Reseña: Hunter Hunter (2020)

Como ya se deja intuir por el título, la canadiense Hunter Hunter (2020) es un muy eficaz ejemplo de narrativa de supervivencia que apuesta por el enfrentamiento entre un cazador y otro, con algunas sorpresas a lo largo del camino y una brutalidad poco habitual en este tipo de historias, al menos dentro del mainstream. Es también una película que, al menos al principio, no parece ser realmente de terror sino más bien de lucha contra la naturaleza mezclada con conflicto familiar. Como decía arriba, eso cambia llegado cierto momento, pero el camino hasta allí resulta de lo más satisfactorio.

El argumento va acerca de una pequeña familia compuesta por padre, madre e hija adolescente que viven aislados en los bosques de Canadá, renegando de la civilización y malviviendo como pueden de la venta de pieles. Los tiempos son difíciles, y la escasez de presa y los peligros de la vida salvaje comienzan a hacer mella en el ánimo de la madre, que se plantea sacar a su hija de aquel ambiente y volver a la ciudad. Es la llegada de un lobo que pone en peligro su modo de vida lo que desencadena la acción, así como el descubrimiento de una amenaza dentro de los bosques que va más allá de lo que la familia ha encontrado hasta ahora.

No quiero contar más porque es a partir de entonces cuando se dan algunos de los giros más importantes de la película, giros que además son los que la enmarcan definitivamente en el género de terror siempre sin abandonar el lado dramático. Este último, por cierto, conseguido siempre con un elenco mínimo en el que tenemos a un irreconocible Devon Sawa como el padre de la familia, así como a Nick Stahl en la figura de un forastero que llega a la cabaña de los protagonistas a cambiarlo todo. Como decíamos, la película comienza como algo muy típico, un relato familiar de hombre vs. naturaleza que sin embargo pega un giro tremendo en sus últimos veinte minutos que lo acerca más al cine de terror ultraviolento. Lo interesante y a la vez decepcionante de este cambio de registro es que se da precisamente en el clímax cuando una película más convencional quizá habría hecho de esto su premisa principal. Esto me dejó con una sensación muy extraña porque parecía que toda la trama no era sino la excusa para llegar a ese momento tan jodido.

Aún así pienso que ese final es tan bueno y que solo por eso no será fácil de olvidar. P´rueba de ello es que la película ha levantado muy buenos comentarios allí donde se ha estrenado, y todos ellos siempre mencionan ese desenlace catárquico que puede que enlace a la película con un cine de terror pesimista que no me gusta tanto, pero que definitvamente no esperaba a este nivel. Tampoco me ha parecido ninguna obra maestra, pero mentiría si no dijera que disfruté mucho de esa brutalidad y esa economía de medios de la que hace gala casi desde el principio. De los mejores trabajos que le he visto a la gente involucrada.

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