Reseña: Our House (2018)

Si habéis visto alguna vez la cinta de antología Holidays (2016), entonces es probable que os suene el nombre de Anthony Scott Burns, director de uno de sus mejores segmentos. El estreno de su primer largo con Our House (2018) fue por lo tanto algo que recibí con grandes expectativas, a pesar de que no se trataba de un proyecto original. En realidad se trata de un remake de una cinta independiente titulada Ghost From the Machine (2010), que utiliza un argumento pseudo-científico con ángulo sobrenatural. No he visto todavía la original así que no puedo compararlas, pero sí debo decir que esta versión me terminó decepcionando un poco ya que pese a algunos detalles interesantes (la mayoría estéticos) no deja de ser una historia de fantasmas muy típica con casi ninguna sorpresa.

El ángulo paracientífico al que me refería antes tiene que ver con la creación por parte del protagonista de una máquina capaz de extraer electricidad del aire y que termina accidentalmente siendo un puente entre el mundo de los vivos y el de los muertos, atrayendo la atención de unos fantasmas que habitan la casa donde habita la familia. La idea es buena sólo en su concepción inicial ya que todo lo demás es algo que hemos visto muchas veces: fantasmas vengativos, un crimen del pasado sin resolver y unos protagonistas asolados por la pérdida de sus padres y que cometen el error de pensar que esa presencia sobrenatural con la que se han topado es en un principio benévola.

Donde la película sí que acierta, sin embargo, es en la manera de presentar a los fantasmas, una que resulta no tan habitual y que parece tomar su inspiración de la representación sobria del horror que vimos, al menos parcialmente, en la primera entrega de Insidious (2010). De nuevo, no sé si es original o no porque no he visto la cinta en la que se basa, pero las apariciones de los espectros me parecieron de lejos lo mejor de la cinta y causante de algunos momentos de auténtico miedo que por desgracia no se vieron apoyados por una trama interesante.

Espero sinceramente que Anthony Scott Burns se embarque en algún otro proyecto donde pueda lucirse más, ya que en esta ocasión lo que parecía un prometedor debut se ha quedado en poca cosa. No es terrible del todo y tiene momentos interesantes, pero si eres alguien que ya ha visto muchas entregas de horror sobrenatural de los últimos veinte años es muy probable que reconozcas cada uno de los quiebres narrativos y los recursos de una entrada un tanto regular. Se trata de una producción modesta, pero que al final termina siendo lo mismo que otros trabajos más comerciales a los que se parece demasiado.

Reseña: Candyman 3 (1999)

tumblr_pjljxxbYgL1scxiy5_1280

Aprovechando que este año se estrena su remake producido por Jordan Peele (bueno, eso está por verse todavía), recordé de pronto que nunca había reseñado esta tercera entrega de Candyman (1992), lanzada directamente a vídeo en 1999 y casi olvidada ya. No faltan motivos; Candyman 3: El día de los muertos (1999) es un punto muy bajo en la saga protagonizada por Tony Todd, incluso para los estándares del formato doméstico noventero. De sobra está decir que en muchos aspectos hace ver a su secuela precedente como una obra maestra, y lo que más rabia da es que al menos en su concepción inicial parece haber ideas interesantes y planteamientos que habrían podido dar mucho juego y que sin embargo se dejan completamente de lado.

Uno de esos ángulos ocurre desde los primeros minutos de metraje, cuando nuestra protagonista, descendiente de Candyman en persona, monta una exposición de arte con los cuadros de su famoso antepasado con la esperanza de limpiar su nombre y acabar con la leyenda negra en torno a alguien que no era sino un artista que murió a causa de una gran injusticia. Esta idea de explorar el lado artístico del personaje era algo que ninguna de las dos entregas posteriores había hecho y podría haber sentado la base de una película mucho más cerebral. Sin embargo, una vez en la exposición la chica principal es retada a decir el nombre de Candyman cinco veces delante de un espejo, lo cual por supuesto desencadena una nueva ola de asesinatos y hace que todo el interesante tema de las pinturas nunca se vuelva a tocar.

Me gustaría poder decir que es a partir de aquí cuando la cinta cambia de tono y se vuelve algo mucho más barato, pero no es así; eso es algo que queda claro desde los primeros planos que explotan el atractivo físico de su protagonista Donna D’Errico, recién salida de su etapa en Baywatch y a quien el guión no tiene mejores cosas que hacerla gritar de horror cada dos por tres. Tampoco parece haber un conocimiento claro de lo que las películas anteriores han hecho ya que esta cinta cambia una vez más el origen de Candyman: la primera película estaba ambientada en Chicago (de hecho, su ambientación era parte esencial del argumento), la segunda estaba por algún motivo ambientada en Nueva Orleans, y esta tercera parte tiene lugar en Los Ángeles, lo que le permite aprovechar una muy superficial e intrascendente mirada al ocultismo hispanoamericano y la tradición del Día de Muertos (de ahí el título) pese a que dichos elementos no tengan nada que ver con la historia o los personajes.

Desconexa, muy barata y sobre todo tremendamente superficial, Candyman 3 tira por la borda todo lo que hacía a la original interesante y lo sustituye por una historia de explotación con escenas de sexo hortera, un elenco de tercera fila y la sustitución del profundo comentario racial de la primera parte por unos policías racistas que parecen salidos de otra película. A ratos pareciera que sus responsables ni siquiera hubiesen visto las dos entregas anteriores, y es una pena porque tanto el tema artístico como la idea de un monstruo que cobra realidad mientras la gente crea en él son cosas que están presentes en el trasfondo del guión aunque nunca se les de importancia alguna. A partir de aquí un remake que vuelva a los orígenes es, de hecho, la única opción posible.

 

Reseña: Mara (2018)

MARA-10

Aprovechando el bajón de actividades de estos días he querido echar mano de la larga y poco curada watchlist que tenía pendiente, y de entre todas sus entradas Mara (2018) era una que tenía ganas de ver, sobre todo porque era de las pocas de las que no tenía referencia alguna y que había llamado mi atención inicialmente porque estaba protagonizada por Olga Kurylenko, quien en los últimos años parece estar tomando el sitio otrora ocupado por Milla Jovovich en este tipo de productos de género de consumo rápido. El resultado ha sido un tanto desigual, puesto que si bien tiene unos aciertos innegables, esta cinta de terror sobrenatural no parece querer salir de una muy cómoda medianía que apenas consigue superar por momentos.

Uno de esos aciertos a los que me refiero arriba es el tema de la parálisis del sueño, un fenómeno realmente aterrador y que honestamente no recuerdo que haya sido tocado en muchas películas a pesar de su potencial. En este caso en particular, la película mezcla este tema con una maldición viral acerca de un “demonio del sueño” que acosa a determinados personajes hasta acabar con ellos, personajes entre los que se encuentra nuestra protagonista, una psicóloga que se ve metida de lleno en esto mientras investiga la misteriosa muerte de un hombre (supuestamente) a manos de su esposa.

Como decíamos, la película tiene potencial, por mucho que el tema de la maldición que se propaga y que termina infectando a una mujer que investiga sobre ella guarde reminiscencias a otras películas de las que hemos hablado en el pasado tales como The Ring (2002), con la que tiene muchas semejanzas tanto a nivel de anécdota como de estructura, puesto que aquí también asistimos a una carrera contra el tiempo una vez que la protagonista también comienza a ser afectada por las apariciones del ente sobrenatural, que se manifiesta a través de intensas sesiones de parálisis del sueño en las que tienen lugar las mejores y más terroríficas escenas de la película. Son estos momentos aquellos que presentan los que sin duda sean los mayores aciertos tanto estéticos como cinematográficos de la película, y es de hecho su constante repetición lo que nos muestra que estas son sus únicas armas, ya que el resto de la cinta es bastante pobre a nivel visual y se ve afectada por una estética plana que en otros tiempos habríamos llamado televisiva, cuando dicho término estaba de moda.

Lo cierto es que no es algo del todo insalvable; las apariciones de la criatura son sin duda muy buenas, y uno casi desearía que estuviesen contenidas en una película con una historia mejor que esta y que no fuese tan evidente deudora de otras cintas sobrenaturales de los últimos años, así como de varios éxitos del terror asiático. De todas formas, aunque no sea la mayor pérdida de tiempo que podáis tener en estos días, tampoco la recomendaría como una pieza interesante en el fenómeno de la parálisis del sueño, algo mucho mejor explorado y utilizado como fuente de terror en el excelente documental The Nightmare (2015), el cual aprovecho para recomendar como una auténtica fuente de pesadillas (nunca mejor dicho) para estos días.

 

Reseña: Expediente 39 (2009)

case-39

Expediente 39 (2009) es uno de esos casos, por lo demás comunes a mediados y finales de los dosmil, en los que tenemos una película de terror con ideas y conceptos muy interesantes y a la vez terriblemente desperdiciados por el intento de hacer una cinta comercial, desde su estructura dramática predecible, su plana fotografía y sobre todo por el uso de un actor muy conocido como protagonista absoluto. En este caso tenemos a Renée Zellweger como una trabajadora social que adopta a una niña que estuvo a punto de ser asesinada por sus padres, y que pronto descubre que estos podrían haber tenido buenas razones para hacerlo.

Lo que perfectamente podría haber sido una historia de invasores del entorno familiar cobra de repente un matiz mucho más interesante, ya que la trama guarda dentro de sí una explicación de índole sobrenatural que queda clara desde muy pronto tanto por el nombre de la niña como por el hecho de que la actriz que la interpreta, Jodelle Ferland, es la misma cría de Silent Hill (2006). Este origen sobrenatural, por cierto, nunca es explicado del todo, principalmente porque nunca llegamos a conocer a nadie que sepa más que la propia protagonista. Pero lo mejor sin duda es que es precisamente esta idea, y la manera en la que se retrata a la protagonista como una mujer desconectada de sus sentimientos y absorta en la heroicidad de su trabajo, la que esconde un subtexto de maternidad no deseada que podría haber dado mucho juego. Esa idea de una madre que se ve superada y que desarrolla dentro de sí un miedo/odio hacia su hija (adoptiva en este caso) se adelanta así a obras similares como The Babadook (2014) pero por desgracia con un nivel mucho menor.

Ese es quizás mi mayor decepción con la cinta, que las buenas ideas de la que partía se ven lastradas por todos los vicios que plagaron el terror sobrenatural durante buena parte de los dosmil, sobre todo ese terror que se hacía con niños de por medio, con sus sonrojantes actuaciones infantiles y unos efectos especiales de saldo. Todo esto me hace pensar que esta fue una película con un nivel de intromisión muy fuerte por parte del estudio, ya que incluso su estreno se retrasó casi tres años después de finalizar el rodaje hasta el punto de que su director, el cineasta alemán Christian Alvart, terminaría estrenando su siguiente película, Pandorum (2009), casi en paralelo. Al menos, y pese a ser terror mainstream al cien por cien, todavía queda espacio para algunas decisiones curiosas e inusuales, tanto en el tratamiento del personaje de la cría como en un final que yo en lo personal no habría considerado posible en aquel entonces, al menos no en una producción de Hollywood.

En realidad lo único que consigue sostener al menos un poco a Expediente 39 son esas ideas de las que hablábamos arriba y la actuación de Renée Zellweger, quien al menos resulta creíble tanto en su faceta de obsesiva funcionaria como en la de madre arrepentida. Pero estas son conclusiones a las que cualquiera puede llegar a pesar de la película en sí, ya que al verla no pude evitar pensar en todas las oportunidades que estaba desperdiciando. Muy mejorable, sin duda.

Reseña: Ju-On: The Final Curse (2015)

thefinalcurse

Llegados a este punto cada entrada en la que hablamos de The Grudge parece ser una autopsia en la que se intenta averiguar qué pasó no sólo con una de las sagas de terror favoritas de quien esto escribe sino también con el cine de terror nipón en general. Esta nueva entrega, tal como su título indica, viene a cerrar definitivamente (¿?) la historia de los fantasmas de Kayako y Toshio de una forma muy poco satisfactoria, y un rápido vistazo es suficiente para darse cuenta de qué fue lo que se perdió con esta re-interpretación, la cual deja mucho que desear y en cierto punto se encuentra en las antípodas de aquellos aciertos que funcionaron en las muchas versiones anteriores, incluyendo su remake americano, el cual por lo visto está a punto de estrenar una nueva encarnación.

Ju-on: The Final Curse (2015) es una continuación directa de Ju-on: The Beginning of the End (2014), hasta el punto de que podríamos hablar perfectamente de una única película partida en dos. No sólo la trama tiene una continuidad directa, con la hermana de la protagonista de la película anterior intentando averiguar el paradero de esta varios años después, sino que ambas guardan prácticamente el mismo estilo y unos recursos por lo demás idénticos. Esto quizás se deba a que ambas tienen el mismo director, Masayuki Ochiai, pero lo más probable es que hayan sido concebidas como dos mitades de una única trama, ya que hay un intento sincero de atar todos los hilos argumentales que la anterior había dejado.

El problema sigue siendo que todos esos hilos no eran lo que se dice muy interesantes, y esta segunda parte no trae realmente nada nuevo; tal como ocurría en su predecesora, The Final Curse utiliza su condición de remake encubierto para cambiar por completo la historia de The Grudge, introduciendo una trama de reencarnación que mantiene el carácter cíclico de su argumento, pero sin explorarla debidamente ni atreverse a soltar del todo sus influencias originales. Una cosa que destaca mucho es que en esta ocasión es Toshio y no Kayako quien ocupa el centro absoluto de la trama, pero la película aún así no se atreve a prescindir del fantasma vengativo de la madre a pesar de que no parece tener mucha relevancia más allá del reconocimiento del público y el efectismo puro y duro. Curiosamente, es Kayako quien protagoniza la que quizás sea la única escena que me pareció de verdad terrorífica, una secuencia en una estación de metro que destaca precisamente por una sutiliza que está por lo demás ausente durante todo el resto del metraje.

Por desgracia he perdido la fuente, pero hace un tiempo escuché a alguien decir que la decadencia del nuevo horror japonés vino con la pérdida de esa sutileza formal de sus primeros trabajos y la adopción, en cambio, de un formato hiperestilizado e hiperdramatizado proveniente del anime y que se convirtió en la norma tras el éxito de películas como Llamada perdida (2004) y similares. Es algo que tiene mucho sentido, y que aquí es incluso peor ya que el escaso presupuesto de la cinta y sus poco imaginativos recursos hacen que ni siquiera pueda estar a la altura de esas pretensiones. Estas dos nuevas entregas de The Grudge han sido sin duda alguna el punto más bajo de la saga, al menos de lo que he visto hasta ahora. Podéis pasar de ellas sin problemas.

 

Reseña: Scary Stories to Tell in the Dark (2019)

scary

Si un mérito hay que reconocerle a Scary Stories to Tell in the Dark (2019) es el haber clavado el nada fácil equilibrio que requiere una película de terror dirigida a un público joven. Vaya por delante que nunca he leído los libros de Alvin Schwarz en los que se basa, pero mi principal interés por verla se debió a su director, el noruego André Øvredal, un cineasta muy interesante del que ya hemos reseñado obras como The Troll Hunter (2010) y la muy recomendable La autopsia de Jane Doe (2016). Sin embargo, considero que en esta cinta tiene un mayor peso la presencia como productor de Guillermo del Toro, cuya influencia se deja notar tanto en la estética como en el tono de terror festivo que constituye su mayor fortaleza.

Dicho esto, no estamos hablando de una cinta de antología en la que se cuentan varias historias por separado ya que hay una única trama en la que aparecen elementos de varios de los cuentos de Schwarz, incorporados al argumento de un grupo de amigos que invaden una casa embrujada y encuentran un libro maldito escrito en sangre, un volumen que va “creando” por sí solo historias que se manifiestan en la realidad. La idea en sí es muy buena y está muy bien hecha ya que da a la película una estructura y reglas muy claras en las que los personajes van siendo despachados uno a uno mediante escenas de miedo con una gran riqueza visual, a la que ayuda un diseño de producción sobresaliente basado en las ilustraciones originales que hiciera Stephen Gammell para el libro. El diseño de algunas de estas criaturas es magnífico y la manera en la que combina efectos especiales físicos y digitales está, por lo general, muy bien hecho.

Este apartado estético de los monstruos es algo muy de agradecer porque en cierta manera contrarresta un acabado a nivel de cinematografía que creo no estaba a la altura de lo demás; en cierta forma hay momentos de la cinta en las que se siente como algo televisivo, quizás porque en parte está producida por la cadena CBS y sospecho, aunque esto no he podido confirmarlo, que estamos ante una película cuyo paso por cines es meramente un trámite y que será realmente explotada cuando llegue a formato doméstico. Por lo demás me sorprendió mucho al ver lo tremendamente oscuro de algunos de sus pasajes y lo poco condescendiente que es con sus personajes adolescentes, sin llegar nunca a ser demasiado terrorífica pero sin dejar por ello de crear una amenaza real para con sus protagonistas.

En general se trata de una película muy buena que, aunque está diseñada para ser una primera aproximación de los jóvenes al género de terror, es también muy disfrutable para un público adulto. De hecho, considero que si yo la hubiese visto siendo adolescente me habría fascinado. El final asoma la posibilidad de una secuela, aunque no estoy muy seguro de que esto pueda darse ya que al parecer, y pese a las generalmente buenas opiniones críticas que ha despertado, la película no ha sido el éxito que sus creadores esperaban. Aún así me ha parecido muy digna y sin duda alguna no será la última vez que me veáis nombrarla.

 

Reseña: Ju-on: The Beginning of the End (2014)

MV5BYzE2NTg1MzQtNWJmMC00ZjI1LWIxNTgtNmY3YTAwMzI4OTI0XkEyXkFqcGdeQXVyNTk5MjgxNTg@._V1_

Ahora que el estreno de su segundo remake americano es inminente, el cuerpo me pedía dedicar tiempo a ver y reseñar aquellas partes de la saga original de Ju-on que no había tenido oportunidad de ver. La primera de estas reseñas está dedicada a Ju-on: The Beginning of the End (2014), séptima película japonesa de la saga que, pese a que se publicitó en su momento como una muy postergada tercera entrega del trabajo original de Shimizu, es en realidad un reinicio de la serie, un remake encubierto que cuenta la maldición de Toshio y Kayako desde el principio, homenajeando en gran medida a las entregas anteriores pero también haciendo grandes cambios a la historia que ya conocemos.

Aunque lo de “conocemos” es algo que hay que tomar con pinzas. Después de todo, los once años que separan esta película de sus antecesoras inmediatas (no contamos aquí los spin-off del 2009) me hacen pensar que muy probablemente esta cinta no haya sido realizada para el mismo público de las anteriores. Algunas constantes se mantienen, por supuesto, y el argumento base sigue siendo el mismo: historias contadas en desorden cronológico que giran alrededor de la maldición de una casa y sus fantasmas asesinos, quienes dan cuenta de todos aquellos que se atreven a poner pie en ella y cuyo maleficio se extiende como una plaga. Hasta ahí la película resultará tremendamente familiar, e incluso recicla algunas de sus secuencias y sustos más famosos de entregas anteriores.

Donde radica la principal diferencia es que The Beginning of the End intenta, no siempre de forma efectiva, revitalizar la saga alterando la trama de Toshio y Kayako y dando a la maldición un origen y justificación distintos a los que siempre había tenido, sugiriendo un argumento de posesiones y un doble crimen que estaba ausente en la película original, así como un subtexto de reencarnación que estaba insinuado en la saga de Shimizu pero que aquí está más que evidenciado no sólo a través de la historia de los fantasmas sino también mediante la imagen recurrente de una espiral a la que no se le da mucho juego pese a que parece ser algo importante. Lamentablemente todos estos temas estan apenas sugeridos y la cinta prefiere centrarse en una recreación muy superficial de momentos que funcionaron en entregas anteriores pero realizados esta vez de una forma más efectista que termina destruyendo el minimalismo que marcaba sus antecesoras.

Esto último es algo que se hace muy evidente a medida que la película avanza y se rinde al uso de unos efectos especiales de saldo y una puesta en escena mucho más frenética e intensa que por desgracia no se ve acompañada por un nivel de producción que le haga justicia; la película se ve tremendamente barata incluso para los estándares de un cineasta como Masayuki Ochiai, quien sustituye a Shimizu como director y que por desgracia no logra repetir la eficacia no ya de las antecesoras, sino incluso de su propio trabajo como la mucho más disfrutable Infection (2004). En cambio, esta nueva Ju-on cae en la trampa de intentar revivir el interés por la saga original mediante la nostalgia fácil pero sin ninguno de los sutiles elementos estéticos y estilísticos que le daban toda su fuerza. Incluso las pocas imágenes y secuencias interesantes que tiene me lo  parecieron únicamente porque me recordaron a las del 2003, las cuales hubiese preferido estar viendo en vez de esto.

 

Reseña: Annabelle Comes Home (2019)

annabelle-comes-home-clip

En lo que ha sido para mí una de las sorpresas del año, Annabelle Comes Home (2019), la nueva entrega de la saga de la muñeca poseída (que a su vez es la nueva entrega de ese universo compartido de The Conjuring) atterrizó a mediados de este año para contar una nueva historia de la muñeca con demonio incluído atrapada en la casa de los Warren. Digo sorpresa no sólo por el considerable éxito que obtuvo, sino porque esta tercera película de la muñeca es, sin duda alguna, la mejor y más disfrutable entrega de la trilogía, y una muy eficiente historia de casa del terror que pese a su ligereza general me dejó mucho más contento de lo que inicialmente esperaba.

A diferencia de las dos entregas anteriores, esta vez no se trata de una precuela sino de una continuación que trascurre en la casa de los Warren mientras estos están en Inglaterra durante los eventos de The Conjuring 2 (2016). La pareja de investigadores, sin embargo, cede el protagonismo a su pequeña hija, que se ha quedado con su niñera y una amiga de esta que comete el error de sacar a Annabelle de su prisión de cristal y liberar de esta forma a los espíritus contenidos en varios de los objetos del museo de los horrores de los Warren. La estructura de la obra es perfecta en este sentido porque hace que la historia se centre no tanto en la propia Annabelle sino en todos los otros fantasmas que pueblan la casa, lo cual sirve no sólo para hacer de este un relato de terror más lúdico de lo normal sino también como un obvio intento de establecer desde ya futuras secuelas y spin-offs que serán sin duda explorados en futuras entregas.

Y lo cierto es que funciona; mediante todas estas ideas, esta tercera película triunfa allá donde las otras dos fracasaron y es en contar una historia mínima (toda la película transcurre en la casa de los Warren y únicamente en tres o cuatro habitaciones) pero al mismo tiempo emocionante y sobre todo muy variada. Es cierto que algunas de las secuencias de este tren de la bruja no funcionan del todo bien (la parte del hombre-lobo en medio de la neblina me pareció que desencajaba con el tono que se le daba al resto de apariciones), pero muchas de ellas sí, y definitivamente es algo que está a años luz del muy aburrido y predecible desarrollo de la primera película.

Ahora, es comprensible que mucha gente no aprecie una película que está hecha principalmente de secuencias de sustos interconectadas con un muy débil argumento. Yo mismo en el pasado me he quejado de esta tendencia de gran parte del horror mainstream, pero quizás hayan sido las muy bajas expectativas las que me han hecho recibir esta tercera entrega de Annabelle de manera tan positiva. Por lo visto no he sido el único: no sólo ha sido considerablemente más exitosa a nivel de público, sino que incluso ha tenido un mejor recibimiento crítico no sólo comparada con sus predecesoras sino también con todo el resto de películas de este universo compartido a excepción de las dos entregas de The Conjuring. Algunos le han criticado su ligereza, más propia del terror juvenil, pero en esto puede que la memoria les juegue una mala pasada ya que ese ha sido el tono que Wan y compañía han mantenido siempre (por favor contad el número de muertes de The Conjuring (2013), por ejemplo). El caso es que me ha sorprendido de forma muy grata y es la mejor de una trilogía que originalmente no daba para tanto.

 

Reseña # 801: It: Chapter 2 (2019)

it-chapter-2-nuevas-imagenes

Cerrando ya este muy postergado especial de reseñas octocentenarias, qué mejor oportunidad para soltar unas cuantas líneas sobre It: Chapter 2 (2019), segunda parte del binomio de adaptaciones de It y una de las tres (¡tres!) adaptaciones importantes que tiene pautadas Stephen King para este 2019. De esta forma, tras la ya reseñada Cementerio de animales (2019) y antes del estreno de Doctor Sueño (2019) el próximo mes de noviembre, esta segunda parte de la historia de Pennywise el payaso viene a cerrar la que probablemente sea la más ambiciosa película jamás hecha basada en la obra de King, al menos dentro del terror mainstream. Ha sido también, para mí al menos, una ligera decepción, y aunque la he disfrutado y tiene sin duda alguna innegables aciertos, no puedo dejar de pensar que me pareció seriamente menos aterradora que la primera parte y muchas de sus decisiones en cuanto a argumento y tono me parecieron cuanto menos insólitas e inexplicables. Intentaré explicarlo lo mejor que pueda.

Una cosa que me sorprendió de manera muy grata es que, a diferencia de aquella miniserie de 1990, esta versión de It se ha preocupado por hacer de sus dos entregas cinematográficas películas más o menos independientes, ya que la primera parte quedaba más o menos cerrada y perfectamente podría servir de agridulce final de la historia. En ese sentido, esta segunda parte es una secuela en toda regla, con el Club de los Perdedores regresando a Derry 27 años después para enfrentarse nuevamente a Pennywise y a sus propios demonios internos. Esta vez, sin embargo, están preparados, ya que uno de ellos, Mike, se ha quedado en Derry estas tres décadas recopilando historias acerca del ente detrás del payaso asesino y buscando la forma de destruirlo de una vez por todas. Agradezco que los responsables hayan decidido devolver a Mike su carácter de historiador aficionado, cosa que me extrañó ya que precisamente eso fue algo que se le arrebató en la primera parte.

Pero a pesar de esto que acabo de comentar, la película no está hecha exclusivamente desde la perspectiva de los adultos; por el contrario hay numerosos flashbacks de los mismos personajes como niños, escenas que por algún motivo no fueron incluidas en la primera película y que convierten esta entrega en una odisea de casi tres horas (creo que es una de las películas de terror más largas que he visto en mi vida) con una estructura bastante repetitiva: cada uno de los miembros del Club de los Perdedores tiene su propio encuentro con su pasado y por supuesto su propia escena con Pennywise. Sin embargo, una cosa que me llamó la atención es que incluso estas escenas están rodadas de una forma que resulta menos aterradora que la primera parte, y si bien los personajes son adultos, el horror sigue siendo en gran medida infantil y, salvo una escena del principio de la película, muy poco “serio”, algo que definitivamente no me esperaba y que hizo de la cinta algo mucho más ligero de lo que había esperado, incluso para una producción comercial como esta.

IT Chapter 2 trailer screen grab

A decir verdad, este cambio de tono con respecto a la primera parte puede que sea mi principal problema con esta secuela, ya que la cantidad de humor que han metido en prácticamente todo el metraje es demencial: prácticamente todas las escenas de terror tarde o temprano son desinfladas mediante un chiste, casi siempre proveniente del dúo de personajes interpretados por Bill Hader y James Ransone, que terminan convirtiéndose en los personajes mejor interpretados y en los protagonistas por defecto ya que todos los demás están sumamente desaprovechados y resultan bastante olvidables a pesar de contar con un elenco muy sólido.

Con todo y esto, hay definitivamente aciertos: uno de los más evidentes ha sido el de adaptación de la novela original de King y sus mayores derroteros fantásticos que quizás no hubiesen tenido cabida en una película de este calibre. Por el contrario el guión simplifica en gran medida tanto la mitología de Derry como la historia del propio Pennywise y deja varios aspectos de esta abiertos a la interpretación, por mucho que nos regale esa confrontación final con monstruo gigante incluido. Eso y un desenlace poderoso y emotivo que sabe tocar las teclas correctas y dar el cierre apropiado a una historia que se siente como algo familiar.

Esto último es algo que me parece clave porque lo cierto es que, posiblemente, las carencias como película de It: Chapter 2 tengan que ver con los cambios en la manera de consumir ficción por parte del público actual. Esta es una película que, al igual que la novela en que se basa, tiene un trasfondo argumental enorme, muchas subtramas que aprovechar y muchos personajes en los que hubiese sido interesante profundizar un poco. Todo esto me hace pensar que hubiese funcionado mil veces mejor como una serie de diez episodios que hubiese hecho justicia no sólo a la novela sino a sus propias posibilidades como historia de horror y relato de crecimiento. Tal como está me ha parecido entretenida y con un nivel de producción definitivamente superior al promedio de adaptaciones de King, pero también me parece una película intrascendente y muy por debajo de la buena impresión que causó en mí la primera parte. Y aún así, con todo y eso, forma parte de una dupla a la que habrá que volver y que espero que sea sólo el principio de un renacer de la obra de King en los cines. En eso sí que salimos ganando.

801. It - Chapter 2 (2019)

Reseña: La autopsia de Jane Doe (2016)

janedoe5

Completamente ignorada por mí en el momento de su estreno y recuperada el pasado fin de semana, La autopsia de Jane Doe (2016) ha resultado ser una pequeña joya que lamento mucho haberme perdido, en parte porque su premisa es algo que terminé viendo este mismo año (aunque hecho de peor manera) en The Possession of Hannah Grace (2019), una película con la que guarda muchas similitudes pero ante la que resulta muy superior, consiguiendo con apenas tres personajes y un único escenario construir una historia que no sólo transmite la inquietud que el género de terror debe darnos sino encima un misterio que se va develando a nosotros de forma gradual y del cual nunca se nos llega a decir todo.

Al igual que la película arriba citada, esta cinta va acerca de dos patólogos que reciben de forma inesperada el cadáver de una joven mujer hallado en la escena de un crimen con múltiples víctimas. El cuerpo no sólo parece estar intacto, sino que su identidad no ha podido ser confirmada y no parece guardar relación con ninguna de las otras víctimas. A medida que la noche transcurre y los dos personajes van examinando el cuerpo, se dan cuenta de que este presenta numerosos detalles en apariencia imposibles y que su sola existencia parece haber traido consigo un peligro sobrenatural que los va acechando cada vez más.

Sin embargo, y a pesar de estos detalles, esta no es una película de monstruos; en ningún momento vemos el cadáver levantándose o atacando a los personajes, sino que los elementos de horror que comienzan a ocurrir van tomando posesión del lugar en el que los protagonistas se encuentran de forma mucho más sutil a pesar de que no faltan los momentos de impacto puro y duro. Esto se debe principalmente a la sobria dirección del noruego André Øvredal, a quien ya conocemos aquí por la singular The Troll Hunter (2010) y que con esta se adentra en el género de terror con un trabajo muy distinto en el que sin embargo ha sabido dosificar un misterio genuino y algunos momentos de terror bastante eficientes. Eso aparte de una sensación de claustrofobia que se va apoderando del espectador a medida que la trama de amenaza sobrenatural, brujería y maldiciones cíclicas se va tejiendo a nuestro alrededor.

No se trata, eso sí, de ninguna obra maestra del horror y por momentos parece que tanto su premisa como su desarrollo son poca cosa para un largometraje y algo más apropiado para alguna serie de televisión de terror como las que solíamos tener en décadas pasadas. A pesar de eso es un trabajo bastante decente y que me ha sorprendido porque no esperaba nada de él. No fui el único al parecer, ya que esta fue una película que cosechó comentarios muy positivos en el momento de su estreno y todavía es considerada de forma muy favorable. Echadle un vistazo.