Reseña: Halloween (2018)

Halloween

Demostrando una vez más que cualquier saga puede volver de entre los muertos, la nueva Halloween (2018) llega para arrasar como el taquillazo del año en cuanto a cine de terror se refiere, y una jugada maestra para la gente de Blumhouse, que se apunta así otro éxito en la que probablemente sea una de las mejores secuelas que se han hecho de la saga. Cierto es que esta afirmación tampoco es que signifique gran cosa por sí sola ya que Halloween ha llegado a tener momentos muy bajos una, otra y otra vez, pero lo cierto es que este trabajo de David Gordon Green (un cineasta muy ecléctico y difícil de encasillar en un género específico) ha sabido resucitar la historia de Michael Myers conseguiendo al mismo tiempo mantenerla dentro de los límites de lo familiar y predecible. Al final esta ha sido también su mayor debilidad, por lo que recibo este soft-reboot con un entusiasmo moderado.

Por supuesto todos vosotros sabéis ya que a pesar de ostentar el mismo título, no estamos realmente ante otro remake de Halloween (1978), sino a una nueva secuela que ignora todas aquellas transcurridas después de la original, es decir una nueva Halloween 2 (1981) que reinicia la saga desechando toda la mitología anteriormente construida, incluido el parentesco entre Michael Myers y Laurie Strode, que una vez más está interpretada por Jamie Lee Curtis quien regresa, cuatro décadas después, a enfrentarse al asesino que la dejó marcada de por vida. De hecho, y a pesar de que los crímenes del silente asesino de la máscara blanca están más presentes que nunca, es Laurie la verdadera protagonista de la historia y es suya la evolución más interesante al mostrarla como una sobreviviente que se encuentra más que preparada para plantar cara de nuevo al carnicero de Haddonfield, pero que ha tenido que pagar el precio de su salud mental y el desmoronamiento de su familia, con una hija y nieta afectadas para siempre por una amenaza que siempre vio sobre ella sin motivo aparente.

Es a decir verdad esta relación entre las tres generaciones de mujeres Strode uno de los ángulos más interesantes de la película y uno que ofrece los mejores momentos dramáticos de la cinta. También es por desgracia uno de los muchos temas por los que la cinta de David Gordon Green pasa de puntillas, abandonando la mayor parte de sus originales aportaciones en favor de unas muy superficiales referencias a la saga original, una brutalidad muy vista ya y un humor en ocasiones forzado y sonrojante. En cierta forma lo compensa con lo genial que está Jamie Lee Curtis aquí, convertida en un auténtico depredador y una digna contricante de Myers (algo que ya había hecho hasta cierto punto veinte años atrás en Halloween H20 (1998), por mucho que algunos lo hayan olvidado), pero es una lástima que sólo tengamos vistazos fugaces a lo que podría haber sido un guión mucho más inteligente. Todo el conflicto familiar de las Strode, por ejemplo, se queda en nada porque al final resulta que Laurie tenía razón: el mundo sí que es un lugar oscuro y horrible del que sólo nos podemos proteger armándonos hasta los dientes.

No quisiera sin embargo que pensárais que no me ha gustado esta nueva Halloween. Es, repito, una de las mejores secuelas que se han hecho de la saga, y su único problema es que no aporta realmente nada nuevo y las pocas cosas en las que de verdad contribuyen se ven rápidamente abandonadas por una película mainstream que se debe principalmente a un estudio que desea rentabilizar una franquicia que parecía muerta. La cosa ha funcionado; la cinta ha sido un éxito fenomenal y ha pasado a ser el slasher más taquillero de la historia, por lo que una secuela es más que segura por mucho que el propio Carpenter haya prometido que esta entrega cerraría la saga de Michael Myers para siempre. Por mi parte yo solo espero que todo esto haya servido para proyectar una luz positiva sobre las dos entregas de Rob Zombie, que independientemente de lo que penséis sobre ellas, al menos intentaron hacer cosas nuevas con el personaje, cosa de lo que esta pasa completamente. Aún así queda recomendada, y no sólo por las fechas en las que estamos.

Reseña: Halloween 2 (2009)

Cerrando ya nuestro mini-especial de Noche de Brujas con otra de esas reseñas destinadas a dividir a los que se pasan por aquí en dos bandos irreconciliables, también una película que debió haber pasado por este tribunal hace años: Halloween 2 (2009), de Rob Zombie, debió haber sido reseñada hace mucho teniendo en cuenta que por este blog ya han pasado todas las demás entregas de la saga iniciada por John Carpenter en 1978, y si bien el remake de Zombie del año 2007 fue en general bien recibido, esta continuación que se marcó un par de años más tarde no ha corrido con tanta suerte. Seré yo quien de inicio a la polémica afirmando que no sólo me parece una muy buena película, sino también una de las mejores de su director, e incluso me atrevo a decir que es mi segunda favorita de la saga de Halloween, superada únicamente por la original de Carpenter, para que os vayáis haciendo una idea.

Precisamente de Carpenter toma el paso inicial en este raro baile que se marca con uno de los mayores clásicos del slasher: el Halloween de Zombie comienza de forma muy similar a como comenzaba aquella secuela de 1981, es decir en la misma noche que en la primera película, con Michael Myers atacando el hospital donde Laurie Strode se recupera de su batalla con el asesino. Pero esto es sólo el principio porque muy pronto toda esta secuencia del hospital termina siendo un sueño/preámbulo de la verdadera trama, una transcurrida dos años después, en la que Laurie Strode debe lidiar con el trauma de su experiencia mientras Myers regresa para terminar el trabajo que empezó en la película anterior. Aquí es donde Zombie se desmarca por completo de la saga original y lleva la cinta a su propio terreno, ahondando más el lado psicológico de la historia al contraponer el mundo alucinante de Michael Myers (dominado por el fantasma real y alegórico de su madre muerta) con el desmoronamiento mental de Laurie, quien es retratada como una joven destruida psíquica y emocionalmente y cuya experiencia la ha llevado al borde del colapso.

Decíamos antes que esta versión de Halloween 2 no fue bien recibida en su momento. Los motivos de este rechazo por gran parte del público son por un lado comprensibles: cuando realizó su primera Halloween (2007), Rob Zombie estaba en el punto más alto de su carrera y se había ganado el corazón de los aficionados al terror gracias a La casa de los 1000 cadáveres (2003) y Los renegados del diablo (2005), y a pesar de que muchos se quejaron de su reinvención del personaje de Michael Myers, su remake fue un éxito que le otorgó un mayor control creativo para esta secuela, un control que terminaría llevando hasta sus últimas consecuencias. Muchos de los aspectos de esta película son contrarios a lo que el público reconoce como una cinta slasher, no sólo por el aspecto psicológico y su mayor énfasis en la intimidad del asesino, sino también por su negativa a embellecer la violencia. Ya desde el principio, el Michel Myers de Zombie no muestra un asesino nada estilizado, un gigante que destaca sobre todo por una brutalidad de la que su director no nos ahorra ningún detalle, y no sólo por la forma en que destroza a sus víctimas sino por otras escenas como aquella en la que le vemos devorar un perro o por su presencia completamente sucia y similar a la de un vagabundo. Es sin duda el Michael Myers más monstruoso de toda la saga pero, paradójicamente, también el más humano: no sólo le llegamos a ver sin máscara sino que llegado el momento incluso habla, hecho que por sí solo se habrá sentido como un sacrilegio para muchos seguidores del personaje.

Claro está que a pesar de lo bien hilado que está el discurso de Zombie y de lo muy bienvenida que es su brutalidad después de las vergonzosas últimas entregas de la saga original, hay cosas que no terminan de funcionar y que quizás hayan influido en ese rechazo del público. Una de estas cosas para mí es el personaje de Laurie Strode, quizás el más pobre de la película, algo que se ve empeorado por un error de casting al dar el papel a la muy poco interesante Scout Taylor-Compton mientras se pone en un rol secundario a la muy superior Danielle Harris. El personaje de Laurie además resulta un tanto cargante puesto que se pasa casi toda la película llorando y gritando. Para colmo, un personaje interesante como el Sam Loomis de Malcom McDowell está muy desaprovechado y sólo interactúa con la trama principal justo cuando llega el desenlace de la película. Pero esto para mí son quejas menores; con el tiempo me he dado cuenta de que los motivos por los que la gente odió Halloween 2 son los mismos por los cuales a mí me gusta, y prefiero mil veces algo radicalmente distinto en vez de las repetitivas secuelas de la saga original. Esto para mí está muy por encima incluso de la pasión por el gore y el impresionante desfile de cameos de luminarias del horror. El final, además, es el mejor posible teniendo en cuenta la dirección que Zombie toma con la película y mucho me temo que tendrán que ignorarlo por completo si quieren hacer una tercera entrega tal como he escuchado. Entretanto, si no habéis visto esta, hacedlo lo antes posible.

 

Reseña: Halloween: Resurrection (2002)

Si bien intentó sinceramente cerrar el ciclo de secuelas con su cerradísimo y explícito final, Halloween H20 (1998) tuvo la desgracia de ser bastante exitosa a nivel de taquilla, con lo que poco después ya alguien se estaba sacando de la manga una nueva secuela de la saga de Michael Myers titulada Halloween: Resurrection (2002), empleando además una de las más trilladas codas en la historia de los títulos de películas. Probablemente más que ninguna otra, esta octava entrega del asesino de la máscara blanca, la última de la saga original, es descarada en su intento de rentabilizar la franquicia de estas películas con una secuela completamente innecesaria y absurda que por supuesto pasa por completo (como de costumbre) de justificar el regreso del asesino tras varios años pero al mismo tiempo intenta explicar cómo es que Michael Myers continúa con vida después de haber sido contundentemente decapitado en la entrega anterior por su hermana Laurie Strode.

Este personaje reaparece por cierto aquí, y está nuevamente interpretado por Jamie Lee Curtis en un muy corto papel durante el prólogo, que transcurre esta vez en un hospital psiquiátrico donde la incombustible y madura final girl ha terminado tras sus numerosos enfrentamientos con el asesino. Hay que decir en favor de la película que este prólogo es al menos valiente al cometer uno de los mayores sacrilegios posibles a los ojos de los seguidores de la saga, apostando radicalmente a una reinvención de la franquicia y despojándola de sus constantes tradicionales, todo un reto para el director Rick Rosenthal, quien aparte de Rob Zombie es el único cineasta que ha dirigido dos entregas de Halloween (en concreto se hizo cargo de la segunda entrega, allá por el 81). Esta vez la premisa del asesino enmascarado parte del gimmick del horror documental, centrándose en el elenco de un reality show de terror que transcurre en la famosa casa de Michael Myers en Haddonfield, sin saber que el Hombre del Saco está volviendo a casa a acabar con los intrusos.

La idea del reality es atractiva, muy a pesar de que el ambiente de inmediatez que dan las cámaras personales no es aprovechado en todas sus posibilidades (sólo una de las muertes es contemplada por el público, lo que da para un interesante comentario sobre la saga y su base fanática pero que por desgracia se queda en un muy breve guiño), y la película se hubiese beneficiado sin duda de un tratamiento más intimista y menos dado a la repetición de un esquema agotado ya hace años. Aparte hay un intento de hacer ciertas concesiones a la comedia que terminan siendo bastante contraproducentes por culpa de una mala elección de casting, especialmente la del rapero Busta Rhymes, quien tiene uno de los papeles principales de la película y que simplemente destaca demasiado, aportando ruido y quitando protagonismo a lo que debería ser el centro de la película: Michael Myers y sus víctimas.

Al final la voluntad de romper con el estilo anterior se queda en nada porque la película repite el mismo esquema de las anteriores, con una muy predecible confrontación final cuyo desenlace tira el ya infaltable guiño a una nueva secuela. Esta, como todos sabemos ya, nunca llegó, ya que tras el fracaso de esta cinta la saga de Halloween vería su verdadera “resurrección” con el remake de Rob Zombie cinco años después. En cuanto a Halloween: Resurrection, hay que ser muy fan de la saga para darle una oportunidad, ya que esta entrada se pierde en el limbo que existió entre los inofensivos slashers de los noventa y la llegada de un horror más dado a los excesos que vio su explosión justamente el año después.

Reseña: Halloween H20 (1998)

Tras la pobre recepción crítica de Halloween 6 (1995), los productores de Halloween H20 (1998) decidieron aprovechar el vigésimo aniversario de la saga para intentar una peripecia entendida a la vez como vuelta a los orígenes y ruptura radical con lo anterior. Lo más publicitado en su momento fue el regreso de Jamie Lee Curtis al personaje que la hizo famosa, algo que al parecer la actriz recibió con mucho entusiasmo, hasta el punto de que se dice intentó por todos los medios hacer que el propio John Carpenter se encargara de la dirección de esta séptima entrega de los crímenes de Michael Myers. Otra cosa bastante notoria para entonces era el anuncio a bombo y platillo de que el guión estaría firmado por Kevin Williamson, autor de Scream (1996) y hasta cierto punto uno de los responsables de que los slasher films volvieran a ponerse de moda comercialmente hablando. Al final poco de eso se concretó: Carpenter declinó la oferta de dirigir la película y el guión de Williamson fue rechazado por el estudio, entre otros motivos porque intentaba hilar la historia de toda la saga, y si algo se nota en esta nueva entrega es la voluntad de enmendar los errores a lo bestia negando cualquier referencia a la tercera, cuarta, quinta y sexta entrega, como si estas nunca hubiesen ocurrido.

Ya incluso desde el inicio hay una voluntad de recapitular sólo lo que interesa y resaltar lo que serían considerados los elementos clásicos de Halloween: el tema musical de Carpenter, la voz de Donald Pleasance (ausente de la película debido a su muerte) y la obsesión del asesino con Laurie Strode. Esta primera escena, que muestra a Michael Myers haciendo una breve visita a Haddonfield, es probablemente lo mejor de la película y una prueba de que el director Steve Miner (veteranísimo realizador de los ochenta y conocedor de las reglas de los slasher films) tiene las ideas claras en cuanto a qué es lo importante. Pasada esta escena es cuando entramos propiamente en un argumento que de entrada se presenta como atractivo: nos enteramos de que Laurie fingió su muerte y ha pasado los últimos años viviendo una identidad secreta y trabajando como la directora de un internado en el que también estudia su hijo adolescente. Laurie, sin embargo, se ha convertido en una alcohólica maníaco-depresiva que año tras año ha temido el regreso de su hermano, cosa que justo ahora verá ocurrir. El por que de la elipsis de veinte años que separa su último encuentro con el asesino es algo que nunca se explica, pero eso es porque Halloween H20 no parece estar muy interesada en desarrollar el argumento de esta final-girl crepuscular que se enfrenta nuevamente al asesino, desaprovechando así una oportunidad bastante notable de dar a la saga algo de la dignidad perdida.

De hecho, me atrevería a decir que gran parte del metraje muestra un interés mayor en mostrar la película desde el punto de vista del hijo de Laurie (un entonces debutante Josh Hartnett) y sus amigos, innegables reclamos adolescentes que parecen los últimos restos del guión descartado de Williamson, y que en más de una ocasión acaparan el protagonismo de la historia. Esto hace que muy pronto Halloween H20 tome un camino conocido y mil veces transitado convirtiéndose en una entrega ligeramente mejor que varias de las anteriores, pero que indudablemente se queda corta al no aprovechar ni las oportunidades argumentales y temáticas de su premisa ni su locación de internado colegial. El resto sufre de varios de los problemas de este tipo de cintas de mediados-finales de los noventa con su estética plana y su muy predecible argumento en el que lo más interesante es ver el trabajo de Jamie Lee Curtis retomando un personaje que esta vez no huye del asesino sino que por el contrario se enfrenta a él valientemente con la esperanza de exorcizar sus demonios.

Es debido a estas ideas quizás por las que esta séptima entrega ha terminado por tener un recibimiento crítico importante entre la fanaticada de Halloween, que recuerda la película como mejor de lo que realmente fue. Incluso tuvo en su momento un notable éxito comercial que demostró que la saga de Michael Myers no estaba muerta, y llevaría al estudio a realizar una secuela más muy a pesar de que esta entrega posee un final bastante cerrado y definitivo que buscaba en su momento dar carpetazo a la odisea de uno de los asesinos más famosos del cine de terror. De dicha continuación tendremos que hablar otro día. De momento, invitaría a revisar Halloween H20 y tenerlo en cuenta como una película un poco más correcta técnicamente pero con oportunidades en cuanto a discurso criminalmente desperdiciadas, ideas que serían mejor aprovechadas por alguien como Rob Zombie cuando se hiciese con las riendas de la saga varios años después.

 

Reseña: Halloween 6 (1995)

Seis años después de su misteriosa desaparición, Jamie Lloyd consigue finalmente escapar de las manos del misterioso culto druida que la ha mantenido prisionera. Su fuga le lleva nuevamente a Haddonfield, donde cae a manos de Michael Myers. Sin embargo, Jamie no es la última de la línea familiar, ya que todavía está su bebé nacido durante su cautiverio. Ahora toca a un nuevo grupo de personas, entre ellos un ya crecido Tommy Doyle y un anciano y retirado Sam Loomis, hacer frente al asesino de la máscara blanca una vez más. Esta es básicamente la historia de la que parte Halloween 6: La maldición de Michael Myers (1995). Esta sexta entrega de la saga original es la tercera y última parte de la trilogía en la que los responsables de Halloween intentaron tomar una nueva dirección con su personaje, y es a menudo referenciada como una de las más pobres. Sin embargo, creo que ese desprecio se debe en parte a razones equivocadas.

La principal queja que han tenido los seguidores de la saga en cuanto a esta película es el marcado giro que el argumento da hacia lo sobrenatural, tanto que la naturaleza y motivaciones de Michael Myers son literalmente explicadas por medio de la presencia de ese misterioso culto liderado por el hombre de negro que rescató a Michael de su cautiverio. Esto es algo que nunca me ha molestado; por el contrario me parece interesante el que hayan intentado hacer algo nuevo con el personaje y su historia, así como el empeño puesto en dotar a esta película de un tono más oscuro y terrorífico que el de entregas anteriores, aún cuando muchas veces se queda a medio camino como por ejemplo en todo lo concerniente a lo que ocurrió con Jamie Lloyd durante esos seis años, algo que se intuye bastante horrible pero a lo que nunca se le da suficiente importancia.

El problema, por otro lado, reside en que ese argumento que la película se ha encargado de presentar a través de las dos entregas anteriores finalmente acaba por mostrarse confuso y falto de dirección. No es de extrañar que esto haya ocurrido teniendo en cuenta que Halloween 6 fue una producción en la que todo salió mal y en la que sus responsables se toparon con una gran cantidad de problemas, desde numerosas reescrituras de guión hasta varios cambios y agregados por parte de los productores que deseaban una película de terror más al uso, aparte claro está de la muerte del actor Donald Pleasance, que causó entre otras cosas que su personaje de Sam Loomis quedara reducido a un muy marginal papel de secundario que encima dejó un final bastante raro que se siente irremediablemente incompleto. El origen y las motivaciones del culto druida que aparentemente tiene relación con Michael Myers (y que, según cuenta el director Joe Chappelle, estaba originalmente concebido como una secta similar a la de El bebé de Rosemary (1968), de Roman Polanski) tampoco son explicadas más allá de unas muy vagas referencias y de una caótica secuencia final que hace de ellos (y de la película) una caricatura de mad doctors. Esto no es algo que me moleste en sí mismo, pero ciertamente hace su aportación a lo poco cuidado que está en general el argumento de esta cinta.

Lo peor es que considero que con todo y sus enormes fallos argumentales y los evidentes trozos que faltan de la trama, detrás del desastre de Halloween 6 hay por lo menos el esbozo de una película interesante. De no haber tenido los problemas de producción que tuvo y de haber centrado la película en Jamie Lloyd como la heroína en vez de matarla al principio, hubiésemos tenido una entrega de Halloween diferente y a la vez respetuosa con la intención estética de la saga en cuanto al tratamiento de la Noche de Brujas. Existe, como muchos sabéis ya, un Producer’s Cut que intenta mejorar un poco estas carencias, pero es poco lo que puede hacer ya. El resultado de lo que ya hay es más bien pobre, y justifica en parte que la siguiente entrega haya decidido reinventar la saga casi por completo. Por supuesto, eso es algo de lo que tendremos que hablar en otra ocasión.

Reseña: Halloween 5 (1989)

Hace ya un tiempo hablábamos aquí de Halloween 4 (1988), la vuelta a las andadas del más famoso slasher de Haddonfield. Por lo visto le fue muy bien al asesino de la máscara blanca, ya que al poco tiempo teníamos Halloween 5: La venganza de Michael Myers (1989), continuación directa que es sin embargo una de las entregas menos populares de la saga. Los motivos de esto pueden estar en las prisas que se dio el estudio para realizar la película, estrenada menos de un año después de la anterior entrega. Sólo así se explica que a pesar de partir de una situación bastante típica en los slasher films y en esta saga en particular (Michael Myers sobrevive milagrosamente al final de la entrega anterior y regresa un año después para acosar de nuevo a su sobrina Jamie), el argumento no tenga lo que se dice una dirección definida, simplemente se siente como un montón de escenas hiladas por la presencia de Myers como el asesino.

El resto es prácticamente idéntico a la entrega anterior, con la policía montando caza a Myers mientras Sam Loomis intenta en vano sacar información de la pequeña Jamie, quien ha perdido el habla tras su traumática experiencia. Este conflicto no está lo que se dice muy claro; Jamie parece no querer ayudar a Loomis a pesar de que ambos quieren la misma cosa, y llegado un momento recupera el habla sin motivo alguno. Esto no hace más que evidenciar que de todas las entregas de la saga esta es una de las que se sienten más improvisadas, empezando por el hecho de que no hay realmente una protagonista; están los típicos jóvenes víctimas, pero ninguno de ellos tiene realmente una participación. La película intenta un giro ingenioso al despachar en primer lugar a quien parece ser la chica principal para así sorprender al público y hacerle sentir que nadie está a salvo, pero luego no sabe sustituirla. La inclusión de dos ineptos policías como elemento cómico parece algo sacado de otra película y resulta bastante lamentable. Asimismo hay demasiadas cosas que quedan sin resolver a nivel de argumento: la escena que explica cómo sobrevive Michael Myers, tomada por cierto de La novia de Frankenstein (1935), está bien pero no se nos dice en ningún momento qué fue de él durante el año que estuvo ausente, cosa que deberíamos saber tal como está presentada la película. El hilo dramático de Jamie con el que terminó la película anterior no se sigue y los muchos guiños que la trama deja entrever hacia lo sobrenatural no son explorados, comenzando por la presencia de un misterioso personaje nuevo del que nunca sabemos nada.

Hay, sin embargo, cosas destacables en cuanto a personajes. Sam Loomis está por lo visto más loco que nunca (de hecho Donald Pleasance sigue siendo lo mejor de la saga), y a pesar de que vemos a Michael Myers hacer aquí cosas insólitas como conducir un coche, el personaje está muy en la línea de esa forma silente e impersonal que acecha en las sombras, además de más logrado estéticamente y mucho más agresivo en sus maneras, destacando sobre todo la escena final en la cual se enfrenta a Jamie en el ático de su antigua casa. Son estos últimos veinte minutos, a decir verdad, lo único realmente destacable de la película, ya que no sólo ahondan muy bien en la relación entre el asesino y su víctima predilecta sino que dejan intuir el giro de la saga a lo sobrenatural sugiriendo vínculos entre Michael Myers y elementos de magia negra, cosas que serían explicadas en la sexta entrega. El resto es prácticamente una bastardización del concepto de slasher convencional tipo Viernes 13 (1980), saga que paradójicamente comenzó copiando el estilo de Halloween.

Es una lástima que este clímax final, valiente en el sentido de querer llevar la saga por un camino distinto a lo que se esperaba, sirva principalmente como anzuelo para la siguiente entrega; Halloween 5 tiene de hecho muchos indicios de un argumento interesante que se pierden al no ser desarrollados: ¿por qué Michael Myers es salvado, curado y mantenido por un año? ¿Por qué tiene un vínculo telepático con Jamie? ¿Quién es el misterioso hombre de negro? ¿Por qué la película se titula La venganza de Michael Myers? ¿De quién o qué se está vengando? Todas estas cosas son presentadas pero quedan en el aire, lo que convierte esta quinta entrega en un simple puente entre la cuarta y la sexta película de la saga, pero para eso ciertamente no hacía falta hora y media de retazos argumentales. Porque el problema mayor sigue siendo que el interesante clímax final podría perfectamente haberse incorporado al desenlace de la cuarta entrega, haciendo esta secuela francamente innecesaria.

 

Reseña: Halloween 4 (1988)

Esta cuarta entrega de la saga iniciada por Halloween (1978) es considerada por muchos como una de las mejores secuelas del clásico de John Carpenter. Ciertamente fue aquella que devolvió la saga al camino antes trazado y en el que los fanáticos del slasher deseaban seguir: las andanzas del asesino Michael Myers como centro de la trama. Lo interesante además es que Halloween 4: El regreso de Michael Myers (1988) fue también la primera entrega de Halloween realizada sin la colaboración de Carpenter, quien no estaba interesado en continuar por la senda del asesino enmascarado. Finalmente, esta nueva película también inicia una trilogía temática con las partes quinta y sexta que se centra ya no en Laurie Strode (ausente a partir de esta entrega) sino en su hija, Jamie Lloyd.

Lo más sorprendente de Halloween 4 es lo efectiva que resulta teniendo en cuenta que fue una producción realizada a toda prisa: el guión, de hecho, fue escrito en sólo once días para evitar la huelga de guionistas de ese año, lo cual explica que el argumento sea poco elaborado, lleno de agujeros y que pase de explicar muchas cosas que merecían al menos cierta aclaración. La película también reescribe en cierta forma el final de la segunda parte, en el que tanto Myers como el doctor Sam Loomis morían en una explosión. Ahora parece que ambos, contra todo pronóstico, han sobrevivido, sólo que el doctor lo ha hecho con horribles quemaduras en su rostro y Myers ha permanecido en coma durante diez años, despertando finalmente al enterarse de que tiene una pequeña sobrina que habrá de convertirse en su nuevo objetivo. La película nunca da grandes explicaciones acerca de por qué Myers despierta o los motivos del vínculo telepático que le une con su sobrina, pero ya deja bastante claro que nuestro asesino es más que un ser humano común y corriente. Con todo y eso, los aspectos sobrenaturales de Halloween 4 son bastante sutiles, y la película se mantiene sorprendentemente fiel a sus esquemas iniciales, especialmente teniendo en cuenta los giros disparatos que sus dos sagas contemporáneas (Viernes 13 y Pesadilla en Elm Street) estaban teniendo para ese entonces.

El director Dwight H. Little, a decir verdad, mantiene el espíritu del original de Carpenter al hacer una película poco gráfica en cuanto a violencia (el par de secuencias gore fueron introducidas posteriormente a petición del estudio por el creador de efectos especiales John Carl Buechler, y desentonan con el resto de la cinta) y centrada más bien en el suspenso que crea la imagen de Myers como amenaza. Uno de los mejores momentos de la saga, por ejemplo, se da en la escena en la que Loomis y Myers se encuentran en la estación de gasolina. El doctor sigue siendo uno de los mejores personajes, un capitán Ahab carismático que por lo visto nunca está justo cuando más se le necesita. El resto se podría decir que es bastante convencional, con nuestro asesino despachando a la buena gente de Haddonfield que esta vez se ha armado hasta los dientes para dar caza a su enemigo. Y repito, a pesar de que todo esto lo hemos visto antes y que muchas situaciones no son explicadas, la película es tan efectiva que fácilmente se perdonan sus ocasionales fallos. Resulta sorprendente, entre otras cosas, que la introducción de un niño en peligro en la trama principal no dañe la película sino todo lo contrario; Jamie Lloyd (interpretada por Danielle Harris, quien también aparece en las dos entregas de Rob Zombie) es un personaje muy bien hecho cuyo desarrollo y desenlace enlaza perfectamente con la mitología creada por la original ante la figura del “hombre del saco” y el imaginario de la Noche de Brujas.

Con todo y eso, esta claro que no es la mejor entrega de Halloween, pero resulta loable ver cómo respeta el legado de la original y al mismo tiempo muestra el necesario valor para buscar elementos nuevos que más adelante serían explotados, quizás con menos efectividad. De acuerdo con los responsables de esta película, el proyecto original de Carpenter era una cinta ambientada en una Haddonfield que se recuperaba del azote de Myers y veía florecer un nuevo horror con toques más psicológicos, y aunque nunca sabremos cómo hubiese sido la saga si hubiera prosperado dicha idea, nos queda el consuelo de tener en Halloween 4 una secuela muy superior a lo que originalmente promete, y eso no es algo fácil de encontrar.

Reseña: Halloween 3 (1982)

Halloween 3: El día de la bruja (1982) es, a pesar de su condición de una de las secuelas menos populares de la saga iniciada por John Carpenter en 1978, también una de las más conocidas. Para identificarla basta con repetir que es aquella en la que no aparece Michael Myers. A decir verdad, ni siquiera es un slasher, sino una historia completamente distinta con la que Carpenter y su colaboradora Debra Hill planearon dar a la franquicia una nueva dirección tras el aparentemente definitivo final de la película anterior. La idea era elaborar cada año una película con trama y personajes diferentes, con la Noche de Brujas como única relación entre todas ellas.

Fue esta también una producción que pasó por varias manos y reinvenciones antes de ser llevada finalmente a la pantalla: originalmente, este iba a ser un proyecto para el director Joe Dante a partir de un guión firmado por Nigel Kneale, veterano guionista de la saga Quatermass. El guión de Kneale, sin embargo, no fue muy del agrado del productor y mecenas Dino de Laurentiis debido a su general ligereza, por lo que Carpenter y el nuevo director Tommy Lee Wallace lo reescribieron por completo con el objetivo de oscurecer el tono de la película. Cuentan que Kneale, horrorizado al ver los cambios en lo que había concebido originalmente como una cinta de terror familiar con cierto toque de comedia, decidió quitar su nombre de los créditos, pero a pesar de que el tono de la película terminó siendo distinto, su influencia sí permanece de forma bastante marcada.

El resultado final es una curiosa mezcla de miedos infantiles con influencias de la ciencia-ficción de los cincuenta, especialmente de la película La invasión de los ultracuerpos (1956), con la que esta cinta tiene paralelos bastante notables, desde el nombre del pueblo donde transcurre la acción (Santa Mira) hasta peripecias argumentales prácticamente idénticas. La trama gira alrededor de una misteriosa compañía fabricante de máscaras llamada Silver Shamrock, perpetradora de un plan diabólico para la Noche de Brujas basado en tres populares máscaras que representan otras tantas criaturas de Halloween: una bruja, un esqueleto y una calabaza (cuyos colores, verde, blanco y naranja, son también los de la bandera de Irlanda). La investigación sobre las oscuras artes de la compañía por parte del protagonista, un médico metido de repente a detective, se entremezcla con historias de magia negra y cultos paganos dedicados al ritual de Samhain, siendo esta, por cierto, una de las pocas películas en las que dicha palabra se pronuncia correctamente.

Dicho todo esto, la verdad es que se trata de una película bastante buena que, a diferencia de la mayoría de secuelas de la saga de Halloween, ha ganado con el tiempo y los visionados posteriores. Ciertas autoindulgencias de su desarrollo son fácilmente perdonables al ver como Tommy Lee Wallace logra una película con un subtexto bastante oscuro para su época en torno al sacrificio ritual de niños y los orígenes siniestros de la Noche de Brujas. Lo curioso es que, a pesar del cambio radical del argumento, esta entrega guarda coherencia con las dos primeras al seguir tratando el tema de la Máscara como disfraz y a la vez canal de expresión del Mal, retratado de forma pura y desprovisto de toda motivación más allá de sí mismo: los villanos de Halloween 3 nos devuelven la idea de la maldad como fuerza arquetípica teniendo como principal blanco los niños, perpetuadores de la banalización festiva de una noche cuyos orígenes paganos no son precisamente inocentes. Estas son sólo algunas de las muchas ideas interesantes que maneja la película a través de su mezcla entre magia y tecnología (indistinguibles en la mayoría de los casos), y que la colocan por encima del repetitivo esquema de asesinos enmascarados de las secuelas posteriores. Por desgracia, el público no respondió positivamente esta vez, hundiendo la película en la taquilla y ante la crítica. Todo esto obligaría a la saga a volver a darles más de lo mismo, arruinando para siempre el plan original de Carpenter. Sin embargo, siempre estamos a tiempo para devolverla al sitio que se merece. Por eso, cuando este año llegue de nuevo Halloween y empecéis a preparar un maratón de terror, en vez de ver la original por millonésima vez sería bueno dar una oportunidad a esta tercera entrega. No os arrepentiréis.

Reseña: Halloween 2 (1981)

Tres años después de la original, y coincidiendo con el inicio de la auténtica explosión comercial de los slasher films, Halloween 2 (1981) fue la primera de una larga serie de secuelas, recibiendo en España el nombre de Sanguinario, uno de los peores títulos posibles. Esta vez John Carpenter no dirige, pero permanece involucrado en gran medida al escribir el guión y producir la película junto a su colaboradora de muchos años Debra Hill, otorgando la dirección a un entonces desconocido Rick Rosenthal. Aparte de cuestiones obvias en cuanto a su ambientación (comienza inmediatamente donde termina la primera parte), la película es una continuación directa de la original, y resulta bastante digna aunque claramente inferior, destinada sólo a explotar el inesperado éxito de su predecesora y la ola de cintas similares que ya se avecinaba.

Jamie Lee Curtis (con peluca) repite en el elenco, pero su personaje ya no tiene la relevancia de la primera parte. A decir verdad, Laurie Strode se pasa la mayor parte de la película en una cama de hospital y casi no tiene interacción con los otros personajes, por lo que su presencia es en realidad un mero formalismo para tener continuidad con la original de Carpenter y al mismo tiempo aprovechar la popularidad de la joven actriz en lo que a este género se refiere. Donald Pleasance también repite como Sam Loomis, y su personaje es tan exagerado que reafirma mi creencia de que el heróico psiquiatra están tan loco como el asesino. Ambos ceden el auténtico protagonismo a Michael Myers, evidente centro de la película, incluso más que en la primera entrega, y un personaje cuya tipología clásica de “hombre del saco” está más que evidenciada al hacer de él una máquina de matar que tiene muy poco de humano. Myers es aquí, de hecho, un monstruo silente que no se detiene ante nada: las balas, el fuego o los cristales no logran parar su avance, con lo que la película ya deja intuir ciertos toques sobrenaturales en los que no ahonda, ya que la idea es hacer del asesino un arquetipo, un ente vacío de toda moral o motivación.

Este acercamiento extremo y violento es quizás la mayor diferencia que tiene Halloween 2 con su antecesora. El director Rick Rosenthal afirmó en su momento que su intención era dar continuidad a la obra de Carpenter imitando en gran parte su estilo, algo que evidencia en la primera secuencia de la película, narrada desde el punto de vista de Myers de forma muy similar a como comenzaba el Halloween original. Parte de esta intención se reflejaba también, según Rosenthal, en la escasa cantidad de sangre y violencia explícita que tenía su versión, detalle este último que no fue del agrado de Carpenter, quien rodó de nuevo varias escenas para hacer más sangrienta la película; algunas de las muertes son bastante brutales, y algunas de las apariciones de Michael Myers en el hospital donde transcurre la mayor parte del argumento son memorables. La película también cuenta con una revelación sorpresa que vincula a Myers con Laurie Strode, una que no mencionaré esta vez pero que a estas alturas ya muchos deben conocer.

En general, Halloween 2 es una secuela bastante eficiente. No resulta tan memorable como la original al carecer de la sencillez y precisión de la cinta de Carpenter, que lograba una película mucho más redonda con muy pocos elementos, pero eso es algo que difícilmente se hubiera podido superar. Esta, en cambio, se conforma con ser una coda final al argumento de su antecesora e incluso tuvo el objetivo (evidente en su desenlace) de cerrar la saga definitivamente. Como ya sabemos, esto último se quedó en puras intenciones y las ansias de volver a ver Michael Myers en acción rendirían su fruto muchas veces más.

 

Reseña: Halloween (2007)

A estas horas no quedará nadie (al menos de los visitantes de esta página) que no se haya acercado ya a Halloween (2007) de Rob Zombie, una de las películas más esperadas del 2007 y que finalmente terminó por estrenarse en España a principios de este año. El tratamiento que este director le ha dado a una de las cintas más celebradas de John Carpenter ha resultado ser bastante digno, si bien muy por debajo de lo que había logrado con sus dos películas anteriores. Los fracasos y aciertos del remake de Zombie se deben, respectivamente, a sus ansias de homenajear a uno de sus ídolos y a la utilización de una historia ajena para escarbar aún más en su estética personal.

Porque lo mejor de este nuevo Halloween, sin duda, es la primera mitad, en la que Rob Zombie utiliza la historia de los orígenes de Michael Myers y su locura psicópata para escribir otro capítulo en esa gran crónica del white trash que ya había esbozado con sus anteriores cintas. Ciertamente recurre a un montón de tópicos (padrastro abusivo, madre incapaz y un ambiente opresivo lleno de violencia y humillación), pero estos en ningún momento me han parecido exagerados ni explotativos; por el contrario, son perfectamente coherentes con el universo temático del director, destacando la imagen de ese niño andrógino cuyo placer por el sufrimiento ajeno es la única vía de escape a una realidad en la que él es siempre el más débil y tonto de los que le rodean. De allí la película evoluciona al pulso narrativo que se da entre Michael y el psiquiatra Sam Loomis (personaje que está aquí mucho mejor empleado y desarrollado que en la película original), un hombre que, al igual que el público, busca entender las razones del comportamiento de Michael y lo que se esconde tras su voluntad de matar. Con el pasar de los años esto probará ser una búsqueda estéril, y tras fugarse del manicomio donde le han encerrado (en una secuencia harto desagradable incluso para los estándares de Rob Zombie), Michael regresa a su antiguo suburbio de Haddonfeld a sembrar la muerte entre sus habitantes.

Es en esta segunda mitad donde la película de Zombie pierde gran parte de su fuerza; tal como se ha dicho en innumerables ocasiones, esta segunda mitad de Halloween no hace sino resumir la película original salvo ligeras diferencias (entre ellas un mayor número de bajas), con lo que cabría preguntarse qué ha sido de la delicada mirada introspectiva que el director nos había mostrado. Al final, tal como descubre Sam Loomis, resulta que la locura de Michael Myers no tiene explicación más allá de la violencia como única expresión posible de la emocionalidad. Pero aquí el director ha pecado de un gran exceso, porque no creo que sean necesarias dos horas de película para llegar a esa conclusión. Sin embargo, a pesar de estos fallos, hay que quitarse el sombrero a la manera como Rob Zombie ha diseccionado el género slasher desnudándolo por completo y ofreciendo sus aspectos más básicos hasta el punto en el que el mismo asesino se quita voluntariamente la máscara para mostrar su veneración hacia la final girl a la que se enfrenta. También la relación con el sexo típica de estos psicópatas enmascarados tiene aquí su explicación: las chicas de esta película utilizan su sexualidad como un elemento de humillación y ridículo, empezando por la insoportable hermana mayor de Michael y terminando con las no menos exasperantes amigas de Laurie Strode.

Lo más interesante es que, con todo esto, Rob Zombie no está haciendo un homenaje al “mito” de Michael Myers, sino al contrario: lo está destruyendo, de la misma manera en que un niño destruye un reloj al que abre para ver cómo funciona. A eso se debe el largo prólogo explícativo de la máquina de matar y el hecho de que, a diferencia de la película de Carpenter, esta versión no deja abierta la posibilidad de una secuela (un detalle clave que la diferencia de prácticamente todo el resto del género). Al final, la carta de amor que Rob Zombie y sus amigos (es impresionante la cantidad de luminarias del terror y la serie B que se pasean por esta película) han escrito a la obra original de JC queda lastrada por un metraje excesivo y por una también excesiva reverencia al maestro (no sólo en lo que se refiere a la segunda mitad sino también al uso del tema musical original, que aquí parece no encajar demasiado bien), pero es sin duda uno de esos remakes buenos que vale la pena ver para apreciar el trabajo de alguien que no sólo ha visto Halloween, sino que además lo entiende. Habrá diferencia de opiniones en cuanto al resultado final, pero la diferencia es que aquí se aprecia el tono de un artista de verdad.