Reseña: Sorority House Massacre (1986)

Poco tiempo después de haber alcanzado cierto éxito con The Slumber Party Massacre (1982), Roger Corman decidió meter la mano en otra producción similar que explotara la idea de un grupo de jovencitas acosadas por el asesino de turno. De esta forma, mientras la película arriba citada estaba preparando su propia secuela para el año siguiente, Corman tomó a la asistente de dirección Carol Frank y la puso al frente de la que sería su única película como directora, Sorority House Massacre (1986), la cual no llegaría a los niveles de calidad ni éxito de su antecesora, pero conseguiría sin embargo cierto nivel de culto propio y constituye también una interesante aunque fallida entrada en la explosión slasher que la década de los ochenta nos dio.

La falta de originalidad es, eso sí, algo a lo que Corman y compañía nunca tuvieron miedo, y es así como las semejanzas de esta película con varios éxitos de años anteriores son más que evidentes y han sido mencionadas muchas veces. La premisa principal de un asesino acosando una residencia de chicas es prácticamente la misma de Black Christmas (1974), el vínculo telepático y familar de la protagonista, así como el estilo y la estética son un evidente plagio de Halloween (1978), e incluso el componente onírico de varios pasajes recordará mucho a Pesadilla en Elm Street (1984). Todo esto, sin embargo, hecho con un nivel general de incompetencia reflejada más que nada en el guión, porque a nivel de imagen la película está ciertamente al nivel de otros ejemplos más famosos de asesinos anónimos.

Falla sin embargo en cosas que ya apreciábamos en The Slumber Party Massacre: la decisión de hacer del asesino alguien que va completamente a cara descubierta le quita gran parte de su efectividad, y la película intenta sin éxito saltar de la historia principal a él de forma un tanto chapucera y con un montaje muy pobre. Hay, eso sí, momentos muy interesantes en la trama de las chicas, y aunque evidentemente existen algunos pasajes de explotación pura y dura como la gratuita escena en que todas se están cambiando de ropa, otros demuestran que su directora tenía muy presente el meta-discurso de su principal inspiración, haciendo énfasis esta vez en la lucha por la supervivencia como una especie de despertar sexual y del acoso del asesino hacia la protagonista como una obvia metáfora del miedo al sexo, tesis que se ve incluso reforzada cuando un personaje habla de ello abiertamente.

Sin llegar a ser tan inteligente como su antecesora inmediata, y con todos los vicios del slasher de segunda fila, Sorority House Massacre es sin embargo una entrada pasable dentro de este subgénero que probablemente tendría mejor prensa de no ser porque existen otras muchas películas que han tratado la misma trama desde una perspectiva más rompedora e interesante. Como muchas de las producciones de Corman de esta época, esta cinta fue rodada con una relación de aspecto pensada especialmente para el mercado doméstico, donde consiguió hacerse con cierto éxito que propició una secuela propia pocos años más tarde. A ella volveremos en otro momento fuera de este especial.

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