Reseña: The Cured (2017)

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Una vez mencionábamos que en el panorama de cine de terror hay varias constantes que se repiten cada año, y una de ellas es la por lo visto necesaria entrada del subgénero zombi, del cual muchas veces suele haber más de un ejemplo. Uno de los más interesantes de tiempos recientes, para mí al menos, es The Cured (2017), una producción irlandesa estrenada comercialmente a principios de este año que no pertenece a la variante de muertos vivientes sino de infectados, pero que consigue emplear su premisa de una forma bastante inteligente y con un claro discurso político que la aleja de sus contemporáneas más explícitas.

De forma muy similar a la hispano-canadiense Retornados (2013), esta película tiene lugar después del apocalipsis zombi, cuando los científicos del gobierno han conseguido una cura para el virus que convertía a la gente en asesinos irracionales. No todo, sin embargo, es positivo: la historia sigue el día a día de un joven rehabilitado que no sólo debe lidiar con lo que hizo durante su tiempo entre los infectados (todos ellos recuerdan con claridad lo que hicieron bajo la influencia del virus) sino que debe enfrentarse tanto a una sociedad que le recrimina su pasado como a un gobierno que recela de él y los suyos manteniéndoles aislados y monitoreados hasta convertirlos en ciudadanos de segunda en medio de un férreo control militar que ha terminado por excluirles de la sociedad a pesar de que como curados son inmunes al virus. Pese a su ambientación contemporánea, la película se siente casi como una distopía futurista, y el ambiente de tensión que muestra mediante su aparente calma social se percibe como algo muy real y cercano.

Parte de lo que crea esta cercanía reside precisamente en su ambientación; al estar situada en Dublín, la premisa y trama de The Cured muestra unos más que evidentes paralelismos con la historia reciente de Irlanda y las secuelas de su conflicto político con el IRA, así como con la idea de la nada sencilla reinserción en la sociedad de aquellos con un pasado violento. Por si esto no estuviese lo suficientemente subrayado, la cinta reitera esta idea también en el plano doméstico al retratar el conflicto de su protagonista con su cuñada, interpretada por Ellen Page quien en los últimos años ha venido apareciendo en varias películas de horror. Pero no todo forma parte de este discurso: a pesar de que el argumento se mueve de forma bastante lenta y con un peso particular en el drama, las escenas de violencia zombi son muy efectivas y la tensión por aquello que está por ocurrir (y que inevitablemente termina por estallar al convertirse los antiguos infectados en una nueva raza de parias) se hace realmente insoportable.

Al principio pensé que The Cured no me gustaría creyendo que repetiría la misma idea de Retornados, pero por el contrario me he topado con una cinta muy inteligente que maneja muy bien sus recursos. Ambientación, estilo y contenido la asemejan también a otros trabajos del cine de infectados de años anteriores, hasta el punto en que perfectamente podríamos estar hablando aquí de aquella soñada 28 meses después que nunca llegamos a ver. Si es que hasta el título le habría venido como anillo al dedo. Muy recomendable, sin duda alguna.

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Reseña: Prom Night 4 (1992)

Reseña: Prom Night 4 (1992)

Cuando me propuse a revisar una a una todas las entregas de la saga de Prom Night, recuerdo que fueron varios de mis conocidos los que me advirtieron que la tercera parte era la peor de todas. Hoy puedo decir que estaban completamente equivocados, ya que ese honor pertenece sin duda a Prom Night 4: Deliver Us From Evil (1992), la cual hace que su antecesora parezca una obra maestra por comparación. Esta continuación de principios de los noventa además es un trabajo meramente alimenticio hecho sin ironía pero con una gran pereza, fusilando sin piedad a un gran número de clásicos del horror y logrando efectivamente cargarse la saga original, que nunca llegaría a recuperarse del todo.

Lo que sí resulta curioso es que esta cuarta parte abandona el ángulo más fantaterrorífico de las entregas de Mary Lou y retoma, en gran medida, la sencillez de la original al volver al terreno slasher de toda la vida con la primera Halloween (1978) como una inspiración más que evidente: esta vez tenemos la historia de un sacerdote católico enloquecido que mata a una joven pareja durante una fiesta de graduación y que en lugar de ser llevado ante la justicia es mantenido prisionero en los sótanos de una iglesia, de donde escapa treinta años después para volver a realizar una masacre con dos jóvenes parejas que han tomado refugio en la antigua casa donde vivió. Como vemos, nada demasiado sorprendente, aunque de entrada resulta un tanto distinto al romper con el ambiente principalmente estudiantil de las entregas anteriores. De hecho lo único que se mantiene son las puyas a la religión católica que se habían asomado ya desde la segunda parte.

Esto último es lo único que puedo destacar como medianamente serio de todo el invento ya que todo lo demás se presenta como algo confuso: el personaje del joven sacerdote encargado en un principio de cuidar al asesino se perfila al inicio como alguien importante pero es despachado a los pocos minutos, y el villano es imposible de tomar en serio debido a su espectacular sobreactuación y a que no envejece durante los treinta años que pasa catatónico en una celda (¡!). Esto, sumado a la forma en que es mantenido en dicho estado mediante la oración, así como su aparente invencibilidad, son indicios de una trama de origen sobrenatural que por desgracia nunca es explorada ni mencionada a pesar de que resulta tremendamente evidente. Por el contrario la película parece centrarse en los aspectos puramente superficiales del cine slasher: jovencitos libidinosos, la final girl virgen, los personajes que van muriendo uno a uno y una violencia gráfica pero poco imaginativa y muy veces vista.

Pero quizás el mayor problema es que estamos ante una película francamente aburrida  y en ocasiones ridícula que se ve ampliamente superada por numerosos ejemplos de asesinos misteriosos realizados tanto antes como después. Esta por el contrario no ha sabido aprovechar lo que en un principio parecía una preisa interesante, contentándose por el contrario con seguir un esquema muy convencional una vez que se establecen sus personajes. Muy previsiblemente, esta cuarta parte de Prom Night fue un fracaso que sepultó para siempre la saga original, cosa que no me extraña para nada.

Reseña: Hereditary (2018)

credit: Reid Chavis/A24

Ahora que hemos finalmente vuelto tras esta larga pausa, toca intentar ponerse al día con los estrenos importantes que ha habido este año, y entre todos ellos pocos tan sonados como Hereditary (2018), un trabajo que vino precedido por un tremendo hype y al que le han llovido críticas positivas que la pintan no sólo como lo más destacado del año sino como una de las películas de terror de la década. En cierto sentido, ha sido un fenómeno muy similar al que tuvo La bruja (2015) hace un par de años: ambas son producciones independientes realizadas por directores noveles que han sabido abordar una historia de terror con temas si se quiere bastante convencionales, pero dotada también de una forma única y un talento formal inusitado en una ópera prima que termina elevando un material que probablemente no hubiese funcionado tan bien en otras manos.

En mi caso particular debo reconocer que gran parte del motivo por el cual la película funcionó para mí es el hecho de que no sabía prácticamente nada de ella e incluso el trailer era muy parco en información y se preocupaba de no develar detalles del argumento, algo que por supuesto mantendremos aquí ya que el descubrimiento de lo que va pasando es algo que tenéis que experimentar por vosotros mismos. Tan sólo puedo adelantar aquello que ya sabemos por el material publicitario: la historia de una familia cuya vida empieza a tomar un matiz cada vez más siniestro tras la muerte de la abuela y el descubrimiento progresivo de varios de sus secretos. El dolor del duelo, el miedo a lo desconocido y la aparición de un mal que parece enfocado en afectar a la familia en cuestión (de ahí el título) son temas grandes que ocultan sin embargo una historia con referentes muy obvios en el cine de terror tanto clásico como reciente, unos que además no tardaréis en reconocer.

Digo esto porque lo cierto es que tras una escena específica sumamente cruel e impactante, el argumento de Hereditary toma un giro mucho más convencional y definitivamente menos arriesgado, y aún así la cinta se salva precisamente gracias a una magistral dirección, una muy cuidada y coherente estética y, sobre todo, unas actuaciones soberbias entre las que destaca una Toni Collette que debería llevarse todos los premios del mundo por su trabajo en esta cinta. Por supuesto, este cambio no perjudica a la película porque todo lo que ha ocurrido antes ha sido suficiente para acaparar por completo la atención del espectador y mantenerlo en vilo hasta el final a pesar de que todo el tercer acto se siente como algo muchas veces visto en cuanto a argumento, tanto que todo lo que ocurre (incluyendo el final) está cantandísimo desde mucho antes.

Todo esto no me impide sin embargo llegar a la conclusión de que Hereditary es, efectivamente, una de las películas de miedo más interesantes de este 2018, y aunque aún estará por ver si efectivamente la recordaremos de aquí unos años, al menos es de las pocas que han sabido conjugar correctamente la visión singular de un autor joven con unos arquetipos de terror más que conocidos dentro del cine comercial. Si todavía la tenéis en cines echadle un vistazo porque vale muchísimo la pena, sobre todo si podéis evitar la cantidad de spoilers y análisis que han salido (algunos, en mi opinión, un tanto exagerados ya que esta película no me parece tan intelectual como nos han querido hacer creer). De las mejores del año, sin duda alguna.

 

Reseña: Psicosis 2 (1983)

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Todos tenemos muy claro que el mundo no necesitaba una secuela de Psicosis (1960), mucho menos una realizada más de dos décadas después de la original. Pero es una suerte que haya sido así, ya que esta continuación dirigida por Richard Franklin (quien no era ajeno al terreno de los psycho-killers al haber dirigido Juegos de carretera (1981) un par de años antes) es una película muy reivindicable que es con toda seguridad una de las secuelas más injustamente infravaloradas de las que tengo memoria. A pesar de todo esto, sigue siendo un misterio el por qué se llevó a cabo, ya que si bien es cierto que justo el año de su producción Robert Bloch sacó una continuación de su novela, esta película muestra una trama completamente distinta. Su llegada muy probablemente tenga más que ver con el auge de los slasher films en los años ochenta que con el renacer literario de su antecesora.

Esto es así incluso teniendo en cuenta que no estamos hablando realmente de un slasher sino de un thriller psicológico centrado en la figura de Norman Bates (nuevamente interpretado por el actor Anthony Perkins) que vuelve a casa tras pasar dos décadas en un psiquiátrico y con la esperanza de rehacer su vida desde cero, sólo para nuevamente sentir como su cordura se le escapa lentamente de las manos a medida que va conociendo a una chica que se muda a su casa (interpretada por una joven Meg Tilly en una de sus primeras películas). Es a partir de ese momento cuando la cinta depara algunas sorpresas y giros argumentales, centrándose sobre todo en estos dos personajes y su relación, pero también en la figura de otro personaje de la Psicosis original que regresa para cobrarse una antigua deuda.

Todo esto está desarrollado de forma muy eficaz por el sobrio y atractivo guión escrito por Tom Holland, casi desprovisto de efectismos baratos y con un argumento mucho más interesante de lo que hubiese creído en un principio. La película sabe además explotar de forma muy efectiva la referencia a su antecesora, no sólo por el regreso de actores como Anthony Perkins o Vera Miles sino también por haber tenido el acierto de reconstruir al cien por cien el set de la casa y el motel Bates, lo que le da a la pelicula una sensación de autenticidad y la legitima como algo más que una simple secuela alimenticia. Como decía arriba, la trama depara algunas genuinas sorpresas sobre sus personajes principales, y aunque la escena y revelación final se siente un tanto absurda y gratuita, también es cierto que representa la única posibilidad que la película tiene de “reiniciar” la saga de Norman Bates de una manera más o menos justificada.

Esto último debería servirnos para explicar lo obvio, ya que pese a la osadía de continuar un clásico, Psicosis 2 sería el abreboca de otras dos secuelas más en los años siguientes, ahondando en la historia de Norman Bates y su madre de forma cada vez más inclinada a la explotación pura y dura. Por increíble que os parezca, esto nunca me ha molestado en lo más mínimo porque la original fue en su momento un trabajo puramente comercial que resultó elevado gracias principalmente a la magistral dirección de Alfred Hitchcock. Esta puede que no llegue a ese nivel pero es en verdad una muy buena película que merece ser más conocida y que crearía escuela en más de un sentido: una cosa que no puedo evitar mencionar es que el niño que aparece (brevemente) como un joven Norman Bates no es otro que Osgood Perkins, el hijo de Anthony Perkins que se convertiría con el tiempo en un director con trabajos propios muy interesantes en el género de terror. Si no la habéis visto dadle una oportunidad porque la merece.

 

Nuestro nuevo hogar.

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Si has llegado aquí, significa que ya estás en casa.

Durante poco más de trece años, estuve lidiando con las limitaciones y arbitrariedades del antiguo alojamiento en Blogger, por eso Horas de oscuridad se ha mudado aquí, lo que en cierta forma es una vuelta a los inicios ya que hemos recuperado en gran medida la sencillez de la estructura original y la facilidad a la hora de manejar el contenido.

¿Lo malo? Los enlaces todavía apuntan a Blogger, por lo que el trabajo de arreglarlos es algo que estará in progress durante un buen tiempo. ¿Lo bueno? El buscador que hay dentro de este blog es mucho mejor y podréis encontrar cualquiera de nuestras antiguas reseñas sin problemas.

Así que nada. Continuamos en un par de días. Bienvenidos.

 

Reseña: Emelie (2015)

Emelie (2015) es, superficialmente al menos, otra entrada más en el extenso universo de thrillers acerca de invasores del ambiente familiar. Aquí en este blog ya hemos reseñado varias de ellas, con El padrastro (1987) y La huérfana (2009) como los dos referentes más obvios y aquellos a los que inevitablemente volvemos una y otra vez. Algo de eso hay en esta película de la que hablamos hoy, en la que vemos el enfrentamiento entre una niñera con muy malas intenciones y uno de los niños que no tarda en ver venir el desastre que incluso el público puede intuir.

A pesar de que no tiene nada realmente destacable, debo reconocer que comienza muy bien, y al menos tiene el valor de dejar bien clara la identidad de la niñera desde el primer minuto, ya que incluso desde el momento en que la vemos por primera vez ya nos queda muy claro que algo no está bien. De hecho, toda la primera mitad es muy interesante ya que durante ella se ve a la chica intentando corromper moralmente a los niños en secuencias genuinamente desagradables y que dudo mucho que quiera volver a ver. Algunas de estas escenas son demasiado obvias (siempre me ha parecido un recurso muy barato, por ejemplo, utilizar escenas en las que el villano tortura a un animal para hacerle ver al público lo malo/a que es), pero no se puede negar que funcionan y que “Emelie” es sin duda alguna alguien peligroso. El hecho de que la película esté narrada desde el punto de vista de los críos ciertamente ayuda.

Por desgracia, el desenlace ya no es tan interesante y una vez que se revela el verdadero plan de la niñera la cinta se vuelve mucho más predecible gracias a un clímax de persecución un tanto chapucero y fácil, con una carnicería mucho menos atractiva. Si algo salva a la cinta, tanto en este final como en el resto del metraje, es el muy buen trabajo de la joven actriz Sarah Bolger en el papel de Emelie, quien logra canalizar gran parte del mal rollo visto en personajes similares y que es, con toda seguridad, la única actuación memorable del conjunto a pesar de que su interpretación está por encima de la calidad del guión. Pero insisto: los mejores momentos están en la primera mitad, mucho más lenta, cuidadosa y sobre todo más intrigante al hacer que la villana muestre incluso algo de (fingida) vulnerabilidad ante sus potenciales víctimas.

Emelie quizás no sea una de las entradas más sólidas en el mundo de los thrillers familiares, pero el ambiente que consigue en un modelo tan trillado como es del cine de terror con niños de por medio es algo nada fácil de conseguir. Si eres alguien a quien, como yo, le gustaron esas dos cintas que mencionaba al principio de esta reseña, entonces tienes que echarle un vistazo.

 

Reseña: Un lugar tranquilo (2018)

Aunque sin duda ha terminado siendo uno de los estrenos de terror más comentados de lo que va de año, lo que más me sorprendió de Un lugar tranquilo (2018) fue descubrir, ya desde el principio, que era una película de Platinum Dunes, la productora de Michael Bay que durante la década pasada se especializó en realizar remakes de obras clásicas de terror ganándose entretanto el desprecio de gran parte de la crítica a pesar de que sus producciones han sido por lo general un éxito. En esta ocasión han acometido el que quizás sea su trabajo más arriesgado y uno de los más interesantes, ya que algunas de sus decisiones son poco habituales en este tipo de cine. Una de ellas ha sido precisamente el haber contratado como director a John Kasinski, actor inevitablemente ligado a la comedia The Office y que aquí dirige, escribe y se reserva el papel principal.

Una de las mejores cosas que tiene es el aprovechamiento inteligente de su premisa postapocalíptica, en la que la Tierra ha sido devastada por unas extrañas criaturas que se guían por el sonido obligando a los escasos sobrevivientes a llevar su día a día en total silencio. Esta idea, sin embargo, no es simplemente un gimmick porque las apariciones de los monstruos están muy dosificadas y el suspense se mantiene no tanto en sus ataques como en la posibilidad de que aparezcan y la tensión permanente en la que viven los personajes. Es una idea muy buena que está llevada a cabo de forma más ingeniosa de lo que en un principio parece, y aunque la película sí que tiene un énfasis particular en la acción y su estructura será más que conocida para muchos, es muy entretenida y mantiene el interés de principio a fin a pesar de utilizar uno de los mayores lugares comunes del cine comercial como es la idea de la familia en peligro.

Porque no hay que perder de vista que, pese a haberse ganado tantas alabanzas por parte de la crítica, Un lugar tranquilo sigue siendo cine de terror mainstream al cien por cien. La aparentemente arriesgada decisión de suprimir casi por entero los diálogos (creo que no hay más que un par de minutos de estos en toda la película) no significa que no haya sonido; de hecho, la cinta emplea constantemente música y efectos sonoros para hacerle saber al público exactamente cómo se debe sentir y cómo debe reaccionar, a veces de forma un tanto excesiva porque me parece que muchos de los momentos de silencio quedaron bastante desaprovechados al haber metido una constante música incidental y sustos repentinos. La estructura de la familia en peligro es, como mencionaba antes, algo muy trillado pero al menos está hecho de forma un tanto más eficiente ya que el elenco infantil es, en su mayoría, muy bueno y la premisa del apocalipsis contenido en un único grupo y una única locación me hizo recordar a Señales (2002), de M. Night Shyamalan, película con la que tiene muchos puntos en común y circunstancias dramáticas prácticamente idénticas aunque carezca del oficio que aquella tenía.

Al final es poco lo que puedo decir; Un lugar tranquilo es una película quizás no muy inteligente y en muchos sentidos es una cinta de terror del verano, con sus sustos fáciles, sus criaturas CGI y el personaje de Emily Blunt que es francamente secundario a pesar de lo que el material publicitario quiere hacernos creer, pero es también una historia muy eficiente y en ocasiones ingeniosa que me entretuvo lo suficiente como para dejarle pasar sus carencias y algunos momentos un tanto absurdos. En esta casa nos ha gustado.