Reseña: Books of Blood (2020)

Para nadie es un secreto que la antolog´ía Los libros de sangre de Clive Barker es una pieza fundamental del terror literario de los años ochenta y una obra que impulsó la carrera de su autor como pocas cosas. Aquí en este blog ya hemos hablado de varias películas que se han hecho basadas en algunos de sus relatos, como Candyman (1992), The Midnight Meat Train (2008) y, por supuesto, Book of Blood (2009), clara antecesora de esta de la que hablamos hoy. Varios años después tenemos un nuevo intento de llevar a la pantalla estas historias en la forma de una cinta de antología concebida originalmente como una serie de televisión, como revela la presencia como productores de Seth McFarlane y Brannon Braga, quien además hace de director.

La fidelidad a la obra de Barker es sin embargo algo que hay que tomar con pinzas porque de las tres historias que componen Books of Blood (2020) dos se toman amplias libertades a la hora de adaptar el texto, mientras que la otra es una historia original escrita especialmente para la película. Esta historia propia, que habla acerca de una chica con problemas mentales (además de un caso agudo de misofonía) que escapa de casa y se aloja en una pensión donde algo siniestro está ocurriendo, me pareció de lejos la mejor de las tres y a pesar de que no está basada en la obra de Barker sí que toca muchos de los temas que le obsesionan como autor, incluyendo un toque de horror corporal muy en la onda de varios de sus trabajos.

En realidad debo decir que las otras dos historias también me gustaron mucho y me parecieron adaptaciones muy dignas que ganan gracias a la voluntad de enlazar los tres relatos de forma ingeniosa y hacer que la película salte de uno a otro en lugar de dividirla en segmentos autoconclusivos. Sí creo que se queda un poco a medio camino en cuanto a la crudeza y perversidad de la obra de Barker y probablemente habría funcionado mejor con un formato episódico en una serie de televisión, pero maneja buenas ideas y sabe explotar su temática e imaginario de terror de forma eficaz incluso dentro de las limitaciones de lo televisivo. Esto último es algo que no me sorprende porque es algo que Braga ya ha logrado en otras ocasiones con su trabajo en series como Salem.

Books of Blood no es ninguna obra maestra ni tampoco creo que sea la adaptación definitiva de Clive Barker, pero me ha parecido más que eficaz y si sirve para revivir el interés por este autor más allá de las distintas secuelas y remakes de Hellraiser (1987) yo me doy por satisfecho. Es una lástima que haya sido destinada a plataformas de streaming debido a motivos corporativos (la película fue la víctima de la disolución de Touchstone Television y su fusión con el resto del organigrama de la Fox antes de su venta a Disney) pero el resultado es mucho más de lo que hubiese esperado en primer lugar.

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Reseña: Incantation (2022)

A pesar de una publicidad hiperbólica que la anunciaba como la película más terrorífica de Taiwan (cosa que puede resultar en unas expectativas demasiado altas), lo cierto es que Incantation (2022) es una cinta de lo más eficiente que me sorprendió de forma muy positiva, hasta el punto de convertirse en uno de mis estrenos favoritos de este año que está a punto de acabar. No la había visto desde que se estrenó (este verano en Netflix) y la volví a ver para escribir estas líneas, y esto no ha hecho sino reafirmar mi muy favorable impresión inicial.

Todo esto incluso teniendo en cuenta su escasa originalidad, ya que la película usa su formato de metraje hallado para contar una historia que hemos visto muchas veces: los intentos desesperados de una mujer por levantar la maldición que ha caído sobre su hija pequeña, y la carrera contra el tiempo para lograrlo. Todo esto mezclado con historias de cultos secretos, espíritus malévolos y una gran cantidad de sustos muy logrados que incluso se permiten ciertos juegos formales curiosos, como por ejemplo los momentos en que el público mismo es llamado en cierta forma a participar del juego que la historia plantea, lo más cercano a un rompimiento efectivo de la cuarta pared que he visto en una película de terror moderna. También hay un énfasis en la mitología y creencias religiosas de la cultura en la que se basa, la cual independientemente de lo auténtico de su representación la emparenta con otros ejemplos más «serios» como las ya comentadas aquí como la coreana The Wailing (2016) o la tailandesa The Medium (2021).

Lo bueno es que la trama es no solo una excusa para las escenas de miedo sino que también es genuinamente interesante y muy ambiciosa, y además el hecho de que esté narrada en desorden temporal la hace más llevadera y menos monótona de lo que suelen ser este tipo de trabajos de found footage, que casi siempre se caracterizan por un inicio aburrido, cosa que aquí no ocurre. De todas formas sí que mejora a medida que avanza el metraje, sobre todo la última media hora me pareció fantástica y muy memorable al abrazar por completo su trama de terror con unas imágenes finales dignas de elogio.

Me ha gustado mucho y hay altas probabilidades de que esté en mi podio personal de este año. De hecho, casi me atrevería a decir que es de las mejores películas de este tipo que he visto en los últimos años y una de las pocas que consigue medirse de tú a tú con los ejemplos más conocidos de esa fiebre por el terror asiático que nos invadió hace dos décadas. El hecho de que esté ampliamente disponible en streaming en todo el mundo es otra razón para recomendarla con toda confianza.

Reseña: Hellraiser: Revelations (2011)

La inminente llegada de su remake fuera de su país de origen me ha hecho recordar que dejé incompleta la serie de reseñas de la saga de Hellraiser, en concreto las dos últimas entregas de directo-a-formato-doméstico que Dimension sacó en su momento. La primera de estas, Hellraiser: Revelations (2011), ha significado para mí rascar el fondo de algo que pensaba no daba más de sí y el resultado hunde todavía más la saga en su pozo de calidad y justifica por sí sola su eventual regreso a los orígenes. Había escuchado ya opiniones muy negativas pero solo ahora entiendo hasta qué punto se quedan cortas.

Para captar esto en toda su magnitud, sin embargo, se hace necesario hablar un poco del origen de esta saga y de su estado para aquel entonces: las cuatro primeras películas de Hellraiser, realizadas entre 1987 y 1996, fueron las únicas que se estrenaron en cines y las únicas en las que el creador original, Clive Barker, tuvo algún tipo de participación. Posteriormente los derechos pasaron a manos de Dimension Films, productora propiedad de los hermanos Weinstein, quienes entre 2000 y 2005 produjeron otras cuatro entregas destinadas a formato doméstico. Estas no eran realmente películas de Hellraiser sino guiones completamente independientes que fueron «reciclados» como parte de la saga añadiendo detalles superficiales que las vinculaban con el resto de películas, por lo general gracias a la (extremadamente) fugaz aparición de los cenobitas en algún momento del metraje. Todas estas cintas son, además, francamente olvidables, y hoy en día su existencia es recordada principalmente por hechos circunstanciales como el debut como director de Scott Derrickson o uno de los primeros trabajos actorales de Henry Cavill.

A partir de aquí Dimension anuncia que el siguiente (y noveno) trabajo de Hellraiser será un remake de la original, el cual nunca llegó a buen puerto y les obligó a sacar rápidamente una nueva entrega directo a DVD para no perder los derechos. Hellraiser: Revelations se convierte así en una obra hecha únicamente como una obligación legal, un subproducto realizado a toda prisa en apenas cinco semanas, con un rodaje de tan solo once días hecho a base de un guión que ni siquiera tuvo un segundo borrador. Como muestra final del poco aprecio que sentían por el material, esta también fue la primera película de la saga en la que Doug Bradley no retomó el papel del icónico líder de los cenobitas, al cual había interpretado en las ocho entregas anteriores y que conseguía darles al menos algo de legitimidad incluso en sus horas más bajas. En vez de eso tenemos esta vez a otro actor con mucha menos presencia y que ni siquiera usa su propia voz.

Sabiendo esto, y ya entrando finalmente en la película en sí, hay una cosa que sí pienso concederle a esta novena entrega y es que su explícita intención de retener los derechos de la saga hace que esta sea la primera cinta en quince años concebida desde el principio como parte de Hellraiser, es decir que no se trata de un guión reciclado sino de una historia parcialmente inspirada por la original en la que se habla de la desaparición de dos jóvenes que se encuentran con la Configuración de los Lamentos en un viaje a México y que termina con un festival de sangre y depravaciones cuando uno de ellos reaparece tiempo después en misteriosas circunstancias. La película mezcla de hecho varios estilos distintos y elementos novedosos para la saga si se quiere, tales como cierto grado de desorden cronológico y hasta algunos segmentos de found footage que podrían haber dado juego en un trabajo un poco más serio.

Al final esto termina siendo lo peor de todo, y es que a pesar de todo hay algunas ideas interesantes en cuanto a la dirección en que se quiere llevar la historia, ciertas concesiones al lado perverso y violento de la saga y un (quizá accidental) minimalismo que le habría venido bien a un guión algo más trabajado. Nada de eso se aprovecha; estamos ante la entrega más barata y cutre de todas (al menos de momento, porque se llegó a hacer una entrega más que todavía me falta por ver), subtramas que no se cierran, diálogos vergonzosos recitados por actores que obviamente no saben de qué va el resto de la película y un montón de referencias a detalles de la original que sus responsables no entienden. Terrible, sin lugar a dudas, y algo que nunca debió ocurrir.

Reseña: V/H/S 99 (2022)

En lo que hay que admitir fue una jugada muy inteligente, la cadena Shudder se hizo con los derechos de la saga de V/H/S hace ya algún tiempo para continuar por su cuenta con una nueva camada de antologías de metraje hallado. Aquí ya revisamos en su momento V/H/S 94 (2021) y ahora, poco más de un año después, nos llega su continuación, V/H/S 99 (2022), la quinta entrega de la saga y una que, como su antecesora, busca explotar no solo el formato de found footage sino la nostalgia por los noventa con cinco historias independientes ambientadas en dicha década.

Una cosa que me ha sorprendido es que en esta ocasión no parece haber una historia-marco que una a todos los relatos sino que estos están presentados como auténticas historias independientes en los que el único elemento común aparte del formato es la estética de VHS granulado que se convirtió en la marca de la casa ya con la entrega anterior, y que mucho me temo es la verdadera seña de identidad de una obra poco destacable incluso en sus momentos más altos.

Este componente nostálgico al que me refería antes está evidenciado no solo en la inclusión del año en particular sino también en la estética de fin de siglo que impregna cada una de las historias (o al menos la mayoría de ellas), pero esto termina siendo un elemento superficial. En realidad, y esto es algo que ya había notado en su antecesora, los relatos que componen esta antología demuestran un camino que la saga está tomando que en lo personal me ha parecido una decepción ya que cada vez intentan menos ser historias de horror y más bien parodias de historias de horror, con unos valores de producción muy pobres y una tendencia hacia el horror festivo en contraposición con la variedad de estilos que tenían las primeras dos entregas de la saga, sobre todo la segunda, que sigue siendo la mejor con diferencia.

Aunque quizá lo peor de todo (y esto es algo de lo que también nos quejábamos en la entrega anterior) sea que la película se niega a abordar el formato que la hizo famosa de otra forma que no sea como mero trámite, ya que la perspectiva de falso documental/metraje hallado no forma realmente de ninguna de las historias salvo quizá en la última, que por cierto es una especie de spin-off/parodia de la excelente Deadstream (2022), hecha por el mismo equipo y ya comentada aquí. Del resto, ninguna de ellas se preocupa siquiera por justificar la presencia de la cámara subjetiva más allá de la premisa inicial, y en algunos casos esta se hace literalmente imposible. Me ha parecido en general muy pobre, repetitiva y honestamente sin gracia alguna. Mejor quedarse con las dos primeras.

Reseña: Censor (2021)

Debut de la directora galesa Prano Bailey-Bond, Censor (2021) fue una de las películas que lamenté haberme perdido el año pasado ya que cosechó opiniones muy positivas entre gente de cuyo criterio me fío. Finalmente he podido pillarla esta temporada y debo decir que me ha sorprendido gratamente a pesar de que es mucho más sencilla de lo que esperaba. Es decir, no es un trabajo muy cerebral sino por el contrario una película de terror muy básica con recursos muy elementales que sin embargo me conquistó por la ambientación y la temática que toca, y si quien lee esto es alguien interesado en el lado histórico del terror de bajo presupuesto y circulación semiclandestina, creo que le ocurrirá lo mismo que a mí.

Ambientada en el Londres de los años ochenta, en pleno pánico moral de las video-nasties, la trama va sobre una mujer que trabaja como censora de películas que se topa de repente con una película de terror de bajo presupuesto en la que cree haber visto a su hermana desaparecida muchos años atrás y cuya pérdida se niega a aceptar. Frustrada al ver como nadie le cree, emprende ella misma una búsqueda de los responsables de la película y del misterioso director, adentrándose en el poco glamuroso mundo del cine de explotación sórdido y de dudosa legalidad, al tiempo que su propia psique comienza a desmoronarse.

Esta trama que acabo de describir sería interesante ya solo por el elemento de investigación, como si fuera una versión más o menos encubierta de cintas como Hardcore (1979), Tesis (1996) u 8MM (1999). Sin embargo, el ángulo psicológico y la progresiva degeneración mental de la protagonista le dan un toque especial que se manifiesta no solo a través de la excelente actuación de su protagonista, Miamh Algar, sino también a través de recursos estéticos que le dan una atmósfera única y muy efectiva. Aparte hay algo que tengo que reconocerle a la película y es la manera tan eficaz en que retrata la miseria moral de la era Thatcher y el neo-conservadurismo duro, cuyo contraste con la sordidez del ambiente en el que se mueve la protagonista es al menos la mitad del terror.

Por supuesto, el ángulo psicológico y la atmósfera de irrealidad que desprende toda la parte estética tienen la consecuencia que la película se hace muy predecible y todos los giros narrativos que da se ven venir precisamente debido a la debacle mental de la protagonista, que nunca claro si se debe al trauma por la pérdida de su hermana o es por el contrario influencia de su sobrexposición a la violencia de las películas que revisa. Pero esto al final es una queja menor porque es sin duda una muy buena película y un debut envidiable para su directora.

Reseña: Deadstream (2022)

Hoy es Halloween y si vais a ver una película de terror, me parece que Deadstream (2022) es la opción ideal. Confieso que al principio estuve un poco reacio a verla cuando me enteré de que no solo era un found footage sino también una comedia, pero lo cierto es que estaba muy equivocado. Como comedia es una auténtica gozada pero también es, para mí al menos, una de las películas de terror del año. Parte del motivo se debe a que consigue un equilibro comparable (como han dicho muchos ya) a lo que hizo en su momento Sam Raimi con Evil Dead 2 (1987), una más que evidente influencia a la que referencia en más de una ocasión.

Si la recomendaba para una sesión de Noche de Brujas es porque dicha ambientación ya se hace patente desde la premisa, en la que un youtuber caído en desgracia emplea como último recurso para reconquistar su popularidad una sesión de streaming en la que se compromete a pasar la noche completamente solo en una auténtica casa embrujada, cosa que por supuesto demostrará ser un grave error cuando descubra que aquello que él mismo consideraba solo un juego más termine siendo una experiencia real de encuentro con lo sobrenatural.

La premisa no es original ni siquiera dentro del subgénero de metraje hallado; en esta misma página ya hemos hablado de películas como Grave Encounters (2011) y Gonjiam: Haunted Asylum (2018), dos cintas que tienen prácticamente la misma premisa. Lo que diferencia a Deadstream de estas dos, aparte de su estética y factura claramente indie, es su tono de confesa comedia de horror y su mucho más realista y trabajada recreación del mundo de la celebridad virtual, con sus lugares comunes, su estética exagerada e incluso recursos visuales como el chat en constante actualización. Esto es algo que considero importante destacar porque si en algo brilla la película es precisamente en la forma tan ingeniosa en la que aprovecha el recurso de las múltiples cámaras y el punto de vista en primera persona, algo que muchas otras cintas descuidan pero aquí está maravillosamente bien empleado.

Y por supuesto, gran parte del éxito de la propuesta tiene que ver con la gran actuación de su protagonista, Joseph Winter, quien también es uno de los directores y clava su personaje desde el minuto uno, lo cual es toda una faena teniendo en cuenta que aparece en el casi cien por cien del metraje y aún consigue sostener la película sobre sus hombros. En serio, buscadla porque es muy divertida, está maravillosamente hecha y como espectador te atrapa y no te suelta, cosa que no siempre se puede decir de este formato. Arriba la comparaba con Evil Dead 2 y honestamente creo que podría perfectamente llegar a tener un nivel de culto similar si no fuera porque la avalancha constante de títulos que tenemos hoy en día hace que dicho nivel de éxito sea en la actualidad algo imposible.

Reseña: Smile (2022)

Desde aquellos primeros trailers hace ya algún tiempo, todo apunta a que Smile (2022) va a terminar siendo uno de los estrenos más exitosos en el panorama de terror de un año que ya de por sí ha contado con varios trabajos importantes. Entré a ella con expectativas altas debido a toda la buena prensa que ha tenido, y siendo sinceros se trata de una película de terror sorprendentemente eficiente que ha sabido seducir al espectador gracias en parte a una muy ingeniosa campaña publicitaria. Aunque no me ha parecido ni de lejos la obra maestra que muchos han comentado, sí que es una muy buena obra que destaca sobre todo en el panorama del cine de terror comercial en el que se mueve.

En caso de que no hayáis leído de qué se trata, Smile va acerca de una joven psicológa que contempla como una de sus pacientes se suicida de manera espantosa delante de ella y, en los días siguientes, comienza poco a poco a sufrir de las mismas alucinaciones que esta aseguraba haber tenido, en la que su sentido de la realidad comenzó a desmoronarse acompañado de visiones de gente sonriendo de manera siniestra. Todo esto la empuja a una desesperada investigación para descubrir el origen de este mal antes de que ella sufra el mismo destino.

Tanto el tema de la maldición viral como la estructura de carrera contra el tiempo, así como el énfasis en el imaginario surrealista por encima del argumento le han valido a la película las inevitables comparaciones con varias de las obras del terror asiático y sus remakes americanos de hace dos décadas, especialmente The Ring (2002), de la que se fusila directamente un susto específico (si has visto la película de Gore Verbinski sabrás exactamente cuál es), y siendo sinceros no es la única cinta de terror reciente a la que se referencia. De hecho, el director y guionista Parker Finn parece echar mano de la bolsa de trucos de gran parte del horror de este siglo, pero lo hce de una manera eficaz y sin renunciar a tener una personalidad propia en la estética y ciertos juegos de cámara destinados a desorientar al espectador y hacer de esta una experiencia muy visceral que funciona incluso en sus momentos menos destacables.

Por supuesto tiene sus problemas, ya que no estamos lo que se dice ante una película particularmente inteligente: aparte de su evidente deuda con otros trabajos, la trama es muy predecible, la actuación de la protagonista es a veces un poco lamentable y (esto sí que me pareció raro) por lo visto no todos los actores saben sonreír de manera siniestra a pesar de que se supone que es parte esencial de la premisa. También he leído algunas críticas quizá demasiado entusiastas que han querido ver en la película un discurso sobre el trauma como fuente del horror. Honestamente creo que esto es solo una excusa porque de lo contrario entonces el tema de la enfermedad mental y el traume están tratados de una forma muy superficial, pesimista y amarillista. De todas formas me lo he pasado muy bien y es una película que tiene todos los ingredientes para convertirse en un éxito, como efectivamente está pasando. Ojalá el cine de terror mainstream tuviera más a menudo este nivel de calidad.

Reseña: Watcher (2022)

Desde que vi It Follows (2014) intento ver cualquier cosa en la que salga la actriz Maika Monroe, y es curioso que traiga a colación precisamente esta película ya que Watcher (2022) parte de una sensación de paranoia muy similar que pone el foco en la protagonista y en cómo esta se siente perseguida constantemente por una amenaza que no logra identificar. Por supuesto, aquella era más una película de terror y esta en cambio es un thriller anclado en la realidad, particularmente la realidad de las mujeres y el temor que sienten hacia los hombres desconocidos, un tema que no siempre es tratado de la mejor manera.

Esta película vendría a ser un caso especialmente efectivo ya que la premisa está bien planteada desde el principio: la protagonista es una joven aspirante a actriz que abandona sus propios proyectos de vida y su autonomía para mudarse junto a su marido a Bucarest, una ciudad extraña y poco receptiva a la que no solo le cuesta mucho adaptarse sino en la que comienza a obsesionarse con la idea de que uno de sus vecinos la espía desde su ventana y la sigue por las calles. Por supuesto, siendo una cinta de este género, los intentos por parte de ella de mostrar a los demás el motivo de su temor son recibidos con escepticismo por parte de su marido y las autoridades, hasta el punto en que ella misma comienza a cuestionarse su salud mental.

Esta idea de situar la trama en una ciudad extraña con barrera idiomática incluida está muy bien porque resalata el concepto principal del argumento de una forma fácil de entender y consigue que nos pongamos como espectadores en la piel del personaje más allá incluso de cuestiones de género, porque lo cierto es que ese miedo de las mujeres hacia los hombres es algo con frecuencia ninguneado a pesar de que es una actitud habitual. Pero considerenciones sociológicas aparte, la verdad es que como película es muy tensa y visceral con una atmósfera increíblemene opresiva a pesar de lo básico de sus recursos y de que prácticamente no hay sorpresas, principalmente porque no hay muchas salidas posibles a la trama y al misterio que plantea.

Es precisamente esa tranquilidad de estar andando sobre terreno conocido lo que permite que haya escenas muy contundentes, sobre todo cerca del final. Me gustó especialmente el plano final, que podría perfectamente haber acabado con la frase que todo el público tenía en mente cuando dicho momento llegó. Insisto, todo se ve venir desde muy lejos, pero vale muchísimo la pena.

Reseña: The Forever Purge (2021)

En retrospectiva me parece algo increíble, pero lo cierto es que de todas las películas de la saga de The Purge la única que no me gustó fue la primera; todas las demás, contra todo pronóstico, han sabido sacar algo interesante de la premisa original. La más reciente, The Forever Purge (2021), no es la excepción. Esto tiene un mérito adicional si tenemos en cuenta que mis expectativas estaban muy bajas porque no creía que una secuela pudiera seguir estirando el argumento más allá de lo mostrado en The Purge: Election Year (2016), que tenía toda la pinta de un cierre definitivo.

Resulta que estaba muy equivocado porque tras lo que en principio parece una muy acomodaticia vuelta al status quo de la saga con el regreso de los villanos al poder, esta quinta entrega logra volver a sacar un escenario novedoso de su argumento central, cambiando su escenario urbano por el de la frontera mexicana y el choque cultural entre los ciudadanos estadounidenses y las masas de inmigrantes que por supuesto se convierten en el blanco predilecto de aquellos que participan en la purga. Lo novedoso además está en el hecho de que esta vez el conflicto se desencadena cuando una insurrección de extrema derecha decreta que la Purga no tendrá fin hasta «limpiar» el país de aquellos elementos que consideran indeseables, por supuesto desenadenando el caos generalizado.

Esta premisa resulta mucho más interesante de lo que parece en un principio no solo por poner el foco esta vez en el trato a los inmigrantes y al «otro» (resaltando así los claros orígenes racistas de la Purga) sino que también presenta un contundente discurso sobre el más que claro futuro mestizo de la nación americana, así como también sobre la propia decadencia e hipotética caída de los Estados Unidos como país. Todo esto en una saga comercial de Blumhouse, explorando así una perspectiva si se quiere arriesgada incluso para los estándares de una saga no demasiado optimista de por sí.

Ahora, es cierto que la mayor parte de estas ideas que destaco son cosas que se quedan en el subtexto y que, como todas las entregas anteriores, la trama no tarda en rendirse a un esquema repetitivo de película de acción, pero me sigue pareciendo una gran proeza. Por lo visto ha sido un éxito y habrá una nueva entrega que (supuestamente) contará con el regreso de Frank Grillo en el elenco. Si es así, la veré seguro. Desde aquí también quiero recomendar una vez más que vean la serie de televisión, que está muy bien y consigue asimismo sacar ángulos novedosos a una historia que se suponía no daba más de sí.

Reseña: Body Bags (1993)

Revisitada después de mucho tiempo (aunque guardaba un buen recuerdo de ella), Body Bags (1993) es una simpática película de antología de terror de principios de los noventa muy conocida pero que no suele nombrarse mucho a la hora de hablar de las más sobresalientes de dicha década. Como suele ocurrir en varios de estos trabajos, su fama y difusión vino sobre todo gracias a su presencia en formato doméstico, ya que originalmente fue concebida como el piloto de una serie para la cadena Showtime que nunca llegó a realizarse.

La estructura que tiene es algo ampliamente conocido a estas alturas: tres historias independientes hiladas por un marco narrativo con un presentador que le da el toque de comedia de horror y que por supuesto termina siendo más recordado que los propios cuentos. Esta película no es la excepción; a pesar de ser un trabajo muy sencillo que sufre en comparación con muchas otras cintas similares de la misma época, su mayor encanto está en su condición de reunión de auténticas luminarias del terror, todos bailando al compás de John Carpenter, quien no solo dirije dos de los tres segmentos (dejando el tercero a Tobe Hooper) sino que también interpreta al maestro de ceremonias en una morgue, una suerte de Guardián de la Cripta de saldo que sin embargo está muy bien y le da a la película gran parte de su personalidad, algo interesante porque no recuerdo muchas incursiones suyas como actor.

En cuanto a los cuentos como tal, estos no son nada del otro mundo y siguen más o menos el mismo esquema Twilight Zone/Cuentos de la cripta que para entonces era prácticamente el estándar. Aunque para mí el antecedente que vale la pena nombrar es Two Evil Eyes (1990), un trabajo muy similar hecho por George Romero y Dario Argento y que también se valía de la presencia de varios rostros conocidos del género de terror, algo que aquí está exacerbado. De hecho, si algo se puede destacar de las tres historias es el maravilloso elenco que se gastan: desde apariciones muy breves (Sam Raimi haciendo de un cadáver en un armario) hasta protagonismos inspirados como Mark Hamill en el segmento dirigido por Tobe Hooper, el más violento y perturbador de los tres pero también el más convencional.

Siendo justos, el tiempo no ha tratado tan bien a Body Bags como a muchas de sus contemporáneas pero con todo y eso tiene mucho qué salvar, sobre todo teniendo en cuenta que tanto Hooper como (en menor medida) Carpenter habían ya dejado atrás sus mejores películas como directores. Vale la pena.