Reseña: Lake Mungo (2008)

Tras la trágica muerte por ahogamiento de la joven Alice Palmer, su familia está en la certeza de que los fenómenos ocurridos en su casa se deben a su fantasma, que intenta comunicarse con ellos. Esta es la historia de la que parte la cinta australiana Lake Mungo (2008), un falso documental que se ha convertido con el tiempo en una de las más apreciadas obras de este formato en el género de terror. Durante años me fue recomendada por mucha gente de cuyo criterio me fío pero nunca llegué a verla, en parte porque no es tan fácil de conseguir, pero lo cierto es que es una película muy singular que no solo es muy buena sino que tampoco se parece mucho a la mayoría de los trabajos con los que es inevitablemente comparada.

Más allá de la premisa mencionada arriba, una de las cosas que más sorprende de la película es que realmente parece un documental, y como tal tiene un manejo sutil pero efectivo de lo que vendría siendo sus golpes de efecto. De hecho la mayor parte del componente sobrenatural de la película está dado por la representación de fenómenos muy conocidos para aquellos amantes de la conspiranoia fantasma: apariciones espectrales en fotografías y cintas de vídeo casero, la inevitable entrada en escena de un investigador paranormal y recreaciones de escenas de miedo aderezadas con entrevistas a los miembros de la familia. Toda esta parte está, a decir verdad, muy lograda y la investigación acerca no solo de la presencia del fantasma sino de la verdad tras la muerte de la joven está tratado de una manera muy interesente con giros sorpresa de trama pero sin apenas truculencias ni escabrosos secretos como una película más convencional habría hecho sin duda.

De hecho, es aquí donde tengo que mencionar algo que quizá condicione la apreciación que se tenga de la película, y es que Lake Mungo pone el énfasis en la parte emocional de la historia y la manera en como la familia de Alice debe lidiar con su muerte. Es por eso que quien se espere una película de terror pura y dura se va a llevar un chasco porque si bien hay sustos y escenas de miedo, estos no son para nada el centro de una historia que se presenta más bien de forma melancólica y hasta cierto punto optimista en cuanto a sus conclusiones. Quizá el problema resida en que durante el momento de su estreno y su posterior lanzamiento en mercado casero la película fue publicitada como una historia de terror más convencional, en parte gracias a cosas como esta engañosa portada que la cinta recibió tras su inclusión en el After Dark Horrorfest.

Es posible que a mucha gente la decepcione pero esto se debe principalmente a que se ha publicitado como una película de terror al uso cuando para nada es así. Si uno va sabiendo esto de entrada la puede disfrutar mucho más porque realmente está muy bien. Curiosamente, su director, Joel Anderson, no ha vuelto a rodar un largo desde entonces a pesar de que la película ha terminado por granjearse cierto nivel de culto, lo cual es sin duda una lástima.

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