Reseña: What Keeps You Alive (2018)

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Colin Minihan, director de Grave Encounters (2011) (película que desde aquí he recomendado muchas veces), se marcó el año pasado un trabajo muy diferente al resto de su carrera con What Keeps You Alive (2018) que cosechó grandes elogios y apareció incluso mencionado en varias de las listas que leí con lo mejor del año. Digo diferente porque este survival minimalista parece, al menos en principio, un trabajo menos enfocado hacia el estilo puramente serie B de su director y más en la dirección de una película mucho más ambiciosa a nivel artístico, como deja ver tanto su preciosista fotografía (creo que estéticamente es la que más me ha gustado de este director) como en lo absolutamente pequeña de su puesta en escena ya que casi la totalidad del metraje involucra a dos únicos personajes, una pareja de mujeres que acuden a celebrar su primer aniversario de matrimonio a una casa en medio del bosque, con terribles consecuencias.

No voy a decir aquí exactamente de qué va la película ya que el momento en que esta en verdad arranca es ya casi acabado el primer acto, cuando se produce un hecho repentino que cambia dramáticamente el tono del argumento y, por lo menos para mí, fue una auténtica sorpresa ya que no había visto trailer alguno ni sabía realmente de que trataba lo que iba a ver. Es a partir de aquí donde se da inicio a un juego de gato y ratón con nuestra protagonista luchando por su vida, y a diferencia del resto de la filmografía de Minihan, la película opta por un tono más o menos realista durante la mayor parte del metraje. Es también entonces cuando cambia considerablemente el ritmo de todo lo que estamos viendo ya que hasta entonces todo había sido muy lento y pausado y luego pasa a ser una historia frenética con secuencias muy efectivas en las que realmente sentimos la tensión por lo que está ocurriendo y el predicamento en que se encuentra la protagonista. Asimismo, es una película muy violenta que no escatima en escenas de brutalidad, aunque pienso que este último aspecto se ha exagerado en su campaña publicitaria hasta el punto de hacerla parecer algo que no es en realidad.

Esto trae a colación algo que no pude dejar de pensar mientras la estaba viendo y que quizás tenga algo que ver con una idea preconcebida de lo que el propio Minihan suele hacer, tanto en solitario como en su duo de The Vicious Brothers, y es que aquello que al principio parece ser un trabajo más artístico se va en muchas ocasiones por el camino del golpe de efecto fácil que hemos visto no sólo en su filmografía sino en el resto de survivals rurales de este tipo. Al final de cuentas, y a pesar de todo lo que promete en sus primeros minutos, se trata de una película muy sencilla a la que no hay que darle demasiadas vueltas, y que incluso peca de tener una protagonista poco interesante de la cual no sabemos casi nada y que tiene algunas reacciones absurdas que harán que mucha gente se lleve las manos a la cabeza. Lo que ocurre es que la película es tan efectiva y tan entretenida que te hace olvidar la mayoría de esos momentos, pero es algo que aquellos que hayan visto más historias similares no podrán dejar de ver. Asimismo, hay un giro final que se ve venir desde muy lejos y que acompaña a un desenlace que me dejó un tanto insatisfecho, pero eso es algo que tendrá que decidir cada quién.

Lo cierto es que What Keeps You Alive tiene, a pesar de esto que digo, un gran valor al tratarse de un muy buen slasher que maneja de forma más que correcta sus limitados y minimalistas recursos, a la vez que logra presentar un ángulo poco mostrado en el cine de terror como es la representación de una pareja de mujeres con total y absoluta naturalidad, algo que ya de por sí es un gran acierto porque al menos eso la diferencia de otras tantas historias similares que normalmente asociamos a cutres telefilmes de psicópatas en el entorno romántico. En lo personal la considero, si bien no una obra maestra, al menos muy recomendable. Si acaso yo creo que su principal problema tiene que ver no con la película en sí sino con el estreno, muy cercano en el tiempo, de Revenge (2017), una cinta muy superior con la que surgirán inevitables comparaciones ya que se asemejan mucho y tocan varios de los mismos temas, si bien la francesa lo hace desde una perspectiva más original y sobre todo mucho más emocionante. Aún así, me ha gustado y considero que vale la pena.

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Reseña: Escape Room (2019)

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La mayoría de las reseñas que he leído hasta ahora de Escape Room (2019) la acusan de ser poco más que un intento descafeinado de repetir el esquema de Saw (2004), y hasta cierto punto tienen razón; ambas parten de la misma estructura, buscan el mismo efecto en el espectador (básicamente el disfrute de ver a personajes intentando sobrevivir a letales trampas) y sobre todo manejan las mismas influencias y referencias. Siguiendo esta misma idea, yo diría que esta película de Adam Robitel parece más bien un remedo algo tardío de la canadiense Cube (1997), que casualmente también inspiró parcialmente la saga de Saw y con la que tiene en común un tratamiento un tanto más sci-fi y menos “realista”, valiéndose además de la moda de los escape rooms y demás juegos de supervivencia.

Sabiendo esto la premisa de Escape Room resulta muy obvia y predecible: seis desconocidos se encuentran en un juego que en un principio parece ser una simulación pero que luego termina siendo algo muy real cuando cada habitación resulta ser una trampa mortal que se los va cargando uno a uno con la esperanza de un gran premio para aquel que logre sobrevivir. La estructura de la película es similar a la de un videojuego, con cada habitación presentando una trampa distinta y un episodio autoconclusivo en el que por supuesto también aprendemos acerca de las vidas de los protagonistas y por qué han sido precisamente ellos los elegidos para la prueba.

Eso sí, aquellos que busquen la brutalidad y violencia de la saga de Jigsaw se van a quedar con las ganas puesto que esta es una cinta mucho más light y menos violenta que sus principales influencias, algo que quizás se deba a su condición de producto 100% comercial con actores televisivos. Casi diría que el principal atractivo no está ya en sus niveles de casquería sino en lo ingenioso de las trampas y en algunas secuencias bastante logradas de carrera contra el tiempo como el cuarto que está puesto de cabeza, que ya salía en el trailer y que fue, para mí, lo mejor de la película y el auténtico pico que no llegó a superar en ningún momento.

Entretenida y pasable pero francamente inofensiva, Escape Room es sin duda un estreno menor de este año, y aunque no llega a los niveles de ninguna de las cintas con las que la hemos comparado, su premisa y estructura la convierten en algo con posibilidades infinitas que podría dar para no una sino muchas secuelas, algo que sin duda alguna estaba en las intenciones iniciales de quien sea haya dado luz verde a esto. Eso siempre y cuando sea un éxito, algo que por otro lado pongo bastante en duda ya que existen otros muchos ejemplos más interesantes que han jugado con la misma idea de la que parte.

Reseña: Resident Evil: The Final Chapter (2016)

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Ahora que Capcom parece estarse tomando más en serio su propiedad intelectual, y siendo la llegada de un reboot algo inminente, es hora de terminar lo que debí haber hecho hace mucho tiempo y dedicarle unas líneas a Resident Evil: The Final Chapter (2016), sexta y última entrega de la saga que protagonizara Mila Jovovich y que Sony explotó sin ningún tipo de vergüenza durante más de una década. Es también una oportunidad inmensa para hacer un balance de la saga en su totalidad y rescatar lo que se pueda de ella.

Esto último viene a colación porque pese a no tengo problemas en admitir mi parcialidad hacia una saga que siempre consideré un placer culpable, sigo defendiendo la idea de que la primera entrega de Resident Evil (2002) fue una película bastante decente que puede que no haya guardado mucha fidelidad al material en el que se basa (algo que supuestamente la nueva saga sí hará) pero que al menos ofreció algo que en aquel momento no era tan común y que en cierta forma ayudó, junto con 28 días después (2003) y El amanecer de los muertos (2004), a traer de nuevo el género zombi a la pantalla. Esto es algo que las secuelas irían perdiendo para enfocarse más en la acción hiperbólica con la Jovovich de protagonista absoluta y que esta sexta y última entrega parece querer recuperar, al menos en parte.

Y lo cierto es que, tal como ocurría con Underworld: Blood Wars (2016), hablar del argumento no tiene sentido porque cada entrega de Resident Evil ignora de manera descarada su propia continuidad y reinicia la saga de nuevo con otro estilo diferente y referencias muy superficiales a las anteriores entregas. En ningún otro caso es eso tan evidente como en esta ya que todo aquel cliffhanger de la entrega anterior es completamente dejado de lado: el regreso del villano de la tercera entrega, el nuevo cambio de bando de Albert Wesker (quien recordemos había finalizado la película anterior forjando una frágil alianza con Alice) y la súbita reescritura del pasado tanto de la propia Alice como de la Reina Roja, me hicieron pensar por momentos que se había estrenado una entrega intermedia que por algún motivo no llegué nunca a ver. Tampoco es que importe mucho porque la trama es muy sencilla y las ambiciones de la película son muy básicas a pesar de que está clara su intención de hacer de este el verdadero capítulo final.

Lo que tenemos aquí en realidad es una entrega mucho menos extravagante que las dos anteriores, más sucia y con un mayor hincapié en el Apocalipsis zombi que la mayoría de sus antecesoras. Esto la hace un tanto más digna a mi parecer, y considero que resulta un acierto teniendo en cuenta que el desenlace de la película anterior auguruaba un tono hiper-épico que francamente dudo le hubiese sentado con tanta eficacia. A pesar de eso sigue teniendo los mismos problemas, y aunque comete el acierto de no introducir personajes importantes nuevos (algo que ningún desenlace debería hacer), sigue sin capturar la sencillez de la original para rendirse a un espectáculo vacío que apenas se sostiene gracias a mi absoluta parcialidad hacia Mila Jovovich y su particular estilo de acción. Con todo y eso sigue siendo una de las más disfrutables entregas de la saga, aunque sé muy bien que para muchos eso no será suficiente. Habrá que ver cómo lo hace el reboot ahora que esta ha llegado definitivamente a su fin.

Reseña: Aterrados (2017)

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Siguiendo poco a poco con mi objetivo de reseñar más cine de terror latinoamericano, Aterrados (2017) me llegó acompañada de un hype altísimo puesto que esta cinta argentina de Demián Rugna se ha llevado numerosos elogios allí donde se ha estrenado, calificándola como una de las más terroríficas películas de miedo en español de tiempos recientes. Si estas expectativas están justificadas o no es algo que cada quien tiene que decidir por sí solo, pero lo cierto es que me parece por encima de todo una película muy buena que sabe aprovechar sus recursos e influencias de manera discreta pero efectiva, además de tener todos los elementos para convertirse en poco menos que un clásico del terror del sur en los años venideros.

Su sencillo argumento (un trío de investigadores paranormales que estudian los misteriosos fenómenos que parecen aquejar a un barrio de Buenos Aires) la emparentaron a mis ojos con dos referentes que se me vinieron a la cabeza de forma inmediata: Poltergeist (1982), de la que toma el ángulo paranormal y pseudo-científico, y Ju-On: The Grudge (2003), a la que se asemeja en un principio por su terror pausado y enteramente visual pero sobre todo por su estructura fragmentada y la idea de una “maldición” que se extiende a todo aquel que entra en contacto con ella. Todo este trozo inicial, así como el desenlace, me parecieron grandiosos a nivel de terror, no sólo en el apartado visual de los fantasmas y las criaturas que aparecen, sino también por los conceptos que maneja de horror cósmico y que la elevan por encima de las más inocentes recreaciones sobrenaturales que el género nos ha dado en décadas pasadas.

Pero no vayáis a pensar que se limita a seguir las pautas de otras películas: Aterrados tiene su discurso propio y sobre todo una búsqueda personal a la hora de mostrar imágenes de criaturas imposibles, sobre todo una vez que se entrega a sus efectos especiales, algunos de ellos realmente sobresalientes para tratarse de una producción tan modesta. Pero además es reconfortante ver cómo la estructura de la película invita al espectador a atar cabos e ir armando el argumento dentro de su cabeza, sin condescendencias de ningún tipo pero también logrando una película accesible y nada pretenciosa. De hecho, si tuviese que señalar un único detalle que no me gustó, sería que toda la parte del medio con los investigadores paranormales se me hizo un tanto pesada y reiterativa, y me parece que quita tiempo a la parte de terror que es aquella en donde la película realmente brilla. Además, estas escenas están aderezadas con un cierto toque de humor que no siempre funciona.

Al final no estamos ante una película perfecta y probablemente no sea la obra maestra que han señalado varios críticos anglosajones (por lo visto se prepara un remake americano para el futuro próximo), pero sí es una película que merece la pena y que sólo por su principio y desenlace debería estar entre las imprescondibles del terror hispanoamericano de los últimos años. Su éxito además ha querido que tenga una distribución más que decente fuera de las fronteras de su país de origen, así que no tenéis excusa.

Reseña: Slender Man (2018)

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Si no había reseñado hasta la fecha Slender Man (2018) ha sido no sólo por el hecho de que nunca se estrenó comercialmente donde vivo, sino también por el varapalo generalizado que se llevó tanto por la crítica como por el público, con ese doloroso 3,2 en IMDB que la puso sin duda entre los estrenos peor valorados del año pasado. Finalmente la he visto con las expectativas muy bajas, y quizás por eso me ha sorprendido tanto porque pese a todos sus problemas no me ha parecido tan terrible. Así que quizás lo que tengamos ante nosotros sea más bien el caso de una gran oportunidad desperdiciada para una película que llega un poco tarde, cuando ya el personaje ha sido explotado en muchos libros y tesis sobre el tema así como varias producciones audiovisuales (incluyendo el para mí peor episodio de Supernatural). Pero no sólo llega a destiempo: esta cinta del televisivo Sylvain White tampoco hace nada realmente interesante con su material, que termina siendo poco más que una película de terror genérica acerca de un monstruo que podía haber sido cualquier otro.

Lo más decepcionante de todo es que al principio parecía ser otra cosa; la película después de todo tiene una estética más similar a la del terror indie y un elenco principalmente de desconocidos, por lo que no parece para nada una cinta de horror comercial, al menos de entrada. Todo esto resulta ser una trampa, porque a medida que avanza la trama de las cuatro amigas que invocan a Slender Man (siendo sistemáticamente perseguidas por este), esta va cobrando poco a poco el estilo y clichés que solemos encontrarnos en este tipo de producciones. Esta es también una película que conoce muy bien sus influencias, sobre todo The Ring (2002), a la que se fusila sin piedad durante todo su tramo inicial y de la que toma varios recursos casi calcados, incluyendo la idea de un vídeo maldito. Pero curiosamente, es justo este énfasis en la leyenda urbana y en el mal que se transmite a través de la tecnología (la escena del vídeo en particular me pareció muy buena) donde Slender Man tiene sus mayores aciertos, pese a que no sean originales. En este sentido, y sobre todo gracias a una estética poco habitual, tiene algunos momentos de miedo muy buenos, ciertamente superiores a los de la mayor parte del cine de terror juvenil de hoy en día.

Porque eso es lo que, al fin y al cabo, tenemos que tomar en cuenta; después de todo, esta es una película de terror adolescente que no tiene nada de indie sino que por el contrario es una producción de Sony, que ya sabemos no tiene un historial lo que se dice muy atractivo en los últimos años. Si esta película termina decayendo no es debido a su falta de originalidad sino, como decíamos arriba, por no saber sacar nada interesante de un tema en principio tan atractivo como la idea de un monstruo que nace como una ficción y que termina cobrando existencia precisamente por la creencia de los demás en él. Aquí lo hacen al revés, intentando enlazar la leyenda de Slender Man con numerosos arquetipos de horror de hace siglos, lo que al final termina despojándole de su identidad y convirtiéndole en un monstruo genérico. Tampoco ayuda que la película termine claudicando ante el abuso de sus efectos especiales en las muchas (demasiadas) ocasiones en que muestra al monstruo de forma evidente.

En conclusión, Slender Man es por encima de todo una oportunidad desperdiciada, un caso particularmente doloroso no sólo por el material del que parte sino también por el cuidado que pone en varias de sus secuencias. Pero a pesar de esto, creo que no se merece el escarnio general que recibió; como película de miedo destinada a un público joven, es efectiva y sin duda alguna merece una mejor consideración que probablemente no llegó a tener sólo debido a la importancia que este personaje tiene para la cultura popular actual, sobre todo aquella nacida de Internet. Es lo único que me hace explicarme su fracaso, porque honestamente no me podéis decir que esta película es peor que Ouija (2014) o Annabelle (2014), las cuales no sólo fueron exitosas sino que además cuentan con calificaciones mucho más altas en diferentes portales. Ese es otro motivo por el cual cada vez estoy más en contra de ponerle notas a las películas.

 

Reseña: The Possession of Hannah Grace (2018)

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La idea de la que parte The Possession of Hannah Grace (2018) es probablemente aquello que me hizo querer acercarme a ella en primer lugar. Dicha premisa, la de una ex-policía encargada del turno de noche en una morgue y que recibe un cadáver ocupado por un demonio, era en un principio algo distinto a lo que había visto en el cine de posesiones diabólicas, y honestamente pienso que tenía potencial para conseguir cosas al menos interesantes y un tanto alejadas de los lugares comunes de este subgénero de sacerdotes y jovencitas contorsionándose. Por desgracia esas esperanzas terminaron siendo infundadas, ya que pese a su argumento, esta es una película tremendamente convencional que desaprovecha casi todas sus posibilidades ya desde muy temprano.

Una de las cosas más llamativas de esta cinta es que realmente, al final, no es una película de posesiones ya que la trama tiene lugar después del exorcismo cuando el cadáver de Hannah Grace, quien murió durante el ritual pero que siguió albergando la presencia demoníaca dentro de su cuerpo, comienza a ejercer su influencia maléfica sobre la psique de la protagonista al tiempo que va matando a todo aquel que se le pone a tiro. Con esto lo que tenemos aquí es una cinta de monstruos de toda la vida con sus ya conocidos clichés, desde la heroína traumatizada a la que por supuesto nadie cree cuando asoma la tesis de lo sobrenatural hasta el clímax de confrontación con la criatura una vez esta se encuentra cerca de alcanzar el punto máximo de su poder. Tengo que decir que algunos elementos de esto que acabo de contar funcionan y la película sí tiene puntos a favor al intentar dar al espectador imágenes perturbadoras aunque sea a costa del realismo o la lógica. Como ejemplo de esto tenemos la caracterización del cadáver por parte de la actriz que hace de Hannah, que da un mal rollo tremendo por la forma en que es presentado pese a que dudo mucho que una morgue conserve un cadáver en posición fetal.

Del resto hay poco que destacar, y se nota mucho que esta fue una película que se retrasó por casi dos años durante los cuales le metieron mucha mano porque se siente incompleta y pasa olímpicamente de explicar cosas que en un principio parecían importantes pero que luego no tienen relavancia alguna, como la supuesta conexión que existe entre la protagonista y el cuerpo de Hannah, un aspecto argumental al que incluso se llega a hacer mención y que sin embargo nunca es explicado, como tampoco es explicado el muy abrupto y casi intrascendente final. Este último punto resultó particularmente frustrante para mí porque me pareció que la película simplemente terminó sin molestarse en ahondar en ninguno de los ángulos interesantes que tenía.

Pese a su en un principio atractiva premisa, The Possession of Hannah Grace terminó siendo cine de terror del montón acerca de espectros que se contorsionan y personajes deambulando por pasillos oscuros con una linterna. Tiene algunos momentos buenos, ocasionales aciertos estéticos como el escenario ascéptico y solitario de la morgue, pero al final se rinde a la comodidad de una película de monstruos de usar y tirar llena de clichés y sin nada interesante. En lugar de esto yo recomendaría la muy superior The Last Shift (2014), que tiene una trama y atmósfera similar y que todavía no hemos reseñado aquí, lo cual es imperdonable.

Reseña: The Town That Dreaded Sundown (2014)

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Toda una sorpresa para mí teniendo en cuenta lo poco que sonó y lo desapercibida que sigue pasando incluso ahora, esta nueva versión de The Town That Dreaded Sundown (2014) ha terminado siendo, si no una gran película, al menos uno de los más interesantes remakes de terror que he visto en mucho tiempo. Es también una muy curiosa y estimulante meta-narración a partir de la original, hecha además con una inteligencia e ingenio francamente poco habituales en una producción de Blumhouse, ya que no se contenta con volver a contar la misma historia sino que elabora un discurso en torno a la película original y la huella que esta dejó en la cultura popular.

Esto último queda en evidencia ya con la premisa de la película, que nos lleva de nuevo a la localidad fronteriza de Texarkana pero no para repetir el mismo argumento, sino para ubicarnos en un mundo en el que la cinta del 76 existe y, tal como ocurrió en realidad, se ha convertido en parte esencial de la identidad del pueblo y ha terminado sustituyendo en la memoria colectiva al crimen en el que se basó. La película de hecho arranca con la proyección de The Town That Dreaded Sundown (1976) en un autocine y finaliza su secuencia inicial con un copycat del asesino cinematográfico que da inicio a una serie de crímenes que buscarán replicar los de su contraparte en la ficción. Al mismo tiempo, la investigación por parte no sólo de la policía sino también de la chica protagonista terminará repitiendo los eventos de la primera película de forma consciente en un juego de espejos enfrentados que la cinta abraza de manera entusiasta y muy efectiva.

Este discurso meta muy al estilo de Scream (1996) y otros trabajos similares está apoyado además por una estética muy cuidada que busca también su propia identidad por medio de una incoherencia completamente intencional; a pesar de estar ambientada en la época actual, la película huye de una representación realista y opta en cambio por dar a sus personajes un look evidentemente setentero al mismo tiempo que evita la representación de tecnología actual, como si la historia tuviese lugar en una época propia sin ninguna conexión con la realidad, un universo ficitio que se alimenta del crimen real y lo reinventa para construir su propia verdad a la vez que habla del morbo del espectador hacia la violencia y el carácter muchas veces siniestro de la falsificación de la historia.

Por estos motivos insisto en que pese a que se hace un poco larga en ocasiones y el asesino es menos vistoso de lo que nos tiene acostumbrados el slasher actual, esta nueva versión de The Town That Dreaded Sundown es una película que vale la pena y, para mí al menos, se ha convertido en una de las mejores de Blumhouse y una manera muy inteligente de aprovechar el remake de una cinta poco conocida para el público actual. Personalmente pienso que se disfruta más si habéis visto la del 76 pero aún así es una que recomiendo aunque sea para poder luego hablar largamente de ella.