Reseña: Blood Quantum (2019)

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Lo decimos siempre, pero está claro que no puede pasar mucho tiempo antes de que tengamos una nueva película de zombis en cartelera, una que además casi siempre viene acompañada de una premisa hasta cierto punto innovadora o que aporte algo distinto al ya abultado subgénero de muertos vivientes. Es lo que ocurre con Blood Quantum (2019), una pequeña producción canadiense en la que el alzamiento de los muertos se combina con una premisa de marcado contenido político que por desgracia no es completamente aprovechada y se queda a mitad de camino de lo que podría haber sido un interesante acercamiento a este tipo de cine.

La premisa a la que nos referimos es una que tiene lugar en medio de una comunidad indígena en una reservación del norte de los Estados Unidos, en la que varios fenómenos inexplicables revelan la existencia de un virus que hace que los muertos se levanten con ganas de devorar a los vivos. Lo curioso es que, por algún motivo que nunca es explicado, el virus parece no afectar a los nativos americanos, quienes rápidamente se organizan para defenderse de las hordas de no-muertos y sobrevivir a lo que a todas luces parece el fin del mundo.

Esta idea de la que parte es la principal marca de diferenciación de la película (el título en inglés hace referencia a las leyes estadounidenses que determinan la pertenencia al colectivo indígena por el porcentaje de antepasados nativos), pero por desgracia es algo que muy pronto se queda en nada. De hecho es sólo al principio cuando la película parece algo distinto ya que muy pronto termina abrazando todos los clichés del cine de zombis mainstream, incluso algunos recientes como un personaje que lucha con una katana. Es curioso porque la cinta lo tiene todo para hacer un comentario muy interesante acerca del apocalipsis zombi como catalizador de una retribución de los nativos ante la dominación del hombre blanco, y aunque por momentos pareciera que quiere ir en esa dirección, esta idea se olvida rápidamente ya que la mayoría de los personajes son nativos americanos y nunca se da una interacción que haga esto posible.

Las carencias temáticas de Blood Quantum se hacen aún más evidentes teniendo en cuenta que uno de sus actores principales, Michael Greyeyes, apareció hace pocos años en la serie Fear The Walking Dead protagonizando un arco argumental en el que sí se tocaban todos estos temas de una forma mucho más interesante y entretenida. Esta por el contrario es una película muy sencilla y hasta aburrida en la que hay poco que destacar más allá de unos valores de producción eficientes y algunas transiciones con tono de mitología indígena que por desgracia tampoco son aprovechadas. No es que me pareciera mala, pero sí poco destacable y fácil de perder de vista en el nutrido paisaje de lo zombi en los últimos años.

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A menos que hayáis estado viviendo debajo de una piedra durante la última semana, seguro habéis escuchado hablar de esta nueva versión de Drácula producida por la BBC y lanzada en gran parte del mundo por Netflix. En esta ocasión se trata de una miniserie de tres episodios, cada uno de aproximadamente 90 minutos de duración y concebidos en parte como películas con cierta independencia que recrean algunos de los pasajes más importantes de la obra de Bram Stoker. Lo hacen además tomándose grandes licencias creativas y hasta cierto reinventando el mito de Drácula para los tiempos modernos a la vez que se subraya la importancia que este ha tenido a lo largo de más de un siglo. La serie está creada y producida por Mark Gatiss y Steven Moffat, quienes ya han dejado su huella en clásicos como Jekyll, Sherlock o algunas temporadas de Doctor Who, y ha sido de hecho su participación lo que ha causado más polémica ya que las amplias libertades que se han tomado con la obra de Stoker han escandalizado a gran parte del público, no sólo por sus decisiones en cuanto a ciertas subtramas y personajes sino sobre todo por la ambientación elegida durante su tercer y último capítulo, que parece haber dividido al público. Hay también, sin embargo, una genuina reverencia a la tradición fílmica del conde que en cierta forma combina los trabajos anteriores de Universal, la Hammer y hasta Coppola en una adaptación muy singular que quizás no sea para todo el mundo, pero que en mi caso me parece que vale la pena. Y es que no podemos olvidar que Drácula es un personaje que ha trascendido a la novela de la que parte y al autor que lo creó: Drácula es ahora un mito del que existen numerosas encarnaciones, pero que siempre resulta familiar aunque en un primer vistazo no lo parezca. Me ha sentado muy bien y ha generado un intenso debate, por lo que me gustaría leer vuestra opinión sobre ella.

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Entrando en ambientes más sencillos, estas navidades pude ver la segunda temporada de la serie de The Purge, de la cual ya hablamos hace tiempo y que he recomendado en más de una ocasión, sobre todo a aquellos que sean seguidores de la saga de películas. Esta segunda entrega de la serie no sólo mantiene los estándares de calidad sino que incluso en cierta medida supera a la primera temporada al incluir cosas nuevas que hasta el momento no se habían explorado en ninguna de las películas: al igual que la temporada anterior se trata de una historia independiente que se cierra a lo largo de sus diez episodios y que va entrelazando varias historias, pero la diferencia es que esta vez la mayor parte de la trama tiene lugar no en la noche de la Purga sino en el año que transcurre entre una y otra, lo que nos permite ver más detalles acerca de ese mundo distópico en el que las películas se desarrollan y da pie a situaciones dramáticas que personalmente siempre me había preguntado y que finalmente estoy viendo en pantalla. No es tan frenética como la temporada anterior, pero probablemente sea más interesante y sobre todo da pie a numerosos ángulos que se pueden explotar a futuro. Por supuesto tiene un fuerte contenido político y una mirada muy poco halagadora a su contexto americano, pero lo hace muy bien: una de las historias, que va acerca de un hombre que intenta averiguar quién ordenó su muerte durante la Purga y por qué, es tan bueno que podría perfectamente haber sido una película en sí mismo. Valga esta ocasión para recomendarla una vez más.

Una incompleta y subjetiva lista de los años diez

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La imagen que acompaña estas líneas es una versión hiper-resumida de lo que han sido mis películas de terror favoritas de esta década que está por terminar. Digo hiper-resumida porque lo cierto es que son más, diez nunca serán suficientes, pero para cumplir con el propósito de ofreceros un número mágico he decidido elegir esta pequeña muestra basándome no sólo en mis gustos y prejuicios personales sino también en lo que considero ha terminado por influir en mayor medida en el cine mainstream de terror. En estos diez títulos se concentran de esta forma varias de las más importantes tendencias que terminarían por poblar este género una y otra vez entre 2010 y 2019, desde las cintas de antología, el horror “meta”, aquello que se llamó (de forma que considero ridícula) “horror elevado” y, por supuesto, el llamado Universo The Conjuring, que terminó siendo la franquicia de terror comercial por excelencia de estos últimos diez años.

Supongo que si hiciese un esfuerzo titánico la podría reducir aún más entregándome de forma aún más entusiasta a mis preferencias personales; podría decir que mi película de terror favorita de esta década fue It Follows (2014), que las más “influyentes” en ambos extremos del espectro crítico fueron The Conjuring (2013) y La bruja (2015), la primera por dar el pistoletazo de salida al universo James Wan y la otra por darle a la crítica sesuda películas de qué hablar cuando hablan de “terror serio” (sic). Podría hacer esas cosas, pero en lugar de eso voy a ampliar la selección aún más y ofreceros este compendio de mis 50 películas de terror favoritas de esta década, para que tengan algo que revisar en los próximos días. Dos de ellas no las he reseñado aún aquí, pero pienso hacerlo lo antes posible.

Y ahora sí, me despido de vosotros por este año y espero volver por aquí dentro de unos días. Honestamente, no pensaba que este blog duraría tanto tiempo como ha durado puesto que nunca lo he visto como algo serio ni a lo que quisiera dedicarme, pero me ha acompañado en momentos en los que lo necesitaba y honestamente no sé cómo parar.

Una vez más, gracias.

Brevísimo ránking de horror del 2019

El 2019 fue un año un tanto menos movido en cuanto a estrenos se refiere, al menos de los que pude ver. A lo largo de los últimos doce meses conseguí ver 24 películas de terror con fecha de estreno 2019, menos que otros años pero suficientes para hacer un podio con las tres más destacadas. Este año, además, cerramos la década de los 10, por lo que podéis esperar de mi parte una pequeña lista con lo más resaltado de los últimos diez años, pero por hoy vamos a hablar de las tres que más disfruté en este nuestro género favorito.

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Posición No. 3

La tercera posición de este podio personal es para Us, la nueva película de Jordan Peele y uno de los primeros estrenos importantes que vimos este año. El director de la también estupenda Get Out trajo con este segundo largometraje un trabajo muy distinto, más alegórico y menos realista pero también mucho más universal y con escenas realmente pavorosas pese a que su argumento haya dividido a un público que no quedó tan impresionado como con su primer trabajo. De hecho, ha sido después de verla de nuevo cuando he terminado por apreciarla aún más. Y tal como decía en aquella ocasión, espero que Lupita Nyong’o se lleve todos los premios del mundo por esta película ya que su actuación lo merece.

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Posición No. 2

En el segundo lugar está Doctor Sueño, la adaptación que hizo Mike Flanagan de la novela homónima de Stephen King, superando en mi opinión al propio libro y ofreciéndonos una de las mejores cintas de Flanagan, lo cual no es poca cosa teniendo en cuenta el titánico esfuerzo que significó no sólo crear con éxito una secuela de El resplandor sino también reconciliar las visiones de Kubrick y King en un trabajo que homenajea a ambos de forma sincera y  efectiva. El ritmo y el desarrollo de sus personajes, trasfondo y situaciones daba incluso para una serie (cosa que quedará aún más evidenciada en ese director’s cut de tres horas que se prepara por ahí), pero vale muchísimo la pena. Lo que más se ha comentado de ella hasta ahora ha sido su magnífica recreación de escenas clave de la película de Kubrick, pero esto es sólo un agregado; esta es una cinta de Flanagan por encima de todo.

midsommar

Posición No. 1

Si es que estaba más que cantado; creo que no hay película de terror de la que se haya hablado más este año (incluso antes de su estreno) que de Midsommar, la esperadísima segunda película de Ari Aster, quien también se agenció el año pasado el puesto de honor en nuestro podio personal con su mucho más visceral Hereditary. En esta ocasión nos trae una cinta de horror folk con todos los elementos que últimamente me están conquistando: es una cinta lenta, larga (más de dos horas y media de duración) y al estar ambientada en pleno verano en el norte de Suecia, casi todas sus escenas transcurren a plena luz del día. Es también un trabajo magnífico que te deja por los suelos y una película sobre la soledad, la empatía y el sentimiento de comunidad que va mucho más allá de sus evidentes influencias en lo que a cultos paganos se refiere. Muy buena y por supuesto recomendadísima una vez más.

802. Midsommar (2019)

MENCIÓN ESPECIAL

Tan recomendada, de hecho, que terminó siendo la más votada en nuestra encuesta anual de lo mejor del año. Un 21% de los lectores que participaron la incluyeron en su podio personal, uno que curiosamente coincidió con el mío aunque no en el mismo orden, ya que el muy reñido segundo lugar fue a parar a Us (17.25%) y el tercero a Doctor Sueño (13.50%). Curiosamente, este ha sido uno de esos años en que ninguna de las opciones que he dado a votar fue ignorada; todas tuvieron al menos un voto.

Eso ha sido todo en cuanto al podio. En los próximos días dejaré por aquí mi selección con lo mejor de esta década que está por terminar.

Aquí para el ránking del 2018
Aquí para el ránking del 2017
Aquí para el ránking del 2016
Aquí para el ránking del 2015
Aquí para el ránking del 2014
Aquí para el ránking del 2013
Aquí para el ránking del 2012
Aquí para el ránking del 2011
Aquí para el ránking del 2010
Aquí para el ránking del 2009
Aquí para el ránking del 2008
Aquí para el ránking del 2007
Aquí para el ránking del 2006
Aquí para el ránking del 2005

Reseña: Better Watch Out (2016)

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Una de las más recientes joyas del terror navideño cierra nuestra tríada de películas decembrinas. Better Watch Out (2016), conocida originalmente con el mucho más atractivo título Safe Neighborhood, es una magnífica pieza de invasión domiciliaria que consigue darle un interesante giro sorpresa a lo que quizás sea uno de los más manidos estereotipos de terror: la niñera en peligro. Lo hace además de una forma poco habitual en el cine mainstream americano, con un enfermizo y en ocasiones desagradable subtexto de violencia y un psicópata de fabricación propia que determinará en gran medida la opinión que se tenga de la película en sí.

Si no cuento más es porque la naturaleza de la amenaza que se cierne sobre la protagonista es algo que llega genuinamente de sorpresa, a menos que se haya visto el material promocional de la película, que ya se encargó de destriparlo. Así que os recomiendo no ver ningún trailer ni buscar imágenes de la cinta antes de verla ya que la llegada de este giro (que de todas maneras se da muy temprano) cambia por completo el tono de la historia y convierte lo que originalmente era una invasión domiciliaria de libro en un relato de terror en el que el verdadero monstruo parece ser la misoginia y el ansia de dominación de los hombres hacia las mujeres, una historia de psicopatía que como expectadores veíamos venir desde muy temprano pero no a este nivel, o al menos eso me pasó a mí.

Es también una película muy sencilla que transcurre toda en la misma casa con muy pocos personajes, por lo que el principal peso de está en las actuaciones. Curiosamente, entre el elenco principal se encuentra la misma pareja de niños protagonistas de La visita (2015), notablemente creciditos pese a que ambas cintas se rodaron apenas con un par de años de diferencia. Pero quien realmente se echa toda la cinta sobre sus hombros es el joven Levi Miller en el rol de uno de los críos, quien tiene sin duda el personaje más difícil. He leído muchas críticas negativas de su trabajo pero sinceramente creo que la mayoría está confundiendo su animosidad hacia el personaje con las capacidades actorales de quien lo interpreta, porque esa rabia que como público sientes hacia él es sin duda alguna intencional. La joven protagonista Olivia DeJonge hace también un muy buen trabajo, y siempre es un gusto ver cintas como esta en la que las chicas no son retratadas como víctimas sino que se enfrentan valientemente a su situación e intentan revertirla en todo momento.

Better Watch Out es una gran película de terror navideño y una que sin duda ha de ser revisitada en futuras fiestas. Comienza como algo muy ligero y mantiene ciertas dosis de humor a lo largo de su recorrido, pero de vez en cuando te sorprende con momentos y secuencias bastante perturbadoras. De nuevo, es mucho más sencilla de lo que parece, pero sabe jugar con las expectativas de un género muy manido y tiene un deje de crueldad que yo en lo particular tenía tiempo sin ver en el cine americano. Y por supuesto, como mirada terrorífica a la masculinidad tóxica me parece mucho mejor y más inteligente que algunas muestras recientes que han pasado por aquí.

Reseña: Anna y el Apocalipsis (2017)

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Para la segunda entrada de nuestra tríada navideña recupero una que no pude ver en el momento de su estreno, Anna y el Apocalipsis (2017), una producción británica (concretamente escocesa) que en aquel entonces se publicitó como una mezcla entre Shaun of the Dead (2004) y La La Land (2016), una comedia musical de terror con zombis de por medio y con la Navidad como ambientación principal. Como ha dicho ya gente más lista que yo, semejantes comparaciones pueden haber subido demasiado las expectativas y terminado haciéndole daño, porque lo cierto es que es mucho más sencilla de lo que parece y sus pretensiones no dan para tanto pese a que la película de Edgar Wright sí que está entre sus más que evidentes influencias, con incluso algunas escenas muy parecidas.

En realidad, y esto sí que es algo que me esperaba, se trata de una película dedicada a un público juvenil acerca de una chica de espíritu rebelde que equilibra sus miserias típicas de instituto con el alzamiento de los muertos y la necesidad de convertirse en heroína para rescatar a su padre. Y claro está, hay canciones de por medio. Tengo que aclarar aquí algo que muy probablemente he mencionado antes y es mi resistencia instintiva hacia los musicales; de todos los géneros cinematográficos, el musical es probablemente el único que encuentro genuinamente anacrónico, y por lo general tiendo a sentir un rechazo hacia ellos. No todos (una de mis películas favoritas de todos los tiempos es precisamente un musical), pero digamos que la idea de que los personajes de repente se pongan a cantar me ha parecido desde siempre tan ridícula que siento que de alguna forma tienen que justificármelo. Esto es un prejuicio mío, evidentemente, y no tiene nada que ver con la calidad de la película en sí.

Una de las formas en que dicha justificación suele darse es, por ejemplo, haciendo de la trama y los personajes algo relacionado con el mundo del teatro o de la música, una idea que ha sido usada en musicales de terror en el pasado y que pensé sería el caso aquí ya que parte del argumento involucra el montaje de un espectáculo escolar de Navidad, pero dicho elemento no pasa de ser una muy breve mención. Otra forma en que se podría hacer es dando mayor relevancia y tiempo de metraje a las canciones que a los diálogos hablados o al menos haciendo que la película empiece con una canción, pero nada de esto ocurre. De hecho, pese a que las canciones en su mayoría me han gustado y están muy bien producidas, algunas de ellas no parecen tener nada que ver con lo que está ocurriendo en pantalla, por lo que se sienten un tanto desconectadas del resto de la película. Además, las coreografías, el ritmo y el estilo de narración en general se me hicieron en ocasiones poco vistosos y con unas diferencias de tono que me echaron un poco para atrás, ya que ese ambiente de High School Musical convive en ocasiones con momentos sumamente oscuros como un plano en el que se ve a un zombi comiéndose a un bebé de un carrito.

Todo esto deja una sensación de que Anna y el Apocalipsis podría haber sido mucho más, quizás en otras manos o con un enfoque distinto que explotara sus posibilidades musicales o su ambiente festivo, el cual dicho sea de paso tampoco parece estar muy relacionado con la Navidad. Es una idea muy buena que podría haber dado más juego, pero al final termina siendo un entretenimiento inofensivo que tampoco consigue destacar tanto ni como musical ni como comedia zombi. Con todo y eso la he disfrutado, el elenco es muy simpático y no me cuesta nada reconocer que tengo una playlist con la banda sonora. Así que queda recomendada, pero ciertamente es mejor bajar un poco las expectativas antes de acercarse a ella.



[Recuerda que tienes hasta la medianoche del 26 de diciembre para votar en nuestra encuesta de lo mejor del 2019]

Reseña: Black Christmas (2019)

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Abrimos la tríada de reseñas navideñas de este año con Black Christmas (2019), tercera versión del clásico de Bob Clark de 1974 que ya había visto un remake del 2006 dirigido en aquella ocasión por Glen Morgan. Ahora, cuarenta y cinco años después del original, esta nueva adaptación cae en las manos de la directora Sophia Takal, quien además escribe un guión que reinventa por completo la película; estamos ante una nueva versión que no solamente no se parece en nada a las dos encarnaciones anteriores sino que tampoco tiene que ver nada con la Navidad. Por el contrario, Takal y su coguionista April Wolf construyen una alegoría marcadamente feminista muy alejada del protoslasher de Clark y más al estilo de otras muestras de horror con protagonistas femeninas como Satan’s School for Girls (1973), The Slumber Party Massacre (1982) y la versión original de The House on Sorority Row (1983), a la que me recordó muchísimo ya incluso desde sus primeros avances.

A decir verdad, este subtexto feminista del que hablo arriba es probablemente lo más interesante que la película tiene, algo que debe haber estado muy claro para sus realizadoras teniendo en cuenta lo destacado y explícito que está. Si bien es cierto que la Black Christmas (1974) original también hacía mención de temas políticos de su época, esta nueva versión lo subraya tanto que su trama termina yéndose de las manos. La cinta balancea una cantidad impresionante de temas, desde la crítica a los típicos roles de género, la cultura de la violación, el estereotipo del Macho Alfa universitario y la representación de la mujer en los estudios clásicos, así como la valoración de la sororidad por encima de todo y lo hace de una forma tan frontal y carente de sutileza que se convierte ya desde el principio en su principal muestra de identidad hasta el punto de hacerla parecer una parodia. Para que lo tengáis claro, imaginaos una de esas películas de propaganda cristiana pero sobre las principales causas del feminismo, con escenas y diálogos tan evidentes en su intención que, honestamente, se me hicieron imposibles de tomar en serio.

Por si fuera poco, la campaña publicitaria parecía haberla dañado de forma muy especial debido a un espantoso trailer que destripaba casi toda la película, aunque después de haberla visto me he dado cuenta de que no ha sido completamente así porque el misterio acerca de quién está matando a las universitarias y por qué es algo que se ve claramente en los primeros diez minutos, y además se nos aclara en más de una ocasión de forma literal: personajes explicando mediante diálogos lo que está ocurriendo, como si hubiesen considerado que el público no se enteraría de otra manera. Todo esto es algo que estaba dispuesto a pasar por alto sin problemas hasta que llega el tercer acto y la película toma un giro sorpresa (el único, por cierto, que no te contaban en el trailer) que cambia la naturaleza de la cinta por completo pero a partir del cual parecen haberse dado por vencidos, desembocando en una confrontación final con los villanos que parece más bien una sátira en lugar de una cinta de terror.

Creo que lo que más me ha decepcionado es que los primeros minutos prometían algo mucho mejor. Como decía arriba, el ángulo feminista de la película, aún con su inexistente sutileza y claro sermoneo, era al menos su punto más destacado e interesante, pero el acabado final es tan cutre y poco serio que termina dañando toda su promesa inicial. Además, la cinta es tremendamente light en su intento por alcanzar una clasificación de edad PG13, por lo que ni siquiera podemos argumentar un disfrute superficial de un slasher común y corriente. Me temo que esta será una de esas obras que algunos rechazarán por los motivos equivocados, despotricando de su explícito tono político en lugar de sus poco aprovechados recursos, su guión que raya en la autoparodia, y lo ilógico de muchas de sus salidas argumentales. De momento, y a juzgar por los comentarios que he leído sobre ella, es algo que por desgracia está pasando.



Puede que la de hoy no haya valido la pena, pero recuerda que todavía puedes votar aquí por tus favoritas de este año que se acaba.

Encuesta: ¿cuáles han sido tus favoritas del 2019?

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El momento más agitado del año está aquí, y como viene siendo una tradición prácticamente desde hace tiempo, he preparado una pequeña encuesta para que podáis decidir cuál ha sido vuestra película de terror favorita estrenada durante el 2019. He escogido las doce que se muestran aquí basadas en su popularidad y la posibilidad de que las hayáis visto, no necesariamente porque yo las considere las doce mejores (un par de ellas, incluso, no las he visto todavía). Podéis escoger tres opciones, y si falta una, por supuesto podéis agregarla, tanto en la encuesta como en los comentarios.

Tenéis plazo hasta el la medianoche del 26 de diciembre. El 27 publicaré los resultados. Entre tanto tenemos otras cosas: nuestro especial de Navidad y una lista con lo mejor de la década que os pasaré dentro de poco.

Pulsa aquí para ir a la encuesta

 

Reseña: Expediente 39 (2009)

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Expediente 39 (2009) es uno de esos casos, por lo demás comunes a mediados y finales de los dosmil, en los que tenemos una película de terror con ideas y conceptos muy interesantes y a la vez terriblemente desperdiciados por el intento de hacer una cinta comercial, desde su estructura dramática predecible, su plana fotografía y sobre todo por el uso de un actor muy conocido como protagonista absoluto. En este caso tenemos a Renée Zellweger como una trabajadora social que adopta a una niña que estuvo a punto de ser asesinada por sus padres, y que pronto descubre que estos podrían haber tenido buenas razones para hacerlo.

Lo que perfectamente podría haber sido una historia de invasores del entorno familiar cobra de repente un matiz mucho más interesante, ya que la trama guarda dentro de sí una explicación de índole sobrenatural que queda clara desde muy pronto tanto por el nombre de la niña como por el hecho de que la actriz que la interpreta, Jodelle Ferland, es la misma cría de Silent Hill (2006). Este origen sobrenatural, por cierto, nunca es explicado del todo, principalmente porque nunca llegamos a conocer a nadie que sepa más que la propia protagonista. Pero lo mejor sin duda es que es precisamente esta idea, y la manera en la que se retrata a la protagonista como una mujer desconectada de sus sentimientos y absorta en la heroicidad de su trabajo, la que esconde un subtexto de maternidad no deseada que podría haber dado mucho juego. Esa idea de una madre que se ve superada y que desarrolla dentro de sí un miedo/odio hacia su hija (adoptiva en este caso) se adelanta así a obras similares como The Babadook (2014) pero por desgracia con un nivel mucho menor.

Ese es quizás mi mayor decepción con la cinta, que las buenas ideas de la que partía se ven lastradas por todos los vicios que plagaron el terror sobrenatural durante buena parte de los dosmil, sobre todo ese terror que se hacía con niños de por medio, con sus sonrojantes actuaciones infantiles y unos efectos especiales de saldo. Todo esto me hace pensar que esta fue una película con un nivel de intromisión muy fuerte por parte del estudio, ya que incluso su estreno se retrasó casi tres años después de finalizar el rodaje hasta el punto de que su director, el cineasta alemán Christian Alvart, terminaría estrenando su siguiente película, Pandorum (2009), casi en paralelo. Al menos, y pese a ser terror mainstream al cien por cien, todavía queda espacio para algunas decisiones curiosas e inusuales, tanto en el tratamiento del personaje de la cría como en un final que yo en lo personal no habría considerado posible en aquel entonces, al menos no en una producción de Hollywood.

En realidad lo único que consigue sostener al menos un poco a Expediente 39 son esas ideas de las que hablábamos arriba y la actuación de Renée Zellweger, quien al menos resulta creíble tanto en su faceta de obsesiva funcionaria como en la de madre arrepentida. Pero estas son conclusiones a las que cualquiera puede llegar a pesar de la película en sí, ya que al verla no pude evitar pensar en todas las oportunidades que estaba desperdiciando. Muy mejorable, sin duda.

Reseña: El faro (2019)

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Tras la buena acogida de La bruja (2015), la nueva película del director Robert Eggers, El faro (2019) era probablemente una de las más esperadas de este año que está por terminar, y lo primero que puedo decir de ella es que no decepciona;  su segundo largometraje es todavía más arriesgado formalmente que su predecesor, aunque hay que advertir que también es menos accesible y mucho más ambiguo a nivel de argumento, pese a que los temas que trata y los arquetipos culturales de los que bebe sí que son bastante obvios. Creo que fue en parte por eso que terminó por convencerme, pero por otro lado entiendo que gran parte del público no lo verá así; de hecho, es muy probable que alguno de vosotros considere que no estamos necesariamente ante una película de horror.

Esa premisa que os han vendido en el trailer es cierta: ambientada a finales del siglo XIX, la película comienza cuando el joven Ephraim Winslow (un excelente Robert Pattison poniendo un muy bien trabajado acento de Maine) llega a una pequeña y remota isla para asistir durante cuatro semanas en la administración del faro bajo las órdenes del viejo marinero Thomas Wake (Willem Dafoe) y el resto del metraje se va en la recreación de su azarosa vida en medio del mal tiempo, la soledad, y sobre todo la guerra psicológica que se desata entre los dos hombres a causa del secretismo del viejo hombre de mar, que insiste en no permitir que Winslow suba a la cima del faro, por lo que el joven se obsesiona con la idea de descubrir lo que considera un oscuro secreto.

Este argumento, que podría perfectamente haberse adaptado en una cinta de horror convencional, es sin embargo contado con total ambigüedad por parte de Eggers, quien crea su atmósfera a partir de ese ambiente opresivo de la isla y su permanente estado de caos y suciedad, mostrando el lento pero seguro descenso a la locura de sus dos protagonistas no sólo por medio de los diálogos (recreados, por cierto, de la literatura romántica anglosajona hasta el punto que mi cerebro tuvo que adaptarse a ellos durante los primeros minutos) sino también de imágenes extrañas de las cuales nunca queda claro hasta qué punto son reales. Gran parte de esto se consigue a través de la estética: blanco y negro, una proporción de 1.19:1 que hace que la pantalla sea prácticamente cuadrada, y unos lentes de cámara antiguos que le dan a la película una sensación atemporal, pero lo más destacado sin duda son las actuaciones, tanto el desquiciado Willem Dafoe como el destacable trabajo actoral de Pattison en la que quizás sea la mejor actuación que le he visto hacer hasta ahora.

Aquellos que esperen un trabajo de horror tan visceral como La bruja quizás queden decepcionados, por lo que hay que advertir desde ya que El faro es una producción muy distinta, un relato más inclinado a la alegoría con referencias mitológicas muy evidentes y una trama en la que no siempre queda claro qué es lo que ocurre simplemente porque Eggers ha puesto la trama al servicio de estas ideas que quería transmitir acerca de diversos temas, desde la frustración sexual hasta el destino trágico que espera a aquellos que luchan por el éxito material. Lo que sí está claro es que se trata de una cinta fascinante que invita a verla más de una vez, y me hace desear que Eggers siga dándonos cine de terror en el futuro con la misma libertad creativa de la que parece haber disfrutado hasta ahora. Muy recomendable.