Reseña: Prey (2022)

Reciente exitazo de Disney+ (aunque originalmente se trate de una producción de Fox) Prey (2022) es la nueva entrega de la saga iniciado por Predator (1987) y debo decir que resultó mucho mejor de lo que esperaba inicialmente. Algunas de las reseñas positivas que ha tenido son sin duda exageradas (no creo que sea mejor que la primera o siquiera la segunda) y que no deja de ser un ejemplo mediano de cine de acción inofensivo, sí puedo decir al menos que en muchos sentidos es una agradecida vuelta a la sencilla premisa de la original, algo que la saga necesitaba desesperadamente.

La sencillez de la premisa significa volver al enfrentamiento entre el monstruo alienígena y un único contricante humano, en este caso una joven cazadora comanche en la América del siglo XVIII que, mientras intenta mostrar su valía a los hombres de su tribu, se enfrenta cara a cara a una criatura de otro planeta que a venido a su vez a dar caza a los suyos. La idea es, como ya había mencionado en otra ocasión, muy buena y a la vez representa un escenario nuevo para este monstruo en particular, algo que por lo visto tenía muy claro su director, Dan Trachtenberg, quien explota el paisaje de las praderas americanas mediante una fotografía preciosista que constituye, junto con el diseño del monstruo, la única fortaleza estética de la película.

Con esto último quiero decir que si bien las locaciones son atractivas y el diseño del propio Depredador es muy bueno, el resto de la producción tiene en ocasiones una pinta muy barata de directo-a-vídeo que las originales no tenían. Esto es especialmente notable en lo que se refiere a la representación de la tribu con su estética cosplay, el abuso de un CGI de segunda categoría (sobre todo cuando se muestran animales salvajes) y la menor cantidad de violencia comprada con la original. Aparte debo reconocer que me ha molestado que los personajes indígenas hablasen todo el tiempo en perfecto inglés. Creo que haberla rodado en idioma comanche habría funcionado muy bien porque las mejores escenas no involucran diálogo alguno, pero por lo visto el único que se atreve a hacer algo así es Mel Gibson.

Este último detalle de la autenticidad trae a colación un tema que considero crucial y que se ha visto por desgracia sepultado por una polémica idiota atizada por gente que por lo visto no tiene nada mejor que hacer que quejarse de una (imaginada) política de inclusión omnipresente en el cine actual. Por el contrario, si algo queda claro aquí es lo tremendamente falso que resulta el supuesto sentido de inclusividad de una corporación como Disney, que saca pecho afirmando que su protagonista es una actriz nativo-americana pero que a la hora de la verdad muestra una representación de la cultura comanche superficial en la que ni siquiera ha habido una voluntad de usar su lengua original. Es una lástima porque esto fue lo único que realmente me molestó de una película que por otro lado disfruté mucho y que, con todos sus problemas, al menos me parece francamente superior a las dos últimas entregas de la saga, sobre todo mejor que la última. Espero que cunda el ejemplo y que esta idea de situar al Depredador en distintos períodos históricos sea algo que tenga continuidad.

Reseña: Shadow in the Cloud (2020)

La tenía vista desde hace tiempo y quería comentarla por aquí, ya que Shadow in the Cloud (2020) me había llamado la atención originalmente debido a lo mucho que se había escrito sobre ella y las opiniones tan dispares que había provocado, no pocas de ellas relacionadas con la absurda polémica en cuanto a la representación de pilotos de bombardero femeninas durante la Segunda Guerra Mundial. Al final nada de esto ha tenido importancia, no solo porque la presencia de mujeres al mando de estas naves sea algo históricamente documentado hasta la saciedad (incluso la película, previniendo esto, realiza un montaje de material histórico durante sus créditos finales) sino porque más allá de un claro homenaje a varios ejemplos pasados del fantástico, es una película desconcertante con muchos elementos buenos por separada.

En la cinta, una oficial de vuelo aborda se une a última hora a la tripulación masculina de un bombardero en una misión secreta de la que se niega a compartir detalles, acompañada además de una misteriosa caja cuyo contenido no desea revelar. A la desconfianza de sus compañeros se suma una misteriosa serie de imprevistos de origen desconocido e increíble. Si no digo más es porque gran parte de la apreciación que se tiene de esta película proviene de ir descubriendo sus giros argumentales uno a uno y la manera en la que abandona una premisa inicialmente realista para adentrarse en el terreno de lo fantástico.

De entrada algo que probablemente hayáis escuchado o leído muchas veces ya pero que no deja de ser cierto: los primeros cuarenta minutos son espectaculares y consiguieron atraparme por completo, quizá por el recuerdo de dos episodios clásicos de Historias asombrosas y The Twilight Zone que tuvieron forzosamente que haber servido de inspiración para la historia y que no nombraré otra vez aquí para no destripar aspectos de la trama. El problema es que una vez que la película abandona el espacio confinado de esta primera secuencia, lo que sigue se descalabra por completo por culpa de una retah´íla de revelaciones cursis y sobre todo por su transformación en una cinta de acción absurda y muy poco realista que me resultó imposible de tomar en serio, además de ese desenlace girlboss que parece salido de una comedia involuntaria.

A pesar de eso me gustó, en parte por su actriz principal, Chloë Grace Moretz, y en parte por cosas como esa magnífica banda sonora instrumental tipo John Carpenter que le sienta muy bien a pesar de su ambientación de época. En cuanto a sus abruptos cambios de código, estos probablemente tengan que ver con las numerosas reescrituras que el guión tuvo en su momento tras la caída en desgracia de su autor, Max Landis, cuyo trabajo (supuestamente) fue alterado en gran medida para poder justificar legalmente su retirada de los créditos.

Reseña: Antlers (2021)

El director Scott Cooper, quien tiene en su haber varias entradas «respetables» en el mainstream como Crazy Heart (2009), Out of the Furnace (2013) y Black Mass (2015), se estrena en el cine de terror con Antlers (2021), con la que viene a solventar dos importantes carencias: por un lado un merecido vehículo de lucimiento para la actriz Keri Russell, y por otro lado una nueva historia sobre el Wendigo, una de las criaturas más conocidas de la mitología rural americana y cuya inclusión en el cine de miedo es siempre bienvenida. Esta entrada además cuenta con muchas cosas a su favor y aunque resulta un tanto inconsistente en cuanto a los temas que toca, es probablemente una de las más efectivas y tenebrosas que se han hecho acerca de este monstruo.

La identidad de la criatura, por cierto, no es algo a lo que se le de mucha importancia por lo que puedes verla incluso si no estás familiarizada con ella. Algo curioso es que la trama se asume como sobrenatural desde el principio por lo que la protagonista (una maestra de escuela que descubre que lo pensaba originalmente como un caso de abuso infantil tiene un origen mucho menos terrenal) va descubriendo el origen de algo que como público ya conocemos; la presencia de una criatura inhumana que queda liberada por accidente y a la que ella y su hermano deberán enfrentar a como de lugar.

Como decía, la película tiene muchas cosas a favor: un elenco sólido, una ambientación y fotografía magnífica y unos efectos especiales y diseño de monstruo espectaculares que elevan el acabado final a algo muy por encima de los humildes preceptos de una creature feature convencional. Precisamente el diseño de la criatura es particularmente bueno y memorable, y algo en lo que se nota mucho la mano de Guillermo del Toro como productor. Es tan bueno, de hecho, que hace que pasemos por alto lo genérica que resulta la historia y la manera en que gran parte de su mensaje sobre el maltrato y los daños irreparables de la industrialización son dejados de lado sin nunca desarrollarse a plenitud.

Esta superficialidad sobre cuestiones que parecían más importantes en un principio son la única crítica real que le puedo hacer, porque todo lo demás resulta tremendamente disfrutable y la película se asume desde el principio como una historia de terror oscura y muy violenta con algunos pasajes realmente duros de ver. Es una lástima que no haya tenido éxito en el momento de su estreno aunque ahora que ha comenzado a aparecer en servicios de streaming está comenzando a ser descubierta por muchos que en su momento la dejaron pasar, incluyéndome. Está muy bien.

Reseña: El páramo (2021)

Primer estreno importante del año, El páramo (2021) es una producción española apadrinada por Netflix para su distribución. También es una película de terror muy sencilla tanto en premisa como en ejecución, con un elenco muy reducido y una única locación que sin embargo se aprovecha muy bien. Sus limitaciones probablemente se deban a motivos que van más allá del ángulo creativo (es, después de todo, una película producida en plena pandemia) pero si es así no se nota porque es precisamente eso lo que le da su efectividad al fin y al cabo.

Si algo le sobra quizá sea ese comentario en el pr´ólogo que sitúa la película en la España en guerra del siglo XIX, en el cual una pareja y su pequeño hijo deciden aislarse del mundo y del conflicto en una solitaria cabaña en medio de una llanura que parece infinita. Digo sobra porque la verdad es que la ambientación está muy bien y le da un carácter atemporal y casi de otro mundo que se rompe un poco si se le da un contexto concreto, pero al final es lo de menos. Lo realmente importante es lo que ocurre producto de ese aislamiento, cuando la soledad, la locura y una presencia maléfica comienzan a hacer estragos en la familia poniéndolos en peligro.

Aquí es donde probablemente comenzaron los problemas para mí ya que pese a que la idea de la que parte es muy buena y la estética recalca esa premisa en todo momento, lo que realmente pasa en la película es una historia de terror muy común que probablemente hayáis visto muchas veces. Yo mismo tuve la «suerte» de ver esta película poco tiempo después de haber visto The Wind (2018), una cinta de terror sobrenatural ambientada en el oeste americano que se parece mucho a esta tanto en su planteamiento base como en el desarrollo y los trucos que lleva a cabo. Esta incluso tira por tierra gran parte de sus aciertos una vez que abandona la ambigüedad de la que hacía gala al principio y se rinde a la recreación de una película de monstruos superficial con un acabado más preciosista de lo que estamos acostumbrados.

Con todo y eso tiene sus innegables aciertos: el elenco está muy bien incluso sin tener en cuenta que no me suelen gustar estas historias de terror rural centradas en niños, la pel´´icula se va poniendo más siniestra a medida que avanza el metraje, y como decía arriba gran parte de su efectividad reside en la maravillosa estética y el paisaje en el que se desarrolla todo, sobre todo durante el desenlace. Lástima que en todo lo demás se me hizo muy familiar y, siendo sinceros, poco aprovechado.

Reseña: Humanoides del abismo (1996)

Carne de videoclub en estado puro, esta nueva versión de Humanoides del abismo (1996) forma parte de una serie de remakes televisivos que Roger Corman realizó de varias de sus películas clásicas para la cadena Showtime. Aquí en este blog de hecho ya reseñamos en su momento una de ellas, y esta sigue más o menos la misma senda: un elenco de actores en horas bajas y unos valores de producciones menores incluso que los de la original, pero sobre todo (y esto creo que es lo peor del asunto), un acabado mucho menos extremo que el de su antecesora y una voluntad de hacerla al menos en parte más digerible para todos los públicos.

Siguiendo la estela de la original, esta nueva versión transcurre también en un pequeño pueblo costero de los Estados Unidos donde un vertido ilegal de productos químicos ha propiciado la aparición de monstruos anfibios que se dedican a matar a todo el que encuentran y secuestrar a hembras humanas con las que aparearse. La principal diferencia esta vez es que los monstruos en cuestión son humanos modificados genéticamente por un experimento fallido del ejército y que han escapado a las cercanías del pueblo, donde la presencia del vertido les ha hecho más poderosos.

El añadido de la trama militar es quizá lo único interesante que la película tiene ya que introduce un ángulo de crítica antigubernamental del que la primera película carecía, aunque ello no se traduce necesariamente en grandes cambios; la mayor parte del argumento ni siquiera tiene que ver con esto sino con los intentos de los protagonistas por rescatar a una chica en peligro y derrotar a la amenaza de los monstruos que por supuesto terminan atacando al pueblo. Tampoco estas escasas ambiciones están bien llevadas a cabo: por momentos pareciera que los personajes se olvidaran de la chica desaparecida, y los valores de producción de la película son tan bajos que cuesta mucho tomársela con la más mínima seriedad. El ejemplo más sangrante de esto quizá ocurre durante el clímax, cuando los monstruos atacan una feria en el puerto: las escenas en exteriores (¡incluyendo a los monstruos!) son metraje reciclado de la original de 1980, y estas escenas se intercalan con los personajes protagonistas de esta en otra locación en interiores, en una secuencia tan chapucera que no me lo podía creer mientras lo estaba viendo.

Al cutrerío generalizado hay que añadir, por supuesto, el hecho de que esta versión suaviza en gran medida el contenido más transgresor de la original en lo que se refiere a la fascinación perversa por la sexualidad de los monstruos. Es cierto que aquellas escenas de la versión de 1980 que incluían agresiones sexuales de las criaturas hacia mujeres humanas eran de un muy cuestionable gusto, pero también es verdad que ese detalle argumental era una de sus principales señas de identidad y esta película tampoco se preocupa por sustituirla por nada más. Lo único que consigue es proyectar una luz positiva sobre la original, que sin ser una obra maestra resulta mucho más disfrutable que esta versión desdentada y francamente mediocre. Siento curiosidad, sin embargo, de ver otras de estas versiones tardías de la obra de Corman, así que quizá caiga alguna más en el futuro.

Reseña: V/H/S 94 (2021)

Probablemente parezca difícil de creer, pero V/H/S 94 (2021) es una película que esperaba con muchas ganas, ya que este regreso de la saga de antologías de metraje hallado (producida y estrenada esta vez en la plataforma de streaming Shudder) fue precedida por un gran hype que auguraba un retorno al estilo de terror que la hiciera popular en su momento. Por desgracia el resultado ha estado muy por debajo de lo que esperaba, no solo en cuanto a la calidad de sus historias sino incluso en cuanto a su adherencia a la premisa principal, que en esta ocasión parece más bien un agregado superficial cuando antes era lo más importante.

Nuevamente tenemos un marco narrativo en el que un grupo de fuerzas especiales de la policía irrumpe en el escondite de un misterioso culto en el que encuentran un lote de cintas de VHS con siniestras historias de terror supuestamente reales. El hecho de ambientar la película en el año 1994, a decir verdad, no parece tener demasiada importancia y apunta únicamente a cierta estética nostálgica que se aprecia solo en una de las cuatro historias que incluye la antología, en la que un equipo de reporteros de una cadena local se adentra en el alcantarillado en busca de un monstruo de leyenda y termina encontrando más de lo que puede manejar. El resto de las historias son perfectamente atemporales, con lo que la premisa tampoco es que se aproveche mucho.

La verdad es que ninguna de las cuatro historias resulta muy memorable. La cinta tiene un gran acierto al incluir nuevamente al director indonesio Timo Tjahjanto, quien ya había trabajado en V/H/S 2 (2013), la mejor película de la saga, y su historia es lo suficientemente desquiciada y poco convencional para llamar la atención, pero es en el fondo una comedia gore que parece más bien una parodia del género de terror (este aspecto paródico, por cierto, está presente en los cuatro segmentos) y, sobre todo, no justifica su adherencia al formato de metraje hallado. A decir verdad, este fue mi principal problema con la antología en general: ninguna de las cuatro historias aprovecha realmente el punto de vista subjetivo más allá de la aplicación de un filtro a la imagen para darle su apariencia de videocámara noventera; todas ellas contienen planos elaborados, contraplanos y montaje preciso que sigue a los actores y a las escenas sin fallo alguno, con lo que en realidad cualquiera de ellas podría haber sido rodada con una perspectiva tradicional de tercera persona.

No me pareció tan terrible como la tercera entrega de la saga, pero esta nueva entrega de V/H/S ha terminado siendo una ligera decepción debido a lo poco memorable de sus historias y al triste desaprovechamiento de su premisa y formato. No he mencionado la historia que enmarca todo porque honestamente me pareció lo peor y con un nivel de calidad muy por debajo de todo lo demás gracias a sus actuaciones y valores de producción dignos de una parodia porno. Como antología contiene algunos pasajes e ideas interesantes, pero lo cierto es que mentiría si no dijera que esperaba mucho más de este regreso.

Reseña: The Mortuary Collection (2019)

Definitivamente los últimos años me tenían malacostumbrado, porque en un mundo plagado de antologías de terror cutres (salvo contadas excepciones), The Mortuary Collection (2019) es una auténtica gozada y una de las representantes más dignas de este subgénero, la prueba de que este se puede hacer bien incluso recurriendo a la superficial carnada de la nostalgia. Esto último lo digo porque un vistazo a la estética y estructura de esta cinta es suficiente para emparentarla con otras antologías de relatos autonconclusivos y anfitrión siniestro al estilo de Cuentos del lado oscuro o, por supuesto, Cuentos de la cripta, que siempre es la referencia más evidente. Sin embargo, este trabajo tiene virtudes propias más allá de sus muy evidentes influencias.

En este caso son tres las historias (cuatro sin contamos lo que se cuenta en el marco narrativo que las engloba), las tres de estilos y referentes muy distintos pero las tres realizadas por el mismo director, el debutante Ryan Spindell. Es precisamente la unidad creativa de tener todos los segmentos realizados por el mismo cineasta lo que da a la película gran parte de su efectividad, dándole además una coherencia interna que mezcla terrores lovecraftianos, comedia de body-horror y hasta una curiosa vuelta de tuerca al género slasher, siempre desde la estética y el espíritu retro que se ven coronados aquí por ese magn´ífico marco narrativo presidido por Clancy Brown en el papel de maestro de ceremonias.

Y lo mejor de todo quizá sea el hecho de que su estética y estilo festivos no impiden un tratamiento de lo más oscuro en algunos de los argumentos, sobre todo en el marco de la historia, una especiamente siniestra considerando el subtexto y una cuya resolución augura nuevas entregas de algo que podría dar mucho de sí. No sé qué tanto éxito pueda haber tenido ni he leído nada acerca de posibles nuevas entregas, pero es sin duda algo que vería como perfectamente posible.

No la vean esperando encontrar algo novedoso o que en cierta forma reinvente el concepto de las antologías de terror. Si la ven que sea para disfrutar de un trabajo muy efectivo que consigue el nada fácil equilibro de calidad en sus historias, uno que no esperaba me fuerga a gustar tanto y que ante mis ojos se ha convertido en otro de estos ejemplos a recordar de lo que llevamos de siglo, en un nivel similar al que ya vimos en obras como Trick ‘r Treat (2008), V/H/S 2 (2013) o Southbound (2015). Muy buena, sin duda, y recomendable hasta decir basta.

Reseña: Gaia (2021)

Con un rodaje terminado por los pelos durante la pandemia, la producción sudafricana Gaia (2021) es eco-terror del bueno con un empaquetado muy sencillo que oculta una discreta pel´ícula de monstruos de ambientación selvática y mensaje naturalista. Lo que me ha parecido curioso es que la película tiene sus mejores momentos precisamente en las escenas más efectistas, y resulta menos atractiva en sus momentos de disertación filosófica o el drama pseudo-erótico que se manifiesta entre los tres personajes que consituyen casi la totalidad de su elenco. Es una cinta curiosa que probablemente jamás habría visto fuera de un festival pero que maneja muchas ideas que me gustan y que no suelo ver a menudo.

Como bien se puede intuir por el título, el centro de la trama lo ocupa la representación de la naturaleza como un ente con cierto grado de voluntad, concretamente en una selva en la que una mujer perdida debe lidiar con un par de chalados que viven recluidos en una cabaña protegiéndose de una extraña forma de vida omnipresente que amenaza todo aquello que entre en sus dominios y que se extiende a través de esporas y hongos transformando todo lo que toca en horribles y violentas mutaciones.

A esta premisa de supervivencia y estado de sitio se agregan escenas muy gráficas y elaboradas de body horror y unos monstruos humanoides que recuerdan mucho a las criaturas de The Last of Us, tanto que no me extrañaría que dicho juego fuese parte de la inspiración del guión. Sin embargo, tal como mencionaba arriba, la mayor parte del metraje se va en la interacción entre los tres personajes del elenco, que mantienen largas discusioes acerca de la vuelta a la naturaleza y la corrupción del hombre gracias a la tecnología, a la vez que la protagonista busca escapar con el miembro más joven de la pareja de ermitaños quien parece estar viviendo sus primeras dudas fruto de su despertar sexual.

El énfasis en los diálogos y la discusión muy probablemente tenga motivos presupuestarios, ya que a la hora de la verdad esto es una película de zombis con mensaje ecologistas y es allí donde consigue sus mejores momentos, tanto en los (escasos) ataques de las criaturas como en las fascinantes transformaciones de aquellos que caen víctima de los efectos de esa forma de vida que habita la selva y que por fortuna nunca es explicada, lo que le añade una capa de misterio que resultó muy bienvenida. Todo esto es lo mejor y es una lástima que aparezca poco porque la película gana mucho cuando se rinde a su lado más superficial. El resultado es, sin embargo, un trabajo simpático que vale la pena.

Reseña: The Wretched (2019)

Pese a que la premisa de la que parte The Wretched (2019) es algo que hemos visto en muchas ocasiones, esta es una película que siento que hay que destacar porque es un trabajo que claramente tiene mucho talento detrás y unos directores pueden dar de qué hablar en el futuro. Las discrepancias entre su tono y estética contrapuestos con el público al que parece estar dirigido la convierten en algo poco habitual, pero creo que ahí reside también parte de su magia, aunque imagino que no todos estarán de acuerdo conmigo en esto.

A lo que me refiero arriba es que el argumento base del que parte tiene un evidente ángulo de terror juvenil: un adolescente en plenas vacaciones de verano sospecha que su vecina ha sido poseída por una bruja culpable de varios asesinatos y desapariciones misteriosas, y por supuesto se decide a desenmascararla poniendo en peligro su propia vida y la de sus seres queridos. Esta misma premisa la hemos visto ya en trabajos mucho más enfocados al público joven, desde Noche de miedo (1985) hasta Verano del 84 (2018), por no mencionar la también similar Disturbia (2007). Sin embargo, lo que diferencia The Wretched de estas es que el tono con el que se desarolla la historia es considerablemente oscuro y perturbador, con algunas escenas e implicaciones que difícilmente solemos ver en trabajos de target juvenil y sí en cambio en un terror más «adulto».

Esto lo digo no solo por la idea en sí de una bruja que devora niños, sino porque todo el ángulo de terror incluyendo (mejor dicho, sobre todo) las escenas del monstruo están abordadas desde la más abosoluta seriedad y con algunos pasajes realmente siniestros que hablan de un imaginario de terror que hace pocas concesiones y que en mucha ocasiones no parece calzar tan bien con las partes de los jóvenes haciendo trabajo detectivesco o la ya inevitable escena de uno de ellos explorando la casa mientras el otro monta guardia. Quizá haya sido esta ambivalencia la que haya hecho que la recepción de la película no fuera tan entusiasta como merece, porque de verdad me ha parecido un trabajo muy bueno. Si es que incluso el material publicitario, carteles y trailer incluído, la hacían parecer como más adulta de lo que en el fondo es.

Con todo y eso me parece muy buena y pienso que sus dos directores, responsables también de la comedia de zombis Deadheads (2011) tienen en sus manos algo que podría dar sorpresas muy positivas en un futuro. Desde aquí solo puedo decir que estaré muy pendiente.

Reseña: Basket Case 3 (1991)

Dispuesto ya a terminar la saga me decidí finalmente a ver Basket Case (1991), tercera y última entrega, y el resultado ha sido descubrir que sigue más o menos la senda de la segunda: en esta ocasión hay un mayor presupuesto, una mayor inclinación hacia la comedia, nuevas criaturas y una mayor entrega (si cabe) a los excesos de la segunda parte, algo por otro lado típico de aquel momento de la carrera de Frank Henenlotter. También es, curiosamente, más sangrienta que su antecesora inmediata, pese a que según lo que he podido leer Henenlotter tuvo que hacer serios recortes a su guión original precisamente para rebajar el gore y la violencia que tenía planeada.

La trama tiene lugar inmediatamente después del desenlace de Basket Case 2 (1990) (hay incluso con un pequeño recuento de este en los primeros minutos) con Duane y su hermano Belial nuevamente separados mientras este último aguarda el nacimiento de su pequeña prole. Este nacimiento es lo que ocasiona que el grupo de monstruos se traslade a una mansión en Georgia donde habita un excéntrico médico acostumbrado a lidiar con monstruos, pero la presencia de la tropa (y, de nuevo, los intentos de Duane por escapar) causarán un enfrentamiento con las fuerzas del orden locales.

Precisamente es este enfrentamiento con la policía lo que da pie a uno de los detalles más interesantes de la película y que ya se venía anticipando con la segunda parte, y es que a diferencia de la primera cinta, los monstruos (Belial incluido) han pasado a ser los héroes del argumento, una pandilla de seres incomprendidos que solo desean la felicidad y a quienes la gente «normal» constantemente intenta destruir, en este caso mediante el secuestro de los hijos de Belial. Mediante esta dinámica la película consigue algunos de sus mejores momentos en la representación festiva de los fenómenos, con detalles como un pequeño número musical protagonizado por Annie Ross, quien vuelve como la matriarca de los monstruos y que es sin duda una de las mejores cosas de la película. Pero también la parte violenta tiene sus sorpresas, y secuencias como la del asalto a la comisaría contienen algunas de las muertes más desagradables y disparatadas del metraje, a pesar de que las ansias de la cinta por hacerse más familiar hayan rebajado considerablemente el contenido gore que por momentos se intuye.

Más que las otras dos, Basket Case 3 no es una película que recomendaría a todo el mundo y quizá decepcione a aquellos que sean más fieles a la original, ya que el camino que toma es muy distinto. Sin embargo, sí considero que es un cierre más que decente para una trilogía que surgió prácticamente de la nada y que sirvió sobre todo para mostrar las buenas artes de su director. Curiosamente, esta película sería la última que Henenlotter dirigiría en casi dos décadas, iniciando un largo silencio como director que se rompería con el estreno de Bad Biology (2008), su último largometraje de terror hasta la fecha.