Reseña: Ready or Not (2019)

Me la perdí en su momento así que tuve que recuperarla recientemente, y pese a que tenía las expectativas muy altas tras los entusiastas comentarios que había escuchado, Ready or Not (2019) terminó siendo incluso mejor de lo que esperaba. Muy similar a la también recomendada por aquí You’re Next (2013), al menos a nivel de premisa y ambientación, pero también más inclinada hacia la comedia negra y llena de momentos entrañables gracias sobre a su fabulosa protagonista Samara Weaving, quien acapara toda la atención con su figura de novia ensangrentada huyendo de una turba de asesinos.

La película también participa de otro arquetipo narrativo muy popular en el cine de terror como es el de un personaje que debe luchar por su vida como parte de un juego, en este caso además una especie de ritual en el que la rica familia del novio de la protagonista monta una cacería en la que persiguen a sus nuevos potenciales miembros, cacería con consecuencias muy reales y que pone de manifiesto no sólo esa violencia lúdica que hemos visto en otros trabajos sino también una nada disimulada sátira social contra los ricos y la explotación de gente a la que consideran prescindible. Esto la emparenta, curiosamente, a la también reciente The Hunt (2019), que se estrenó más o menos por la misma época y que tenía una premisa similar aunque en esta de la que hablamos ahora está mucho más inclinada hacia la comedia, algo que he agradecido porque la verdad no me la esperaba tan divertida.

Pero si la película funciona es sobre todo gracias a dos detalles que me llamaron la atención desde el primer momento. El primero es el espectacular ambiente que consigue con ese caserón recargado de objetos y lleno de pasadizos secretos e iluminada casi por completo por candelabros. El segundo es por supuesto la protagonista Samara Weaving, quien lleva en sus hombros todo el peso de la película y que tiene aquí probablemente su mayor y mejor lucimiento hasta la fecha. Algunos de los mejores momentos de la película son gracias a ella y su actuación aporta en gran medida ese tono de comedia que tan bien le sienta y que, insisto, no esperaba que estuviera tan acentuado porque la cinta es considerablemente violenta y en ocasiones cruel con sus personajes a pesar de que abraza el absurdo de su premisa de forma muy simpática.

La dejé pasar en su momento porque en la ciudad donde vivo no se estrenó ninguna copia en versión original, pero estoy muy contento de haberla recuperado. Ready or Not es una película divertidísima y que sabe manejar la comedia negra de manera muy efectiva, pero también es mucho más inteligente de lo que parece y estoy seguro de que sus responsables harán grandes cosas. Recomendadísima.

Reseña: Noche infernal (1981)

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Siguiendo con la poda de mi lista de pendientes cayó este menor pero simpático slasher de la edad de oro, y si digo menor es porque Noche infernal (1981) es principalmente recordado hoy en día por contar con Linda Blair como protagonista y final girl, con una historia un tanto atípica en la que un grupo de jóvenes universitarios deben pasar la noche en una gigantesca mansión abandonada si desean pasar a formar parte de una fraternidad. Dicha mansión, por supuesto, tiene una terrible leyenda detrás, una que en un principio todos se toman como un juego pero que termina teniendo un asidero real cuando un asesino comience a cargárselos uno por uno.

Esta curiosa premisa tiene un efecto estético muy interesante y tan ingenioso que dudo mucho haya sido intencional, y es el combinar la estética típica del relato gótico (los jóvenes van vestidos de época como parte del ritual) con los giros narrativos del slasher: un asesino silente del cual vemos muy poco, el elenco de jóvenes libidinosos y la ya clásica regla que dice que aquellos que tienen sexo, mueren. En este sentido el elenco es un acierto porque todos ellos resultan de lo más simpáticos y los numerosos toques de humor crean un contraste marcado con una película violenta incluso para los estándares de su época, aunque los efectos especiales ciertamente no estén a la altura de clásicos como Viernes 13 (1980) o My Bloody Valentine (1981), ambas muy superiores.

Donde sí que parece querer desquitarse es el ángulo sexual y en la explotación consciente de sus personajes femeninos, incluso de Linda Blair, la única cara conocida del elenco y que comparte protagonismo con el marcado escote que luce durante todo el metraje, si bien al ser la chica final es quien más recatada se muestra. Este énfasis en la carga erótica probablemente tenga mucho que ver con su director, Tom DeSimone, un hombre que venía de una larga y fructífera carrera como realizador de cine porno y para quien esta película resultó su mayor paso en busca de la legitimidad como autor. Pese a su contenido, esta fue la cinta más comercial de su carrera y lo más cerca que llegó a realizar entretenimiento familar.

De haberse hecho unos años antes, Noche infernal probablemente habría resultado más famosa, pero precisamente a principios de los ochenta el cine de terror tuvo una avanlancha de slashers memorables que se han quedado en nuestra memoria. A pesar de eso, resulta de lo más disfrutable y tiene una energía genuina que se mantiene incluso durante su apresurado e intenso final. Si eres alguien que disfruta con este tipo de cine y especialmente el de esta época en particular, yo diría que le des una oportunidad.

Reseña: You Might Be The Killer (2018)

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A pesar de que podría perfectamente ser uno de los conceptos más divertidos que han parodiado el género slasher desde hace mucho tiempo, You Might Be The Killer (2018) pasó prácticamente desapercibida incluso entre los fanáticos de este tipo de cine de asesinos enmascarados. En parte es entendible al ser una película muy modesta, y si bien es probable que no la recuerde mucho de aquí a unos años, sigue siendo una propuesta muy recomendable que conoce el subgénero que está parodiando, y tiene innegables recursos por mucho que superficialmente pareciera jugárselo todo a una única carta, en este caso su singular premisa.

Esta premisa a la que me refiero es la de un grupo de instructores de un campamento de verano que de repente comienzan a ser acosados por un asesino, historia que se nos cuenta desde el punto de vista de un hombre que, en medio de la persecución, llama a una amiga por teléfono pidiendo ayuda y explicando la situación en la que se encuentra. La amiga en cuestión, una dependienta de videoclub experta en películas de terror, va escuchando el relato de lo que ocurre y le revela a nuestro protagonista no sólo que está pasando por todos los lugares comunes del género slasher, sino que a juzgar por los giros de todo lo que ha pasado y las convenientes lagunas de memoria de su relato, es muy posible que él mismo sea quien se esté cargando a sus compañeros.

A partir de aquí la película se convierte no sólo en una lucha por la supervivencia, sino también en una investigación por parte de nuestro protagonista de descubrir la verdad acerca de lo que está pasando y por qué no puede recordar los momentos clave de su situación, todo por supuesto aderezado por un casi constante ángulo metanarrativo en el que tanto el protagonista Sam como su amiga Chuck van interactuando al teléfono y agregando el omnipresente elemento cómico de un trabajo que nunca llega a tomarse a sí mismo en serio. Parte de este desparpajo y del ingenio de la premisa tiene por supuesto que ver con sus orígenes: uno de los aspectos más publicitados de esta película es el hecho de estar basada en una conversación de Twitter (¡!) entre los escritores Sam Sykes y Chuck Wendig, que simularon toda esta conversación y en quienes están obviamente inspirados los personajes principales.

Pero es que aparte de sus innegables virtudes cómicas, incluso como slasher la película tiene sus aciertos, siendo incluso capaz de construir una mitología propia a pesar de que su asesino está claramente inspirado en todos los clichés de este tipo de cine, máscara de madera incluida. Como decía arriba, no es algo que vayamos a atesorar en el futuro, pero es una cinta muy divertida cuyo ritmo no decae en ningún momento, tiene dos protagonistas con una gran química (Alyson Hannigan nunca falla en ese sentido) e incluso su componente meta termina siendo mucho más disfrutable de lo que podría haber esperado en un principio. Vale la pena así que echadle un vistazo.

Reseña: Child’s Play (2019)

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Decir que la nueva Child’s Play (2019) ha sido una sorpresa es quedarme corto porque la verdad no esperaba que me fuera a gustar tanto. Mis expectativas en el momento en que se anunció estaban bajísimas, principalmente por la forma tan distinta en que replanteaba su premisa y al mismo tiempo decidía mantener los aspectos más icónicos del diseño original. Finalmente esta aparente contradicción ha resultado ser una de sus mayores virtudes, y aunque falla en muchos aspectos, se trata de una película muy entretenida a la que se le puede sacar mucho jugo ya que toma su propio camino que en nada se asemeja a la saga de Don Mancini, la cual no olvidemos continúa teniendo su vida propia.

Como todos sin duda sabéis ya, en esta ocasión nuestro muñeco asesino Chucky no es un juguete habitado por el espíritu de un psicópata. Es más, ni siquiera es humano; se trata de un robot de compañía, un asistente virtual defectuoso que ha perdido todas sus inhibiciones de comportamiento y que sólo desea ser el fiel compañero de su dueño Andy y protegerlo, pese a que los métodos que usa para ello incluyan asesinatos. El prólogo de la película en el que cuentan el origen de Chucky en una distópica fábrica china es glorioso y algo sin duda muy coherente no sólo con lo que quiere contar la película en sí sino también con la cinta original de 1988, la cual también dejaba colar su sutil puya al mercantilismo. Reconozco que ya desde el principio quedé enganchado ya que el origen de Chucky tiene cierto componente de arbitrariedad que le sentó muy bien e hizo de la historia algo sencillo y fácilmente extrapolable al contexto de entretenimiento nostálgico al que la cinta hace referencia, como bien demuestran cosas como la paleta de colores o el jersey rojo de Andy que nos trae al recuerdo la estética claramente Amblyn de la que esta película hace gala.

El apartado estético es algo que también tiene su significado y que justifica decisiones que en un principio yo ninguneaba; una de las cosas que me hacían desconfiar de este remake era que sus creadores habían mantenido en gran medida el diseño original de Chucky a pesar de haber cambiado sus orígenes, pero incluso esto tiene un propósito mayor. El diseño del muñeco y su comportamiento hacen de él un ser anacrónico y desfasado (hay incluso un chiste recurrente a lo largo de la cinta en cuanto al inminente lanzamiento de otro modelo superior) que hasta cierto punto es poseedor de cierta inocencia que se ve corrompida por sus dueños humanos. La relación entre Chucky y Andy al principio de la película tiene cierto componente de ternura hasta el punto de que como público hasta llegamos a sentir pena por un robot que sólo busca complacer a su dueño en todo y que termina infectándose de la trivialidad con la que los humanos reciben la violencia; en este sentido una de las mejores secuencias de la película es cuando Chucky observa las hilarantes reacciones de sus dueños a las escenas más sangrientas de La matanza de Texas 2 (1986), un sutil pero brillante ejercicio metanarrativo que elevó la película un poco más ante mis ojos.

Por supuesto está muy lejos de ser perfecta ya que sigue siendo en muchos sentidos una película un tanto chapucera que nunca llega a explotar del todo sus posibilidades y que peca en muchas ocasiones de invoresímil y ambigua en cuanto al alcance de los poderes de Chucky, especialmente en las escenas que incluyen un enfrentamiento físico con el muñeco. Pero esto es algo que la cinta sabe muy bien ya que nunca llega a tomarse a sí misma demasiado en serio. Por el contrario, es un divertimiento muy básico aunque bastante violento, y un remake que pese a todos sus problemas ha sabido sacar algo muy distinto de la original y abrirse su propio espacio. Espero sinceramente que esta nueva Child’s Play tenga algún tipo de continuidad ya que hay mucho potencial que explorar y considero que este ha sido un primer paso más que eficiente. Si eres fan de la saga original deberías sin duda alguna echarle un vistazo.

Reseña: Leatherface (2017)

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Después de mucho tiempo esperando la oportunidad finalmente pude echarle un vistazo a Leatherface (2017), hasta la fecha octava película en la saga de La matanza de Texas, y el resultado no ha sido del todo como me esperaba. Pese a las malas críticas que tuvo en su momento, la verdad es que es una película inofensiva que en muy poco se diferencia de las decenas de survival horror que solemos ver por aquí, y paradójicamente la mayor parte de su metraje tiene muy poco que ver con la cinta original o cualquiera de sus entregas anteriores. De todas formas, para mí lo más interesante siempre será como a pesar de haber servido de inspiración a gran parte del terror moderno, la película de Tobe Hooper de 1974 se resiste a ser convertida en una franquicia de éxito por mucho que Hollywood lo siga intentando cada cierto tiempo.

En esta ocasión tenemos una precuela (sí, otra vez) que promete, al menos de entrada, contar el origen de la familia Sawyer. Digo de entrada porque la película realmente no va de eso sino que tras un episodio inicial de violencia que involucra lo que intuimos es un Leatherface niño la cinta hace un salto temporal de varios años pasando a la historia de unos psicópatas que se fugan de un manicomio, sin hacer mención alguna a los eventos transcurridos en el prólogo y dejando prácticamente abandonada la trama de la familia de caníbales que hasta la fecha había sido el punto en común de todas estas películas.

Este cambio argumental es interesante por varios motivos; el primero de ellos es que pronto nos damos cuenta de que la identidad de los jóvenes escapados del manicomio se nos oculta de forma deliberada invitando al público a intentar adivinar cual de ellos es Leatherface lanzando numerosas pistas falsas, aunque considero que dicha revelación es algo que queda bastante claro prácticamente desde el principio. El otro aspecto curioso es que la nueva trama de fuga del psiquiátrico y la persecución por parte de la policía (incluyendo un sheriff que desea vengar la muerte de su hija) emparenta a esta precuela ya no con la saga original, sino con varias de las cintas que esta ha inspirado, sobre todo a Los renegados del diablo (2005) de Rob Zombie, con la que existen claros paralelismos que terminan trazando un círculo perfecto de influencias que al menos para mí fue lo más memorable de todo.

Digo esto último porque la pirueta referencial es prácticamente lo único que tiene. Como película, Leatherface es un trabajo definitivamente menor, con algunas actuaciones decentes como la de Lili Taylor en un breve papel como la matriarca Sawyer, un nivel de violencia bastante alto (algo que siempre me parecerá curioso porque la original es una cinta que sólo es gráfica en el recuerdo de la gente que la ha visto) y una trama fácil ede seguir que se pasa rápido. Pero es también tremendamente superficial, inofensiva y sobre todo innecesaria ya que al ser una precuela tiene el problema de que todos sabemos cómo va a terminar, lo que al menos para mí mata cualquier interés que pueda tener en los protagonistas. No es la peor entrega que se ha hecho, y al menos está a años luz de su predecesora inmediata, pero al final no es más que otro intento fallido por explotar comercialmente una saga que nunca tuvo la intención de ser considerada como tal.

Reseña: Black Christmas (2019)

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Abrimos la tríada de reseñas navideñas de este año con Black Christmas (2019), tercera versión del clásico de Bob Clark de 1974 que ya había visto un remake del 2006 dirigido en aquella ocasión por Glen Morgan. Ahora, cuarenta y cinco años después del original, esta nueva adaptación cae en las manos de la directora Sophia Takal, quien además escribe un guión que reinventa por completo la película; estamos ante una nueva versión que no solamente no se parece en nada a las dos encarnaciones anteriores sino que tampoco tiene que ver nada con la Navidad. Por el contrario, Takal y su coguionista April Wolf construyen una alegoría marcadamente feminista muy alejada del protoslasher de Clark y más al estilo de otras muestras de horror con protagonistas femeninas como Satan’s School for Girls (1973), The Slumber Party Massacre (1982) y la versión original de The House on Sorority Row (1983), a la que me recordó muchísimo ya incluso desde sus primeros avances.

A decir verdad, este subtexto feminista del que hablo arriba es probablemente lo más interesante que la película tiene, algo que debe haber estado muy claro para sus realizadoras teniendo en cuenta lo destacado y explícito que está. Si bien es cierto que la Black Christmas (1974) original también hacía mención de temas políticos de su época, esta nueva versión lo subraya tanto que su trama termina yéndose de las manos. La cinta balancea una cantidad impresionante de temas, desde la crítica a los típicos roles de género, la cultura de la violación, el estereotipo del Macho Alfa universitario y la representación de la mujer en los estudios clásicos, así como la valoración de la sororidad por encima de todo y lo hace de una forma tan frontal y carente de sutileza que se convierte ya desde el principio en su principal muestra de identidad hasta el punto de hacerla parecer una parodia. Para que lo tengáis claro, imaginaos una de esas películas de propaganda cristiana pero sobre las principales causas del feminismo, con escenas y diálogos tan evidentes en su intención que, honestamente, se me hicieron imposibles de tomar en serio.

Por si fuera poco, la campaña publicitaria parecía haberla dañado de forma muy especial debido a un espantoso trailer que destripaba casi toda la película, aunque después de haberla visto me he dado cuenta de que no ha sido completamente así porque el misterio acerca de quién está matando a las universitarias y por qué es algo que se ve claramente en los primeros diez minutos, y además se nos aclara en más de una ocasión de forma literal: personajes explicando mediante diálogos lo que está ocurriendo, como si hubiesen considerado que el público no se enteraría de otra manera. Todo esto es algo que estaba dispuesto a pasar por alto sin problemas hasta que llega el tercer acto y la película toma un giro sorpresa (el único, por cierto, que no te contaban en el trailer) que cambia la naturaleza de la cinta por completo pero a partir del cual parecen haberse dado por vencidos, desembocando en una confrontación final con los villanos que parece más bien una sátira en lugar de una cinta de terror.

Creo que lo que más me ha decepcionado es que los primeros minutos prometían algo mucho mejor. Como decía arriba, el ángulo feminista de la película, aún con su inexistente sutileza y claro sermoneo, era al menos su punto más destacado e interesante, pero el acabado final es tan cutre y poco serio que termina dañando toda su promesa inicial. Además, la cinta es tremendamente light en su intento por alcanzar una clasificación de edad PG13, por lo que ni siquiera podemos argumentar un disfrute superficial de un slasher común y corriente. Me temo que esta será una de esas obras que algunos rechazarán por los motivos equivocados, despotricando de su explícito tono político en lugar de sus poco aprovechados recursos, su guión que raya en la autoparodia, y lo ilógico de muchas de sus salidas argumentales. De momento, y a juzgar por los comentarios que he leído sobre ella, es algo que por desgracia está pasando.



Puede que la de hoy no haya valido la pena, pero recuerda que todavía puedes votar aquí por tus favoritas de este año que se acaba.

Reseña: El culto de Chucky (2017)

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Mientras otras sagas han ido decayendo al repetir el mismo esquema una y otra vez, Chucky sigue dando batalla, y con esta séptima entrega, El culto de Chucky (2017), su creador Don Mancini intenta explorar nuevas vertientes de terror con una película muy distinta a todas las que se hayan realizado antes del muñeco diabólico. El experimento no termina de funcionar del todo, pero sus grandes ideas nos demuestran al menos que esta es una saga que todavía tiene cosas que dar, y una que demuestra cómo es que ha conseguido resucitar en más de una ocasión.

Esta vez Chucky regresa para acosar nuevamente a Nica, protagonista y superviviente de la película anterior, quien ha sido culpada por la masacre de La maldición de Chucky (2013) e internada en un psiquiátrico. Esta ambientación es doblemente conveniente no sólo por proveer al muñeco de un mayor número de víctimas sino también porque regresa en cierto modo al esquema original de Child’s Play (1988) en la que se jugaba con la idea de la incredulidad en cuanto a la naturaleza del personaje; Nica, quien con los años ha llegado a convencerse a sí misma de su culpabilidad, debe no sólo enfrentarse otra vez al muñeco sino también al personal del psquiátrico que no le cree.

Pero el mayor cambio no es ese, sino la forma en que Mancini utiliza esta ambientación como excusa para desatar todo el material que ha aprendido durante su etapa como guionista en la serie Hannibal, de la que toma tanto la representación de los psicólogos como villanos como esa estética elaborada y limpia, completamente distinta al resto de la saga, así como la incorporación de escenas y secuencias surrealistas que rompen con el tono más o menos realista que habían tenido estas películas hasta entonces. También echa mano de la nostalgia al traer de regreso a personajes de cintas anteriores interpretados por sus actores originales, sobre todo Alex Vincent en el papel de Andy, quien ya había tenido un cameo al final de la cinta anterior pero que aquí tiene una participación mayor. Y sin duda, del detalle más interesante es un giro argumental en cuanto a los poderes de Chucky que muy probablemente sus fans hayan imaginado desde hace mucho tiempo pero que hasta la fecha no se había utilizado.

Este último detalle es lo mejor porque abre la saga a un sinfín de posibilidades que se encuentra muy por encima de un argumento caótico y una estructura un tanto apresurada que muestra las debilidades de la película, como si Mancini hubiese balanceado todas las interesantes ideas de su premisa sin preocuparse por brindarnos una trama unificada. Y aquí es donde está lo malo; a pesar de sus aciertos, El culto de Chucky es una película dañada por su ambigüedad, que hace que por momentos no sepamos realmente a donde va y que llegado a un punto simplemente termina de forma abrupta. Mancini ha dicho en reiteradas ocasiones que este no es el fin de la saga sino que esta continuará muy a pesar de que este año vimos un remake que la empezaba de cero. Lo cierto es que para el 2020 ya ha sido confirmado el regreso del muñeco en forma de una serie de televisión que continuará la trama de esta película y, quizás, le de un final satisfactorio y una continuidad de sus posibilidades. Es rara e inusual para los estándares de Chucky, pero creo que precisamente por eso vale la pena.

 

Reseña: 3 From Hell (2019)

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Llegué a pensar que nunca se realizaría, pero 3 From Hell (2019), el esperado cierre de la trilogía iniciada por La casa de los 1000 cadáveres (2003) y Los renegados del Diablo (2005), finalmente llegó a la cartelera generando algunas reacciones encontradas pero sin el impacto de otras obras de Rob Zombie. Considero que es ante todo la película que Zombie sentía que tenía que hacer, la que su público aparentemente le estaba pidiendo, la continuación de su película más famosa y aquella por la que es más conocido como director. También es una que ha llegado tarde, cuando parecía que Zombie había evolucionado hacia otro tipo de cine que pese a que me parece más interesante, no estaba obteniendo lo que se dice buenos resultados ni ante la taquilla ni ante la crítica.

Recuerdo que una de las principales preguntas que me hacía era cómo se iba a justificar esta nueva entrega dado que la anterior tenía un final cerrado que en mi opinión no daba para más. Zombie decide, curiosamente, no justificarse de ninguna ya que el trío de asesinos de la familia Firefly sobrevive milagrosamente a la lluvia de balas con la que terminó la película anterior y van a dar con sus huesos a la cárcel, de donde dos de ellos, Otis y Baby, logran escapar una década después gracias a otro de sus familiares a quien conocemos por primera vez y con quien van dejando un rastro de cadáveres en su camino hacia la frontera.

La trama, muy básica y poco creativa a decir verdad, sí que introduce una evolución de los personajes afectados por el tiempo pasado en prisión; mientras que Baby parece haberse vuelto más loca y agresiva después de su cautiverio, Otis parece un personaje mucho más taciturno que sólo desea dejarlo todo atrás y escapar junto con su hermana. Esta evolución es quizás el lado más atractivo de un trabajo basado principalmente en la nostalgia y que se sostiene sobre todo gracias a las actuaciones, ya que aparte de un eficiente clímax que transcurre en un pueblo mexicano de cartón piedra, la verdad es que esta película no aporta realmente nada a la saga. De hecho, parece más bien como si la hubiesen realizado en base a material nunca rodado de la segunda película, a la que inevitablemente termina perjudicando al reducir el impacto de su glorioso final.

Como decía, se sostiene prinicipalmente por las actuaciones ya que todo el elenco está muy bien, incluso Richard Brake, a quien ya habíamos visto en 31 (2016) y cuyo personaje sustituye en cierta forma a Sid Haig debido a que el precario estado de salud de este último le impidió tener una mayor participación. La despedida del Capitán Spaulding y la muerte del propio Haig poco después de terminar el rodaje ha sido sin duda uno de los aspectos más comentados de esta producción, y uno que tristemente ha terminado por marcar su identidad ya que la mayoría de los aciertos de la cinta son cosas que ya se habían visto en Los renegados del diablo, de la que hace cuatro años hicimos una retrospectiva. Del resto, aunque esta es una película que me gustó y que contiene muchos de los elementos que hacen de Zombie un director muy especial, considero que es un trabajo que ha llegado a destiempo cuando el público al que se dirige está ya en gran medida insensibilizado ante este nivel de violencia. De hecho, me juego lo que queráis a que a la mayoría del público actual le jodió más que Baby se pusiera un tocado de plumas indígena que cualquiera de las depravaciones que la película muestra.

 

Reseña: Happy Death Day (2017)

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No la pude ver en su momento ya que no se estrenó ninguna copia en versión original aquí donde vivo, pero ahora que finalmente ha caído ante mis ojos considero que el principal mérito de Happy Death Day (2017) ha sido quizás el haberle dado un interesante giro argumental al ya muy conocido arquetipo del slasher juvenil. Como ya sin duda sabréis, esta película cuenta la historia de una chica que descubre estar reviviendo una y otra vez el día de su cumpleaños, uno que inevitablemente termina siempre con su muerte a manos de un asesino enmascarado que la acecha en el campus universitario y que parece tener una desquiciada fijación con ella.

El recurso del bucle temporal al estilo de El día de la marmota (1993) es, lo sé, algo que se ha hecho muchas veces, pero al menos lo hace de una forma efectiva. Lo mejor de todo es que, al igual que ocurría en dicha película (a la que por cierto se menciona directamente en un par de ocasiones) el fenómeno del día que se repite nunca es explicado, y puesto que nunca sabemos exactamente por qué la protagonista está pasando por dicha situación la cinta se ahorra explicaciones que sin duda habrían sido insuficientes. Otra cosa en la que ambas obras coinciden es que la mayoría de los elementos con los que juega esta premisa están aprovechados en su vertiente cómica. De hecho, llamarla comedia de horror es quedarse corto; la balanza está tan inclinada hacia la comedia, que clasificar a esta película dentro del género de horror se siente un poco arbitrario.

Gran parte de este tono lo da no sólo la locación universitaria sino la actuación de su protagonista, Jessica Rothe, a quien no recuerdo haber visto en nada más pero que lleva la película prácticamente sola y basa la mayor parte de su performántica en un humor de auto-vejación metiéndose totalmente en su papel de chica problemática y vulgar que por supuesto termina redimida gracias a su experiencia, algo por otro lado muy característico de este tipo de historias. El fenómeno del bucle en el tiempo es algo que curiosamente termina teniendo poca importancia frente al propio conflicto moral de la protagonista y su muy predecible subtrama de comedia romántica con un chico que termina por supuesto convirtiéndose en su principal aliado.

Muy ligera, intrascendente y sumamente light, pero también muy divertida y honesta, Happy Death Day fue un gran éxito de taquilla durante su estreno, sobre todo entre el público juvenil, cosa que no me extraña para nada ya que cuenta con muchos elementos que han funcionado muy bien en películas anteriores, y no necesariamente dentro del género de terror. Una vez más, la gente de Blumhouse demuestra que sabe cómo producir estos trabajos de consumo rápido. Por supuesto este año se estrenó una segunda parte que, según he leído, está aún más inclinada hacia la comedia, algo que pienso comprobar lo antes posible.

Reseña # 799: The Funhouse (1981)

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Como la primera entrada de este trío de reseñas centenarias, hoy toca hablar de The Funhouse (1981), conocida en España como Carnaval del terror y en Latinoamérica como La casa de los horrores. Sea cual sea su título, esta película estrenada en los albores de los slasher films es además una de las más conocidas obras del director Tobe Hooper, y un clarísimo intento por repetir el éxito que este consiguió con La matanza de Texas (1974). De hecho, las dos cintas tienen muchas similitudes en cuanto a argumento, personajes y situaciones, hasta el punto en que me atrevería a decir que las mayores diferencias entre las dos se encuentran en el tono y la estética empleada.

Esto último trae consigo una interesante paradoja, y es que si bien se trata de una película mucho menos brutal y violenta que su antecesora, se da el caso de que resulta al mismo tiempo una de las más logradas ambientaciones de Tobe Hooper, y uno de los más eficaces trabajos de fotografía y diseño de producción con los que el director tejano contó en toda su carrera. La sencilla trama (un grupo de jóvenes que quedan atrapados en la casa del terror de una feria y son acosados por un asesino deforme) se ve elevada gracias a una estética colorista que engalana la película de principio a fin y que termina siendo tan importante y terrorífica como el argumento o la violencia, bien poca y dosificada. En este sentido no deja de ser importante el hecho de que la primera muerte tiene lugar casi a la mitad del metraje y que la persecución de los chicos por parte del asesino tiene una justificación, ya que los jóvenes son testigos involuntarios de un crimen y se convierten por ello en blanco de los feriantes.

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La explosión de color de su estética y producción y los parecidos evidentes con la primera película de Hooper (el elenco de jovencitos, un asesino deforme y mentalmente limitado, así como la presentación de los villanos como un sádico clan familiar) sirven asimismo como un anticipo de lo que el director llegaría a hacer, ya que La matanza de Texas 2 (1986), realizada apenas cinco años más tarde, vendría siendo una especie de combinación de las dos cintas. Es también un buen ejemplo de un cine de terror que se hacía cuando los slasher films aún no estaban completamente definidos como género, ya que se producen un buen número de situaciones dramáticas y un énfasis en el argumento por encima de la acción, al menos al princpio ya que la historia termina en un clímax en el que la final girl se enfrenta al asesino principal a través de una larga e histérica secuencia en las entrañas mismas de la casa.

Con todo y eso, y a pesar de su fama, no es esta una de las mejores películas de Hooper ni mucho menos, no sólo por su relativa ligereza sino porque incluso su premisa sabe a poco, sobre todo teniendo en cuenta su tendencia a diluir el terror con elementos que no le aportan nada, como una subtrama con el hermano menor de la protagonista que no lleva a ningún lado. Si hoy en día es recordada es principalmente debido a su impresionante estética de feria y por haber puesto en escena un mundo de terror colorista que veríamos reproducido más adelante en muchos trabajos que resultarían superiores. Aún así es evidente la influencia que esto tuvo y que sigue teniendo incluso hoy en día, con directores como Rob Zombie construyendo prácticamente todo un universo de terror alrededor de la idea del circo como escenario de miedo y de cómo un Tren de la Bruja puede pasar a ser realmente tenebroso sólo cuando deja de funcionar y se convierte en un peligro real.

Ya para terminar un detalle curioso que no conocía y que sólo he aprendido recientemente: esta película fue incluida en aquella famosa lista de Video Nasties de Reino Unido, a pesar de que es considerablemente más light que el resto de sus integrantes e incluso dentro de la filmografía de Tobe Hooper. La explicación que muchos esgrimen a esto es que fue confudida con la cinta Last House on Dead Street (1977), la cual se estrenó originalmente como The Fun House, y que curiosamente no aparece en la lista a pesar de ser mucho más violenta. Esta de la que hablamos hoy sigue siendo una cinta importante y definitivamente una que vale la pena ver, pese a que aquellas obras que ha inspirado con los años me parezcan mucho mejores.

799. The Funhouse (1981)