Reseña: Spiral (2021)

Otra de esas que me perdí a su paso por cines a pesar de que me daba mucha curiosidad, Spiral: From the Book of Saw (2021) fue una de esas películas que llegaron más o menos por sorpresa ya que casi nadie habría esperado un regreso de una saga que ya había tenido una secuela tardía que pasó sin pena ni gloria. El resultado esta vez tampoco ha destacado mucho, y debo decir que en lo personal habría sido más bondadoso con ella si no fuera porque en su momento intentaron venderla como algo más que otra secuela de Saw (2004), cuando en realidad eso es exactamente lo que es. Sus diferencias, de hecho, son superficiales y casi siempre relacionadas con lo que no tiene.

Con esto lo que quiero decir es que lo primero que salta a la vista es sus carencias en cuanto a ser parte de la saga original ya que la premisa es la misma, una serie de crímenes aparentemente realizados por un imitador de Jigsaw y que esta vez tienen una cosa en común: todas las víctimas son policías corruptos, en concreto los policías de un precinto específico, lo cual sugiere un misterio que deberá descubrir el protagonista, un Chris Rock en un papel serio e inusual dentro de su carrera.

Pero como decía, lo más llamativo es lo que esta película no tiene: la ausencia de Jigsaw y por extensión del actor Tobin Bell, quien había aparecido en todas las entregas anteriores aunque fuera por medio de flashbacks o recursos cada vez más rebuscados es algo que al final se siente y le quita a la película parte de su identidad. La idea de que el asesino es otro también se machaca mediante el empleo de otra voz (mucho menos tenebrosa y efectiva), otra marioneta y el símbolo de la espiral que se convierte en un nuevo tema recurrente, todas estas son cosas que parecen apuntar a un intento de distanciarse un poco de la saga original pero que al final son aspectos puramente superficiales porque todo lo demás es más de lo mismo, incluyendo el giro final que revela a un villano poco inspirado y definitivamente inferior. Si algo positivo se puede rescatar esta vez es que el regreso como director de Darren Lynn Bousman (probablemente el cineasta más emblemático de la saga) hace de este un trabajo ligeramente más atractivo que el de varias de las secuelas anteriores, pero poco más.

Y sin embargo, a pesar de que no puedo decir que sea una buena película, lo cierto es que tiene muchas cosas que me hicieron disfrutarla, sobre todo la intensidad del trabajo actoral de Chris Rock, quien por lo visto es un gran seguidor de la saga y se involucró de lleno en la producción. Esto último nota porque de todo el elenco es probablemente el que se lo toma más en serio. Si te gustaron las anteriores esta es una que sin duda te va a gustar también ya que pese a los sutiles cambios estéticos y temáticos, mantiene las constantes de la saga que ya conocemos como esa carnavalización de la violencia y los giros argumentales en el desenlace. Pierde un poco de fuelle al final y varias de sus sorpresas se ven venir desde muy lejos, pero me ha dado más de lo que esperaba de ella y eso es algo muy positivo.

Reseña: May The Devil Take You Too (2020)

El director indonesio Timo Tjajanto regresa con esta secuela de la excelente May The Devil Take You (2018), estrenada apenas dos años después de la original y repitiendo básicamente la misma fórmula con un toque añadido de terror juvenil. Me ha sorprendido porque si bien resulta inferior a la primera parte, sigue reteniendo gran parte de sus aciertos y dinamismo, y es solo quizá su negativa a buscar algo nuevo lo que hizo que no me convenciera tanto, especialmente considerando el curriculum de su director como uno de los nuevos valores seguros del cine de terror actual.

En esta ocasión tenemos a la misma chica sobreviviente de la primera parte (fantástica Chelsea Islan retomando su papel) dos años después de haber enfrentado a lo sobrenatural y viéndose nuevamente arrastrada a ayudar a un grupo de jóvenes víctimas de una maldición, que por supuesto da con todos ellos reunidos en otra casa abandonada en medio de la selva y enfrentándose a una presencia demoníaca que los va poseyendo y ante la que solo se puede responder mediante la violencia extrema.

El resumen de la trama debería dejar claro desde el principio que las principales señas de identidad de la primera parte se mantienen en esta continuación, desde el tono frenético y ruidoso hasta su evidentísima influencia de The Evil Dead (1981), con la que comparte asimismo sus ocasionales toques de humor (no tantos como en la película de Sam Raimi, pero casi). De hecho el elenco mayoritariamente hecho de jóvenes la hace incluso más parecida a esta, así como el castigo que recibe su protagonista, muy similar al de Ash en aquella saga e incluyendo asimismo un gag con la propia mano que resultará fácilmente reconocible. Por desgracia el tremendo parecido con la primera parte también hace que termine siendo comparada con esta, y en ese sentido la secuela sale perdiendo: es un tanto menos alocada que la primera, con una (aparente) menor cantidad de recursos. También tarda mucho en arrancar y cuando lo hace terminas dándote cuenta de que la historia es menos interesante y vistosa.

A pesar de todo May The Devil Take You Too (2020) es una cinta de terror muy divertida y si como a mí te gustó la primera esta es una que sin duda vas a disfrutar. A decir verdad el único aspecto que sí me pareció mejorable es su duración; las dos horas de metraje se sienten y esta misma historia contada en 90 minutos habría ganado muchísimo. Pero al final del día esta es una queja menor porque sigue siendo muy simpática, solo que no tan buena como la original. Ya han anunciado que habrá una tercera, y si es con la misma gente involucrada estaré ahí para verla sin dudarlo.

Reseña: Ringu 2 (1999)

Tras el fracaso taquillero de Spiral (1998), sus responsables decidieron hacer una secuela completamente nueva de Ringu (1998) como si aquella nunca hubiera existido, contratando nuevamente al director Hideo Nakata y empleando un guión completamente alejado de la obra literaria de Koji Suzuki. Es así como llegó al año siguiente Ringu 2 (1999), la verdadera secuela oficial y una que, contrariamente a su predecesora, abraza sus componentes de terror de manera mucho más explícita. Aunque la considero claramente inferior a la primera parte, no se puede negar que marcaría el camino por el que la saga habría de seguir, ya que todas las continuaciones posteriores de una u otra manera han tomado la lección de esta de la que hablamos hoy.

El argumento es también un reboot en toda regla, con la misma protagonista de Spiral (aquí interpretada por otra actriz) iniciando su propia investigación acerca de lo ocurrido a los personajes de la primera película. Es importante mencionar también que a diferencia de lo que ocurría en la otra secuela, en esta sí que vuelve la misma protagonista de la Ringu original junto con su hijo, y que su participación resulta mucho más importante para la resolución del misterio que rodea al fantasma de Sadako y sus verdaderas intenciones más allá de la muerte.

A partir de aquí la trama se complica mucho y no sabría resumir exactamente de qué se trata ya que toda la primera mitad resulta confusa y los personajes van descubriendo cosas más o menos porque sí, sin el fino trabajo de investigación que mostraban en la primera parte. Encima, al estar despojada de la premisa de la cinta de vídeo se pierde el componente de carrera contra el tiempo que hacía especial a la película original. El desenlace también es un tanto raro ya que se mezcla el tema de la maldición de Sadako con historias de poderes que se extienden a otros personajes y un intento de continuar la maldición a través de otros medios que no quedan lo que se dice muy claros y que requerirán de paciencia por parte de algunos espectadores.

Lo bueno, sin embargo, es que la película sí explota su potencial de historia de terror de una manera más marcada incluso que la original, y aunque en ocasiones pareciera que se rinde a un efectismo mucho más de andar por casa lo cierto es que regala algunas imágenes impactantes. Estas tendrían una marcada influencia en el resto de la saga no solo en sus variantes japonesas sino incluso en el remake de Gore Verbinski del 2002, que toma directamente escenas y planos de esta película incorporándolas a la historia original. Por cierto: una cosa que me sorprendió fue confirmar la enorme influencia que terminó teniendo la versión americana en la manera como recordamos esta historia, ya que tanto la primera parte como esta me han hecho darme cuenta de que la Sadako de la versión japonesa siempre fue una mujer adulta pese a que en el imaginario colectivo persiste la representación de la villana de esta saga como una niña. Este fue un detalle curioso que había desterrado por completo de mi recuerdo y que solo he recuperado ahora.

Reseña: Spiral (1998)

Coincidiendo con el estreno de Ringu (1998) en Japón, sus productores decidieron aprovechar la popularidad de la novela de Koji Suzuki para estrenar de una vez su secuela, en una jugada de marketing poco habitual con la que esperaban explotar la fiebre por el fenómeno causado por esta historia paranormal. Rasen, o como se le conoce en Occidente, Spiral (1998), fue de hecho rodada de forma paralela a la primera parte por los mismos productores y al menos parte del mismo elenco, aunque esta vez en manos de otro director y guionista, Jôji Iida, el mismo responsable de la versión televisiva de Ring (1995) de la que hablábamos hace poco. Su guión estaba a su vez basado en la novela Spiral del propio Koji Suzuki, quien a diferencia de lo ocurrido con la primera entrega sí trabajó directamente en la producción.

El hecho de que el autor de la novela original estuviera involucrado tuvo como consecuencia que mientras la cinta de Nakata tuvo la libertad de interpretar a su manera la historia de Sadako y su maldición, esta segunda entrega es mucho más apegada a la fuente literaria, con lo que reduce considerablemente los elementos de terror para abrazar una historia de tono paranormal y pseudo-científico en la que un patólogo investiga la muerte de uno de los protagonistas de la primera parte y se encuentra de nuevo con la cinta de vídeo maldita que continúa cobrándose vidas a pesar de que se suponía que el misterio estaba resuelto.

A partir de aquí comienza una trama increíblemente confusa y enredada que no solo desanda el camino trazado por la película anterior sino que incluso se vuelve más críptica a medida que avanza el metraje, con lo que aquellos que hayan disfrutado de la historia original probablemente queden decepcionados al ver los giros tan raros que toma esta continuación y lo muy distinta que resulta de todas las demás entregas de la saga. Esto también me hizo darme cuenta de algo que ya sospechaba desde hace tiempo pero que terminé de confirmar y es que la película de Nakata resulta en muchos sentidos muy superior a la novela que adapta, y casi todo lo que me gusta de la historia de Ring y sus secuelas son cosas que provienen del cine, en concreto de la primera película.

En todo caso lo que en verdad perjudica a Spiral es precisamente la manera tan distinta en que enfoca el material a pesar de contar con el mismo equipo de producción, ya que incluso se ve mucho más barata y menos cinematográfica que la primera parte. Como curiosidad me parece que sigue siendo un trabajo interesante, pero francamente no me extraña que haya sido un fracaso en el momento de su estreno, a diferencia de la cinta de Nakata que fue todo un fenómeno. Tanto es así, que sus productores tomaron la polémica decisión de realizar una nueva segunda parte sacando a esta de su continuidad, con lo que pasó a ser la «secuela olvidada» de una de las sagas más prolíficas y famosas del terror japonés contemporáneo.

Reseña: La matanza de Texas (2022)

Fede Álvarez y compañía se echan al hombro como productores a La matanza de Texas (2022), nuevo soft reboot de la saga y un nuevo intento de rentabilizar la película de Tobe Hooper mediante su conversión al género slasher, algo que la original nunca fue. A diferencia de la mayoría de los intentos anteriores, sin embargo, esta ha ganado una gran notoriedad en parte gracias a que Netflix se hizo cargo de su distribución, dándole así un estreno mucho más concurrido de lo que probablemente habría tenido en caso de pasar por cines. ¿El resultado? Depende de cómo se mire: si bien esta nueva Texas Chainsaw Massacre 2 (aunque tenga el mismo título, eso es lo que es) sigue sin entender lo que hacía la original algo especial, es también una de las secuelas más entretenidas que se han hecho, por mucho que el listón haya estado siempre bajo.

Por mi parte confieso que al principio me llamó mucho la atención ya que comienza con una premisa muy atractiva que utiliza como trasfondo la brecha entre la América urbanita y la rural (probablemente la mayor y más profunda división que existe hoy en día en los Estados Unidos), abordando temas como la gentrificación, el miedo al otro y sobre todo la superficialidad de un idealismo banal e ingenuo. Por desgracia, todos esos temas interesantes son completamente dejados de lado e ignorados una vez que Leatherface entra en escena, transformando la película en un festival de gore y violencia mayor que el de cualquier entrega y trayendo además al personaje de Sally, la superviviente de la película original que regresa casi cincuenta años después a acabar con el causante de su trauma de una vez por todas.

Precisamente ha sido la inclusión de este personaje uno de los aspectos más comentados de la película. Los motivos por los que está en ella son dos muy evidentes: por un lado, darle a la película cierto grado de legitimidad como secuela tardía, y por el otro terminar de copiar descaradamente el Halloween (2018) de David Gordon Green. Al final ninguno de estos dos motivos tiene sentido alguno no solo porque la inclusión de Sally resulta forzadísima e intrascendente sino también porque el personaje está interpretado por otra actriz, con lo que imagino que los responsables contaban con que el público se olvidara de que la actriz original, Marilyn Burns, murió hace ya varios años.

No todo es malo; a pesar de que no tiene nada que ver con la de Hooper ni parece saber qué era lo que hacía de esta algo especial, no se puede negar que los efectos prácticos y gore son realmente excelentes y la película tiene la ventaja de que es corta (dura menos de hora y media, incluyendo nueve minutazos de créditos finales). Además, no tuve que pagar para verla en un cine. Estas tres cosas por sí solas creo que explican que mucha gente la haya disfrutado, pero honestamente no siento que pueda concederle más que eso ya que precisamente una de las mejores cosas que tenía la original era la forma en que se negaba a banalizar su violencia, lo que a su vez hace que el espectador la recuerde como una película mucho más brutal de lo que realmente era. Esta, además, tampoco se puede decir que destaque mucho como slasher ya que incluso dentro de su propia liga hemos tenido ejemplos muy superiores que parten de una premisa y referentes similares pero mejor hechos. No ha estado mal, pero hasta ahí.

Reseña: Fear Street: 1666 (2021)

La trilogía de Fear Street cierra de forma satisfactoria con esta tercera parte completamente entregada a lo sobrenatural y que, tal como corresponde a un tercer acto, sirve también para poner de cabeza lo que pensábamos estaba claro de las dos primeras entregas al mostrarnos en un muy largo flashback la historia de la bruja Sarah Fiers y el secreto detrás de su maldición. Me sorprende lo mucho que he disfrutado esto y lo bien que ha salido este experimento de miniserie con episodios relativamente autoconclusivos, sobre todo teniendo en cuenta que esta tercera entrega es muy distinta a las dos anteriores en casi todo: estética, estilo e incluso referentes.

Tal como habíamos visto al final de la segunda entrega, esta tercera entrega está en su mayor parte ambientada en el pasado, concretamente en el año 1666, contando así la historia detrás de la maldición de Sarah Fiers y revelando al mismo tiempo no solo la verdad acerca de lo que ha desencadenado la trama sino también la exposición de un pasado de injusticias y violencia sobre la población de Shadyside, con especial saña en sus miembros más vulnerales. El cambio tan radical de ambientación funciona gracias a la ingeniosa decisión de llenar la trama del siglo XVII con los mismos actores de las dos primeras entregas haciendo otros personajes, lo cual, si bien trae algunos sonrojantes momentos de acentos que salen mal, ayuda a mantener el vínculo emocional con el público y da juego a interesantes paralelismos muy acordes con el argumento.

Este cambio también trae como consecuencia el abandono parcial del componente slasher de las dos películas predecesoras, pero todos los demás aciertos se mantienen, incluyendo la curiosidad estética de una película ambientada en el pasado pero rodada con una estética si se quiere moderna. También, y en concordancia con las dos entregas anteriores, es mucho más explícita en cuanto a sus temas de sexo y violencia pero al mismo tiempo está dotada de un subtexto emotivo y reivindicativo que se da a un nivel si se quiere mayor que el de las anteriores, volviendo durante el último tercio a 1994 para darle cierre a la historia con un último desafío catárquico y un muy claro discurso político.

Todo esto que he contado es algo, sin embargo, que se da con total naturalidad y no es sino la consecuencia de temas que las tres películas han ido asomando de forma gradual, sin descuidar en ningún momento sus aspectos de terror. Además celebro que haya una saga de terror juvenil que no menosprecie a su público potencial sino que por el contrario esté constantemente empujando los límites de lo que se suele presentar en este tipo de historias, lo cual me hace perdonarle todas sus autoindulgencias y sus pequeños fallos. En verdad me ha parecido una excelente trilogía que debería haber sido más exitosa de lo que fue. Espero que tenga continuidad porque el potencial que tiene es enorme.

Reseña: Scream (2022)

La primera entrega de la saga de Scream hecha sin la participación de Wes Craven riza el rizo asumiéndose de entrada ya no como meta-slasher sino como una serpiente que se muerde la cola, con una cantidad abrumadora de auto-referencias tanto a la saga como a su versión meta-ficcional, Stab, algo que la acerca más a la tercera entrega de la saga, con la que tiene muchos puntos en común. Personalmente me ha parecido la menos recomendable de todas por muchos motivos, y el principal de ellos quizá tenga que ver con las inexistentes ganas de sacar algo interesante bajo la excusa de la autoparodia.

El empleo del mismo título de la original a pesar de tratarse de una quinta entrega ciertamente no es algo nuevo, pero tiene sentido si tenemos en cuenta que se trata básicamente de una vuelta a los orígenes, con un grupo de jóvenes amigos acosados por un asesino que lleva una máscara de Halloween y que guarda relación no solo con el pasado del pueblo de Woodsboro sino también con la obra de ficción Stab, la cual tiene una gran importancia para el argumento. Se hace necesario, por lo tanto, seguir no simplemente las reglas de las películas de horror (clave argumental ya hace tiempo superada) sino las reglas de las propias películas de Stab y por lo tanto de Scream: la clave del misterio está en el pasado, las víctimas están todas relacionadas entre sí y el asesino es uno (¿o dos?) del propio grupo, algo que se menciona incluso en varias ocasiones para que hasta el más tonto del público lo pille.

Esta es la idea base de la que parte, solo que los ingredientes están mal: el nuevo elenco me pareció en su mayoría terrible (sobre todo la chica protagonista) y, tal como está representado el personaje de Ghostface desde el principio, la resolución del misterio no tiene sentido alguno, cosa que los responsables saben pero a lo que no parecen dar ninguna importancia. Honestamente, casi todos los pocos momentos de brillantez están protagonizados por los personajes de la saga original, quienes resultan esenciales para la resolución de la trama a pesar de que, paradójicamente, tienen una participación tan limitada y con tan poco tiempo en pantalla que casi no tienen oportunidad de hacer nada. De hecho el único que parece hacer algo con su personaje es David Arquette, quien vuelve una vez más como Dewey y protagoniza los únicos momentos de la película en los que sentí alguna conexión emocional con lo que estaba pasando. Eso y el excelente trabajo de voz de Roger L. Jackson como Ghostface son los únicos momentos de calidad real.

Todo lo demás me pareció sinceramente muy pobre: a pesar de que la película es mucho más violenta que las anteriores, el discurso meta es ya un chiste facilón a estas alturas, incluyendo la poco sutil coña del «horror elevado» y la absurda idea de la «recuela», palabra que nunca había escuchado ni leído hasta ahora. Pero en realidad, las menciones metaficcionales, más que un chiste, me parecieron un intento bastante burdo por parte de la película de justificar su propia existencia. Lo peor quizá sea la resolución del misterio y especialmente la motivación de los crímenes, acompañada por supuesto de una reflexión acerca del fandom tóxico que me pareció vulgar, facilona y terriblemente ingenua, en un alarde de autocomplacencia discursiva similar al de la última versión de Black Christmas (2019). De verdad, si queréis ver algo mucho más interesante e innovador con la saga os recomiendo que le echéis un vistazo a la serie de televisión, que está mucho mejor. En cuanto a esta, no miento si les digo que en varias ocasiones, sobre todo cerca del final, sentí una gran pena ajena.

Reseña: Fear Street: 1978 (2021)

El verano pasado Netflix se embarcó en un ambicioso proyecto de rodar y estrenar una trilogía de películas de terror con poco tiempo de diferencia, basándose en una serie del famoso escritor de novelas juveniles R. L. Stine. Aquí ya reseñamos hace unos días la primera entrega de Fear Street y ahora toca la segunda, Fear Street: 1978 (2021). Para suerte mía, esta segunda parte ha resultado ser tan buena como la primera entrega o incluso mejor, con muchas de las mismas ideas y aciertos enfocados esta vez al slasher de la edad de oro, es decir aquel ambientado en campamentos de verano.

De entrada hay que decir que aunque la película es en s´í un gran flashback y por lo tanto cuenta una historia relativamente autoconclusiva, el argumento continúa aquello que inició en Fear Street: 1994 (2021) y explora en mayor profundidad la historia de la maldición que afecta al pueblo Shadyside, en el que cada tantos años alguno de sus habitantes es poseído por el espíritu de una bruja y desata una serie de brutales asesinatos. En esta ocasión, esto ocurre en un campamento durante el verano de 1978, en el que un grupo de jóvenes son masacrados uno a uno por un asesino armado de un hacha mientras una chica y su hermana intentan buscar la manera de detenerlo.

Poniéndonos quisquillosos podríamos mencionar que la edad de oro de los slashers ocurrió en la primera mitad de los ochenta y no al final de los setenta, pero da igual porque la película tampoco te ahoga con referencias a pesar de que su inspiración es muy evidente desde el principio: la est´ética empleada, así como varias de las escenas recuerdan a clásicos del género como The Burning (1981), Sleepaway Camp (1983) y sobre todo la Viernes 13 (1980) original, pero sus referencias son muy sutiles. De hecho, la película es más explícita en cuanto a su ambientación de la misma manera en que lo fue la primera parte, con el catálogo de temazos del rock de los setenta en la banda sonora y una poco creíble mención de Stephen King como autor de culto ya en 1978. Lo que sí es cierto es que sigue siendo disfrutable a más no poder, con un elenco joven muy simpático y una sorprendentemente generosa muestra de sexo y violencia considerando el target juvenil al que está dirigida.

Por supuesto hay cosas mejorables, principalmente que la trama es más predecible que en la primera. Incluso hay una revelación sorpresa en los últimos minutos que está tan clara desde el principio que honestamente no sabía que era una sorpresa hasta que la propia película lo dijo. Sin embargo, todo lo demás funciona, desde el ritmo que nunca decae, pasando por la violencia festiva y la manera inteligente en que expande la mitología de la película anterior. Me ha gustado mucho y ha conseguido que tenga muchas ganar de ver la tercera para ver en qué termina todo.

Reseña: La profecía 3 (1981)

La profecía 3 (1981) era una reseña que debía desde hace mucho tiempo, no solo a los lectores de esta web sino a mí mismo porque tenía mucho tiempo sin verla y solo recordaba que me había gustado y que había dado un cierre más que digno a la saga iniciada por Richard Donner. Creo que después de todo es posible que la memoria me haya jugado algún truco porque tras verla de nuevo cuarenta años después de su estreno algunas de sus carencias se me hicieron mucho más evidentes y termina banalizando una premisa ya de por sí menos seria de lo que se nos ha hecho creer.

En esta ocasión la película tiene lugar varios años después de los eventos de La profecía 2 (1978), con un Damien ya adulto interpretado por Sam Neill en uno de sus primeros papeles en Hollywood (este último detalle es quizá lo más recordado de la película). Damien está ahora completamente entregado a su rol como el Anticristo y la cinta muestra su lento ascenso al poder en paralelo a su desesperado intento de evitar la Segunda Llegada de Jesús. Asimismo hay una subtrama acerca de una periodista que se involucra sentimentalmente con Damien y que por supuesto tendrá un papel relevante una vez llegado el clímax.

La idea de la que parte es buena y sobre todo es la forma lógica de cerrar la historia, además de que resulta muy interesante la representación del Anticristo como un poder en las sombras que mueve los hilos del poder político a través de la alianza corrupta entre el Estado y el Capital. Este detalle está tan bien llevado a cabo que me hizo pasar por alto la discrepancia cronológica en cuanto a la edad del personaje principal, que no concuerda con las películas anteriores que parecen contemporáneas a pesar de que han transcurrido décadas en la vida de Damien. Lo que sí no me esperaba (vamos, no recordaba) es que esta es con toda seguridad la entrega más light de la saga, considerablemente menos gráfica y violenta que las anteriores a pesar de que contiene una escena de violación y múltiples instancias de niños muertos de forma horrible.

Esta ligereza es probablemente lo que terminó de tumbar la película para mí y darme cuenta de que la saga no ha envejecido tan bien como otras de sus contemporáneas. A pesar de sus aspectos salvables como la premisa y la actuación de Sam Neill (quien sin embargo ha terminado renegando de su trabajo en esta película) es una película demasiado sencilla y carente de la sensación de fatalidad de las dos entregas anteriores. Incluso se permite un final apoteósico y triunfal muy alejado del deprimente desenlace de sus antecesoras. Curiosamente, pocos años después hicieron una cuarta entrega de la que hablaremos en otro momento porque se trata de un trabajo muy distinto al de la trilogía que se cierra con esta.

Reseña: Halloween Kills (2021)

Con Halloween Kills (2021) la saga iniciada por John Carpenter en 1978 se convierte en una de las franquicias de terror más prolíficas que jamás hayan existido, encima una en la que todas sus (hasta ahora) doce entregas se han estrenado en cines. La última encarnación del 2018 (que, no olvidemos, reiventaba la saga casi desde cero al construirse como una secuela directa de la original de Carpenter ignorando todas las demás entregas posteriores) fue como ya sabemos un gran éxito que despertó notables expectativas para esta continuación. Por desgracia debo decir que ha terminado decepcionándome, a pesar de que ya de por sí no esperaba gran cosa. Más que innecesaria, esta nueva Halloween 3 (es la tercera vez que se hace una «tercera parte», después de esta y esta) es una cinta torpe que desdeña gran parte de lo que distingue a la saga de sus congéneres slasher y abraza en cambio un acabado efectista pero incre´iblemente vacío que desaprovecha todas sus posibilidades.

Al igual que la Halloween 2 (1981) original, esta secuela tiene lugar en la misma noche que su antecesora inmediata y cuenta con los mismos protagonistas que han acabado en un hospital sin saber que Michael Myers ha sobrevivido y continúa matando a los habitantes de Haddonfield. Esta vez, sin embargo, el personaje de Laurie Strode (nuevamente interpretado por Jamie Lee Curtis) no ocupa un rol protagónico. Laurie por el contrario apenas está en la película y ni siquiera participa de la acción principal, que consiste más bien en la formación de una turba furiosa que sale a las calles a acabar con Myers y tomarse la justicia por su propia mano, guiados por varios de los personajes secundarios de la saga que regresan más de cuarenta años después de la original, algunos incluso interpretados por los mismos actores.

Esto debo reconocer fue lo que más me gustó: la idea de la histeria colectiva en torno al asesino y la manera en que esta obsesión destruye la inocencia y tranquilidad del pueblo (idea que Carpenter consideró originalmente como la premisa base de Halloween 4 (1988), allá en los ochenta) es sin duda lo más interesante que la película tiene, pero es también una idea tratada con una solemnidad ridícula que me temo no es sino una poco disfrazada (y quizá excesiva) reverencia por la película original. Además, es una idea que funciona en el contexto de una saga longeva con muchas secuelas, pero se supone que esto es apenas Halloween 3, así que pierde todo el impacto que pueda tener al mostrar a un pueblo traumatizado por un horror del que se habla con un halo mitológico cuando en el fondo no es sino un crimen común y corriente que además ocurrió cuarenta años atrás.

Lo que queda no es sino una muy superficial entrega de gore abundante (es una de las películas de Halloween más violentas que se han hecho), numerosos cameos insignificantes y guiños cómplices a varias de las entregas de la saga original, pero nada más. De hecho, si tuviera que rescatarla sería meramente por algunos detalles técnicos: la nueva versión del tema musical original, la secuencia de créditos iniciales con doce calabazas representando las doce películas de la saga, y las muy bien recreadas escenas de flashback transcurridas en los setenta, en las que aparece incluso Donald Pleasance, no mediante el empleo trucos digitales sino porque encontraron un actor clavado a él. Fuera de eso, la verdad es que me ha parecido muy poca cosa.