Reseña: The Lodge (2019)

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Veronika Franz y Severin Fiala, los mismos directores de Goodnight Mommy (2014) traen The Lodge (2019), un thriller psicológico con un ligero toque sobrenatural que pintaba en un principio muy bien pero que termina siendo mucho menos de lo que prometía en un principio. Con todo y eso la película pertenece a una tendencia actual dentro del cine de terror que yo personalmente agradezco, esas cintas atmosféricas lentas y pausadas con gran énfasis en la imagen y de las cuales ya hemos tenido ejemplos recientes como The Blackcoat’s Daughter (2015), Hagazussa (2017) o Hereditary (2018).

Menciono esta última porque por desgracia The Lodge se ha llevado algunas comparaciones (casi siempre desfavorables) con la película de Ari Aster, comparaciones que se deben principalmente a ciertas decisiones estéticas en común como la casa de muñecas, además de una apertura argumental que va acerca de una familia tocada por la tragedia. En esta ocasión se trata de dos niños que deben pasar unos días con su joven y futura madrastra en una cabaña aislada en medio de la nieve y, por supuesto, empiezan a ocurrir cosas que sugieren una presencia en la casa.

Hasta aquí podría parecer una película convencional, pero no lo es del todo; a través de un ejercicio de dirección muy bueno, la cinta de Franz y Fiala juega con el espectador ofreciendo un cambio de punto de vista que termina afectando toda la película. Todo el inicio está contado desde la visión de los niños, y la cámara deliberadamente evita mostrarnos el rostro de la madrastra hasta que ya el viaje a la cabaña es inevitable. Es en este momento, cuando comprobamos que la chica no es un monstruo sino una joven común y corriente con un pasado problemático, cuando la historia cambia de perspectiva y la muchacha pasa a ser la protagonista, y la odisea a la que se enfrenta cuando se queda sola con los dos críos y sus propios fantasmas (tanto internos como externos) se hace por momentos muy dura de ver y convierte todo en un macabro cuento de hadas que simplemente no puede acabar bien.

Todo este interesante tratamiento, así como el empleo del imaginario religioso unido al trauma y la aplastante sensación de soledad de la casa y sus alrededores bastarían para poner a The Lodge en un sitio alto en cuanto al cine de terror reciente. Por desgracia es una película que queda bastante tocada por una revelación que ocurre en su tercer acto la cual no sólo es muy predecible sino que además resulta poco verosimil y para colmo termina arrojando una nueva luz sobre los eventos transcurridos con anterioridad. Como resolución me pareció tan pobre y absurda que debo decir arruinó casi por completo mi experiencia. La salvan la estética y la sobresaliente dirección de Franz y Fiala, pero la historia me pareció poco aprovechada y definitivamente mucho más ligera que sus anteriores trabajos. Tiene cosas que valen la pena pero en general no puedo decir que me haya dejado satisfecho.

Reseña: Anna y el Apocalipsis (2017)

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Para la segunda entrada de nuestra tríada navideña recupero una que no pude ver en el momento de su estreno, Anna y el Apocalipsis (2017), una producción británica (concretamente escocesa) que en aquel entonces se publicitó como una mezcla entre Shaun of the Dead (2004) y La La Land (2016), una comedia musical de terror con zombis de por medio y con la Navidad como ambientación principal. Como ha dicho ya gente más lista que yo, semejantes comparaciones pueden haber subido demasiado las expectativas y terminado haciéndole daño, porque lo cierto es que es mucho más sencilla de lo que parece y sus pretensiones no dan para tanto pese a que la película de Edgar Wright sí que está entre sus más que evidentes influencias, con incluso algunas escenas muy parecidas.

En realidad, y esto sí que es algo que me esperaba, se trata de una película dedicada a un público juvenil acerca de una chica de espíritu rebelde que equilibra sus miserias típicas de instituto con el alzamiento de los muertos y la necesidad de convertirse en heroína para rescatar a su padre. Y claro está, hay canciones de por medio. Tengo que aclarar aquí algo que muy probablemente he mencionado antes y es mi resistencia instintiva hacia los musicales; de todos los géneros cinematográficos, el musical es probablemente el único que encuentro genuinamente anacrónico, y por lo general tiendo a sentir un rechazo hacia ellos. No todos (una de mis películas favoritas de todos los tiempos es precisamente un musical), pero digamos que la idea de que los personajes de repente se pongan a cantar me ha parecido desde siempre tan ridícula que siento que de alguna forma tienen que justificármelo. Esto es un prejuicio mío, evidentemente, y no tiene nada que ver con la calidad de la película en sí.

Una de las formas en que dicha justificación suele darse es, por ejemplo, haciendo de la trama y los personajes algo relacionado con el mundo del teatro o de la música, una idea que ha sido usada en musicales de terror en el pasado y que pensé sería el caso aquí ya que parte del argumento involucra el montaje de un espectáculo escolar de Navidad, pero dicho elemento no pasa de ser una muy breve mención. Otra forma en que se podría hacer es dando mayor relevancia y tiempo de metraje a las canciones que a los diálogos hablados o al menos haciendo que la película empiece con una canción, pero nada de esto ocurre. De hecho, pese a que las canciones en su mayoría me han gustado y están muy bien producidas, algunas de ellas no parecen tener nada que ver con lo que está ocurriendo en pantalla, por lo que se sienten un tanto desconectadas del resto de la película. Además, las coreografías, el ritmo y el estilo de narración en general se me hicieron en ocasiones poco vistosos y con unas diferencias de tono que me echaron un poco para atrás, ya que ese ambiente de High School Musical convive en ocasiones con momentos sumamente oscuros como un plano en el que se ve a un zombi comiéndose a un bebé de un carrito.

Todo esto deja una sensación de que Anna y el Apocalipsis podría haber sido mucho más, quizás en otras manos o con un enfoque distinto que explotara sus posibilidades musicales o su ambiente festivo, el cual dicho sea de paso tampoco parece estar muy relacionado con la Navidad. Es una idea muy buena que podría haber dado más juego, pero al final termina siendo un entretenimiento inofensivo que tampoco consigue destacar tanto ni como musical ni como comedia zombi. Con todo y eso la he disfrutado, el elenco es muy simpático y no me cuesta nada reconocer que tengo una playlist con la banda sonora. Así que queda recomendada, pero ciertamente es mejor bajar un poco las expectativas antes de acercarse a ella.



[Recuerda que tienes hasta la medianoche del 26 de diciembre para votar en nuestra encuesta de lo mejor del 2019]

Reseña: Musa (2017)

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Entre las primeras reseñas que leí en su momento de Musa (2017) estaba aquella idea según la cual, con esta película, Balagueró se adentraba en terrenos distintos a los que solía tocar en su cine de terror. Después de haberla visto me sorprende esta afirmación ya que me ha parecido todo lo contrario: su más reciente cinta parece más bien un retorno a los orígenes no sólo para él sino también para Filmax, ya que esta historia participa precisamente de aquellos aspectos temáticos y estéticos que impulsaron tanto a Balagueró como a la productora que ayudó a levantar. Nuevamente tenemos aquí una historia de terror gótico ambientada en la época actual y que involucra muchas de las claves argumentales que ya vimos en Los Sin Nombre (1999), aunque en esta ocasión el guión está basado en una novela de José Carlos Somoza titulada La dama número trece.

El argumento es precisamente el punto que considero más débil de la película; no he leído la novela en la que se basa, pero la sensación que despierta es la de un thriller muy genérico con un trasfondo de conspiración alrededor de elementos de la cultura clásica, algo que estuvo muy de moda entre los noventa y principios de los dos mil gracias a obras como El club Dumas y El código Da Vinci, y que aquí se sienten como algo reciclado y muchas veces visto. Encima la trama acerca de unas misteriosas mujeres guardianas de secretos milenarios se vuelve por momentos increíblemente enrevesada y confusa, como si quisiera hacerle creer al público que la película es más inteligente de lo que es cuando por el contrario muchos de sus elementos son topicazos muy manoseados incluso para los estándares actuales, además de que sus referencias de alta cultura son empleadas de forma muy superficial; digamos que ya sabía que algo iba mal desde el momento en que la película abre con una mujer leyendo en voz alta La divina comedia como si fuese un poema de amor.

Esta discrepancia de tono y la insistencia en ser un thriller cultural-conspiranoico debería ser prueba suficiente de la que considero la mayor carencia de la cinta, y es que todo en ella, desde la estética hasta el cartel, parecía indicar que estábamos ante una película de terror cuando en muchos sentidos no lo es. Tiene escenas de miedo, es gráfica en cuanto a violencia y toma varios de sus aciertos de una tradición de terror europeo que recuerda en ocasiones al Dario Argento de Inferno (1980), pero no hace nada interesante con eso. Aunque la explicación del argumento es sobrenatural, estamos ante todo ante una película de fantasía más oscura de lo habitual y que ya hacia el desenlace se descalabra por completo convirtiéndose en un relato de heroísmo banal y sonrojante que encima termina de forma abrupta y poco satisfactoria.

Musa fue bastante ignorada en el momento de su estreno pese a que el nombre de Balagueró es uno de los más reconocibles en el panorama de terror hispano. En esta ocasión, sin embargo, parece haber tirado la toalla en su intento de recuperar parte del espíritu narrativo que lo hizo famoso hace ya casi dos décadas. Este quizás no sea su peor trabajo, pero ciertamente es muy mejorable, aunque creo que sus principales problemas tienen que ver con un argumento poco atractivo que necesitaba quizás de las dosis de terror que este director sí ha sabido implementar correctamente en el pasado, en lugar de ese sonrojante cuento de fantasía sentimental en el que termina convirtiéndose.

Reseña: The Hole in the Ground (2019)

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Recuerdo haber visto, antes de su estreno, varios avances de The Hole in the Ground (2019), algo que levantó muchas expectativas en su momento que no se vieron cumplidas una vez salió, ya que de repente desapareció de mis radares sin siquiera ser reseñada por mucha gente de cuyo criterio me suelo fiar. Por otra parte no me sorprende, ya que pese a su envoltorio preciosista y la manera tan efectiva como intentaron venderla, esta producción irlandesa es en realidad una película muy sencilla y minimalista que recuerda a muchas otras que hemos visto en el pasado, aunque la ejecución sea de un nivel más alto de lo que se suele permitir una historia de este tipo.

La historia a la que me refiero es otra versión más de ese horror al que estamos tan acostumbrados, en el que una joven madre y su niño pequeño luchan contra una amenaza que podría ser o no de origen sobrenatural y que en esta ocasión parece estar relacionada con un misterioso cráter en medio del bosque a donde la protagonista ha ido a vivir con su hijo. Este impresionante paisaje de bosque tupido en medio de la nada y la enigmática brecha en la tierra son los verdadero personajes principales, y no digo más porque me parece que ya el trailer de la película revela demasiada información en cuanto a la naturaleza de la historia y del peligro al que se enfrentan sus protagonistas, uno que además está muy relacionado con los mitos y leyendas que impregnan la cultura rural de Irlanda.

De hecho, es este trasfondo cultural lo que constituye la marca de identidad más evidente de una cinta rodada en tan hermosa locación y con un acento irlandés de lo más marcado (me costó entender muchos de los diálogos sin subtítulos), pero al mismo tiempo la historia de lo que ocurre a la madre y al hijo está realizada de forma mucho más sutil que en otras producciones recientes como The Hallow (2015), la cual tocaba temas similares pero de forma mucho más efectista y festiva. Esta es una película más modesta, lenta a pesar de que sólo dura hora y media, pero también en ocasiones mucho más inquietante y si al final resulta poca cosa es sólo porque la resolución del misterio me pareció demasiado básica y poco ambiciosa, ya que la cinta no parece querer ir más allá de lo ese enigma doméstico, sin adentrarse en una trama más compleja que sí han mostrado otros ejemplos, no sólo dentro de la mitología irlandesa sino incluso dentro del fenómeno del Doble. Recuerdo que pensé que dicho misterio sería sólo el punto de partida de algo mucho más grande, pero para mi decepción no fue así.

Al final, pese a ciertas imágenes muy poderosas y una estética impresionante de cuento oscuro y malévolo, The Hole in the Ground es una película demasiado pequeña como para ser realmente memorable. Ojo sin embargo a su director, Lee Cronin, que podría traernos una sorpresa en el futuro. El hecho de que esta película haya sido distribuida en los Estados Unidos por A24, que parece estarlo petando últimamente en el terreno de eso que se suele tildar (por desgracia) de terror “serio”, me hace tener esperanzas de que pueda embarcarse en un trabajo mucho más interesante de aquí a nada.

Reseña: El secreto de Marrowbone (2017)

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Juan Antonio Bayona produce este debut como director de su guionista habitual Sergio G. Sánchez, y la verdad es que la influencia de ambos se nota mucho ya que El secreto de Marrowbone (2017) guarda muchas similitudes tanto estéticas como temáticas con cintas como El orfanato (2007). Entre estas similitudes se encuentran su preciosa fotografía y el énfasis en un argumento que, como suele ser el caso en muchas de estas producciones españolas de los últimos años, concentra gran parte de su efectividad en un secreto que se mantiene oculto durante la mayor parte del metraje hasta la ya inevitable resolución final, momento que suele dividir al público de forma irreconciliable.

Debo decir, sin embargo, que en esta ocasión dicha trama me pareció mucho más interesante que la de aquella película con Belén Rueda, y Sánchez consigue además una atmósfera tremendamente opresiva al contar la historia de un grupo de hermanos refugiados en un caserón familiar de un apartado pueblo costero americano y que deben lidiar con una presencia que parece habitar en sus paredes y manifestarse a través de los espejos. El por qué de esta presencia fantasmal, así como el estado de soledad de los hermanos en medio de aquel caserón en ruinas son cosas que se mantienen deliberadamente ocultas a un público, pero a pesar de esto la película consigue escenas realmente aterradoras (a las que ayuda el hecho de haber rodado en una locación real con luz natural) que sin embargo ceden protagonismo a un misterio en la trama por el que al menos yo me sentí genuinamente interesado, cosa que no me suele pasar en este tipo de películas.

Es este ambiente creado mediante la estética, la música y la fotografía lo que me parece más destacable incluso a pesar de que termina lanzando a la película a su propia realidad; la historia está supuestamente ambientada en 1969 pero todo parece mucho más antiguo, como si ese pueblo de Nueva Inglaterra se hubiese quedado anclado en el tiempo reflejando el estado ruinoso de la casa en la que habita el grupo de hermanos. En este sentido, la presencia de la chica del pueblo interpretada por Ana Taylor Joy y su subtrama amorosa con el protagonista se sienten como el único rayo de luz en medio de una decadencia opresiva tanto como la de esa casa habitada por el fantasma de la muerte. Son detalles muy interesantes que se perciben sin embargo de forma intuitiva ya que el argumento llega a extenderse demasiado y hace a la película demasiado larga.

Es por este motivo que la sorpresa final se ve venir desde mucho antes, pese a que no termine de arruinar la película del todo. Lo cierto es que es un trabajo muy eficiente con pocas concesiones al horror y más parecido a un drama de época al que se le han añadido algunos elementos de thriller tales como el misterio que rodea a la familia y una subtrama de familia marcada por el odio y la violencia. Pero funciona, aunque el resultado final termine siendo, al igual que como ocurría en El orfanato, tremendamente light y oprimido por un melodrama que aquí, debo decir, funciona mucho mejor. Con todo y sus medianías, la verdad es que me ha gustado.

Reseña: Revenge (2017)

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Pese a que, poniéndonos puristas, podríamos abrir una discusión acerca de si pertenece o no al género del que hablamos aquí, lo que sí quiero dejar claro es que Revenge (2017) es una película destinada a convertirse en un clásico por muchos motivos, y para mí es sin lugar a dudas el mejor rape & revenge de la historia, siguiendo la estela temática de otras obras del pasado como I Spit on Your Grave (1978) pero yendo mucho más allá y corrigiendo varios de los problemas y limitaciones que sus antecesoras mostraron en su momento. Esta producción francesa fue además una de las más sonadas del año pasado y una que cosechó grandes alabanzas críticas en todos los festivales donde se presentó, por más de un motivo.

Una de sus principales aportes es precisamente el haber dado una perspectiva femenina a este tipo de historia, algo que su directora y guionista Coralie Fargeat no tarda en explotar a través de la transformación de su heroína de mujer florero a víctima y luego a justiciera, sin condescencia alguna y sin caer en las trampas de una premisa que es, en muchos sentidos, una de las más extendidas fantasías masculinas que se repiten de forma invariada de vez en cuando. La película de hecho no se centra tanto en la vejación de su personaje principal (brillantemente interpretada, además, por la joven Matilda Lutz, a quien ya habíamos visto antes) puesto que la violación ocurre en una elipsis; por el contrario lo que más destaca es la traición por parte del hombre que ama y que se pone inmediatamente del lado de sus agresores dejándola además por muerta en medio del desierto, en una escena cruel pero fugaz y que anticipa el renacer de la chica en forma de sangriento ángel vengador.

Y es precisamente aquí donde viene el mayor punto de inflexión de Revenge, y es que toda la violencia que muestra, desde el momento en que la chica es dejada por muerta en adelante, es tan exagerada que rompe por completo el tono más o menos realista que la película mostraba hasta ese momento. Confieso que cuando la vi inicialmente me costó un poco aceptar esto, y sospecho que la valoración que cada quien haga de esta película tendrá mucho que ver al final con hasta qué punto se es capaz de suspender la incredulidad ante aquello que vemos. En mi opinión vale la pena; una vez que aceptamos que no estamos ante una película realista, el disfrute es inmeso y la cinta se convierte en un trabajo frenético e implacable que nos entrega grandes escenas una otras otra hasta desembocar en un glorioso final. Además, estoy seguro de que la mayoría (me incluyo aquí, por supuesto) habríamos aceptado más estas exageraciones si el protagonista hubiese sido un hombre, ya que el cine de acción está tapizado de ejemplos similares.

Revenge además rompe con varios de los estereotipos de este género al mostrar a una protagonista cuya vejación no le arrebata su sexualidad, como suele por lo general ocurrir. Fargeat no oculta el físico de su heroína ni siquiera en los momentos más desagradables (y de esos hay muchos, sobre todo cuando esta está recuperándose de sus heridas), tal como demuestra el constante exposición del cuerpo de la chica y la destacada presencia de esos pendientes de estrella rosa que destacan muchísimo en medio de una estética preciosista y mucho más cuidada de lo que este subgénero suele tener. Así que dejad cualquier prejuicio a un lado y echadle un vistazo. En lo personal me ha encantado y a pesar de que no la vi en las mejores condiciones se convirtió en una de mis favoritas de su año. Exagerada, ruidosa, pero también una gran obra que no sólo reinventa el rape & revenge sino que lo dignifica.

 

Reseña: Cuento de Navidad (2006)

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Nuestra trilogía decembrina de este año cierra con una entrada que debería haber caído por aquí hace mucho tiempo, en los inicios mismos de este blog. El telefilme Cuento de Navidad (2006), sexta y última de aquellas Películas para no dormir que produjo Narciso Ibañez Serrador a mediados de los dos mil (y de las cuales todavía nos queda una por reseñar) es una que además ha crecido en mi recuerdo con el pasar de los años, y un nuevo visionado reciente me ha servido para darme cuenta no sólo de que estamos ante la que con toda seguridad es la mejor de su particular ciclo, sino también ante uno de los mejores trabajos del director Paco Plaza. Es una película que además engaña al público tentándole con la carnada de la nostalgia facilona de los ochenta para luego adoptar un tono y contexto oscuro y violento que poco tiene que ver con la Navidad pero que aún así no pierde en ningún momento su perspectiva infantil.

Esta perspectiva a la que me refiero es porque, como todos sabemos, la película está ambientada en un pueblo costero en la España de los ochenta y protagonizada por un grupo de niños que descubren en un agujero en medio del bosque a una ladrona de bancos vestida de Papá Noel, a la que torturan y maltratan para intentar localizar el dinero que ha robado. Esta premisa de la que parte todo es interesante no sólo por mostrar el siempre efectivo tabú de la crueldad infantil sino también porque representa un giro tremendo con unos chavales que en las primeras escenas constituían una referencia a los Goonies y al Equipo A y que terminan viviendo su propia aventura pero como villanos, todo de una forma muy grotesca y malsana pero también muy efectiva y por momentos genuinamente desagradable.

El tono infantil se mantiene también no sólo a través del ambiente desfasado de “veraneo” o la batería de referencias a los años ochenta que hay (sobre todo la secuencia inicial) sino en detalles estéticos como el hecho de que, salvo la ladrona, nunca vemos la cara de ningún personaje adulto, lo que mantiene a los niños de protagonistas. Y lo mejor de todo es que en ningún momento se siente condescendiente hacia los críos, ni siquiera durante el clímax de persecución, que es el único momento en que la película parece bajar la guardia en cuanto a su oscuridad a la hora de intercalar la violencia con momentos de humor hechos a costa de su antagonista y que se ven de repente truncados por un desenlace oscuro y siniestro que francamente no me esperaba y que le sienta de maravilla al relato.

El experimento de Ibáñez Serrador con Películas para no dormir no terminó lo que se dice demasiado bien ya que no tuvo continuidad ni ayudó particularmente a impulsar las carreras de los directores en él involucrados, pero ahora, doce años después de su estreno, Cuento de Navidad merece convertirse en un ejemplo de un relato de terror sencillo pero efectivo, y sobre todo un nuevo clásico navideño sumamente cruel que merece mucho la pena. Como propósito para el Nuevo Año prometo ponerme al día y reseñar el último de estos seis telefilmes que nos queda por visitar, así que si no los habéis visto ya tenéis algo que hacer.

Reseña: Suspiria (2018)

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Tras una espera que se ha hecho eterna, finalmente ha llegado el momento; más o menos desde la época lejana en que iniciamos este blog llevamos escuchando acerca de un remake de Suspiria (1977), y ha sido sólo ahora, más de cuarenta años después, cuando ha salido esta nueva versión dirigida también por un italiano, Luca Guadagnino. El resultado será otra de esas cintas polémicas que dividirán al público en bandos irrenciliables, porque lo cierto es que esta nueva Suspiria (2018) es una película que muy poco tiene que ver con la original de Argento y aunque la referencia en más de una ocasión, se trata de un trabajo muy distinto que sigue su propio camino y su propio discurso, uno que requerirá del espectador una alta dosis de paciencia que en mi opinión se verá ampliamente recompensada.

En esta ocasión la trama se mantiene dentro de Alemania pero se traslada de Friburgo a Berlín en 1977, año de estreno de la cinta original y también en plena Guerra Fría con una ciudad dividida y sumida en la violencia. También es una ciudad gris, fría y triste, un ambiente diametralmente opuesto a la colorista propuesta de Argento. Es a esta ciudad a la que llega Susie, una joven aspirante a bailarina que abandona su América rural para entrar a vivir en una misteriosa academia de baile regentada por mujeres. Por supuesto, y esto es algo que la propia película no tarda en revelar ya desde una temprana (y gloriosa) escena de muerte, esta academia no es más que la tapadera de un aquelarre de brujas inmersas en una lucha por el poder y deseosas de buscar a una elegida que las ayude a completar un ritual del que no sabemos casi nada pero que se presagia como algo terrible.

Este conflicto no sólo dota a la película de un ángulo de misterio adicional sino que también sirve a las intenciones de Luca Guadagnino de reflejar la vida en una capital partida en dos que recoge como pocos lugares todos los demonios de la historia de Europa, y es precisamente a través de la representación de estas brujas y su lucha contra el mundo exterior donde vemos que se trata de una cinta muy actual a pesar de su ambientación, un trabajo además soberbio que pese a su duración de dos horas y media (casi una hora más que la cinta original) seduce prácticamente desde el primer minuto. Es también, como comentaba arriba, una película que requiere grandes dosis de paciencia, ya que es deliberadamente lenta y sobre todo muy gris y deprimente: en una clara contraposición a la película de Argento que no ha gustado nada a sus fans, este remake utiliza una paleta apagada sin colores primarios en la que lo que más destaca probablemente sea la sublime y absolutamente mágica presencia de su protagonista Dakota Johnson, que está aquí magnífica sobre todo en esa delirante secuencia final, sin duda la más entregada al horror y aquella que el espectador inevitablemente terminará recordando.

Es difícil recomendar esta nueva versión de Suspiria ya que es completamente distinta a la original, y sin embargo Guadagnino ha conseguido tomar la cinta de Argento y reconvertirlo en algo maravilloso que no sólo reinventa la original adaptándola a los tiempos modernos sino que además hace una muy atractiva revisión de la parte más oscura de la historia europea. Todos los aspectos técnicos son asimismo sobresalientes, y sus soberbias actuaciones apuntan a que este es un trabajo que, más que complacer al aficionado medio de cine de terror parece haber sido hecho para optar a la mayor cantidad de premios posibles. Con todo y eso su recepción ha dividido al público y despertado opiniones encontradas. Por mi parte me ha parecido una auténtica obra de arte que hace falta ver, y lo mejor es que seguramente tendremos oportunidad de hacerlo fácilmente: la película es también una de las producciones más publicitadas de la división cinematográfica de Amazon, con lo que su pronto estreno en su plataforma de streaming está más que asegurado. No os la perdáis.

Reseña: Apostle (2018)

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Abordando esta vez algo muy diferente a sus dos entregas de The Raid, el director Gareth Evans trae la que probablemente sea su película más extraña hasta la fecha, y no porque sea inaccesible sino porque parece haber decidido meter en ella todas las ideas que se le han venido a la cabeza de forma simultánea. Es así como Apostle (2018) es a la vez una historia de fanatismo religioso, una aventura de época, un relato de heroísmo y un cuento de terror sobrenatural. El si la mezcla funciona es algo que dependerá en gran medida de cada uno y de cómo se sea capaz de asumir un trabajo de esta magnitud que parte, eso sí, con algunas desventajas, aunque con todo y eso es una película estimulante que merece mucho la pena.

Quizás por eso, por lo interesante de la historia y por el innegable talento y grandes ideas que hay detrás se hacen tan evidentes las carencias que la película ostenta y que uno decide al final ignorar: todo el argumento base del héroe fallido que parte a una isla de fanáticos religiosos a rescatar a su hermana tiene los toques de una aventura siniestra al estilo de The Wicker Man (1973), pero dicha comparación se revela como inadecuada prácticamente desde el principio ya que el componente sobrenatural no se encuentra tan presente en las vidas de este culto como en aquella cinta de Robin Hardy. De hecho, y esto es algo que me sorprendió sobremanera, el lado fantástico de Apostle es algo en lo que realmente no se profundiza a pesar de que se encuentra en el centro mismo de un argumento que prefiere explorar más la violencia del grupo de fanáticos y sus propios conflictos por el poder. Esto tiene la triste consecuencia de que la historia y mitología de la isla y los pormenores del culto que en ella habita parecen pasar a un segundo plano.

Lo que sí se ve beneficiado en ese sentido es la figura del protagonista y su misión. He leído muchas reseñas con opiniones encontradas acerca de la actuación del actor principal, Dan Stevens, a quien ya habíamos visto en películas como The Guest (2014) y que aquí hace un trabajo francamente extraño que por momentos parece desentonar con la ambientación de época de la cinta. Aún así, su actuación es algo que destaca mucho y por momentos parece transformarlo hasta el punto de hacerlo ver como una persona distinta a la de sus trabajos anteriores, con lo que el enfoque que la película hace sobre él hace que destaque más de lo que normalmente habría hecho. Su personaje encima tiene también una gran cantidad de matices y una historia previa que parece tener mucho peso y la cual, de nuevo, no es lo que se dice muy explorada.

Al final esos terminan siendo los problemas de Apostle: su multitud de ideas interesantes pero poco desarrolladas, sumada al estilo un tanto anacrónico de Gareth Evans (notable sobre todo en las escenas de acción) y el hecho de que algunos de sus puntos más atractivos como todo su lado de terror se dejan literalmente para el final de un metraje francamente pesado de más de dos horas. Todo esto daña, aunque no de forma irreversible, lo que sin embargo sigue siendo uno de los trabajos más singulares del año y uno que posiblemente no habría sido tan celebrado si sólo hubiésemos podido verlo en un cine. En este sentido, lo que terminó de revelarme el malestar que me había dejado ha sido algo que tiene que ver con las nuevas formas de consumir ficción que tenemos hoy en día, ya que este proyecto de Evans necesitaba la libertad que sólo puede dar una serie de televisión de diez capítulos que le habría venido muy bien, mucho más que un largometraje. Sin duda alguna hubiese sido una gloria.

Reseña: Inside (2016)

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Quiero creer que no soy el único al que esto le pilló de sorpresa; este largamente postergado remake de la francesa A l’intérieur (2007) terminó estrenándose sin que yo me enterase el año pasado, una década después de la original, y siendo casi completamente ignorado tanto por el público como por gran parte de la crítica. Los motivos no son de extrañar, ya que esta nueva versión titulada Inside (2016) llega a destiempo, mal y pasando por alto todos y cada uno de los elementos que hacían especial la película de Maury y Bustillo. Todavía no me explico cómo fue que pensaron que sería bien recibida, y exactamente cuál era el público al que estaba dirigido este invento.

El argumento es exactamente el mismo: una joven viuda en vísperas de parto es acosada dentro de su casa por una psicópata que desea arrebatarle a su bebé a toda costa, y lo que comienza como una situación tenebrosa de invasión domiciliaria se convierte rápidamente en un festival de sangre y violencia que ocupa casi todo el metraje. Hay que señalar que a pesar de estar rodada en inglés y con un elenco hollywoodense (Rachel Nichols y Laura Harring retomando los papeles que hicieran Alysson Paradis y Béatrice Dalle) se trata esta vez de una producción española apadrinada nada menos que por Jaume Balagueró, quien además co-escribe el guión entregando la dirección a Miguel Ángel Vivas, el mismo de la similar pero muy superior Secuestrados (2010), aunque poco hay aquí de su estilo y fuerza. Por el contrario, se trata de una cinta mucho más convencional y light que la original, la cual era bastante incómoda de ver y se ganó gracias a su brutalidad un puesto como una de las más sonadas obras de esa fiebre que surgió por el cine de terror francés de mediados y finales de los dosmil.

A decir verdad ha sido este mi principal motivo de asombro, el que alguien haya decidido hacer una versión más ligera y digerible de una cinta cuya mayor baza era precisamente su tendencia por lo extremo y su regodeo en la violencia por encima de prácticamente todo. Esta por el contrario, y a pesar de su brevedad, tiene una mucho mayor cantidad de diálogos, una mayor historia de trasfondo de sus personajes, y sobre todo un énfasis en la trama muy superficial ya que se nos explican al detalle no sólo las motivaciones del personaje de Laura Harring para hacer lo que hace sino el cómo lo ha hecho, algo que no interesa y que con toda seguridad nadie habría pedido. A esto hay que sumar intentos supérfluos de hacer la trama más dramática, como por ejemplo el hecho de que la protagonista ahora es sorda, algo que no tiene ninguna relevancia para el desarrollo de la historia a pesar de que lo ponen como algo importante.

Eso es todo lo que puedo decir acerca de Inside: un remake francamente innecesario que recicla las cosas buenas de la original pero suavizadas, robándole así todo lo que tenían de interesante. Pongamos además un argumento perezoso lleno de salidas fáciles (llegado el momento la película parece olvidar que esta mujer estaba de parto) y un final bien masticadito y lo que nos queda es algo que todavía no entiendo para quién fue realizado. Lo único que le puedo conceder, la única sorpresa positiva que me llevé, fue el hecho de que sus responsables decidiesen sabiamente no usar el mismo final de la original (demasiado oscuro y deprimente para lo que esta película en el fondo es) y en cambio hubiesen decidido darle una satisfacción al espectador, la única en medio de todo esto. Sé que lo digo mucho pero por favor: ved la original.