Reseña # 799: The Funhouse (1981)

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Como la primera entrada de este trío de reseñas centenarias, hoy toca hablar de The Funhouse (1981), conocida en España como Carnaval del terror y en Latinoamérica como La casa de los horrores. Sea cual sea su título, esta película estrenada en los albores de los slasher films es además una de las más conocidas obras del director Tobe Hooper, y un clarísimo intento por repetir el éxito que este consiguió con La matanza de Texas (1974). De hecho, las dos cintas tienen muchas similitudes en cuanto a argumento, personajes y situaciones, hasta el punto en que me atrevería a decir que las mayores diferencias entre las dos se encuentran en el tono y la estética empleada.

Esto último trae consigo una interesante paradoja, y es que si bien se trata de una película mucho menos brutal y violenta que su antecesora, se da el caso de que resulta al mismo tiempo una de las más logradas ambientaciones de Tobe Hooper, y uno de los más eficaces trabajos de fotografía y diseño de producción con los que el director tejano contó en toda su carrera. La sencilla trama (un grupo de jóvenes que quedan atrapados en la casa del terror de una feria y son acosados por un asesino deforme) se ve elevada gracias a una estética colorista que engalana la película de principio a fin y que termina siendo tan importante y terrorífica como el argumento o la violencia, bien poca y dosificada. En este sentido no deja de ser importante el hecho de que la primera muerte tiene lugar casi a la mitad del metraje y que la persecución de los chicos por parte del asesino tiene una justificación, ya que los jóvenes son testigos involuntarios de un crimen y se convierten por ello en blanco de los feriantes.

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La explosión de color de su estética y producción y los parecidos evidentes con la primera película de Hooper (el elenco de jovencitos, un asesino deforme y mentalmente limitado, así como la presentación de los villanos como un sádico clan familiar) sirven asimismo como un anticipo de lo que el director llegaría a hacer, ya que La matanza de Texas 2 (1986), realizada apenas cinco años más tarde, vendría siendo una especie de combinación de las dos cintas. Es también un buen ejemplo de un cine de terror que se hacía cuando los slasher films aún no estaban completamente definidos como género, ya que se producen un buen número de situaciones dramáticas y un énfasis en el argumento por encima de la acción, al menos al princpio ya que la historia termina en un clímax en el que la final girl se enfrenta al asesino principal a través de una larga e histérica secuencia en las entrañas mismas de la casa.

Con todo y eso, y a pesar de su fama, no es esta una de las mejores películas de Hooper ni mucho menos, no sólo por su relativa ligereza sino porque incluso su premisa sabe a poco, sobre todo teniendo en cuenta su tendencia a diluir el terror con elementos que no le aportan nada, como una subtrama con el hermano menor de la protagonista que no lleva a ningún lado. Si hoy en día es recordada es principalmente debido a su impresionante estética de feria y por haber puesto en escena un mundo de terror colorista que veríamos reproducido más adelante en muchos trabajos que resultarían superiores. Aún así es evidente la influencia que esto tuvo y que sigue teniendo incluso hoy en día, con directores como Rob Zombie construyendo prácticamente todo un universo de terror alrededor de la idea del circo como escenario de miedo y de cómo un Tren de la Bruja puede pasar a ser realmente tenebroso sólo cuando deja de funcionar y se convierte en un peligro real.

Ya para terminar un detalle curioso que no conocía y que sólo he aprendido recientemente: esta película fue incluida en aquella famosa lista de Video Nasties de Reino Unido, a pesar de que es considerablemente más light que el resto de sus integrantes e incluso dentro de la filmografía de Tobe Hooper. La explicación que muchos esgrimen a esto es que fue confudida con la cinta Last House on Dead Street (1977), la cual se estrenó originalmente como The Fun House, y que curiosamente no aparece en la lista a pesar de ser mucho más violenta. Esta de la que hablamos hoy sigue siendo una cinta importante y definitivamente una que vale la pena ver, pese a que aquellas obras que ha inspirado con los años me parezcan mucho mejores.

799. The Funhouse (1981)

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Reseña: The Prodigy (2019)

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Entrada más reciente en ese nutrido subgénero de terror con niños, recuerdo que The Prodigy (2019) era una película que pintaba bien en sus avances y a la cual tenía ganas de acercarme a pesar de que ya veía varias cosas que por lo general suelo detectar en el terror mainstream más inofensivo. Al final me he quedado corto; este trabajo de Nicholas McCarthy, el mismo director de la mucho más interesante The Pact (2012), tiene reservado un puesto especial como una de las mayores decepciones de este año, y honestamente no encuentro ningún motivo para recomendarla.

La premisa del alma de un asesino en serie habitando el cuerpo de un niño que nació la misma noche en que él fue abatido es algo que hemos visto en otras ocasiones, pero curiosamente ese tipo de cine es la influencia más leve de esta cinta. Por el contrario, el guión parece reciclar todas y cada una de las ideas que suelen poblar el subgénero de los niños malvados, principalmente La profecía (1976), a la que se fusila sin piedad en más de una ocasión. Incluso la famosa escena del susto en el pasillo, que aparece en el trailer y que es sin duda alguna el mejor momento de la cinta en cuanto a sustos, está tomada de otras películas.

Pero el problema va más allá de simplemente una falta de originalidad. Todo en esta película es tan predecible y tan carente de sorpresas que cualquier expectador sabrá exactamente qué giro tendrá lugar a cada momento del argumento. Y hay algo más que particularmente me ha molestado, y es esta tendencia de muchas de estas películas de niños malvados a mostrar el personaje de la madre como una tonta incapaz de darse cuenta de que su hijo es un monstruo a pesar de todas las pruebas en su contra. En este sentido, quien sale peor parada es la pobre Taylor Schilling, una actriz por lo demás muy buena que se ve relegada aquí a un personaje muy mal escrito que la obliga a protagonizar momentos francamente risibles, sobre todo cuando llega el clímax de la historia y su confrontación con el niño, con un giro final que se ve venir a leguas porque parece ser la única manera en que los responsables pueden imaginar la historia cerrándose.

Un ejemplo muy pobre de terror comercial con niños de por medio y un protagonista televisivo, The Prodigy ha sido un bajón tremendo ya que esperaba mucho más, aunque quien sabe por qué. El subgénero de críos malvados nunca ha sido uno que en lo particular me haya gustado mucho, pero aún en la última década tenemos ejemplos de trabajos mucho mejores que al menos conseguían sacar algo de dignidad de su material tales como La huérfana (2009) o Brightburn (2019), que reseñamos aquí hace poco. Esta os la podéis ahorrar.

 

Reseña: Unfriended: Dark Web (2018)

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Unfriended: Dark Web (2018) es una película a la que le tenía ganas desde hace tiempo. El principal motivo es que soy una de las pocas personas a las que, por lo visto, le hizo gracia la primera parte, y debo decir que muchas de las cosas que me gustaron de aquella están también presentes en esta secuela, principalmente el gimmick de la perspectiva fija en la pantalla de un portátil y el desarrollo de la historia en tiempo real. Sin embargo, también es cierto que abandona muchos de los aspectos positivos de la primera y consigue un relato que pese a ser diferente es también considerablemente inferior por más de un motivo.

Uno de estos cambios, y algo que ya me había desilusionado un poco cuando vi el trailer, es el argumento: en esta ocasión la historia sigue a un joven programador que encuentra un portátil abandonado en una cafetería y descubre, durante una sesión de Skype con sus amigos, que dicho artefacto pertenece a un grupo de hackers que comercia con macabros vídeos en la llamada “dark web”, el oscuro reino de internet fuera de los motores de búsqueda y donde se realizan todo tipo de terribles transacciones. Lo digo de esta forma tan ridícula porque la cinta lo presenta así; el lado oscuro de la red es mostrado aquí como un reino macabro en el que los protagonistas cometen el error de meter el pie, despertando así la atención de un grupo degenios criminales ocultos en las sombras y que comenzarán a acosarlos para recuperar aquello que les han robado.

Es precisamente en este punto donde se encuentra para mí el principal problema de esta secuela, y es que pese a haber abandonado el ángulo sobrenatural de la primera parte, la representación que hace tanto de la red oscura como de las habilidades de los hackers es muy poco realista y tan exagerada en cuanto a los por lo visto infinitos poderes de los acosadores, que bien podrían haber sido fantasmas desde el principio. Hay cosas positivas, sin duda; siendo justos, me gusta que se mantengan algunos aciertos de la original en cuanto al uso de verdaderos programas y plataformas como Skype, Facebook o Google (algo que le aporta cierto grado de legitimidad ante el público joven al que seguramente esta película está dirigida). También me gusta que mantiene ese ritmo frenético e imparable que la original tenía, pero el argumento es tan poco serio que en ocasiones se hace sonrojante, sobre todo en la forma en que son desapachados algunos de los personajes.

No voy a decir que no me gustó del todo porque lo cierto es que te mantiene interesado y logré verla de un tirón, cosa que no siempre me pasa. Pero no puedo negar que en ocasiones se siente como un remedo algo simplón de la primera parte, y mucho más impostada no sólo por la ingenua representación de la tecnología sino también por el empleo mucho más evidente de trucos cinematográficos que la hacen más similar a una película de terror del montón, hasta el punto de que incluso aparecen los logos de las productoras al principio, cosa que creo recordar no pasaba en la original. Es definitivamente una secuela muy inferior, y estoy seguro de que la buena prensa que recibió poco antes de su estreno por parte de varios portales dedicados al cine de terror tiene que haber sido un marketing pagado. No me lo explico de otra forma.

Reseña: Brightburn (2019)

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A pesar de que nadie parece estar hablando de ella, Brightburn (2019) podría ser la primera película de nuestros tiempos que aborda el tema del relato superheróico desde una perspectiva de terror, algo especialmente relevante ahora y de lo que hubiese esperado una proyección mayor teniendo en cuenta la presencia como productor de James Gunn, quien ha demostrado con el tiempo ser alguien que saca trabajos interesantes de este género no sólo con sus dos entregas de Los Guardianes de la galaxia sino también con la muy recomendable Super (2010), una de esas que todo el mundo debería ver.

Como se viene diciendo prácticamente desde el momento en que se anunció, esta cinta le da la vuelta al concepto de superhéroes con una premisa que se podría resumir en aquello que habría ocurrido si Superman (a quien únicamente le falta el nombre) no hubiese heredado los valores de sus padres sino que hubiese sido una mala semilla desde el principio. No es una idea del todo original (creo recordar que hay un cómic de Superman que tiene exactamente la misma premisa, aunque no he podido encontrarlo y a lo mejor alguien que sepa más de cómics que yo puede tener la respuesta) y de hecho se ha tratado numerosas veces aunque con otro tipo de enfoque. La premisa de unos padres que descubren que su hijo es un monstruo es algo que podría haberse abordado desde una perspectiva sobrenatural/satánica al estilo de La profecía (1976) o desde un ángulo sci-fi/monstruoso tipo Species (1995), pero esta película decide en cambio hacerlo desde el cine de superhéroes y termina contando lo que a todas luces es la historia de origen de un supervillano, un niño de 12 años que obtiene los poderes de un dios con terribles consecuencias para aquellos que lo rodean, algo que ya hemos visto también en obras muy celebradas como Akira (1988) o Chronicle (2012).

El único problema real que tiene es que la película toma una premisa en principio muy atractiva y luego no hace realmente nada interesante con ella. Parte de ello se debe sin duda a un ritmo muy acelerado que busca apretar en una hora y media toda una historia de descubrimiento en la que ocurren muchas cosas y que, por lo tanto, presenta numerosas situaciones dramáticas a las que no se les da transición alguna. Los padres de Brandon, el chico protagonista, parecen estar totalmente aterrorizados de su hijo desde el principio, y al menos en el caso del padre nunca llegué a sentir el apego que este supuestamente tenía hacia el joven. En muchas ocasiones tampoco está claro el origen de la supuesta maldad del niño ya que a veces parece estar siendo controlado por una entidad externa y otras parece que es él quien se entrega a su lado perverso por pura psicopatía, sin que nunca veamos por su parte un conflicto ante el descubrimiento de sus poderes. Lo que quiero decir con esto es que hubiese sido interesante ver en algún momento algún tipo de interpretación acerca de por qué Brandon se ha convertido en un super-asesino, si su maldad se debía a un entorno de maltrato o quizás ante la propia desaparición de aquellos valores morales con lo que el personaje de Superman había sido criado. En la película no hay realmente nada de esto y la transición de Brandon a psychokiller con poderes se da muy rápido y sin que signifique realmente nada.

Donde sí que destaca mucho Brightburn es en el tono que se le ha querido dar: es una verdadera película de terror que te engaña al principio con su estética de placidez americana (no es casualidad que incluso el trailer haya explotado la estética del Man of Steel (2013) de Zack Snyder) y termina entregándose con gusto a escenas muy violentas en las que ni siquiera escatima en el gore e imágenes muy jodidas y perturbadas. Hubiese preferido, sin embargo, que la película hubiese explorado más su premisa o por el contrario hubiese optado por una aproximación más cercana a un auténtico cómic, aunque para esto último habría sido necesaria alguna otra figura de poder contrapuesta a Brandon como en la ya citada Chronicle. No me ha desagradado, pero sí se siente un poco como un cúmulo de oportunidades perdidas que habría dado para mucho más.

 

800 reseñas (casi)

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Mientras lees esto, Horas de oscuridad va por 795 reseñas. Suena poco considerando el tiempo que lleva este blog abierto, pero aquellos que conocen la constancia con la que he actualizado en algunos años específicos saben que en realidad es un montón.

Como siempre que llego a un número centenario, quiero usar esta oportunidad para pedir vuestras sugerencias en cuanto a cual debería ser el trío especial de reseñas de esta nueva etapa. En este caso, estamos hablando de las reseñas número 799, 800 y 801. Las pido ahora porque necesitaré tiempo para localizarlas en caso de que no las tenga.

Por supuesto, si no estáis seguros de haber visto reseñada vuestra sugerencia o no, podéis revisar este maravilloso índice, aunque todavía no haya terminado de colocar todos los enlaces tras nuestra mudanza el otoño pasado.

Hasta entonces.

Reseña: The Predator (2018)

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Vista por fin The Predator (2018), la cuarta entrega de la saga iniciada en 1987 (o la sexta, dependiendo de si se cuentan o no sus encuentros con la saga de Alien), y la verdad no ha sido lo que me esperaba. La presencia como director de Shane Black (quien además escribe el guión junto a Fred Dekker) debería haber asegurado en teoría una vuelta a las raíces de la saga, pero ha terminado siendo todo lo contrario: esta nueva entrega es una película caótica, ruidosa y un completo desastre que no parece tener idea de qué es lo que quiere ser. Pero es también, aunque en eso probablemente algunos no estaréis de acuerdo, una que ocasionalmente muestra buenas ideas que quizás podrían haber funcionado por separado o en otro tipo de material.

Esta vez, y al igual que como ocurría en Aliens vs Predator: Requiem (2007) la acción se desarrolla en un pueblo pequeño, aunque la locación parece ser algo sin ningún tipo de consecuencia ya que el monstruo en ningún momento tiene interacción con más que los personajes directamente relacionados con la trama. Por el contrario pareciese que es el monstruo el fugitivo, quien debe escapar no sólo de los soldados y personeros del gobierno a la vez que intenta recuperar un artefacto extraviado, sino que encima debe eludir el ataque de otro depredador, uno mucho más grande y poderoso, a quien ya conocimos incluso desde la primera secuencia de la lucha entre las dos naves alienígenas. Esta primera escena, por cierto, deja claro que la cinta tendrá un tono muy distinto al de todas las entregas anteriores, y mucho me temo que no en el buen sentido.

Lo que acabo de soltar arriba es un resumen sumamente simplista de la trama, ya que en realidad pasan muchas cosas, hay un gran número de personajes, y pese a que mantiene grandes momentos e imágenes así como referencias y guiños a todas las entregas anteriores de Predator (algunas muy interesantes como Jake Busey haciendo un papel muy similar al de su padre casi tres décadas atrás), Shane Black y Fred Dekker se encargan muy pronto de destruir sus propios aciertos o bien mediante salidas de guión inexplicables o con un humor constante que en ocasiones funciona pero que en muchas otras me pareció francamente idiota y terminó arruinando la película para mí (especialmente el grupo de soldados del psiquiátrico parece salido de una película distinta). El ángulo infantil de la trama no me resultó tan molesto como pensaba en un principio, pero el tono light de la película y lo intrascendente de su violencia (pese al altísimo número de muertes) me dejaron completamente frío.

Al final, mi principal problema con The Predator ha sido haber esperado algo distinto de Black y Dekker. Por el contrario, esta entrega parece haber abandonado por completo el carácter oscuro y violento de la saga para hacer una película de super héroes con un toque sci-fi y un mayor grado de violencia digital. Con un elenco mejor de lo que merece y con algunas ideas lanzadas al aire de forma aleatoria y desenfrenada, me ha parecido la peor de todas las secuelas, y su punto más bajo quizás sea ese vergonzoso epílogo que tiene lugar tras la confrontación final. Espero sinceramente que, en el improbable caso de que se decidan a hacer una continuación, esta tome un camino completamente distinto porque esa escena final lo que me dio fue vergüenza ajena.

Reseña: The Perfection (2019)

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La más reciente película de terror de Netflix, y también por lo visto una de las menos típicas, ya que pese a que venía anticipada de cierto hype, las primeras impresiones han sido bastante irregulares. No es de extrañar, ya que The Perfection (2019) comienza como algo muy diferente y se va volviendo cada vez más alocada a medida que transcurre el metraje, con varios giros sorpresa uno tras otro que terminan dando cabida a películas muy distintas entre sí. Es también una cinta muy comprometida no sólo con sus piruetas argumentales sino también con su mensaje final cargado de actualidad y ante el cual todo lo demás pasa a un segundo plano. Esto quizás sea lo que eche a algunos para atrás, pero con todo y eso es algo que merece la pena.

La trama es básicamente eso que habéis visto ya en numerosas sinopsis: una talentosa cellista que regresa con su antiguo maestro una década después de que interrumpiera su formación para cuidar de su madre enferma, para descubrir que otra tan dotada como ella ha tomado su lugar. La relación entre estas dos mujeres es lo que va moviendo el argumento, y es poco más lo que puede decir sin arruinar varias de las sorpresas que depara la trama. Si no digo más es porque gran parte del disfrute de la cinta viene precisamente por los giros que va mostrando y los diferentes tonos que adopta a lo largo de sus compactos noventa minutos de duración, recordándonos por momentos a cintas como Perfect Blue (1997) o Whiplash (2014), pero también a otros trabajos muy distintos como Audition (1999), Sympathy for Lady Vengeance (2005) y varios ejemplos de explotación pura y dura que parecen impensables teniendo en cuenta el muy sobrio thriller que habíamos empezado a ver.

Pese a que no suelo poner mucho entusiasmo en este tipo de recursos, lo cierto es que los giros argumentales están muy bien hasta el punto de perdonarle a la película que los aborde de manera tan barata como ese uso tan cutre del flashback y la cinta rebobinada. A decir verdad, ese ha sido mi principal problema: el apartado estético de la película está por lo general muy por debajo de lo que la historia merece, y creo que quizás en otras manos o sin las limitaciones que pareciera tener en varios momentos, esta hubiese sido una cinta mucho más atrevida en el aspecto artístico, algo que hubiese calado mucho mejor con ese ambiente de alta cultura y refinamiento que parece mostrar en sus muy sólidos primeros veinte minutos.

Al final The Perfection termina siendo una cinta muy diferente a como comenzó, con un clímax enfocado a un tema específico que revela, como pocas cosas, que esta es una película de Miramax hecha después de la caída de Harvey Weinstein. La manera como trata este tema es batante burda y un tanto cínica, pero también nos regala las imágenes más impactantes de la película, y desearía que el resto hubiese tenido la misma fuerza. No es una cinta que vaya a gustar a todo el mundo, pero merece ser vista, y honestamente creo que su actriz principal, Allison Williams, puede convertirse en una presencia constante en el cine de terror de los próximos años. Ojalá sea así.

 

Reseña: El secreto de Marrowbone (2017)

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Juan Antonio Bayona produce este debut como director de su guionista habitual Sergio G. Sánchez, y la verdad es que la influencia de ambos se nota mucho ya que El secreto de Marrowbone (2017) guarda muchas similitudes tanto estéticas como temáticas con cintas como El orfanato (2007). Entre estas similitudes se encuentran su preciosa fotografía y el énfasis en un argumento que, como suele ser el caso en muchas de estas producciones españolas de los últimos años, concentra gran parte de su efectividad en un secreto que se mantiene oculto durante la mayor parte del metraje hasta la ya inevitable resolución final, momento que suele dividir al público de forma irreconciliable.

Debo decir, sin embargo, que en esta ocasión dicha trama me pareció mucho más interesante que la de aquella película con Belén Rueda, y Sánchez consigue además una atmósfera tremendamente opresiva al contar la historia de un grupo de hermanos refugiados en un caserón familiar de un apartado pueblo costero americano y que deben lidiar con una presencia que parece habitar en sus paredes y manifestarse a través de los espejos. El por qué de esta presencia fantasmal, así como el estado de soledad de los hermanos en medio de aquel caserón en ruinas son cosas que se mantienen deliberadamente ocultas a un público, pero a pesar de esto la película consigue escenas realmente aterradoras (a las que ayuda el hecho de haber rodado en una locación real con luz natural) que sin embargo ceden protagonismo a un misterio en la trama por el que al menos yo me sentí genuinamente interesado, cosa que no me suele pasar en este tipo de películas.

Es este ambiente creado mediante la estética, la música y la fotografía lo que me parece más destacable incluso a pesar de que termina lanzando a la película a su propia realidad; la historia está supuestamente ambientada en 1969 pero todo parece mucho más antiguo, como si ese pueblo de Nueva Inglaterra se hubiese quedado anclado en el tiempo reflejando el estado ruinoso de la casa en la que habita el grupo de hermanos. En este sentido, la presencia de la chica del pueblo interpretada por Ana Taylor Joy y su subtrama amorosa con el protagonista se sienten como el único rayo de luz en medio de una decadencia opresiva tanto como la de esa casa habitada por el fantasma de la muerte. Son detalles muy interesantes que se perciben sin embargo de forma intuitiva ya que el argumento llega a extenderse demasiado y hace a la película demasiado larga.

Es por este motivo que la sorpresa final se ve venir desde mucho antes, pese a que no termine de arruinar la película del todo. Lo cierto es que es un trabajo muy eficiente con pocas concesiones al horror y más parecido a un drama de época al que se le han añadido algunos elementos de thriller tales como el misterio que rodea a la familia y una subtrama de familia marcada por el odio y la violencia. Pero funciona, aunque el resultado final termine siendo, al igual que como ocurría en El orfanato, tremendamente light y oprimido por un melodrama que aquí, debo decir, funciona mucho mejor. Con todo y sus medianías, la verdad es que me ha gustado.

Reseña: La autopsia de Jane Doe (2016)

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Completamente ignorada por mí en el momento de su estreno y recuperada el pasado fin de semana, La autopsia de Jane Doe (2016) ha resultado ser una pequeña joya que lamento mucho haberme perdido, en parte porque su premisa es algo que terminé viendo este mismo año (aunque hecho de peor manera) en The Possession of Hannah Grace (2019), una película con la que guarda muchas similitudes pero ante la que resulta muy superior, consiguiendo con apenas tres personajes y un único escenario construir una historia que no sólo transmite la inquietud que el género de terror debe darnos sino encima un misterio que se va develando a nosotros de forma gradual y del cual nunca se nos llega a decir todo.

Al igual que la película arriba citada, esta cinta va acerca de dos patólogos que reciben de forma inesperada el cadáver de una joven mujer hallado en la escena de un crimen con múltiples víctimas. El cuerpo no sólo parece estar intacto, sino que su identidad no ha podido ser confirmada y no parece guardar relación con ninguna de las otras víctimas. A medida que la noche transcurre y los dos personajes van examinando el cuerpo, se dan cuenta de que este presenta numerosos detalles en apariencia imposibles y que su sola existencia parece haber traido consigo un peligro sobrenatural que los va acechando cada vez más.

Sin embargo, y a pesar de estos detalles, esta no es una película de monstruos; en ningún momento vemos el cadáver levantándose o atacando a los personajes, sino que los elementos de horror que comienzan a ocurrir van tomando posesión del lugar en el que los protagonistas se encuentran de forma mucho más sutil a pesar de que no faltan los momentos de impacto puro y duro. Esto se debe principalmente a la sobria dirección del noruego André Øvredal, a quien ya conocemos aquí por la singular The Troll Hunter (2010) y que con esta se adentra en el género de terror con un trabajo muy distinto en el que sin embargo ha sabido dosificar un misterio genuino y algunos momentos de terror bastante eficientes. Eso aparte de una sensación de claustrofobia que se va apoderando del espectador a medida que la trama de amenaza sobrenatural, brujería y maldiciones cíclicas se va tejiendo a nuestro alrededor.

No se trata, eso sí, de ninguna obra maestra del horror y por momentos parece que tanto su premisa como su desarrollo son poca cosa para un largometraje y algo más apropiado para alguna serie de televisión de terror como las que solíamos tener en décadas pasadas. A pesar de eso es un trabajo bastante decente y que me ha sorprendido porque no esperaba nada de él. No fui el único al parecer, ya que esta fue una película que cosechó comentarios muy positivos en el momento de su estreno y todavía es considerada de forma muy favorable. Echadle un vistazo.

Reseña: La llorona (2019)

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La última entrada en el universo de terror producido por James Wan está unida al resto de su filmografía sólo de forma tangencial, pero La llorona (2019) tiene la marca de su estilo por todos lados. O mejor dicho, la marca de la imitación de su estilo, porque lo cierto es que si algo han demostrado cintas como Annabelle (2014) o La monja (2018) es que hay una enorme diferencia de calidad entre los trabajos de Wan y aquellos que son simplemente inspirados en su obra. Esta de la que hablamos hoy cae dentro de la segunda categoría, pese a que “oficialmente” su fuente de inspiración sea una de las leyendas de terror más famosas de la cultura mexicana, reciclada aquí para otros paladares.

En el fondo, y como sin duda habréis leído en estos días transcurridos desde su estreno, La llorona forma parte de un arquetipo de terror universal que se encuentra fácilmente en casi toda cultura, y que no es otro que el del fantasma de la mujer destrozada por una pérdida y que destruye a aquellos que escuchan su lamento. Es interesante en este caso cómo la cinta de Michael Chaves recrea en su prólogo una de las versiones más conocidas de dicha historia dentro de la cultura de México, aunque luego este detalle pase a ser más o menos intrascedente. Digo esto último porque a pesar del trasfondo mexicano del fantasma, la verdadera película termina siendo una historia de espectros vengativos muy de andar por casa que tiene lugar en el moderno Los Angeles con una familia que si bien tiene raíces hispanas parece completamente desconectada del verdadero trasfondo de aquello que está ocurriendo.

Aquí es donde comienza mi verdadero cuestionamiento de la cinta, y que tiene que ver ya no con sus evidentes carencias como subproducto comercial del terror mainstream más mundano, sino con sus evidentes intenciones de conseguir una película de miedo con un trasfondo étnico y exótico dirigido no a un “público latino” como algunos han llegado a sugerir sino más bien a un público mayoritario al que se le agrega una pizca de exotismo mediante la representación de la cultura mexicana desde un ángulo tremendamente superficial y al que no se le da la más mínima importancia. Parece como si sólo hubiesen sustituido los típicos clichés del cine de terror convencional por sus supuestos equivalentes en este contexto, como por ejemplo la idea de sustituir a los investigadores paranormales que suelen aparecer en el tercer acto de este tipo de historias por un curandero y su catálogo de supersticiones varias. Todo esto además termina siendo secundario ante el objetivo de añadir un nuevo monstruo al universo cinematográfico de los Warren; es por este motivo que la película está ambientada en los años setenta, únicamente para añadir una escena de apenas unos segundos en la que se une al resto de la saga mediante un brevísimo flashback.

En realidad, al hablar de La llorona de lo que hablamos realmente es de una oportunidad tremendamente desperdiciada de hacer una película de miedo distinta con un trasfondo cultural lejano al del público promedio, y que en cambio ha sido abordada de una forma tan barata y genérica que termina siendo probalemente una de las más olvidables de este universo compartido que Wan ha ido preparando. No negaré que tiene algunos aciertos estéticos (sobre todo en las primeras apariciones del fantasma en casa de la familia) pero es tan predecible, tan ridícula en ocasiones y tan absurda por lo general (la manera como todos los personajes terminan viendo por su cuenta a la llorona pero nunca lo discuten entre ellos es de risa) que me resulta imposible tomarla en serio. Después de todo, esta leyenda había tenido ya numerosas adaptaciones muy superiores, incluyendo algunas hechas durante la edad de oro del cine mexicano. En cuanto a esta, no puedo decir realmente que valga la pena.