Reseña: El páramo (2021)

Primer estreno importante del año, El páramo (2021) es una producción española apadrinada por Netflix para su distribución. También es una película de terror muy sencilla tanto en premisa como en ejecución, con un elenco muy reducido y una única locación que sin embargo se aprovecha muy bien. Sus limitaciones probablemente se deban a motivos que van más allá del ángulo creativo (es, después de todo, una película producida en plena pandemia) pero si es así no se nota porque es precisamente eso lo que le da su efectividad al fin y al cabo.

Si algo le sobra quizá sea ese comentario en el pr´ólogo que sitúa la película en la España en guerra del siglo XIX, en el cual una pareja y su pequeño hijo deciden aislarse del mundo y del conflicto en una solitaria cabaña en medio de una llanura que parece infinita. Digo sobra porque la verdad es que la ambientación está muy bien y le da un carácter atemporal y casi de otro mundo que se rompe un poco si se le da un contexto concreto, pero al final es lo de menos. Lo realmente importante es lo que ocurre producto de ese aislamiento, cuando la soledad, la locura y una presencia maléfica comienzan a hacer estragos en la familia poniéndolos en peligro.

Aquí es donde probablemente comenzaron los problemas para mí ya que pese a que la idea de la que parte es muy buena y la estética recalca esa premisa en todo momento, lo que realmente pasa en la película es una historia de terror muy común que probablemente hayáis visto muchas veces. Yo mismo tuve la «suerte» de ver esta película poco tiempo después de haber visto The Wind (2018), una cinta de terror sobrenatural ambientada en el oeste americano que se parece mucho a esta tanto en su planteamiento base como en el desarrollo y los trucos que lleva a cabo. Esta incluso tira por tierra gran parte de sus aciertos una vez que abandona la ambigüedad de la que hacía gala al principio y se rinde a la recreación de una película de monstruos superficial con un acabado más preciosista de lo que estamos acostumbrados.

Con todo y eso tiene sus innegables aciertos: el elenco está muy bien incluso sin tener en cuenta que no me suelen gustar estas historias de terror rural centradas en niños, la pel´´icula se va poniendo más siniestra a medida que avanza el metraje, y como decía arriba gran parte de su efectividad reside en la maravillosa estética y el paisaje en el que se desarrolla todo, sobre todo durante el desenlace. Lástima que en todo lo demás se me hizo muy familiar y, siendo sinceros, poco aprovechado.

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Reseña: Malasaña 32 (2020)

Una de las últimas apuestas del mainstream español en cuanto a cine de terror, Malasaña 32 (2020) fue una película de la que escuché mucha mala prensa cuando se estrenó, y en parte por eso me la perdí en aquel entonces. Finalmente pude verla y me parece que gran parte de esa mala reputación fue un tanto exagerada, ya que si bien es efectivamente una producción menor que depende en gran medida de las obras en las que se inspira y se referencia, sí que tiene innegables aciertos propios y una identidad acorde con situaciones que se han vuelto ideas recurrentes en el terror hispánico de las últimas dos décadas: el peso del pasado, la idea del fantasma como la materialización de una culpa colectiva y, en este caso en particular, la ambientación en los viejos edificios de apartamentos de las grandes ciudades, que por lo visto se han vuelto un escenario casi obligatorio desde el éxito de REC (2007) y similares.

Tal edificio es en este caso el que da título a la película (en sí mismo un juego metaficcional ya que la verdadera calle madrileña de Malasaña solo llega hasta el número 30), ambientada en los años del franquismo tardío y que gira alrededor de una familia que se muda a un apartamento demasiado barato para ser bueno. A partir todo resultará muy conocido, desde la aparición progresiva de un fantasma hasta la investigación de un terrible hecho del pasado que guarda relación con lo que está pasando y la desaparición del miembro más joven de la familia, por supuesto desembocando en un clímax de enfrentamiento con lo sobrenatural una vez agotadas las vías racionales.

Otra cosa que tiene en común con trabajos similares es que toda la historia sobrenatural se va intercalando con un drama familiar que toca a cada uno de los personajes y que por desgracia se explora poco, aunque siempre remitiendo a lo que parece ser el tema central de una dinámica social y familiar basada en la vergüenza y el señalamiento moralista al que se ven sometidos todos los personajes. Este detalle en sí es algo que se reitera mucho y que parece tener tanto peso como los elementos de terror, los cuales sí es verdad que se sienten muy artificiosos y centrados principalmente en la construcción del susto, con influencias muy claras no solo de clásicos del horror sino también de trabajos exitosos más recientes con las que ha sido comparada quizá de forma un tanto exagerada.

A pesar de todo me pareció más efectiva de lo que se le ha concedido, con alguna escenas e imágenes aterradoras y que funcionarán sobre todo con gente que de alguna manera ya guarde una fascinación con fotos antiguas de gente an´ónima, y yo en lo particular celebro la existencia de estas películas que no tienen miedo de rendirse a su lado fant´ástico de forma claramente entusiasta.

Reseña: Voces (2020)

Otra de las víctimas cinéfilas de la pandemia fue la película de terror española Voces (2020) que terminó siendo distribuida por Netflix a nivel mundial hace muy poco. No había escuchado mucho sobre ella antes de verla y de entrada puedo decir que la he disfrutado mucho, aunque temo que seguramente vaya a ser ninguneada por gran parte del público y la crítica que la despachará como una versión hispana de The Conjuring (2013), a la que sin duda recuerda tanto en argumento como recursos. Sin embargo, despreciarla por esto sería un error ya que se trata de una cinta muy eficiente con algunos momentos muy buenos y sobre todo un potencial en cuanto a continuaciones que pocos trabajos de terror hispano han conseguido.

La premisa base de la que parte es algo que se ha hecho muy común en la última década, y no es sino la contraposición del horror sobrenatural y la investigación paranormal que nos viene de los tiempos de Poltergeist (1982) pero que se hizo tremendamente popular gracias al éxito de cintas como Insidious (2010) y la arriba mencionada película de los Warren. En este caso también tenemos de hecho una pareja de investigadores pertenecientes a un clan familiar, padre e hija, quienes investigan una serie de extrañas muertes y fenómenos en una casa antigua casa con un pasado misterioso. Hay que destacar, sin embargo, que los investigadores no aparecen hasta bien entrada la trama, por lo que toda la primera media hora se va en recrear la maldición de la casa y los estragos que causa en la pequeña familia que se ha mudado a ella para restaurarla.

Todo este primer tercio es, de hecho, lo mejor y aquello que será más recordado por el espectador ya que contiene los mejores sustos y algunas escenas realmente pavorosas, además de que el destino de varios personajes fue algo que me tomó por sorpresa y le otorgó a la cinta un tono mucho más oscuro de lo que en un principio pensaba. Más adelante, cuando finalmente aparecen los investigadores, no es que la película decaiga pero sí es cierto que se vuelve algo menos serio, con largas escenas en las que se explican cosas y un acabado de lo sobrenatural más parecido a un tren de la bruja que a la macabra historia gótica que parecía al inicio del metraje. Aún así sigue teniendo momentos muy buenos y se ve que al menos su director Ángel Gómez Hernández entiende el género de terror ya que la cinta carece de «sustos falsos» (ese cliché en el que un personaje se asusta por algo repentino que termina siendo una falsa alarma) e incluso sus referencias a otros clásicos como Terror en Amityville (1979) o Al final de la escalera (1980) están bien integradas a la trama.

Voces quizá no vaya a convertirse en un clásico de aquí a unos años y sin duda alguna hay ejemplos superiores dentro del horror hispano reciente, pero aún así me parece más que recomendable y sin duda cumplirá su cometido si se ve en la atmósfera apropiada. Algo que no puedo dejar de mencionar, por supuesto, es que hay una escena post-créditos que al parecer asoma la posibilidad de una continuación con el dúo de investigadores de esta cinta, algo que muy probablemente también haya dado pie a las comparaciones con la obra de James Wan. No sé si al final se dará o no, pero espero que sí.

Reseña: Musa (2017)

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Entre las primeras reseñas que leí en su momento de Musa (2017) estaba aquella idea según la cual, con esta película, Balagueró se adentraba en terrenos distintos a los que solía tocar en su cine de terror. Después de haberla visto me sorprende esta afirmación ya que me ha parecido todo lo contrario: su más reciente cinta parece más bien un retorno a los orígenes no sólo para él sino también para Filmax, ya que esta historia participa precisamente de aquellos aspectos temáticos y estéticos que impulsaron tanto a Balagueró como a la productora que ayudó a levantar. Nuevamente tenemos aquí una historia de terror gótico ambientada en la época actual y que involucra muchas de las claves argumentales que ya vimos en Los Sin Nombre (1999), aunque en esta ocasión el guión está basado en una novela de José Carlos Somoza titulada La dama número trece.

El argumento es precisamente el punto que considero más débil de la película; no he leído la novela en la que se basa, pero la sensación que despierta es la de un thriller muy genérico con un trasfondo de conspiración alrededor de elementos de la cultura clásica, algo que estuvo muy de moda entre los noventa y principios de los dos mil gracias a obras como El club Dumas y El código Da Vinci, y que aquí se sienten como algo reciclado y muchas veces visto. Encima la trama acerca de unas misteriosas mujeres guardianas de secretos milenarios se vuelve por momentos increíblemente enrevesada y confusa, como si quisiera hacerle creer al público que la película es más inteligente de lo que es cuando por el contrario muchos de sus elementos son topicazos muy manoseados incluso para los estándares actuales, además de que sus referencias de alta cultura son empleadas de forma muy superficial; digamos que ya sabía que algo iba mal desde el momento en que la película abre con una mujer leyendo en voz alta La divina comedia como si fuese un poema de amor.

Esta discrepancia de tono y la insistencia en ser un thriller cultural-conspiranoico debería ser prueba suficiente de la que considero la mayor carencia de la cinta, y es que todo en ella, desde la estética hasta el cartel, parecía indicar que estábamos ante una película de terror cuando en muchos sentidos no lo es. Tiene escenas de miedo, es gráfica en cuanto a violencia y toma varios de sus aciertos de una tradición de terror europeo que recuerda en ocasiones al Dario Argento de Inferno (1980), pero no hace nada interesante con eso. Aunque la explicación del argumento es sobrenatural, estamos ante todo ante una película de fantasía más oscura de lo habitual y que ya hacia el desenlace se descalabra por completo convirtiéndose en un relato de heroísmo banal y sonrojante que encima termina de forma abrupta y poco satisfactoria.

Musa fue bastante ignorada en el momento de su estreno pese a que el nombre de Balagueró es uno de los más reconocibles en el panorama de terror hispano. En esta ocasión, sin embargo, parece haber tirado la toalla en su intento de recuperar parte del espíritu narrativo que lo hizo famoso hace ya casi dos décadas. Este quizás no sea su peor trabajo, pero ciertamente es muy mejorable, aunque creo que sus principales problemas tienen que ver con un argumento poco atractivo que necesitaba quizás de las dosis de terror que este director sí ha sabido implementar correctamente en el pasado, en lugar de ese sonrojante cuento de fantasía sentimental en el que termina convirtiéndose.

Reseña: El secreto de Marrowbone (2017)

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Juan Antonio Bayona produce este debut como director de su guionista habitual Sergio G. Sánchez, y la verdad es que la influencia de ambos se nota mucho ya que El secreto de Marrowbone (2017) guarda muchas similitudes tanto estéticas como temáticas con cintas como El orfanato (2007). Entre estas similitudes se encuentran su preciosa fotografía y el énfasis en un argumento que, como suele ser el caso en muchas de estas producciones españolas de los últimos años, concentra gran parte de su efectividad en un secreto que se mantiene oculto durante la mayor parte del metraje hasta la ya inevitable resolución final, momento que suele dividir al público de forma irreconciliable.

Debo decir, sin embargo, que en esta ocasión dicha trama me pareció mucho más interesante que la de aquella película con Belén Rueda, y Sánchez consigue además una atmósfera tremendamente opresiva al contar la historia de un grupo de hermanos refugiados en un caserón familiar de un apartado pueblo costero americano y que deben lidiar con una presencia que parece habitar en sus paredes y manifestarse a través de los espejos. El por qué de esta presencia fantasmal, así como el estado de soledad de los hermanos en medio de aquel caserón en ruinas son cosas que se mantienen deliberadamente ocultas a un público, pero a pesar de esto la película consigue escenas realmente aterradoras (a las que ayuda el hecho de haber rodado en una locación real con luz natural) que sin embargo ceden protagonismo a un misterio en la trama por el que al menos yo me sentí genuinamente interesado, cosa que no me suele pasar en este tipo de películas.

Es este ambiente creado mediante la estética, la música y la fotografía lo que me parece más destacable incluso a pesar de que termina lanzando a la película a su propia realidad; la historia está supuestamente ambientada en 1969 pero todo parece mucho más antiguo, como si ese pueblo de Nueva Inglaterra se hubiese quedado anclado en el tiempo reflejando el estado ruinoso de la casa en la que habita el grupo de hermanos. En este sentido, la presencia de la chica del pueblo interpretada por Ana Taylor Joy y su subtrama amorosa con el protagonista se sienten como el único rayo de luz en medio de una decadencia opresiva tanto como la de esa casa habitada por el fantasma de la muerte. Son detalles muy interesantes que se perciben sin embargo de forma intuitiva ya que el argumento llega a extenderse demasiado y hace a la película demasiado larga.

Es por este motivo que la sorpresa final se ve venir desde mucho antes, pese a que no termine de arruinar la película del todo. Lo cierto es que es un trabajo muy eficiente con pocas concesiones al horror y más parecido a un drama de época al que se le han añadido algunos elementos de thriller tales como el misterio que rodea a la familia y una subtrama de familia marcada por el odio y la violencia. Pero funciona, aunque el resultado final termine siendo, al igual que como ocurría en El orfanato, tremendamente light y oprimido por un melodrama que aquí, debo decir, funciona mucho mejor. Con todo y sus medianías, la verdad es que me ha gustado.

Reseña: Cuento de Navidad (2006)

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Nuestra trilogía decembrina de este año cierra con una entrada que debería haber caído por aquí hace mucho tiempo, en los inicios mismos de este blog. El telefilme Cuento de Navidad (2006), sexta y última de aquellas Películas para no dormir que produjo Narciso Ibañez Serrador a mediados de los dos mil (y de las cuales todavía nos queda una por reseñar) es una que además ha crecido en mi recuerdo con el pasar de los años, y un nuevo visionado reciente me ha servido para darme cuenta no sólo de que estamos ante la que con toda seguridad es la mejor de su particular ciclo, sino también ante uno de los mejores trabajos del director Paco Plaza. Es una película que además engaña al público tentándole con la carnada de la nostalgia facilona de los ochenta para luego adoptar un tono y contexto oscuro y violento que poco tiene que ver con la Navidad pero que aún así no pierde en ningún momento su perspectiva infantil.

Esta perspectiva a la que me refiero es porque, como todos sabemos, la película está ambientada en un pueblo costero en la España de los ochenta y protagonizada por un grupo de niños que descubren en un agujero en medio del bosque a una ladrona de bancos vestida de Papá Noel, a la que torturan y maltratan para intentar localizar el dinero que ha robado. Esta premisa de la que parte todo es interesante no sólo por mostrar el siempre efectivo tabú de la crueldad infantil sino también porque representa un giro tremendo con unos chavales que en las primeras escenas constituían una referencia a los Goonies y al Equipo A y que terminan viviendo su propia aventura pero como villanos, todo de una forma muy grotesca y malsana pero también muy efectiva y por momentos genuinamente desagradable.

El tono infantil se mantiene también no sólo a través del ambiente desfasado de «veraneo» o la batería de referencias a los años ochenta que hay (sobre todo la secuencia inicial) sino en detalles estéticos como el hecho de que, salvo la ladrona, nunca vemos la cara de ningún personaje adulto, lo que mantiene a los niños de protagonistas. Y lo mejor de todo es que en ningún momento se siente condescendiente hacia los críos, ni siquiera durante el clímax de persecución, que es el único momento en que la película parece bajar la guardia en cuanto a su oscuridad a la hora de intercalar la violencia con momentos de humor hechos a costa de su antagonista y que se ven de repente truncados por un desenlace oscuro y siniestro que francamente no me esperaba y que le sienta de maravilla al relato.

El experimento de Ibáñez Serrador con Películas para no dormir no terminó lo que se dice demasiado bien ya que no tuvo continuidad ni ayudó particularmente a impulsar las carreras de los directores en él involucrados, pero ahora, doce años después de su estreno, Cuento de Navidad merece convertirse en un ejemplo de un relato de terror sencillo pero efectivo, y sobre todo un nuevo clásico navideño sumamente cruel que merece mucho la pena. Como propósito para el Nuevo Año prometo ponerme al día y reseñar el último de estos seis telefilmes que nos queda por visitar, así que si no los habéis visto ya tenéis algo que hacer.

Reseña: Inside (2016)

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Quiero creer que no soy el único al que esto le pilló de sorpresa; este largamente postergado remake de la francesa A l’intérieur (2007) terminó estrenándose sin que yo me enterase el año pasado, una década después de la original, y siendo casi completamente ignorado tanto por el público como por gran parte de la crítica. Los motivos no son de extrañar, ya que esta nueva versión titulada Inside (2016) llega a destiempo, mal y pasando por alto todos y cada uno de los elementos que hacían especial la película de Maury y Bustillo. Todavía no me explico cómo fue que pensaron que sería bien recibida, y exactamente cuál era el público al que estaba dirigido este invento.

El argumento es exactamente el mismo: una joven viuda en vísperas de parto es acosada dentro de su casa por una psicópata que desea arrebatarle a su bebé a toda costa, y lo que comienza como una situación tenebrosa de invasión domiciliaria se convierte rápidamente en un festival de sangre y violencia que ocupa casi todo el metraje. Hay que señalar que a pesar de estar rodada en inglés y con un elenco hollywoodense (Rachel Nichols y Laura Harring retomando los papeles que hicieran Alysson Paradis y Béatrice Dalle) se trata esta vez de una producción española apadrinada nada menos que por Jaume Balagueró, quien además co-escribe el guión entregando la dirección a Miguel Ángel Vivas, el mismo de la similar pero muy superior Secuestrados (2010), aunque poco hay aquí de su estilo y fuerza. Por el contrario, se trata de una cinta mucho más convencional y light que la original, la cual era bastante incómoda de ver y se ganó gracias a su brutalidad un puesto como una de las más sonadas obras de esa fiebre que surgió por el cine de terror francés de mediados y finales de los dosmil.

A decir verdad ha sido este mi principal motivo de asombro, el que alguien haya decidido hacer una versión más ligera y digerible de una cinta cuya mayor baza era precisamente su tendencia por lo extremo y su regodeo en la violencia por encima de prácticamente todo. Esta por el contrario, y a pesar de su brevedad, tiene una mucho mayor cantidad de diálogos, una mayor historia de trasfondo de sus personajes, y sobre todo un énfasis en la trama muy superficial ya que se nos explican al detalle no sólo las motivaciones del personaje de Laura Harring para hacer lo que hace sino el cómo lo ha hecho, algo que no interesa y que con toda seguridad nadie habría pedido. A esto hay que sumar intentos supérfluos de hacer la trama más dramática, como por ejemplo el hecho de que la protagonista ahora es sorda, algo que no tiene ninguna relevancia para el desarrollo de la historia a pesar de que lo ponen como algo importante.

Eso es todo lo que puedo decir acerca de Inside: un remake francamente innecesario que recicla las cosas buenas de la original pero suavizadas, robándole así todo lo que tenían de interesante. Pongamos además un argumento perezoso lleno de salidas fáciles (llegado el momento la película parece olvidar que esta mujer estaba de parto) y un final bien masticadito y lo que nos queda es algo que todavía no entiendo para quién fue realizado. Lo único que le puedo conceder, la única sorpresa positiva que me llevé, fue el hecho de que sus responsables decidiesen sabiamente no usar el mismo final de la original (demasiado oscuro y deprimente para lo que esta película en el fondo es) y en cambio hubiesen decidido darle una satisfacción al espectador, la única en medio de todo esto. Sé que lo digo mucho pero por favor: ved la original.

Reseña: La monja (2005)

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Si habéis entrado aquí esperando leer algo sobre el nuevo spin-off del que todos hablan, habéis sido engañados. Hoy aquí lo que toca es hablar de La monja (2005), una producción española de la ya difunta Fantastic Factory que se estrenó precisamente el año en el que este blog vio la luz por primera vez, y que ahora se vuelve más relevante que nunca aunque sea como homenaje a aquella extraña casa de producción con la que Julio Fernández y Brian Yuzna intentaron hacerse un hueco en el mundo del fantaterror hispano a través de una serie de películas serie B rodadas en España pero en inglés, lo que evidencia sus intenciones de mercado internacional. Esta película de Luis de la Madrid (veterano montador de Filmax que tuvo en este su primer y único largo hasta la fecha) no fue sin embargo muy bien recibida en su momento y me temo que muchos de sus ingredientes han envejecido aún peor de lo que recordaba.

Su trama para empezar es muy básica y cuenta la ya clásica historia de una venganza de ultratumba enla que el fantasma de una monja cruel y sádica vuelve  para vengarse de aquellas mujeres responsables de su muerte dieciocho años antes. La historia, eso sí, no se cuenta desde la perspectiva de estas sino de la hija de una de las víctimas, que viaja junto a sus amigos hasta España para encontrar la respuesta a la misteriosa muerte de su madre. De entrada debo decir que es interesante la premisa de maldición generacional al estilo de Pesadilla en Elm Street (1984), pero no se aprovecha en realidad, y parte del motivo es la sobrexposición del fantasma, al que vemos desde el principio y al que se muestra a través de una estética acuática un tanto reiterativa que terminaría por convertirse en un cliché dentro del cine de fantasmas luego que se popularizara gracias a cintas como El espinazo del diablo (2000) o The Ring (2002).

A la estética hay que sumarle además una trama en ocasiones absurda en la que los personajes van encontrando las pistas de forma automática y en la que por algún motivo se reservan los mayores momentos de exposición para el acto final, cuando el misterio alrededor de la monja es revelado como si fuese algo sorprendente cuando resultaba más que obvio desde el principio. Las muertes de los personajes se van sucediendo unas a otras a través de momentos de comedia involuntaria y otros de humor intencional pero muy forzado, y la resolución final para acabar con el fantasma llega de la nada y de forma tan absurda que me imagino debe haber causado carcajadas generales en el momento de su estreno. La película además pasa de puntillas por todo el tema de la religión católica que podría perfectamente haber sido su ángulo más aprovechable y en lugar de eso se rinde a una muy trillada secuencia de persecución del fantasma a través del escenario del internado en ruinas, todo un tanto supérfluo ya que nunca entendí por qué la película se centra en personajes adolescentes cuando las mujeres que son el objetivo de la monja parecían personajes mucho más atractivos que son despachados de forma que sólo se puede tomar a coña.

Todo esto por desgracia no ayuda al disfrute de la película porque lo cierto es que a pesar de todos estos detalles estamos ante una cinta sumamente mediocre y aburrida que ni siquiera aprovecha la figura siniestra de la monja como otras películas de terror de décadas pasadas han hecho. A pesar de que me considero un defensor de la Fantastic Factory, no estamos aquí ante algo disfrutable dentro de su estética trash como pasó con Arachnid (2001), Beyond Re-Animator (2003) o Dagon (2004). Por el contrario, este es un trabajo muy mediano que se desploma por su aparente seriedad, su muy superficial terror y una subtrama romántica metida con calzador que se hace sonrojante pero de verdad. Terrible, sin duda.

 

Reseña: Verónica (2017)

Emergiendo después de sus trabajos con Jaume Balagueró, y con su primer largometraje en solitario fuera de la saga de REC (2007) en una década, Paco Plaza vuelve con Verónica (2017), una cinta de terror sobrenatural basada en el famoso caso «real» ocurrido en el barrio madrileño de Vallecas a principios de los noventa. Esta cinta sonó mucho en el momento de su estreno y si no pude verla en aquella ocasión fue, para variar, por motivos geográficos. Finalmente he podido acercarme a ella y comprobar de primera mano que se trata de una muy sólida y eficiente película de terror con la que Plaza se marca no sólo su mejor obra en solitario hasta la fecha sino también la que probablemente sea una de las cintas de miedo más sólidas del panorama mainstream español en mucho tiempo, una historia muy sencilla que aunque bebe de numerosas fuentes tanto foráneas como dentro de la propia obra de Plaza, es altamente recomendable para todos los que se acercan regularmente por aquí.

Una cosa que siento que tengo que decir de entrada es que el cartel con que la han anunciado no le hace justicia ya que parece presagiar una historia de posesiones diabólicas de toda la vida cuando la película es algo completamente distinto: en la cinta Verónica es una chica de quince años que tras una muy torpe e imprudente sesión de Ouija con sus amigas comienza a ser acosada por un ente maligno que se obsesiona con ella y sus tres hermanos pequeños. Por mi parte yo no conocía el supuesto caso real en el que se basa así que el argumento me pilló más o menos de sorpresa, y puesto que de todas formas los nombres están cambiados es probable que incluso aquellos que lo conozcan superficialmente puedan llevarse un par de sorpresas. Es precisamente el gancho de «basado en hechos reales» lo que hasta cierto punto representa una de las principales fortalezas de la película ya que su ambientación de barrio de clase obrera es magnífica y de lejos una de las principales marcas de identidad de la película, sobre todo en lo que se refiere al clima familiar de Verónica, su madre ausente y la tremenda carga de responsabilidad que son sus hermanos, algo que hace aún más creíble a su personaje y su decisión de enfrentarse valientemente a la amenaza sobrenatural que los está poniendo en peligro.

Toda la película está narrada desde el punto de vista de la chica, lo cual funciona principalmente gracias a un muy buen elenco, sobre todo el de los niños, algo muy poco habitual en este tipo de cine. La perspectiva infantil/juvenil se nota mucho en ciertos momentos y la emparenta con otra muy buena película de Plaza como es Cuento de Navidad (2006), con la que comparte además el empleo de elementos pop para destacar su ambientación de época (en Cuento de Navidad era el cine fantástico de los ochenta y aquí es la presencia constante de Héroes del silencio en la banda sonora). Al ser una película de terror comercial de nuestra época es muy evidente la huella que ha dejado el trabajo de directores como James Wan, aunque no es la única referencia ya que parte de la ambientación y la forma como está presentada la película y su énfasis en el realismo traen también a colación otros éxitos del cine de terror hispano como el propio REC, cuya huella se siente en los oscuros pasillos de ese edificio viejo convertido en escenario de terror.

Oscura y tensa por momentos, pero dotada de momentos de humor y con una protagonista grandiosa por su fuerza y determinación, Verónica ha sido todo un descubrimiento para mí, con todo y sus fallos producto más bien de los clichés normalmente asociados a este tipo de cine de terror con fantasmas y demonios de por medio. A pesar de todo es una gran película de miedo, y un regreso por todo lo alto para Paco Plaza, de quien espero muchas cosas más en el futuro. Muy buena.

 

Reseña: La piel fría (2017)

En donde vivo sólo he podido verla en un festival, pero si vivís en España muy probablemente hayáis tenido ya la oportunidad de echar un vistazo a La piel fría (2017), una co-producción española rodada en inglés, dirigida por el francés Xavier Gens y basada en la famosa novela de Alberto Sánchez-Piñol, y un proyecto además que venía gestándose desde hace mucho tiempo y que finalmente se ha hecho realidad obteniendo unos resultados un tanto más modestos de lo que originalmente prometía. Por mi parte puedo decir sólo que leí la novela hace mucho tiempo por lo que hay muchas cosas de ella que no recuerdo, pero sí tengo claro que la sensación que me dejó aquel libro fue muy distinta y que la mayoría de sus elementos más interesantes han sido suavizados o directamente eliminados en esta adaptación que intenta ser una película de monstruos mucho más de andar por casa, combinando algunos momentos muy buenos con secuencias de serie Z más típicas de otros trabajos menos ambiciosos.

Si no conocéis la novela os adelanto que el argumento es muy sencillo y minimalista, con apenas dos hombres que vigilan un faro en una isla desierta y que deben hacer frente cada noche a hordas de monstruos mitad humano mitad reptil dispuestos a devorarles por la osadía de invadir su territorio. En lo que sin duda es uno de los mayores aciertos del guión, la película mantiene la ambientación de época de la novela, lo cual no sólo hace más creíble el argumento sino que al mismo tiempo le dota de cierto tinte lovecraftiano muy en concordancia con las influencias de la propia novela, en un escenario que por momentos parece situar a sus protagonistas en el fin del mundo.

Donde la película falla para mí es precisamente en sus aspiraciones comerciales que han terminado por eliminar casi por completo el subtexto de malsano erotismo inter-especie y la tensión sexual existente entre el protagonista y una criatura anfibia hembra (interpretada aquí por una Aura Garrido absolutamente irreconocible bajo todo el maquillaje de monstruo). Este lado erótico era probablemente la parte más interesante de la novela y ha sido completamente dejada de lado en beneficio de la lucha entre los dos personajes humanos y las criaturas, que pasa a un primer plano y que convierte la cinta en una película de monstruos un tanto casposa en ocasiones y sobre todo muy repetitiva. Ha sido una lástima porque siento que en gran medida ha desaprovechado el potencial no sólo de la novela sino también de un director como Xavier Gens, quien había demostrado ya su valía con películas como las muy superiores Frontière(s) (2007) y The Divide (2011).

Con todo esto no quisiera daros la impresión de que no me ha gustado La piel fría porque no es así. Pero sí es cierto que es una pena que estemos hablando de una serie B eficiente cuando el material en el que se basa daba para mucho más, sobre todo porque al centrarse tanto en el aspecto de cine de monstruos han abandonado gran parte de los ángulos existenciales de su argumento y que hacían más comprensible, por otro lado, un final de carácter cíclico que aquí se vuelve un tanto inexplicable y caprichoso. A pesar de todo, la he disfrutado, pero no creo que vuelva a verla en mucho tiempo.