de que intenta (en un principio al menos) explorar cosas nuevas basándose en la misma premisa del cementerio indio donde los muertos vuelven a la vida.

De entrada no hay lo que se dice muchas referencias a la original, a pesar de que por lo visto Mary Lambert deseaba originalmente contar una historia protagonizada por Ellie, la hija de Louis Creed y única superviviente de la película de 1989. En lugar de eso tenemos aquí a otra familia, un joven chico que se muda junto con su padre al pueblo de Ludlow tras la trágica muerte de su madre y que, por supuesto, entra en contacto con el cementerio indio a través de las leyendas locales. Una cosa que me gustó es que con todo y el cliché de su premisa hay decisiones muy acertadas, siendo la principal de ellas esa perspectiva de angustia adolescente que Lambert intenta dar a la película no sólo a través de la escogencia como protagonista del entonces en alza Edward Furlong sino también por medio de la estética grunge prácticamente dominante de la banda sonora. Este ángulo original se complementa también con el curioso giro que la película toma una vez desatado el componente sobrenatural, ya que esta entrega ahonda aún más en lo que ocurre con los muertos una vez que vuelven a la vida, a diferencia de la original en la que esto sólo ocurría durante el clímax.

Desgraciadamente esto es, diría yo, lo único realmente interesante de esta secuela. Una de las cosas más atractivas de la primera película, así como de la novela de King en la que se basa, era que el horror provenía de cierto componente dramático que hacía que todo lo que ocurría partiese del dolor de la pérdida que significa la muerte. Aquí parece haber algo de eso al principio, pero no está muy bien aprovechado. La película en cambio parece que prefiere recrearse en elementos de terror de toda la vida, y a pesar de que es considerablemente más violenta (hay más humanos muertos, muchos más animales muertos y hasta una escena de violación) en ningún momento llega a ser tan intensa como la original ni a transmitir esa sensación de absoluta fatalidad. Como ejemplo más evidente tenemos la figura del villano interpretado por Clancy Brown, cuya resurrección no tiene sentido según la lógica de la película y parece venir simplemente porque los personajes principales necesitan un antagonista a como de lugar.

No voy a decir que no tiene momentos memorables y que algunas de las ideas que maneja no son atractivas, pero en general Cementerio de animales 2 es una secuela bastante prescindible que deja pasar muchas oportunidades en beneficio de los clichés de una historia juvenil (con esos bullies llenos de un inexplicable odio que siempre parecen abundar en el cine americano), además de que precisamente el clímax de la cinta, que era lo mejor de la original, aquí es un absurdo de principio a fin. No es la peor de estas “secuelas” de King, pero está claro que no se sostiene ni siquiera por el componente nostálgico que sí parece haber contagiado a la del 89. Al menos esta también termina con una muy buena canción de The Ramones, Poison HeartComo una nota curiosa, el director del vídeo de dicha canción, Samuel Bayer, terminaría dirigiendo casi dos décadas después el remake de Pesadilla en Elm Street (2010), con lo que todo parece volver tarde o temprano al género de terror. 

Reseña: Cementerio de animales (1989)

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Esto es algo que ya he dicho en alguna otra ocasión, pero de todas las novelas de terror de Stephen King, Cementerio de animales es probablemente mi favorita, y todavía la que considero más terrorífica de todas, incluso por encima de otras más celebradas como El resplandor. Por supuesto, tampoco tardó en ser adaptada, y en 1989, seis años después de su publicación, ya teníamos esta película dirigida por la cineasta Mary Lambert y con un guión escrito por el propio Stephen King, quien por primera vez adaptaba su propio trabajo. El estreno de una nueva versión este mismo año es simplemente una excusa para hablar de ella, porque lo cierto es que la Cementerio de animales (1989) original es, pese a las opiniones encontradas en el momento de su estreno, una de las más sólidas adaptaciones del autor de Maine y una cinta que merece ser reivindicada por muchos motivos, ya que varios de los elementos que la hacen interesante no son muy comunes en el cine de miedo de su época o de cualquier otra.

Quizás por tratarse de un guión del propio King, la película sigue muy de cerca el argumento de la novela, con Louis Creed y su familia mudándose a una pequeña comunidad rural de Maine donde establecen amistad con su vecino y terminan descubriendo la historia de un misterioso cementerio indio donde todo aquello que es enterrado vuelve a la vida. Hay que decir que el argumento se mueve muy rápido y están constantemente sucediendo cosas a pesar de que los elementos de terror no llegan sino hasta prácticamente la mitad del metraje, cuando una serie de desgracias familiares hacen que Louis entre en contacto con el poder maléfico del cementerio. De todas formas, lo realmente atractivo de la historia se da en el apartado dramático: King ha comentado en muchas ocasiones que su principal inspiración para la trama fue el relato La pata de mono, de W. W. Jacobs, y se nota porque el principal tema de la película no es tanto el hecho sobrenatural como la incapacidad de sus protagonistas de lidiar con la pérdida que trae la muerte, un tema que se repite constantemente a lo largo de la historia y que al final de cuentas es lo que desencadena el horror.

De hecho, la principal carencia que tiene esta adaptación es que gran parte de la eficacia de la novela residía en la relación paterno-filial que se formaba entre Louis Creed y su vecino, Jud, algo a lo que el libro de King dedicaba tiempo y páginas hasta el punto de hacer mucho más creíble el momento en que el anciano decidía compartir con Louis el secreto del cementerio indio. Esto es algo que en la película se siente mucho más forzado, pero que en parte se compensa por el trabajo como actor de Fred Gwynne, a quien muchos conocemos principalmente como el padre de la familia Munster pero que aquí está genial hasta el punto de ser el alma de una película que muy probablemente no hubiese funcionado tan bien de no ser por su presencia. Todo este lado dramático también sirve para explicar por qué el tramo final de la cinta es tan efectivo a pesar de gran parte de sus escenas están rodadas a luz del día y sin grandes efectos de ambiente: todo lo que sucede en la trama es tan horrible que resulta en ocasiones difícil de aguantar, muy a pesar de sus obvias limitaciones técnicas y al reto que significa trabajar con niños.

Por supuesto no es una película perfecta y muchos de sus ingredientes no han aguantado tan bien el paso del tiempo. Personalmente, nunca me gustó mucho el actor protagonista y me parece que la subtrama del fantasma que le ayuda es algo que funcionaba en la novela pero que nunca terminó de cuajar en la pantalla. Pero en todo lo demás es una película destacable, con uno de los gatos más terroríficos que he visto jamás, una trama llena de momentos perturbadores que se quedan en tu memoria como la hermana minusválida de Rachel Creed, la escena de la muerte y funeral de un personaje central a la mitad de la película, y todo su tramo final que me parece realmente insuperable, además de que King no se olvida del lado festivo del horror al regalarnos en los créditos esa canción de The Ramones inspirada en la película. Si no la habéis visto, hacedlo antes de ver la nueva porque esta es una de las adaptaciones de King que realmente valen la pena, y una que además creo no ha recibido el trato que se merece, quizás porque se estrenó en una época en la que el mercado estaba saturado de películas basadas en la obra del autor de Maine, incluyendo trabajos ciertamente menos memorables pero que todavía persisten en nuestro imaginario personal.

 

Reseña: It (2017)

Convertida en el buque insignia del terror mainstream de este año, la nueva versión de It (2017) ha sido un éxito de taquilla fenomenal, algo que no debería sorprender a nadie no sólo porque se ha estrenado en el contexto más apropiado sino porque esta es una película especialmente diseñada y ejecutada para agradar no al aficionado medio de terror sino al público general, con todos y cada uno de los ingredientes que hacen exitosa una película de miedo en nuestros días, para bien y para mal. Con todo y eso, es probablemente una de las mejores y más interesantes adaptaciones de la obra de Stephen King de los últimos años, aunque sea porque en esta ocasión se nota el intenso trabajo que hay detrás y la auténtica voluntad de hacer de esta una película importante, al contrario de lo que tradicionalmente ha ocurrido.

Al igual que su predecesora de 1990, It cuenta la historia del pueblo maldito de Derry, Maine, que es asolado cada 27 años por la presencia de un mal ancestral que devora a los niños locales, y que se presenta ante ellos bajo la apariencia de un macabro payaso llamado Pennywise. Contrariamente a lo que hizo la versión televisiva, esta adaptación comienza de entrada con una decisión muy buena que es centrar la historia única y exclusivamente en la parte del argumento en que los protagonistas son niños y se enfrentan al monstruo por primera vez. Esta decisión no sólo otorga a la trama un único y más manejable arco argumental, sino que le permite jugar con unos referentes de miedo muy básicos que serán fácilmente reconocibles para cualquier público, tanto en lo referente al payaso (un impresionante Bill Skarsgård haciendo un trabajo muy distinto al de Tim Curry y convirtiéndose por derecho propio en una de las mejores cosas de la película) como a ciertos arquetipos más manejados: una muy típica casa del terror, monstruos salidos de pinturas y pesadillas que cobran vida.

Más arriba, cuando mencionaba que esta película se estrenaba en un inmejorable contexto me refería a que justo ahora, en 2017 (curiosamente, 27 años después de la última aparición de Pennywise en pantalla) el hambre de nostalgia por parte del público general y la edad del público objetivo de la primera versión de It aseguraban ya un éxito por otro lado predecible dada la popularidad de series de televisión como Stranger Things, con la que esta cinta se retroalimenta en más de una forma: aparte de contar con uno de los niños del elenco, se podría decir que dicha serie allanó el camino para el regreso triunfal del King clásico a la pantalla, y de no haber existido quizás esta película no habría tenido esta monumental acogida. Tal éxito, sin embargo, ha tenido un precio, que no es otro que el ostentar muchos de los vicios del terror sobrenatural destinado a los grandes públicos: sustos baratos, un uso excesivo de la música, una casi inexistente sutileza en cuanto a sus elementos de miedo, y en general una trama bien masticadita. Eso sí, debo decir que aunque sus responsables hayan eliminado gran parte del trasfondo de los personajes con el objetivo de hacer la trama más comercial y que hayan resaltado la historia de amor entre Bill y Beverly (llegando a convertir a esta en una versión algo molesta de una damisela en apuros), al menos me ha gustado el hecho de que no rompieran el misterio acerca de los orígenes del monstruo, quizás dejando esto para la inevitable secuela.

En definitiva, esta nueva versión de It quizás no llegue a convertirse en un clásico del terror de aquí a unos años, pero está muy bien hecha y tiene algunos momentos brillantes que ciertamente la hacen destacar en el panorama por lo general desolador que suele traer el cine de terror hecho por el Hollywood comercial. Resulta agradable ver, además, una adaptación de King hecha desde el respeto, y me pregunto si su éxito tendrá como resultado alguna especie de revival de otras de sus historias de miedo más populares. Es bien sabido por todos que el autor de Maine se encuentra en este momento enfocado en recuperar los derechos cinematográficos de varias de sus obras clásicas, con lo que esta opción no la descarto del todo. En cuanto a esta, a pesar de todas las quejas que pueda tener por su falta de sutileza y sus sustos fáciles, es una película demasiado bien hecha como para despreciarla; King se merece esto y más.

 

Reseña: It (1990)

Ahora que su nueva versión se ha estrenado, ha llegado la ocasión perfecta para revisitar It (1990) y con ello volverme a acercar a la que probablemente sea una de las más famosas adaptaciones de Stephen King llevadas a la pantalla, así como una de las películas de terror más populares para la gente de mi generación, una que por algún motivo persiste en el recuerdo de la mayoría como una pieza de miedo auténtica. Digo por algún motivo ya que vuelta a ver hoy en día cuesta creer por qué se la ha tenido en tal consideración, ya que se trata después de todo de una miniserie de televisión hecha en su momento para un público general y con muy escasas concesiones al género de terror incluso de esa época. Y sin embargo, esta obra de 1990 contiene muchos elementos que la hacen realmente atractiva no como historia de miedo sino como relato oscuro de aventuras, que es donde está realmente su fuerza.

Para aquellos que no estén familiarizados con ella, It es también una de las más emblemáticas novelas de King, publicada cuando el autor de Maine estaba en el punto más alto de su carrera como escritor best-seller, y que contiene además casi todos los ingredientes con los que es conocido: horrores ancestrales, la historia de un pueblo maldito (el ficticio poblado de Derry, que volvería a aparecer en varias de sus obras) y una exploración de miedos atávicos que hoy en día se han vuelto clichés como son la presencia de los payasos como iconos del terror, algo en lo que esta historia sin duda colaboró y que tiene en el trabajo de Tim Curry como Pennywise el que probablemente sea el elemento más recordado de esta miniserie.

Pero es un error centrarse únicamente en ello porque si bien el trabajo de Curry es impresionante e inyecta una enorme vitalidad en un producto que hubiese sido condenado a la medianía de no contar con él, lo que hace interesante a esta historia es para mí su estructura. Esta miniserie de tres horas está dividida en dos partes: una primera mitad que se enfoca principalmente en los personajes cuando son niños, y una segunda parte centrada en los mismos personajes ya de adultos, cuando deben enfrentarse nuevamente a Pennywise treinta años después. Hay que decir que la primera mitad, aquella de los niños, es muy superior a la segunda parte, quizás porque al ser una historia de terror con personajes muy jóvenes se hace más perdonable la ligereza con la que la miniserie aborda una historia por lo demás escalofriante acerca de un pueblo que vive una terrible maldición cada tres décadas y que implica niños muertos. Esta ligereza de la que hablo se extiende también a la figura del payaso, con el que Tim Curry consigue un magnífico trabajo que sólo es terrorífico por nuestro recuerdo infantil, ya que en pantalla se ve más cómico y no tan genuinamente perturbador. La figura de Curry, sin embargo, se ha convertido por derecho propio en la imagen más reconocible no sólo de esta miniserie sino que su influencia se ha extendido hasta la propia novela, ya que casi todas las ediciones que se publican de esta resaltan la imagen del payaso a pesar de que este es sólo una de las formas del monstruo y está de hecho algo sobredimensionado tanto en la miniserie como en la nueva película que se acaba de estrenar.

La segunda parte de It, aquella con los adultos, ya no es tan interesante sobre todo porque al abandonar el ángulo infantil se hace muy evidente el escaso énfasis en historia de terror y los muy sonrojantes momentos en los que puede caer. Todavía hay aspectos positivos en esta segunda mitad a nivel de historia, aunque me temo que estos sean mérito de la novela, la cual admito que leí hace ya un tiempo. Con todo y eso, es increíble como esta miniserie ha persistido en el recuerdo como un miedo de infancia de una generación específica que ha sabido perdonarle todas sus innegables carencias gracias sobre todo a su sentido de maravilla y su esquema de oscura aventura juvenil, haciendo que muchos terminaran de acercarse no sólo a la novela sino a la obra de King en general. Es una obra que se ha ganado su puesto aunque, tal como ocurre con la maldición de Derry, Pennywise haya tenido que regresar veintisiete años después. De ello hablaremos en la próxima entrada.

 

Reseña: El juego de Gerald (2017)

En una época en que el cine de terror mainstream parece estar más interesado en revisitar adaptaciones anteriores de Stephen King, el estreno de El juego de Gerald (2017) cae como una sorpresa. Por partida doble además, ya que se trata de uno de los libros más difíciles de adaptar del autor de Maine, y no habría apostado por ello de no ser porque el responsable tras las cámaras es Mike Flanagan, de quien ya hemos recomendado varios trabajos en esta página. Contra todo pronóstico, se trata de una adaptación bastante fiel, y aunque se queda corta en algunos aspectos, se trata en general de un trabajo muy sólido que al menos entiende de forma muy clara cuáles eran los temas que trataba la novela de King más allá del morbo de su premisa inicial.

Esta premisa, para aquellos que no conozcan la novela (cosa nada extraña ya que es una de las menos conocidas de King) trata acerca de una pareja que intenta recuperar su vida sexual pasando un fin de semana en una cabaña apartada de la civilización, donde el marido quiere poner en práctica una fantasía de violación a la que su mujer accede con ciertas reservas. La verdadera película de terror comienza cuando el marido sufre un infarto mientras su esposa está esposada a la cama, por lo que ahora la protagonista debe buscar la manera de sobrevivir y escapar de su inesperado cautiverio enfrentándose a la sed, el desgaste mental, alucinaciones y la inquietante presencia de un perro hambriento cada vez más osado.

Como decía arriba, en general se trata de una muy buena adaptación que ahonda en lo que es realmente importante, que no es otra cosa que el estudio del personaje principal y el cómo su situación funciona como una liberación no sólo de su cautiverio físico sino psicológico. La idea está muy bien planteada y se hace respetando en gran medida la obra original, tanto en los diálogos (muchos de ellos calcados del libro) como en el universo particular de su autor incluso en sus facetas más desagradables como esa visión del sexo como posible arma de subyugación. Una de las mejores decisiones de Flanagan en este sentido ha sido el abandonar en gran medida la representación realista de la trama y optar por mostrar en pantalla el desdoblamiento psicológico del personaje principal, incorporando una segunda Jessie y un segundo Gerald que interactúan con ella pero que sólo existen en su mente, lo cual hace dudar al espectador de aquello que estamos viendo. Este juego ya había sido empleado por el director en su anterior película Oculus (2013), aunque de otra manera.

Los problemas que puede tener El juego de Gerald se deben, en mi opinión, a una cuestión de formato, desde las aspiraciones comerciales de una película hecha para Netflix hasta la necesidad de hacerla más digerible para un público general. Es sin duda más osada que la mayoría de las adaptaciones que he visto de King, y aunque no vaya a ser una de las mejores, sí creo que es una que será más apreciada con el tiempo. Con todo y eso me hubiera gustado ver a un Flanagan más desatado y formalmente atrevido, sobre todo para poder apreciar a una actriz como Carla Gugino, absoluta protagonista que tiene en esta película uno de sus mejores trabajos hasta la fecha. Recomendable sin duda.

 

Reseña: Carrie (2013)

Decir que el mundo no necesitaba otra versión de Carrie es quedarse cortos; no sólo porque la película original de Brian de Palma sigue teniendo vigencia y popularidad hoy en día, sino también porque Stephen King ha sido durante años lo suficientemente prolífico como para darnos muchas obras dignas que nunca han sido llevadas al cine. Pero por lo visto alguien debe haber pensado lo contrario, así que tras un par de retrasos nos llega finalmente esta nueva versión cuya principal diferencia parece ser que es la primera dirigida realmente a un público joven; es la única hasta la fecha en la que el papel principal es interpretado por una actriz adolescente (puesto que Sissy Spacek y Angela Bettis tenían 26 y 28 años, respectivamente, cuando hicieron sus películas).

El tiempo pasado desde entonces no ha animado a nadie a hacer grandes cambios. Salvo ciertos detalles pequeños destinados a ambientar la historia en nuestra época (principalmente el tema del cyber-bullying) esta nueva Carrie sigue la misma historia de las demás, centrándose en una joven que descubre sus poderes telequinéticos y los usa para vengarse de aquellos que la han martirizado. Algo que me sorprendió de esta nueva versión fue lo fiel que ha resultado ser al argumento de la novela, incluyendo varios elementos que por lo general habían sido dejados de lado, aunque sigue estando muy centrada en la trama del culebrón adolescente y el conflicto de Carrie con las chicas populares de su instituto. Sin embargo, ya acercándonos al tramo final, la película sí que hace hincapié en el argumento de la telequinesis, aunque lo hace de forma frívola, más cercana al género de superhéroes que a la historia de terror de King. En ese sentido no deja de ser curioso que uno de los chicos protagonistas sea el mismo de Chronicle (2012), película que tiene precisamente con Carrie muchos puntos en común.

Pero claro, la principal pregunta sigue siendo qué es lo que separa a esta versión de las anteriores. En realidad, muy poco. Hay quizás una mayor preocupación por el tema de los efectos especiales, que se consigue a costa de quitarle todo atisbo de seriedad al argumento. Aunque debo reconocer que hay cosas que me agradaron y que ciertamente no me esperaba, sobre todo en el tema de las actuaciones. Chloë Grace Moretz como Carrie no lo hace tan mal como creí que lo haría, aunque muy previsiblemente la mayor parte de su trabajo aquí está en fingir ser menos guapa de lo que es. Quién por el contrario resulta sorprendente es Julianne Moore en el papel de la madre, quizás la presencia más genuinamente perturbadora y la única figura de auténtico terror de la película, muy diferente a la interpretada por Piper Laurie pero a la vez completamente coherente con el universo de Stephen King. Es de agradecer también que la cinta haya recuperado el paralelismo entre el descubrimiento de los poderes de Carrie y el despertar de su sexualidad, algo que referencia tanto a la película de De Palma como a la novela original.

En realidad, el mayor problema que le veo a esta versión es que no intenta hacer nada interesante con su argumento y no aporta absolutamente nada que no haya sido ya hecho por la versión del 76, limitándose a reproducir su trama con desgana y escasa creatividad (resulta insólito ver, por ejemplo, a una adolescente en pleno 2013 haciendo una investigación en una biblioteca). La cinta intenta suplir todas estas carencias con la secuencia final de la masacre perpetrada por Carrie en el baile de graduación, un desborde de efectos especiales que emula a la cinta del 76 añadiendo un enfoque tan hiperdramatizado que se hace complemente risible y ridículo, con la protagonista haciendo muecas y gestos que banalizan completamente todo lo que ocurre y convierten la secuencia en algo lamentable, aparte de ese “susto final” que sale literalmente de la nada. Aunque suene como un cliché, echad un vistazo a la original o mejor aún leed la novela de Stephen King, que resulta mucho más interesante que esta plana y olvidable versión. En lo personal pienso que tiene que haber un motivo más para ver una nueva Carrie que simplemente complacer a un público que no le gusta ver “pelis antiguas”.