Reseña: Our House (2018)

Si habéis visto alguna vez la cinta de antología Holidays (2016), entonces es probable que os suene el nombre de Anthony Scott Burns, director de uno de sus mejores segmentos. El estreno de su primer largo con Our House (2018) fue por lo tanto algo que recibí con grandes expectativas, a pesar de que no se trataba de un proyecto original. En realidad se trata de un remake de una cinta independiente titulada Ghost From the Machine (2010), que utiliza un argumento pseudo-científico con ángulo sobrenatural. No he visto todavía la original así que no puedo compararlas, pero sí debo decir que esta versión me terminó decepcionando un poco ya que pese a algunos detalles interesantes (la mayoría estéticos) no deja de ser una historia de fantasmas muy típica con casi ninguna sorpresa.

El ángulo paracientífico al que me refería antes tiene que ver con la creación por parte del protagonista de una máquina capaz de extraer electricidad del aire y que termina accidentalmente siendo un puente entre el mundo de los vivos y el de los muertos, atrayendo la atención de unos fantasmas que habitan la casa donde habita la familia. La idea es buena sólo en su concepción inicial ya que todo lo demás es algo que hemos visto muchas veces: fantasmas vengativos, un crimen del pasado sin resolver y unos protagonistas asolados por la pérdida de sus padres y que cometen el error de pensar que esa presencia sobrenatural con la que se han topado es en un principio benévola.

Donde la película sí que acierta, sin embargo, es en la manera de presentar a los fantasmas, una que resulta no tan habitual y que parece tomar su inspiración de la representación sobria del horror que vimos, al menos parcialmente, en la primera entrega de Insidious (2010). De nuevo, no sé si es original o no porque no he visto la cinta en la que se basa, pero las apariciones de los espectros me parecieron de lejos lo mejor de la cinta y causante de algunos momentos de auténtico miedo que por desgracia no se vieron apoyados por una trama interesante.

Espero sinceramente que Anthony Scott Burns se embarque en algún otro proyecto donde pueda lucirse más, ya que en esta ocasión lo que parecía un prometedor debut se ha quedado en poca cosa. No es terrible del todo y tiene momentos interesantes, pero si eres alguien que ya ha visto muchas entregas de horror sobrenatural de los últimos veinte años es muy probable que reconozcas cada uno de los quiebres narrativos y los recursos de una entrada un tanto regular. Se trata de una producción modesta, pero que al final termina siendo lo mismo que otros trabajos más comerciales a los que se parece demasiado.

Reseña: Flatliners (2017)

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Esta vez dedicamos algunas líneas a una película que pasó casi por debajo de la mesa, concretamente la nueva versión de Flatliners (2017), remake de la cinta homónima de 1990 que ya reseñamos aquí y que en esta ocasión está protagonizada por Ellen Page, Diego Luna y otros actores de los que no he escuchado hablar nunca. Esto último me parece algo importante a destacar porque la original de Joel Schumacher es precisamente recordada, entre otras cosas, por su impresionante elenco de jóvenes estrellas en alza como Kevin Bacon, Julia Roberts, William Baldwin y sobre todo Kiefer Sutherland, quien también aparece brevemente en esta nueva versión.

Lo que sí parece haberse mantenido es la premisa: unos jóvenes, ambiciosos e irresponsables estudiantes de medicina que deciden experimentar en sus propias carnes aquello que ocurre en el cerebro en el momento de la muerte, experimento que en un principio parece tener consecuencias muy positivas ya que despierta el potencial de estos personajes (algunos se vuelven más inteligentes, otros más atléticos, etc), aunque luego por supuesto todo sale mal cuando empiezan a tener extrañas visiones del más allá y se convierten en blanco de lo que en un principio parecen ser presencias de ultratumba.

Aparte del tema de las habilidades (que tampoco es que tenga grandes consecuencias para la trama), esta película no introduce grandes cambios, por lo que la mayor parte de sus aportaciones son más bien superficiales, encima con una estética mucho más de andar por casa y un ritmo mucho más frenético acorde con su ambientación juvenil. La que sí ha cambiado, sin embargo, es la valoración moral, ya que esta versión establece más o menos desde el principio el carácter peligroso e irresponsable del experimento cebándose sobre todo con el personaje de Ellen Page, quien aquí es representada como alguien mucho menos carismático y genial que su equivalente interpretado por Sutherland en la original. Su contraparte masculina, el personaje de Diego Luna, es por el contrario el miembro más sensato del grupo y el único que se niega por completo a participar de la experiencia cercana a la muerte.

Aunque quizá el mayor problema que tenga es que no sólo es considerablemente menos terrorífica que su antecesora sino que por algún motivo intenta por todos los medios complicar un argumento que en la original era muy sencillo. Encima trata de encajar (incluso más que la original) un confuso mensaje moralista que nunca queda del todo claro, como tampoco queda claro el verdadero alcance de la amenaza sobrenatural que los protagonistas están sufriendo. La única sorpresa es una muerte que ocurre a la mitad de la película y pese a que inicialmente pareciera lo contrario, no tiene en realidad ningún peso para la trama. En realidad estamos hablando de una película un tanto vacía que no tiene los aciertos estéticos, ni de casting, ni la química que la versión anterior mostraba, así que no me sorprende que haya pasado desapercibida.

Reseña: Martyrs (2015)

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Confieso que esta era una que tenía mucha curiosidad por ver. La verdad es que en su momento no me enteré siquiera de que Blumhouse había realizado en el 2015 este remake de la francesa Martyrs (2008), y no debo haber sido el único porque esta nueva versión pasó sin pena ni gloria resultando prácticamente ignorada a pesar de que la original fue no sólo muy popular sino también muy admirada por la mayoría de la crítica mainstream como una de esas piezas emblemáticas del terror francés de mediados/finales de los dosmil. Esta versión americana, muy previsiblemente, es un refrito descafeinado que suaviza gran parte del impacto de su predecesora, pero también intenta en cierta medida algunos cambios destinados a darle otra sensación dramática a la misma historia. No puedo decir que funcione, pero me ha resultado al menos interesante de ver.

La premisa base es la misma, así como aproximadamente dos terceras partes del argumento. De todas formas, lo más interesante de estos remakes siempre ha sido ver exactamente en qué se diferencian; en esta ocasión, el Martyrs (2015) de Blumhouse parece buscar un mayor ángulo dramático al dedicar más tiempo de metraje a la amistad entre las dos chicas protagonistas, algo que no hacía el original de Laugier (más preocupado en los giros de trama y su crueldad nihilista) y que personalmente me pareció una gran idea que por desgracia no lleva a ninguna parte.

Si digo que no lleva a ninguna parte es porque precisamente toda esta construcción del amor entre estas dos huérfanas hermanadas por la desgracia parece sólo una excusa para un tercer acto que abandona casi por completo el camino trazado por la original y se convierte en un enfrentamiento justiciero que muy probablemente se haya hecho para dar a la película un final moralmente más satisfactorio para el público, algo que en cierto sentido me recordó a la también reciente Inside (2016), que reseñamos aquí hace relativamente poco. Este cambio, que se ve venir desde muy lejos valga decir, no me parece malo en sí mismo, pero esta hecho con mucha menos imaginación y resalta todos sus temas y explicaciones hasta el hartazgo mediante diálogos, como si alguien hubiese decidido hacer Martyrs pero volviéndola más accesible para un público mayoritario, algo que también se deja ver en el hecho de que es considerablemente menos violenta que la original, pese a que tengamos que soportar un primer plano de tortura bastante desagradable.

La cinta de Pascal Laugier del 2008 es hoy por hoy recordada como una de las más emblemáticas de su momento, mientras que esta nueva versión es la marca blanca de esta. Siendo sincero, algunas de sus ideas me agradaron y en general no la encontré tan ofensiva como la ya citada Inside, pero entre el hecho de parecer mucho más barata, mucho menos violenta y haber sustituido su brutalidad por un final de acción apresurado y hasta algo risible hace que no termine de convencerme. Creo que la mayor decepción ha sido descubrir que el guionista de esta nueva versión es Mark L. Smith, quien no sólo tiene experiencia en el género de terror con trabajos como Vacancy (2007) u Overlord (2018), sino que encima también ha escrito guiones de éxito en el mainstream como The Revenant (2015). Mi consejo: si tenéis estómago, mejor la original.

 

Reseña: Child’s Play (2019)

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Decir que la nueva Child’s Play (2019) ha sido una sorpresa es quedarme corto porque la verdad no esperaba que me fuera a gustar tanto. Mis expectativas en el momento en que se anunció estaban bajísimas, principalmente por la forma tan distinta en que replanteaba su premisa y al mismo tiempo decidía mantener los aspectos más icónicos del diseño original. Finalmente esta aparente contradicción ha resultado ser una de sus mayores virtudes, y aunque falla en muchos aspectos, se trata de una película muy entretenida a la que se le puede sacar mucho jugo ya que toma su propio camino que en nada se asemeja a la saga de Don Mancini, la cual no olvidemos continúa teniendo su vida propia.

Como todos sin duda sabéis ya, en esta ocasión nuestro muñeco asesino Chucky no es un juguete habitado por el espíritu de un psicópata. Es más, ni siquiera es humano; se trata de un robot de compañía, un asistente virtual defectuoso que ha perdido todas sus inhibiciones de comportamiento y que sólo desea ser el fiel compañero de su dueño Andy y protegerlo, pese a que los métodos que usa para ello incluyan asesinatos. El prólogo de la película en el que cuentan el origen de Chucky en una distópica fábrica china es glorioso y algo sin duda muy coherente no sólo con lo que quiere contar la película en sí sino también con la cinta original de 1988, la cual también dejaba colar su sutil puya al mercantilismo. Reconozco que ya desde el principio quedé enganchado ya que el origen de Chucky tiene cierto componente de arbitrariedad que le sentó muy bien e hizo de la historia algo sencillo y fácilmente extrapolable al contexto de entretenimiento nostálgico al que la cinta hace referencia, como bien demuestran cosas como la paleta de colores o el jersey rojo de Andy que nos trae al recuerdo la estética claramente Amblyn de la que esta película hace gala.

El apartado estético es algo que también tiene su significado y que justifica decisiones que en un principio yo ninguneaba; una de las cosas que me hacían desconfiar de este remake era que sus creadores habían mantenido en gran medida el diseño original de Chucky a pesar de haber cambiado sus orígenes, pero incluso esto tiene un propósito mayor. El diseño del muñeco y su comportamiento hacen de él un ser anacrónico y desfasado (hay incluso un chiste recurrente a lo largo de la cinta en cuanto al inminente lanzamiento de otro modelo superior) que hasta cierto punto es poseedor de cierta inocencia que se ve corrompida por sus dueños humanos. La relación entre Chucky y Andy al principio de la película tiene cierto componente de ternura hasta el punto de que como público hasta llegamos a sentir pena por un robot que sólo busca complacer a su dueño en todo y que termina infectándose de la trivialidad con la que los humanos reciben la violencia; en este sentido una de las mejores secuencias de la película es cuando Chucky observa las hilarantes reacciones de sus dueños a las escenas más sangrientas de La matanza de Texas 2 (1986), un sutil pero brillante ejercicio metanarrativo que elevó la película un poco más ante mis ojos.

Por supuesto está muy lejos de ser perfecta ya que sigue siendo en muchos sentidos una película un tanto chapucera que nunca llega a explotar del todo sus posibilidades y que peca en muchas ocasiones de invoresímil y ambigua en cuanto al alcance de los poderes de Chucky, especialmente en las escenas que incluyen un enfrentamiento físico con el muñeco. Pero esto es algo que la cinta sabe muy bien ya que nunca llega a tomarse a sí misma demasiado en serio. Por el contrario, es un divertimiento muy básico aunque bastante violento, y un remake que pese a todos sus problemas ha sabido sacar algo muy distinto de la original y abrirse su propio espacio. Espero sinceramente que esta nueva Child’s Play tenga algún tipo de continuidad ya que hay mucho potencial que explorar y considero que este ha sido un primer paso más que eficiente. Si eres fan de la saga original deberías sin duda alguna echarle un vistazo.

Reseña: The Grudge (2020)

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Apenas veinte años tras su primera encarnación, la gente de Ghost House Pictures nos trae esta nueva versión de The Grudge (2020), su segundo remake americano y décimosegundo largometraje de una saga que se niega a morir (décimotercero en realidad sin contamos este). El anuncio de este remake fue algo que en su momento me tomó por sorpresa, porque no sé si en realidad alguien lo estaba pidiendo. Había sin embargo cierto entusiasmo por ella teniendo en cuenta que su director era Nicolas Pesce, el mismo de la muy celebrada Los ojos de mi madre (2016). Al final no sé qué tanta influencia haya tenido este cineasta ya que esta nueva versión no pasa de ser una película de terror muy convencional de nuestros tiempos, y a pesar de que tiene innegables aciertos, es poco lo que puede hacer para hacernos olvidar el recuerdo ya no de la original, sino incluso de su primera versión occidental del 2004.

A pesar de que en esta ocasión estamos hablando de un soft reboot (es decir, una cinta que pese a ser un remake busca tener también algo de continuidad con la saga original) la trama es básicamente la misma de todas las entregas anteriores: una maldición viral que gira alrededor de un horrible crimen y que se aferra a todos aquellos que ponen pie en la casa donde se perpetró el asesinato. La principal novedad es que en esta ocasión los personajes son todos americanos y la película transcurre por completo en los Estados Unidos. Todo lo demás resulta igual; de hecho, una de las mayores sorpresas positivas que me llevé es que la película mantiene el esquema narrativo de las originales al estructurar el argumento en varias tramas que se intercalan en desorden cronológico. Eso sí, no parece que se hayan fiado mucho de la inteligencia del público ya que la cinta te va guiando no sólo indicando mediante rótulos el año en el que transcurre cada historia (curiosamente entre 2004 y 2006 por algún motivo) sino también con ub marco narrativo que engloba todas las subtramas y lo deja todo bien atadito.

Curiosamente, no he leído casi comentarios acerca de otro de los aspectos que este remake consigue recuperar de la original y es el lado dramático; aparte de la historia de fantasmas, todos los personajes de esta película parecen estar afectados por una pérdida o una situación familiar muy jodida, lo cual puede parecer poca cosa pero tiene el efecto de hacer que como público nos identifiquemos con los personajes y terminemos sufriendo con ellos, algo que puede que no salve la película del todo pero que al menos le da ese tono deprimente y desesperanzador que la original japonesa tenía y que sus contrapartes americanas en mayor parte no supieron reproducir. En ese sentido está muy bien y pienso que consigue momentos y escenas rescatables, ciertamente mucho más que el muy superficial gore (excesivo e innecesario en muchos momentos), los sustos baratos y ciertos momentos de la trama poco creíbles.

Ese viene a ser el único problema que tengo en realidad con la película; no hay casi sorpresas, resulta muy predecible en todo momento y pese a que ciertos pasajes demuestran un oficio mayor de lo que podría esperarse, sigue siendo en el fondo una cinta de terror de las muchas que se estrenan en enero y que están destinadas por lo visto a cubrir una cuota. Me alegra que haya recuperado algunos elementos de la original que se habían perdido con sus numerosas encarnaciones (incluso en Japón) pero sigue teniendo muy poca personalidad. De hecho, la curiosa manera en la que transcurren los créditos finales es lo único que se sale de los convencionalismos del terror comercial y algo que la gente que acudió a mi pase comentó a la salida. No sé por qué, pero esperaba más, y pese a que no es la peor encarnación de The Grudge que hemos visto, dudo mucho que esto vaya a resucitar la saga.

Reseña: Black Christmas (2019)

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Abrimos la tríada de reseñas navideñas de este año con Black Christmas (2019), tercera versión del clásico de Bob Clark de 1974 que ya había visto un remake del 2006 dirigido en aquella ocasión por Glen Morgan. Ahora, cuarenta y cinco años después del original, esta nueva adaptación cae en las manos de la directora Sophia Takal, quien además escribe un guión que reinventa por completo la película; estamos ante una nueva versión que no solamente no se parece en nada a las dos encarnaciones anteriores sino que tampoco tiene que ver nada con la Navidad. Por el contrario, Takal y su coguionista April Wolf construyen una alegoría marcadamente feminista muy alejada del protoslasher de Clark y más al estilo de otras muestras de horror con protagonistas femeninas como Satan’s School for Girls (1973), The Slumber Party Massacre (1982) y la versión original de The House on Sorority Row (1983), a la que me recordó muchísimo ya incluso desde sus primeros avances.

A decir verdad, este subtexto feminista del que hablo arriba es probablemente lo más interesante que la película tiene, algo que debe haber estado muy claro para sus realizadoras teniendo en cuenta lo destacado y explícito que está. Si bien es cierto que la Black Christmas (1974) original también hacía mención de temas políticos de su época, esta nueva versión lo subraya tanto que su trama termina yéndose de las manos. La cinta balancea una cantidad impresionante de temas, desde la crítica a los típicos roles de género, la cultura de la violación, el estereotipo del Macho Alfa universitario y la representación de la mujer en los estudios clásicos, así como la valoración de la sororidad por encima de todo y lo hace de una forma tan frontal y carente de sutileza que se convierte ya desde el principio en su principal muestra de identidad hasta el punto de hacerla parecer una parodia. Para que lo tengáis claro, imaginaos una de esas películas de propaganda cristiana pero sobre las principales causas del feminismo, con escenas y diálogos tan evidentes en su intención que, honestamente, se me hicieron imposibles de tomar en serio.

Por si fuera poco, la campaña publicitaria parecía haberla dañado de forma muy especial debido a un espantoso trailer que destripaba casi toda la película, aunque después de haberla visto me he dado cuenta de que no ha sido completamente así porque el misterio acerca de quién está matando a las universitarias y por qué es algo que se ve claramente en los primeros diez minutos, y además se nos aclara en más de una ocasión de forma literal: personajes explicando mediante diálogos lo que está ocurriendo, como si hubiesen considerado que el público no se enteraría de otra manera. Todo esto es algo que estaba dispuesto a pasar por alto sin problemas hasta que llega el tercer acto y la película toma un giro sorpresa (el único, por cierto, que no te contaban en el trailer) que cambia la naturaleza de la cinta por completo pero a partir del cual parecen haberse dado por vencidos, desembocando en una confrontación final con los villanos que parece más bien una sátira en lugar de una cinta de terror.

Creo que lo que más me ha decepcionado es que los primeros minutos prometían algo mucho mejor. Como decía arriba, el ángulo feminista de la película, aún con su inexistente sutileza y claro sermoneo, era al menos su punto más destacado e interesante, pero el acabado final es tan cutre y poco serio que termina dañando toda su promesa inicial. Además, la cinta es tremendamente light en su intento por alcanzar una clasificación de edad PG13, por lo que ni siquiera podemos argumentar un disfrute superficial de un slasher común y corriente. Me temo que esta será una de esas obras que algunos rechazarán por los motivos equivocados, despotricando de su explícito tono político en lugar de sus poco aprovechados recursos, su guión que raya en la autoparodia, y lo ilógico de muchas de sus salidas argumentales. De momento, y a juzgar por los comentarios que he leído sobre ella, es algo que por desgracia está pasando.



Puede que la de hoy no haya valido la pena, pero recuerda que todavía puedes votar aquí por tus favoritas de este año que se acaba.

Reseña: Knock Knock (2015)

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Una de las posiciones que más me ha costado mantener con los años en este blog ha sido mi defensa de Eli Roth, un autor al que todavía quiero por sus primeros aportes al género de terror pero que con el tiempo parece haberse metido en una espiral descendente en lo que a la calidad o relevancia de su obra se refiere. A falta todavía de ver su remake de Death Wish (2018) con Bruce Willis, puedo asegurar que Knock Knock (2015), la cual vi por primera vez hace un par de días, es no sólo su película más floja, sino fácilmente una de las peores que he visto en mucho tiempo, hasta el punto de que en varias ocasiones me pregunté qué hacía viéndola. También se trata de un remake, esta vez de Death Game (1977), un menos conocido thriller de los años setenta que trata acerca de un hombre de familia seducido por dos jóvenes chicas que se presentan de repente en su casa, las cuales luego proceden básicamente a torturarlo durante una interminable jornada de humillaciones. Dicho de esta manera pareciera algo muy apropiado para el director de Hostel (2005), teniendo en cuenta que la carnada del sexo fácil que lleva a la tortura y la violencia es algo que ambas películas tienen en común, aunque la realidad termina siendo otra muy distinta.

La principal diferencia entre estas dos cintas viene porque en esta ocasión estamos ante un trabajo mucho más comedido y ligero que por momentos parece inclinar la balanza menos hacia el thriller erótico y más en cambio hacia la comedia absurda. Digo esto no sólo porque la cantidad de violencia en pantalla sea mínima (lo es) sino porque honestamente no hay ningún momento en el que estas chicas (la española Ana de Armas y la chilena Lorenza Izzo, quien ha salido en varias de las películas de Roth) se vean como una auténtica amenaza para el personaje de Keanu Reeves, la peor escogencia de casting posible en el rol de un cuarentón padre de familia que debe mostrar emociones fuertes durante todo el metraje. El caso de Reeves es particularmente sangrante porque toda la simpatía que despierta en la vida real nos ha hecho olvidar lo tremendamente limitado que siempre ha sido como actor, y este es en definitiva uno de sus peores papeles, a excepción de un monólogo en particular que le hace alcanzar niveles Nicolas Cage de hilarante histrionismo.

En realidad, todos mis problemas con esta película tienen que ver con el tono; al igual que ocurre con otras producciones recientes de Eli Roth, nunca está claro hasta qué punto tenemos que tomarnos en serio aquello que está sucediendo, y muchos de sus elementos más perturbadores son arruinados por un tratamiento absurdo que hace de estas dos chicas un par de gremlins que nunca llegan a dar miedo pero sí que son increíblemente insoportables. Incluso el por qué han decidido acosar y destruir la vida del protagonista es algo muy poco creíble e incluso moralmente mojigato, ya que nunca se establece ningún defecto de este personaje como para que merezca ser castigado de esta forma más allá del hecho de haberle puesto los cuernos a su mujer (estuve todo el tiempo esperando alguna revelación que hiciese del personaje de Reeves un monstruo pero dicho momento nunca llegó).

Por el contrario, esta es una película sumamente idiota y risible en la que nunca llegas a creerte su contenido más truculento. No he visto la original, pero incluso el trailer parece tener algo más de substancia en este sentido (quizás por la estética). Esta en cambio no parece saber lo que quiere ser y se va volviendo cada vez más absurda hasta su muy decepcionante y predecible final. Con todo y eso debo decir que el mayor disfrute que puede haber, además de un mero completismo por parte de aquellos seguidores de la obra de su director, es el increíblemente bajo nivel de sus actuaciones. ¿Os acordáis de hace una década cuando la gente decía cosas como “es mala pero te ríes”? Pues eso mismo.

Reseña # 801: It: Chapter 2 (2019)

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Cerrando ya este muy postergado especial de reseñas octocentenarias, qué mejor oportunidad para soltar unas cuantas líneas sobre It: Chapter 2 (2019), segunda parte del binomio de adaptaciones de It y una de las tres (¡tres!) adaptaciones importantes que tiene pautadas Stephen King para este 2019. De esta forma, tras la ya reseñada Cementerio de animales (2019) y antes del estreno de Doctor Sueño (2019) el próximo mes de noviembre, esta segunda parte de la historia de Pennywise el payaso viene a cerrar la que probablemente sea la más ambiciosa película jamás hecha basada en la obra de King, al menos dentro del terror mainstream. Ha sido también, para mí al menos, una ligera decepción, y aunque la he disfrutado y tiene sin duda alguna innegables aciertos, no puedo dejar de pensar que me pareció seriamente menos aterradora que la primera parte y muchas de sus decisiones en cuanto a argumento y tono me parecieron cuanto menos insólitas e inexplicables. Intentaré explicarlo lo mejor que pueda.

Una cosa que me sorprendió de manera muy grata es que, a diferencia de aquella miniserie de 1990, esta versión de It se ha preocupado por hacer de sus dos entregas cinematográficas películas más o menos independientes, ya que la primera parte quedaba más o menos cerrada y perfectamente podría servir de agridulce final de la historia. En ese sentido, esta segunda parte es una secuela en toda regla, con el Club de los Perdedores regresando a Derry 27 años después para enfrentarse nuevamente a Pennywise y a sus propios demonios internos. Esta vez, sin embargo, están preparados, ya que uno de ellos, Mike, se ha quedado en Derry estas tres décadas recopilando historias acerca del ente detrás del payaso asesino y buscando la forma de destruirlo de una vez por todas. Agradezco que los responsables hayan decidido devolver a Mike su carácter de historiador aficionado, cosa que me extrañó ya que precisamente eso fue algo que se le arrebató en la primera parte.

Pero a pesar de esto que acabo de comentar, la película no está hecha exclusivamente desde la perspectiva de los adultos; por el contrario hay numerosos flashbacks de los mismos personajes como niños, escenas que por algún motivo no fueron incluidas en la primera película y que convierten esta entrega en una odisea de casi tres horas (creo que es una de las películas de terror más largas que he visto en mi vida) con una estructura bastante repetitiva: cada uno de los miembros del Club de los Perdedores tiene su propio encuentro con su pasado y por supuesto su propia escena con Pennywise. Sin embargo, una cosa que me llamó la atención es que incluso estas escenas están rodadas de una forma que resulta menos aterradora que la primera parte, y si bien los personajes son adultos, el horror sigue siendo en gran medida infantil y, salvo una escena del principio de la película, muy poco “serio”, algo que definitivamente no me esperaba y que hizo de la cinta algo mucho más ligero de lo que había esperado, incluso para una producción comercial como esta.

IT Chapter 2 trailer screen grab

A decir verdad, este cambio de tono con respecto a la primera parte puede que sea mi principal problema con esta secuela, ya que la cantidad de humor que han metido en prácticamente todo el metraje es demencial: prácticamente todas las escenas de terror tarde o temprano son desinfladas mediante un chiste, casi siempre proveniente del dúo de personajes interpretados por Bill Hader y James Ransone, que terminan convirtiéndose en los personajes mejor interpretados y en los protagonistas por defecto ya que todos los demás están sumamente desaprovechados y resultan bastante olvidables a pesar de contar con un elenco muy sólido.

Con todo y esto, hay definitivamente aciertos: uno de los más evidentes ha sido el de adaptación de la novela original de King y sus mayores derroteros fantásticos que quizás no hubiesen tenido cabida en una película de este calibre. Por el contrario el guión simplifica en gran medida tanto la mitología de Derry como la historia del propio Pennywise y deja varios aspectos de esta abiertos a la interpretación, por mucho que nos regale esa confrontación final con monstruo gigante incluido. Eso y un desenlace poderoso y emotivo que sabe tocar las teclas correctas y dar el cierre apropiado a una historia que se siente como algo familiar.

Esto último es algo que me parece clave porque lo cierto es que, posiblemente, las carencias como película de It: Chapter 2 tengan que ver con los cambios en la manera de consumir ficción por parte del público actual. Esta es una película que, al igual que la novela en que se basa, tiene un trasfondo argumental enorme, muchas subtramas que aprovechar y muchos personajes en los que hubiese sido interesante profundizar un poco. Todo esto me hace pensar que hubiese funcionado mil veces mejor como una serie de diez episodios que hubiese hecho justicia no sólo a la novela sino a sus propias posibilidades como historia de horror y relato de crecimiento. Tal como está me ha parecido entretenida y con un nivel de producción definitivamente superior al promedio de adaptaciones de King, pero también me parece una película intrascendente y muy por debajo de la buena impresión que causó en mí la primera parte. Y aún así, con todo y eso, forma parte de una dupla a la que habrá que volver y que espero que sea sólo el principio de un renacer de la obra de King en los cines. En eso sí que salimos ganando.

801. It - Chapter 2 (2019)

Reseña: Cementerio de animales (2019)

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Tras la buena racha de algunas adaptaciones recientes como It (2017) o El juego de Gerald (2017), la obra de Stephen King parece estar disfrutando de un nuevo aire comercial que ha llevado a los estudios a revisitar algunos de sus libros a través de nuevas versiones que por lo visto están siendo muy bien recibidas. Tal es el caso de esta nueva adaptación de Cementerio de animales (2019), la cual vino precedida por un hype altísimo incluso mucho antes de su estreno. Dirigida esta vez por Kevin Kolsch y Dennis Widmyer, los mismos de la excelente Starry Eyes (2014), esta nueva versión me ha parecido una muy buena forma de rescatar una de las mejores novelas de King, y aunque tiene algunos puntos en los que me ha decepcionado un poco, me parece en muchos sentidos una versión valiente que al menos ha sabido tomar algunos riesgos y tejer un discurso propio.

Y es que a pesar de que las opiniones encontradas, debo confesar que uno de los principales motivos por los que me ha gustado ha sido precisamente esos cambios que han hecho con respecto no sólo a la versión anterior sino también a la novela original del Stephen King. No es ningún spoiler porque es algo que ya se sabía desde el primer trailer: pese a que se mantiene la misma premisa base de la novela, en esta ocasión es el otro de los niños del matriomonio Creed quien muere dando inicio al principal conflicto del argumento. El cambio parece en un principio pequeño, pero por más que se haya intentado menospreciar en algunas reseñas que he leído, lo cierto es que esta alteración tiene un efecto significativo tanto en el desarrollo de la trama como en el tono que la película alcanza.

De hecho, una de mis principales quejas antes de ver la película era que me parecía que el trailer lo destripaba todo, pero al final estaba equivocado: lo cierto es que es sólo tras la muerte de dicho personaje cuando la película realmente “comienza”, y las consecuencias de enterrar al ser querido en el cementerio micmac son algo que influye todo este tercer acto y no sólo el clímax, como ocurría en la original. A partir de aquí la historia se convierte en algo muy distinto a lo que King quería contar, quizás con una menor carga dramática y quizás más deudora del horror de hoy en día, pero al mismo tiempo con un discurso propio y con algunas decisiones y momentos realmente horripilantes por mérito propio.

Siendo sinceros, me parece que el empeño que han puesto Kolsch y Widmyer en este tercer acto han tenido como consecuencia un tratamiento un tanto apresurado del material original, puesto que parece que todo lo que ocurre antes del accidente no es sino un muy largo preámbulo por el que parecen querer pasar lo más rápido posible. Esto hace que por el camino se pierdan algunos componentes dramáticos que resultaban esenciales en la trama tales como la relación paterno-filial entre Louis y Jud, que aquí está prácticamente dejada de lado (de hecho, Jud parece tener una relación más cercana con Ellie en esta película que con su padre). Pero otro lado, debo decir que me alegra mucho ver que hayan querido hacer algo nuevo con la novela de King en vez de limitarse a tocar las mismas teclas que la versión del 89, y aunque el final de la película puede que no convenza a muchos, lo cierto es que al menos consigue una seña de identidad propia que muy pocos de estos remakes suelen tener. A pesar de sus condescendencias a los clichés del horror comercial (básicamente toda la subtrama de Zelda) y de que en muchas cosas siento que no consigue superar a la versión anterior, pienso que esta es una película que ganará con los años y que ciertamente merece ser vista.

Reseña: The Town That Dreaded Sundown (2014)

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Toda una sorpresa para mí teniendo en cuenta lo poco que sonó y lo desapercibida que sigue pasando incluso ahora, esta nueva versión de The Town That Dreaded Sundown (2014) ha terminado siendo, si no una gran película, al menos uno de los más interesantes remakes de terror que he visto en mucho tiempo. Es también una muy curiosa y estimulante meta-narración a partir de la original, hecha además con una inteligencia e ingenio francamente poco habituales en una producción de Blumhouse, ya que no se contenta con volver a contar la misma historia sino que elabora un discurso en torno a la película original y la huella que esta dejó en la cultura popular.

Esto último queda en evidencia ya con la premisa de la película, que nos lleva de nuevo a la localidad fronteriza de Texarkana pero no para repetir el mismo argumento, sino para ubicarnos en un mundo en el que la cinta del 76 existe y, tal como ocurrió en realidad, se ha convertido en parte esencial de la identidad del pueblo y ha terminado sustituyendo en la memoria colectiva al crimen en el que se basó. La película de hecho arranca con la proyección de The Town That Dreaded Sundown (1976) en un autocine y finaliza su secuencia inicial con un copycat del asesino cinematográfico que da inicio a una serie de crímenes que buscarán replicar los de su contraparte en la ficción. Al mismo tiempo, la investigación por parte no sólo de la policía sino también de la chica protagonista terminará repitiendo los eventos de la primera película de forma consciente en un juego de espejos enfrentados que la cinta abraza de manera entusiasta y muy efectiva.

Este discurso meta muy al estilo de Scream (1996) y otros trabajos similares está apoyado además por una estética muy cuidada que busca también su propia identidad por medio de una incoherencia completamente intencional; a pesar de estar ambientada en la época actual, la película huye de una representación realista y opta en cambio por dar a sus personajes un look evidentemente setentero al mismo tiempo que evita la representación de tecnología actual, como si la historia tuviese lugar en una época propia sin ninguna conexión con la realidad, un universo ficitio que se alimenta del crimen real y lo reinventa para construir su propia verdad a la vez que habla del morbo del espectador hacia la violencia y el carácter muchas veces siniestro de la falsificación de la historia.

Por estos motivos insisto en que pese a que se hace un poco larga en ocasiones y el asesino es menos vistoso de lo que nos tiene acostumbrados el slasher actual, esta nueva versión de The Town That Dreaded Sundown es una película que vale la pena y, para mí al menos, se ha convertido en una de las mejores de Blumhouse y una manera muy inteligente de aprovechar el remake de una cinta poco conocida para el público actual. Personalmente pienso que se disfruta más si habéis visto la del 76 pero aún así es una que recomiendo aunque sea para poder luego hablar largamente de ella.