Reseña: Fresh (2022)

En los meses alrededor de su estreno es probable que hayáis escuchado y leído mucho sobre Fresh (2022), ya que Disney hizo todo lo posible para vender esta comedia de terror como una obra oscura y adulta, sobre todo intentando resaltar una y otra vez que se trataba de una producción de Star, la sección de adultos de su plataforma de streaming. Probablemente sea cierto que se trata de algo más fuerte para los estándares de dicha plataforma, pero al final terminó siendo algo mucho más ligero de lo que yo en particular esperaba. Más curioso me parece el hecho de que se haya insinuado una originalidad que en realidad no tiene pero que se empeña en sugerir.

Esta originalidad partía de lo parecía ser una muestra de terror acerca del lado depredador de la masculinidad, con nuestra protagonista conociendo a un chico en apariencia perfecto cuyas virtudes terminan siendo, muy previsiblemente, demasiado buenas para ser verdad. La idea es atractiva, no lo voy a negar, aunque me resultó muy extraño que la revelación acerca de las verdaderas intenciones del protagonista masculino son algo que se revela una media hora después de haberse iniciado la película y se trata en todo momento como si fuese una sorpresa a pesar de que todo el material publicitario ya la había destripado mucho tiempo atrás. No lo diré aquí por si queda alguien que no lo sepa aún, pero es muy probable que la sorpresa ya esté arruinada para la mayoría.

Pero incluso sabiendo esto de antemano la película tampoco se atreve a ir mucho más allá en cuanto a lo que su premisa sugiere; de entrada es muy poco violenta (la mayoría de las cosas horribles de su argumento ocurren en la mente del espectador) y la trama parece más interesada en explotar la relación entre los dos protagonistas mientras que los escasos elementos de terror se quedan un poco en nada, desde los infructuosos intentos de rescate por parte de otros personajes hasta el indudable ángulo de perversión sexual de la premisa principal, el cual es convenientemente dejado de lado en beneficio de una muy superficial sátira de la masculinidad y el juego de poderes que muchas veces se da en relaciones de pareja.

De todas formas, y a pesar de su general ligereza y de ser tan predecible en su desarrollo y subtexto, la película está simpática y se salva en gran medida por sus dos carismáticos y guapísimos protagonistas. Del resto poco qué decir salvo que es una lástima que esta idea haya tenido un destino tan convencional y un tratamiento que intencionalmente huya una y otra vez de su contenido más perturbador. Está bien, pero poco más.

Reseña: The Darkness (2016)

Con un genérico y ya usado título, The Darkness (2016) es una producción de Blumhouse que repite el ya famoso modus operandi de esta distribuidora de sacar material de terror con presupuesto mínimo y una premisa que recicla gran parte del imaginario establecido por el cine de miedo en décadas posteriores. A pesar de contar con un elenco interesante y una identidad estética hasta cierto punto novedosa, todas sus buenas ideas se quedan en la superficie dando como resultado un trabajo bastante blandengue que merecía un tratamiento mejor.

Su premisa es algo que ya conocemos pero que refuerza una idea que me gusta y es la del terror como algo enteramente fortuito: una familia de vacaciones en el desierto americano y que se meten en problemas cuando su hijo autista trae a escondidas unas piedras rituales de una extincta tribu indígena, y con ellas la presencia de unos espíritus malignos que intentarán llevárselo. Reconozco que esta idea y la estética de una maldición de origen nativo-americano fueron cosas que me llamaron mucho la atención al principio y me animaron a seguirla viendo.

Sin embargo, pronto queda muy claro que el desarrollo es otro remedo del 99% de las obras de terror sobrenatural de ambiente familiar que hemos visto ya, sobre todo Poltergeist (1982), película a la que se fusila sin piedad en más de una ocasión. Como en esta, el fenómeno sobrenatural comienza de forma sutil y se va haciendo cada vez más siniestro y peligroso a medida que avanza el metraje, desembocando al final en el sonrojante e inevitable empleo de exóticos expertos paranormales, cuya abrupta llegada en el tramo final de la cinta hizo que terminara desconectando por completo.

Siendo sinceros tiene cosas que sí me gustaron: la sutileza de los efectos en la primera mitad, el mínimo uso de música o la presencia de actores que me gustan mucho como Kevin Bacon o Radha Mitchell, pero entre el superficial drama familiar que no va a ninguna parte, los cargantes personajes, la ligereza con que la trama acepta lo sobrenatural de entrada o los lugares comunes mencionados arriba, todo se vino abajo de forma estrepitosa. Lo que quizás me molesto más de todo fue comprobar, ya al final, que el director es el australiano Greg McLean, responsable de la saga de Wolf Creek (2005) y alguien de quien me esperaba algo mucho mejor.

Reseña: X (2022)

Tras tomarse una pausa de casi una década, Ti West vuelve al género de terror y lo hace bien. Su nueva película, X (2022), ya empezaba además a generar comentarios desde mucho antes de estrenarse, quizá por tener involucrada a la gente de A24 y con ello dar algo de expectativa crítica a una película que parecía apuntar hacia un renacimiento del proto-slasher de los setenta. Digo «parecía» porque esta cinta, al igual que la excelente The House of the Devil (2009), guarda semejanzas con otras obras del pasado solo en su superficie y casi siempre limitadas a la ambientación. Todo lo demás es distinto y, debo decir, muy bueno.

Ambientada en el año 1979, la película sigue a un grupo de cineastas porno que viajan hasta una apartada cabaña rural en Texas para rodar una película para adultos sin revelar sus intenciones a los dueños de la propiedad, cosa que luego desata una ola de violencia digna de los mejores tiempos de Tobe Hooper. Este estallido de violencia y sangre al que me refiero, sin embargo, tarda mucho en llegar y cuando lo hace funciona gracias a que el guión nos ha entretenido hasta entonces con unos sólidos personajes y un elenco sobresaliente.

En este elenco, por cierto, habría que destacar tanto a Mia Goth (en un doble papel) como a Brittany Snow, a quien algunos de vosotros recordaréis como la protagonista de aquel remake de Prom Night (2008) y que aquí se encuentra a años luz en cuanto a su trabajo actoral, incluso teniendo en cuenta los catorce años de diferencia entre una película y otra. En realidad todo el elenco está genial, los personajes son creíbles y llegado el momento la película ofrece una visión positiva y progresista de la sexualidad que, curiosamente, es la antítesis de lo que representa el slasher convencional.

Una vez que de desata el elemento de terror la cosa se vuelve hiperviolenta, oscura y muy alocada, todo ello sin renunciar a un retorcido sentido del humor que no se siente para nada forzado sino todo lo contrario. Honestamente debo decir que, a pesar de mi predilección por la obra de Ti West, no esperaba que esto me gustara tanto pero al final ha terminado siendo uno de los estrenos de terror más importantes del año para quien esto escribe. Por lo visto habrá más, ya que el director ha hablado de una precuela que supestamente ya está lista y que se estrenará este mismo año, como bien confirma la escena post-créditos. Si es como esto ahí estaré.

Reseña: Spiral (2021)

Otra de esas que me perdí a su paso por cines a pesar de que me daba mucha curiosidad, Spiral: From the Book of Saw (2021) fue una de esas películas que llegaron más o menos por sorpresa ya que casi nadie habría esperado un regreso de una saga que ya había tenido una secuela tardía que pasó sin pena ni gloria. El resultado esta vez tampoco ha destacado mucho, y debo decir que en lo personal habría sido más bondadoso con ella si no fuera porque en su momento intentaron venderla como algo más que otra secuela de Saw (2004), cuando en realidad eso es exactamente lo que es. Sus diferencias, de hecho, son superficiales y casi siempre relacionadas con lo que no tiene.

Con esto lo que quiero decir es que lo primero que salta a la vista es sus carencias en cuanto a ser parte de la saga original ya que la premisa es la misma, una serie de crímenes aparentemente realizados por un imitador de Jigsaw y que esta vez tienen una cosa en común: todas las víctimas son policías corruptos, en concreto los policías de un precinto específico, lo cual sugiere un misterio que deberá descubrir el protagonista, un Chris Rock en un papel serio e inusual dentro de su carrera.

Pero como decía, lo más llamativo es lo que esta película no tiene: la ausencia de Jigsaw y por extensión del actor Tobin Bell, quien había aparecido en todas las entregas anteriores aunque fuera por medio de flashbacks o recursos cada vez más rebuscados es algo que al final se siente y le quita a la película parte de su identidad. La idea de que el asesino es otro también se machaca mediante el empleo de otra voz (mucho menos tenebrosa y efectiva), otra marioneta y el símbolo de la espiral que se convierte en un nuevo tema recurrente, todas estas son cosas que parecen apuntar a un intento de distanciarse un poco de la saga original pero que al final son aspectos puramente superficiales porque todo lo demás es más de lo mismo, incluyendo el giro final que revela a un villano poco inspirado y definitivamente inferior. Si algo positivo se puede rescatar esta vez es que el regreso como director de Darren Lynn Bousman (probablemente el cineasta más emblemático de la saga) hace de este un trabajo ligeramente más atractivo que el de varias de las secuelas anteriores, pero poco más.

Y sin embargo, a pesar de que no puedo decir que sea una buena película, lo cierto es que tiene muchas cosas que me hicieron disfrutarla, sobre todo la intensidad del trabajo actoral de Chris Rock, quien por lo visto es un gran seguidor de la saga y se involucró de lleno en la producción. Esto último nota porque de todo el elenco es probablemente el que se lo toma más en serio. Si te gustaron las anteriores esta es una que sin duda te va a gustar también ya que pese a los sutiles cambios estéticos y temáticos, mantiene las constantes de la saga que ya conocemos como esa carnavalización de la violencia y los giros argumentales en el desenlace. Pierde un poco de fuelle al final y varias de sus sorpresas se ven venir desde muy lejos, pero me ha dado más de lo que esperaba de ella y eso es algo muy positivo.

Reseña: The Banishing (2020)

La británica The Banishing (2020) representa mi reencuentro con Christopher Smith, un director cuya obra de terror siempre me ha gustado mucho a pesar de que no es alguien a quien se suela nombrar como uno de esos valores seguros del género. Es también el regreso por parte suya a un tipo de cinta de recursos muy modestos que contiene sin embargo escenas muy pavorosas y una historia sutil que hace lo posible por no darle todo masticadito al espectador, cosa que se agradece mucho.

La trama, acerca de un predicador y su mujer que se mudan a una casa de una pequeña localidad en la que pocos años antes ocurrión un horrible crimen, se entrega por completo al terror sobrenatural y maneja referentes que serán muy conocidos para la mayoría, en concreto la película de Stanley Kubrick El resplandor (1980), con la que tiene muchas similitudes estilísticas y argumentales, tanto en la premisa de una casa que afecta la salud mental de un matrimonio como en el empleo de un imaginario surrealista para sus escenas de miedo.

Son precisamente las decisiones estética una de las mejores cosas que tiene, el uso tan sutil que hace de la música y un ambiente en general muy logrado en el cual, al igual que señalábamos en La mujer de negro (1989), el director no cae en la trampa de intentar hacer la casa más tenebrosa de lo que ya es. Por el contrario, la residencia parece en gran medida un sitio normal y es solo tenebrosa por lo que en ella sucede y por el historial que tiene detrás, que contiene un trasfondo horrible de sectas y conspiranoia en el que la película por suerte no se hunde, prefiriendo centrarse en el drama de la protagonista en lugar del enfrentamiento entre las fuerzas eclesiásticas.

Se hace lenta en ocasiones (a pesar de que dura poco) y sus recursos, como decía arriba, son modestos y se nota. De todas formas, aunque definitivamente no esté a la altura de otras obras de Smith como las excelentes Triangle (2009) y Black Death (2010), se siente como una clásica historia británica de fantasmas, en el sentido de que una producción americana probablemente habría hecho mucho más evidente su parafernalia de terror, cosa que esta película muy sabiamente no hace. Me ha gustado.

Reseña: The Medium (2021)

Mezcla de exorcismos y pseudo-documental, The Medium (2021) es una película del mismo director de la también tailandesa Shutter (2004) y el guionista de la surcoreana The Wailing (2016), dos cintas que al igual que esta despertaron un entusiasmo general entre los fanáticos del terror que en gran medida nunca llegué a compartir. Sin embargo, también es cierto que esta es, en muchos sentidos, mucho mejor que ambas de sus antecesoras. También es una película ambiciosa que hace un esfuerzo loable por incorporar una mirada distinta al panorama cultural de donde proviene y eso al final ha terminado teniendo más peso que varios de sus elementos más convencionales.

Entre estos elementos está por supuesto su premisa de metraje hallado en el que un equipo de periodistas rueda un documental sobre una chamana solo para descubrir, en medio del reportaje, que la sobrina de esta ha sido poseída por un espíritu maligno, lo que desata un intento desesperado por salvarla que por supuesto es debidamente documentado. Ya de entrada debo debir que me pareció interesante la forma en que la película busca meter al espectador de lleno en la cultura chamánica de Tailandia aunque luego termine entregándose por completo a una trama de posesiones más visto dentro del género de terror.

Toda esta trama de posesiones es lo que termina siendo el tema central de la película, uno que por desgracia no solo está lleno de los lugares comunes que hemos visto mil veces ya en estas historias de (incluyendo las por lo visto indispensables secuencias de cámara fija y visión nocturna) sino que encima acaba desdeñando su muy innecesario formato documental, que la película abandona y retoma varias veces de forma completamente arbitraria a lo largo de su muy abultado metraje. Esto último sería el segundo problema que tiene, a mi juicio, y es que es una película larga, lenta y toda la parte del principio mientras va montando su atmósfera se siente algo tediosa.

Aún asú tiene muchas cosas positivas, una energía particularmente agresiva y casi animal, así como algunas escenas y recursos realmente horripilantes. Algunas de sus ideas me han gustado, pero la banalidad de su formato y su excesiva dependencia de trucos que hemos visto muchas veces en otras películas más entretenidas hicieron que perdiera fuelle para mí. Pienso que si hubiese sido más corta y hubiese mantenido su estética de cámara en mano sin intentar justificar con la idea de un documental me hubiese gustado mucho más.

Reseña: Possum (2018)

Possum (2018), el largometraje debut de Matthew Holness (a quien sin duda conocéis por su genial alter ego ficticio Garth Marenghi) es una singular pieza de terror minimalista y también una de las mayores sorpresas que me he llevado en los últimos años pese a que varias personas me la recomendaron por mucho tiempo. Es no solo un trabajo visualmente impresionante sino también una película con una atmósfera única conseguida con muy pocos recursos y apenas un par de personajes, y ciertamente trabajo que no me esperaba proveniendo de alguien a quien conocía más por sus obras de comedia.

La historia, además, tiene la ventaja de ser muy sencilla: un titiritero caído en desgracia que vuelve a la casa rural de su niñez con la firme intención de purgar su pasado, acto que comienzará con la destrucción de su obra maestra: un grotesco títere con forma de araña humanoide llamado «Possum», del que no parece poder deshacerse por mucho que lo intente. Intercaladas con esta historia están asimismo varias escenas del personaje principal con su siniestro tío, que parece estarle constantemente reclamando cosas de su pasado y que no hará su regreso más fácil.

De entrada lo que hace la película memorable es el apartado técnico y visual, no solo la ambientación de ese pueblo en ruinas del que ambos personajes parecen ser prácticamente los únicos habitantes, sino sobre todo la imagen de auténtica pesadilla del muñeco, que parece una criatura salida de Bloodborne y que probablemente sea muy desagradable de ver para aquellos que tengan algún tipo de fobia por los arácnidos. Lo modesto de los medios hace que la película sea parca en efectos especiales, y de hecho las escenas de movimiento del títere están hechas de una forma primitiva que quizá por eso resulta más inquietante aún. De todas formas esta no es una película de muñecos asesinos sino algo mucho más sutil, una obra de terror surrealista en la que asistimos al desmoronamiento mental del protagonista y la superación de su trauma, algo que funciona gracias sobre todo a la soberbia actuación de Sean Harris, a quien tardé mucho en reconocer sin barba.

A pesar de todo, es una película difícil de recomendar a todo el mundo ya que es muy sencilla a nivel de argumento y tanto su ritmo lento como su imaginario visual deliberadamente poco realista requieren paciencia por parte del espectador. De todas formas hay mucho que apreciar aquí en cuanto a tono, estética y momentos de terror, así como un subtexto perverso y oscuro acerca de los secretos y el abuso con el que no contaba teniendo en cuenta la obra anterior creador. Me ha parecido magnífica y uno de los debuts más interesantes que he visto.

Reseña: Hell House LLC (2015)

Con un recibimiento muy positivo en la fecha de su estreno, Hell House LLC (2015) era una de esas películas que tenía muy pendiente de ver y que en cierta forma ya conocía porque varias de sus escenas habían sido compartidas en redes sociales en las que varios usuarios reaccionaban ante algunas de sus escenas de miedo. Debo decir que como película tiene una premisa muy interesante que se presta para un buen relato, aunque también es cierto que las constantes formales del cine de metraje hallado tienen como consecuencia que varias de sus mejores armas sean cosas que hemos visto antes.

La premisa antes mencionada es la de una empresa que monta una casa del terror en un viejo hotel de una pequeña localidad americana sin darse cuenta de que este está realmente embrujado, y lo que les va sucediendo a medida que van montando su atracción y descubren la siniestra historia de la casa forma la base de un documental acerca del misterio que rodea a la fatídica noche de inauguración, cuyo preámbulo vamos descubriendo poco a poco.

A partir de esta idea comienza lo que podemos definir sin duda como una muestra de oficio cinematográfico envidiable: presupuesto mínimo, algunos sustos muy ingeniosos y un uso constante de la anticipación puesto que, como comentaba arriba, la película está estructurada sobre el relato de un hecho cuya resolución ya conocemos, por lo que el cómo se llega hasta allí es una de las cosas más interesantes que tiene. Esto tiene como consecuencia, sin embargo, que las sorpresas sean pocas y el triple juego de meta-ficción (la película no es ni siquiera el documental en sí sino un reportaje sobre el documental) se me hizo muy falso y con poco espacio para sorpresas más allá de algunos sustos puntuales que se dan con los personajes explorando la casa y preparando lo que todos creen son unos inocentes trucos de tren de la bruja.

Sé que esto lo digo muchas veces y puede que parta de un prejuicio mío, pero me choca mucho cuando el empleo de la cámara subjetiva no está debidamente justificado y este por desgracia es uno de esos casos. Con todo y eso debo reconocer que algunas escenas de miedo están muy logradas y que el final de la película es muy intenso a pesar de que sabemos cómo acaba e incluso terminamos re-visitando metraje que ya habíamos visto al principio pero esta vez con otro estado de ánimo. Aunque no me ha haya seducido del todo la verdad es que es un trabajo muy bien hecho y por lo visto hay incluso dos secuelas con el mismo director, lo cual me sorprende porque no hubiera pensado que de aquí se pudiese sacar mucho más.

Reseña: May The Devil Take You Too (2020)

El director indonesio Timo Tjajanto regresa con esta secuela de la excelente May The Devil Take You (2018), estrenada apenas dos años después de la original y repitiendo básicamente la misma fórmula con un toque añadido de terror juvenil. Me ha sorprendido porque si bien resulta inferior a la primera parte, sigue reteniendo gran parte de sus aciertos y dinamismo, y es solo quizá su negativa a buscar algo nuevo lo que hizo que no me convenciera tanto, especialmente considerando el curriculum de su director como uno de los nuevos valores seguros del cine de terror actual.

En esta ocasión tenemos a la misma chica sobreviviente de la primera parte (fantástica Chelsea Islan retomando su papel) dos años después de haber enfrentado a lo sobrenatural y viéndose nuevamente arrastrada a ayudar a un grupo de jóvenes víctimas de una maldición, que por supuesto da con todos ellos reunidos en otra casa abandonada en medio de la selva y enfrentándose a una presencia demoníaca que los va poseyendo y ante la que solo se puede responder mediante la violencia extrema.

El resumen de la trama debería dejar claro desde el principio que las principales señas de identidad de la primera parte se mantienen en esta continuación, desde el tono frenético y ruidoso hasta su evidentísima influencia de The Evil Dead (1981), con la que comparte asimismo sus ocasionales toques de humor (no tantos como en la película de Sam Raimi, pero casi). De hecho el elenco mayoritariamente hecho de jóvenes la hace incluso más parecida a esta, así como el castigo que recibe su protagonista, muy similar al de Ash en aquella saga e incluyendo asimismo un gag con la propia mano que resultará fácilmente reconocible. Por desgracia el tremendo parecido con la primera parte también hace que termine siendo comparada con esta, y en ese sentido la secuela sale perdiendo: es un tanto menos alocada que la primera, con una (aparente) menor cantidad de recursos. También tarda mucho en arrancar y cuando lo hace terminas dándote cuenta de que la historia es menos interesante y vistosa.

A pesar de todo May The Devil Take You Too (2020) es una cinta de terror muy divertida y si como a mí te gustó la primera esta es una que sin duda vas a disfrutar. A decir verdad el único aspecto que sí me pareció mejorable es su duración; las dos horas de metraje se sienten y esta misma historia contada en 90 minutos habría ganado muchísimo. Pero al final del día esta es una queja menor porque sigue siendo muy simpática, solo que no tan buena como la original. Ya han anunciado que habrá una tercera, y si es con la misma gente involucrada estaré ahí para verla sin dudarlo.

Reseña: Ringu 2 (1999)

Tras el fracaso taquillero de Spiral (1998), sus responsables decidieron hacer una secuela completamente nueva de Ringu (1998) como si aquella nunca hubiera existido, contratando nuevamente al director Hideo Nakata y empleando un guión completamente alejado de la obra literaria de Koji Suzuki. Es así como llegó al año siguiente Ringu 2 (1999), la verdadera secuela oficial y una que, contrariamente a su predecesora, abraza sus componentes de terror de manera mucho más explícita. Aunque la considero claramente inferior a la primera parte, no se puede negar que marcaría el camino por el que la saga habría de seguir, ya que todas las continuaciones posteriores de una u otra manera han tomado la lección de esta de la que hablamos hoy.

El argumento es también un reboot en toda regla, con la misma protagonista de Spiral (aquí interpretada por otra actriz) iniciando su propia investigación acerca de lo ocurrido a los personajes de la primera película. Es importante mencionar también que a diferencia de lo que ocurría en la otra secuela, en esta sí que vuelve la misma protagonista de la Ringu original junto con su hijo, y que su participación resulta mucho más importante para la resolución del misterio que rodea al fantasma de Sadako y sus verdaderas intenciones más allá de la muerte.

A partir de aquí la trama se complica mucho y no sabría resumir exactamente de qué se trata ya que toda la primera mitad resulta confusa y los personajes van descubriendo cosas más o menos porque sí, sin el fino trabajo de investigación que mostraban en la primera parte. Encima, al estar despojada de la premisa de la cinta de vídeo se pierde el componente de carrera contra el tiempo que hacía especial a la película original. El desenlace también es un tanto raro ya que se mezcla el tema de la maldición de Sadako con historias de poderes que se extienden a otros personajes y un intento de continuar la maldición a través de otros medios que no quedan lo que se dice muy claros y que requerirán de paciencia por parte de algunos espectadores.

Lo bueno, sin embargo, es que la película sí explota su potencial de historia de terror de una manera más marcada incluso que la original, y aunque en ocasiones pareciera que se rinde a un efectismo mucho más de andar por casa lo cierto es que regala algunas imágenes impactantes. Estas tendrían una marcada influencia en el resto de la saga no solo en sus variantes japonesas sino incluso en el remake de Gore Verbinski del 2002, que toma directamente escenas y planos de esta película incorporándolas a la historia original. Por cierto: una cosa que me sorprendió fue confirmar la enorme influencia que terminó teniendo la versión americana en la manera como recordamos esta historia, ya que tanto la primera parte como esta me han hecho darme cuenta de que la Sadako de la versión japonesa siempre fue una mujer adulta pese a que en el imaginario colectivo persiste la representación de la villana de esta saga como una niña. Este fue un detalle curioso que había desterrado por completo de mi recuerdo y que solo he recuperado ahora.