Reseña: Titane (2021)

La nueva película de la directora de Crudo (2016) (la cual, sorprendentemente, no hemos reseñado todavía aquí), Titane (2021) es una inclasificable y muy singular experiencia que mezcla varios géneros y arquetipos, principalmente una historia de violencia aderezada con algunos toques de terror corporal que nunca son explicados del todo y que sospecho han sido los que terminaran por poner a la cinta en la categoría de cine de terror. Pero es también, y eso quizá sea lo más curioso, un relato profundamente sentimental acerca de la fluidez de la identidad de género y la experiencia de encontrar el amor incluiso en la peor de las circunstancias.

Argumentalmente hablando, la protagonista de Titane es una asesina en serie que huye de la justicia y encuentra una poco habitual y arriesgada manera de ocultar su identidad, poniéndose en una situación difícil que sin embargo la lleva a descubrir una fuente de afecto que hasta entonces no parecía haber conocido. También hay un elemento de índole sobrenatural que no voy a revelar a pesar de que se introduce muy rápido porque la rareza de la película es algo que se disfruta más si se ve sin prejuicio alguno. Lo cierto es que este elemento fantástico es algo que juega si se quiere un papel secundario ante la pantalla ya que se menciona muy poco y cuando lo hace es más bien para darle una sensación de urgencia a la trama ante lo que se anticipa como un inevitable desenlace.

Ha sido quizá este elemento lo que haya dado a la película su etiqueta de body horror, algo en mi opinión un tanto exagerado. De hecho la historia me recordó más a toda la ola de cine extremo que salió de Francia durante la década de los dosmil, no solo por el nivel de violencia mostrado en pantalla sino también por el empleo de una protagonista moralmente cuestionable con la que el público de alguna forma termina simpatizando a pesar de que la película en ningún momento intenta justificar sus acciones. En este sentido está muy bien y consigue su objetivo con creces ya que la evolución del personaje y su descubrimiento del afecto sincero a lo largo de la trama es algo que resulta indudable.

Titane ha tenido un recibimiento crítico muy positivo, tanto para su protagonista, la primeriza Agathe Rousselle como para su directora, Julia Ducournau. Alabanzas muy bien merecidas, además, ya que aunque considero que la película resulta excesiva en ocasiones también es una obra muy valiente y poco habitual cuyas decisiones la hacen difícil de encasillar en un género específico. Solo por eso creo que merece la pena.

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