Reseña: V/H/S/2 (2013)

Una de las sorpresas del año, V/H/S/2 (2013) llega para redimir no sólo la muy prescindible primera parte, sino también los formatos de antología y falso documental, que en los últimos años han llegado a producir auténticos despropósitos (sobre todo el último). Probablemente nadie tenía menos esperanzas que yo para esta película, pero he salido de ella gratamente impresionado. No sólo es mucho mejor que la primera entrega; es realmente una muy buena antología de horror en la que cada uno de los segmentos consigue sus propios picos de calidad y el aprovechamiento de su premisa de cámara-en-mano a niveles por lo menos curiosos.

Tanto es así, que incluso el segmento más débil (aquel marco argumental que se encarga de unir a todos los demás) intenta tener una historia que se cierra, cosa que no ocurría en la primera parte. La otra diferencia en que esta ocasión sus responsables parecen haber aprendido la lección del primer V/H/S (2012) y han decidido controlar un poco más el desarrollo de los diferentes relatos dándoles un poco más de coherencia sin renunciar a probar caminos nuevos; en esta segunda parte sólo hay cuatro historias, en las cuales el tiempo de metraje es más o menos el mismo pero el tema es completamente distinto, así como las motivaciones para que la cámara esté permanentemente encendida. El primer segmento en este sentido se rinde a una premisa un tanto sci-fi al mostrarnos un ojo artificial con cámara incorporada, pero incluso esta idea se presenta de forma razonablemente verosímil.

Es imposible, por supuesto, no comparar las historias entre sí, y en este sentido el público ha sido casi unánime en decretar el segmento dirigido por Gareth Evans y Timo Tjahjanto (conocidos por The Raid (2011) y Macabre (2009), respectivamente) como el mejor de los cuatro, y es algo con lo que es difícil estar en desacuerdo. De hecho, este segmento ambientado en Indonesia perfectamente habría podido ser adaptado a un largo y hubiese sido una de las mejores películas de terror de este año. Enhorabuena también a Gregg Hale y Eduardo Sánchez, que demuestran que todavía se puede sacar algo nuevo de lo zombi a estas alturas del calendario.

Y ya para finalizar, una de las mejores cosas que para mí tiene V/H/S/2 es que todas las historias dejan espacio a elementos cómicos y ninguna es cien por cien seria. Este detalle, que en otras manos quizás hubiera restado fuerza al conjunto final, está sin embargo muy bien llevado e incluso resalta la fuerza de algunas de las escenas más terroríficas, de las cuales sin duda alguna hay. Cuatro historias, cuatro tipos de horror distintos, pero todas con un gran potencial que la convierten fácilmente en una de las piezas más disfrutables de este año que se acaba. Incluso si os pasó como a mí y el primer V/H/S no os convenció para nada, echadle un vistazo a este que no os arrepentiréis.

 

Reseña: The Conjuring (2013)

Desde ya uno de los grandes estrenos de terror de este año, The Conjuring (2013) gustará sobre todo a aquellos que hayan gustado de su prima hermana, Insidious (2011). A pesar de no ser tan desquiciada como aquella, las semejanzas de estilo son obvias al tratarse también de una película del director James Wan, quien por primera vez trabaja sin su guionista habitual, Leigh Waghnel, lo que en cierto modo deja entrever que estamos ante un trabajo de encargo. Aún así, Wan hace suya esta historia enlazándola perfectamente con su éxito anterior, dando como resultado una excelente película de horror sobrenatural que desde ya establece el estándar del cine de casas embrujadas de esta década tal como en el pasado hicieron cintas como La leyenda de la casa del infierno (1973), Al final de la escalera (1980) o Poltergeist (1982). La comparación no es gratuita ni exagerada: es así de buena.

La película tiene un argumento y una estructura que todos conocemos ya muy bien: familia se muda a una casa en la que empiezan a ocurrir extraños hechos paranormales hasta que deciden contratar la ayuda de expertos en el tema, en este caso el matrimonio Warren, que tienen ya un historial largo de encuentros con lo sobrenatural. Tengo que decir que de entrada no tenía grandes expectativas, no sólo porque el trailer parecía el de una película bastante convencional sino porque el truco de “basado en hechos reales” normalmente no es más que una vulgar estrategia comercial muy alejada de la realidad. Mi sorpresa en este caso aumentó porque resulta que los Warren realmente existieron y el caso que se muestra en la película está entre sus más famosos, recogidos en el libro The Demonologist, de Gerald Brittle, el cual pienso revisar en cuanto sea posible. Otro punto interesante de The Conjuring y que la aleja de otras entradas similares en este subgénero es que la trama dedica tiempo a los Warren como personajes ya desde el principio, con un espectacular prólogo que hace referencia a otro caso y que deja claro desde el principio que esta película va en serio.

Esto último es probablemente lo más destacable, y el motivo por el cual James Wan me gusta cada vez más como director: en un género cada vez más marcado por el cinismo, en el que ni siquiera los directores independientes creen que se pueda meter miedo en el público, una película que aborde el tema del terror sobrenatural sin ironía alguna es un motivo de celebración. Como decíamos arriba, la trama es algo que hemos visto muchas veces ya, pero aquí la diferencia es que se hace bien. Si algo hemos aprendido de James Wan es su amor y su conocimiento sobre la tradición de casas encantadas, fantasmas y demonios que hemos visto en Dead Silence (2007) o en la ya mencionada Insidious, de la cual prepara una segunda parte también este año. En este sentido hay que resaltar también los grandes aciertos de casting como Patrick Wilson y Vera Farmiga (espectaculares como los Warren) y una muy sufrida Lily Taylor que repite en gran medida su personaje de aquel terrible remake de The Haunting (1999).

Realmente no hay mucho más que pueda decir salvo que el entusiasmo y las buenas críticas que ha recibido The Conjuring están más que justificadas; no estamos aquí ante una genérica pieza sobrenatural ni ante un “homenaje” superficial a género alguno, sino ante una película de fantasmas de verdad que recupera una forma de hacer cine de miedo sin presentar justificaciones ni recurrir al guiño cómplice. En este sentido se hace similar a la película The House of the Devil (2009), de Ti West. Muy recomendable sin duda, y una razón más para no perder de vista a James Wan. Me entero ahora que tras la segunda parte de Insidious su próximo proyecto es la séptima entrega de The Fast and the Furious, lo cual puede hacer que me estalle la cabeza.

 

Reseña: American Mary (2012)

American Mary (2012) es una curiosa producción canadiense escrita y dirigida por las gemelas Jen y Sylvia Soska, su segundo largometraje después de Dead Hooker in a Trunk (2009). Se trata, tal como adelantábamos tras nuestro paso por el Fantasy Filmfest Nights, de una gratísima sorpresa y, por lo menos para mí, de una de las mejores películas de terror que he visto en lo que va de año. Parte del atractivo que tiene reside en el regreso de Katharine Isabelle a ese cine independiente canadiense que la hizo famosa con Ginger Snaps (2000), pero eso es sólo en la superficie; en realidad, lo más interesante de esta película yace en el tema que trata, una mirada a una joven estudiante de medicina que intenta paliar sus dificultades financieras adentrándose en el mundo de las cirugías ilegales, destinadas sobre todo a la modificación extrema del cuerpo.

El tema de las cirugías extremas y la búsqueda de identidad a través de una modificación corporal en ocasiones incómodamente grotesca lleva a esta película a una comparación más que evidente con The Human Centipede (2009), y al igual que como ocurría en esta, los detalles más horribles ocurren sólo en la mente del espectador, sobre todo en todo lo que rodea a la primera “cliente” de Mary y los resultados de la intervención, algo manejado de forma muy sutil pero también muy efectiva. Y eso que la película tampoco carece de alguno que otro momento de sangre y locura similares también a los que veíamos en la secuencia final de Audition (1999), a la que también hace algún que otro guiño pasajero. Pero por encima de todo eso la película construye también una historia de empoderamiento femenino que no se rinde a la burda explotación, el relato de una chica rara que se venga del “mundo normal” no a través de la destrucción de aquello que la rechaza (como sucede por ejemplo en películas como Carrie (1976) o May (2002), que tocan temas similares) sino por la búsqueda de una identidad y prestigio propios en ese mundo de fenómenos que le da la bienvenida y que ella termina abrazando de forma entusiasta por algo que va más allá de la simple compensación económica.

La película también vale la pena por ver a Katharine Isabelle, quien ofrece la que probablemente sea su mejor actuación hasta la fecha, huyendo del estereotipo de víctima y creando un personaje complejo y ambiguo que desafía la empatía del público en más de una ocasión. Su destacable trabajo puede haber sido el motivo por el cual la cinta termina renunciando al subtexto dado por la condición de inmigrante de su protagonista, algo que parece tener peso al principio (la película, aparte de titularse American Mary, no deja de ser una mirada satírica al sueño americano), pero que no termina teniendo mayor relevancia. En un nivel más superficial me parece increíble el hecho de que esta joven actriz parece que tuviese la misma edad que en Ginger Snaps o en Freddy vs Jason (2003), por mucho que ya haya pasado una década.

La única pega que quizás le puedo poner a American Mary es que su desarrollo merecía un final más intenso que por desgracia no se produce; llegado un momento parece que la película simplemente termina, lo cual resulta un tanto anticlimático. Pero no dejéis que esto os disuada; las hermanas Soska han logrado armar una cinta muy buena, retorcida y en ocasiones incómoda, una que sin duda estará entre las más destacables de este año. Muy recomendable.