Reseña: Infection (2004)

Saturado como estaba en su momento de la fiebre por el terror asiático, dejé pasar muchas de las películas que sonaron en aquel entonces, especialmente las del proyecto J-Horror Theater, de las cuales en esta página sólo hemos reseñado Reincarnation (2005). Pues bien, hoy tenemos la primera película de aquel ciclo, Infection (2004), del japonés Masayuki Ochiai. Lo primero que tengo que decir es que estoy terriblemente arrepentido de no haberle dado una oportunidad en su momento, ya que este trabajo no sólo es una película interesante por más de un motivo sino que encima es muy diferente a la mayoría de los éxitos que nos llegaron de Japón por aquel entonces. A pesar de sus innegables carencias, es una cinta de terror muy efectiva que consigue un equilibrio ingenioso entre el terror psicológico, lo sobrenatural y la recreación de efectos gore y momentos incómodos basados en el terror físico.

En Infection asistimos a una película que parece mucho más centrada en conseguir una atmósfera de pesadilla que en el argumento en el que supuestamente se basa. Todas las sinopsis que uno encuentra por ahí coinciden en que la cinta va de una misteriosa enfermedad que se apodera de un hospital en crisis y que va esparciéndose de forma descontrolada por entre el personal y los pacientes, pero dicho resumen resulta un tanto engañoso porque la trama de la plaga (representada como una extraña sustancia viscosa de color verde que no sólo disuelve a sus víctimas sino que también causa locura) no entra en juego sino hasta la mitad de la película; Ochiai de hecho está mucho más interesado en mostrar el caos de un hospital en el que la falta de recursos y la mezquindad y miseria del personal médico han convertido el centro en un calvario. El mismo hospital está representado con un clima irreal, oscuro y abandonado, y como los personajes nunca salen al exterior da la sensación de que el centro de salud es una especie de último refugio ante el fin del mundo. La supuesta infección también es tratada de forma interesante ya que anuncia cierto componente sobrenatural del que su director saca mucho partido.

Este ángulo sobrenatural es quizás lo único que enlaza a Infection con otros trabajos de terror japoneses más típicos, pero esto es sólo uno de los aspectos de una película muy extraña y menos convencional de lo que en un principio podríamos creer. Lástima que Ochiai no pueda resistirse a incluir una revelación final que no sólo es un tanto predecible sino que (en mi opinión) no enriquece la película para nada ya que elimina gran parte de esa ambigüedad tan interesante que había conseguido hasta ese momento, aunque a decir verdad no resuelve todos los misterios. Esta primera entrega del proyecto J-Horror Theater no meterá tanto miedo como otras, pero como película me parece mucho más interesante y con un discurso y una estética mucho más original que remite a otros arquetipos de terror no tan usados por sus contemporáneas.

 

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Reseña: Reincarnation (2005)

Reincarnation (2005), o Rinne, como se le conoce en su Japón de origen, es otro trabajo del director Takashi Shimizu, quien deja de lado sus acostumbradas historias de fantasmas y juegos narrativos para realizar una película mucho más convencional destinada en su momento al proyecto J-Horror Theater, una antología de cintas de terror que intentó aprovechar el interés de Occidente por este tipo de cine. El plan se quedó, sin embargo, a medias; de las seis películas que originalmente conformaban la propuesta sólo llegaron a realizarse tres, siendo las otras dos Infection (2004), de Masayuki Ochiai y Premonition (2004), de Norio Tsuruta. De las tres restantes, dos de ellas (Retribution (2007), de Kiyoshi Kurosawa, y Kaidan (2007), de Hideo Nakata) se rodaron y estrenaron de forma independiente.

Decíamos antes que Reincarnation es una película mucho más convencional dentro de lo que Shimizu nos tiene acostumbrados. El argumento, que gira en torno a una masacre acontecida en un hotel en las afueras de Tokio y el rodaje de una película sobre los hechos en el mismo lugar del crimen, está evidentemente inspirado en El resplandor (1980), y no sólo en el tema del hotel lleno de fantasmas sino también en determinados momentos y recursos que remiten de forma muy clara a la película de Kubrick. Sin embargo, y a pesar de tener una narrativa lineal que carece del desorden temporal que caracterizaba a la saga de Ju-on, sí hay un juego de carácter estructural al ser esta una película narrada no sólo desde el punto de vista de la chica protagonista (una actriz que consigue el rol protagónico debido a su inusitada conexión con el personaje) sino también otros personajes periféricos cuyas líneas argumentales coinciden todas en el hotel donde ocurrió la matanza.

A pesar de que el principio puede parecer un tanto carente de fuerza, Shimizu guarda sus mejores momentos para el clímax final, no sólo a nivel argumental sino también porque es aquí cuando la película abandona gran parte de su estética realista para adoptar una atmósfera mucho más acorde con el cuento de fantasmas que propone. Es aquí también donde el director se aprecia mucho más contundente en cuanto al imaginario empleado, no sólo en lo referente a la ya citada El resplandor sino también a alusiones obvias a otros clásicos como El amanecer de los muertos (1978). Cierto es, sin embargo, que en muchas ocasiones su tratamiento del miedo puede pasar por indulgente en algunas imágenes que se supone que deben dar miedo porque sí (sobre todo en lo que se refiere a la aparición de niños en medio de un relato de terror), pero otras son muy poderosas, incluyendo el que probablemente sea uno de los muñecos más inquietantes que he visto jamás en una película.

Reincarnation fue conocida en el público occidental por primera vez gracias a la primera edición del After Dark Horrorfest, y aunque se trataba de una de las más potables de ese año, lo cierto es que llegó tarde, cuando la fiebre por las importaciones de terror asiáticas estaba ya en decadencia. A pesar de que no llega a los niveles de otras producciones similares (incluyendo la obra del propio Shimizu) es todavía reinvindicable frente a otros ejemplos mucho más conocidos. El final incluye una revelación sorpresa que ciertamente no me esperaba pero, por fortuna, es sólo un aspecto más de la película y no se siente que esta haya estado dirigida exclusivamente hacia ese truco final. Por el contrario, el equilibrio argumental está muy bien llevado y Shimizu demuestra ser un director de atmósferas incluso en su faceta más comercial.