Reseña: Suspiria (2018)

Suspiria

Tras una espera que se ha hecho eterna, finalmente ha llegado el momento; más o menos desde la época lejana en que iniciamos este blog llevamos escuchando acerca de un remake de Suspiria (1977), y ha sido sólo ahora, más de cuarenta años después, cuando ha salido esta nueva versión dirigida también por un italiano, Luca Guadagnino. El resultado será otra de esas cintas polémicas que dividirán al público en bandos irrenciliables, porque lo cierto es que esta nueva Suspiria (2018) es una película que muy poco tiene que ver con la original de Argento y aunque la referencia en más de una ocasión, se trata de un trabajo muy distinto que sigue su propio camino y su propio discurso, uno que requerirá del espectador una alta dosis de paciencia que en mi opinión se verá ampliamente recompensada.

En esta ocasión la trama se mantiene dentro de Alemania pero se traslada de Friburgo a Berlín en 1977, año de estreno de la cinta original y también en plena Guerra Fría con una ciudad dividida y sumida en la violencia. También es una ciudad gris, fría y triste, un ambiente diametralmente opuesto a la colorista propuesta de Argento. Es a esta ciudad a la que llega Susie, una joven aspirante a bailarina que abandona su América rural para entrar a vivir en una misteriosa academia de baile regentada por mujeres. Por supuesto, y esto es algo que la propia película no tarda en revelar ya desde una temprana (y gloriosa) escena de muerte, esta academia no es más que la tapadera de un aquelarre de brujas inmersas en una lucha por el poder y deseosas de buscar a una elegida que las ayude a completar un ritual del que no sabemos casi nada pero que se presagia como algo terrible.

Este conflicto no sólo dota a la película de un ángulo de misterio adicional sino que también sirve a las intenciones de Luca Guadagnino de reflejar la vida en una capital partida en dos que recoge como pocos lugares todos los demonios de la historia de Europa, y es precisamente a través de la representación de estas brujas y su lucha contra el mundo exterior donde vemos que se trata de una cinta muy actual a pesar de su ambientación, un trabajo además soberbio que pese a su duración de dos horas y media (casi una hora más que la cinta original) seduce prácticamente desde el primer minuto. Es también, como comentaba arriba, una película que requiere grandes dosis de paciencia, ya que es deliberadamente lenta y sobre todo muy gris y deprimente: en una clara contraposición a la película de Argento que no ha gustado nada a sus fans, este remake utiliza una paleta apagada sin colores primarios en la que lo que más destaca probablemente sea la sublime y absolutamente mágica presencia de su protagonista Dakota Johnson, que está aquí magnífica sobre todo en esa delirante secuencia final, sin duda la más entregada al horror y aquella que el espectador inevitablemente terminará recordando.

Es difícil recomendar esta nueva versión de Suspiria ya que es completamente distinta a la original, y sin embargo Guadagnino ha conseguido tomar la cinta de Argento y reconvertirlo en algo maravilloso que no sólo reinventa la original adaptándola a los tiempos modernos sino que además hace una muy atractiva revisión de la parte más oscura de la historia europea. Todos los aspectos técnicos son asimismo sobresalientes, y sus soberbias actuaciones apuntan a que este es un trabajo que, más que complacer al aficionado medio de cine de terror parece haber sido hecho para optar a la mayor cantidad de premios posibles. Con todo y eso su recepción ha dividido al público y despertado opiniones encontradas. Por mi parte me ha parecido una auténtica obra de arte que hace falta ver, y lo mejor es que seguramente tendremos oportunidad de hacerlo fácilmente: la película es también una de las producciones más publicitadas de la división cinematográfica de Amazon, con lo que su pronto estreno en su plataforma de streaming está más que asegurado. No os la perdáis.

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Reseña: May The Devil Take You (2018)

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Tras dejar su huella en cintas de antología como The ABC’s of Death (2012) y V/H/S 2 (2013), el cineasta indonesio Timo Tjahjanto me cae de sorpresa casi cerrando el 2018 y trayendo consigo la que probablemente sea una de las películas de terror del año. Bautizada internacionalmente con el poco sutil título de May The Devil Take You (2018), lo que tenemos aquí no es tanto otra mirada cultural como un retorno a un estilo de terror salvaje y grandilocuente, tejido alrededor de la historia de un hombre que hace un pacto con un demonio que años más tarde decide cobrarse la deuda en sus hijos, a los que acorrala en una apartada casa en ruinas en medio del bosque. Pero este planteamiento tan sencillo esconde dentro de sí una fiesta de sustos repentinos, apariciones demoníacas, brujería y sobre todo una violencia desatada a la que este director ya nos tiene acostumbrados pero que encuentra aquí su hábitat perfecto.

Pese a que en un principio pareciera que estuviésemos ante otro ejemplo de la estética fantasmal tan común en el terror asiático, Tjahjanto no tarda en dejarnos bien claras sus influencias, siendo la principal de ellas The Evil Dead (1981), con la que hay muchos parecidos y cuyas semejanzas ya han sido reseñadas por varios de los que han visto esta película. El argumento también guarda algunas semejanzas con la menos conocida Satan’s Slaves (2017), también indonesa y estrenada poco antes. Las referencias están allí, y seguro que hay muchas más que podréis encontrar de algunos de los mejores trabajos de los últimos años. Tjahjanto abraza el absurdo de su premisa e imprime a sus demonios una actitud demencial y frenética en contraposición a lo que ha sido su típica representación en el terror asiático, pero al mismo tiempo sabe dar a su película un toque de dignidad que le impide pasarse a la comedia.

De hecho, ha sido precisamente ese énfasis en el carácter brutal y festivo del horror lo que ha terminado por convencerme y lo que sin duda constituyen las mejores armas de una película que decae un poco en su parte dramática, ya que su comentario acerca de la avaricia y los inherentes peligros de un pacto sobrenatural son algo superficiales. Por fortuna todo esto se ve ampliamente compensado una vez que comienza el ataque de los demonios en la cabaña, y aunque los elementos prestados de la obra de Sam Raimi son demasiado evidentes como para no mencionarlos, no es difícil dejarlo pasar.

May The Devil Take You tiene sus problemas, por supuesto: con casi dos horas de duración, me parece un poco larga, y tampoco me ha convencido la decisión por parte de Tjahjanto de añadir un personaje de una niña que no pinta realmente nada y únicamente ofrece algunas interacciones muy poco creíbles, pero esto es lo único que le puedo criticar. Muy divertida, intensa y con un evidente talento detrás, es sin duda una de las películas de terror que más he disfrutado este año, y lo que más me sorprende es que me llegó de la nada ya que la otra película que su director ha estrenado durante el 2018 ha tenido una proyección mucho mayor. Esta la recomiendo con total sinceridad.

Reseña: Hereditary (2018)

credit: Reid Chavis/A24

Ahora que hemos finalmente vuelto tras esta larga pausa, toca intentar ponerse al día con los estrenos importantes que ha habido este año, y entre todos ellos pocos tan sonados como Hereditary (2018), un trabajo que vino precedido por un tremendo hype y al que le han llovido críticas positivas que la pintan no sólo como lo más destacado del año sino como una de las películas de terror de la década. En cierto sentido, ha sido un fenómeno muy similar al que tuvo La bruja (2015) hace un par de años: ambas son producciones independientes realizadas por directores noveles que han sabido abordar una historia de terror con temas si se quiere bastante convencionales, pero dotada también de una forma única y un talento formal inusitado en una ópera prima que termina elevando un material que probablemente no hubiese funcionado tan bien en otras manos.

En mi caso particular debo reconocer que gran parte del motivo por el cual la película funcionó para mí es el hecho de que no sabía prácticamente nada de ella e incluso el trailer era muy parco en información y se preocupaba de no develar detalles del argumento, algo que por supuesto mantendremos aquí ya que el descubrimiento de lo que va pasando es algo que tenéis que experimentar por vosotros mismos. Tan sólo puedo adelantar aquello que ya sabemos por el material publicitario: la historia de una familia cuya vida empieza a tomar un matiz cada vez más siniestro tras la muerte de la abuela y el descubrimiento progresivo de varios de sus secretos. El dolor del duelo, el miedo a lo desconocido y la aparición de un mal que parece enfocado en afectar a la familia en cuestión (de ahí el título) son temas grandes que ocultan sin embargo una historia con referentes muy obvios en el cine de terror tanto clásico como reciente, unos que además no tardaréis en reconocer.

Digo esto porque lo cierto es que tras una escena específica sumamente cruel e impactante, el argumento de Hereditary toma un giro mucho más convencional y definitivamente menos arriesgado, y aún así la cinta se salva precisamente gracias a una magistral dirección, una muy cuidada y coherente estética y, sobre todo, unas actuaciones soberbias entre las que destaca una Toni Collette que debería llevarse todos los premios del mundo por su trabajo en esta cinta. Por supuesto, este cambio no perjudica a la película porque todo lo que ha ocurrido antes ha sido suficiente para acaparar por completo la atención del espectador y mantenerlo en vilo hasta el final a pesar de que todo el tercer acto se siente como algo muchas veces visto en cuanto a argumento, tanto que todo lo que ocurre (incluyendo el final) está cantandísimo desde mucho antes.

Todo esto no me impide sin embargo llegar a la conclusión de que Hereditary es, efectivamente, una de las películas de miedo más interesantes de este 2018, y aunque aún estará por ver si efectivamente la recordaremos de aquí unos años, al menos es de las pocas que han sabido conjugar correctamente la visión singular de un autor joven con unos arquetipos de terror más que conocidos dentro del cine comercial. Si todavía la tenéis en cines echadle un vistazo porque vale muchísimo la pena, sobre todo si podéis evitar la cantidad de spoilers y análisis que han salido (algunos, en mi opinión, un tanto exagerados ya que esta película no me parece tan intelectual como nos han querido hacer creer). De las mejores del año, sin duda alguna.