Reseña: Candyman (2021)

Es muy difícil para mí ser objetivo en este caso porque la versión original de Candyman (1992) es una de mis películas de terror favoritas. Con todo y eso nunca he pensado que fuese imposible superarla, y aunque Candyman (2021) no lo logra sí que tiene algunas ideas interesantes y provocadoras que al menos dejan entrever que la directora Nia DaCosta entiende de qué va la original y ha decidido poner todo ello en esta secuela disfrazada (muy superficialmente) de remake. En este sentido es todo un acierto el abordar la historia de Candyman y Cabrini Green desde una perspectiva afroamericana esta vez (a diferencia del resto de la saga que ha sido siempre desde el punto de vista del ciudadano blanco de clase media) tocando temas como la gentrificación, la imposibilidad de dejar atrás la violencia y sobre todo el aprovechamiento por parte del protagonista que utiliza la leyenda para su propio beneficio, algo que enlaza perfectamente con la primera película.

En esta ocasión la historia tiene lugar treinta años después de la original, ignorando además las dos secuelas anteriores y devolviendo la acción a Chicago y al barrio de Cabrini Green, donde los megabloques populares han sido demolidos y la zona gentrificada en beneficio de la nueva clase de artistas que llegan a inyectarle nueva “vida” a un área depauperada en la que los vecinos originales han sido desplazados. Nuestro protagonista es esta vez un artista que encuentra inspiración en la leyenda que se ha tejido alrededor de los eventos de la primera entrega y que comienza su propio descenso a los infiernos cuando repite el nombre de Candyman cinco veces delante de un espejo.

Por desgracia la conexión con la película original no hace sino resaltar el hecho de que esta vez no tenemos un guión tan sólido, y por momentos sientes que la historia va de aquí para allá sin adentrarse en lo que está pasando y por qué (los mejores momentos son siempre de exposición), centrándose en cambio en el cliché del artista atormentado por su obra y en una violencia mucho más gráfica que la de su antecesora pero también más superficial y convencional. También es cierto que todos los temas que toca son cosas de las que se habla constantemente en la película y están reflejados de forma muy evidente dejando muy claro que esta no es simplemente una de película de terror sin más sino que además “tiene cosas qué decir”, algo que resulta un tanto decepcionante ya que la original era mucho más sutil en ese sentido. Además el nuevo Candyman sale poco y no tiene ni de lejos la presencia de Tony Todd, con lo que ni siquiera parece tan importante. Los últimos quince minutos quizá sean lo peor, hasta el punto en que parece que al final estamos viendo una película muy distinta a aquella que era cuando comenzó.

No resultó tan buena como esperaba, y aunque tiene sus cosas positivas y algunas escenas y conceptos muy atractivos, debo reconocer que los detalles más interesantes que tiene provienen del diálogo que plantea esta película con la original, y para eso hace falta haberla visto. Lo que sí me encantó fueron los títulos de crédito finales, que rescatan el tema musical de Phillip Glass y consiguen un ambiente que me hubiese gustado ver en el resto del metraje.

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