Reseña: Starry Eyes (2014)

Durante una escena crucial de Starry Eyes (2014) hay un personaje que suelta un discurso acerca de la decadencia de Hollywood, de la apatía de sus habitantes y de la miseria de una ciudad envuelta en niebla e indigna de la gloria de su pasado. En estos diálogos se esconde el punto central de una de las películas de terror que mayor impacto han causado en mí recientemente, y una que sorprende más aún por el hecho de que sus muy interesantes ideas se esconden tras la fachada de una historia muy sencilla que incluso puede ser resumida en unas pocas líneas: Sarah Walker, una de las miles de aspirantes a actriz que pueblan la ciudad paseando entre un trabajo miserable y decenas de castings infructuosos, recibe de repente la oportunidad de su vida cuando un ataque de histeria llama la atención de los misteriosos jefes de una muy antigua productora que le ofrecerá convertirla en una estrella a cambio de un muy alto precio.

Siguiendo las constantes del género que tocamos aquí, es muy probable que quien lea estas líneas ya pueda intuir a qué se refiere ese precio que Sarah habrá de pagar, así como los puntos clave de una historia que toca un gran número de puntos comunes con otros relatos de terror: satanismo urbano, sectas, y sobre todo el pacto sobrenatural producto del choque entre una ambición idealista y las frustraciones del mundo real. En el caso de Starry Eyes esto está aderezado con una fijación casi enfermiza en el sufrimiento del personaje de Sarah, quien a lo largo de la cinta no sólo sufre las vejaciones propias de su frustrante situación sino que también pasa por una martirizante transformación física que constituye probablemente la mayor concesión que la película hace al cine de miedo, con una mirada muy evidente a la obra de otros directores que han tratado el tema tales como el Polanski de antaño.

Digo que esto es la mayor concesión porque los principales logros de la cinta están en su muy marcado simbolismo; desde el nombre de la productora (Astraeus Pictures) hasta la constante visión de la colección de fotografías que Sarah tiene en su habitación y que muestran a grandes estrellas del pasado, revelando así el carácter cíclico del argumento, eso por no hablar de la manera cómo se representa un Hollywood oscuro, gris y casi permanentemente nublado (sólo he visto la película dos veces pero creo recordar que no hay ningún plano en donde se vea el sol). Pero lo que probablemente sea el tema que más me ha interesado ha sido la manera cómo la cinta describe un conflicto generacional visto a través de los amigos de Sarah, un grupo de jóvenes a los que la película muestra como seres completamente indolentes que se reúnen para pasarlo bien y que se autodefinen como artistas pero a quienes nunca vemos hacer realmente nada. Es este carácter vacuo lo que empuja a Sarah a aceptar el pacto y dejar que sus responsables cambien su vida infundiéndole unos nuevos ojos, una nueva perspectiva que la transforma por completo.

Es precisamente esta transformación final y su muy sangriento desenlace lo que el público suele recordar más de una película como Starry Eyes, y también el motivo por el cual se puede enmarcar dentro del género de terror. El resto de la película es muy asfixiante morality tale acerca de la ambición pero también acerca de la búsqueda de sentido vital en medio de una existencia gris de la que vale la pena escapar así sea a través de lo monstruoso. Una gran obra llena de detalles a la que ha valido la pena revisitar.

 

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Reseña: It Follows (2014)

Destacada en nuestro brevísimo ránking como una de las piezas más memorables del año pasado, It Follows (2014) es una sorpresa por el escaso ruido con el que llegó y el nulo hype que tenía para el momento en que la vi. Confieso aquí mi debilidad particular en el sentido de que esta cinta de David Robert Mitchell toca muchos de los temas que me interesan y sobre todo porque consigue dar una vuelta al subgénero de terror sobrenatural, precisamente aquel que hoy en día sufre la mayor cantidad de entradas genéricas y prescindibles del ya de por sí complicado panorama del cine de horror. Pero también es una película que conoce muy bien su legado y lo muestra abiertamente, como se da a entender a través de muchas de sus peculiaridades técnicas que remiten a otros grandes directores del pasado, siendo quizás John Carpenter uno de los principales y más fácilmente reconocibles.

De Carpenter toma la inspiración para la banda sonora y su preferencia por esa estética abierta que muestra sin embargo el lado tenebroso de una ciudad en decadencia, en este caso la depauperada Detroit. Es allí donde comienza el argumento, cuando una jovencita recibe de su nuevo y misterioso novio una maldición viral de la que nunca llegamos a conocer los orígenes pero cuyo funcionamiento sí que nos queda claro: aquel que se vea afectado por dicha maldición sufrirá el acoso casi constante de un perseguidor, una misteriosa entidad a la que sólo esa persona puede ver y que puede tomar la forma de cualquiera, incluyendo un ser querido. Si ese perseguidor te alcanza, mueres, por lo que debes estar constantemente alerta y en movimiento hasta que tengas la oportunidad de pasar a otro la maldición y agregar así un nuevo eslabón a la cadena.

Puesta así, por escrito, la premisa de It Follows parece absurda, pero precisamente lo mejor que tiene es lo bien que sabe aprovecharla. Ya cuando hablamos de ella anteriormente mencionábamos que el estilo nos había recordado al Shyamalan de antaño, pero no por los finales sorpresas (cosa ausente del todo en esta película ya que, repetimos, el misterio de la maldición nunca es explicado en realidad) sino por la atmósfera de miedo que consigue con elementos muy cotidianos y lo malsano de su ambiente ya desde el principio. No exagero si digo que es, efectivamente, la única película de todo el 2014 que me metió miedo de verdad, y el que lo hiciera con una premisa tan sencilla es para mí el mayor de sus aciertos.

La mayoría de las opiniones que encuentro de esta cinta hacen un paralelismo muy curioso entre la forma como se propaga la maldición y los peligros y consecuencias de la promiscuidad juvenil, y es cierto que gran parte de la amenaza a la que se enfrentan los protagonistas tiene un componente de sexualidad siniestra que en ocasiones resulta muy evidente. Pero esta lectura es simplemente un elemento más a destacar de la que para mí ha sido una de las mayores sorpresas de los últimos tiempos. Excelente y muy recomendable sin lugar a dudas.

 

Reseña: What We Do in the Shadows (2014)

Tras haber arrasado en festivales, What We Do in the Shadows (2014) fácilmente se perfila, al menos para el que escribe, como una de las principales candidatas para lo mejor de este año y además como una de las mejores comedias de horror de los últimos tiempos. No es fácil que diga esto teniendo en cuenta que esta producción neozelandesa de los mismos de Flight of the Conchords emplea para su propuesta el formato de falso documental tan de moda hoy en día y hacia el cual tiendo a guardar cierto escepticismo, pero este no es para nada el caso: estamos por el contrario ante una película que sabe aprovechar muy bien sus recursos y que además hace alarde de un conocimiento del género que parodia realmente envidiable, y todo siendo al mismo tiempo bastante respetuosa con el material.

Aquí en este blog ya hemos hablado de ella en ocasiones pasadas, pero aquellos despistados deben saber que la premisa de la película trata de un equipo de cineastas que elaboran un documental siguiendo el día a día de Viago, Vladislav, Deacon y Petyr, cuatro vampiros que comparten una casa en Wellington, Nueva Zelanda. Cuatro tipos de vampiros muy distintos entre sí, de personalidades (y edades) muy variadas que además responden a cuatro arquetipos cinematográficos que hemos visto en varias ocasiones. Decir más es redundante a estas alturas porque la película pronto se encarga de pasearnos por la cotidianidad de sus personajes y su vida en la ciudad, aparte de las típicas situaciones a las que un ser de la noche debe enfrentarse como la necesidad de ser invitado para entrar en los sitios, procurarse víctimas con regularidad, el enfrentamiento con otros monstruos y las dificultades que inevitablemente surgen cuando un hecho fortuito resulta en la creación de un nuevo compañero que les enseñará a vivir la vida moderna.

La muy certera parodia que la película hace de los lugares comunes y convenciones del género de vampiros (al que desmenuza por completo) puede causar el rechazo de aquellos que busquen una película de terror, pero en el apartado de comedia es una obra muy inteligente que destaca no sólo por su guión sino por el trabajo que hacen todos sus protagonistas, motivo por el cual es recomendable verla en versión original. Cuando llega el final te das cuenta de que esa hora y media se te ha pasado volando y en ella has desarrollado un cariño enorme hacia estos entrañables seres de colmillos largos que te han mantenido con la mirada fija en una cinta que domina su material cómico a la perfección y que consigue disfrazar su aspecto de documental de forma muy eficiente, hasta el punto de que no pocas veces olvidé por completo que estaba viendo un trabajo con este formato.

Y es que allí está precisamente la principal fortaleza de What We Do in the Shadows, en el dominio absoluto de los códigos reconocibles del cine de vampiros y en la forma en que estos se presentan en pantalla para ser puestos en evidencia, y no sólo en su vertiente clásica de seres elegantes de capa y mirada siniestra sino también en su vertiente monstruosa, en su faceta de rebelde modernidad, en su faceta medieval e incluso en su vertiente romántica actual. Una gran película, sin duda, y en cuanto a comedias de terror de los últimos años no puedo pensar de momento en nada más recomendable que esto.