Reseña: The Darkness (2016)

Con un genérico y ya usado título, The Darkness (2016) es una producción de Blumhouse que repite el ya famoso modus operandi de esta distribuidora de sacar material de terror con presupuesto mínimo y una premisa que recicla gran parte del imaginario establecido por el cine de miedo en décadas posteriores. A pesar de contar con un elenco interesante y una identidad estética hasta cierto punto novedosa, todas sus buenas ideas se quedan en la superficie dando como resultado un trabajo bastante blandengue que merecía un tratamiento mejor.

Su premisa es algo que ya conocemos pero que refuerza una idea que me gusta y es la del terror como algo enteramente fortuito: una familia de vacaciones en el desierto americano y que se meten en problemas cuando su hijo autista trae a escondidas unas piedras rituales de una extincta tribu indígena, y con ellas la presencia de unos espíritus malignos que intentarán llevárselo. Reconozco que esta idea y la estética de una maldición de origen nativo-americano fueron cosas que me llamaron mucho la atención al principio y me animaron a seguirla viendo.

Sin embargo, pronto queda muy claro que el desarrollo es otro remedo del 99% de las obras de terror sobrenatural de ambiente familiar que hemos visto ya, sobre todo Poltergeist (1982), película a la que se fusila sin piedad en más de una ocasión. Como en esta, el fenómeno sobrenatural comienza de forma sutil y se va haciendo cada vez más siniestro y peligroso a medida que avanza el metraje, desembocando al final en el sonrojante e inevitable empleo de exóticos expertos paranormales, cuya abrupta llegada en el tramo final de la cinta hizo que terminara desconectando por completo.

Siendo sinceros tiene cosas que sí me gustaron: la sutileza de los efectos en la primera mitad, el mínimo uso de música o la presencia de actores que me gustan mucho como Kevin Bacon o Radha Mitchell, pero entre el superficial drama familiar que no va a ninguna parte, los cargantes personajes, la ligereza con que la trama acepta lo sobrenatural de entrada o los lugares comunes mencionados arriba, todo se vino abajo de forma estrepitosa. Lo que quizás me molesto más de todo fue comprobar, ya al final, que el director es el australiano Greg McLean, responsable de la saga de Wolf Creek (2005) y alguien de quien me esperaba algo mucho mejor.

Reseña: The Medium (2021)

Mezcla de exorcismos y pseudo-documental, The Medium (2021) es una película del mismo director de la también tailandesa Shutter (2004) y el guionista de la surcoreana The Wailing (2016), dos cintas que al igual que esta despertaron un entusiasmo general entre los fanáticos del terror que en gran medida nunca llegué a compartir. Sin embargo, también es cierto que esta es, en muchos sentidos, mucho mejor que ambas de sus antecesoras. También es una película ambiciosa que hace un esfuerzo loable por incorporar una mirada distinta al panorama cultural de donde proviene y eso al final ha terminado teniendo más peso que varios de sus elementos más convencionales.

Entre estos elementos está por supuesto su premisa de metraje hallado en el que un equipo de periodistas rueda un documental sobre una chamana solo para descubrir, en medio del reportaje, que la sobrina de esta ha sido poseída por un espíritu maligno, lo que desata un intento desesperado por salvarla que por supuesto es debidamente documentado. Ya de entrada debo debir que me pareció interesante la forma en que la película busca meter al espectador de lleno en la cultura chamánica de Tailandia aunque luego termine entregándose por completo a una trama de posesiones más visto dentro del género de terror.

Toda esta trama de posesiones es lo que termina siendo el tema central de la película, uno que por desgracia no solo está lleno de los lugares comunes que hemos visto mil veces ya en estas historias de (incluyendo las por lo visto indispensables secuencias de cámara fija y visión nocturna) sino que encima acaba desdeñando su muy innecesario formato documental, que la película abandona y retoma varias veces de forma completamente arbitraria a lo largo de su muy abultado metraje. Esto último sería el segundo problema que tiene, a mi juicio, y es que es una película larga, lenta y toda la parte del principio mientras va montando su atmósfera se siente algo tediosa.

Aún asú tiene muchas cosas positivas, una energía particularmente agresiva y casi animal, así como algunas escenas y recursos realmente horripilantes. Algunas de sus ideas me han gustado, pero la banalidad de su formato y su excesiva dependencia de trucos que hemos visto muchas veces en otras películas más entretenidas hicieron que perdiera fuelle para mí. Pienso que si hubiese sido más corta y hubiese mantenido su estética de cámara en mano sin intentar justificar con la idea de un documental me hubiese gustado mucho más.

Reseña: May The Devil Take You Too (2020)

El director indonesio Timo Tjajanto regresa con esta secuela de la excelente May The Devil Take You (2018), estrenada apenas dos años después de la original y repitiendo básicamente la misma fórmula con un toque añadido de terror juvenil. Me ha sorprendido porque si bien resulta inferior a la primera parte, sigue reteniendo gran parte de sus aciertos y dinamismo, y es solo quizá su negativa a buscar algo nuevo lo que hizo que no me convenciera tanto, especialmente considerando el curriculum de su director como uno de los nuevos valores seguros del cine de terror actual.

En esta ocasión tenemos a la misma chica sobreviviente de la primera parte (fantástica Chelsea Islan retomando su papel) dos años después de haber enfrentado a lo sobrenatural y viéndose nuevamente arrastrada a ayudar a un grupo de jóvenes víctimas de una maldición, que por supuesto da con todos ellos reunidos en otra casa abandonada en medio de la selva y enfrentándose a una presencia demoníaca que los va poseyendo y ante la que solo se puede responder mediante la violencia extrema.

El resumen de la trama debería dejar claro desde el principio que las principales señas de identidad de la primera parte se mantienen en esta continuación, desde el tono frenético y ruidoso hasta su evidentísima influencia de The Evil Dead (1981), con la que comparte asimismo sus ocasionales toques de humor (no tantos como en la película de Sam Raimi, pero casi). De hecho el elenco mayoritariamente hecho de jóvenes la hace incluso más parecida a esta, así como el castigo que recibe su protagonista, muy similar al de Ash en aquella saga e incluyendo asimismo un gag con la propia mano que resultará fácilmente reconocible. Por desgracia el tremendo parecido con la primera parte también hace que termine siendo comparada con esta, y en ese sentido la secuela sale perdiendo: es un tanto menos alocada que la primera, con una (aparente) menor cantidad de recursos. También tarda mucho en arrancar y cuando lo hace terminas dándote cuenta de que la historia es menos interesante y vistosa.

A pesar de todo May The Devil Take You Too (2020) es una cinta de terror muy divertida y si como a mí te gustó la primera esta es una que sin duda vas a disfrutar. A decir verdad el único aspecto que sí me pareció mejorable es su duración; las dos horas de metraje se sienten y esta misma historia contada en 90 minutos habría ganado muchísimo. Pero al final del día esta es una queja menor porque sigue siendo muy simpática, solo que no tan buena como la original. Ya han anunciado que habrá una tercera, y si es con la misma gente involucrada estaré ahí para verla sin dudarlo.

Reseña: Ringu 2 (1999)

Tras el fracaso taquillero de Spiral (1998), sus responsables decidieron hacer una secuela completamente nueva de Ringu (1998) como si aquella nunca hubiera existido, contratando nuevamente al director Hideo Nakata y empleando un guión completamente alejado de la obra literaria de Koji Suzuki. Es así como llegó al año siguiente Ringu 2 (1999), la verdadera secuela oficial y una que, contrariamente a su predecesora, abraza sus componentes de terror de manera mucho más explícita. Aunque la considero claramente inferior a la primera parte, no se puede negar que marcaría el camino por el que la saga habría de seguir, ya que todas las continuaciones posteriores de una u otra manera han tomado la lección de esta de la que hablamos hoy.

El argumento es también un reboot en toda regla, con la misma protagonista de Spiral (aquí interpretada por otra actriz) iniciando su propia investigación acerca de lo ocurrido a los personajes de la primera película. Es importante mencionar también que a diferencia de lo que ocurría en la otra secuela, en esta sí que vuelve la misma protagonista de la Ringu original junto con su hijo, y que su participación resulta mucho más importante para la resolución del misterio que rodea al fantasma de Sadako y sus verdaderas intenciones más allá de la muerte.

A partir de aquí la trama se complica mucho y no sabría resumir exactamente de qué se trata ya que toda la primera mitad resulta confusa y los personajes van descubriendo cosas más o menos porque sí, sin el fino trabajo de investigación que mostraban en la primera parte. Encima, al estar despojada de la premisa de la cinta de vídeo se pierde el componente de carrera contra el tiempo que hacía especial a la película original. El desenlace también es un tanto raro ya que se mezcla el tema de la maldición de Sadako con historias de poderes que se extienden a otros personajes y un intento de continuar la maldición a través de otros medios que no quedan lo que se dice muy claros y que requerirán de paciencia por parte de algunos espectadores.

Lo bueno, sin embargo, es que la película sí explota su potencial de historia de terror de una manera más marcada incluso que la original, y aunque en ocasiones pareciera que se rinde a un efectismo mucho más de andar por casa lo cierto es que regala algunas imágenes impactantes. Estas tendrían una marcada influencia en el resto de la saga no solo en sus variantes japonesas sino incluso en el remake de Gore Verbinski del 2002, que toma directamente escenas y planos de esta película incorporándolas a la historia original. Por cierto: una cosa que me sorprendió fue confirmar la enorme influencia que terminó teniendo la versión americana en la manera como recordamos esta historia, ya que tanto la primera parte como esta me han hecho darme cuenta de que la Sadako de la versión japonesa siempre fue una mujer adulta pese a que en el imaginario colectivo persiste la representación de la villana de esta saga como una niña. Este fue un detalle curioso que había desterrado por completo de mi recuerdo y que solo he recuperado ahora.

Reseña: Spiral (1998)

Coincidiendo con el estreno de Ringu (1998) en Japón, sus productores decidieron aprovechar la popularidad de la novela de Koji Suzuki para estrenar de una vez su secuela, en una jugada de marketing poco habitual con la que esperaban explotar la fiebre por el fenómeno causado por esta historia paranormal. Rasen, o como se le conoce en Occidente, Spiral (1998), fue de hecho rodada de forma paralela a la primera parte por los mismos productores y al menos parte del mismo elenco, aunque esta vez en manos de otro director y guionista, Jôji Iida, el mismo responsable de la versión televisiva de Ring (1995) de la que hablábamos hace poco. Su guión estaba a su vez basado en la novela Spiral del propio Koji Suzuki, quien a diferencia de lo ocurrido con la primera entrega sí trabajó directamente en la producción.

El hecho de que el autor de la novela original estuviera involucrado tuvo como consecuencia que mientras la cinta de Nakata tuvo la libertad de interpretar a su manera la historia de Sadako y su maldición, esta segunda entrega es mucho más apegada a la fuente literaria, con lo que reduce considerablemente los elementos de terror para abrazar una historia de tono paranormal y pseudo-científico en la que un patólogo investiga la muerte de uno de los protagonistas de la primera parte y se encuentra de nuevo con la cinta de vídeo maldita que continúa cobrándose vidas a pesar de que se suponía que el misterio estaba resuelto.

A partir de aquí comienza una trama increíblemente confusa y enredada que no solo desanda el camino trazado por la película anterior sino que incluso se vuelve más críptica a medida que avanza el metraje, con lo que aquellos que hayan disfrutado de la historia original probablemente queden decepcionados al ver los giros tan raros que toma esta continuación y lo muy distinta que resulta de todas las demás entregas de la saga. Esto también me hizo darme cuenta de algo que ya sospechaba desde hace tiempo pero que terminé de confirmar y es que la película de Nakata resulta en muchos sentidos muy superior a la novela que adapta, y casi todo lo que me gusta de la historia de Ring y sus secuelas son cosas que provienen del cine, en concreto de la primera película.

En todo caso lo que en verdad perjudica a Spiral es precisamente la manera tan distinta en que enfoca el material a pesar de contar con el mismo equipo de producción, ya que incluso se ve mucho más barata y menos cinematográfica que la primera parte. Como curiosidad me parece que sigue siendo un trabajo interesante, pero francamente no me extraña que haya sido un fracaso en el momento de su estreno, a diferencia de la cinta de Nakata que fue todo un fenómeno. Tanto es así, que sus productores tomaron la polémica decisión de realizar una nueva segunda parte sacando a esta de su continuidad, con lo que pasó a ser la «secuela olvidada» de una de las sagas más prolíficas y famosas del terror japonés contemporáneo.

Reseña: Ring (1995)

Todo el mundo, o al menos la mayoría de los que se pasan por aquí, conocerá sin duda la fundacional película de Hideo Nakata Ringu (1998), pero probablemente no sean tantos los que sepan que no fue esta la primera versión de la novela de Koji Suzuki; pocos años antes ya se había hecho esta adaptación para la televisión japonesa que entre otras cosas era más apegada incluso a la novela original. Aunque nunca recibió una edición en formato doméstico en Occidente (al menos que yo sepa), Ring (1995) se ha convertido con el tiempo en una curiosidad que vale la pena ver por muchos motivos, entre otros lo distinta que resulta al camino que tomaría la saga más adelante.

Por supuesto la trama es la misma que ya conocemos: un periodista investiga la misteriosa muerte de su sobrina que al parecer está relacionada con una cinta de vídeo que mata en siete días a todo aquel que la ve, y para descubrir la verdad se alía con un psíquico en horas bajas que lo adentra en un mundo de fenómenos paranormales y pseudo-ciencia. Una de las cosas más interesantes a destacar de entrada es que el protagonista es, al igual que en la novela de Suzuki, masculino, un detalle que ninguna otra versión ha mantenido. También sigue muy de cerca el tono de misterio paranormal de la novela original, aunque esta adaptación sí que opta en ocasiones por secuencias que intentan hacerla más «de terror», aunque por desgracia no lo consigue muy bien debido a los muy limitados medios de los que dispone.

De hecho una de las cosas más curiosas que tiene es cómo la película intenta balancear esa atmósfera de cine de miedo con la estética propia de una cinta de los noventa evidentemente rodada en vídeo con una música muy pobre y unos efectos especiales de saldo que se notan sobre todo en detalles como la famosa cinta maldita (que parece aquí un trabajo de pura psicodelia) y las apariciones fantasmales hechas a través de disolvencias que ya resultaban baratas incluso para la época. Esto, sin embargo, no quita que la película introduzca aspectos interesantes que otras adaptaciones han dejado de lado, como por ejemplo los detalles más escabrosos de la historia de Sadako, un personaje que a diferencia del resto de las adaptaciones está completamente erotizado hasta hacer de ella un súcubo seductor, completamente acorde con el tono marcadamente erótico de una película que incluye numerosas escenas de desnudos y sexo lo bastante explícitas como para requerir el ya clásico pixelado púbico propio de la ficción japonesa.

Resulta curioso ver hasta qué punto la versión de Nakata suavizó varios elementos de la novela original y cómo esta de la que hablamos hoy intenta por el contrario rescatarlos aunque sus valores de producción televisivos terminen pasándole factura. Evidentemente está, por lo menos a nivel técnico, muy por debajo de sus adaptaciones posteriores, pero como curiosidad cinéfila está muy bien y permite ver que varios de los puntos estéticos que asociamos con la versión del 98 ya se habían ensayado aquí. Quiero pensar que definitivamente hubo una influencia ya que uno de los guionistas de este telefilme, Jôji Iida, terminaría también co-escribiendo y dirigiendo una de las secuelas de la saga cinematográfica. Así que echadle un ojo al menos. Como ya he dicho, hasta donde sé no existe en la actualidad una edición en formato doméstico disponible, aunque se puede conseguir fácilmente por medios alternativos.

Reseña: The Unholy (2021)

Nueva entrada en el siempre fértil terreno de películas de terror basadas en la religión, The Unholy (2021) es una a la que quizá habría prestado más atención si hubiese sabido que estaba basada en una novela de James Herbert, un autor que me gusta mucho y que por sí solo habría explicado el innegable componente pulp de una historia mucho menos seria de lo que plantea en un principio. La cinta de la que hablamos hoy está por el contrario más cercana a clásicos terrores góticos como la ya comentada aquí La máscara del demonio (1960) en el sentido que parece de otra época en la que este tipo de historias se abordaban desde una perspectiva más festiva.

En este caso en particular la trama va acerca de un periodista en horas bajas (el siempre simpático Jeffrey Dean Morgan) que viaja hasta un pequeño pueblo de los Estados Unidos donde se está produciendo una serie de milagros por parte de una chica que podría ser una santa, pero cuyos poderes tienen en realidad un origen mucho menos benévolo. Si piensas, sin embargo, que esta es una historia acerca de la fe y de un personaje cínico dándose de bruces con lo sobrenatural, que sepas que estás solo parcialmente en lo cierto porque la película nunca aborda estos temas desde una óptica seria y se trata más bien de una historia de maldiciones, brujería y una conspiración histórica que incluye a las altas autoridadesd de la iglesia.

Pero en realidad este tono superficial con el que toca sus temas no es un problema en sí mismo ni algo que se le pueda criticar; lo que en mi opinión termina tirando la película abajo es el evidente cutrerío técnico que hace que por momentos parezca que estás viendo una serie de televisión de los noventa, algo que queda claro ya desde el prólogo ambientado en el siglo XIX pero que no mejora con el tiempo de metraje sino más bien todo lo contrario. Lo curioso de todo este asunto es que normalmente este tipo de cintas suele usar la falta de recursos como coartada para tener unos efectos especiales más sutiles, pero esta se decanta por lo opuesto y se afinca en unos efectos especiales de saldo (sobre todo en cuanto a lo concerniente al monstruo final) que terminan pasándole factura de la peor manera.

Tampoco quiero ser muy duro con esta película porque considero que hay unas ideas muy buenas aquí, sobre todo en cuanto al carácter siniestro y circense de la Iglesia y el aprovechamiento de la fe popular, y realmente considero que la misma trama con un poco más de cuidado estético hubiese podido funcionar mucho mejor, pero la desgana con la que recrea sus escenas de miedo hizo que no me la pudiese tomar en serio en ningún momento. No me convenció.

Reseña: Lake Mungo (2008)

Tras la trágica muerte por ahogamiento de la joven Alice Palmer, su familia está en la certeza de que los fenómenos ocurridos en su casa se deben a su fantasma, que intenta comunicarse con ellos. Esta es la historia de la que parte la cinta australiana Lake Mungo (2008), un falso documental que se ha convertido con el tiempo en una de las más apreciadas obras de este formato en el género de terror. Durante años me fue recomendada por mucha gente de cuyo criterio me fío pero nunca llegué a verla, en parte porque no es tan fácil de conseguir, pero lo cierto es que es una película muy singular que no solo es muy buena sino que tampoco se parece mucho a la mayoría de los trabajos con los que es inevitablemente comparada.

Más allá de la premisa mencionada arriba, una de las cosas que más sorprende de la película es que realmente parece un documental, y como tal tiene un manejo sutil pero efectivo de lo que vendría siendo sus golpes de efecto. De hecho la mayor parte del componente sobrenatural de la película está dado por la representación de fenómenos muy conocidos para aquellos amantes de la conspiranoia fantasma: apariciones espectrales en fotografías y cintas de vídeo casero, la inevitable entrada en escena de un investigador paranormal y recreaciones de escenas de miedo aderezadas con entrevistas a los miembros de la familia. Toda esta parte está, a decir verdad, muy lograda y la investigación acerca no solo de la presencia del fantasma sino de la verdad tras la muerte de la joven está tratado de una manera muy interesente con giros sorpresa de trama pero sin apenas truculencias ni escabrosos secretos como una película más convencional habría hecho sin duda.

De hecho, es aquí donde tengo que mencionar algo que quizá condicione la apreciación que se tenga de la película, y es que Lake Mungo pone el énfasis en la parte emocional de la historia y la manera en como la familia de Alice debe lidiar con su muerte. Es por eso que quien se espere una película de terror pura y dura se va a llevar un chasco porque si bien hay sustos y escenas de miedo, estos no son para nada el centro de una historia que se presenta más bien de forma melancólica y hasta cierto punto optimista en cuanto a sus conclusiones. Quizá el problema resida en que durante el momento de su estreno y su posterior lanzamiento en mercado casero la película fue publicitada como una historia de terror más convencional, en parte gracias a cosas como esta engañosa portada que la cinta recibió tras su inclusión en el After Dark Horrorfest.

Es posible que a mucha gente la decepcione pero esto se debe principalmente a que se ha publicitado como una película de terror al uso cuando para nada es así. Si uno va sabiendo esto de entrada la puede disfrutar mucho más porque realmente está muy bien. Curiosamente, su director, Joel Anderson, no ha vuelto a rodar un largo desde entonces a pesar de que la película ha terminado por granjearse cierto nivel de culto, lo cual es sin duda una lástima.

Reseña: The Night House (2020)

David Bruckner, el mismo director de The Ritual (2017) y un director altamente recomendado en esta web, firma esta historia de casas embrujadas que, honestamente, no me atraía mucho en un principio al pensar que se trataría de otra de las típicas entradas de terror sobrenatural con una protagonista famosa. En realidad ha resultado ser mucho más que eso; de hecho, The Night House (2020) probablemente sea una de las más sólidas historias de fantasmas que he visto en un buen tiempo, y no solo es eficiente como película de terror sino que también aborda su subgénero de forma ingeniosa y visualmente innovadora.

Por increínle que parezca el argumento comienza como algo muy sencillo y convencional: una joven viuda que acaba de perder dramáticamente a su marido tras su repentino suicidio y que debe afrontar el hecho de vivir sola en la casa que ambos construyeron junto al lago. Por supuesto, al ser una película de miedo no pasa mucho tiempo antes de que una extraña presencia se haga sentir en su casa y la mujer comience a sospechar que su difunto marido está intentando contactar con ella desde más allá de la tumba, aunque la verdad resulta ser más compleja y siniestra de lo que parece.

Con esta premisa creía que sabría por dónde irían los tiros, pero lo cierto es que el argumento toma varios caminos poco habituales y me gusta que gran parte de los giros narrativos que toma son cosas que tendrán que ser inferidas por el público y que no se explican abiertamente, a pesar de que quedan muy claras si nos fijamos en los detalles. El énfasis, de todas formas, está en esa opresiva atmósfera de miedo que se mantiene a lo largo de prácticamente todo el metraje, gracias no solo a la espectacular actuación de Rebecca Hall sino también a un número considerable de acertos estéticos tales como la curiosa y poco habitual forma en que la película representa las apariciones fantasmales, algo que me tomó por sorpresa y mantuvo la tensión incluso después de que la película acabara.

A medida que avanza la historia se va haciendo más siniestra y dejando asomar otros arquetipos de terror que no sospechaba originalmente. Así que si quieren ver una historia de casas embrujadas que tome en serio al espectador échenle un vistazo a esta porque es sin duda una pieza muy destacable en el panorama de terror sobrenatural y una prueba de que a David Bruckner tenemos que seguirle la pista sí o sí.

Reseña: The Power (2021)

A pesar de que por algún motivo me vino altamente recomendada por fuentes con las que suelo coincidir, The Power (2021) es una muy convencional producción de terror británica de época como tantas veces hemos visto solo que con un ángulo temático quizá más relevante en los tiempos actuales. En todo lo demás, es un trabajo muy típico de terror-sobrenatural-con-secreto-del-pasado que se parece a varias de las obras que hemos reseñado aquí.

En esta ocasión tenemos una película de época ambientada en los setenta (aunque con una estética que parece de los cuarenta) con una enfermera que entra a trabajar en un hospital de un barrio pobre de Londres que parece estar embrujado. Para colmo su llegada ha coincidido con una crisis del suministro eléctrico que hace que el hospital se quede a oscuras durante su primera noche de guardia, y teniendo en cuenta que nuestro personaje principal sufre de un pánico a la oscuridad debido a un trauma personal, la premisa se construye sola.

Debo decir, sin embargo, que la ambientación del hospital que se queda sin luz me pareció un gran acierto porque crea la atmósfera necesaria para la historia de terror casi de forma instantánea, pero la historia en sí es un cúmulo de clichés montados unos sobre otros y girando siempre en cuanto a lugares comunes que hemos repetido ya hasta el hartazgo: el fantasma vengativo que desea cobrarse una deuda del pasado, un niño en peligro con una conexión especial con los muertos, y una protagonista femenina con un trauma propio que por supuesto guarda un paralelismo con lo que está ocurriendo en la trama principal. Por supuesto no puede faltar la relevacuón final que se ve venir desde muy lejos en un desarrollo sumamente ligero y aburrido.

Honestamente, creo que la mayor parte de las reseñas positivas que esta película obtuvo se deben a la voluntad de cierta parte de la crítica cinéfila que querer enmarcar cada obra en un movimiento, en este caso concreto (y a juzgar por varios elementos de la trama) el de una especie de cine de terror de la era del #MeToo. Eso quizá lo único interesante que la película tiene porque el resto me pareció muy poca cosa.