Reseña: Ju-on: The Beginning of the End (2014)

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Ahora que el estreno de su segundo remake americano es inminente, el cuerpo me pedía dedicar tiempo a ver y reseñar aquellas partes de la saga original de Ju-on que no había tenido oportunidad de ver. La primera de estas reseñas está dedicada a Ju-on: The Beginning of the End (2014), séptima película japonesa de la saga que, pese a que se publicitó en su momento como una muy postergada tercera entrega del trabajo original de Shimizu, es en realidad un reinicio de la serie, un remake encubierto que cuenta la maldición de Toshio y Kayako desde el principio, homenajeando en gran medida a las entregas anteriores pero también haciendo grandes cambios a la historia que ya conocemos.

Aunque lo de «conocemos» es algo que hay que tomar con pinzas. Después de todo, los once años que separan esta película de sus antecesoras inmediatas (no contamos aquí los spin-off del 2009) me hacen pensar que muy probablemente esta cinta no haya sido realizada para el mismo público de las anteriores. Algunas constantes se mantienen, por supuesto, y el argumento base sigue siendo el mismo: historias contadas en desorden cronológico que giran alrededor de la maldición de una casa y sus fantasmas asesinos, quienes dan cuenta de todos aquellos que se atreven a poner pie en ella y cuyo maleficio se extiende como una plaga. Hasta ahí la película resultará tremendamente familiar, e incluso recicla algunas de sus secuencias y sustos más famosos de entregas anteriores.

Donde radica la principal diferencia es que The Beginning of the End intenta, no siempre de forma efectiva, revitalizar la saga alterando la trama de Toshio y Kayako y dando a la maldición un origen y justificación distintos a los que siempre había tenido, sugiriendo un argumento de posesiones y un doble crimen que estaba ausente en la película original, así como un subtexto de reencarnación que estaba insinuado en la saga de Shimizu pero que aquí está más que evidenciado no sólo a través de la historia de los fantasmas sino también mediante la imagen recurrente de una espiral a la que no se le da mucho juego pese a que parece ser algo importante. Lamentablemente todos estos temas estan apenas sugeridos y la cinta prefiere centrarse en una recreación muy superficial de momentos que funcionaron en entregas anteriores pero realizados esta vez de una forma más efectista que termina destruyendo el minimalismo que marcaba sus antecesoras.

Esto último es algo que se hace muy evidente a medida que la película avanza y se rinde al uso de unos efectos especiales de saldo y una puesta en escena mucho más frenética e intensa que por desgracia no se ve acompañada por un nivel de producción que le haga justicia; la película se ve tremendamente barata incluso para los estándares de un cineasta como Masayuki Ochiai, quien sustituye a Shimizu como director y que por desgracia no logra repetir la eficacia no ya de las antecesoras, sino incluso de su propio trabajo como la mucho más disfrutable Infection (2004). En cambio, esta nueva Ju-on cae en la trampa de intentar revivir el interés por la saga original mediante la nostalgia fácil pero sin ninguno de los sutiles elementos estéticos y estilísticos que le daban toda su fuerza. Incluso las pocas imágenes y secuencias interesantes que tiene me lo  parecieron únicamente porque me recordaron a las del 2003, las cuales hubiese preferido estar viendo en vez de esto.

 

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