Brevísimo ránking de horror del 2020

Vaya año que hemos tenido. Por los motivos que todos conocemos, la cantidad de estrenos que hemos podido catar en salas de cine ha sido más reducida de lo habitual, y sin embargo en Horas de oscuridad sí que hemos podido reunir una muestra significativa de lo que consideremos lo más destacado en cuanto a cine de terror estrenado comercialmente durante el 2020, ya sea en salas o directamente en alguno de los servicios de streaming que se convertirán en el futuro lo queramos o no. Hace unos días hicimos una breve encuesta para saber cuáles habían sido las favoritas de nuestros lectores, pero como siempre, aquí va lo que nosotros consideramos el podio a destacar (al menos de lo que hemos visto)

Posición No. 3

La tercera posición de nuestro podio personal va para la británica His House, estrenada (al menos por estos lados) directamente en Netflix y una que llegó además por sorpresa convirtiéndose en un éxito casi inmediatamente desde su estreno. En realidad tuvimos una gran suerte de poder verla como lo hicimos ya que esta pequeña joya es también un prometedor debut para el director Remi Weekes, y su película un gran ejemplo de cómo tocar una premisa dramática de por sí como es la llegada a Reino Unido de una pareja de refugiados huyendo de la guerra y de sí mismos aderezándola con una historia de fantasmas realmente pavorosa. Como esta todavía está disponible, búsquenla.

Posición No. 2

Y hablando de joyas, el último trabajo de Joe Begos, Bliss, fue una de las primeras películas de terror que vi este año, y también una en la que no he dejado de pensar desde el día de su estreno. Si bien su premisa de vampirismo combinada con el trabajo de una artista atormentada es algo que se ha hecho muchas veces, el acabado artístico de la cinta la hace algo especial y el ambiente generado con su fotografía y música la hacen toda una experiencia, además de contar con el excelente trabajo de su actriz principal, Dora Madison, que espero salga de ahora en adelante en cuanta película de terror pueda.

Posición No. 1

Y por supuesto, como probablemente hayan adivinado aquellos que me han leído nombrarla todas estas veces desde que la vi, Color Out of Space es la película de terror más destacable que vi este 2020, el regreso del director Richard Stanley y una de las mejores adaptaciones de la obra de Lovecraft que jamás se han hecho, traída además por una productora, Spectrevision, que poco a poco está dando de qué hablar y nos ha traído más de una buena entrada este año. Si la situación actual no ha dado al traste con sus planes, Stanley se encuentra trabajando en este momento en dos nuevas adaptaciones del autor de Providence, y esta que corona nuestro podio de hoy ha puesto sin duda el listón muy alto.

MENCIÓN ESPECIAL

Esto sí es verdad que no lo vi venir. La película más votada por los lectores de Horas de oscuridad fue también Color Out of Space, con un 18% de los votos. La contienda estuvo reñida, ya que el segundo lugar fue un empate entre His House y The Invisible Man (11% de los votos) mientras que el tercer lugar fue para The Lodge (8%). Curiosamente, este fue un año en el que a diferencia de los demás la gente introdujo opciones que originalmente no estaban incluidas entre las que propuse, revelando así estrenos importantes que no llegué a ver como The Dark and the Wicked o Host, las cuales pienso buscar apenas sea posible.

Y con esto hemos llegado al final por este año. Como viene siendo costumbre, pienso tomarme unos días de reposo antes de entrar de lleno en el 2021 y camino a la reseña #900, que ya está al caer. Entretanto, si os entre curiosidad, abajo os dejo los enlaces al podio que hemos realizado cada año de los que hemos estado abiertos.

Un gran saludo.

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Encuesta: ¿cuáles han sido tus favoritas del 2020?

Llega el momento una vez más. Como todos los años, a finales de diciembre estaré publicando mi podio con las tres películas de terror que más disfruté durante el 2020, pero antes quiero daros la oportunidad de escoger las tres que vosotros pondríais en mi lugar. Este año, por desgracia, no pude ver tantas como hubiese deseado; apenas 26 estrenos en total, de los cuales he escogido 15 para presentar en esta encuesta, escogiendo un balance entre lo que me pareció más destacable y aquello que la mayoría haya visto.

Tienes hasta el 29 de diciembre por la noche para escoger tres opciones. Entretanto, también pueden acercarse a la nueva novela que acabo de publicar y que me ha mantenido ocupado todo este tiempo.

Pulsa aquí para ir a la encuesta

Reseña: Amulet (2020)

El 2020 nos ha dejado por pura casualidad dos producciones británicas fácilmente comparables ya que tocan los mismos temas y comparten una premisa si se quiere muy similar. Una de ellas es His House (2020), la cual ya comentábamos aquí hace un tiempo. La otra es Amulet (2020), una que al igual que la anteriormente citada cinta utiliza las formas del cine de terror para contar una historia acerca de la guerra y el pasado, también centrándose en la figura de un refugiado (esta vez de un país de los Balcanes al que nunca se nombra) que vive como indigente en Inglaterra y que un día recibe una oferta de trabajo que incluye casa y comida a cambio de cuidar de asistir a una joven que vive sola con su madre enferma.

Por supuesto, esto que he contado es solo el punto de partida de una historia mucho más compleja que se va tornando más oscura una vez que el protagonista va descubriendo que la casa alberga secretos mucho más siniestros de lo que parece y que están de alguna manera relacionados con esa extraña anciana que permanece recluida en su dormitorio y a la que nunca llega a ver. No es esta la única fuente de conflicto ya que la cinta nos deja claro que el personaje principal arrastra consigo un terrible trauma de los tiempos en que vivió en su país, un hecho aparentemente terrible que le mantiene sumido en constantes pesadillas y que se va descubriendo al público poco a poco a través de flashbacks. Esta estructura quizá sea el punto más difícil de la película, ya que no estamos realmente ante una narrativa convencional. Ya desde el principio tenemos elementos de terror y una especie de aura sobrenatural intuida desde el momento en que el personaje principal encuentra en medio del bosque de su país una misteriosa figurilla de una diosa pagana (de ahí el título) que tiene significados simbólicos dentro de la historia aunque no se conecta con la trama de forma explícita.

Tengo sin embargo la sensación de que esta falta de énfasis en el argumento esconde un acabado más superficial de lo que parece; Amulet es una de esas películas en las que realmente no sabes qué es lo que está pasando hasta que llega el final, e incluso entonces yo diría que no está tan claro. Donde sí brilla por momentos es en algunas imágenes de corte fantástico que terminarán siendo aquello que el público recuerde con mayor claridad. Estas escenas por desgracia son pocas y están muy distanciadas entre sí, por lo que por sí solas no lograron hacerme apreciar una historia por lo demás poco interesante, predecible y sobre todo muy inflada para lo que realmente es. Si algo se puede destacar quizá sea la actuación de Carla Juri en el papel de la hija que vive en la casa, un personaje por el que sentimos algo de pena al principio pero que a lo largo de la cinta revela también un lado siniestro que como público esperamos sea revelado en cualquier momento.

Honestamente, las ideas detrás de Amulet me parecieron buenas y algunas de sus decisiones estéticas son memorables, pero la película en su totalidad me pareció demasiado aburrida y poco impresionante como para recomendarla. Ha tenido buena prensa y en el momento de su estreno recuerdo haber leído cosas muy positivas que principalmente hacían referencia a su ambientación y al tema de los fantasmas de la guerra que persiguen a un refugiado en su nuevo hogar, pero honestamente todos esos puntos me parece están mucho mejor tratados en la ya comentada His House, que encima sí que parece más una película de terror.

Reseña: Murder Death Koreatown (2020)

Todos estamos de acuerdo en el hecho de que este ha sido un año difícil para los cines como establecimiento, pero en mi caso personal, si bien no he podido asistir tanto a salas como hubiese querido, esto me ha ayudado a toparme con algunos trabajos a los que normalmente no me habría acercado. En este sentido, el mayor “descubrimiento” que he hecho probablemente sea Murder Death Koreatown (2020), una película que cosechó un gran éxito en festivales durante el pasado verano y que con toda seguridad se convertirá en el nuevo found footage de culto y (esto no lo duden) una de las más destacadas películas de terror de este año que se acaba.

Siguiendo la estela meta-publicitaria de obras como El proyecto de la bruja de Blair (1999), gran parte de la gracia de esta película está en el misterio alrededor de su creación. Al hacerse pasar por algo genuino, la cinta no tiene créditos de director ni de guionista, y a pesar de que tiene títulos y música incidental (lo que la convierte en “película” en un sentido clásico), la trama parte de un hecho real al que parasita y explota para contar la historia de un hombre desempleado y posiblemente deprimido que se obsesiona con un crimen ocurrido cerca de su domicilio y comienza una investigación torpe y caótica. Esta búsqueda personal se convierte pronto en una muestra de conspiranoia que le aleja de sus semejantes a la vez que lo adentra en un misterio que parece estar solo en su cabeza. No digo más porque hay muchas sorpresas por el camino, pero aquí está un espectacular texto de Jorge Loser que deconstruye el maravilloso entramado de la película de una forma muy eficiente y sin recurrir a spoilers.

Al final probablemente sea eso lo más interesante, que si bien es cierto que tanto el crimen como la atmósfera son inquietantes y la película tiene alguna que otra escena de miedo, la trama realmente va sobre el “director” y como espectadores vamos presenciando la manera en que esta obsesión se apodera de él hasta el punto de que todo lo que ocurre parece provenir únicamente de su fijación con el tema y la absoluta torpeza y falta de criterio de su investigación amateur. Esto por un lado facilita la identificación que sentimos con él y al mismo tiempo aleja a la cinta de la ya muy manida estructura del found footage de nuestros tiempos que, como hemos repetido hasta el cansancio, muchas veces no es sino una excusa para justificar el cutrerío formal de películas de terror muy básicas hechas para sacar cuatro perras del aficionado medio.

En este caso ciertamente no parece que haya sido así; Murder Death Koreatown requerirá sin duda cierta dosis de paciencia por parte del espectador ya que no hay escenas de impacto ni concesiones al terror más convencional, pero tiene una logradísima atmósfera, una trama interesante y un manejo del horror mundano que se siente real a pesar de todos los enigmas sin resolver y el acabado tan poco efectista que ostenta. Véanla porque estamos sin duda ante uno de los trabajos más interesantes del año y uno que para variar no es nada difícil de conseguir, ya que sus creadores (sean quienes sean) la tienen disponible para alquilar por dos pavos en su canal de Vimeo, con subtítulos en varios idiomas.

Reseña: The Hunt (2020)

Uno de los slogans con los que se publicita The Hunt (2020) reza algo así como “la película de la que todo el mundo está hablando y que nadie ha visto”. Me parece muy acertado y no creo que otra cosa explique la mala reputación que despertó su premisa en el momento de su estreno (estreno que por cierto se vio retrasado debido a tiroteos masivos en Estados Unidos y luego perjudicado por la crisis del coronavirus). Pero si algo está claro es que esa premisa despertó un prejuicio injustificado en gran parte del público ya que la cinta no satiriza aquello que la gente cree, o al menos de la forma en que lo parece al principio.

Esta idea a la que me refiero es algo que hemos visto ya empleado muchas veces, desde The Most Dangerous Game (1932), sin duda la referencia más obvia, a trabajos de survival horror más recientes en los que un grupo de desconocidos son cazados por una pandilla de millonarios que buscan cargárselos uno a uno por deporte. La gracia reside en que esta vez los antagonistas son un grupo de millonarios “progres” y los cazados son simples ciudadanos americanos “de derechas” a quienes las “élites izquierdistas” odian simplemente por haber apoyado a Trump, a quien no se menciona nunca pero cuya referencia resulta más que evidente a lo largo de la cinta desde el mismo momento en que los sobrevivientes son llamados “deplorables”.

Ahora, es comprensible por un lado que la cinta haya causado este revuelo debido al clima de polarización política que la sociedad estadounidense está viviendo en este momento, pero ese es precisamente el blanco de la burla de una película como The Hunt, en la que ambos “lados” de la contienda están representados a través de sus más evidentes estereotipos hasta el punto en que todo en la trama no es sino una caricatura. Esto fue algo que me sorprendió mucho ya que pese a que sabía de lo que se trataba, no sabía que la cinta fuese una comedia: todo en ello, la acción hiperbólica, la risible representación de sus villanos o las exageradas escenas de muerte están hechas para causar risa en el espectador y como sátira funcionan muy bien, sobre todo cuando llega el desenlace y la trama finalmente encuentra su justificación, la cual no hace sino añadir una capa más de ironía a todo el asunto.

Siendo sinceros, eso sí, este ángulo de sátira política es lo único realmente novedoso que la película ofrece ya que todo lo demás es muy sencillo y convencional, tanto que me atrevería a decir que lo único que hace que The Hunt destaque es el excelente trabajo de Betty Gilpin como la protagonista. Gilpin, una actriz que ya me encantaba desde que la vi en la serie GLOW, está absolutamente genial como heroína de acción y su personaje levanta la cinta por completo alcanzando momentos brillantes a pesar de que en la mayor parte del metraje parece invencible y es solo al final cuando su personaje parece verse realmente ante un desafío. Vean esta película aunque sea solo por ella, ya que espero encontrarla en muchas cosas más.

Reseña: Bloody Hell (2020)

Debería otorgar un sitio de honor a Bloody Hell (2020) solamente por el hecho de que fue la última película que vi este año en un cine, cuando todavía estaban abiertos, pero aunque no hubiese sido así seguiría teniendo al menos que mencionarla ya que esta producción australiana me pareció un ejemplo muy divertido de lo que es tomar una premisa en principio absurda y elevarla únicamente por medio de su ejecución y el trabajo de sus actores, principalmente su protagonista Ben O’Toole, entregado al cien por cien en su rol de no-víctima con resultados descojonantes.

Esta premisa a la que me refiero se centra en un ex-presidiario que, buscando alejarse de la involuntaria fama que ha caído sobre él por frustrar un atraco, escapa a Helsinky donde cae víctima de una familia de asesinos antropófagos. Tras despertar encadenando en un sótano nuestro protagonista sufre un brote psicótico que le convierte en un experto asesino que hará lo que sea por salir de su situación actual. El giro, sin embargo, no es ese sino que esta premisa en apariencia seria está tratada como una comedia en la que el humor proviene no solo de la interacción del protagonista con su alter ego imaginario sino por la manera en que va enfrentándose a sus captores, en una orgía de violencia y desenfado que funciona muy bien incluso si no terminas de entrar del todo en aquello que la cinta ofrece.

Esta idea de la que parte se hará tremendamente familiar para aquellos seguidores del survival horror porque incluye varios de los elementos que son considerados sus mayores clichés hoy en día, incluyendo la presencia de un gigante enmascarado, aunque es cierto que muchas de estas referencias están mezcladas de forma un tanto caótica y honestamente no funcionarían tan bien de no ser por lo carismático de su protagonista y la absoluta falta de solemnidad con la que este enfrenta incluso las situaciones más terribles. En este sentido la película vendría siendo una antítesis de obras como La matanza de Texas (1974) debido a la ligereza con la que trata el sufrimiento de su personaje principal, hasta el punto en que varias veces estuve tentado a pensar que todo se trataba de un sueño.

Pese a que no es un trabajo demasiado destacable y requerirá que se vea con un ánimo muy particular, Bloody Hell es lo suficientemente disfrutable como para hacerse un hueco en la ya abultada lista de parodias slasher que hemos recopilado aquí. En muchos sentidos es lo que la gente llama una “película de festival”, no en un sentido peyorativo pero sí en cuanto a la superficialidad con la que se le recibe. Con todo y eso merece la pena.

Reseña: Voces (2020)

Otra de las víctimas cinéfilas de la pandemia fue la película de terror española Voces (2020) que terminó siendo distribuida por Netflix a nivel mundial hace muy poco. No había escuchado mucho sobre ella antes de verla y de entrada puedo decir que la he disfrutado mucho, aunque temo que seguramente vaya a ser ninguneada por gran parte del público y la crítica que la despachará como una versión hispana de The Conjuring (2013), a la que sin duda recuerda tanto en argumento como recursos. Sin embargo, despreciarla por esto sería un error ya que se trata de una cinta muy eficiente con algunos momentos muy buenos y sobre todo un potencial en cuanto a continuaciones que pocos trabajos de terror hispano han conseguido.

La premisa base de la que parte es algo que se ha hecho muy común en la última década, y no es sino la contraposición del horror sobrenatural y la investigación paranormal que nos viene de los tiempos de Poltergeist (1982) pero que se hizo tremendamente popular gracias al éxito de cintas como Insidious (2010) y la arriba mencionada película de los Warren. En este caso también tenemos de hecho una pareja de investigadores pertenecientes a un clan familiar, padre e hija, quienes investigan una serie de extrañas muertes y fenómenos en una casa antigua casa con un pasado misterioso. Hay que destacar, sin embargo, que los investigadores no aparecen hasta bien entrada la trama, por lo que toda la primera hora se va en recrear la maldición de la casa y los estragos que causa en la pequeña familia que se ha mudado a ella para restaurarla.

Todo este primer tercio es, de hecho, lo mejor y aquello que será más recordado por el espectador ya que contiene los mejores sustos y algunas escenas realmente pavorosas, además de que el destino de varios personajes fue algo que me tomó por sorpresa y le otorgó a la cinta un tono mucho más oscuro de lo que en un principio pensaba. Más adelante, cuando finalmente aparecen los investigadores, no es que la película decaiga pero sí es cierto que se vuelve algo menos serio, con largas escenas en las que se explican cosas y un acabado de lo sobrenatural más parecido a un tren de la bruja que a la macabra historia gótica que parecía al inicio del metraje. Aún así sigue teniendo momentos muy buenos y se ve que al menos su director Ángel Gómez Hernández entiende el género de terror ya que la cinta carece de “sustos falsos” (ese cliché en el que un personaje se asusta por algo repentino que termina siendo una falsa alarma) e incluso sus referencias a otros clásicos como Terror en Amityville (1979) o Al final de la escalera (1980) están bien integradas a la trama.

Voces quizá no vaya a convertirse en un clásico de aquí a unos años y sin duda alguna hay ejemplos superiores dentro del horror hispano reciente, pero aún así me parece más que recomendable y sin duda cumplirá su cometido si se ve en la atmósfera apropiada. Algo que no puedo dejar de mencionar, por supuesto, es que hay una escena post-créditos que al parecer asoma la posibilidad de una continuación con el dúo de investigadores de esta cinta, algo que muy probablemente también haya dado pie a las comparaciones con la obra de James Wan. No sé si al final se dará o no, pero espero que sí.

Reseña: The Call (2020)

Pese a que podría haber sido un thriller del montón, la película surcoreana The Call (2020) se salva al menos en parte por una premisa ingeniosa que está tratada además de una forma mucho más inteligente de lo que parece teniendo en cuenta su empaquetado de terror juvenil. En ella se mezclan varias fórmulas distintas, desde asesinos en serie hasta la idea de una amistad forjada (y traicionada) a través de una paradoja temporal que encima nunca se explica realmente pero que consigue suspender nuestra incredulidad lo suficiente para hacer de este un disfrute muy sincero y nada culpable.

La premisa es algo que queda bastante claro incluso desde la sinopsis, en la que se cuenta que la joven Seo-yeon descubre en la casa de su niñez un teléfono fijo desde el que consigue hablar con otra joven, Young-sook, que vive en la misma residencia pero veinte años en el pasado. Esta fantástica situación, la cual insisto nunca es explicada ni justificada a lo largo de los casi dos horas de metraje, crea un vínculo de amistad entre las dos chicas junto con la penosa situación personal de cada una de ellas (mucho más horripilante en el caso de Young-sook). Es esta amistad lo que las llevará a intentar mejorar sus vidas aprovechando su circunstancia temporal; una de ellas puede cambiar el presente de la otra alterando su pasado, y esta a su vez puede advertir a la primera de aquello que le depara el futuro. De nuevo, está hecho de forma muy ingeniosa y lo suficientemente clara y sencilla como para poder seguirla con total claridad.

Esta idea no es del todo nueva, y algunos de vosotros probablemente recordaréis la muy recomendable cinta de Gregory Hoblit Frequency (2000), en la que Dennis Quaid y Jim Caviezel también hablaban con décadas de diferencia e intentaban influir en la vida del otro. Esta sin embargo es distinta en cuanto a que su tratamiento del argumento es mucho más oscuro y perturbador, sobre todo a partir de la mitad de la película cuando la historia toma un giro si se quiere inesperado y se convierte en una carrera contra el tiempo con un villano específico y unas reglas que se mantienen estables por mucho que algunos aspectos de este queden sin aclarar, principalmente el tema de la inevitable paradoja temporal producto de alterar el pasado; por algún motivo Seo-yon es perfectamente consciente de los cambios de su línea temporal, algo que no tiene mucho sentido pero que imagino habría complicado innecesariamente el argumento de no haber sido tratado así.

No todo funciona; se hace un poco larga en cuanto a duración y algunas de sus salidas son poco creíbles pero en general es un trabajo muy bien hecho que te mantiene interesado por ver cómo va a a terminar. Me gusta también que sus principales elementos de horror sean algo que se va descubriendo poco a poco y siempre manteniéndose dentro de los límites de estos dos personajes con los que va construyendo la historia. Si algo me molestó un poco, sin embargo, es esa escena en mitad de los créditos que añade un toque final innecesario y algo cínico a lo que por otro lado consideraba un muy eficiente desenlace. Pero en general me ha gustado, eso sí.

Reseña: Fried Barry (2020)

Fried Barry (2020) es una de esas películas que se descubren por casualidad, porque lo cierto es que hasta que la vi no había escuchado hablar de ella ni del corto de 2017 en el que se basa. A decir verdad, esta producción sudafricana es algo que me cayó completamente de la nada y en ese contexto terminó sorprendiéndome ya que lo que parecía en un principio un trabajo mucho más oscuro acerca de abducciones alienígenas terminó siendo, por el contrario, una comedia negra creada a partir de un personaje despreciable que termina redimido ante el espectador precisamente cuando resulta poseído.

En muchos detalles (y esto no creo que sea el primero que lo menciona) la película funciona como una parodia de trabajos más serios como Under the Skin (2014): el personaje en cuestión, Barry, es un macarra toxicómano de medio pelo que deambula de acá para allá en un barrio de Ciudad del Cabo que termina siendo poseído por un ente extraterrestre que utiliza su cuerpo para un viaje de exploración por el mundo nocturno de la ciudad. La gracia está en que esta aventura que emprende (y que incluye encuentros con lo más variado del inframundo del barrio) hace que la criatura alienígena termine siendo mejor persona de lo que su huésped jamás fue, y toda esta trama se da a través de situaciones muy graciosas en las que el protagonista se ve metido por pura casualidad ya que en ningún momento parece estar haciendo otra cosa que vagar sin sentido probando todos los estímulos que la noche le ofrece.

Es precisamente el carácter episódico de lo que ocurre lo que revela como pocas cosas que la película proviene de un cortometraje del mismo director, algo que a algunos puede sentar mal ya que no hay realmente una trama central y ciertos pasajes como aquel en el que Barry se enfrenta a un secuestrador parecen ser el clímax de la historia pero sólo son otra de sus aventuras. Asimismo hay que aclarar que el sentido del humor de la película es en ocasiones muy negro y gira siempre alrededor de la idea de que Barry (o al menos el Barry alienígena) es un personaje carismático que parece despertar la simpatía e incluso el deseo de todos aquellos que se encuentran con él. Esta idea no funcionaría si no fuera por la espectacular actuación de Gary Green en el papel principal, que imprime a su personaje una presencia y gestualidad que le convierten en el alma de la película. No es poca cosa teniendo en cuenta que aparece en todas las escenas y casi no tiene líneas de diálogos y aún así es su físico y sus manierismos lo que hacen el personaje, hasta el punto en que honestamente no me imagino otra manera en que esto podría haber salido bien.

Pese a que no sea para todo el mundo, Fried Barry es una película singular que merece la pena ser vista aunque sea por el hecho de que una comedia con este nivel de sexo y violencia y con un personaje tan positivamente desagradable es algo poco habitual en el cine de terror mainstream. La cinta también pertenece a una camada de trabajos recientes que suelen dar prioridad a una estética reconocible y una atmósfera muy particular conseguida no solo a través de la soberbia actuación y explotación de su protagonista sino también a un código de colores muy específico y a una estridente banda sonora, estilo que aquí ya hemos visto con otras cintas vistas este año como Bliss (2019). En todo caso la recomiendo sin duda alguna.

Reseña: #Alive (2020)

Si estás leyendo esto es muy probable que hayas visto #Alive (2020) durante el confinamiento y te hayas comentado a ti mismo lo apropiada que resulta para este momento en particular. Lo digo porque si bien es cierto que cada película de zombis que surge durante los últimos años debe tener por fuerza un gimmick que la separe de sus congéneres, el de esta cinta surcoreana de Cho Il-hyung se vale precisamente de uno que le viene perfecto para nuestros tiempos: una historia de muertos vivientes narrada desde el punto de vista de un joven que se encierra en su apartamento para sobrevivir a la pandemia, reduciendo así severamente nuestro punto de vista a únicamente aquello que él puede presenciar.

Y eso es exactamente lo que ocurre: la inmensa mayoría del metraje tenemos al personaje central de Oh Joon-woo enterándose de lo que ocurre por los medios o asomándose a su balcón, y a pesar de que llegado un momento la cinta sí que incluye a otro personaje, el punto de vista de este es también limitado a las paredes de su domicilio, lo que proporciona una perspectiva si se quiere novedosa y que está para variar muy bien aprovechada mediante la comunión de estos dos individuos y las redes sociales (de ahí el título con el hashtag y todo). El uso de la tecnología, sin embargo, no es simplemente un truco más ya que parte de la gracia de la película está en lo que ocurre cuando un personaje cuya vida depende de la interconexión constante se ve limitado cuando esta red de comunicación cae y se encuentra literalmente perdido y aislado a pesar de encontrarse en un ambiente familiar. Es una cinta con ideas muy inteligentes y que sorprendentemente son aprovechadas de forma hasta cierto punto exitosa.

Fuera de esta idea principal, eso sí, no es algo que vaya a cambiar nuestras vidas. Las escenas de violencia zombi (muy escasas al principio pero en un evidente crescendo a medida que la película transcurre) son algo que hemos visto muchas veces y casi podría jurar que con una estética y acción idénticas a las de otros éxitos de zombis coreanos como Train to Busan (2016) o la serie Kingdom, con lo que al final he llegado a concluir que esta es la forma en que los muertos vivientes son representados en el cine de este país. Por supuesto no podía faltar el elemento melodramático ya llegando hacia el final, por mucho que la película siga siendo en cierta forma un relato optimista sin el bajón que este tipo de historias suele dar la mayoría de las veces.

No esperaba nada pero la verdad es que he quedado gratamente sorprendido con #Alive, y aunque ciertamente no creo que vaya a tener un puesto privilegiado en el terreno de lo zombi sí me pareció lo suficientemente innovadora como para hacerla un poco más interesante de lo habitual, además que su premisa ha resultado ser tan apropiada que el hecho de que la hayamos terminado viendo a través de streaming encerrados en nuestras casas tiene su gracia. Ojalá nos caigan más como esta de vez en cuando.