Reseña: The Banishing (2020)

La británica The Banishing (2020) representa mi reencuentro con Christopher Smith, un director cuya obra de terror siempre me ha gustado mucho a pesar de que no es alguien a quien se suela nombrar como uno de esos valores seguros del género. Es también el regreso por parte suya a un tipo de cinta de recursos muy modestos que contiene sin embargo escenas muy pavorosas y una historia sutil que hace lo posible por no darle todo masticadito al espectador, cosa que se agradece mucho.

La trama, acerca de un predicador y su mujer que se mudan a una casa de una pequeña localidad en la que pocos años antes ocurrión un horrible crimen, se entrega por completo al terror sobrenatural y maneja referentes que serán muy conocidos para la mayoría, en concreto la película de Stanley Kubrick El resplandor (1980), con la que tiene muchas similitudes estilísticas y argumentales, tanto en la premisa de una casa que afecta la salud mental de un matrimonio como en el empleo de un imaginario surrealista para sus escenas de miedo.

Son precisamente las decisiones estética una de las mejores cosas que tiene, el uso tan sutil que hace de la música y un ambiente en general muy logrado en el cual, al igual que señalábamos en La mujer de negro (1989), el director no cae en la trampa de intentar hacer la casa más tenebrosa de lo que ya es. Por el contrario, la residencia parece en gran medida un sitio normal y es solo tenebrosa por lo que en ella sucede y por el historial que tiene detrás, que contiene un trasfondo horrible de sectas y conspiranoia en el que la película por suerte no se hunde, prefiriendo centrarse en el drama de la protagonista en lugar del enfrentamiento entre las fuerzas eclesiásticas.

Se hace lenta en ocasiones (a pesar de que dura poco) y sus recursos, como decía arriba, son modestos y se nota. De todas formas, aunque definitivamente no esté a la altura de otras obras de Smith como las excelentes Triangle (2009) y Black Death (2010), se siente como una clásica historia británica de fantasmas, en el sentido de que una producción americana probablemente habría hecho mucho más evidente su parafernalia de terror, cosa que esta película muy sabiamente no hace. Me ha gustado.

Reseña: Possum (2018)

Possum (2018), el largometraje debut de Matthew Holness (a quien sin duda conocéis por su genial alter ego ficticio Garth Marenghi) es una singular pieza de terror minimalista y también una de las mayores sorpresas que me he llevado en los últimos años pese a que varias personas me la recomendaron por mucho tiempo. Es no solo un trabajo visualmente impresionante sino también una película con una atmósfera única conseguida con muy pocos recursos y apenas un par de personajes, y ciertamente trabajo que no me esperaba proveniendo de alguien a quien conocía más por sus obras de comedia.

La historia, además, tiene la ventaja de ser muy sencilla: un titiritero caído en desgracia que vuelve a la casa rural de su niñez con la firme intención de purgar su pasado, acto que comienzará con la destrucción de su obra maestra: un grotesco títere con forma de araña humanoide llamado «Possum», del que no parece poder deshacerse por mucho que lo intente. Intercaladas con esta historia están asimismo varias escenas del personaje principal con su siniestro tío, que parece estarle constantemente reclamando cosas de su pasado y que no hará su regreso más fácil.

De entrada lo que hace la película memorable es el apartado técnico y visual, no solo la ambientación de ese pueblo en ruinas del que ambos personajes parecen ser prácticamente los únicos habitantes, sino sobre todo la imagen de auténtica pesadilla del muñeco, que parece una criatura salida de Bloodborne y que probablemente sea muy desagradable de ver para aquellos que tengan algún tipo de fobia por los arácnidos. Lo modesto de los medios hace que la película sea parca en efectos especiales, y de hecho las escenas de movimiento del títere están hechas de una forma primitiva que quizá por eso resulta más inquietante aún. De todas formas esta no es una película de muñecos asesinos sino algo mucho más sutil, una obra de terror surrealista en la que asistimos al desmoronamiento mental del protagonista y la superación de su trauma, algo que funciona gracias sobre todo a la soberbia actuación de Sean Harris, a quien tardé mucho en reconocer sin barba.

A pesar de todo, es una película difícil de recomendar a todo el mundo ya que es muy sencilla a nivel de argumento y tanto su ritmo lento como su imaginario visual deliberadamente poco realista requieren paciencia por parte del espectador. De todas formas hay mucho que apreciar aquí en cuanto a tono, estética y momentos de terror, así como un subtexto perverso y oscuro acerca de los secretos y el abuso con el que no contaba teniendo en cuenta la obra anterior creador. Me ha parecido magnífica y uno de los debuts más interesantes que he visto.

Reseña: Lamb (2021)

Como suele suceder con este tipo de películas apadrinadas por A24 (que solo distribuye en Norteamérica pero que realiza los trailers que la mayoría del mundo ha visto), la campaña publicitaria hacía ver a la islandesa Lamb (2021) de forma muy distinta a lo que terminó siendo. Una de mis principales motivos para decir esto es porque me resulta difícil clasificarla como una historia de terror. Su director la comparó a un cuento de hadas macabro, y la verdad es que la mayor parte de ella se presenta como un drama con una premisa de corte fantástico pero que se afinca en cómo reaccionan los personajes más que en el argumento.

La premisa a la que me refiero es la de una pareja de granjeros en un solitario paraje de Islandia que descubren un día que una de sus ovejas ha tenido una cría muy distinta y particular. A estas alturas la mayoría de ustedes quizá ya conozcan de sobra en qué consiste esta peculiaridad de la que hablo, pero me lo guardo porque una de las mejores cosas que la película tiene es como dosifica sus revelaciones de género fantástico para sacar mejor provecho de ellas. Basta decir que ese descubrimiento termina cambiando por completo la vida de la pareja y la relación que tienen con la cría de oveja guarda un vínculo directo con un trauma de su pasado y lo que inevitablemente ocurre cuando se juega con las leyes de la naturaleza.

Con todo y eso no es una película tan fácil porque en cierta manera es contraria a lo que estamos acostumbrados a ver como espectadores. El primero de los tres actos (anunciados estos con intertítulos, a la manera de Lars von Trier) es muy lento y rodado casi sin diálogos (aunque no los necesita), pero lo único difícil de ella son sus extravagancias formales ya que el argumento es, por el contrario, extremadamente sencillo y va tocando sus temas de forma muy clara y explícita: la tristeza del duelo, la exploración de la maternidad y sus lados más siniestros o la incapacidad de aceptar la muerte de un ser querido. Es también una historia muy cruel y con una aura de inminente desgracia a lo largo del metraje; durante toda la película, incluso en las escenas más felices, sientes que algo terrible está a punto de pasar.

Sin embargo, en mi caso particular creo que lo que más me pegó fue la forma en que la película cuestiona la relación emocional que los humanos podemos llegar a tener con los animales y la manera arbitraria y autoindulgente en que volcamos en ellos nuestros afectos. No he escuchado a nadie hablar de eso en específico así que es probable que sea solo una invención mía pero no paraba de pensar en ello después de verla así que lo dejo por aquí. De todas maneras, insisto en que es una historia muy sencilla a nivel de argumento y no da ningún giro sorprendente ni nada por el estilo, lo cual sumado a su anticlimático final puede decepcionar un poco a algunas personas. Destaco, eso sí, ese ambiente de fatalidad que se palpa constantemente y que sospecho ha sido lo que finalmente ha causado que se le mencione como una película de horror, algo hasta cierto punto discutible. Muy recomendable de todas formas.

Reseña: El páramo (2021)

Primer estreno importante del año, El páramo (2021) es una producción española apadrinada por Netflix para su distribución. También es una película de terror muy sencilla tanto en premisa como en ejecución, con un elenco muy reducido y una única locación que sin embargo se aprovecha muy bien. Sus limitaciones probablemente se deban a motivos que van más allá del ángulo creativo (es, después de todo, una película producida en plena pandemia) pero si es así no se nota porque es precisamente eso lo que le da su efectividad al fin y al cabo.

Si algo le sobra quizá sea ese comentario en el pr´ólogo que sitúa la película en la España en guerra del siglo XIX, en el cual una pareja y su pequeño hijo deciden aislarse del mundo y del conflicto en una solitaria cabaña en medio de una llanura que parece infinita. Digo sobra porque la verdad es que la ambientación está muy bien y le da un carácter atemporal y casi de otro mundo que se rompe un poco si se le da un contexto concreto, pero al final es lo de menos. Lo realmente importante es lo que ocurre producto de ese aislamiento, cuando la soledad, la locura y una presencia maléfica comienzan a hacer estragos en la familia poniéndolos en peligro.

Aquí es donde probablemente comenzaron los problemas para mí ya que pese a que la idea de la que parte es muy buena y la estética recalca esa premisa en todo momento, lo que realmente pasa en la película es una historia de terror muy común que probablemente hayáis visto muchas veces. Yo mismo tuve la «suerte» de ver esta película poco tiempo después de haber visto The Wind (2018), una cinta de terror sobrenatural ambientada en el oeste americano que se parece mucho a esta tanto en su planteamiento base como en el desarrollo y los trucos que lleva a cabo. Esta incluso tira por tierra gran parte de sus aciertos una vez que abandona la ambigüedad de la que hacía gala al principio y se rinde a la recreación de una película de monstruos superficial con un acabado más preciosista de lo que estamos acostumbrados.

Con todo y eso tiene sus innegables aciertos: el elenco está muy bien incluso sin tener en cuenta que no me suelen gustar estas historias de terror rural centradas en niños, la pel´´icula se va poniendo más siniestra a medida que avanza el metraje, y como decía arriba gran parte de su efectividad reside en la maravillosa estética y el paisaje en el que se desarrolla todo, sobre todo durante el desenlace. Lástima que en todo lo demás se me hizo muy familiar y, siendo sinceros, poco aprovechado.

Reseña: Silent Night (2021)

Para cuando se publique esta entrada ya será Nochebuena, por lo que la ocasión es perfecta para la tercera entrada de nuestra trilogía de reseñas navideñas, además la última reseña del año y una de mis películas favoritas de este 2021 que se acaba. Silent Night (2021) ha sido, de hecho, una de las sorpresas de esta temporada y una de las raras ocasiones en que como espectador he podido acercarme a una película sin saber nada de antemano ya que para cuando la vi no había trailer ni cartel, ni siquiera una sinopsis. Es muy probable que ahora que se ha estrenado la gente tenga más información sobre de qué trata, pero esta sin duda es de esas a las que es mejor acudir en frío.

Esa premisa que al principio se mantuvo prácticamente en secreto es la de una familia británica que se reúne en Nochebuena para una cena de Navidad muy especial, aunque lo que hace única esta noche es algo que al principio no sabemos y que se revela en algún momento del metraje de forma muy natural pero consiguiendo que cambie toda la película y lo que antes parecía una reunión familiar con personajes de variable grado de tolerancia y desfachatez termina adquiriendo tintes cada vez más siniestros detrás de toda la emotividad decembrina que estamos acostumbrados a ver.

Lo que la directora Camille Griffin consigue aquí es una maravillosa comedia negra con una premisa muy jodida (una vez revelada) que sin embargo consigue momentos de auténtica ternura que te llegan al corazón cuando menos lo esperas. Todo esto con unas actuaciones increíbles (creo que es de las películas que he visto donde me gusta más Keira Knightley) y una trama muy interesante desarrollada principalmente a través de diálogos que te deja roto por dentro. Y sin embargo, es precisamente esa trama y ese tono lo que la hace tan apropiada no solo para Navidades sino concretamente para estas Navidades y lo que ello significa en el ánimo colectivo. Difícilmente se me ocurre una película más apropiada para terminar el año. Lamentablemente no puedo ser más específico ni explicar por qué esto es así o las influencias que oculta. Ni siquiera puedo clasificarla en un género específico porque solo eso ya destriparía detalles que considero mejor descubrir por uno mismo.

Una cosa curiosa que sí puedo decir es que durante su pase en festivales se desató una pequeña polémica por parte de algunos críticos que aseguraban que la película contenía una velada metáfora antivacunas, y aunque puedo entender la lógica que llevó a algunas personas a pensar así, dicha conclusión me parece por lo menos osada. De hecho la proyección que yo vi estuvo precedida por un mensaje de la propia directora desmintiendo esta intención y asegurando que era todo lo contrario. En todo caso, no sé cómo más hablar de ella sin decirles simplemente que vayan a verla aunque sea fuera de Navidad.

Reseña: Le calendrier (2021)

La segunda entrega de nuestro especial navideño de este año es esta producción franco-belga titulada Le calendrier (2021) o The Advent Calendar, como se le ha titulado en muchos otros países, incluyendo España. Se trata de una producción de terror de Navidad muy en la onda de otros trabajos ligeros pero también un poco más retorcida de lo habitual. No siempre funciona, pero al menos contiene una premisa atractiva y una que, al igual que la maravillosa Krampus (2015), echa mano de tradiciones culturales fácilmente reconocibles que (para variar) no están tomadas de la concepción americana de las fiestas, y eso ya es algo interesante.

Esta premisa a la que me refiero es la de una joven parapléjica que recibe como regalo un misterioso calendario de adviento artesanal que una amiga suya robó durante un viaje a Alemania y que, como no tarda en descubrir, concede deseos con cada día que pasa, deseos que por supuesto tienen una contraparte siniestra pero que prometen un «milagro de Navidad» si su dueña continúa el juego hasta el final, así como una terrible desgracia si no lo hace. Debo admitir de entrada que esta idea me gustó mucho y hace que las reacciones de la protagonista sean mucho más creíbles de lo que normalmente tendríamos en una película de este tipo, y si no terminó de funcionar conmigo es porque ese tono tan interesante que prometía se ve roto casi desde el principio.

Esto es así porque la película insiste en guardar un tono serio y solemne a pesar de que todo lo que ocurre desde el primer momento es completamente absurdo. En las pocas ocasiones en que abandona esta seriedad lo hace también de forma muy poco creíble despachando situaciones muy dramáticas de forma inexplicable (un intento de violación a la protagonista, por ejemplo, es algo que no parece tener consecuencias de ningún tipo más allá de aquello relacionado con el caldendario). Esta misma incosistencia se nota también en varias de sus decisiones estéticas con momentos que parecen a ratos una comedia o una muestra de terror festivo tipo Cuentos de la cripta mezclados con las apariciones de una criatura que parece salida de alguna de las entregas de Hellraiser (1987) y que rompe prácticamente desde el principio el misterio alrededor del objeto maldito.

No todo es malo, por supuesto: la actuación de la protagonista es muy buena y la película mantiene las truculencias varias que una contraparte hollywoodense probablemente no habría hecho, pero a pesar de su gran idea base y algunas diatribas morales interesantes ya cerca del final, me da la impresión de que sus responsables no supieron realmente qué hacer con su premisa y terminaron desaprovechándola un poco. De todas formas sí puedo decir que esta no es la única película de terror navideño que usa la figura del calendario de adviento, pero sí es la que mejor lo ha hecho de todas las que he visto.

Reseña: Saint Maud (2019)

Me vino recomendadísima de todas partes y aún así tardé mucho en verla, pero Saint Maud (2019) valió la pena incluso solo por la posibilidad de ver un tratamiento distinto del horror de temática religiosa, uno que en este caso no se afinca en lo sobrenatural sino que utiliza la idea de la religión, el fanatismo y la falta de sentido vital para construir una historia que es, en el fondo, no muy distinta de las tradicionales vidas de santos, tal como se intuye por el título.

Lo que es en realidad es la historia de una enfermera británica conversa al catolicismo que se obsesiona con salvar el alma de una de sus pacientes, a quien ve como pecadora y a quien se acerca al principio con la esperanza de redimirla. A partir de esta premisa comienza un cuento de terror psicol´ógico hecho a partir de la (poco fiable) perspectiva de su protaginista y tirando de un imaginarío místico y terrorífico realmente envidiable y que nos mete de lleno en la psique del personaje principal. Esto genera en el espectador un viaje de lo más accidentado ya que a medida que conocemos más sobre el personaje de Maud nos damos cuenta del origen tanto de su devoción como de la obsesión que tiene por redimir a alguien en quien ve una versión exagerada e idealizada de sí misma.

El énfasis en estos aspectos dramáticos hace que la película se sienta un poco lenta al principio pero luego se va poniendo cada vez más intensa y desquiciada a medida que transcurren sus muy compactos 85 minutos de duración en los que no sobra nada y en los que en cambio nos regalan momentos que parecen una pesadilla, sobre todo en el muy comentado desenlace. Gran parte de la efectividad por supuesto reside en el trabajo de su actriz principal, pero artísticamente la película es un logro y tanto sus componentes dramáticos como de thriller están muy bien.

Imagino que gran parte de la apreciación que se sienta por esta película dependerá de lo que opinemos sobre la religión en general, y en ese sentido esta cinta se siente como el reverso de algo como El exorcismo de Emily Rose (2005), pero lo que sí tengo claro es que un grandioso trabajo y que lamento habérmela perdido en su momento porque se ha convertido de lejos en una de mis imprescindibles del año de su estreno. Muy buena.

Reseña: A Classic Horror Story (2021)

Cerrando esta trilogía de estrenos que pude ver a través de streaming, A Classic Horror Story (2021) es una producción italiana producida y estrenada en Netflix y que por lo visto tuvo una campaña de marketing muy agresiva en su país de origen. Se trata en realidad de un muy buen concepto que toma varios clichés de distintos subgéneros de terror para mezclarlos en una única historia que por desgracia nunca llega a alcanzar todo su potencial. Resulta curioso porque todos sus elementos viscerales y de puro cine de terror son efectivos, pero es precisamente el meta-discurso lo que termina dañándola más allá de cualquier posibilidad de recuperación.

Este componente se nota ya desde la premisa inicial: un grupo de desconocidos que comparten un viaje en furgoneta, cada uno por motivos distintos, hasta que un accidente de carretera los pone a merced de una misteriosa secta de antagonistas que ocupan una muy rara cabaña en medio del bosque. Hay que destacar en este caso que el origen de la amenaza y la verdadera naturaleza de lo que ocurre es algo que se mantiene oculto durante prácticamente todo el segundo acto, parco en explicaciones y muy generoso en cambio con las dosis de gore y una estética de pesadilla por lo visto tomada de los grandes éxitos del folk horror, pero también con un toque ligeramente sobrenatural que hace que como expectadores sintamos interés por lo que está pasando más allá de ver quién muere primero y a pesar del hecho de que la mayoría de estos recursos los hemos visto antes en películas mucho mejores.

Es entonces cuando llega la gran revelación del tercer acto que explica no solo lo que est´á ocurriendo sino el verdadero espíritu meta de una película que por lo visto necesita justificar su verdadera raz´ón de ser. Por desgracia este clímax se hace eterno y no solo me pareció flojo sino que encima pareciera que la película ha dejado de tomarse a sí misma en serio por completo, un recurso del que siempre he desconfiado porque en muchas ocasiones se debe a una falta de fe en el verdadero potencial de la historia. Esto último puede que me pase solamente a mí, pero sí es cierto que la trama pierde fuelle una vez llegado este final y alcanza unos momentos de comedia involuntaria que hasta cierto punto destruyen todo lo bueno alcanzado anteriormente, encima con unos guiños al formato en el que la película se muestra que, francamente, están de más.

Una nota curiosa: la actriz principal, Matilda Lutz, es alguien a quien ya hemos visto protagonizar películas como Rings (2017) o Revenge (2017), siempre hablando un idioma distinto. Honestamente no sabía que en realidad es italiana y esta es la primera vez que la escucho hablar en su idioma natal. Ella precisamente es quien consigue levantar un poco una película que no me desagradó, pero que terminó destruyendo en parte su propia promesa.

Reseña: Blood Red Sky (2021)

A la hora de hablar de lo más destacado del año echo en falta alguna lista dedicada a esas obras de las que no esperaba nada y que me terminaron gustando mucho más de lo que originalmente creía. Un claro ejemplo de esto es Blood Red Sky (2021), una producción alemana para Netflix que se convirtió (al menos para mí) en una muy grata sorpresa porque partía de una premisa que me parecía absurda en el papel y sin embargo consigue tomársela con seridad y más oficio del que se pudiera pensar, cosa muy difícil en estos tiempos en los que, tal como comentábamos en una ocasión, la definición de serie B parece haber pasado a ser la de películas cutres destinadas a ser disfrutadas de forma irónica.

La p´remisa de la que hablo es la de un vuelo nocturno a través del Atlántico que es tomado por un grupo terrorista sin saber que en él viaja un vampiro que busca llegar a los Estados Unidos para someterse a un experimento que le cure de su condición. Esto que estoy contando no es un spoiler ya que estaba claro desde el mismo material promocional. Lo que sí es verdad que no me esperaba es que esta es una mezcla de terror y acción, una especie de Die Hard con vampiros de por medio en el que la protagonista es precisamente el monstruo que debe hacer lo que sea por salvar a su hijo.

Una cosa que me gustó mucho es que la película se ahorra explicaciones innecesarias de cosas ciertamente insustanciales como por ejemplo la motivación última de los terroristas. También me gusta que las partes de horror y acción están cuidadas por igual y hechas de forma tan trepidante que terminé perdonándole todo, incluyendo la manera tan extraña en que todos los personajes, incluyendo los meros figurantes, parecen conocer de sobra las «reglas» del vampirismo.

El único problema que tiene a mi parecer es que es muy larga y podrían perfectamente haberse ahorrado algunas cosas como todos los flashbacks de la protagonista, que al final no aportan realmente nada más allá de abultar el metraje y dar una motivación a sus acciones que ya era más que visible en el presente gracias a la muy bien retratada relación entre ella y su hijo. Con todo y eso me pareció muy entretenida y curiosa, y esto es algo importante para mí ya que suelo tener poca paciencia cuando veo que una película de estas dura más de 90 minutos y esta me la he visto de un tirón sin problemas. Ojalá hubiera muchas más con este nivel de efectividad.

Reseña: The Power (2021)

A pesar de que por algún motivo me vino altamente recomendada por fuentes con las que suelo coincidir, The Power (2021) es una muy convencional producción de terror británica de época como tantas veces hemos visto solo que con un ángulo temático quizá más relevante en los tiempos actuales. En todo lo demás, es un trabajo muy típico de terror-sobrenatural-con-secreto-del-pasado que se parece a varias de las obras que hemos reseñado aquí.

En esta ocasión tenemos una película de época ambientada en los setenta (aunque con una estética que parece de los cuarenta) con una enfermera que entra a trabajar en un hospital de un barrio pobre de Londres que parece estar embrujado. Para colmo su llegada ha coincidido con una crisis del suministro eléctrico que hace que el hospital se quede a oscuras durante su primera noche de guardia, y teniendo en cuenta que nuestro personaje principal sufre de un pánico a la oscuridad debido a un trauma personal, la premisa se construye sola.

Debo decir, sin embargo, que la ambientación del hospital que se queda sin luz me pareció un gran acierto porque crea la atmósfera necesaria para la historia de terror casi de forma instantánea, pero la historia en sí es un cúmulo de clichés montados unos sobre otros y girando siempre en cuanto a lugares comunes que hemos repetido ya hasta el hartazgo: el fantasma vengativo que desea cobrarse una deuda del pasado, un niño en peligro con una conexión especial con los muertos, y una protagonista femenina con un trauma propio que por supuesto guarda un paralelismo con lo que está ocurriendo en la trama principal. Por supuesto no puede faltar la relevacuón final que se ve venir desde muy lejos en un desarrollo sumamente ligero y aburrido.

Honestamente, creo que la mayor parte de las reseñas positivas que esta película obtuvo se deben a la voluntad de cierta parte de la crítica cinéfila que querer enmarcar cada obra en un movimiento, en este caso concreto (y a juzgar por varios elementos de la trama) el de una especie de cine de terror de la era del #MeToo. Eso quizá lo único interesante que la película tiene porque el resto me pareció muy poca cosa.