Reseña: The Medium (2021)

Mezcla de exorcismos y pseudo-documental, The Medium (2021) es una película del mismo director de la también tailandesa Shutter (2004) y el guionista de la surcoreana The Wailing (2016), dos cintas que al igual que esta despertaron un entusiasmo general entre los fanáticos del terror que en gran medida nunca llegué a compartir. Sin embargo, también es cierto que esta es, en muchos sentidos, mucho mejor que ambas de sus antecesoras. También es una película ambiciosa que hace un esfuerzo loable por incorporar una mirada distinta al panorama cultural de donde proviene y eso al final ha terminado teniendo más peso que varios de sus elementos más convencionales.

Entre estos elementos está por supuesto su premisa de metraje hallado en el que un equipo de periodistas rueda un documental sobre una chamana solo para descubrir, en medio del reportaje, que la sobrina de esta ha sido poseída por un espíritu maligno, lo que desata un intento desesperado por salvarla que por supuesto es debidamente documentado. Ya de entrada debo debir que me pareció interesante la forma en que la película busca meter al espectador de lleno en la cultura chamánica de Tailandia aunque luego termine entregándose por completo a una trama de posesiones más visto dentro del género de terror.

Toda esta trama de posesiones es lo que termina siendo el tema central de la película, uno que por desgracia no solo está lleno de los lugares comunes que hemos visto mil veces ya en estas historias de (incluyendo las por lo visto indispensables secuencias de cámara fija y visión nocturna) sino que encima acaba desdeñando su muy innecesario formato documental, que la película abandona y retoma varias veces de forma completamente arbitraria a lo largo de su muy abultado metraje. Esto último sería el segundo problema que tiene, a mi juicio, y es que es una película larga, lenta y toda la parte del principio mientras va montando su atmósfera se siente algo tediosa.

Aún asú tiene muchas cosas positivas, una energía particularmente agresiva y casi animal, así como algunas escenas y recursos realmente horripilantes. Algunas de sus ideas me han gustado, pero la banalidad de su formato y su excesiva dependencia de trucos que hemos visto muchas veces en otras películas más entretenidas hicieron que perdiera fuelle para mí. Pienso que si hubiese sido más corta y hubiese mantenido su estética de cámara en mano sin intentar justificar con la idea de un documental me hubiese gustado mucho más.

Reseña: May The Devil Take You Too (2020)

El director indonesio Timo Tjajanto regresa con esta secuela de la excelente May The Devil Take You (2018), estrenada apenas dos años después de la original y repitiendo básicamente la misma fórmula con un toque añadido de terror juvenil. Me ha sorprendido porque si bien resulta inferior a la primera parte, sigue reteniendo gran parte de sus aciertos y dinamismo, y es solo quizá su negativa a buscar algo nuevo lo que hizo que no me convenciera tanto, especialmente considerando el curriculum de su director como uno de los nuevos valores seguros del cine de terror actual.

En esta ocasión tenemos a la misma chica sobreviviente de la primera parte (fantástica Chelsea Islan retomando su papel) dos años después de haber enfrentado a lo sobrenatural y viéndose nuevamente arrastrada a ayudar a un grupo de jóvenes víctimas de una maldición, que por supuesto da con todos ellos reunidos en otra casa abandonada en medio de la selva y enfrentándose a una presencia demoníaca que los va poseyendo y ante la que solo se puede responder mediante la violencia extrema.

El resumen de la trama debería dejar claro desde el principio que las principales señas de identidad de la primera parte se mantienen en esta continuación, desde el tono frenético y ruidoso hasta su evidentísima influencia de The Evil Dead (1981), con la que comparte asimismo sus ocasionales toques de humor (no tantos como en la película de Sam Raimi, pero casi). De hecho el elenco mayoritariamente hecho de jóvenes la hace incluso más parecida a esta, así como el castigo que recibe su protagonista, muy similar al de Ash en aquella saga e incluyendo asimismo un gag con la propia mano que resultará fácilmente reconocible. Por desgracia el tremendo parecido con la primera parte también hace que termine siendo comparada con esta, y en ese sentido la secuela sale perdiendo: es un tanto menos alocada que la primera, con una (aparente) menor cantidad de recursos. También tarda mucho en arrancar y cuando lo hace terminas dándote cuenta de que la historia es menos interesante y vistosa.

A pesar de todo May The Devil Take You Too (2020) es una cinta de terror muy divertida y si como a mí te gustó la primera esta es una que sin duda vas a disfrutar. A decir verdad el único aspecto que sí me pareció mejorable es su duración; las dos horas de metraje se sienten y esta misma historia contada en 90 minutos habría ganado muchísimo. Pero al final del día esta es una queja menor porque sigue siendo muy simpática, solo que no tan buena como la original. Ya han anunciado que habrá una tercera, y si es con la misma gente involucrada estaré ahí para verla sin dudarlo.

Reseña: Ringu 2 (1999)

Tras el fracaso taquillero de Spiral (1998), sus responsables decidieron hacer una secuela completamente nueva de Ringu (1998) como si aquella nunca hubiera existido, contratando nuevamente al director Hideo Nakata y empleando un guión completamente alejado de la obra literaria de Koji Suzuki. Es así como llegó al año siguiente Ringu 2 (1999), la verdadera secuela oficial y una que, contrariamente a su predecesora, abraza sus componentes de terror de manera mucho más explícita. Aunque la considero claramente inferior a la primera parte, no se puede negar que marcaría el camino por el que la saga habría de seguir, ya que todas las continuaciones posteriores de una u otra manera han tomado la lección de esta de la que hablamos hoy.

El argumento es también un reboot en toda regla, con la misma protagonista de Spiral (aquí interpretada por otra actriz) iniciando su propia investigación acerca de lo ocurrido a los personajes de la primera película. Es importante mencionar también que a diferencia de lo que ocurría en la otra secuela, en esta sí que vuelve la misma protagonista de la Ringu original junto con su hijo, y que su participación resulta mucho más importante para la resolución del misterio que rodea al fantasma de Sadako y sus verdaderas intenciones más allá de la muerte.

A partir de aquí la trama se complica mucho y no sabría resumir exactamente de qué se trata ya que toda la primera mitad resulta confusa y los personajes van descubriendo cosas más o menos porque sí, sin el fino trabajo de investigación que mostraban en la primera parte. Encima, al estar despojada de la premisa de la cinta de vídeo se pierde el componente de carrera contra el tiempo que hacía especial a la película original. El desenlace también es un tanto raro ya que se mezcla el tema de la maldición de Sadako con historias de poderes que se extienden a otros personajes y un intento de continuar la maldición a través de otros medios que no quedan lo que se dice muy claros y que requerirán de paciencia por parte de algunos espectadores.

Lo bueno, sin embargo, es que la película sí explota su potencial de historia de terror de una manera más marcada incluso que la original, y aunque en ocasiones pareciera que se rinde a un efectismo mucho más de andar por casa lo cierto es que regala algunas imágenes impactantes. Estas tendrían una marcada influencia en el resto de la saga no solo en sus variantes japonesas sino incluso en el remake de Gore Verbinski del 2002, que toma directamente escenas y planos de esta película incorporándolas a la historia original. Por cierto: una cosa que me sorprendió fue confirmar la enorme influencia que terminó teniendo la versión americana en la manera como recordamos esta historia, ya que tanto la primera parte como esta me han hecho darme cuenta de que la Sadako de la versión japonesa siempre fue una mujer adulta pese a que en el imaginario colectivo persiste la representación de la villana de esta saga como una niña. Este fue un detalle curioso que había desterrado por completo de mi recuerdo y que solo he recuperado ahora.

Reseña: Spiral (1998)

Coincidiendo con el estreno de Ringu (1998) en Japón, sus productores decidieron aprovechar la popularidad de la novela de Koji Suzuki para estrenar de una vez su secuela, en una jugada de marketing poco habitual con la que esperaban explotar la fiebre por el fenómeno causado por esta historia paranormal. Rasen, o como se le conoce en Occidente, Spiral (1998), fue de hecho rodada de forma paralela a la primera parte por los mismos productores y al menos parte del mismo elenco, aunque esta vez en manos de otro director y guionista, Jôji Iida, el mismo responsable de la versión televisiva de Ring (1995) de la que hablábamos hace poco. Su guión estaba a su vez basado en la novela Spiral del propio Koji Suzuki, quien a diferencia de lo ocurrido con la primera entrega sí trabajó directamente en la producción.

El hecho de que el autor de la novela original estuviera involucrado tuvo como consecuencia que mientras la cinta de Nakata tuvo la libertad de interpretar a su manera la historia de Sadako y su maldición, esta segunda entrega es mucho más apegada a la fuente literaria, con lo que reduce considerablemente los elementos de terror para abrazar una historia de tono paranormal y pseudo-científico en la que un patólogo investiga la muerte de uno de los protagonistas de la primera parte y se encuentra de nuevo con la cinta de vídeo maldita que continúa cobrándose vidas a pesar de que se suponía que el misterio estaba resuelto.

A partir de aquí comienza una trama increíblemente confusa y enredada que no solo desanda el camino trazado por la película anterior sino que incluso se vuelve más críptica a medida que avanza el metraje, con lo que aquellos que hayan disfrutado de la historia original probablemente queden decepcionados al ver los giros tan raros que toma esta continuación y lo muy distinta que resulta de todas las demás entregas de la saga. Esto también me hizo darme cuenta de algo que ya sospechaba desde hace tiempo pero que terminé de confirmar y es que la película de Nakata resulta en muchos sentidos muy superior a la novela que adapta, y casi todo lo que me gusta de la historia de Ring y sus secuelas son cosas que provienen del cine, en concreto de la primera película.

En todo caso lo que en verdad perjudica a Spiral es precisamente la manera tan distinta en que enfoca el material a pesar de contar con el mismo equipo de producción, ya que incluso se ve mucho más barata y menos cinematográfica que la primera parte. Como curiosidad me parece que sigue siendo un trabajo interesante, pero francamente no me extraña que haya sido un fracaso en el momento de su estreno, a diferencia de la cinta de Nakata que fue todo un fenómeno. Tanto es así, que sus productores tomaron la polémica decisión de realizar una nueva segunda parte sacando a esta de su continuidad, con lo que pasó a ser la «secuela olvidada» de una de las sagas más prolíficas y famosas del terror japonés contemporáneo.

Reseña: Ring (1995)

Todo el mundo, o al menos la mayoría de los que se pasan por aquí, conocerá sin duda la fundacional película de Hideo Nakata Ringu (1998), pero probablemente no sean tantos los que sepan que no fue esta la primera versión de la novela de Koji Suzuki; pocos años antes ya se había hecho esta adaptación para la televisión japonesa que entre otras cosas era más apegada incluso a la novela original. Aunque nunca recibió una edición en formato doméstico en Occidente (al menos que yo sepa), Ring (1995) se ha convertido con el tiempo en una curiosidad que vale la pena ver por muchos motivos, entre otros lo distinta que resulta al camino que tomaría la saga más adelante.

Por supuesto la trama es la misma que ya conocemos: un periodista investiga la misteriosa muerte de su sobrina que al parecer está relacionada con una cinta de vídeo que mata en siete días a todo aquel que la ve, y para descubrir la verdad se alía con un psíquico en horas bajas que lo adentra en un mundo de fenómenos paranormales y pseudo-ciencia. Una de las cosas más interesantes a destacar de entrada es que el protagonista es, al igual que en la novela de Suzuki, masculino, un detalle que ninguna otra versión ha mantenido. También sigue muy de cerca el tono de misterio paranormal de la novela original, aunque esta adaptación sí que opta en ocasiones por secuencias que intentan hacerla más «de terror», aunque por desgracia no lo consigue muy bien debido a los muy limitados medios de los que dispone.

De hecho una de las cosas más curiosas que tiene es cómo la película intenta balancear esa atmósfera de cine de miedo con la estética propia de una cinta de los noventa evidentemente rodada en vídeo con una música muy pobre y unos efectos especiales de saldo que se notan sobre todo en detalles como la famosa cinta maldita (que parece aquí un trabajo de pura psicodelia) y las apariciones fantasmales hechas a través de disolvencias que ya resultaban baratas incluso para la época. Esto, sin embargo, no quita que la película introduzca aspectos interesantes que otras adaptaciones han dejado de lado, como por ejemplo los detalles más escabrosos de la historia de Sadako, un personaje que a diferencia del resto de las adaptaciones está completamente erotizado hasta hacer de ella un súcubo seductor, completamente acorde con el tono marcadamente erótico de una película que incluye numerosas escenas de desnudos y sexo lo bastante explícitas como para requerir el ya clásico pixelado púbico propio de la ficción japonesa.

Resulta curioso ver hasta qué punto la versión de Nakata suavizó varios elementos de la novela original y cómo esta de la que hablamos hoy intenta por el contrario rescatarlos aunque sus valores de producción televisivos terminen pasándole factura. Evidentemente está, por lo menos a nivel técnico, muy por debajo de sus adaptaciones posteriores, pero como curiosidad cinéfila está muy bien y permite ver que varios de los puntos estéticos que asociamos con la versión del 98 ya se habían ensayado aquí. Quiero pensar que definitivamente hubo una influencia ya que uno de los guionistas de este telefilme, Jôji Iida, terminaría también co-escribiendo y dirigiendo una de las secuelas de la saga cinematográfica. Así que echadle un ojo al menos. Como ya he dicho, hasta donde sé no existe en la actualidad una edición en formato doméstico disponible, aunque se puede conseguir fácilmente por medios alternativos.

Reseña: Noroi: The Curse (2005)

Tiempo atrás, cuando este blog estaba en sus inicios y la fiebre por el terror asiático estaba en pleno apogeo, Noroi: The Curse (2005) fue una que me quedó por ver a pesar de que muchos me la recomendaron. Con el tiempo se ha convertido en una de las más famosas películas surgidas de esa explosión de terror asiático en occidente, una que además tiene un mérito mayor al tratarse también de una cinta no tan accesible como el resto de sus congéneres, una que empleó el formato de metraje hallado/falso documental antes de que Paranormal Activity (2009) lo pusiera otra vez de moda.

En este caso tenemos un reportaje ficticio para la televisión en el que se cuenta la historia de un famoso investigador paranormal que desapareció misteriosamente mientras indagaba la verdad acerca de un caso específico, uno que comienza de forma muy pequeña con rumores de ruidos extraños en la casa de una mujer y su hijo y que termina adquiriendo dimensiones mucho mayores. No es fácil de resumir porque la película misma aborda el caso desde múltiples perspectivas y pequeñas historias en principio independientes que terminan coincidiendo en un fenómeno paranormal que combina cultos ancestrales, poderes psíquicos y demonología de una forma muy anclada en la realidad y que resultará conocida a aquellos aficionados a la rumorología y la conspiranoia clásica.

Precisamente por esos motivos es que creo que esta no es una película para todo el mundo ya que no solo no sigue una narrativa lineal sino que encima es considerablemente, parca en «sustos» (algo raro en estas películas asiáticas de esa época, al menos las que nos llegaron aquí) y encima tarda mucho en llegar lo realmente bueno. Eso sí: la historia en sí misma alcanza un tono siniestro realmente envidiable y toda el clímax es tan intenso que la salva. De la misma forma, el formato de cámara en mano permite algunos trucos muy buenos a nivel de imagen, y es precisamente su estética de vídeo cutre lo que se convierte en una de sus principales fortalezas y termina dándole gran parte de su identidad.

A pesar de ser mucho más lenta y cerebral de lo que estamos acostumbrados, Noroi: The Curse es una muy buena película de miedo y un ejemplo de docu-terror de la vieja escuela casi desprovisto de efectismos y con un ambiente realmente desolador en su por otro lado muy eficiente clímax, en el que sabemos desde el principio qué ocurre pero en el que también encontramos sorpresas. Muy recomendable y una de las esenciales para tener una idea general de ese cine de terror que se hizo popular en nuestro lado del planeta contra todo pronóstico.

Reseña: Gonjiam: Haunted Asylum (2018)

Me gusta mucho cuando tengo ocasión de comerme mis propias palabras, porque si una cosa he dicho aquí muchas veces es que no me suele gustar mucho el subgénero de terror documental o metraje hallado, y sin embargo de vez en cuando me suelo topar con algunos ejemplos de este formato que me sorprenden tanto en lo que a oficio se refiere como a la parte de miedo. Es el caso de la surcoreana Gonjiam: Haunted Asylum (2018), de la que ni conocía su existencia hasta que la encontré en streaming y que me conquistó gracias a una premisa muy interesante y sobre todo muy bien ejecutada.

Confieso, eso sí, que comencé a verla con las expectativas muy bajas debido a que la idea principal me hizo creer que estaba ante una copia de la canadiense Grave Encounters (2011), película con la que comparte una premisa casi idéntica de un reality paranormal en el que un grupo se infiltra con cámaras en un hospital psiquiátrico abandonado en torno al cual se ha tejido una leyenda de fantasmas. Al igual que ocurría en la arriba citada cinta de The Vicious Brothers, la transmisión de este metraje originalmente es un timo pero termina siendo real para desgracia de los involucrados, quien se ven de repente acosados por la maldición del hospital sin poder abandonarlo.

Pero mi escepticismo duró solo en los primeros minutos porque luego la película va agarrando vuelo y personalidad propia mediante el empleo de algunos trucos de formato muy ingeniosos que entre otras cosas justifican muy bien el empleo del metraje continuo, como por ejemplo el hecho de que cada uno de los integrantes del grupo lleve una pequeña cámara que permite a la historia tener múltiples puntos de vista y le otorga así un dinamismo que este tipo de cintas por lo general no tiene. Es verdad que algunos de sus recursos están muy vistos, pero la película sabe manejarlos muy bien, sobre todo en una última media hora de auténtico infarto que funcionó por completo conmigo.

Pese a que nunca había escuchado de ella con anterioridad, Gonjiam: Haunted Asylum fue un gran éxito en su país de origen y milagrosamente no ha sido adaptada todavía en forma de un remake occidental, quizá por su semejanza con otras historias muy parecidas. Lo cierto es que me parece muy recomendable y si estás busando una cinta de metraje hallado que utilice bien sus arquetipos y construya una historia de terror efectiva y realmente pavorosa, este es muy buen ejemplo y una muy grata sorpresa.

Reseña: The Sadness (2020)

Una de las reglas no escritas que seguimos aquí es esa que dice que cada año tiene que haber al menos una película de zombis (en realidad son dos; una tiene que ser una comedia). La de este año bien podría ser The Sadness (2020), una producción proveniente de Taiwán (aunque curiosamente su director y guionista es canadiense) que ha desperado un gran interés por ser particularmente violenta. Esta fama, os puedo adelantar ya, está más que justificada. También es su mayor seña de identidad porque aquello que muestra es algo que hemos visto muchas otras veces y no se aparta mucho de allí.

Para empezar, estamos ante otro ejemplo de la variante zombi al estilo de 28 días después (2002), ya que la amenaza no son muertos reanimados sino un virus altamente contagioso que convierte a los infectados en depravados asesinos que matan a sus víctimas con lo que tengan a mano y a veces de forma muy creativa. En medio del caos, una pareja de novios se encuentra separada de forma fortuita e intentan reunirse a la vez que huyen de las hordas que se multiplican por toda la ciudad.

Por supuesto, y antes de que os lo preguntéis, la película traza paralelismos muy claros y oportunistas con la actual pandemia del COVID 19, aunque se abstiene en gran medida de hacer comentarios políticos sobre ella. Si por algo destaca, como decía arriba, es por el alto nivel de violencia que se muestra en pantalla, la cual no solo se traduce en sangre y casquería sino también en un amplio catálogo de depravaciones ante las cuales la película no se corta. De hecho, estoy casi seguro de que lo que realmente afectará al público no son los momentos gore sino las numerosas escenas de violencia sexual en las que la película se recrea y que constituyen casi el principal arco argumental de la chica protagonista y el infectado que la persigue insistentemente.

En parte por ese motivo me pareció poco imaginativa en cuanto a historia y muy predecible en todo momento, pero la acción frenética que muestra y la intensidad de algunas de sus escenas más incómodas son algo a destacar y al menos le dan a la película cierto grado de singularidad que la diferencia del resto de ejemplos de un subgénero que tiende a la incesante repetición. Eso s´í, todavía no tengo ni idea de por qué se titula The Sadness, y eso es algo que me interesa saber.

Reseña: One Cut of the Dead (2017)

Con One Cut of the Dead (2017) pasa algo curioso y es que no la pude ver cuando se estrenó (en festivales, porque nunca tuvo un pase comercial donde vivo) a pesar de todo el furor que causó y todo el hype que se tejió en torno a ella. He tardado todo este tiempo en verla y ahora siento que esa buena prensa está más que justificada porque esta es sin duda una pequeña joya y una de las películas de zombis más ingeniosas que he visto en un buen tiempo, por mucho que al principio no lo parezca.

Si quieres saber de qué se trata, lo máximo que puedo decir es que va sobre un equipo de rodaje de una película barata de zombis que se ve sumido en un verdadero ataque durante el rodaje, pero incluso esto es simplificarla mucho. Lo cierto es que mientras menos sepas de ella antes de verla mejor, y de hecho algo que siempre me llamó la atención de las reseñas entusiastas que leí es que todas eran muy vagas a la hora de contar de qué iba la trama, y solo tras haberla visto es que me he dado cuenta por qué. La película tiene varios giros interesantes que te hacen replantearte todo y, curiosamente, es algo que sucede más de una vez y descubrir esos momentos por ti mismo es gran parte de la gracia que tiene.

Por supuesto se pueden mencionar cosas más técnicas como su estética amateur, el evidente comentario meta sobre la propia industria del entretenimiento o, sobre todo, el frenético ritmo de una producción empeñada en mantener su gimmick de un único plano secuencia a como de lugar. Pero si hay algo que la haga destacar quizá sea la calidad de sus actuaciones y lo muy bien diseñados que están todos y cada uno de los personajes, sobre todo el protagonista. Esto último es algo que se ha mencionado en muchas ocasiones pero sinceramente creo que si eres cineasta, o incluso si simplemente eres un espectador interesado en los trucos y técnicas del oficio cinematográfico, esta es una cinta que vas a disfrutar mucho y que jugará con tus expectativas recompensándote en todo momento.

Pero ojo: esto no es indispensable, ya que también tiene un gran disfrute incluso a un nivel superficial. No lo esperaba, si he de ser sincero, pero al final One Cut of the Dead ha resultado ser algo maravilloso y una de las mejores comedias zombis de los últimos años. Si es que incluso el final me ha parecido tremendamente emotivo y la confirmación de cómo la película termina de seducirte con la gesta casi heróica de ese pequeño equipo de rodaje serie Z. Muy buena y recomendable hasta el hartazgo.

Reseña: Peninsula (2020)

A pesar de que se vendió desde el principio como una secuela de la excelente Train to Busan (2016) y de que está escrita y dirigida por el mismo responsable de esta, Peninsula (2020) podría perfectamente ser un trabajo independiente ya que no solo no tiene ninguna conexión argumental con su antecesora sino que incluso parece un tipo de película completamente distinto, con zombis representados de la forma en que por lo visto el cine coreano suele hacer. De hecho, la cinta resulta ser una ligera decepción si pensamos en ella como secuela ya que resulta claramente inferior, aunque no deja de tener su encanto si la vemos como un producto más de acción/zombis un tanto más eficiente.

Quizá haya jugado a mi favor el hecho de que si bien esperaba con ganas una secuela de la primera parte, los primeros trailers de esta no me parecieron nada buenos de entrada ya solo por el argumento: en este universo ficticio, Corea del Sur se ha convertido en una ruina y su población en un mar de refugiados extendidos por el mundo mientras su antiguo país se encuentra puesto en eterna cuarentena. En este contexto, un grupo de cuatro supervivientes son contratados por un mafioso de medio pelo para infiltrarse en la ciudad devastada de Busan y encontrar un camión que contiene veinte millones de dólares en efectivo simplemente esperando a que alguien los recoja.

El abandono de la trama del Apocalipsis zombi y la inclusión de este ángulo de cine de acción y atracos es algo que me echó para atrás desde el principio, y tal como muchos han comentado ya, el resultado final deja bastante claro qué es lo importante. La trama está no solo más enfocada en la acción sino que incluso hay un montón de secuencias y escenas CGI de persecuciones en coche y que tienen tanta importancia o más que los zombis. Este énfasis en la conducción está rodado además de una forma muy poco realista en beneficio del espectáculo puro y duro, y se nota cuales han sido las influencias detrás de esta idea ya que el clímax de acción de la película parece claramente inspirado en Mad Max: Fury Road (2015) aunque con menos arte y con (casi) tanta hipérbole como la saga de Rápido y Furioso. Entre eso y la estructura clásica tipo Escape de Nueva York (1981) este trabajo es un ejemplo muy genérico de cine postapocalíptico que no va a sorprender a nadie y que probablemente desagrade a aquellos que esperen una nueva entrada de muertos vivientes.

Pero lo cierto es que a pesar de todo no puedo negar que funciona; incluso teniendo en cuenta los evidentes préstamos de otras películas, el mundo creado por Peninsula sugiere un espectro más amplio que se podría, en teoría, explorar en el futuro. A pesar de su poco realismo sabe mantener la acción trepidante que tenía la original y al mismo tiempo respetar algunas de sus constantes de estilo como por ejemplo el melodrama en cámara lenta que a estas alturas ya asocio con gran parte del cine mainstream coreano. No quiero ponerme demasiado exigente con esto porque la he disfrutado a pesar de todos sus problemas, y solo lamento que teniendo en cuenta el hecho de que su director ya había entregado dos grandes obras de cine zombi como la ya citada Train to Busan y el grandioso largometraje animado Seoul Station (2016), para la tercera parte haya decidido darnos un trabajo mucho más comercial y olvidable.