Reseña: The Darkness (2016)

Con un genérico y ya usado título, The Darkness (2016) es una producción de Blumhouse que repite el ya famoso modus operandi de esta distribuidora de sacar material de terror con presupuesto mínimo y una premisa que recicla gran parte del imaginario establecido por el cine de miedo en décadas posteriores. A pesar de contar con un elenco interesante y una identidad estética hasta cierto punto novedosa, todas sus buenas ideas se quedan en la superficie dando como resultado un trabajo bastante blandengue que merecía un tratamiento mejor.

Su premisa es algo que ya conocemos pero que refuerza una idea que me gusta y es la del terror como algo enteramente fortuito: una familia de vacaciones en el desierto americano y que se meten en problemas cuando su hijo autista trae a escondidas unas piedras rituales de una extincta tribu indígena, y con ellas la presencia de unos espíritus malignos que intentarán llevárselo. Reconozco que esta idea y la estética de una maldición de origen nativo-americano fueron cosas que me llamaron mucho la atención al principio y me animaron a seguirla viendo.

Sin embargo, pronto queda muy claro que el desarrollo es otro remedo del 99% de las obras de terror sobrenatural de ambiente familiar que hemos visto ya, sobre todo Poltergeist (1982), película a la que se fusila sin piedad en más de una ocasión. Como en esta, el fenómeno sobrenatural comienza de forma sutil y se va haciendo cada vez más siniestro y peligroso a medida que avanza el metraje, desembocando al final en el sonrojante e inevitable empleo de exóticos expertos paranormales, cuya abrupta llegada en el tramo final de la cinta hizo que terminara desconectando por completo.

Siendo sinceros tiene cosas que sí me gustaron: la sutileza de los efectos en la primera mitad, el mínimo uso de música o la presencia de actores que me gustan mucho como Kevin Bacon o Radha Mitchell, pero entre el superficial drama familiar que no va a ninguna parte, los cargantes personajes, la ligereza con que la trama acepta lo sobrenatural de entrada o los lugares comunes mencionados arriba, todo se vino abajo de forma estrepitosa. Lo que quizás me molesto más de todo fue comprobar, ya al final, que el director es el australiano Greg McLean, responsable de la saga de Wolf Creek (2005) y alguien de quien me esperaba algo mucho mejor.

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