Reseña: Jakob’s Wife (2021)

Durante una fallida aventura extra-marital, Anne Fedder, la esposa del predicador de una pequeña comunidad rural, es atacada por un vampiro que acaba de llegar al pueblo y comienza poco a poco a convertirse en un monstruo, lo cual no solo la empuja a beber sangre sino que además introduce nuevos desafíos a su vida de pareja. Esa es más o menos la premisa de Jakob’s Wife (2021), una simpática película de vampiros que parece traída de otro tiempo y que sin embargo logra salir dignificada gracias a un tono muy especial entre terror y comedia y sobre todo a las actuaciones de sus protagonistas.

En este apartado por supuesto destaca una maravillosa Barbara Crampton en el papel principal, más intensa y hermosa que nunca y con una presencia que se come por completo la historia. El caso de la Crampton es muy singular porque en los últimos años ha tenido una especie de renacer como actriz en numerosos trabajos de terror independiente, algunos de los cuales hemos reseñado aquí. Sin embargo, casi siempre su presencia estaba relagada a papeles secundarios destinados a dar legitimidad a películas que quizá habrían pasado un tanto más desapercibidas de no haber contado con ella. En cambio esta, en la que también hace de productora y que por lo visto intentó levantar desde hace ya varios años, le da el papel central y permite demostrar mucho mejor sus capacidades como actriz, sobre todo al emparejarla con Larry Fessenden (quien también ha venido apareciendo mucho como actor últimamente) en el papel del predicador, haciendo los dos un dúo con una gran química y momentos muy buenos.

Esta dinámica entre los dos saca a relucir otra cosa que me gustó mucho de la película y es la forma en que el tema del vampirismo sirve no solo como metáfora más que evidente de la liberación erótica de la protagonista sino también, sorprendentemente, como una vía de esta para recuperar la pasión menguante en su vida de pareja. Esto es algo curioso porque una producción más común quizá habría villanizado al personaje de Fessenden pero aquí ocurre todo lo contrario, ya que Jakob también tiene su propio arco de personaje paralelo al de su mujer, un detalle poco habitual que he agradecido mucho, como también he agradecido el aspecto puramente de terror con su claro ambiente de vampirismo retro y su más que evidente homenaje a Salem’s Lot (1979). Esto último se nota no solo en el detalle estético de los vampiros que llevan los colmillos en el centro de la boca sino también en el carácter andrógino y de otredad del villano principal.

Lecturas aparte, Jakob’s Wife es una película muy disfrutable que puede no ser para todo el mundo debido a los claros referentes que maneja, pero que en ningún momento toma el camino fácil de la caricatura sino que balancea muy bien sus componentes de terror y comedia, algo que la mayoría de estas joyas del pasado a las que referencia sabían hacer. Me ha parecido muy entrañable y una a la que vale la pena acercarse.

Reseña: Caveat (2020)

Otro de los descubrimientos del año ha sido sin duda Caveat (2020), un sencillo pero eficaz debut para el director Damian McCarthy. Tras haber rodado por varios festivales y aterrizado recientemente en servicios de streaming, lo sorprendente que tiene es la modestia de sus recursos y el ambiente que consigue con apenas una locación y tres personajes, dos de los cuales ocupan casi la totalidad del metraje. Es un trabajo también que tiene todos los elementos de una opera prima (en el sentido educativo de la palabra) pero quizá sea allí donde resida su fuerza y su particular promesa.

A pesar del ambiente y la estética de pesadilla, la trama es algo que se decanta por el terror realista; un hombre con un severo caso de amnesia selectiva producto de un accidente del que no sabemos nada acepta la propuesta de un amigo de trabajar cuidando a su hermana durante un par de semanas en una cabaña en lo profundo del bosque. La tarea, sin embargo, tiene varias facetas perturbadoras, ya que la joven (que se niega a abandonar la casa pese a su estado ruinoso) tiene severos problemas mentales y un terror hacia los desconocidos que hace que nuesto protagonista deba pasar toda su estadía con una larga cadena atada al cuerpo que le impedirá entrar en la habitación de ella. Por supuesto esto es una película de terror, así que no pasará mucho tiempo antes de que el prota descubra que algo extraño está pasando en esa casa y que aceptar el trabajo probablemente haya sido un error peor de lo que esperaba.

Pero como insinuaba arriba, el escaso énfasis en el argumento hace que la principal baza de la película sea su ambiente y el absoluto mal rollo que da la situación desde el primer momento, cuando el protagonista se pone por primera vez el arnés que le permitirá explorar la casa solo en una forma muy limitada. A pesar de que sí se intuye que hay un elemento sobrenatural (o no) la sensación de peligro viene principalmente por lo impredecible que resulta el personaje de la chica, algo que está muy bien llevado. Me gusta también la sensación que da el personaje principal explorando la residencia en numerosas ocasiones hasta que el público termina formándose una especie de mapa mental que presagia momentos muy buenos. De hecho, si algo puedo criticarle a la película quizá sea precisamente que esa noción de realismo se rompe un poco debido a ese diseño de producción tan meticulosamente cuidado a la hora de recrear la casa en ruinas, haciendo que la estética pierda naturalidad y parezca por momentos la de un videoclip o un trabajo más experimental.

Esto último quizá sea algo atribuible al hecho de que se trata de un primer largometraje. Lo cierto es que Caveat me ha gustado mucho y me ha parecido una película que sabe explotar sus recursos muy bien, además de lograr sustos muy destacables. Todo esto me hace pensar que su director es alguien a quien habrá que seguir en los próximos años. Echadle un ojo si podéis.

Terrores televisivos 5

Breve pausa en las reseñas para comentar brevemente un par de series que han pasado por mi pantalla en los últimos meses. La primera de ellas, Them, serie de Amazon Prime creada por el actor Little Marvin y producida por Lena Waithe, a quien probablemente conozcáis de la serie de Netflix Master of None. Tiene una premisa de lo más sencilla: una historia ambientada en los años cincuenta en la que una familia afroamericana se muda a un suburbio blanco donde no solo les hacen la vida imposible sino que, encima, tienen la desgracia de que su casa está embrujada. Sin embargo, hay que decir que las cosas más horribles no ocurren precisamente en la parte sobrenatural; a nivel de lo que se muestra en pantalla resultó mucho más fuerte de lo que esperaba y algunas escenas se me hicieron difíciles de ver, sobre todo las relacionadas con el tema del racismo en la sociedad americana, algo que la serie resalta mucho en su intento por seguir la estela de obras como Get Out. Quizá habría fallado en este propósito de no ser porque, artisticamente, se trata de un trabajo muy ambicioso con momentos brillantes a nivel de cinematografía, un elenco espectacular y pasajes que me recordaron a otras obras similares como The Hauting of Bly Manor, con la que comparte ciertas cosas en común como por ejemplo un episodio en blanco y negro enteramente dedicado a expliar el origen de la maldición. Con todo y eso es una muy buena serie, con una primera temporada autoconclusiva que en mi opinión se estira quizá demasiado (esta es una de esas series que perfectamente podrían haber sido una película) pero es sin duda un trabajo a atesorar y una que recomiendo ampliamente.

Un poco al lado opuesto del espectro, y aprovechando que en casa nos pusimos Shudder (no niego ni confirmo el hecho de que estemos usando una VPN), decidí echarle un ojo a la primera temporada de Creepshow, la serie de antología basada en la película de George Romero y Stephen King de 1982 que a su vez tomaba su inspiración de los cómics de terror de EC como Cuentos de la cripta. La serie de Tales From the Crypt, de hecho, parece haber sido una clara inspiración para esta y por supuesto hace surgir inevitales comparaciones ante las que debo decir no queda bien parada. Me gusta que hayan respetado el formato (los episodios duran una hora pero cada uno cuenta dos historias, muchas de ellas basadas en relatos de escritores de terror contemporáneos) pero es increíble como a pesar de las casi tres décadas de diferencia entre una serie y otra, esta se siente mucho más barata a nivel de producción de lo que fuera Tales From the Crypt. También es considerablemente más ligera, como si apuntara a un público más juvenil que hace que ninguno de sus episodios se aleje por completo de la comedia. En este sentido puede que sea más cercana a la película original de Creepshow, pero creo recordar que incluso esta era más oscura y tétrica que la serie. La empecé a ver con muchas ganas, pero ninguno de los episodios me pareció destacable y algunos incluso me parecieron de un nivel muy pobre. Hay una segunda temporada, por lo visto, y como tienen pocos episodios quizá le eche un vistazo y lo comente por aquí.

Reseña: Sorority House Massacre 2 (1990)

Admito que hacía tiempo que no veía algo como Sorority House Massacre 2 (1990), al menos no desde aquel especial de Roger Corman que hicimos en octubre del año pasado. Esta falsa secuela de Sorority House Massacre (1986) (falsa porque el título fue puesto a posteriori sobre un trabajo que originalmente nada tenía que ver) es explotación pura y dura con una premisa que no es sino una excusa para la constante exhibición de cuerpos femeninos en lencería y gore de saldo. Pero paradójicamente, ha sido precisamente su desfachatez y su general incompletencia la que le han terminado por granjear cierto culto entre los fanáticos del terror de baja estopa, y no se puede negar que al menos en ese contexto tiene su encanto.

Uno de los detalles más insólitos es su premisa en la que cinco chicas universitarias compran una casa en la que años atrás se llevó a cabo un crimen con el proyecto de convertirla en la nueva sede de su fraternidad, hasta que una sesión espiritista con una tabla de Ouija termina en una nueva serie de asesinatos a lo largo de su primera noche en la residencia. Lo curioso de esto viene cuando la historia establece el trasfondo mediante flashbacks hechos a partir de metraje reciclado, pero no de la primera Sorority House Massacre (eso habría tenido demasiado sentido) sino de la Slumber Party Massacre (1982) original, encima dotándola de una voz en off que recontextualiza las imágenes para construir una historia distinta que nada tenía que ver con aquella película.

En cuanto a la trama en sí, se trata de un claro ejemplo de serie B calenturienta que explota todos y cada uno de los clichés del subgénero de chicas atrapadas en una casa con un asesino, pero al mismo tiempo hecho con cierto sentido del humor y autoconsciencia que la hace al menos disfrutable a un nivel superficial. Esto no debería sorprender a nadie porque lo cierto es que su director, Jim Wynorski, tiene un abultado currículum de serie B (e incluso Z) con películas muy conocidas como Chopping Mall (1986), Deathstalker 2 (1987) o The Return of Swamp Thing (1989). Esta de la que hablamos hoy además se hizo posible solo porque Wynorski aprovechó los sets utilizados en Slumber Party Massacre 3 (1990) y rodó la película en apenas una semana sin el conocimiento del productor de esta, Roger Corman, quien finalmente terminó por apadrinar la producción tras observar el resultado, con la condición de hacerla parte de una saga con la que originalmente no estaba relacionada.

Este tipo de anécdotas de producción resultan casi más interesantes que la película en sí, pero con todo y sus despropósitos, su obsesiva cosificación (diametralmente opuesta al discurso irónico de la película que recila) y las atroces actuaciones de su elenco, la verdad es que estamos ante una cinta bastante divertida a la que es imposible tomarse demasiado en serio y que por lo tanto no soy capaz de rechazar. Wynorski, por cierto, terminaría rodando un pseudo remake de acción titulado Hard 2 Die (1990), estrenado en vídeo el mismo año y utilizando gran parte del mismo elenco.

Reseña: El exorcista 3 (1990)

Me temo que esta va a ser una de esas entradas en las que mi opinión quedará en la minoría, ya que El exorcista 3 (1990) es una película de la que nunca he sido muy amante. Si bien con el tiempo ha llegado a trascender su modesta recepción inicial convirtiéndose en una película de culto, esto es algo que se ha dado precisamente por motivos por los que a mí personalmente no me gusta. De todas formas esto no es importante, porque incluso teniendo en cuenta mi opinión personal, es una secuela valiente que al menos se atreve a alejarse de la sombra de su antecesora y construir una trama que no solo ignora los eventos de El exorcista 2 (1977) sino que crea una historia de terror psicológico en el que el aspecto demoníaco está presente pero es abordado de otra manera, una mucho más novedosa.

Esto se debe en gran medida al trabajo de William Peter Blatty, autor de la novela original de El exorcista (así como del guión de su adaptación) y que aquí no solo adapta su propio libro Legión sino que además dirige la película con un estilo totalmente propio. Lo que tenemos esta vez es un policial en el que un detective investiga unos asesinatos de aparente inspiración satánica idénticos a los que realizara un asesino en serie apodado “El Géminis” (evidentemente inspirado en el Asesino del Zodiaco) que fue ejecutado quince años atrás. Esta investigación le lleva por supuesto a una explicación de origen sobrenatural y a una revelación en un psiquiátrico que redimensiona en cierta manera los eventos de la película original trayendo de regreso a un personaje que creíamos muerto (o quizá no, en realidad es más complejo que eso).

Complejo sería además la palabra adecuada ya que en muchos sentidos esta es una película muy fuera de lo común con momentos muy buenos sobre todo a nivel de imagen, incluyendo una famosa secuencia de un largo plano sostenido en un pasillo que ha sido incluso copiada en numerosos trabajos posteriores. Al mismo tiempo, es también una película tremendamente discursiva con una gran cantidad de diálogos, discursos grandilocuentes y actores que por lo visto creen que gritar hace todo más dramático. Estos aspectos, que ciertamente se salen de lo común y que han terminado siendo alabados por mucha gente, me hacen sin embargo pensar en algo que cree ser más inteligente de lo que es, cuando a la hora de la verdad detrás de todos los artificios hay un argumento muy sencillo cuya mayor extravagancia es quizá la forma en que justifica la inclusión de cierto personaje y reescribe el final de la primera película, algo que probablemente funciona mejor en la novela. Esto último lo digo sin mucho conocimiento del tema porque no la he leído, pero en el contexto de la película me molesta un poco porque destruye el relativo realismo que la primera entrega tenía y que era una de sus principales señas de identidad, aunque al menos esta tiene la ventaja de intentar construir su propio argumento y no depender tanto de la iconografía de su antecesora, como sí pasaba con la fallida segunda entrega.

Tengo entendido, aunque no lo puedo asegurar, que la novela es incluso más enrevesada y que de hecho Blatty tuvo que hacer muchas concesiones para hacerla más accesible, incluyendo una escena de exorcismo en el clímax que fue literalmente una imposición del estudio y que de hecho se siente como tal. Existe por lo visto un corte alternativo mucho más cercano a la visión original del director, pero ese no lo he visto. Es muy probable que lo haga porque esta es una película a la que termino dándole otra oportunidad cada tantos años aunque sigue sin convencerme del todo, esto a pesar de los innegables aciertos de varias secuencias individuales tremendamente retorcidas y que me habrían gustado quizá en una película distinta, una menos discursiva y que no alternara de manera tan brusca sus escenas de largas conversaciones con momentos gore destinados quizá a hacerla más reconocible como cine de miedo.

Reseña: Warlock: The Armageddon (1993)

Debería comenzar diciendo que para mí es imposible ver con malos ojos algo en lo que Julian Sands haga de villano, pero es bien sabido que siento una gran debilidad por la saga de Warlock, al menos las dos primeras que son las que he visto. El caso de la segunda parte, Warlock: The Armageddon (1993) es curioso porque no la había vbisto en mucho tiempo y hacerlo de nuevo me ha servido entre otras cosas para darme cuenta de lo fresca que la tenía en la memoria, ya que hay varias escenas y secuencias en concreto que nunca he olvidado por mucho que sea una secuela claramente inferior a la primera parte. Aún así tiene mucho a su favor, y como mucho estaríamos hablando de oportunidades perdidas y potencial no alcanzado.

De entrada una cosa que hay que aclarar es que esta es una película muy distinta a la de la primera parte: Julian Sands regresa como el villano a pesar de que está claro desde el principio que este brujo no es el mismo del de la primera parte sino el Anticristo en persona, que debe recolectar seis piedras mágicas con las que conseguirá abrir un portal al infierno que traiga a su padre a la tierra. Al mismo tiempo, un grupo de druidas modernos en un pueblo americano, los últimos de su clan, deben prepararse para enfrentarse a él e impedir a toda costa que cumpla su cometido, usando como principal arma a un chico y una chica que heredan los poderes de sus ancestros de la peor manera.

A pesar de que yo haya hecho un pésimo trabajo resumiéndola, la verdad es que la trama de la película es muy buena y el hecho de que muestre a los druidas como una estirpe en decadencia es una gran idea porque realmente sientes que se forma una gran expectativa a la hora de preparar a los dos jovencitos para una labor que los supera y para la cual las posibilidades de triunfar son escasas. Eso hace que el principal atractivo sean las escenas en paralelo con el brujo, en el que este recorre Estados Unidos recolectando las piedras y preparándose para la confrontación final. Esta narración a dos bandas hace sin embargo que parezca que estamos viendo dos películas distintas: mienttras todas las escenas centradas en el brujo contienen elementos gore y muertes creativas (el director de esta cinta, Anthony Hickox, curiosamente dirigió Hellrasier 3 (1992) justo el año anterior), todo el tramo que sigue a los héroes parece más bien una película de fantasía juvenil con dos de los chicos protagonistas más “noventas” que te puedas imaginar.

Como decíamos arriba, Sands es lo mejor, y a diferencia de la primera parte parece que esta vez sí le han dado rienda suelta a su trabajo como actor y explota mucho mejor su personaje y el retorcido sentido del humor que puede desplegar. Además muchas de sus escenas son bastante osadas incluso para los estándares actuales, cosa que me sorprendió positivamente. Si la película no termina de funcionar en ocasiones es principalmente por el resto del elenco (más que nada el elenco joven) y sobre todo por los efectos visuales, tremendamente cutres incluso para lo que solemos ver en los dírecto-a-vídeo de los noventa y algo que termina afectando a la película de forma muy negativa porque varias de las secuencias son muy dependientes de los efectos, y si estos hubiesen estado al nivel de lo demás la cosa habría funcionado mucho mejor. Porque al final es eso: me ha sorprendido lo bien que está en general y lo mucho que la recordaba, tanto como para darme cuenta del error que cometí al verla en streaming (concretamente en Amazon Prime) en una versión horriblemente censurada con gran parte de las escenas gore eliminadas de forma muy chusca, como pude comprobar independiemente después. Este es otro de los motivos por los que hay que proteger el formato físico.

Ahora solo me queda saldar una deuda pendiente y ver finalmente la tercera.

Reseña: Bad Hair (2020)

Menuda sorpresa me he llevado con esta. Bad Hair (2020) es una producción distribuida por Hulu (al menos en su país de origen) y dirigida por Justin Simien, el mismo creador de la serie Dear White People (de hecho la protagonista es de esa serie también). Terror afroamericano con evidente subtexto racial, es también una cinta con una mirada nostálgica muy clara a sus referentes de mediados de los noventa, pero más allá de eso resulta muy efectiva y con algunas ideas interesantes más allá de su empleo de la nostalgia por un género específico, cosa que ciertamente no me esperaba al leer la sinopsis y que ha terminado siendo toda una revelación.

En cuanto a la historia en sí, esta va acerca de una joven ejecutiva de una cadena de vídeos musicales (en 1989) enfocada al público afroamericano con un caso severo de odio a sí misma y que hace lo que sea por obtener una melena de cabello lacio que “suavice” sus rasgos, terminando por supuesto obteniendo unas extensiones de cabello malditas que se cobran su precio en sangre ajena. Pero precisamente lo mejor de esta premisa en apariencia absurda es que la película la aborda de manera “seria”, lo que nos ofrece un caso similar al de la reciente (y muy recomendable) Bed of the Dead (2016) en la que una idea en principio banal es abordada de forma no-irónica y termina siendo una joya a descubrir.

El hecho de que no esté (completamente) inclinada hacia la comedia no significa que se tome a sí misma demasiado en serio; por el contrario la película no parece sufrir de ningún delirio de grandeza acerca de su significado o discurso, lo cual es sorprendente en estos tiempos en los que tantas producciones intentan sin éxito copiar lo conseguido por Jordan Peele en Get Out (2017). Esto quizá se deba a que a diferencia de todos los imitadores de Peele, esta no es una película destinada a un público blanco sino a uno afroamericano que realza las particulares miserias de menospreciar tu propia identidad, algo que queda claro en una secuencia en la que varios personajes discuten cómo la música pop negra terminará dominando la industria. Este esquema de negación/castigo/redención revela también los referentes muchos más modestos y disfrutables con los que trabaja Siemen, siendo el principal de ellos la grandiosa Tales From the Hood (1995), a la que me recordó muchísimo y de la que perfectamente podría haber sido un segmento.

A decir verdad la única pega que le puedo encontrar es precisamente que la idea de la que parte se vuelve un tanto repetitiva y que quizá no daba tanto como para un largometraje, por lo que probablemente hubiese quedado mucho mejor como parte de una antología como la arriba citada película de Rusty Cundieff. Pero con todo y eso me gustó mucho y pienso que justo ahora que siguen intentando colarnos la idea falsa del terror elevado, hacen falta muchas más como esta.

Reseña: Kandisha (2020)

La nueva película de los franceses Julien Maury y Alexander Bustillo (autoría que honestamente ignoraba hasta que llegaron los créditos finales), Kandisha (2020) es una obra de terror sobrenatural que tiene muchas cosas a su favor, principalmente una ambientación magnífica que utiliza como escenario el extrarradio de París con sus megabloques de apartamentos de clase obrera/inmigrante, además de un subtexto de leyenda urbana de origen exótico. Sin embargo, es también por desgracia una historia que desaprovecha gran parte de sus virtudes y cuyo parecido más que evidente con otras celebradas obras de terror del pasado le termina pasando factura.

No voy a negar que la premisa es algo que comienza con buen pie: una joven chica es agredida por su ex-novio y decide en un ataque de ira invocar contra él al espíritu de Kandisha, un fantasma perteneciente a una antigua leyenda marroquí y que se dedica a vengar a las mujeres ultrajadas. Sin embargo, y como suele suceder en este tipo de historias, la venganza se escapa de control y Kandisha no solo acaba con el agresor sino que empieza a matar al resto de los hombres del círculo de amistades de la protagonista uno a uno, sean o no culpables, por lo que ella y sus amigas deben encontrar la forma de detenerla antes de que sea demasiado tarde.

Como decíamos arriba, lo mejor que la película tiene es su ambientación en los barrios de la periferia parisina, sobre todo porque al estar mezclados con el componente foráneo de la trama le da a toda la película un ambiente de sincretismo cultural muy acorde con la identidad de la Francia urbana, detalle que no es habitual en el género de terror de casi ningún país. Asimismo, hurgando un poco me he enterado de que la leyenda marroquí a la que hace referencia el título existe y de hecho esta no es la primera película que se hace sobre ella, ya que hay al menos una cinta anterior hecha en Marruecos que incluso lleva el mismo título. Por desgracia, ni siquiera esta magnífica ambientación consigue salvarla del todo principalmente debido a que la trama y la manera como se explora el impacto de la leyenda en la cultura popular urbana (con grafitti y todo) tiene demasiadas semejanzas con Candyman (1992) como para creer en la casualidad. Incluso tiene escenas prácticamente idénticas y referencias inequívocas que dejan claro que la cinta de Bernard Rose estaba muy presente a la hora de abordar este trabajo.

Dichas semejanzas tampoco serían un problema en sí mismas si no fuera porque estamos ante una película muy básica y efectista a la cual lo explícito de su monstruo y sus escenas gore le dan un acabado si se quiere un tanto vulgar, y encima el argumento pareciera por momentos hacer una especie de juicio moral hacia una mujer cuya venganza se escapa a su control y termina afectando a hombres inocentes, lo cual en el contexto del #MeToo pareciera ser una respuesta a lo que se percibe como los excesos de la denuncia colectiva. No sé si esto es intencional o no, lo que sí tengo claro es que Maury y Bustillo llevan ya una racha de trabajos menores muy por debajo de lo que prometía su debut con À l’intérieur (2007), y este por desgracia es otro de ellos.

Reseña: Los propietarios (2020)

Julius Berg, director con una larga lista de créditos en el mundo de la televisión, trae con Los propietarios (2020) su primer largometraje para cine y con este una simpática historia muy británica de invasión domiciliaria, solo que contada desde el punto de vista de los invasores. Esta vuelta de tuerca argumental le ha granjeado comparaciones (no siempre favorables) con otros trabajos de terror recientes, pero aunque dichas comparaciones no vayan desencaminadas, este es un trabajo mucho más cerebral de lo que parece y con algunos detalles inteligentes en su discurso que no sería bueno pasar por alto.

La pirueta narrativa a la que me refiero arriba nos coloca en un escenario en el que un grupo de jóvenes maleantes se meten a robar en la mansión de unos ancianos que resultan no ser tan indenfensos como se creía en un principio. Es esta premisa la que le ha valido a la película las inevitables comparaciones con No respires (2016), aunque las semejanzas sean solo superficiales ya que este no es un survival horror sino una obra mucho más gradual llena de diálogos y que plantea un enfrentamiento directo entre los protagonistas y los ancianos que se va volviendo cada vez más siniestro a medida que avanza el metraje.

Ha sido precisamente este desarrollo gradual y más psicológico (al menos al principio) lo que me ha convencido, no solo por el nivel de tensión que plantea (una escena en particular en la que se anuncia una tortura que tarda y tarda en llegar es particularmente angustiante) sino también por sutiles pero muy certeras puyas discursivas ante temas como la diferencia de clases o la masculinidad tradicional que están presentes aquí y que son abordadas de forma mucho más inteligente y menos maniquea que otras películas que han sido universalmente más celebradas como Eden Lake (2008). Creo que en este sentido uno de los mayores aciertos de la cinta es haber contado la historia desde el punto de vista del personaje de Maisie Williams, cuya interpretación barriobajera es probablemente lo mejor que la película tiene.

En definitiva, Los propietarios puede que parezca una cinta de invasión domiciliaria del montón, pero a pesar de que su premisa no sea original y que varios de sus giros narrativos se van venir desde muy atrás es un trabajo que está muy bien, sobre todo en sus últimos veinte minutos, cuando se desata un desconcertante clímax de acción frenética y persecución en el que incluso cambia la relación de aspecto de la pantalla. Es una película muy violenta y en ocasiones cruel, pero también más inteligente de lo que parece y con un discurso propio que no se debería pasar por alto.

Reseña: Happy Death Day 2U (2019)

El mismo director de Happy Death Day (2017), Christopher Landon, repite en esta secuela titulada Happy Death Day 2U (2019) escribiendo además el guión, con lo que asumo ha tenido una considerable libertad creativa para hacer lo que quisiera. El resultado ha sido un tanto desconcertante en el sentido de que si bien al principio pareciera tomar un camino distinto y explorar la premisa inicial desde un nuevo punto de vista, la ilusión se desvanece muy pronto y termina siendo una segunda parte con muy poca imaginación que no solo no se aventura demasiado lejos de los límites ya trazados por su antecesora sino que encima parece quedarse corta tanto en sus componentes de horror (casi inexistentes ya) como (y esto si es una sorpresa) en su faceta de comedia.

Confieso que la ilusión funcionó conmigo y que al principio me atrapó: en los primeros minutos de la película (así como en su primer trailer) se insinúa que ahora es Ryan, uno de los secundarios de la original, quien se encuentra atrapado en un bucle temporal debido a un fallido experimento de física cuántica en los laboratorios de la universidad, y es Tree quien debe ayudarlo a salir del predicamento por el que ella ya pasó justo el día antes. Esto, como decía arriba, es un engaño porque casi inmediatamente después la película encuentra la forma de devolvernos a la primera casilla haciendo que nuevamente sea la chica quien se vea presa de la misma situación solo que agregando un muy superficial cambio relacionado con universos paralelos, ángulo que nunca es explorado de forma satisfactoria.

El resulado de esto es es una cinta que abandona en gran medida los preceptos de parodia slasher de la original y se afinca más bien en una premisa superficial de ciencia-ficción que ofrece una explicación al fenómeno del bucle temporal en las dos películas, detalle que confieso me gustó pero que parece ser solamente una excusa para repetir el mismo esquema de la primera parte con muy pocos cambios esta vez. Pero tal como mencionábamos antes, no solo parece ser más parca en cuanto a terror sino que también, sorprendentemente, resulta menos cómica al introducir elementos dramáticos en el arco de redención de nuestra protagonista y el trauma de la pérdida de su madre, que parecía resuelto en la primera película y que aquí resurge por motivos que no voy a revelar pero que resultan obvios una vez revelada la premisa del universo paralelo. Incluso los cambios que introduce estas premisas son todos muy perezosos y facilones, hundiendo la historia en una avalancha de clichés que incluye hasta un montaje musical de sucidios que da un poco de pena ajena por lo absurdos que son.

Con todo y eso, Happy Death Day 2U todavía tiene algunos aciertos, casi todos relacionados con el gran carisma de su actriz principal, Jessica Rothe, quien sostiene prácticamente todo el invento. Hay todavía detalles interesantes, pero como secuela es algo pobre y definitivamente muy por debajo de la primera parte en casi todo. Eso sí, una cosa voy a decir y es que a juzgar por la escena post-créditos, hay posibilidades de una tercera entrega que podría estar muy bien, sobre todo si deciden ponerle el para mí evidente título de Happy Death Day 3: And Many More que desde ya vaticino.