Reseña: Brightburn (2019)

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A pesar de que nadie parece estar hablando de ella, Brightburn (2019) podría ser la primera película de nuestros tiempos que aborda el tema del relato superheróico desde una perspectiva de terror, algo especialmente relevante ahora y de lo que hubiese esperado una proyección mayor teniendo en cuenta la presencia como productor de James Gunn, quien ha demostrado con el tiempo ser alguien que saca trabajos interesantes de este género no sólo con sus dos entregas de Los Guardianes de la galaxia sino también con la muy recomendable Super (2010), una de esas que todo el mundo debería ver.

Como se viene diciendo prácticamente desde el momento en que se anunció, esta cinta le da la vuelta al concepto de superhéroes con una premisa que se podría resumir en aquello que habría ocurrido si Superman (a quien únicamente le falta el nombre) no hubiese heredado los valores de sus padres sino que hubiese sido una mala semilla desde el principio. No es una idea del todo original (creo recordar que hay un cómic de Superman que tiene exactamente la misma premisa, aunque no he podido encontrarlo y a lo mejor alguien que sepa más de cómics que yo puede tener la respuesta) y de hecho se ha tratado numerosas veces aunque con otro tipo de enfoque. La premisa de unos padres que descubren que su hijo es un monstruo es algo que podría haberse abordado desde una perspectiva sobrenatural/satánica al estilo de La profecía (1976) o desde un ángulo sci-fi/monstruoso tipo Species (1995), pero esta película decide en cambio hacerlo desde el cine de superhéroes y termina contando lo que a todas luces es la historia de origen de un supervillano, un niño de 12 años que obtiene los poderes de un dios con terribles consecuencias para aquellos que lo rodean, algo que ya hemos visto también en obras muy celebradas como Akira (1988) o Chronicle (2012).

El único problema real que tiene es que la película toma una premisa en principio muy atractiva y luego no hace realmente nada interesante con ella. Parte de ello se debe sin duda a un ritmo muy acelerado que busca apretar en una hora y media toda una historia de descubrimiento en la que ocurren muchas cosas y que, por lo tanto, presenta numerosas situaciones dramáticas a las que no se les da transición alguna. Los padres de Brandon, el chico protagonista, parecen estar totalmente aterrorizados de su hijo desde el principio, y al menos en el caso del padre nunca llegué a sentir el apego que este supuestamente tenía hacia el joven. En muchas ocasiones tampoco está claro el origen de la supuesta maldad del niño ya que a veces parece estar siendo controlado por una entidad externa y otras parece que es él quien se entrega a su lado perverso por pura psicopatía, sin que nunca veamos por su parte un conflicto ante el descubrimiento de sus poderes. Lo que quiero decir con esto es que hubiese sido interesante ver en algún momento algún tipo de interpretación acerca de por qué Brandon se ha convertido en un super-asesino, si su maldad se debía a un entorno de maltrato o quizás ante la propia desaparición de aquellos valores morales con lo que el personaje de Superman había sido criado. En la película no hay realmente nada de esto y la transición de Brandon a psychokiller con poderes se da muy rápido y sin que signifique realmente nada.

Donde sí que destaca mucho Brightburn es en el tono que se le ha querido dar: es una verdadera película de terror que te engaña al principio con su estética de placidez americana (no es casualidad que incluso el trailer haya explotado la estética del Man of Steel (2013) de Zack Snyder) y termina entregándose con gusto a escenas muy violentas en las que ni siquiera escatima en el gore e imágenes muy jodidas y perturbadas. Hubiese preferido, sin embargo, que la película hubiese explorado más su premisa o por el contrario hubiese optado por una aproximación más cercana a un auténtico cómic, aunque para esto último habría sido necesaria alguna otra figura de poder contrapuesta a Brandon como en la ya citada Chronicle. No me ha desagradado, pero sí se siente un poco como un cúmulo de oportunidades perdidas que habría dado para mucho más.

 

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800 reseñas (casi)

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Mientras lees esto, Horas de oscuridad va por 795 reseñas. Suena poco considerando el tiempo que lleva este blog abierto, pero aquellos que conocen la constancia con la que he actualizado en algunos años específicos saben que en realidad es un montón.

Como siempre que llego a un número centenario, quiero usar esta oportunidad para pedir vuestras sugerencias en cuanto a cual debería ser el trío especial de reseñas de esta nueva etapa. En este caso, estamos hablando de las reseñas número 799, 800 y 801. Las pido ahora porque necesitaré tiempo para localizarlas en caso de que no las tenga.

Por supuesto, si no estáis seguros de haber visto reseñada vuestra sugerencia o no, podéis revisar este maravilloso índice, aunque todavía no haya terminado de colocar todos los enlaces tras nuestra mudanza el otoño pasado.

Hasta entonces.

Reseña: The Predator (2018)

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Vista por fin The Predator (2018), la cuarta entrega de la saga iniciada en 1987 (o la sexta, dependiendo de si se cuentan o no sus encuentros con la saga de Alien), y la verdad no ha sido lo que me esperaba. La presencia como director de Shane Black (quien además escribe el guión junto a Fred Dekker) debería haber asegurado en teoría una vuelta a las raíces de la saga, pero ha terminado siendo todo lo contrario: esta quinta entrega es una película caótica, ruidosa y un completo desastre que no parece tener idea de qué es lo que quiere ser. Pero es también, aunque en eso probablemente algunos no estaréis de acuerdo, una que ocasionalmente muestra buenas ideas que quizás podrían haber funcionado por separado o en otro tipo de material.

Esta vez, y al igual que como ocurría en Aliens vs Predator: Requiem (2007) la acción se desarrolla en un pueblo pequeño, aunque la locación parece ser algo sin ningún tipo de consecuencia ya que el monstruo en ningún momento tiene interacción con más que los personajes directamente relacionados con la trama. Por el contrario pareciese que es el monstruo el fugitivo, quien debe escapar no sólo de los soldados y personeros del gobierno a la vez que intenta recuperar un artefacto extraviado, sino que encima debe eludir el ataque de otro depredador, uno mucho más grande y poderoso, a quien ya conocimos incluso desde la primera secuencia de la lucha entre las dos naves alienígenas. Esta primera escena, por cierto, deja claro que la cinta tendrá un tono muy distinto al de todas las entregas anteriores, y mucho me temo que no en el buen sentido.

Lo que acabo de soltar arriba es un resumen sumamente simplista de la trama, ya que en realidad pasan muchas cosas, hay un gran número de personajes, y pese a que mantiene grandes momentos e imágenes así como referencias y guiños a todas las entregas anteriores de Predator (algunas muy interesantes como Jake Busey haciendo un papel muy similar al de su padre casi tres décadas atrás), Shane Black y Fred Dekker se encargan muy pronto de destruir sus propios aciertos o bien mediante salidas de guión inexplicables o con un humor constante que en ocasiones funciona pero que en muchas otras me pareció francamente idiota y terminó arruinando la película para mí (especialmente el grupo de soldados del psiquiátrico parece salido de una película distinta). El ángulo infantil de la trama no me resultó tan molesto como pensaba en un principio, pero el tono light de la película y lo intrascendente de su violencia (pese al altísimo número de muertes) me dejaron completamente frío.

Al final, mi principal problema con The Predator ha sido haber esperado algo distinto de Black y Dekker. Por el contrario, esta entrega parece haber abandonado por completo el carácter oscuro y violento de la saga para hacer una película de super héroes con un toque sci-fi y un mayor grado de violencia digital. Con un elenco mejor de lo que merece y con algunas ideas lanzadas al aire de forma aleatoria y desenfrenada, me ha parecido la peor de todas las secuelas, y su punto más bajo quizás sea ese vergonzoso epílogo que tiene lugar tras la confrontación final. Espero sinceramente que, en el improbable caso de que se decidan a hacer una continuación, esta tome un camino completamente distinto porque esa escena final lo que me dio fue vergüenza ajena.

 

Reseña: The Perfection (2019)

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La más reciente película de terror de Netflix, y también por lo visto una de las menos típicas, ya que pese a que venía anticipada de cierto hype, las primeras impresiones han sido bastante irregulares. No es de extrañar, ya que The Perfection (2019) comienza como algo muy diferente y se va volviendo cada vez más alocada a medida que transcurre el metraje, con varios giros sorpresa uno tras otro que terminan dando cabida a películas muy distintas entre sí. Es también una cinta muy comprometida no sólo con sus piruetas argumentales sino también con su mensaje final cargado de actualidad y ante el cual todo lo demás pasa a un segundo plano. Esto quizás sea lo que eche a algunos para atrás, pero con todo y eso es algo que merece la pena.

La trama es básicamente eso que habéis visto ya en numerosas sinopsis: una talentosa cellista que regresa con su antiguo maestro una década después de que interrumpiera su formación para cuidar de su madre enferma, para descubrir que otra tan dotada como ella ha tomado su lugar. La relación entre estas dos mujeres es lo que va moviendo el argumento, y es poco más lo que puede decir sin arruinar varias de las sorpresas que depara la trama. Si no digo más es porque gran parte del disfrute de la cinta viene precisamente por los giros que va mostrando y los diferentes tonos que adopta a lo largo de sus compactos noventa minutos de duración, recordándonos por momentos a cintas como Perfect Blue (1997) o Whiplash (2014), pero también a otros trabajos muy distintos como Audition (1999), Sympathy for Lady Vengeance (2005) y varios ejemplos de explotación pura y dura que parecen impensables teniendo en cuenta el muy sobrio thriller que habíamos empezado a ver.

Pese a que no suelo poner mucho entusiasmo en este tipo de recursos, lo cierto es que los giros argumentales están muy bien hasta el punto de perdonarle a la película que los aborde de manera tan barata como ese uso tan cutre del flashback y la cinta rebobinada. A decir verdad, ese ha sido mi principal problema: el apartado estético de la película está por lo general muy por debajo de lo que la historia merece, y creo que quizás en otras manos o sin las limitaciones que pareciera tener en varios momentos, esta hubiese sido una cinta mucho más atrevida en el aspecto artístico, algo que hubiese calado mucho mejor con ese ambiente de alta cultura y refinamiento que parece mostrar en sus muy sólidos primeros veinte minutos.

Al final The Perfection termina siendo una cinta muy diferente a como comenzó, con un clímax enfocado a un tema específico que revela, como pocas cosas, que esta es una película de Miramax hecha después de la caída de Harvey Weinstein. La manera como trata este tema es batante burda y un tanto cínica, pero también nos regala las imágenes más impactantes de la película, y desearía que el resto hubiese tenido la misma fuerza. No es una cinta que vaya a gustar a todo el mundo, pero merece ser vista, y honestamente creo que su actriz principal, Allison Williams, puede convertirse en una presencia constante en el cine de terror de los próximos años. Ojalá sea así.

 

Reseña: El secreto de Marrowbone (2017)

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Juan Antonio Bayona produce este debut como director de su guionista habitual Sergio G. Sánchez, y la verdad es que la influencia de ambos se nota mucho ya que El secreto de Marrowbone (2017) guarda muchas similitudes tanto estéticas como temáticas con cintas como El orfanato (2007). Entre estas similitudes se encuentran su preciosa fotografía y el énfasis en un argumento que, como suele ser el caso en muchas de estas producciones españolas de los últimos años, concentra gran parte de su efectividad en un secreto que se mantiene oculto durante la mayor parte del metraje hasta la ya inevitable resolución final, momento que suele dividir al público de forma irreconciliable.

Debo decir, sin embargo, que en esta ocasión dicha trama me pareció mucho más interesante que la de aquella película con Belén Rueda, y Sánchez consigue además una atmósfera tremendamente opresiva al contar la historia de un grupo de hermanos refugiados en un caserón familiar de un apartado pueblo costero americano y que deben lidiar con una presencia que parece habitar en sus paredes y manifestarse a través de los espejos. El por qué de esta presencia fantasmal, así como el estado de soledad de los hermanos en medio de aquel caserón en ruinas son cosas que se mantienen deliberadamente ocultas a un público, pero a pesar de esto la película consigue escenas realmente aterradoras (a las que ayuda el hecho de haber rodado en una locación real con luz natural) que sin embargo ceden protagonismo a un misterio en la trama por el que al menos yo me sentí genuinamente interesado, cosa que no me suele pasar en este tipo de películas.

Es este ambiente creado mediante la estética, la música y la fotografía lo que me parece más destacable incluso a pesar de que termina lanzando a la película a su propia realidad; la historia está supuestamente ambientada en 1969 pero todo parece mucho más antiguo, como si ese pueblo de Nueva Inglaterra se hubiese quedado anclado en el tiempo reflejando el estado ruinoso de la casa en la que habita el grupo de hermanos. En este sentido, la presencia de la chica del pueblo interpretada por Ana Taylor Joy y su subtrama amorosa con el protagonista se sienten como el único rayo de luz en medio de una decadencia opresiva tanto como la de esa casa habitada por el fantasma de la muerte. Son detalles muy interesantes que se perciben sin embargo de forma intuitiva ya que el argumento llega a extenderse demasiado y hace a la película demasiado larga.

Es por este motivo que la sorpresa final se ve venir desde mucho antes, pese a que no termine de arruinar la película del todo. Lo cierto es que es un trabajo muy eficiente con pocas concesiones al horror y más parecido a un drama de época al que se le han añadido algunos elementos de thriller tales como el misterio que rodea a la familia y una subtrama de familia marcada por el odio y la violencia. Pero funciona, aunque el resultado final termine siendo, al igual que como ocurría en El orfanato, tremendamente light y oprimido por un melodrama que aquí, debo decir, funciona mucho mejor. Con todo y sus medianías, la verdad es que me ha gustado.

Reseña: La autopsia de Jane Doe (2016)

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Completamente ignorada por mí en el momento de su estreno y recuperada el pasado fin de semana, La autopsia de Jane Doe (2016) ha resultado ser una pequeña joya que lamento mucho haberme perdido, en parte porque su premisa es algo que terminé viendo este mismo año (aunque hecho de peor manera) en The Possession of Hannah Grace (2019), una película con la que guarda muchas similitudes pero ante la que resulta muy superior, consiguiendo con apenas tres personajes y un único escenario construir una historia que no sólo transmite la inquietud que el género de terror debe darnos sino encima un misterio que se va develando a nosotros de forma gradual y del cual nunca se nos llega a decir todo.

Al igual que la película arriba citada, esta cinta va acerca de dos patólogos que reciben de forma inesperada el cadáver de una joven mujer hallado en la escena de un crimen con múltiples víctimas. El cuerpo no sólo parece estar intacto, sino que su identidad no ha podido ser confirmada y no parece guardar relación con ninguna de las otras víctimas. A medida que la noche transcurre y los dos personajes van examinando el cuerpo, se dan cuenta de que este presenta numerosos detalles en apariencia imposibles y que su sola existencia parece haber traido consigo un peligro sobrenatural que los va acechando cada vez más.

Sin embargo, y a pesar de estos detalles, esta no es una película de monstruos; en ningún momento vemos el cadáver levantándose o atacando a los personajes, sino que los elementos de horror que comienzan a ocurrir van tomando posesión del lugar en el que los protagonistas se encuentran de forma mucho más sutil a pesar de que no faltan los momentos de impacto puro y duro. Esto se debe principalmente a la sobria dirección del noruego André Øvredal, a quien ya conocemos aquí por la singular The Troll Hunter (2010) y que con esta se adentra en el género de terror con un trabajo muy distinto en el que sin embargo ha sabido dosificar un misterio genuino y algunos momentos de terror bastante eficientes. Eso aparte de una sensación de claustrofobia que se va apoderando del espectador a medida que la trama de amenaza sobrenatural, brujería y maldiciones cíclicas se va tejiendo a nuestro alrededor.

No se trata, eso sí, de ninguna obra maestra del horror y por momentos parece que tanto su premisa como su desarrollo son poca cosa para un largometraje y algo más apropiado para alguna serie de televisión de terror como las que solíamos tener en décadas pasadas. A pesar de eso es un trabajo bastante decente y que me ha sorprendido porque no esperaba nada de él. No fui el único al parecer, ya que esta fue una película que cosechó comentarios muy positivos en el momento de su estreno y todavía es considerada de forma muy favorable. Echadle un vistazo.

Reseña: La llorona (2019)

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La última entrada en el universo de terror producido por James Wan está unida al resto de su filmografía sólo de forma tangencial, pero La llorona (2019) tiene la marca de su estilo por todos lados. O mejor dicho, la marca de la imitación de su estilo, porque lo cierto es que si algo han demostrado cintas como Annabelle (2014) o La monja (2018) es que hay una enorme diferencia de calidad entre los trabajos de Wan y aquellos que son simplemente inspirados en su obra. Esta de la que hablamos hoy cae dentro de la segunda categoría, pese a que “oficialmente” su fuente de inspiración sea una de las leyendas de terror más famosas de la cultura mexicana, reciclada aquí para otros paladares.

En el fondo, y como sin duda habréis leído en estos días transcurridos desde su estreno, La llorona forma parte de un arquetipo de terror universal que se encuentra fácilmente en casi toda cultura, y que no es otro que el del fantasma de la mujer destrozada por una pérdida y que destruye a aquellos que escuchan su lamento. Es interesante en este caso cómo la cinta de Michael Chaves recrea en su prólogo una de las versiones más conocidas de dicha historia dentro de la cultura de México, aunque luego este detalle pase a ser más o menos intrascedente. Digo esto último porque a pesar del trasfondo mexicano del fantasma, la verdadera película termina siendo una historia de espectros vengativos muy de andar por casa que tiene lugar en el moderno Los Angeles con una familia que si bien tiene raíces hispanas parece completamente desconectada del verdadero trasfondo de aquello que está ocurriendo.

Aquí es donde comienza mi verdadero cuestionamiento de la cinta, y que tiene que ver ya no con sus evidentes carencias como subproducto comercial del terror mainstream más mundano, sino con sus evidentes intenciones de conseguir una película de miedo con un trasfondo étnico y exótico dirigido no a un “público latino” como algunos han llegado a sugerir sino más bien a un público mayoritario al que se le agrega una pizca de exotismo mediante la representación de la cultura mexicana desde un ángulo tremendamente superficial y al que no se le da la más mínima importancia. Parece como si sólo hubiesen sustituido los típicos clichés del cine de terror convencional por sus supuestos equivalentes en este contexto, como por ejemplo la idea de sustituir a los investigadores paranormales que suelen aparecer en el tercer acto de este tipo de historias por un curandero y su catálogo de supersticiones varias. Todo esto además termina siendo secundario ante el objetivo de añadir un nuevo monstruo al universo cinematográfico de los Warren; es por este motivo que la película está ambientada en los años setenta, únicamente para añadir una escena de apenas unos segundos en la que se une al resto de la saga mediante un brevísimo flashback.

En realidad, al hablar de La llorona de lo que hablamos realmente es de una oportunidad tremendamente desperdiciada de hacer una película de miedo distinta con un trasfondo cultural lejano al del público promedio, y que en cambio ha sido abordada de una forma tan barata y genérica que termina siendo probalemente una de las más olvidables de este universo compartido que Wan ha ido preparando. No negaré que tiene algunos aciertos estéticos (sobre todo en las primeras apariciones del fantasma en casa de la familia) pero es tan predecible, tan ridícula en ocasiones y tan absurda por lo general (la manera como todos los personajes terminan viendo por su cuenta a la llorona pero nunca lo discuten entre ellos es de risa) que me resulta imposible tomarla en serio. Después de todo, esta leyenda había tenido ya numerosas adaptaciones muy superiores, incluyendo algunas hechas durante la edad de oro del cine mexicano. En cuanto a esta, no puedo decir realmente que valga la pena.

Reseña: Cementerio de animales (2019)

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Tras la buena racha de algunas adaptaciones recientes como It (2017) o El juego de Gerald (2017), la obra de Stephen King parece estar disfrutando de un nuevo aire comercial que ha llevado a los estudios a revisitar algunos de sus libros a través de nuevas versiones que por lo visto están siendo muy bien recibidas. Tal es el caso de esta nueva adaptación de Cementerio de animales (2019), la cual vino precedida por un hype altísimo incluso mucho antes de su estreno. Dirigida esta vez por Kevin Kolsch y Dennis Widmyer, los mismos de la excelente Starry Eyes (2014), esta nueva versión me ha parecido una muy buena forma de rescatar una de las mejores novelas de King, y aunque tiene algunos puntos en los que me ha decepcionado un poco, me parece en muchos sentidos una versión valiente que al menos ha sabido tomar algunos riesgos y tejer un discurso propio.

Y es que a pesar de que las opiniones encontradas, debo confesar que uno de los principales motivos por los que me ha gustado ha sido precisamente esos cambios que han hecho con respecto no sólo a la versión anterior sino también a la novela original del Stephen King. No es ningún spoiler porque es algo que ya se sabía desde el primer trailer: pese a que se mantiene la misma premisa base de la novela, en esta ocasión es el otro de los niños del matriomonio Creed quien muere dando inicio al principal conflicto del argumento. El cambio parece en un principio pequeño, pero por más que se haya intentado menospreciar en algunas reseñas que he leído, lo cierto es que esta alteración tiene un efecto significativo tanto en el desarrollo de la trama como en el tono que la película alcanza.

De hecho, una de mis principales quejas antes de ver la película era que me parecía que el trailer lo destripaba todo, pero al final estaba equivocado: lo cierto es que es sólo tras la muerte de dicho personaje cuando la película realmente “comienza”, y las consecuencias de enterrar al ser querido en el cementerio micmac son algo que influye todo este tercer acto y no sólo el clímax, como ocurría en la original. A partir de aquí la historia se convierte en algo muy distinto a lo que King quería contar, quizás con una menor carga dramática y quizás más deudora del horror de hoy en día, pero al mismo tiempo con un discurso propio y con algunas decisiones y momentos realmente horripilantes por mérito propio.

Siendo sinceros, me parece que el empeño que han puesto Kolsch y Widmyer en este tercer acto han tenido como consecuencia un tratamiento un tanto apresurado del material original, puesto que parece que todo lo que ocurre antes del accidente no es sino un muy largo preámbulo por el que parecen querer pasar lo más rápido posible. Esto hace que por el camino se pierdan algunos componentes dramáticos que resultaban esenciales en la trama tales como la relación paterno-filial entre Louis y Jud, que aquí está prácticamente dejada de lado (de hecho, Jud parece tener una relación más cercana con Ellie en esta película que con su padre). Pero otro lado, debo decir que me alegra mucho ver que hayan querido hacer algo nuevo con la novela de King en vez de limitarse a tocar las mismas teclas que la versión del 89, y aunque el final de la película puede que no convenza a muchos, lo cierto es que al menos consigue una seña de identidad propia que muy pocos de estos remakes suelen tener. A pesar de sus condescendencias a los clichés del horror comercial (básicamente toda la subtrama de Zelda) y de que en muchas cosas siento que no consigue superar a la versión anterior, pienso que esta es una película que ganará con los años y que ciertamente merece ser vista.

Reseña: Cementerio de animales 2 (1992)

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Pese a haber tenido un recibimiento crítico un tanto irregular, la primera Cementerio de animales (1989) fue un gran éxito que por supuesto tenía que tener una continuación. Tres años después, la misma directora Mary Lambert se puso al mando de Cementerio de animales 2 (1992), esta vez sin la participación de Stephen King y teniendo como resultado una película muy distinta que parece haber sido hecha al menos una década después de la original teniendo en cuenta el cambio radical en sus referentes. Es también por desgracia una secuela muy inferior a pesar de que intenta (en un principio al menos) explorar cosas nuevas basándose en la misma premisa del cementerio indio donde los muertos vuelven a la vida.

De entrada no hay lo que se dice muchas referencias a la original, a pesar de que por lo visto Mary Lambert deseaba originalmente contar una historia protagonizada por Ellie, la hija de Louis Creed y única superviviente de la película de 1989. En lugar de eso tenemos aquí a otra familia, un joven chico que se muda junto con su padre al pueblo de Ludlow tras la trágica muerte de su madre y que, por supuesto, entra en contacto con el cementerio indio a través de las leyendas locales. Una cosa que me gustó es que con todo y el cliché de su premisa hay decisiones muy acertadas, siendo la principal de ellas esa perspectiva de angustia adolescente que Lambert intenta dar a la película no sólo a través de la escogencia como protagonista del entonces en alza Edward Furlong sino también por medio de la estética grunge prácticamente dominante de la banda sonora. Este ángulo original se complementa también con el curioso giro que la película toma una vez desatado el componente sobrenatural, ya que esta entrega ahonda aún más en lo que ocurre con los muertos una vez que vuelven a la vida, a diferencia de la original en la que esto sólo ocurría durante el clímax.

Desgraciadamente esto es, diría yo, lo único realmente interesante de esta secuela. Una de las cosas más atractivas de la primera película, así como de la novela de King en la que se basa, era que el horror provenía de cierto componente dramático que hacía que todo lo que ocurría partiese del dolor de la pérdida que significa la muerte. Aquí parece haber algo de eso al principio, pero no está muy bien aprovechado. La película en cambio parece que prefiere recrearse en elementos de terror de toda la vida, y a pesar de que es considerablemente más violenta (hay más humanos muertos, muchos más animales muertos y hasta una escena de violación) en ningún momento llega a ser tan intensa como la original ni a transmitir esa sensación de absoluta fatalidad. Como ejemplo más evidente tenemos la figura del villano interpretado por Clancy Brown, cuya resurrección no tiene sentido según la lógica de la película y parece venir simplemente porque los personajes principales necesitan un antagonista a como de lugar.

No voy a decir que no tiene momentos memorables y que algunas de las ideas que maneja no son atractivas, pero en general Cementerio de animales 2 es una secuela bastante prescindible que deja pasar muchas oportunidades en beneficio de los clichés de una historia juvenil (con esos bullies llenos de un inexplicable odio que siempre parecen abundar en el cine americano), además de que precisamente el clímax de la cinta, que era lo mejor de la original, aquí es un absurdo de principio a fin. No es la peor de estas “secuelas” de King, pero está claro que no se sostiene ni siquiera por el componente nostálgico que sí parece haber contagiado a la del 89. Al menos esta también termina con una muy buena canción de The Ramones, Poison HeartComo una nota curiosa, el director del vídeo de dicha canción, Samuel Bayer, terminaría dirigiendo casi dos décadas después el remake de Pesadilla en Elm Street (2010), con lo que todo parece volver tarde o temprano al género de terror. 

Reseña: Cementerio de animales (1989)

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Esto es algo que ya he dicho en alguna otra ocasión, pero de todas las novelas de terror de Stephen King, Cementerio de animales es probablemente mi favorita, y todavía la que considero más terrorífica de todas, incluso por encima de otras más celebradas como El resplandor. Por supuesto, tampoco tardó en ser adaptada, y en 1989, seis años después de su publicación, ya teníamos esta película dirigida por la cineasta Mary Lambert y con un guión escrito por el propio Stephen King, quien por primera vez adaptaba su propio trabajo. El estreno de una nueva versión este mismo año es simplemente una excusa para hablar de ella, porque lo cierto es que la Cementerio de animales (1989) original es, pese a las opiniones encontradas en el momento de su estreno, una de las más sólidas adaptaciones del autor de Maine y una cinta que merece ser reivindicada por muchos motivos, ya que varios de los elementos que la hacen interesante no son muy comunes en el cine de miedo de su época o de cualquier otra.

Quizás por tratarse de un guión del propio King, la película sigue muy de cerca el argumento de la novela, con Louis Creed y su familia mudándose a una pequeña comunidad rural de Maine donde establecen amistad con su vecino y terminan descubriendo la historia de un misterioso cementerio indio donde todo aquello que es enterrado vuelve a la vida. Hay que decir que el argumento se mueve muy rápido y están constantemente sucediendo cosas a pesar de que los elementos de terror no llegan sino hasta prácticamente la mitad del metraje, cuando una serie de desgracias familiares hacen que Louis entre en contacto con el poder maléfico del cementerio. De todas formas, lo realmente atractivo de la historia se da en el apartado dramático: King ha comentado en muchas ocasiones que su principal inspiración para la trama fue el relato La pata de mono, de W. W. Jacobs, y se nota porque el principal tema de la película no es tanto el hecho sobrenatural como la incapacidad de sus protagonistas de lidiar con la pérdida que trae la muerte, un tema que se repite constantemente a lo largo de la historia y que al final de cuentas es lo que desencadena el horror.

De hecho, la principal carencia que tiene esta adaptación es que gran parte de la eficacia de la novela residía en la relación paterno-filial que se formaba entre Louis Creed y su vecino, Jud, algo a lo que el libro de King dedicaba tiempo y páginas hasta el punto de hacer mucho más creíble el momento en que el anciano decidía compartir con Louis el secreto del cementerio indio. Esto es algo que en la película se siente mucho más forzado, pero que en parte se compensa por el trabajo como actor de Fred Gwynne, a quien muchos conocemos principalmente como el padre de la familia Munster pero que aquí está genial hasta el punto de ser el alma de una película que muy probablemente no hubiese funcionado tan bien de no ser por su presencia. Todo este lado dramático también sirve para explicar por qué el tramo final de la cinta es tan efectivo a pesar de gran parte de sus escenas están rodadas a luz del día y sin grandes efectos de ambiente: todo lo que sucede en la trama es tan horrible que resulta en ocasiones difícil de aguantar, muy a pesar de sus obvias limitaciones técnicas y al reto que significa trabajar con niños.

Por supuesto no es una película perfecta y muchos de sus ingredientes no han aguantado tan bien el paso del tiempo. Personalmente, nunca me gustó mucho el actor protagonista y me parece que la subtrama del fantasma que le ayuda es algo que funcionaba en la novela pero que nunca terminó de cuajar en la pantalla. Pero en todo lo demás es una película destacable, con uno de los gatos más terroríficos que he visto jamás, una trama llena de momentos perturbadores que se quedan en tu memoria como la hermana minusválida de Rachel Creed, la escena de la muerte y funeral de un personaje central a la mitad de la película, y todo su tramo final que me parece realmente insuperable, además de que King no se olvida del lado festivo del horror al regalarnos en los créditos esa canción de The Ramones inspirada en la película. Si no la habéis visto, hacedlo antes de ver la nueva porque esta es una de las adaptaciones de King que realmente valen la pena, y una que además creo no ha recibido el trato que se merece, quizás porque se estrenó en una época en la que el mercado estaba saturado de películas basadas en la obra del autor de Maine, incluyendo trabajos ciertamente menos memorables pero que todavía persisten en nuestro imaginario personal.