Reseña: I Am The Pretty Thing That Lives In The House (2016)

Justo a tiempo para Halloween, Netflix trae su primera película original de terror. I Am The Pretty Thing That Lives In The House (2016), sin embargo, no es precisamente la opción más obvia para una maratón de Noche de Brujas puesto que es una cinta muy fuera de lo común que difícilmente complacerá a aquellos que buscan una buena dosis de sustos al uso. Es por el contrario una película con un argumento mínimo en el que ocurren muy pocas cosas y en la que el miedo está muy dosificado y casi siempre presentado debajo de la superficie. Y sin embargo, continuando con aquello que dejaba asomar en nuestra reseña anterior, es este tipo de cine de terror lento, atmosférico y, por qué no decirlo, “aburrido”, el que últimamente me interesa más, sobre todo en una época en la que el horror mainstream (al menos el americano) está tendiendo cada vez más a la insensata repetición de sus mayores éxitos.

En I Am The Pretty Thing… encontramos en cambio un arquetipo de historia gótica que resultará familiar a aquellos que conozcan la obra de autoras como Shirley Jackson, que solían dejar siempre en términos ambiguos la presencia de lo sobrenatural, y se referían a los fantasmas como entidades del pasado que se aferraban a un lugar y deambulaban en soledad por los pasillos. Algo así ocurre a la protagonista de la película, una enfermera que acude a cuidar de una anciana escritora de suspense que vive sola en una casa en la que, según reza su testamento, desea estar en el momento de su muerte. A lo largo del tiempo que pasa en la residencia vemos cómo la soledad empieza poco a poco a hacer mella en la protagonista, aislada en una casa en la que no hay televisión y forzada a convivir con una anciana en un permanente estado semi-catatónico, por lo que ni siquiera puede comunicarse con ella de forma clara. Es sólo más adelante, cuando la comunión entre la obra de la escritoria y la macabra historia de la casa termina por darse que la protagonista comenzará su acercamiento a lo sobrenatural, con un resultado final que a pesar de que ha sido anunciado desde el principio no deja de tener su fuerza.

Todo esto que he comentado arriba se da, repito, de forma muy lenta en una película plagada de silencios y planos fijos que conforman una de las más seductoras atmósferas de terror que he visto en mucho tiempo. Es una película prácticamente desprovista de dramatismos y que no hace prácticamente ninguna concesión al espectador habitual, pero que aún así (o quizás precisamente gracias a eso) logra meterse debajo de la piel y me ha traído una sensación que por lo general sólo me ha acompañado con una literatura de terror muy específica, con Henry James, Susan Hill o la ya citada Shirley Jackson a la cabeza. Definitivamente no es para todo el mundo, sobre todo por ese desarrollo que deja para el final el que prácticamente es su único momento de impacto. Pero es ante todo una cinta única que representa además un paso natural en la evolución de su director.

Porque claro, no lo había comentado antes, pero el hombre detrás de este proyecto es Osgood Perkins, el mismo de February (2015), reestrenada este año bajo el título The Blackcoat’s Daughter, una obra que también nos gustó mucho y que también forma parte de ese cine de terror de estilo sobrio y pausado por el que sentimos preferencia hoy en día. Con este segundo trabajo, el hijo de Anthony Perkins lo ha vuelto a hacer, y desde aquí esperaremos lo próximo suyo, que muy probablemente cause opiniones tan enfrentadas como esta de la que hablamos hoy.

 

Reseña: Train to Busan (2016)

Yeon Sang-ho, director surcoreano más famoso por sus trabajos de animación, nos trae su primer largo con actores de carne y hueso, Train to Busan (2016), una historia de zombis que funciona como díptico con su largometraje animado Seoul Station (2016), y que por lo visto ha causado furor allá donde se ha presentado. No es para menos teniendo en cuenta lo difícil que resulta hoy por hoy sacar algo interesante u original del subgénero zombi, y aunque muchos de sus elementos están bastante vistos (incluyendo su nada sutil metáfora social) lo cierto es que es una de las películas de muertos vivientes más intensas que he visto desde los tiempos de 28 días después (2002).

Ya el planteamiento inicial deja muy claro el objetivo de la cinta al centrar toda la historia en un tren de alta velocidad entre Seúl y la ciudad costera de Busan, donde un padre indolente debe llevar a su pequeña hija sin saber que su viaje ha coincidido de forma fatal con el inicio de una epidemia zombi que se apodera del tren y obliga a los pasajeros a luchar por su vida. El espacio cerrado y lineal ayuda a crear un componente de angustia adicional a la ya de por sí peligrosa situación, y el hecho de que la epidemia comienza en la sección de segunda clase del tren, con los infectados atacando los vagones más caros, es sólo uno de los muchos momentos en que la cinta de Sang-ho hace gala de un discurso acerca de una sociedad devastada por el individualismo y la lucha de clases. Este aspecto de la película, así como su crítica al corporativismo y la dificultad de las clases acomodadas de trabajar en equipo ante una situación desesperada, fácilmente se nos hubiera podido atragantar de no ser por el implacable ritmo de la película y la forma en que el espectador es sometido al peligro constante y sin descanso.

Parte de este ritmo tiene que ver sobre todo con las “reglas” que la película establece prácticamente desde el principio y de forma muy efectiva: la infección zombi se contagia en apenas segundos, los afectados son de la variante “rápida”, y detectan a sus víctimas con la vista, lo que lleva a secuencias de tensión muy efectivas más adelante. La cinta asimismo va cambiando de perspectiva entre varios de los pasajeros del tren, manteniendo siempre el foco principal en el prota y su pequeña niña pero también dedicando cierto tiempo a personajes que pasan a reforzar ciertos arquetipos del mensaje que su director desea transmitir: el héroe de clase obrera, una pareja de adolescentes que intentan salvarse uno al otro, y sobre todo un villano hombre de negocios cuya maldad y egoísmo eran a veces tan exagerados que lo hacían parecer una caricatura. Por fortuna poco de esto importa porque el apartado de acción y violencia zombi es tan bueno que te agarra enseguida y no te suelta durante prácticamente todo el metraje, con imágenes espectaculares como la masa de cuerpos moviéndose al unísono y que me hizo pensar en ciertas secuencias de Guerra Mundial Z (2013) pero hechas bien. Únicamente un detalle resaltó de forma negativa ante mis ojos y tiene más que ver con la forma en que la película logra saldar algunas dificultades de los personajes haciéndoles luchar físicamente contra los zombis, secuencia que se me hizo poco creíble considerando lo que había visto antes.

Todo lo demás, sin embargo, está muy bien. Train to Busan es una de esas cintas de zombis que valen la pena, y no me extraña para nada el gran éxito que ha tenido en su país de origen. Sus contrapartes occidentales han por lo general fracasado cuando intentan mezclar este subgénero con el cine de acción pero esta es todo lo contrario: rápida, intensa y efectiva incluso en su faceta de drama familiar, de principio a fin. Queda muy recomendada, y acompañada de su contraparte de animación Seoul Station se hace más imprescindible todavía.

 

Reseña: La bruja (2015)

Si habéis estado al menos ligeramente pendientes del panorama de cine de terror de las últimos semanas entonces es más que probable que hayáis escuchado hablar de La bruja (2015), debut como director del norteamericano Robert Eggers y un trabajo que ha causado sensación incluso más allá de los aficionados de dicho género dondequiera que ha estado. tanto que a diferencia de la mayoría de estas producciones independientes de cine de miedo, incluso ha tenido un pase comercial en sitios donde normalmente estos trabajos no suelen tener mucha cobertura. Con esto quiero decir que cuando me acerqué a ella lo hice motivado por un hype tremendo que, para variar, ha resultado estar muy bien fundado; estamos sin duda ante una de las películas de terror más sobresalientes de este año, y sé que lo estamos porque ya incluso tenemos un buen puñado de críticos que dice que realmente no se trata de una película de terror.

Saliendo airoso del nada desdeñable desafío de hacer cine de terror con ambientación de época, Eggers lleva su película al pasado colonial de Estados Unidos cuando una familia de puritanos de la Nueva Inglaterra son expulsados de su comunidad debido a su heterodoxia religiosa y se mudan a los límites de un misterioso bosque, donde sufrirán el acoso de una bruja que utilizará a los niños de la familia en su contra. Es importante mencionar que a pesar de que el drama entre los personajes y su subtexto de resentimiento, sexualidad reprimida y secretos contribuye en gran medida a las desgracias de la familia, la existencia sobrenatural del Mal es presentada como algo real desde el principio: la bruja en cuestión existe, como existe la magia negra que poco a poco se va apoderando de la familia hasta desembocar en un inmejorable y sangriento final. Lo que realmente impresiona es que Eggers no se ha conformado con utilizar las formas típicas de este tipo de cine sino que ha logrado imprimir a su cinta de un realismo más apropiado para un drama de época: todo en la película está dedicada a conseguir esa inmersión total del espectador en el mundo que ha creado, desde el impecable diseño de producción y vestuario, pasando por ese inglés deliberadamente arcaico extraido de la Biblia de Ginebra, hasta la fotografía de luz natural y las proporciones de una pantalla con un mayor espacio vertical para poder captar en su plenitud la altura de los árboles y la inmesidad del bosque. Estéticamente es una película maravillosa cuyas imágenes se quedan en tu mente mucho después de haberla visto, y que al mismo tiempo consigue un ambiente en verdad inquietante que hace que el espectador se sienta, como la familia, completamente desamparado en aquel sitio inhóspito que parece alejado de la mano del hombre civilizado y de su Dios protector.

Esto último me lleva a una cosa que se ha mencionado hasta la fecha en muchas reseñas, y es supuesta presencia de una especie de crítica hacia la religión en cuanto a la actitud de la familia y la naturaleza del mal que les acecha. Me ha parecido curiosa esa visión ya que mi experiencia con la película ha sido precisamente la contraria, y esto es algo que se ha reforzado después de leer varias entrevistas a su director e incluso haberle escuchado en el pase del festival donde la vi: La bruja me ha parecido ante todo una cinta que habla sobre la religión como símbolo supremo de comunidad, y lo que desencadena las desgracias que caen sobre la familia protagonista es precisamente el haber abandonado la seguridad que brindaba su comunidad y su religión y haberse expuesto por lo tanto a los peligros de aquella presencia foránea que habita en el los bosques fuera de su civilización, ese monstruo que acecha fuera de su Fe. Esto también se ve reflejado en su final, el único posible si tenemos en cuenta la necesidad por parte de la protagonista de buscar su seguridad adentrándose en otra comunidad que le ofrece la protección que su familia ya no puede darle.

Pero claro, esto es tan sólo una opinión muy subjetiva, y lo más interesante de esta película es la gran cantidad de lecturas que ofrece y su negativa a darnos los clásicos puntos reconocibles de una historia de terror convencional. Esto último quizás explique el que tantos críticos hablen de ella como algo que “trasciende” su género, como también puede que explique el otro punto que más se ha comentado en casi todas las reseñas que he leído, y es la gran diferencia de apreciación que ha tenido esta primera cinta de Eggers entre la crítica y el público mayoritario, que al parecer no ha quedado tan impresionado con ella como el selecto público cinéfilo. Craso error, si me lo permitís, y uno que muy probablemente se deba a la negativa por gran parte del espectador medio de salirse de los esquemas marcados por los grandes éxitos del gore o el horror sobrenatural. Por favor, dadle un pase, porque esta es sin duda una de las mejores de este año del que todavía no hemos gastado ni la mitad.