Reseña: The Block Island Sound (2020)

Terror de tintes lovecratianos y conspiranoia clásica, The Block Island Sound (2020) es una de esas películas víctimas de la pandemia y cuya distribución se vio salvada gracias al streaming. Es una suerte que haya sido así porque a pesar de algunas decisiones cuestionables y un misterio algo reiterativo, ha terminado siendo uno de los trabajos más interesantes en lo que llevamos de año y uno que da mucho más de lo que hace creer sus en principio muy limitados medios.

Parte del atractivo que tiene es sin duda la ambientación en un pequeño pueblo costero en la isla de Block Island, una pequeña comunidad de Rhode Island, donde también se encuentra Providence (por si no resultaba ya obvia la conexión con Lovecraft), en la que un desastre ecológico parece guardar relación con el extraño comportamiento y muerte de un hombre de la localidad. A partir de allí comienzan los detalles ya conocidos como la investigación y el progresivo deterioro del protagonista que ve cómo la realidad a su alrededor se desmorona entre períodos de amnesia, alucinaciones, y un misterioso ruido proveniente de alta mar que parece querer comunicarse con él desde otras esferas.

A medida que el argumento avanza la historia comienza poco a poco a mezclar el tema del horror cósmico con el ángulo de leyendas urbanas y teorías de conspiración, en una forma que debo reconocer resulta efectiva y hace de esta una trama genuinamente interesante a pesar de que muchas de las respuestas ya te las va insinuando desde muy temprano por medio de analogías tremendamente obvias. De todas formas eso es lo de menos porque el ambiente está muy bien cuidado y el hecho de que el elenco esté compuesto por actores en su mayoría desconocidos es algo que ciertamente ayuda. Mi única queja en todo caso viene del hecho de que esta es otra de esas películas en las que el público sabe más que los personajes y estos nunca se enteran realmente de qué es lo que está sucediendo, algo por desgracia muy común en el cine de terror de nuestra época y que en lo personal nunca me ha gustado.

De todas formas es una queja superficial; The Block Island Sound ha cosechado por lo visto muy buenas críticas y es un trabajo genuinamente inquietante y perturbador. Es probable que a muchos no les agrade el hecho de que ofrece pocas respuestas a su misterio, incluyendo un final que te deja un poco en el aire. No creo que le hiciese mal teniendo en cuenta que, como decía arriba, la película adelanta lo que está ocurriendo de forma muy evidente mediante el uso de analogías, y lo cierto es que me gustó mucho, con lo que un puesto entre las recomendaciones del año es algo que tiene casi asegurado.

Reseña: The Boy 2 (2020)

Una cosa positiva voy a decir sobre The Boy 2 (2020), y es que me ha sorprendido mucho cómo han resuelto la premisa de una película que no debería existir. No debería existir no porque la primera sea mala (que también) sino porque esta dependía principalmente de una revelación sorpresa que hacía de una secuela algo completamente irrealizable. La manera como su continuación soluciona eso es reinventando la historia del muñeco y haciendo en esta ocasión una película completamente distinta más acorde con la idea que el espectador se había montado acerca de lo que la primera cinta era. Es un juego muy curioso que muestra una forma ingeniosa de tomarle el pelo al espectador, y eso hay que reconocerlo.

Lamentablemente eso es lo único que le puedo otorgar ya que por lo demás es una película de sustos muy convencional acerca de un muñeco siniestro y el niño que se encapricha con él, pasando por todos los clichés del género y manteniendo una muy vaga referencia a la original hasta el punto de que podría perfectamente haber sido un trabajo independiente de esta, como si ambas películas partieran de una base en común para tomar caminos completamente distintos, algo insólito teniendo en cuenta que estamos hablando del mismo director y el mismo guionista.

Aquí es donde quizá esté mi principal problema y es que con todas sus carencias, la primera tenía una premisa interesante que funcionaba por sí sola (al menos antes de que la propia trama se encagara de destruirla). Esta ni siquiera tiene eso, y a pesar de que por momentos pareciera ser más “de terror”, lo es también en un plano mucho más superficial y sosteniéndose sobre un argumento un tanto pobre de familia-en-peligro con un elenco de actores en horas bajas, ya que esta ni siquiera tiene la presencia de Lauren Cohan, quien al menos le inyectaba algo de vida a la primera parte. En vez de eso tenemos a Katie Holmes en un insulso rol de madre que está muy por debajo de sus posibilidades.

No puedo decir que me haya decepcionado porque la verdad no esperaba mucho de ella, pero fuera de la voluntad de sacar una secuela a como de lugar, esta segunda parte no tiene nada que ofrecer y de hecho termina dando incluso menos de lo que promete, ya que toda la sutileza que muestra al principio es destruida con un absurdo tramo final que resulta tan ridículo como el de la primera aunque por motivos distintos.

Reseña: Antebellum (2020)

Otro de los estrenos que cayeron víctima de la pandemia, Antebellum (2020) se vendió en su momento como “lo nuevo de uno de los productores de Get Out (2017)”. Lo de “uno de los productores” es una manera de curarse en salud puesto que ni Jordan Peele ni Jason Blum tuvieron nada que ver con este trabajo, aunque la influencia de la película mencionada arriba sí que se deja ver en el sentido de que esta de la que hablamos hoy también utiliza algunas de las convenciones del género de horror para contar una historia acerca del racismo y de cómo este continúa vivo y reproduciendo sus esquemas de poder incluso en nuestros días. Este énfasis en el lado “serio y comprometido” del horror se hace, eso sí, tan evidente en algunas ocasiones que termina revelando algunas de las debilidades que la película tiene y que la convierten en algo no tan redondo para mi gusto.

No puedo hablar mucho el argumento (o de sus influencias) sin caer en spoilers, e incluso considero que ya lo que se mostraba en el trailer era excesivo en el sentido de que la historia de una mujer negra atrapada en una plantación de esclavos en el sur de los Estados Unidos y su paralelismo con el mismo personaje en la época actual era algo que ya adelantaba demasiado lo que estaba ocurriendo, a pesar de que esta dualidad es su principal seña de identidad. Es así como la historia teje estas dos tramas (en apariencia) separadas y construye con ellas un misterio en cuanto a que como público no sabemos cómo es que ambos argumentos están relacionados… hasta que llega una importante revelación sorpresa en el tercer acto que finalmente revela el tipo de película que estamos viendo y la verdadera situación en la que se encuentra la protagonista.

De hecho es esta revelación (que ocurre literalmente en la última media hora) la que ha causado opiniones algo enfrentadas entre el público y crítica que ha visto Antebellum, con algunas personas señalando dicho giro como una parte esencial de su discurso antirracista y otros como una gran tomadura de pelo. Mi postura particular se encuentra en un punto intermedio, ya que si bien es cierto que la idea me parece interesante, también considero que está abordada de forma muy superficial y termina rebajando considerablemente la “seriedad” que ostenta una película que dura casi dos horas y que sin embargo tiene una trama muy sencilla que podría haber sido un episodio de la Twilight Zone original que por algún motivo decidieron inflar artificialmente hasta la duración de un largo.

Siendo sinceros, la película no me pareció tan terrible como algunos han comentado y ciertamente contiene momentos de considerable belleza estética, así como una excelente actuación por parte de su protagonista. Sin embargo tampoco puedo pasar por alto lo banal y tremendamente obvia que resulta en cuanto a discurso, sobre todo cuando precisamente el tema de la esclavitud se ha tocado ya en numerosas películas incluso recientes que se atrevieron a ir más allá. En fin, creo que el problema ha sido precisamente esa pátina de terror serio que parece querer ostentar y que no se corresponde con lo que en el fondo es una historia muy sencilla que simplemente no daba para tanto y cuya linealidad se intenta ocultar en ocasiones de forma tramposa y algo chapucera.

Reseña: The Reckoning (2020)

Tras quince años apartado del cine de terror, Neil Marshall vuelve a la carga con The Reckoning (2020), una historia de brujería en medio de la Gran Peste de Londres que prometía en principio ser algo grande. Fue también, al menos para mí, una gran decepción ya que el regreso de este director era algo que esperaba con muchas ganas. Lo que terminó siendo fue quizá su película más barata hasta la fecha y al mismo tiempo la más recatada en cuanto a los aspectos de su cine que lo hicieron famoso, además de una obra considerablemete más light que las muchas otras películas a las que hace referencia.

Lo de las referencias viene porque el argumento principal (una mujer acusada injustamente de brujería y que termina enfrentándose a un poderoso cazador de brujas en la Inglaterra del siglo XVII) tiene reminiscencias de varios clásicos de décadas pasadas, principalmente Witchfinder General (1968), que parece haber sido la inspiración principal. El énfasis de la trama en una protagonista femenina fuerte y decidida es también un punto distintivo de Marshall, repitiendo hasta cierta medida lo ya conseguido en The Descent (2005) o Doomsday (2008) y regalándonos un muy buen trabajo por parte de la protagonista Charlotte Kirk, quien puede dar mucho de sí en el futuro.

Por desgracia el resultado final no está a la altura; estéticamente, The Reckoning muestra un medioevo digno de una serie de televisión de los noventa en el que los villanos llevan pantalones de cuero negro y todo el mundo va sucio menos la protagonista, que va vestida y maquillada como una princesa Disney hasta el punto de que a mí en lo personal me sacó de la película en más de una ocasión. En cuanto al argumento en sí, este se muestra un tanto vago en cuanto a que pese a que existe la sugerencia de un ángulo sobrenatural y que originalmente la cinta se vendió como una película de terror, nada de eso parece tener realmente importancia. Tampoco parece ser importante el discurso anti-religioso o la paranoia en torno a la caza de brujas; el verdadero interés de la película por el contrario parece ser únicamente la muestra detallada de largas secuencias de tortura a la que protagonista es sometida, un alarde de sufrimiento y martirio que ni siquiera lleva a nada interesante al final.

Por otro lado, y esto es algo que no he leído comentado en casi ningún sitio, el cartel de la película parece intentar mostrarla como un trabajo de acción al estilo de otras obras de Neil Marshall como las dos mencionadas arriba, pero también esto es engañoso ya que el enfrentamiento físico de la protagonista con sus captores se da solo al final y como un abreboca para (imagino) una secuela que en algún momento estaba planeada y que ahora dudo mucho vaya a llevarse a cabo. Incluso en este apartado se queda corta, eso sí. Honestamente, si queréis ver algo que toque los mismos temas y sea más cercano al género de terror, sugiero que le echéis un vistazo a la muy superior Black Death (2010), de Christopher Smith, que se estrenó exactamente una década antes pero que le da diez mil vueltas.

Reseña: The Eye 3 (2005)

Probablemente hayáis notado que en los últimos días he estado colgando reseñas de secuelas cuyas sagas había dejado olvidadas. Ahora, rascando el fondo de la olla, llega el turno a The Eye 3 (2005), también conocida como The Eye 10 o The Eye 3: Infinity, dependiendo de la edición de la que estemos hablando. Contrariamente a lo que me esperaba, este es un trabajo muy diferente de los dos anteriores hasta el punto de que solo un par de referencias puntuales lo vinculan a sus predecesoras. También es probablemente una de las secuelas más pobres que he visto jamás, incluso teniendo en cuenta los ya de por sí poco impresionantes estándares que la saga tiene.

Otra cosa que me sorprendió fue ver que incluso esta tercera entrega está dirigida por los hermanos Pang, directores también de las primeras dos y que nuevamente hacen uso de su ya conocida obsesión temática como es la dualidad cultural entre Hong Kong y Tailandia, esta vez centrada en un grupo de jóvenes amigos de la ciudad china que viajan al país vecino de vacaciones y se topan con un misterioso libro llamado Los diez encuentros (de ahí uno de los títulos), que supuestamente enseña con lujo de detalles diez métodos distintos para tener un encuentro sobrenatural. Cuando los jóvenes deciden poner en práctica los rituales a modo de juego, el resultado es el que podemos esperar tratándose de una película de terror.

Ya esta última frase es algo que hay que tomar con cierto escepticismo; desde sus títulos de crédito iniciales más apropiados para una comedia juvenil, lo cierto es que The Eye 3 no parece en muchos momentos una película de miedo. A pesar de que la amenaza a la que se enfrentan los chicos es real, así como los fantasmas, el tono que la película tiene es muy desconcertante en cuanto a que contiene varias escenas y secuencias que son abiertamente cómicas, aunque la película en sí no es del todo una comedia. Lo correcto sería decir que no parece tomarse a sí misma en serio, y si a eso le sumamos unos efectos especiales de baratillo y una trama un tanto errática en la que nunca queda claro el efecto que tiene el juego de los diez rituales, lo cierto es que el resultado deja mucho que desear.

Siendo sinceros, no esperaba que The Eye 3 fuese una buena película ni mucho menos, pero no me imaginaba hasta qué punto sus defectos han conseguido que las dos anteriores (sí, incluso la segunda) parezcan obras maestras en comparación. Lo curioso es que esta tercera entrega llega a mencionar directamente a sus antecesoras metiendo incluso metraje reciclado de estas, lo cual no hace sino resaltar las grandes diferencias de tono y estética que tienen con esta continuación cuyo nivel de calidad es tan bajo que si no fuera porque está hecha por los mismos directores no me creería que se trata de una secuela real.

Reseña: Psicosis 3 (1986)

A diferencia de lo ocurrido con la segunda parte, estoy seguro de que vi Psicosis 3 (1986) en algún momento de mi niñez porque tengo el claro recuerdo de algunas escenas, y tenía asumido que se trataba esta vez de una película de terror más convencional. Luego de haberla visto de nuevo puedo decir que mi recuerdo era poco fiable en ese sentido porque si bien es cierto que esta tercera entrega es mucho más violenta que las anteriores y se rinde en ocasiones a lo que sería un thriller de asesinos más de andar por casa, sigue siendo por encima de todo una obra de terror psicológico tejida alrededor de la figura de Norman Bates y el impulso que lo lleva a matar a todo aquel que se acerca al motel de carretera que regenta.

En esta ocasión el argumento es una continuación directa de la segunda parte que tiene lugar apenas un mes después del desenlace de Psicosis 2 (1983), aunque ambas películas estén separadas por tres años en cuanto a su fecha de estreno. Tras la revelación al final de esta acerca de sus orígenes, Norman se ha encerrado en casa junto al cadáver disecado de su “nueva madre” y se ve nuevamente tentado a matar cuando un nuevo grupo de gente llega a su hotel, incluyendo una joven ex-monja con una crisis de fe y un complejo de culpa (cuya introducción en el prólogo parece salida de otro tipo de película) que inevitablemente traerá a su mente el recuerdo de Marion Crane pero que al mismo tiempo representa una oportunidad de conseguir el amor y la vida normal que desea.

Hay que decir que pese a algunas estridencias de tono estamos ante un guión mucho mejor de lo que esperaba en un principio y que sabe compensar de forma efectiva el hecho de que el misterio alrededor de la identidad de Norman ya no existe: sabemos desde el principio que su madre está muerta y que es él quien está cometiendo los crímenes, pero la trama muestra una genuina progresión de su locura y ya no es el mismo personaje que habíamos visto en las dos entregas anteriores. El Norman de esta tercera parte es un ser roto y desesperado que se ha recluido en una casa ruinosa y polvorienta donde vive una constante lucha contra sí mismo. Por supuesto, gran parte del mérito está en la (como siempre) impresionante actuación de Anthony Perkins, quien también dirige la película y que muestra conocer muy bien su personaje y consigue sacar cosas nuevas de este incluso cuando algunos giros narrativos parecen salidos de la nada o apresurados, incluyendo un final que nos lleva una vez más a los predios de la Psicosis (1960) original pero desde la perspectiva de un thriller de asesinatos más parecido a lo que se hacía en aquel entonces.

Con todo y eso es una película más que decente y que ha mejorado en mi recuerdo, quizá porque los años me han permitido apreciarla en el contexto de sus anteriores entregas y otros ejemplos de slashers de la misma década, los cuales sí que se prestaban a un disfrute más superficial. Si no la habéis visto y lográis pasar por alto el sacrilegio de haber realizado dos secuelas de una de las películas más celebradas de todos los tiempos, recomiendo que le deis una oportunidad. Ahora solo me falta ver la cuarta, que fue realizada para la televisión y que hasta donde sé tiene también aspiraciones de precuela. Habrá que buscarla.

Reseña: Basket Case 2 (1990)

En las últimas semanas he aprovechado para saldar varias deudas pendientes que tenía en cuanto a cine de terror de décadas pasadas, y entre ellas una de las sorpresas más positivas que me he llevado ha sido Basket Case 2 (1990), la cual nunca había visto hasta ahora y que me ha dejado muy impresionado porque tenía la impresión de que se trataría de una secuela alimenticia de una película genuinamente transgresora cuya trama para colmo había quedado bastante cerrada en su desenlace. Al final resultó ser algo muy distinto; esta segunda parte, si bien es considerablemente menos violenta que su predecesora, llega incluso a superarla en cuanto a su componente bizarro hasta el punto de ser una historia de todo menos convencional.

Por supuesto, el principal mérito que tiene es que a pesar de contar con un presupuesto más holgado y el respaldo de la SGE Home Video (una importante productora de cine para formato doméstico que para entonces estaba en su punto más alto), la cinta sigue estando escrita y dirigida por su creador Frank Henenlotter, un cineasta con una voz única que supo sortear las limitaciones de censura del mercado del directo-a-vídeo para darle a la película un giro distinto al de la primera parte pero sin llegarla a rebajar su eficacia. En esta ocasión los hermanos Duane y Belial, tras sobrevivir al final de la anterior película, son rescatados del hospital por una misteriosa anciana que los lleva a vivir con ella a su casa de campo donde habita con su hermosa nieta y un nutrido grupo de otros seres deformes y extravagantes a los que cuidan como si se tratase de su familia.

Es precisamente allí, en la incorporación de la familia de fenómenos, donde se encuentra el principal aporte de esta secuela y aquello que la convierte no solo en una comedia de terror sino también en una alocada historia de personajes marginados con deformidades absolutamente fantásticas e imposibles, incluyendo una versión femenina del propio Belial que pasa a ser el interés romántico del hermano monstruoso y da pie a algunas de las escenas más extrañas de toda la película. El énfasis que se hace esta vez en las criaturas (con unos efectos prácticos y de maquillaje muy superiores esta vez) es sin duda un alejamiento de la premisa slasher de la primera parte pero también dota a esta secuela de una identidad propia que la emparenta con otras historias de engrendos simpáticos como La parada de los monstruos (1932), de Tod Browning o Razas de noche (1990), de Clive Barker, que casualmente se estrenó el mismo año y con la que tiene varios puntos en común.

Por supuesto sigue teniendo sus puntos de terror; Belial sigue siendo un asesino, Duane sigue estando tan perturbado como siempre (excelente la actuación de Kevin Van Hentenryck, el mismo protagonista de la original) y la cinta contiene algunos pasajes muy oscuros e inquietantes incluso en sus momentos de risa, pero estamos ante un trabajo con un tono muy diferente al de su antecesora. Es también, sin embargo, una prueba de que Henelotter no dejó que una mayor cantidad de recursos le acomodara en el mainstream sino todo lo contrario; Basket Case 2 es una secuela muy digna que si bien disminuye la dosis de terror lo da todo en cuanto a locura y terror festivo. Una gozada.

Terrores televisivos 4

Para esta entrada de terrores televisivos quería comentar dos series que muy probablemente la mayoría haya visto ya pero que no puedo dejar pasar sin recomendar para aquellos rezagados como yo. La primera es The Haunting of Bly Manor, especie de segunda temporada de The Haunting of Hill House, la cual ya comentábamos en su momento. Digo “especie de” ya que, como muchos sabéis ya, esta segunda temporada cuenta otra historia completamente distinta que adapta a su vez otra novela, en este caso Otra vuelta de tuerca, de Henry James, solo que ambientada en los años ochenta y tomándose amplias libertades con el argumento de su fuente literaria, aún más que su predecesora. Otra cosa que se ha mencionado mucho es que esta segunda temporada es considerablemete menos “terrorífica” que la anterior, lo cual es cierto aunque no considero que llegue a abandonar del todo el género puesto que la trama contiene momentos de terror muy intensos, sobre todo en su excelente penúltimo episodio. En general me atrevo a decir que me gustó incluso más que la primera temporada y tanto la factura técnica como el guión o su tratamiento de temas como la pérdida, el afecto que sobrevive a la muerte o el cuestionamiento del más allá son cosas que están tratadas con una seriedad que yo al menos no pensaba que fuese posible en televisión. Su creador, Mike Flanagan, afirma que de momento no tiene pensada una tercerca temporada, pero espero que cambie de opinión.

Menos ruido ha generado, sin embargo, Paranormal, primera gran producción de Netflix en Egipto y una que creo merece una mayor proyección. En este caso se trata de una serie de terror algo más ligera, basada en una saga de novelas pulp del autor Ahmed Khaled Tawfik que contiene la impresionante cantidad de 81 títulos (¡toma eso, Stephen King!), de lo cuales toma algunos para elaborar esta primera temporada de tan solo seis episodios. La trama va acerca de un profesor universitario misantrópico y deprimido cuya profunda insatisfacción vital se ve perturbada por el regreso de un amor de su juventud y el acoso de un fantasma a quien conoció durante su niñez. Una cosa curiosa es que los episodios intentan hasta cierto punto ser autoconclusivos pese a que existe una trama principal que se desarrolla sobre todo en el primero y en el último, que son de lejos los mejores y los más inclinados hacia el género de terror puro y duro, con una estética muy bien acabada (salvo alguna que otra pobre incursión en el CGI). Al principio no me convencía del todo pero me alegra haberle dado una oportunidad porque es sin duda una serie muy buena que espero tenga continuidad. Imagino que sí porque ha sido todo un fenómeno en su país de origen.

Reseña: Nocturne (2020)

Segunda que veo de este ciclo de telefilmes de Blumhouse para Amazon, y elegida también por el tiempo de duración, Nocturne (2020) me ha parecido esta vez un poco mejor que mi anterior experiencia. Ahora, es cierto que al igual que su predecesora tiene poco de terror, pero este al menos está presente, aunque sea en la forma de un thriller ambiguamente sobrenatural (o quizá no) ambientado en el mundo de la música académica, con un elenco más que decente y algunos puntos a destacar que la hacen algo más satisfactorio de ver y que me mantuvo interesado de principio a fin.

El argumento va de una joven pianista que estudia en un exclusivo instituto de música y a quien la envidia que siente hacia su más talentosa hermana gemela la empuja a hacer (tal vez de forma accidental) un pacto de carácter fáustico que le va dando todo lo que quiere al precio de destruir su vida y la de aquellos que le rodean. He de reconocer que de entrada la trama me atrapó ya que tanto el ambiente de música clásica como las historias de la fiera competición entre aspirantes a artistas me recordaron a otras obras similares como Black Swan (2010) o The Perfection (2019), a las que se parece mucho y con las que comparte temas mucho más específicos como la rivalidad entre dos mujeres y el desmoronamiento psicológico que acompaña al encumbramiento artístico. Ya por ese lado debo decir que me tenía ganado.

Otra cosa que encontré muy positiva es que el ángulo sobrenatural de la película es muy sutil y nunca queda del todo claro ni siquiera cuando llega el final. Incluso la escena con la que abre la cinta puede perfectamente ser explicada a partir del ambiente de descarnada competencia que existe entre unos músicos que, tal como se menciona en la trama, a menudo sacrifican su vida entera por conseguir un éxito que en la inmesa mayoría de los casos no llega nunca. Esta reticencia a dar respuestas claras al “misterio” de la película me pareció una muy buena idea incluso estando aderezada con los momentos visualmente más imaginativos de la película, únicos instantes en los que se asoma el lado fantástico y que también pueden ser atribuidos al lento descenso a la locura por el que la protagonista va pasando.

Por supuesto es posible que no todo el mundo lo vea así y es más que probable que muchos consideren Nocturne una película aburrida en la que no pasan muchas cosas, pero al menos (y en esto se diferencia claramente del ejemplo anterior de este ciclo) lo poco que ocurre es mucho más interesante y se ha realizado con una ambición tanto temática como estética que no se puede negar. Resulta quizá inferior a las dos cintas mencionadas arriba y el final resulta incluso predecible, pero nada de eso me ha molestado. Además su actriz principal, Sydney Sweeney, es una que me ha gustado mucho desde que la vi en El cuento de la criada y aquí se luce sin duda alguna.

Reseña: Evil Eye (2020)

Probablemente os lo hayáis perdido (ciertamente yo me lo perdí) pero una de los proyectos más recientes de la productora Blumhouse fue estrenar una serie de películas de terror de bajo presupuesto para Amazon Prime. La primera tanda de esta serie, titulada Welcome to the Blumhouse, fue estrenada en el 2020, y consistió en cuatro telefilmes de temática y factura más o menos variada. La primera de la que pienso hablar es Evil Eye (2020), y confieso que en su momento la escogí porque era la más corta y no tenía muchas esperanzas de que funcionara. Mis expectativas de por sí eran bajas y me he quedado corto, porque lo cierto es que esta película no solo tiene un montón de problemas sino que además no es realmente de terror, muy a pesar de que nos la hayan intentando vender como tal.

Basada en un audiodrama escrito por Madhuri Shekar (quien también se encarga del guión de esta adaptación), la película trata acerca de una madre supersticiosa y controladora en la India que se obsesiona con la idea de que el nuevo novio de su hija en Estados Unidos es la reencarnación de un hombre que intentó matarla a ella hace treinta años. Es a partir de esta premisa cuando la película se desarrolla a dos bandas, cada una en un país, con la madre y la hija teniendo largas discusiones telefónicas que estoy seguro conforman por sí solas la mayor parte del metraje.

Honestamente pienso que toda esta trama daba quizá para tocar ciertos temas de los que definitivamente la película es consciente: rivalidad generacional, la presión cultural sufrida por los hijos de inmigrantes y, sobre todo, una mirada acerca del abuso y los daños psicológicos causados por la violencia de género tal como vimos en El hombre invisible (2020), también de la misma productora pero sin duda muy superior. El problema es que, al menos en este caso, todo está tratado de una forma tremendamente superficial y sobre todo muy aburrida, con una tendencia a explotar todo desde el melodrama y con una estética y valores de producción dignos de una telenovela, solo que agregando ciertos elementos típicos del cine de Bollywood como son las historias sobre reencarnaciones y el peso del karma. De hecho, me atrevería a decir que la película es más interesante al principio cuando todo es más ambiguo y nos preguntamos como espectadores si el relato es realmente sobrenatural o simplemente la historia de una madre dominante.

Por desgracia esto es un misterio que la película resuelve de forma explícita en los últimos veinte minutos y lo hace de la peor manera posible, recurriendo al absurdo y convirtiendo todo en algo muy poco serio, con golpes de efecto dramáticos dignos de un teleculebrón y con una resolución final que da pena ajena. No sé por qué tenía algunas mínimas esperanzas de que esto saliera bien (quizá por su elenco principal) pero el resultado ha estado muy por debajo de lo que esperaba incluso para los estándares de aquellos trabajos alimenticios por los que Blumhouse es conocida.