Reseña: The Lords of Salem (2012)

Probablemente una de las películas más anticipadas por quien escribe estas líneas, The Lords of Salem (2012), lo nuevo de Rob Zombie, es una cinta que como era de esperarse ha terminado por dividir al público de una manera aún más radical que de costumbre. No es de extrañarse ya que incluso desde que salió el trailer era fácil darse cuenta de que estábamos ante el que con toda seguridad es el proyecto más ambicioso de su director, pero aquí incluso vamos a más; esta historia de brujería y satanismo urbano es no sólo la mayor apuesta de Zombie hasta la fecha, sino también muy probablemente su mejor película hasta ahora, aunque también es muy posible que sea esta la pieza que le termina de desterrar para siempre del cine de terror comercial.

Se trata también de una película muy sencilla en cuanto a argumento, con una estructura dramática muy similar a la que ya hemos visto en otros ejemplos similares como El bebé de Rosemary (1968) y la más reciente The House of the Devil (2009), y aunque Rob Zombie parezca haber dejado de lado su ambientación white trash de cintas anteriores, el relajamiento argumental parece haber propiciado una vuelta a sus supuestos excesos estéticos, haciendo alarde de un imaginario visual delirante en el que echa mano de su experiencia como diseñador de horrores de feria a la vez que aporta un tono sucio y desagradable muy alejado del ludismo de La casa de los mil cadáveres (2003). Todo esto hace que quizás el público espere un mayor énfasis en una trama que depara pocas sorpresas y que es bastante fácil de seguir: una maldición tejida alrededor de la ejecución de un cónclave de brujas en la Salem colonial y el regreso de una de ellas para traer al mundo al hijo de Lucifer.

Como era de esperarse vuelven los actores habituales de Zombie como la infaltable Sheri Moon, el también imprescindible Ken Foree y hasta Sid Haig en un pequeño cameo. Asimismo, y en concordancia con sus películas anteriores, el director rescata algunas antiguas glorias del cine de género como Richard Lynch (en la que sería su última actuación en vida), Dee Wallace y una escalofriante Meg Foster en el papel de la bruja principal. Foster es probablemente una de las cosas que peor rollo da en la película ya desde el principio en la escena del aquelarre, y la suya es una presencia que se repite en varias ocasiones y da en cierta medida el tono a una película de terror atávica que aún con su sencillez argumental consigue ser altamente desconcertante.

Quizás sea precisamente por eso que The Lords of Salem nos pide a gritos un segundo visionado. Aquellos que sigan con interés su carrera cinematográfica no deberían dejarla pasar aunque sea por el festival de escenas delirantes que su director nos depara en este experimento en el que la complejidad narrativa cede el lugar a un discurso visual francamente psicótico en ocasiones. Sin embargo, hay que recordar al espectador desprevenido que estamos ante la que probablemente sea la película menos comercial de Rob Zombie, aún menos que Halloween 2 (2009), una cinta francamente incomprendida que aquí pronto nos encargaremos de reivindicar. Lo enrevesado de esta de la que hablamos hoy puede que eche a muchos para atrás, pero en un género como el de terror plagado sobre todo por la insensata repetición, el hecho de que alguien busque formas propias de discurso es muy encomiable. En esta ocasión yo sólo señalaría como carencia dramática el escaso nivel de «conflicto» y lo excesivamente fatídica que es su resolución final, algo que también pasa, por cierto, con Sinister (2012), otra cinta de terror reciente de la que hablaremos en otra ocasión. En cuanto a lo nuevo de Rob Zombie, concluyo diciendo que es una de las que más me ha sorprendido en mucho tiempo, con lo que se hace aún más triste aceptar la cruda realidad: aquellos que no la hayan pillado en un festival muy probablemente no la veréis nunca en una sala de cine.

 

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Reseña: The Cabin in the Woods (2011)

Después de haber estado engavetada por casi dos años, The Cabin in the Woods (2011) parece haberse beneficiado del resurgir comercial de su productor y co-guionista, Joss Whedon, quien actualmente vive uno de sus mejores momentos profesionales, y que tiene en esta película una muestra más de su conocimiento del cine de género y de su capacidad de analizarlo desde una perspectiva novedosa a la vez que rinde tributo a toda una tradición a la hora de llevar el terror a la pantalla. Sin duda estamos no sólo ante una de las películas más entretenidas del año, sino que además se trata de una cinta tremendamente inteligente que parte de lo que en un principio se percibe como un argumento muy sencillo y ya explotado en varias ocasiones: un número impar de jóvenes que se recluyen en una cabaña en medio del bosque para pasar un fin de semana y terminan enfrentados a las fuerzas del Mal.

Pero lo que en un principio parece ser una mera reinvención de The Evil Dead (1981) adquiere un matiz mucho más complejo al intercalar la odisea de los jóvenes con un segundo nivel narrativo mostrándonos una misteriosa organización directamente vinculada al horror por el que los protagonistas están pasando y que da a la película su toque de distinción. Honestamente es mejor que no diga nada más sobre el argumento ya que mientras menos sepáis de él mejor, y mientras menos os lo destripe más disfrutaréis las sorpresas que os depara el director Drew Goddard en cuanto al destino de los protagonistas y el verdadero motivo por el que se encuentran en la cabaña. Cierto es, sin embargo, que gran parte de este misterio ya se anunciaba en el trailer correspondiente, por lo que no estamos lo que se dice ante una de esas sorpresas que se dejan para el final (la verdadera premisa de la cinta es aclarada casi desde el principio), pero está claro que los responsables de la película han querido mantener gran parte de su tema central oculto, y aquí se ve por qué.

Entre otras cosas, una de los puntos fuertes de The Cabin in the Woods, y algo que la encumbra por encima de muchos otros estrenos de este año es que con ella Goddard y Whedon logran construir una película Total que va más allá de la simple parodia de los típicos clichés del cine de horror. Por el contrario hay un esfuerzo real en escudriñar el sentido ritual (nunca mejor dicho) de la fascinación del horror americano que incluso pretende darle toque de universalidad y transposición cultural (atención al equivalente japonés que se vislumbra en la película), todo esto en un tono desenfadado desprovisto por completo de solemnidad y sin cometer nunca el error de tomarse demasiado en serio su propio discurso.

Queda por comprobar si después de la visita a esta cabaña del bosque el cine de terror comercial americano puede seguir siendo el mismo ahora que las constantes lúdicas de dicho género han sido tan maravillosamente diseccionadas. En sus esfuerzos por sacar un ángulo original a una de las premisas más trilladas del cine de terror actual, Whedon y Goddard pueden haber parido una propuesta que quizás sea demasiado rompedora para algunos y difícilmente aceptada por aquellos que buscan un horror más «serio», pero sólo por su valentía ya se merece un puesto destacado en los estrenos de este año. Personalmente me hubiese gustado, sin embargo, que dicho giro en su premisa se hubiese revelado de forma más gradual y no directamente desde el principio, pero entiendo que en ese caso el choque habría sido quizás demasiado radical y la aceptación de la película por parte del público mainstream no hubiese sido la misma. De todas formas esto es sólo una apreciación personal que no resta puntos a la que desde ya recomendamos como una de las ineludibles de este año que casi termina.

 

Reseña: The Innkeepers (2011)

The Innkeepers (2011) es la nueva película del director Ti West y una de las más firmes candidatas para lo mejor de este año en materia de cine de terror. Es también una película muy en la onda de lo que fue The House of the Devil (2009) en el sentido de que se trata de una historia de terror sobrenatural anclada en medio de la cotidianidad del mundo moderno. Sin embargo en esta ocasión el tratamiento del horror es mucho más sutil y esconde en su escueta trama un comentario mordaz sobre el estado del terror actual al centrarse en dos jóvenes empleados de un hotel en decadencia que deciden buscar pruebas definitivas de que el antiguo edificio en el que trabajan está embrujado, evidentemente topándose con más de lo que pueden manejar.

Puede ser este el motivo por el cual pensé al principio que la película sería en realidad una poca disimulada mirada al horror de corte documental y de formato casero, pero no es así. Por el contrario, y si bien los fantasmas tardan en aparecer, West no huye de evidenciar al espectador la existencia de lo sobrenatural pero lo hace mostrando el horror como una anomalía anacrónica en medio de la realidad mundana; uno de los detalles más significativos de esta cinta es que el hotel embrujado se haya no en un sitio apartado de la civilización (como ocurre por ejemplo en El resplandor (1980), de Stanley Kubrick, que vendría a ser la muy evidentemente principal fuente de inspiración de esta película), sino en pleno centro de la ciudad, a dos pasos de la cafetería donde la chica protagonista va a tomarse el latte del desayuno. Esto hecho en apariencia aleatorio no sólo refuerza el tema estético de la película sino que también juega con el espectador otorgándole una falsa sensación de seguridad que choca con el ambiente tétrico del hotel, su angustiosa geometría y sus muy extraños últimos inquilinos.

Como ya mencionaba arriba, los fantasmas tardan en aparecer, lo cual de entrada representa un desafío para aquellos espectadores carentes de paciencia, pero una vez que el horror se pone en marcha los resultados son muy positivos e incluso dados a lo que ya vienen siendo constantes en el cine de caserones embrujados como las habitaciones malditas, la trama circular o el terrible peligro que espera a aquellos incautos que se adentran en el sótano. Nada que no hayamos visto antes, pero que gana muchos enteros al ser esta una película que se toma en serio a sí misma y que sabe ir más allá de sus propias limitaciones. Poniéndolo en términos muy básicos, The Innkeepers es una de esas películas de terror que dan miedo y a la vez maravillan por lo trabajada que está su atmósfera.

Una última cosa a destacar por supuesto es la actriz protagonista, Sara Paxton, a quienes vosotros reconoceréis como la Mary del reciente remake de La última casa a la izquierda (2009), y que aquí está irreconocible en su papel de niña ingenua y andrógina que se adentra demasiado en lo que al principio parece ser un estéril misterio. En todo caso, mi comentario final es para recomendar encarecidamente The Innkeepers y a Ti West como un director al que hay que seguirle la pista.