Reseña: Books of Blood (2020)

Para nadie es un secreto que la antolog´ía Los libros de sangre de Clive Barker es una pieza fundamental del terror literario de los años ochenta y una obra que impulsó la carrera de su autor como pocas cosas. Aquí en este blog ya hemos hablado de varias películas que se han hecho basadas en algunos de sus relatos, como Candyman (1992), The Midnight Meat Train (2008) y, por supuesto, Book of Blood (2009), clara antecesora de esta de la que hablamos hoy. Varios años después tenemos un nuevo intento de llevar a la pantalla estas historias en la forma de una cinta de antología concebida originalmente como una serie de televisión, como revela la presencia como productores de Seth McFarlane y Brannon Braga, quien además hace de director.

La fidelidad a la obra de Barker es sin embargo algo que hay que tomar con pinzas porque de las tres historias que componen Books of Blood (2020) dos se toman amplias libertades a la hora de adaptar el texto, mientras que la otra es una historia original escrita especialmente para la película. Esta historia propia, que habla acerca de una chica con problemas mentales (además de un caso agudo de misofonía) que escapa de casa y se aloja en una pensión donde algo siniestro está ocurriendo, me pareció de lejos la mejor de las tres y a pesar de que no está basada en la obra de Barker sí que toca muchos de los temas que le obsesionan como autor, incluyendo un toque de horror corporal muy en la onda de varios de sus trabajos.

En realidad debo decir que las otras dos historias también me gustaron mucho y me parecieron adaptaciones muy dignas que ganan gracias a la voluntad de enlazar los tres relatos de forma ingeniosa y hacer que la película salte de uno a otro en lugar de dividirla en segmentos autoconclusivos. Sí creo que se queda un poco a medio camino en cuanto a la crudeza y perversidad de la obra de Barker y probablemente habría funcionado mejor con un formato episódico en una serie de televisión, pero maneja buenas ideas y sabe explotar su temática e imaginario de terror de forma eficaz incluso dentro de las limitaciones de lo televisivo. Esto último es algo que no me sorprende porque es algo que Braga ya ha logrado en otras ocasiones con su trabajo en series como Salem.

Books of Blood no es ninguna obra maestra ni tampoco creo que sea la adaptación definitiva de Clive Barker, pero me ha parecido más que eficaz y si sirve para revivir el interés por este autor más allá de las distintas secuelas y remakes de Hellraiser (1987) yo me doy por satisfecho. Es una lástima que haya sido destinada a plataformas de streaming debido a motivos corporativos (la película fue la víctima de la disolución de Touchstone Television y su fusión con el resto del organigrama de la Fox antes de su venta a Disney) pero el resultado es mucho más de lo que hubiese esperado en primer lugar.

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Reseña: Incantation (2022)

A pesar de una publicidad hiperbólica que la anunciaba como la película más terrorífica de Taiwan (cosa que puede resultar en unas expectativas demasiado altas), lo cierto es que Incantation (2022) es una cinta de lo más eficiente que me sorprendió de forma muy positiva, hasta el punto de convertirse en uno de mis estrenos favoritos de este año que está a punto de acabar. No la había visto desde que se estrenó (este verano en Netflix) y la volví a ver para escribir estas líneas, y esto no ha hecho sino reafirmar mi muy favorable impresión inicial.

Todo esto incluso teniendo en cuenta su escasa originalidad, ya que la película usa su formato de metraje hallado para contar una historia que hemos visto muchas veces: los intentos desesperados de una mujer por levantar la maldición que ha caído sobre su hija pequeña, y la carrera contra el tiempo para lograrlo. Todo esto mezclado con historias de cultos secretos, espíritus malévolos y una gran cantidad de sustos muy logrados que incluso se permiten ciertos juegos formales curiosos, como por ejemplo los momentos en que el público mismo es llamado en cierta forma a participar del juego que la historia plantea, lo más cercano a un rompimiento efectivo de la cuarta pared que he visto en una película de terror moderna. También hay un énfasis en la mitología y creencias religiosas de la cultura en la que se basa, la cual independientemente de lo auténtico de su representación la emparenta con otros ejemplos más «serios» como las ya comentadas aquí como la coreana The Wailing (2016) o la tailandesa The Medium (2021).

Lo bueno es que la trama es no solo una excusa para las escenas de miedo sino que también es genuinamente interesante y muy ambiciosa, y además el hecho de que esté narrada en desorden temporal la hace más llevadera y menos monótona de lo que suelen ser este tipo de trabajos de found footage, que casi siempre se caracterizan por un inicio aburrido, cosa que aquí no ocurre. De todas formas sí que mejora a medida que avanza el metraje, sobre todo la última media hora me pareció fantástica y muy memorable al abrazar por completo su trama de terror con unas imágenes finales dignas de elogio.

Me ha gustado mucho y hay altas probabilidades de que esté en mi podio personal de este año. De hecho, casi me atrevería a decir que es de las mejores películas de este tipo que he visto en los últimos años y una de las pocas que consigue medirse de tú a tú con los ejemplos más conocidos de esa fiebre por el terror asiático que nos invadió hace dos décadas. El hecho de que esté ampliamente disponible en streaming en todo el mundo es otra razón para recomendarla con toda confianza.

Reseña: Hellraiser: Revelations (2011)

La inminente llegada de su remake fuera de su país de origen me ha hecho recordar que dejé incompleta la serie de reseñas de la saga de Hellraiser, en concreto las dos últimas entregas de directo-a-formato-doméstico que Dimension sacó en su momento. La primera de estas, Hellraiser: Revelations (2011), ha significado para mí rascar el fondo de algo que pensaba no daba más de sí y el resultado hunde todavía más la saga en su pozo de calidad y justifica por sí sola su eventual regreso a los orígenes. Había escuchado ya opiniones muy negativas pero solo ahora entiendo hasta qué punto se quedan cortas.

Para captar esto en toda su magnitud, sin embargo, se hace necesario hablar un poco del origen de esta saga y de su estado para aquel entonces: las cuatro primeras películas de Hellraiser, realizadas entre 1987 y 1996, fueron las únicas que se estrenaron en cines y las únicas en las que el creador original, Clive Barker, tuvo algún tipo de participación. Posteriormente los derechos pasaron a manos de Dimension Films, productora propiedad de los hermanos Weinstein, quienes entre 2000 y 2005 produjeron otras cuatro entregas destinadas a formato doméstico. Estas no eran realmente películas de Hellraiser sino guiones completamente independientes que fueron «reciclados» como parte de la saga añadiendo detalles superficiales que las vinculaban con el resto de películas, por lo general gracias a la (extremadamente) fugaz aparición de los cenobitas en algún momento del metraje. Todas estas cintas son, además, francamente olvidables, y hoy en día su existencia es recordada principalmente por hechos circunstanciales como el debut como director de Scott Derrickson o uno de los primeros trabajos actorales de Henry Cavill.

A partir de aquí Dimension anuncia que el siguiente (y noveno) trabajo de Hellraiser será un remake de la original, el cual nunca llegó a buen puerto y les obligó a sacar rápidamente una nueva entrega directo a DVD para no perder los derechos. Hellraiser: Revelations se convierte así en una obra hecha únicamente como una obligación legal, un subproducto realizado a toda prisa en apenas cinco semanas, con un rodaje de tan solo once días hecho a base de un guión que ni siquiera tuvo un segundo borrador. Como muestra final del poco aprecio que sentían por el material, esta también fue la primera película de la saga en la que Doug Bradley no retomó el papel del icónico líder de los cenobitas, al cual había interpretado en las ocho entregas anteriores y que conseguía darles al menos algo de legitimidad incluso en sus horas más bajas. En vez de eso tenemos esta vez a otro actor con mucha menos presencia y que ni siquiera usa su propia voz.

Sabiendo esto, y ya entrando finalmente en la película en sí, hay una cosa que sí pienso concederle a esta novena entrega y es que su explícita intención de retener los derechos de la saga hace que esta sea la primera cinta en quince años concebida desde el principio como parte de Hellraiser, es decir que no se trata de un guión reciclado sino de una historia parcialmente inspirada por la original en la que se habla de la desaparición de dos jóvenes que se encuentran con la Configuración de los Lamentos en un viaje a México y que termina con un festival de sangre y depravaciones cuando uno de ellos reaparece tiempo después en misteriosas circunstancias. La película mezcla de hecho varios estilos distintos y elementos novedosos para la saga si se quiere, tales como cierto grado de desorden cronológico y hasta algunos segmentos de found footage que podrían haber dado juego en un trabajo un poco más serio.

Al final esto termina siendo lo peor de todo, y es que a pesar de todo hay algunas ideas interesantes en cuanto a la dirección en que se quiere llevar la historia, ciertas concesiones al lado perverso y violento de la saga y un (quizá accidental) minimalismo que le habría venido bien a un guión algo más trabajado. Nada de eso se aprovecha; estamos ante la entrega más barata y cutre de todas (al menos de momento, porque se llegó a hacer una entrega más que todavía me falta por ver), subtramas que no se cierran, diálogos vergonzosos recitados por actores que obviamente no saben de qué va el resto de la película y un montón de referencias a detalles de la original que sus responsables no entienden. Terrible, sin lugar a dudas, y algo que nunca debió ocurrir.

Reseña: V/H/S 99 (2022)

En lo que hay que admitir fue una jugada muy inteligente, la cadena Shudder se hizo con los derechos de la saga de V/H/S hace ya algún tiempo para continuar por su cuenta con una nueva camada de antologías de metraje hallado. Aquí ya revisamos en su momento V/H/S 94 (2021) y ahora, poco más de un año después, nos llega su continuación, V/H/S 99 (2022), la quinta entrega de la saga y una que, como su antecesora, busca explotar no solo el formato de found footage sino la nostalgia por los noventa con cinco historias independientes ambientadas en dicha década.

Una cosa que me ha sorprendido es que en esta ocasión no parece haber una historia-marco que una a todos los relatos sino que estos están presentados como auténticas historias independientes en los que el único elemento común aparte del formato es la estética de VHS granulado que se convirtió en la marca de la casa ya con la entrega anterior, y que mucho me temo es la verdadera seña de identidad de una obra poco destacable incluso en sus momentos más altos.

Este componente nostálgico al que me refería antes está evidenciado no solo en la inclusión del año en particular sino también en la estética de fin de siglo que impregna cada una de las historias (o al menos la mayoría de ellas), pero esto termina siendo un elemento superficial. En realidad, y esto es algo que ya había notado en su antecesora, los relatos que componen esta antología demuestran un camino que la saga está tomando que en lo personal me ha parecido una decepción ya que cada vez intentan menos ser historias de horror y más bien parodias de historias de horror, con unos valores de producción muy pobres y una tendencia hacia el horror festivo en contraposición con la variedad de estilos que tenían las primeras dos entregas de la saga, sobre todo la segunda, que sigue siendo la mejor con diferencia.

Aunque quizá lo peor de todo (y esto es algo de lo que también nos quejábamos en la entrega anterior) sea que la película se niega a abordar el formato que la hizo famosa de otra forma que no sea como mero trámite, ya que la perspectiva de falso documental/metraje hallado no forma realmente de ninguna de las historias salvo quizá en la última, que por cierto es una especie de spin-off/parodia de la excelente Deadstream (2022), hecha por el mismo equipo y ya comentada aquí. Del resto, ninguna de ellas se preocupa siquiera por justificar la presencia de la cámara subjetiva más allá de la premisa inicial, y en algunos casos esta se hace literalmente imposible. Me ha parecido en general muy pobre, repetitiva y honestamente sin gracia alguna. Mejor quedarse con las dos primeras.

Reseña: Deadstream (2022)

Hoy es Halloween y si vais a ver una película de terror, me parece que Deadstream (2022) es la opción ideal. Confieso que al principio estuve un poco reacio a verla cuando me enteré de que no solo era un found footage sino también una comedia, pero lo cierto es que estaba muy equivocado. Como comedia es una auténtica gozada pero también es, para mí al menos, una de las películas de terror del año. Parte del motivo se debe a que consigue un equilibro comparable (como han dicho muchos ya) a lo que hizo en su momento Sam Raimi con Evil Dead 2 (1987), una más que evidente influencia a la que referencia en más de una ocasión.

Si la recomendaba para una sesión de Noche de Brujas es porque dicha ambientación ya se hace patente desde la premisa, en la que un youtuber caído en desgracia emplea como último recurso para reconquistar su popularidad una sesión de streaming en la que se compromete a pasar la noche completamente solo en una auténtica casa embrujada, cosa que por supuesto demostrará ser un grave error cuando descubra que aquello que él mismo consideraba solo un juego más termine siendo una experiencia real de encuentro con lo sobrenatural.

La premisa no es original ni siquiera dentro del subgénero de metraje hallado; en esta misma página ya hemos hablado de películas como Grave Encounters (2011) y Gonjiam: Haunted Asylum (2018), dos cintas que tienen prácticamente la misma premisa. Lo que diferencia a Deadstream de estas dos, aparte de su estética y factura claramente indie, es su tono de confesa comedia de horror y su mucho más realista y trabajada recreación del mundo de la celebridad virtual, con sus lugares comunes, su estética exagerada e incluso recursos visuales como el chat en constante actualización. Esto es algo que considero importante destacar porque si en algo brilla la película es precisamente en la forma tan ingeniosa en la que aprovecha el recurso de las múltiples cámaras y el punto de vista en primera persona, algo que muchas otras cintas descuidan pero aquí está maravillosamente bien empleado.

Y por supuesto, gran parte del éxito de la propuesta tiene que ver con la gran actuación de su protagonista, Joseph Winter, quien también es uno de los directores y clava su personaje desde el minuto uno, lo cual es toda una faena teniendo en cuenta que aparece en el casi cien por cien del metraje y aún consigue sostener la película sobre sus hombros. En serio, buscadla porque es muy divertida, está maravillosamente hecha y como espectador te atrapa y no te suelta, cosa que no siempre se puede decir de este formato. Arriba la comparaba con Evil Dead 2 y honestamente creo que podría perfectamente llegar a tener un nivel de culto similar si no fuera porque la avalancha constante de títulos que tenemos hoy en día hace que dicho nivel de éxito sea en la actualidad algo imposible.

Reseña: Body Bags (1993)

Revisitada después de mucho tiempo (aunque guardaba un buen recuerdo de ella), Body Bags (1993) es una simpática película de antología de terror de principios de los noventa muy conocida pero que no suele nombrarse mucho a la hora de hablar de las más sobresalientes de dicha década. Como suele ocurrir en varios de estos trabajos, su fama y difusión vino sobre todo gracias a su presencia en formato doméstico, ya que originalmente fue concebida como el piloto de una serie para la cadena Showtime que nunca llegó a realizarse.

La estructura que tiene es algo ampliamente conocido a estas alturas: tres historias independientes hiladas por un marco narrativo con un presentador que le da el toque de comedia de horror y que por supuesto termina siendo más recordado que los propios cuentos. Esta película no es la excepción; a pesar de ser un trabajo muy sencillo que sufre en comparación con muchas otras cintas similares de la misma época, su mayor encanto está en su condición de reunión de auténticas luminarias del terror, todos bailando al compás de John Carpenter, quien no solo dirije dos de los tres segmentos (dejando el tercero a Tobe Hooper) sino que también interpreta al maestro de ceremonias en una morgue, una suerte de Guardián de la Cripta de saldo que sin embargo está muy bien y le da a la película gran parte de su personalidad, algo interesante porque no recuerdo muchas incursiones suyas como actor.

En cuanto a los cuentos como tal, estos no son nada del otro mundo y siguen más o menos el mismo esquema Twilight Zone/Cuentos de la cripta que para entonces era prácticamente el estándar. Aunque para mí el antecedente que vale la pena nombrar es Two Evil Eyes (1990), un trabajo muy similar hecho por George Romero y Dario Argento y que también se valía de la presencia de varios rostros conocidos del género de terror, algo que aquí está exacerbado. De hecho, si algo se puede destacar de las tres historias es el maravilloso elenco que se gastan: desde apariciones muy breves (Sam Raimi haciendo de un cadáver en un armario) hasta protagonismos inspirados como Mark Hamill en el segmento dirigido por Tobe Hooper, el más violento y perturbador de los tres pero también el más convencional.

Siendo justos, el tiempo no ha tratado tan bien a Body Bags como a muchas de sus contemporáneas pero con todo y eso tiene mucho qué salvar, sobre todo teniendo en cuenta que tanto Hooper como (en menor medida) Carpenter habían ya dejado atrás sus mejores películas como directores. Vale la pena.

Reseña: La niebla (1980)

Siendo sinceros, La niebla (1980) nunca ha sido uno de mis trabajos favoritos de John Carpenter, pero es fácil ver por qué esta, su entrada en la década de los ochenta, fue uno de sus más grandes éxitos en una carrera que no tiene muchos. Independientemente de esto, y a pesar de ser una de las que tiene el argumento más sencillo, es artísticamente una de sus mejores películas; la atmósfera que consigue con su recreación de un horror inefable en un pequeño pueblo costero asediado por la niebla es algo envidiable y que pocas veces se ha realizado de forma tan eficaz.

Es en esta representación donde Carpenter consigue toda su efectividad tirando de arquetipos muy conocidos en el género de terror, sobre todo el de tradición anglosajona. El paisaje costero y la niebla de origen sobrenatural, así como la maldición ligada a los pecaminosos orígenes del poblado son ideas que hemos visto muchas veces pero que están manejadas aquí de forma inteligente y con un elenco interesante que balancea varias historias en paralelo unidas únicamente por la amenaza de esos fantasmas que vienen a cobrarse una deuda del pasado.

Carpenter utiliza además muchos recusos de Halloween (1978), de la que auto-plagia varios planos casi idénticos y una cadencia muy similar, aunque también tiene el acierto de contar con la excelente fotografía de Dean Cundey, con quien repetiría más adelante. También sorprende mucho con el ritmo: la película dura noventa minutos pero en realidad parece mucho más corta, siempre están ocurriendo cosas y la decisión de aislar al personajde Adrianne Barbeu y convertirla en una voz omnipresente a través de la radio le da a un toque especial y único a todo el conjunto.

Como decía antes, está lejos de ser perfecta, la trama es muy sencilla y superficial y personalmente considero que el mismo Carpenter tiene en Príncipe de las tinieblas (1987) un mucho más sólido ejemplo de terror en estado de sitio. Sin embargo, también me parece que maneja sus limitaciones de forma magistral y entiende las bases de lo que constituye un buen relato de terror, cosa que su posterior remake del 2005 decidió ignorar por completo. Esta, por el contrario, continúa vigente y ha envejecido muy bien. Fue también, como mencionaba arriba, uno de los pocos grandes éxitos taquilleros de John Carpenter, quien nunca en su carrera pudo igualar el bombazo de Halloween pero que tiene indudables joyas de las que esta forma parte.

Reseña: The Darkness (2016)

Con un genérico y ya usado título, The Darkness (2016) es una producción de Blumhouse que repite el ya famoso modus operandi de esta distribuidora de sacar material de terror con presupuesto mínimo y una premisa que recicla gran parte del imaginario establecido por el cine de miedo en décadas posteriores. A pesar de contar con un elenco interesante y una identidad estética hasta cierto punto novedosa, todas sus buenas ideas se quedan en la superficie dando como resultado un trabajo bastante blandengue que merecía un tratamiento mejor.

Su premisa es algo que ya conocemos pero que refuerza una idea que me gusta y es la del terror como algo enteramente fortuito: una familia de vacaciones en el desierto americano y que se meten en problemas cuando su hijo autista trae a escondidas unas piedras rituales de una extincta tribu indígena, y con ellas la presencia de unos espíritus malignos que intentarán llevárselo. Reconozco que esta idea y la estética de una maldición de origen nativo-americano fueron cosas que me llamaron mucho la atención al principio y me animaron a seguirla viendo.

Sin embargo, pronto queda muy claro que el desarrollo es otro remedo del 99% de las obras de terror sobrenatural de ambiente familiar que hemos visto ya, sobre todo Poltergeist (1982), película a la que se fusila sin piedad en más de una ocasión. Como en esta, el fenómeno sobrenatural comienza de forma sutil y se va haciendo cada vez más siniestro y peligroso a medida que avanza el metraje, desembocando al final en el sonrojante e inevitable empleo de exóticos expertos paranormales, cuya abrupta llegada en el tramo final de la cinta hizo que terminara desconectando por completo.

Siendo sinceros tiene cosas que sí me gustaron: la sutileza de los efectos en la primera mitad, el mínimo uso de música o la presencia de actores que me gustan mucho como Kevin Bacon o Radha Mitchell, pero entre el superficial drama familiar que no va a ninguna parte, los cargantes personajes, la ligereza con que la trama acepta lo sobrenatural de entrada o los lugares comunes mencionados arriba, todo se vino abajo de forma estrepitosa. Lo que quizás me molesto más de todo fue comprobar, ya al final, que el director es el australiano Greg McLean, responsable de la saga de Wolf Creek (2005) y alguien de quien me esperaba algo mucho mejor.

Reseña: The Medium (2021)

Mezcla de exorcismos y pseudo-documental, The Medium (2021) es una película del mismo director de la también tailandesa Shutter (2004) y el guionista de la surcoreana The Wailing (2016), dos cintas que al igual que esta despertaron un entusiasmo general entre los fanáticos del terror que en gran medida nunca llegué a compartir. Sin embargo, también es cierto que esta es, en muchos sentidos, mucho mejor que ambas de sus antecesoras. También es una película ambiciosa que hace un esfuerzo loable por incorporar una mirada distinta al panorama cultural de donde proviene y eso al final ha terminado teniendo más peso que varios de sus elementos más convencionales.

Entre estos elementos está por supuesto su premisa de metraje hallado en el que un equipo de periodistas rueda un documental sobre una chamana solo para descubrir, en medio del reportaje, que la sobrina de esta ha sido poseída por un espíritu maligno, lo que desata un intento desesperado por salvarla que por supuesto es debidamente documentado. Ya de entrada debo debir que me pareció interesante la forma en que la película busca meter al espectador de lleno en la cultura chamánica de Tailandia aunque luego termine entregándose por completo a una trama de posesiones más visto dentro del género de terror.

Toda esta trama de posesiones es lo que termina siendo el tema central de la película, uno que por desgracia no solo está lleno de los lugares comunes que hemos visto mil veces ya en estas historias de (incluyendo las por lo visto indispensables secuencias de cámara fija y visión nocturna) sino que encima acaba desdeñando su muy innecesario formato documental, que la película abandona y retoma varias veces de forma completamente arbitraria a lo largo de su muy abultado metraje. Esto último sería el segundo problema que tiene, a mi juicio, y es que es una película larga, lenta y toda la parte del principio mientras va montando su atmósfera se siente algo tediosa.

Aún asú tiene muchas cosas positivas, una energía particularmente agresiva y casi animal, así como algunas escenas y recursos realmente horripilantes. Algunas de sus ideas me han gustado, pero la banalidad de su formato y su excesiva dependencia de trucos que hemos visto muchas veces en otras películas más entretenidas hicieron que perdiera fuelle para mí. Pienso que si hubiese sido más corta y hubiese mantenido su estética de cámara en mano sin intentar justificar con la idea de un documental me hubiese gustado mucho más.

Reseña: May The Devil Take You Too (2020)

El director indonesio Timo Tjajanto regresa con esta secuela de la excelente May The Devil Take You (2018), estrenada apenas dos años después de la original y repitiendo básicamente la misma fórmula con un toque añadido de terror juvenil. Me ha sorprendido porque si bien resulta inferior a la primera parte, sigue reteniendo gran parte de sus aciertos y dinamismo, y es solo quizá su negativa a buscar algo nuevo lo que hizo que no me convenciera tanto, especialmente considerando el curriculum de su director como uno de los nuevos valores seguros del cine de terror actual.

En esta ocasión tenemos a la misma chica sobreviviente de la primera parte (fantástica Chelsea Islan retomando su papel) dos años después de haber enfrentado a lo sobrenatural y viéndose nuevamente arrastrada a ayudar a un grupo de jóvenes víctimas de una maldición, que por supuesto da con todos ellos reunidos en otra casa abandonada en medio de la selva y enfrentándose a una presencia demoníaca que los va poseyendo y ante la que solo se puede responder mediante la violencia extrema.

El resumen de la trama debería dejar claro desde el principio que las principales señas de identidad de la primera parte se mantienen en esta continuación, desde el tono frenético y ruidoso hasta su evidentísima influencia de The Evil Dead (1981), con la que comparte asimismo sus ocasionales toques de humor (no tantos como en la película de Sam Raimi, pero casi). De hecho el elenco mayoritariamente hecho de jóvenes la hace incluso más parecida a esta, así como el castigo que recibe su protagonista, muy similar al de Ash en aquella saga e incluyendo asimismo un gag con la propia mano que resultará fácilmente reconocible. Por desgracia el tremendo parecido con la primera parte también hace que termine siendo comparada con esta, y en ese sentido la secuela sale perdiendo: es un tanto menos alocada que la primera, con una (aparente) menor cantidad de recursos. También tarda mucho en arrancar y cuando lo hace terminas dándote cuenta de que la historia es menos interesante y vistosa.

A pesar de todo May The Devil Take You Too (2020) es una cinta de terror muy divertida y si como a mí te gustó la primera esta es una que sin duda vas a disfrutar. A decir verdad el único aspecto que sí me pareció mejorable es su duración; las dos horas de metraje se sienten y esta misma historia contada en 90 minutos habría ganado muchísimo. Pero al final del día esta es una queja menor porque sigue siendo muy simpática, solo que no tan buena como la original. Ya han anunciado que habrá una tercera, y si es con la misma gente involucrada estaré ahí para verla sin dudarlo.