Reseña: Antlers (2021)

El director Scott Cooper, quien tiene en su haber varias entradas «respetables» en el mainstream como Crazy Heart (2009), Out of the Furnace (2013) y Black Mass (2015), se estrena en el cine de terror con Antlers (2021), con la que viene a solventar dos importantes carencias: por un lado un merecido vehículo de lucimiento para la actriz Keri Russell, y por otro lado una nueva historia sobre el Wendigo, una de las criaturas más conocidas de la mitología rural americana y cuya inclusión en el cine de miedo es siempre bienvenida. Esta entrada además cuenta con muchas cosas a su favor y aunque resulta un tanto inconsistente en cuanto a los temas que toca, es probablemente una de las más efectivas y tenebrosas que se han hecho acerca de este monstruo.

La identidad de la criatura, por cierto, no es algo a lo que se le de mucha importancia por lo que puedes verla incluso si no estás familiarizada con ella. Algo curioso es que la trama se asume como sobrenatural desde el principio por lo que la protagonista (una maestra de escuela que descubre que lo pensaba originalmente como un caso de abuso infantil tiene un origen mucho menos terrenal) va descubriendo el origen de algo que como público ya conocemos; la presencia de una criatura inhumana que queda liberada por accidente y a la que ella y su hermano deberán enfrentar a como de lugar.

Como decía, la película tiene muchas cosas a favor: un elenco sólido, una ambientación y fotografía magnífica y unos efectos especiales y diseño de monstruo espectaculares que elevan el acabado final a algo muy por encima de los humildes preceptos de una creature feature convencional. Precisamente el diseño de la criatura es particularmente bueno y memorable, y algo en lo que se nota mucho la mano de Guillermo del Toro como productor. Es tan bueno, de hecho, que hace que pasemos por alto lo genérica que resulta la historia y la manera en que gran parte de su mensaje sobre el maltrato y los daños irreparables de la industrialización son dejados de lado sin nunca desarrollarse a plenitud.

Esta superficialidad sobre cuestiones que parecían más importantes en un principio son la única crítica real que le puedo hacer, porque todo lo demás resulta tremendamente disfrutable y la película se asume desde el principio como una historia de terror oscura y muy violenta con algunos pasajes realmente duros de ver. Es una lástima que no haya tenido éxito en el momento de su estreno aunque ahora que ha comenzado a aparecer en servicios de streaming está comenzando a ser descubierta por muchos que en su momento la dejaron pasar, incluyéndome. Está muy bien.

Reseña: El páramo (2021)

Primer estreno importante del año, El páramo (2021) es una producción española apadrinada por Netflix para su distribución. También es una película de terror muy sencilla tanto en premisa como en ejecución, con un elenco muy reducido y una única locación que sin embargo se aprovecha muy bien. Sus limitaciones probablemente se deban a motivos que van más allá del ángulo creativo (es, después de todo, una película producida en plena pandemia) pero si es así no se nota porque es precisamente eso lo que le da su efectividad al fin y al cabo.

Si algo le sobra quizá sea ese comentario en el pr´ólogo que sitúa la película en la España en guerra del siglo XIX, en el cual una pareja y su pequeño hijo deciden aislarse del mundo y del conflicto en una solitaria cabaña en medio de una llanura que parece infinita. Digo sobra porque la verdad es que la ambientación está muy bien y le da un carácter atemporal y casi de otro mundo que se rompe un poco si se le da un contexto concreto, pero al final es lo de menos. Lo realmente importante es lo que ocurre producto de ese aislamiento, cuando la soledad, la locura y una presencia maléfica comienzan a hacer estragos en la familia poniéndolos en peligro.

Aquí es donde probablemente comenzaron los problemas para mí ya que pese a que la idea de la que parte es muy buena y la estética recalca esa premisa en todo momento, lo que realmente pasa en la película es una historia de terror muy común que probablemente hayáis visto muchas veces. Yo mismo tuve la «suerte» de ver esta película poco tiempo después de haber visto The Wind (2018), una cinta de terror sobrenatural ambientada en el oeste americano que se parece mucho a esta tanto en su planteamiento base como en el desarrollo y los trucos que lleva a cabo. Esta incluso tira por tierra gran parte de sus aciertos una vez que abandona la ambigüedad de la que hacía gala al principio y se rinde a la recreación de una película de monstruos superficial con un acabado más preciosista de lo que estamos acostumbrados.

Con todo y eso tiene sus innegables aciertos: el elenco está muy bien incluso sin tener en cuenta que no me suelen gustar estas historias de terror rural centradas en niños, la pel´´icula se va poniendo más siniestra a medida que avanza el metraje, y como decía arriba gran parte de su efectividad reside en la maravillosa estética y el paisaje en el que se desarrolla todo, sobre todo durante el desenlace. Lástima que en todo lo demás se me hizo muy familiar y, siendo sinceros, poco aprovechado.

Reseña: Humanoides del abismo (1996)

Carne de videoclub en estado puro, esta nueva versión de Humanoides del abismo (1996) forma parte de una serie de remakes televisivos que Roger Corman realizó de varias de sus películas clásicas para la cadena Showtime. Aquí en este blog de hecho ya reseñamos en su momento una de ellas, y esta sigue más o menos la misma senda: un elenco de actores en horas bajas y unos valores de producciones menores incluso que los de la original, pero sobre todo (y esto creo que es lo peor del asunto), un acabado mucho menos extremo que el de su antecesora y una voluntad de hacerla al menos en parte más digerible para todos los públicos.

Siguiendo la estela de la original, esta nueva versión transcurre también en un pequeño pueblo costero de los Estados Unidos donde un vertido ilegal de productos químicos ha propiciado la aparición de monstruos anfibios que se dedican a matar a todo el que encuentran y secuestrar a hembras humanas con las que aparearse. La principal diferencia esta vez es que los monstruos en cuestión son humanos modificados genéticamente por un experimento fallido del ejército y que han escapado a las cercanías del pueblo, donde la presencia del vertido les ha hecho más poderosos.

El añadido de la trama militar es quizá lo único interesante que la película tiene ya que introduce un ángulo de crítica antigubernamental del que la primera película carecía, aunque ello no se traduce necesariamente en grandes cambios; la mayor parte del argumento ni siquiera tiene que ver con esto sino con los intentos de los protagonistas por rescatar a una chica en peligro y derrotar a la amenaza de los monstruos que por supuesto terminan atacando al pueblo. Tampoco estas escasas ambiciones están bien llevadas a cabo: por momentos pareciera que los personajes se olvidaran de la chica desaparecida, y los valores de producción de la película son tan bajos que cuesta mucho tomársela con la más mínima seriedad. El ejemplo más sangrante de esto quizá ocurre durante el clímax, cuando los monstruos atacan una feria en el puerto: las escenas en exteriores (¡incluyendo a los monstruos!) son metraje reciclado de la original de 1980, y estas escenas se intercalan con los personajes protagonistas de esta en otra locación en interiores, en una secuencia tan chapucera que no me lo podía creer mientras lo estaba viendo.

Al cutrerío generalizado hay que añadir, por supuesto, el hecho de que esta versión suaviza en gran medida el contenido más transgresor de la original en lo que se refiere a la fascinación perversa por la sexualidad de los monstruos. Es cierto que aquellas escenas de la versión de 1980 que incluían agresiones sexuales de las criaturas hacia mujeres humanas eran de un muy cuestionable gusto, pero también es verdad que ese detalle argumental era una de sus principales señas de identidad y esta película tampoco se preocupa por sustituirla por nada más. Lo único que consigue es proyectar una luz positiva sobre la original, que sin ser una obra maestra resulta mucho más disfrutable que esta versión desdentada y francamente mediocre. Siento curiosidad, sin embargo, de ver otras de estas versiones tardías de la obra de Corman, así que quizá caiga alguna más en el futuro.

Reseña: V/H/S 94 (2021)

Probablemente parezca difícil de creer, pero V/H/S 94 (2021) es una película que esperaba con muchas ganas, ya que este regreso de la saga de antologías de metraje hallado (producida y estrenada esta vez en la plataforma de streaming Shudder) fue precedida por un gran hype que auguraba un retorno al estilo de terror que la hiciera popular en su momento. Por desgracia el resultado ha estado muy por debajo de lo que esperaba, no solo en cuanto a la calidad de sus historias sino incluso en cuanto a su adherencia a la premisa principal, que en esta ocasión parece más bien un agregado superficial cuando antes era lo más importante.

Nuevamente tenemos un marco narrativo en el que un grupo de fuerzas especiales de la policía irrumpe en el escondite de un misterioso culto en el que encuentran un lote de cintas de VHS con siniestras historias de terror supuestamente reales. El hecho de ambientar la película en el año 1994, a decir verdad, no parece tener demasiada importancia y apunta únicamente a cierta estética nostálgica que se aprecia solo en una de las cuatro historias que incluye la antología, en la que un equipo de reporteros de una cadena local se adentra en el alcantarillado en busca de un monstruo de leyenda y termina encontrando más de lo que puede manejar. El resto de las historias son perfectamente atemporales, con lo que la premisa tampoco es que se aproveche mucho.

La verdad es que ninguna de las cuatro historias resulta muy memorable. La cinta tiene un gran acierto al incluir nuevamente al director indonesio Timo Tjahjanto, quien ya había trabajado en V/H/S 2 (2013), la mejor película de la saga, y su historia es lo suficientemente desquiciada y poco convencional para llamar la atención, pero es en el fondo una comedia gore que parece más bien una parodia del género de terror (este aspecto paródico, por cierto, está presente en los cuatro segmentos) y, sobre todo, no justifica su adherencia al formato de metraje hallado. A decir verdad, este fue mi principal problema con la antología en general: ninguna de las cuatro historias aprovecha realmente el punto de vista subjetivo más allá de la aplicación de un filtro a la imagen para darle su apariencia de videocámara noventera; todas ellas contienen planos elaborados, contraplanos y montaje preciso que sigue a los actores y a las escenas sin fallo alguno, con lo que en realidad cualquiera de ellas podría haber sido rodada con una perspectiva tradicional de tercera persona.

No me pareció tan terrible como la tercera entrega de la saga, pero esta nueva entrega de V/H/S ha terminado siendo una ligera decepción debido a lo poco memorable de sus historias y al triste desaprovechamiento de su premisa y formato. No he mencionado la historia que enmarca todo porque honestamente me pareció lo peor y con un nivel de calidad muy por debajo de todo lo demás gracias a sus actuaciones y valores de producción dignos de una parodia porno. Como antología contiene algunos pasajes e ideas interesantes, pero lo cierto es que mentiría si no dijera que esperaba mucho más de este regreso.

Reseña: The Mortuary Collection (2019)

Definitivamente los últimos años me tenían malacostumbrado, porque en un mundo plagado de antologías de terror cutres (salvo contadas excepciones), The Mortuary Collection (2019) es una auténtica gozada y una de las representantes más dignas de este subgénero, la prueba de que este se puede hacer bien incluso recurriendo a la superficial carnada de la nostalgia. Esto último lo digo porque un vistazo a la estética y estructura de esta cinta es suficiente para emparentarla con otras antologías de relatos autonconclusivos y anfitrión siniestro al estilo de Cuentos del lado oscuro o, por supuesto, Cuentos de la cripta, que siempre es la referencia más evidente. Sin embargo, este trabajo tiene virtudes propias más allá de sus muy evidentes influencias.

En este caso son tres las historias (cuatro sin contamos lo que se cuenta en el marco narrativo que las engloba), las tres de estilos y referentes muy distintos pero las tres realizadas por el mismo director, el debutante Ryan Spindell. Es precisamente la unidad creativa de tener todos los segmentos realizados por el mismo cineasta lo que da a la película gran parte de su efectividad, dándole además una coherencia interna que mezcla terrores lovecraftianos, comedia de body-horror y hasta una curiosa vuelta de tuerca al género slasher, siempre desde la estética y el espíritu retro que se ven coronados aquí por ese magn´ífico marco narrativo presidido por Clancy Brown en el papel de maestro de ceremonias.

Y lo mejor de todo quizá sea el hecho de que su estética y estilo festivos no impiden un tratamiento de lo más oscuro en algunos de los argumentos, sobre todo en el marco de la historia, una especiamente siniestra considerando el subtexto y una cuya resolución augura nuevas entregas de algo que podría dar mucho de sí. No sé qué tanto éxito pueda haber tenido ni he leído nada acerca de posibles nuevas entregas, pero es sin duda algo que vería como perfectamente posible.

No la vean esperando encontrar algo novedoso o que en cierta forma reinvente el concepto de las antologías de terror. Si la ven que sea para disfrutar de un trabajo muy efectivo que consigue el nada fácil equilibro de calidad en sus historias, uno que no esperaba me fuerga a gustar tanto y que ante mis ojos se ha convertido en otro de estos ejemplos a recordar de lo que llevamos de siglo, en un nivel similar al que ya vimos en obras como Trick ‘r Treat (2008), V/H/S 2 (2013) o Southbound (2015). Muy buena, sin duda, y recomendable hasta decir basta.

Reseña: Gaia (2021)

Con un rodaje terminado por los pelos durante la pandemia, la producción sudafricana Gaia (2021) es eco-terror del bueno con un empaquetado muy sencillo que oculta una discreta pel´ícula de monstruos de ambientación selvática y mensaje naturalista. Lo que me ha parecido curioso es que la película tiene sus mejores momentos precisamente en las escenas más efectistas, y resulta menos atractiva en sus momentos de disertación filosófica o el drama pseudo-erótico que se manifiesta entre los tres personajes que consituyen casi la totalidad de su elenco. Es una cinta curiosa que probablemente jamás habría visto fuera de un festival pero que maneja muchas ideas que me gustan y que no suelo ver a menudo.

Como bien se puede intuir por el título, el centro de la trama lo ocupa la representación de la naturaleza como un ente con cierto grado de voluntad, concretamente en una selva en la que una mujer perdida debe lidiar con un par de chalados que viven recluidos en una cabaña protegiéndose de una extraña forma de vida omnipresente que amenaza todo aquello que entre en sus dominios y que se extiende a través de esporas y hongos transformando todo lo que toca en horribles y violentas mutaciones.

A esta premisa de supervivencia y estado de sitio se agregan escenas muy gráficas y elaboradas de body horror y unos monstruos humanoides que recuerdan mucho a las criaturas de The Last of Us, tanto que no me extrañaría que dicho juego fuese parte de la inspiración del guión. Sin embargo, tal como mencionaba arriba, la mayor parte del metraje se va en la interacción entre los tres personajes del elenco, que mantienen largas discusioes acerca de la vuelta a la naturaleza y la corrupción del hombre gracias a la tecnología, a la vez que la protagonista busca escapar con el miembro más joven de la pareja de ermitaños quien parece estar viviendo sus primeras dudas fruto de su despertar sexual.

El énfasis en los diálogos y la discusión muy probablemente tenga motivos presupuestarios, ya que a la hora de la verdad esto es una película de zombis con mensaje ecologistas y es allí donde consigue sus mejores momentos, tanto en los (escasos) ataques de las criaturas como en las fascinantes transformaciones de aquellos que caen víctima de los efectos de esa forma de vida que habita la selva y que por fortuna nunca es explicada, lo que le añade una capa de misterio que resultó muy bienvenida. Todo esto es lo mejor y es una lástima que aparezca poco porque la película gana mucho cuando se rinde a su lado más superficial. El resultado es, sin embargo, un trabajo simpático que vale la pena.

Reseña: The Wretched (2019)

Pese a que la premisa de la que parte The Wretched (2019) es algo que hemos visto en muchas ocasiones, esta es una película que siento que hay que destacar porque es un trabajo que claramente tiene mucho talento detrás y unos directores pueden dar de qué hablar en el futuro. Las discrepancias entre su tono y estética contrapuestos con el público al que parece estar dirigido la convierten en algo poco habitual, pero creo que ahí reside también parte de su magia, aunque imagino que no todos estarán de acuerdo conmigo en esto.

A lo que me refiero arriba es que el argumento base del que parte tiene un evidente ángulo de terror juvenil: un adolescente en plenas vacaciones de verano sospecha que su vecina ha sido poseída por una bruja culpable de varios asesinatos y desapariciones misteriosas, y por supuesto se decide a desenmascararla poniendo en peligro su propia vida y la de sus seres queridos. Esta misma premisa la hemos visto ya en trabajos mucho más enfocados al público joven, desde Noche de miedo (1985) hasta Verano del 84 (2018), por no mencionar la también similar Disturbia (2007). Sin embargo, lo que diferencia The Wretched de estas es que el tono con el que se desarolla la historia es considerablemente oscuro y perturbador, con algunas escenas e implicaciones que difícilmente solemos ver en trabajos de target juvenil y sí en cambio en un terror más «adulto».

Esto lo digo no solo por la idea en sí de una bruja que devora niños, sino porque todo el ángulo de terror incluyendo (mejor dicho, sobre todo) las escenas del monstruo están abordadas desde la más abosoluta seriedad y con algunos pasajes realmente siniestros que hablan de un imaginario de terror que hace pocas concesiones y que en mucha ocasiones no parece calzar tan bien con las partes de los jóvenes haciendo trabajo detectivesco o la ya inevitable escena de uno de ellos explorando la casa mientras el otro monta guardia. Quizá haya sido esta ambivalencia la que haya hecho que la recepción de la película no fuera tan entusiasta como merece, porque de verdad me ha parecido un trabajo muy bueno. Si es que incluso el material publicitario, carteles y trailer incluído, la hacían parecer como más adulta de lo que en el fondo es.

Con todo y eso me parece muy buena y pienso que sus dos directores, responsables también de la comedia de zombis Deadheads (2011) tienen en sus manos algo que podría dar sorpresas muy positivas en un futuro. Desde aquí solo puedo decir que estaré muy pendiente.

Reseña: Basket Case 3 (1991)

Dispuesto ya a terminar la saga me decidí finalmente a ver Basket Case (1991), tercera y última entrega, y el resultado ha sido descubrir que sigue más o menos la senda de la segunda: en esta ocasión hay un mayor presupuesto, una mayor inclinación hacia la comedia, nuevas criaturas y una mayor entrega (si cabe) a los excesos de la segunda parte, algo por otro lado típico de aquel momento de la carrera de Frank Henenlotter. También es, curiosamente, más sangrienta que su antecesora inmediata, pese a que según lo que he podido leer Henenlotter tuvo que hacer serios recortes a su guión original precisamente para rebajar el gore y la violencia que tenía planeada.

La trama tiene lugar inmediatamente después del desenlace de Basket Case 2 (1990) (hay incluso con un pequeño recuento de este en los primeros minutos) con Duane y su hermano Belial nuevamente separados mientras este último aguarda el nacimiento de su pequeña prole. Este nacimiento es lo que ocasiona que el grupo de monstruos se traslade a una mansión en Georgia donde habita un excéntrico médico acostumbrado a lidiar con monstruos, pero la presencia de la tropa (y, de nuevo, los intentos de Duane por escapar) causarán un enfrentamiento con las fuerzas del orden locales.

Precisamente es este enfrentamiento con la policía lo que da pie a uno de los detalles más interesantes de la película y que ya se venía anticipando con la segunda parte, y es que a diferencia de la primera cinta, los monstruos (Belial incluido) han pasado a ser los héroes del argumento, una pandilla de seres incomprendidos que solo desean la felicidad y a quienes la gente «normal» constantemente intenta destruir, en este caso mediante el secuestro de los hijos de Belial. Mediante esta dinámica la película consigue algunos de sus mejores momentos en la representación festiva de los fenómenos, con detalles como un pequeño número musical protagonizado por Annie Ross, quien vuelve como la matriarca de los monstruos y que es sin duda una de las mejores cosas de la película. Pero también la parte violenta tiene sus sorpresas, y secuencias como la del asalto a la comisaría contienen algunas de las muertes más desagradables y disparatadas del metraje, a pesar de que las ansias de la cinta por hacerse más familiar hayan rebajado considerablemente el contenido gore que por momentos se intuye.

Más que las otras dos, Basket Case 3 no es una película que recomendaría a todo el mundo y quizá decepcione a aquellos que sean más fieles a la original, ya que el camino que toma es muy distinto. Sin embargo, sí considero que es un cierre más que decente para una trilogía que surgió prácticamente de la nada y que sirvió sobre todo para mostrar las buenas artes de su director. Curiosamente, esta película sería la última que Henenlotter dirigiría en casi dos décadas, iniciando un largo silencio como director que se rompería con el estreno de Bad Biology (2008), su último largometraje de terror hasta la fecha.

Reseña: Un lugar tranquilo 2 (2020)

Tras una larga serie de retrasos (incluyendo evidentemente el año de pandemia), finalmente nos llegó Un lugar tranquilo 2 (2020) y con ella una secuela muy esperada dado el tremendo éxito que tuvo la primera parte. En muchos sentidos es también una de esas grandes producciones llamadas (casi nada) a salvar las salas de cine luego de tanto tiempo de cierre, lo que podría explicar en parte al menos el recibimiento tan entusiasta que ha tenido. Por mi parte no puedo negar que me ha decepcionado un poco y me ha parecido por mucho uno de los trabajos más olvidables de este año, al menos hasta ahora.

El motivo principal de mi decepción muy probablemente tenga que ver con lo increíblemente parecida que es a la primera película. Su director John Krasinski (quien por motivos evidentes no protagoniza esta vez y limita su presencia como actor al prólogo) no solo repite la misma estructura de su anterior película sino que también lo hace con escenas específicas que parecen calcadas a las de la primera parte. Esto, sumado al hecho de que esta secuela transcurre literalmente segundos después del final de la primera (incluso haciendo referencia directa a planos y momentos de esta como si no hubiesen pasado tres años desde que la vimos) hace que por momentos parezca que estamos viendo una película que se montó a partir de escenas eliminadas de su antecesora.

En este sentido debo decir que lo mejor de la película para mí fue precisamente ese prólogo que vuelve a contar los orígenes de la llegada de los monstruos a la Tierra y que contiene algunas de las escenas más trepidantes y emocionantes de toda la cinta. En realidad la principal excusa de esta secuencia es la de introducir brevemente al personaje de Cillian Murphy, la única novedad de todo el metraje y que vendría a ser en cierta forma el sustituto de Krasinski aunque tenga un arco de redención como personaje muy distinto. Lo que sí me ha sorprendido es que esta vez el personaje de Emily Blunt tiene una participación mucho menor, cediendo el protagonismo a sus hijos (en especial a la hija sorda, que es quien pone la trama en movimiento) y si bien todavía tiene sus escenas de lucimiento no es para nada el centro de la película, hasta el punto en que podría perfectamente no haber estado en al menos la segunda mitad de esta.

Imagino que si eres alguien que disfrutó mucho de la primera esta no te parecerá mal, pero creo que incluso en este caso me concederéis que resulta una oportunidad perdida ya que esta continuación no ofrece absolutamente nada nuevo ni expande el mundo en el que se desarrolla de forma significativa, que es lo que en teoría una secuela tendría que hacer. Me ha parecido eficiente y, por lo menos a nivel técnico, a la par de su antecesora, pero en todo momento tuve la sensación de que aquello ya lo había visto antes, y una vez dejada atrás la novedad me supo más bien a poco.

Reseña: Basket Case 2 (1990)

En las últimas semanas he aprovechado para saldar varias deudas pendientes que tenía en cuanto a cine de terror de décadas pasadas, y entre ellas una de las sorpresas más positivas que me he llevado ha sido Basket Case 2 (1990), la cual nunca había visto hasta ahora y que me ha dejado muy impresionado porque tenía la impresión de que se trataría de una secuela alimenticia de una película genuinamente transgresora cuya trama para colmo había quedado bastante cerrada en su desenlace. Al final resultó ser algo muy distinto; esta segunda parte, si bien es considerablemente menos violenta que su predecesora, llega incluso a superarla en cuanto a su componente bizarro hasta el punto de ser una historia de todo menos convencional.

Por supuesto, el principal mérito que tiene es que a pesar de contar con un presupuesto más holgado y el respaldo de la SGE Home Video (una importante productora de cine para formato doméstico que para entonces estaba en su punto más alto), la cinta sigue estando escrita y dirigida por su creador Frank Henenlotter, un cineasta con una voz única que supo sortear las limitaciones de censura del mercado del directo-a-vídeo para darle a la película un giro distinto al de la primera parte pero sin llegarla a rebajar su eficacia. En esta ocasión los hermanos Duane y Belial, tras sobrevivir al final de la anterior película, son rescatados del hospital por una misteriosa anciana que los lleva a vivir con ella a su casa de campo donde habita con su hermosa nieta y un nutrido grupo de otros seres deformes y extravagantes a los que cuidan como si se tratase de su familia.

Es precisamente allí, en la incorporación de la familia de fenómenos, donde se encuentra el principal aporte de esta secuela y aquello que la convierte no solo en una comedia de terror sino también en una alocada historia de personajes marginados con deformidades absolutamente fantásticas e imposibles, incluyendo una versión femenina del propio Belial que pasa a ser el interés romántico del hermano monstruoso y da pie a algunas de las escenas más extrañas de toda la película. El énfasis que se hace esta vez en las criaturas (con unos efectos prácticos y de maquillaje muy superiores esta vez) es sin duda un alejamiento de la premisa slasher de la primera parte pero también dota a esta secuela de una identidad propia que la emparenta con otras historias de engrendos simpáticos como La parada de los monstruos (1932), de Tod Browning o Razas de noche (1990), de Clive Barker, que casualmente se estrenó el mismo año y con la que tiene varios puntos en común.

Por supuesto sigue teniendo sus puntos de terror; Belial sigue siendo un asesino, Duane sigue estando tan perturbado como siempre (excelente la actuación de Kevin Van Hentenryck, el mismo protagonista de la original) y la cinta contiene algunos pasajes muy oscuros e inquietantes incluso en sus momentos de risa, pero estamos ante un trabajo con un tono muy diferente al de su antecesora. Es también, sin embargo, una prueba de que Henelotter no dejó que una mayor cantidad de recursos le acomodara en el mainstream sino todo lo contrario; Basket Case 2 es una secuela muy digna que si bien disminuye la dosis de terror lo da todo en cuanto a locura y terror festivo. Una gozada.