Reseña: Happy Death Day (2017)

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No la pude ver en su momento ya que no se estrenó ninguna copia en versión original aquí donde vivo, pero ahora que finalmente ha caído ante mis ojos considero que el principal mérito de Happy Death Day (2017) ha sido quizás el haberle dado un interesante giro argumental al ya muy conocido arquetipo del slasher juvenil. Como ya sin duda sabréis, esta película cuenta la historia de una chica que descubre estar reviviendo una y otra vez el día de su cumpleaños, uno que inevitablemente termina siempre con su muerte a manos de un asesino enmascarado que la acecha en el campus universitario y que parece tener una desquiciada fijación con ella.

El recurso del bucle temporal al estilo de El día de la marmota (1993) es, lo sé, algo que se ha hecho muchas veces, pero al menos lo hace de una forma efectiva. Lo mejor de todo es que, al igual que ocurría en dicha película (a la que por cierto se menciona directamente en un par de ocasiones) el fenómeno del día que se repite nunca es explicado, y puesto que nunca sabemos exactamente por qué la protagonista está pasando por dicha situación la cinta se ahorra explicaciones que sin duda habrían sido insuficientes. Otra cosa en la que ambas obras coinciden es que la mayoría de los elementos con los que juega esta premisa están aprovechados en su vertiente cómica. De hecho, llamarla comedia de horror es quedarse corto; la balanza está tan inclinada hacia la comedia, que clasificar a esta película dentro del género de horror se siente un poco arbitrario.

Gran parte de este tono lo da no sólo la locación universitaria sino la actuación de su protagonista, Jessica Rothe, a quien no recuerdo haber visto en nada más pero que lleva la película prácticamente sola y basa la mayor parte de su performántica en un humor de auto-vejación metiéndose totalmente en su papel de chica problemática y vulgar que por supuesto termina redimida gracias a su experiencia, algo por otro lado muy característico de este tipo de historias. El fenómeno del bucle en el tiempo es algo que curiosamente termina teniendo poca importancia frente al propio conflicto moral de la protagonista y su muy predecible subtrama de comedia romántica con un chico que termina por supuesto convirtiéndose en su principal aliado.

Muy ligera, intrascendente y sumamente light, pero también muy divertida y honesta, Happy Death Day fue un gran éxito de taquilla durante su estreno, sobre todo entre el público juvenil, cosa que no me extraña para nada ya que cuenta con muchos elementos que han funcionado muy bien en películas anteriores, y no necesariamente dentro del género de terror. Una vez más, la gente de Blumhouse demuestra que sabe cómo producir estos trabajos de consumo rápido. Por supuesto este año se estrenó una segunda parte que, según he leído, está aún más inclinada hacia la comedia, algo que pienso comprobar lo antes posible.

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Reseña: Annabelle Comes Home (2019)

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En lo que ha sido para mí una de las sorpresas del año, Annabelle Comes Home (2019), la nueva entrega de la saga de la muñeca poseída (que a su vez es la nueva entrega de ese universo compartido de The Conjuring) atterrizó a mediados de este año para contar una nueva historia de la muñeca con demonio incluído atrapada en la casa de los Warren. Digo sorpresa no sólo por el considerable éxito que obtuvo, sino porque esta tercera película de la muñeca es, sin duda alguna, la mejor y más disfrutable entrega de la trilogía, y una muy eficiente historia de casa del terror que pese a su ligereza general me dejó mucho más contento de lo que inicialmente esperaba.

A diferencia de las dos entregas anteriores, esta vez no se trata de una secuela sino de una continuación que trascurre en la casa de los Warren mientras estos están en Inglaterra durante los eventos de The Conjuring 2 (2016). La pareja de investigadores, sin embargo, cede el protagonismo a su pequeña hija, que se ha quedado con su niñera y una amiga de esta que comete el error de sacar a Annabelle de su prisión de cristal y liberar de esta forma a los espíritus contenidos en varios de los objetos del museo de los horrores de los Warren. La estructura de la obra es perfecta en este sentido porque hace que la historia se centre no tanto en la propia Annabelle sino en todos los otros fantasmas que pueblan la casa, lo cual sirve no sólo para hacer de este un relato de terror más lúdico de lo normal sino también como un obvio intento de establecer desde ya futuras secuelas y spin-offs que serán sin duda explorados en futuras entregas.

Y lo cierto es que funciona; mediante todas estas ideas, esta tercera película triunfa allá donde las otras dos fracasaron y es en contar una historia mínima (toda la película transcurre en la casa de los Warren y únicamente en tres o cuatro habitaciones) pero al mismo tiempo emocionante y sobre todo muy variada. Es cierto que algunas de las secuencias de este tren de la bruja no funcionan del todo bien (la parte del hombre-lobo en medio de la neblina me pareció que desencajaba con el tono que se le daba al resto de apariciones), pero muchas de ellas sí, y definitivamente es algo que está a años luz del muy aburrido y predecible desarrollo de la primera película.

Ahora, es comprensible que mucha gente no aprecie una película que está hecha principalmente de secuencias de sustos interconectadas con un muy débil argumento. Yo mismo en el pasado me he quejado de esta tendencia de gran parte del horror mainstream, pero quizás hayan sido las muy bajas expectativas las que me han hecho recibir esta tercera entrega de Annabelle de manera tan positiva. Por lo visto no he sido el único: no sólo ha sido considerablemente más exitosa a nivel de público, sino que incluso ha tenido un mejor recibimiento crítico no sólo comparada con sus predecesoras sino también con todo el resto de películas de este universo compartido a excepción de las dos entregas de The Conjuring. Algunos le han criticado su ligereza, más propia del terror juvenil, pero en esto puede que la memoria les juegue una mala pasada ya que ese ha sido el tono que Wan y compañía han mantenido siempre (por favor contad el número de muertes de The Conjuring (2013), por ejemplo). El caso es que me ha sorprendido de forma muy grata y es la mejor de una trilogía que originalmente no daba para tanto.

Reseña: Jeepers Creepers 3 (2017)

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Tras numerosos retrasos y cancelaciones, y catorce años después de la segunda parte, Jeepers Creepers 3 (2017) finalmente se estrenó en el 2017 sin pena ni gloria, lo que siempre consideraré una lástima teniendo en cuenta que la primera entrega de este monstruo creado por el director Victor Salva es algo que ha terminado creciendo en mi recuerdo. Si esta tercera parte no funciona igual de bien es no sólo por el tiempo transcurrido, sino por un nivel de trabajo claramente inferior y un gran número de promesas incumplidas en la que sin duda es la entrega más floja de las tres, apenas un pie de página en la larga lista de continuaciones cutres que suelen salir cada año.

Uno de los aspectos más decepcionantes y que curiosamente casi no he leído que mencionen es el hecho de que se haya abandonado tanto los planes de hacer una precuela que explicara los orígenes del monstruo (creo recordar incluso un posible argumento ambientado en el salvaje oeste) como los de hacer una secuela directa con el subtítulo Cathedral que recuperara a los personajes de entregas anteriores. Aquí no hay nada de eso; si bien hay una clara continuidad en el argumento al estar situado inmediatamente después de lo ocurrido en la primera película (que no la segunda) la trama es completamente independiente, contando esta vez con un grupo de antiguas víctimas del “creeper” que se han reunido cual pandilla de cazadores para acabar con él, una trama que por cierto se entrelaza con las historias de otros personajes cuyas vidas han sido tocadas por esta criatura de una u otra manera.

Aquí es donde tenemos el principal fallo para mí: al intentar balancear la trama de los cazadores con la del sheriff del pueblo, la mujer que interactúa con el fantasma de su hijo asesinado 23 años atrás y la inevitable subtrama de amor juvenil, la película se convierte en un pastiche sin pies ni cabeza en el que pareciera que lo menos interesante es la propia figura del monstruo, sobrexpuesto esta vez de la peor manera posible al hacer de él un personaje en apariencia más mundano y con la casi totalidad de sus escenas rodadas a plena luz del día. Esto último resulta una decisión inexplicable ya que evidencia las carencias técnicas de la producción y la pobre calidad de sus efectos especiales. Pero es que además el aspecto místico/fantástico de la historia no está para nada aprovechado ya que la película engaña al espectador prometiendo una mirada al verdadero origen de la criatura que por algún motivo nunca se llega a dar: dos personajes distintos tienen en determinados momentos de la trama una “visión” acerca del monstruo y su naturaleza que el público nunca llega a ver, algo sin duda inexcusable.

Si bien no esperaba mucho de esta secuela tardía, Jeepers Creepers 3 me ha dejado considerablemente frío. No consigue ni el ambiente misterioso de la primera parte ni las logradas y atractivas imágenes de la segunda. Es por el contrario un trabajo que pareciera hecho por puro compromiso, y aunque al final se anuncia la posibilidad de una cuarta entrega (esta vez sí, con la continuidad que hubiésemos esperado), dudo muchísimo que esta llegue a realizarse debido al escaso interés que esta continuación parece haber despertado. A lo mejor habrá más suerte veintitrés años después, cuando inevitablemente sea rescatada por el factor nostálgico de la década en que vio la luz.

Reseña: Midsommar (2019)

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Una de las cintas más esperadas del 2019 y desde ya una de las más destacadas del año, lo único que se necesitaba decir para vendernos Midsommar (2019) es que se trataba de lo nuevo de Ari Aster, director de Hereditary (2018). En esta ocasión, Aster se marca un trabajo parecido en algunos detalles pero en general muy diferente que quizás no haya recibido una alabanza tan unánime por parte de la crítica y sin duda alguna sigue participando de las trampas publicitarias a las que nos tiene acostumbrados la gente de A24, pero que aún así es una gran película de horror y también una que sabe hacer un buen uso de sus obvias referencias y llevarlas más allá.

A diferencia de lo que ocurría en su predecesora, la premisa de Midsommar es algo que nos queda claro tras ver el tráiler: un grupo de jóvenes americanos que viaja hasta un apartado pueblo en Suecia para asistir a un festival pagano de solsticio de verano y básicamente se encuentran con un culto cuyas actividades se tornan cada vez más perturbadoras a lo largo de los nueve días que duran las celebraciones. Esto conformo una premisa muy básica que se ha tocado numerosas veces en el cine de terror, siendo la referencia más obvia aquella fundacional The Wicker Man (1973) de Robin Hardy, pero hay otros referentes incluso más recientes como toda la ola de cintas acerca del subgénero de “turistas muertos” que obras como Hostel (2005) popularizaron a mediados de la década pasada. 

La principal diferencia está en que en esta ocasión el desarrollo de los personajes está mucho más elaborado de lo que suele estar. De hecho, el verdadero centro dramático de la película ni siquiera está en las actividades del culto sino en la manera como Ari Aster aborda lo que para él es verdaderamente importante y que no es sino el desmoronamiento de la relación amorosa entre los dos protagonistas, asfixiados por un noviazgo estéril y que encuentran en el culto pagano precisamente aquello que buscaban. Esto no quiere decir que las partes de terror no sean efectivas y que el ambiente de paranoia y peligro que la secta inspira no aumente con cada uno de los rituales, pero todo esto es algo que se da de forma muy lenta y pausada. En este sentido no está de más recordar que esta es una película que dura más de dos horas y media (aunque no la sentí tanto como en otros ejemplos recientes) y transcurre casi una hora ante la primera escena “de impacto”.

Pero incluso su extensión y su ritmo pausado son cosas que trabajan a su favor. Como decíamos arriba hay algunos puntos en común con Hereditary (especialmente la manera como asume el dolor que causa la pérdida de un ser querido) pero artísticamente podría ser su reverso: todo el horror y la ansiedad creciente que genera su trama está dado a través de una fotografía luminosa, colorida y preciosista en la que la mayoría de las escenas transcurren a plena luz del día y que aún así consiguen dejarte con la boca abierta. Mi única queja quizás tenga que ver con el hecho de que siempre supe hacia dónde llevaba cada giro argumental (el guión es poco sorprendente en este sentido) y se me hizo inverosímil la forma tan pasiva en la que los personajes (no) reaccionan ante muchas de las cosas que están viendo. Pero todo esto son nimiedades: Midsommar es con toda seguridad una de las mejores del año, una que he disfrutado de principio a fin y que representa un punto alto no sólo para el cine de terror de sectas sino al cine de miedo en general. Muy buena.

Reseña # 801: It: Chapter 2 (2019)

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Cerrando ya este muy postergado especial de reseñas octocentenarias, qué mejor oportunidad para soltar unas cuantas líneas sobre It: Chapter 2 (2019), segunda parte del binomio de adaptaciones de It y una de las tres (¡tres!) adaptaciones importantes que tiene pautadas Stephen King para este 2019. De esta forma, tras la ya reseñada Cementerio de animales (2019) y antes del estreno de Doctor Sueño (2019) el próximo mes de noviembre, esta segunda parte de la historia de Pennywise el payaso viene a cerrar la que probablemente sea la más ambiciosa película jamás hecha basada en la obra de King, al menos dentro del terror mainstream. Ha sido también, para mí al menos, una ligera decepción, y aunque la he disfrutado y tiene sin duda alguna innegables aciertos, no puedo dejar de pensar que me pareció seriamente menos aterradora que la primera parte y muchas de sus decisiones en cuanto a argumento y tono me parecieron cuanto menos insólitas e inexplicables. Intentaré explicarlo lo mejor que pueda.

Una cosa que me sorprendió de manera muy grata es que, a diferencia de aquella miniserie de 1990, esta versión de It se ha preocupado por hacer de sus dos entregas cinematográficas películas más o menos independientes, ya que la primera parte quedaba más o menos cerrada y perfectamente podría servir de agridulce final de la historia. En ese sentido, esta segunda parte es una secuela en toda regla, con el Club de los Perdedores regresando a Derry 27 años después para enfrentarse nuevamente a Pennywise y a sus propios demonios internos. Esta vez, sin embargo, están preparados, ya que uno de ellos, Mike, se ha quedado en Derry estas tres décadas recopilando historias acerca del ente detrás del payaso asesino y buscando la forma de destruirlo de una vez por todas. Agradezco que los responsables hayan decidido devolver a Mike su carácter de historiador aficionado, cosa que me extrañó ya que precisamente eso fue algo que se le arrebató en la primera parte.

Pero a pesar de esto que acabo de comentar, la película no está hecha exclusivamente desde la perspectiva de los adultos; por el contrario hay numerosos flashbacks de los mismos personajes como niños, escenas que por algún motivo no fueron incluidas en la primera película y que convierten esta entrega en una odisea de casi tres horas (creo que es una de las películas de terror más largas que he visto en mi vida) con una estructura bastante repetitiva: cada uno de los miembros del Club de los Perdedores tiene su propio encuentro con su pasado y por supuesto su propia escena con Pennywise. Sin embargo, una cosa que me llamó la atención es que incluso estas escenas están rodadas de una forma que resulta menos aterradora que la primera parte, y si bien los personajes son adultos, el horror sigue siendo en gran medida infantil y, salvo una escena del principio de la película, muy poco “serio”, algo que definitivamente no me esperaba y que hizo de la cinta algo mucho más ligero de lo que había esperado, incluso para una producción comercial como esta.

IT Chapter 2 trailer screen grab

A decir verdad, este cambio de tono con respecto a la primera parte puede que sea mi principal problema con esta secuela, ya que la cantidad de humor que han metido en prácticamente todo el metraje es demencial: prácticamente todas las escenas de terror tarde o temprano son desinfladas mediante un chiste, casi siempre proveniente del dúo de personajes interpretados por Bill Hader y James Ransone, que terminan convirtiéndose en los personajes mejor interpretados y en los protagonistas por defecto ya que todos los demás están sumamente desaprovechados y resultan bastante olvidables a pesar de contar con un elenco muy sólido.

Con todo y esto, hay definitivamente aciertos: uno de los más evidentes ha sido el de adaptación de la novela original de King y sus mayores derroteros fantásticos que quizás no hubiesen tenido cabida en una película de este calibre. Por el contrario el guión simplifica en gran medida tanto la mitología de Derry como la historia del propio Pennywise y deja varios aspectos de esta abiertos a la interpretación, por mucho que nos regale esa confrontación final con monstruo gigante incluido. Eso y un desenlace poderoso y emotivo que sabe tocar las teclas correctas y dar el cierre apropiado a una historia que se siente como algo familiar.

Esto último es algo que me parece clave porque lo cierto es que, posiblemente, las carencias como película de It: Chapter 2 tengan que ver con los cambios en la manera de consumir ficción por parte del público actual. Esta es una película que, al igual que la novela en que se basa, tiene un trasfondo argumental enorme, muchas subtramas que aprovechar y muchos personajes en los que hubiese sido interesante profundizar un poco. Todo esto me hace pensar que hubiese funcionado mil veces mejor como una serie de diez episodios que hubiese hecho justicia no sólo a la novela sino a sus propias posibilidades como historia de horror y relato de crecimiento. Tal como está me ha parecido entretenida y con un nivel de producción definitivamente superior al promedio de adaptaciones de King, pero también me parece una película intrascendente y muy por debajo de la buena impresión que causó en mí la primera parte. Y aún así, con todo y eso, forma parte de una dupla a la que habrá que volver y que espero que sea sólo el principio de un renacer de la obra de King en los cines. En eso sí que salimos ganando.

801. It - Chapter 2 (2019)

Reseña # 800: Gremlins 2 (1990)

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Ocupando el sitio de honor en este especial octocentenario, Gremlins 2: The New Batch (1990) puede ser considerada una de las mejores secuelas de todos los tiempos y muy probablemente la obra maestra del director Joe Dante, al menos aquella que resume todos los temas con los que ha venido trabajando en su carrera como cineasta. Es a menudo también citada como un muy buen ejemplo de “antisecuela”, una película que cuestiona la idea misma de una continuación y dinamita de forma evidente e intencional todas las posibilidades que tenía Gremlins (1984) de convertirse en una franquicia de éxito. En este sentido, es una película adelantada a su tiempo que merece ser vista y atesorada.

En un principio pareciera que la premisa es algo totalmente convencional y típico de estas secuelas a lo grande y que aquí estamos ante la misma idea de Gremlins pero ahora en Nueva York, cuando Gizmo termina en un laboratorio situado en lo más alto de la Torre Clamp, un edificio-microcosmos que alberga todas las alas de una poderosa corporación que termina recreando a los mogwai y desatando su poder de forma accidental. Por una asombrosa coincidencia, el protragonista de la película anterior, Billy Seltzer, también trabaja para la corporación Clamp y debe salvar a Gizmo a la vez que encuentra la manera de evitar que los monstruos salgan del edificio al caer la noche y siembren el caos en la ciudad.

Hasta aquí parece una producción muy típica que simplemente repite la premisa de la primera película pero esta vez a lo grande como suelen hacer todas estas secuelas, pero sería un error quedarse allí; el mayor nivel de la producción, el presupuesto más abultado y la aparentemente absoluta libertad creativa de Dante dan como resultado una continuación que no se decanta necesariamente por la épica sino por la transformación de la película en algo parecido a un dibujo animado viviente que sirve como homenaje/parodia no sólo de la primera película sino de todo el universo de ficción de la Warner Brothers y de las influencias de Joe Dante en general, con un elenco lleno de figuras recurrentes del género fantástico y un sinfín de referencias a otras películas, series y fenómenos culturales (son tantas dichas referencias que resulta imposible enumerarlas aquí). Se trata asimismo de una cinta repleta de guiños cómplices con el espectador que incluso llega a romper la cuarta pared y hasta salirse de la propia película mediante una escena en la que los gremlins literalmente detienen la proyección y deben ser puestos en cintura por un Hulk Hogan metido en el “público”. Sin exageración alguna, cada escena contiene algún gag o chiste hasta el punto de que es bien sabido que Dante se dejó gran parte del guión sin rodar debido a las necesidades de limitar la película a la duración de un largo.

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Pero no es sólo el guión y la dirección de Dante lo que sostiene este festival de excesos. Gran parte de la gracia de Gremlins 2 reside en el trabajo de Rick Baker en los efectos especiales. Baker, quien sustituye aquí al creador original de los Gremlins, Chris Walas (quien por aquel entonces estaba intentando hacer despegar su carrera como director), era inicialmente contrario a trabajar con un diseño ajeno y sólo aceptó el cargo cuando Dante le prometió que tendría total libertad para rediseñar a las criaturas como quisiera. Y funcionó; Baker no sólo se marcó un trabajo excelente sino que incluso dotó a cada monstruo de su propia individualidad, desde el diseño característico de los Mogwai hasta una visita a un laboratorio de ingeniería genética que sirve como excusa para la creación de variantes locas de los Gremlins mezclados con otros elementos: el Gremlin-murciélago, el Gremlin-araña o el Gremlin-cerebro, son algunos de los detalles que persisten en la memoria del público después de haberla visto y protagonizan algunas de las mejores escenas. En el apartado de los intérpretes humanos quien probablemente destaca más es John Glover en el papel de Daniel Clamp, evidentísima combinación de Ted Turner y Donald Trump cuando este era sólo un millonario famoso. Una cosa curiosa es que Clamp estaba originalmente escrito como un villano convencional y fue Glover mediante su actuación quien lo convirtió en un personaje entrañable que el público terminaría queriendo.

Pero lo más interesante para mí de esta película, y el verdadero motivo por el cual la he rescatado para esta reseña pese a que ya muchos otros han hablado de ella más y mejor, es el por qué fue hecha. Si hacemos caso a las anécdotas que han circulado desde hace años, Joe Dante en un principio se había negado a rodarla puesto que consideraba que tras la primera Gremlins ya no quedaba nada qué contar, y si lo hizo fue principalmente porque sabía que el estudio la terminaría rodando con o sin él. Dante, que ya había visto el nivel al que podía degenerar una continuación de su obra tras el ejemplo de Aullidos (1981), terminó claudicando y poniéndose al frente de esta secuela únicamente para dinamitarla desde adentro, convirtiendo Gremlins 2 en una película tan alocada y excesiva que terminaría en cierto modo matando su propia posibilidad de franquicia y haciendo que fuese imposible de explotar más allá.

Lo cierto es que funcionó sólo a medias; esta película fue un relativo fracaso de taquilla comparada con la primera parte, y la crítica la recibió con opiniones encontradas. A pesar de esto, durante años la gente ha pedido a Dante una tercera entrega de la saga, algo a lo que siempre se ha negado argumentando incluso que ya hasta cierto punto había cubierto dicha posibilidad con Pequeños guerreros (1998), película juvenil que reciclaba la idea de los “juguetes vivientes” que causaban el caos por doquier. De todas formas, esta segunda parte de Gremlins se ha ganado un culto mucho mayor con el paso del tiempo y hoy en día el considerarla la mejor película de su director es una opinión incluso convencional. La Warner ha amenazado durante mucho tiempo con la posibilidad de hacer una continuación, pero lo más probable es que sin duda estén trabajando en un reboot de la saga que por supuesto carecerá de todas las cosas que hacían de esta algo especial. Pero siempre nos quedará esta.

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Reseña # 799: The Funhouse (1981)

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Como la primera entrada de este trío de reseñas centenarias, hoy toca hablar de The Funhouse (1981), conocida en España como Carnaval del terror y en Latinoamérica como La casa de los horrores. Sea cual sea su título, esta película estrenada en los albores de los slasher films es además una de las más conocidas obras del director Tobe Hooper, y un clarísimo intento por repetir el éxito que este consiguió con La matanza de Texas (1974). De hecho, las dos cintas tienen muchas similitudes en cuanto a argumento, personajes y situaciones, hasta el punto en que me atrevería a decir que las mayores diferencias entre las dos se encuentran en el tono y la estética empleada.

Esto último trae consigo una interesante paradoja, y es que si bien se trata de una película mucho menos brutal y violenta que su antecesora, se da el caso de que resulta al mismo tiempo una de las más logradas ambientaciones de Tobe Hooper, y uno de los más eficaces trabajos de fotografía y diseño de producción con los que el director tejano contó en toda su carrera. La sencilla trama (un grupo de jóvenes que quedan atrapados en la casa del terror de una feria y son acosados por un asesino deforme) se ve elevada gracias a una estética colorista que engalana la película de principio a fin y que termina siendo tan importante y terrorífica como el argumento o la violencia, bien poca y dosificada. En este sentido no deja de ser importante el hecho de que la primera muerte tiene lugar casi a la mitad del metraje y que la persecución de los chicos por parte del asesino tiene una justificación, ya que los jóvenes son testigos involuntarios de un crimen y se convierten por ello en blanco de los feriantes.

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La explosión de color de su estética y producción y los parecidos evidentes con la primera película de Hooper (el elenco de jovencitos, un asesino deforme y mentalmente limitado, así como la presentación de los villanos como un sádico clan familiar) sirven asimismo como un anticipo de lo que el director llegaría a hacer, ya que La matanza de Texas 2 (1986), realizada apenas cinco años más tarde, vendría siendo una especie de combinación de las dos cintas. Es también un buen ejemplo de un cine de terror que se hacía cuando los slasher films aún no estaban completamente definidos como género, ya que se producen un buen número de situaciones dramáticas y un énfasis en el argumento por encima de la acción, al menos al princpio ya que la historia termina en un clímax en el que la final girl se enfrenta al asesino principal a través de una larga e histérica secuencia en las entrañas mismas de la casa.

Con todo y eso, y a pesar de su fama, no es esta una de las mejores películas de Hooper ni mucho menos, no sólo por su relativa ligereza sino porque incluso su premisa sabe a poco, sobre todo teniendo en cuenta su tendencia a diluir el terror con elementos que no le aportan nada, como una subtrama con el hermano menor de la protagonista que no lleva a ningún lado. Si hoy en día es recordada es principalmente debido a su impresionante estética de feria y por haber puesto en escena un mundo de terror colorista que veríamos reproducido más adelante en muchos trabajos que resultarían superiores. Aún así es evidente la influencia que esto tuvo y que sigue teniendo incluso hoy en día, con directores como Rob Zombie construyendo prácticamente todo un universo de terror alrededor de la idea del circo como escenario de miedo y de cómo un Tren de la Bruja puede pasar a ser realmente tenebroso sólo cuando deja de funcionar y se convierte en un peligro real.

Ya para terminar un detalle curioso que no conocía y que sólo he aprendido recientemente: esta película fue incluida en aquella famosa lista de Video Nasties de Reino Unido, a pesar de que es considerablemente más light que el resto de sus integrantes e incluso dentro de la filmografía de Tobe Hooper. La explicación que muchos esgrimen a esto es que fue confudida con la cinta Last House on Dead Street (1977), la cual se estrenó originalmente como The Fun House, y que curiosamente no aparece en la lista a pesar de ser mucho más violenta. Esta de la que hablamos hoy sigue siendo una cinta importante y definitivamente una que vale la pena ver, pese a que aquellas obras que ha inspirado con los años me parezcan mucho mejores.

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Reseña: The Prodigy (2019)

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Entrada más reciente en ese nutrido subgénero de terror con niños, recuerdo que The Prodigy (2019) era una película que pintaba bien en sus avances y a la cual tenía ganas de acercarme a pesar de que ya veía varias cosas que por lo general suelo detectar en el terror mainstream más inofensivo. Al final me he quedado corto; este trabajo de Nicholas McCarthy, el mismo director de la mucho más interesante The Pact (2012), tiene reservado un puesto especial como una de las mayores decepciones de este año, y honestamente no encuentro ningún motivo para recomendarla.

La premisa del alma de un asesino en serie habitando el cuerpo de un niño que nació la misma noche en que él fue abatido es algo que hemos visto en otras ocasiones, pero curiosamente ese tipo de cine es la influencia más leve de esta cinta. Por el contrario, el guión parece reciclar todas y cada una de las ideas que suelen poblar el subgénero de los niños malvados, principalmente La profecía (1976), a la que se fusila sin piedad en más de una ocasión. Incluso la famosa escena del susto en el pasillo, que aparece en el trailer y que es sin duda alguna el mejor momento de la cinta en cuanto a sustos, está tomada de otras películas.

Pero el problema va más allá de simplemente una falta de originalidad. Todo en esta película es tan predecible y tan carente de sorpresas que cualquier expectador sabrá exactamente qué giro tendrá lugar a cada momento del argumento. Y hay algo más que particularmente me ha molestado, y es esta tendencia de muchas de estas películas de niños malvados a mostrar el personaje de la madre como una tonta incapaz de darse cuenta de que su hijo es un monstruo a pesar de todas las pruebas en su contra. En este sentido, quien sale peor parada es la pobre Taylor Schilling, una actriz por lo demás muy buena que se ve relegada aquí a un personaje muy mal escrito que la obliga a protagonizar momentos francamente risibles, sobre todo cuando llega el clímax de la historia y su confrontación con el niño, con un giro final que se ve venir a leguas porque parece ser la única manera en que los responsables pueden imaginar la historia cerrándose.

Un ejemplo muy pobre de terror comercial con niños de por medio y un protagonista televisivo, The Prodigy ha sido un bajón tremendo ya que esperaba mucho más, aunque quien sabe por qué. El subgénero de críos malvados nunca ha sido uno que en lo particular me haya gustado mucho, pero aún en la última década tenemos ejemplos de trabajos mucho mejores que al menos conseguían sacar algo de dignidad de su material tales como La huérfana (2009) o Brightburn (2019), que reseñamos aquí hace poco. Esta os la podéis ahorrar.

 

Reseña: Unfriended: Dark Web (2018)

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Unfriended: Dark Web (2018) es una película a la que le tenía ganas desde hace tiempo. El principal motivo es que soy una de las pocas personas a las que, por lo visto, le hizo gracia la primera parte, y debo decir que muchas de las cosas que me gustaron de aquella están también presentes en esta secuela, principalmente el gimmick de la perspectiva fija en la pantalla de un portátil y el desarrollo de la historia en tiempo real. Sin embargo, también es cierto que abandona muchos de los aspectos positivos de la primera y consigue un relato que pese a ser diferente es también considerablemente inferior por más de un motivo.

Uno de estos cambios, y algo que ya me había desilusionado un poco cuando vi el trailer, es el argumento: en esta ocasión la historia sigue a un joven programador que encuentra un portátil abandonado en una cafetería y descubre, durante una sesión de Skype con sus amigos, que dicho artefacto pertenece a un grupo de hackers que comercia con macabros vídeos en la llamada “dark web”, el oscuro reino de internet fuera de los motores de búsqueda y donde se realizan todo tipo de terribles transacciones. Lo digo de esta forma tan ridícula porque la cinta lo presenta así; el lado oscuro de la red es mostrado aquí como un reino macabro en el que los protagonistas cometen el error de meter el pie, despertando así la atención de un grupo degenios criminales ocultos en las sombras y que comenzarán a acosarlos para recuperar aquello que les han robado.

Es precisamente en este punto donde se encuentra para mí el principal problema de esta secuela, y es que pese a haber abandonado el ángulo sobrenatural de la primera parte, la representación que hace tanto de la red oscura como de las habilidades de los hackers es muy poco realista y tan exagerada en cuanto a los por lo visto infinitos poderes de los acosadores, que bien podrían haber sido fantasmas desde el principio. Hay cosas positivas, sin duda; siendo justos, me gusta que se mantengan algunos aciertos de la original en cuanto al uso de verdaderos programas y plataformas como Skype, Facebook o Google (algo que le aporta cierto grado de legitimidad ante el público joven al que seguramente esta película está dirigida). También me gusta que mantiene ese ritmo frenético e imparable que la original tenía, pero el argumento es tan poco serio que en ocasiones se hace sonrojante, sobre todo en la forma en que son desapachados algunos de los personajes.

No voy a decir que no me gustó del todo porque lo cierto es que te mantiene interesado y logré verla de un tirón, cosa que no siempre me pasa. Pero no puedo negar que en ocasiones se siente como un remedo algo simplón de la primera parte, y mucho más impostada no sólo por la ingenua representación de la tecnología sino también por el empleo mucho más evidente de trucos cinematográficos que la hacen más similar a una película de terror del montón, hasta el punto de que incluso aparecen los logos de las productoras al principio, cosa que creo recordar no pasaba en la original. Es definitivamente una secuela muy inferior, y estoy seguro de que la buena prensa que recibió poco antes de su estreno por parte de varios portales dedicados al cine de terror tiene que haber sido un marketing pagado. No me lo explico de otra forma.

Reseña: Brightburn (2019)

brightburn

A pesar de que nadie parece estar hablando de ella, Brightburn (2019) podría ser la primera película de nuestros tiempos que aborda el tema del relato superheróico desde una perspectiva de terror, algo especialmente relevante ahora y de lo que hubiese esperado una proyección mayor teniendo en cuenta la presencia como productor de James Gunn, quien ha demostrado con el tiempo ser alguien que saca trabajos interesantes de este género no sólo con sus dos entregas de Los Guardianes de la galaxia sino también con la muy recomendable Super (2010), una de esas que todo el mundo debería ver.

Como se viene diciendo prácticamente desde el momento en que se anunció, esta cinta le da la vuelta al concepto de superhéroes con una premisa que se podría resumir en aquello que habría ocurrido si Superman (a quien únicamente le falta el nombre) no hubiese heredado los valores de sus padres sino que hubiese sido una mala semilla desde el principio. No es una idea del todo original (creo recordar que hay un cómic de Superman que tiene exactamente la misma premisa, aunque no he podido encontrarlo y a lo mejor alguien que sepa más de cómics que yo puede tener la respuesta) y de hecho se ha tratado numerosas veces aunque con otro tipo de enfoque. La premisa de unos padres que descubren que su hijo es un monstruo es algo que podría haberse abordado desde una perspectiva sobrenatural/satánica al estilo de La profecía (1976) o desde un ángulo sci-fi/monstruoso tipo Species (1995), pero esta película decide en cambio hacerlo desde el cine de superhéroes y termina contando lo que a todas luces es la historia de origen de un supervillano, un niño de 12 años que obtiene los poderes de un dios con terribles consecuencias para aquellos que lo rodean, algo que ya hemos visto también en obras muy celebradas como Akira (1988) o Chronicle (2012).

El único problema real que tiene es que la película toma una premisa en principio muy atractiva y luego no hace realmente nada interesante con ella. Parte de ello se debe sin duda a un ritmo muy acelerado que busca apretar en una hora y media toda una historia de descubrimiento en la que ocurren muchas cosas y que, por lo tanto, presenta numerosas situaciones dramáticas a las que no se les da transición alguna. Los padres de Brandon, el chico protagonista, parecen estar totalmente aterrorizados de su hijo desde el principio, y al menos en el caso del padre nunca llegué a sentir el apego que este supuestamente tenía hacia el joven. En muchas ocasiones tampoco está claro el origen de la supuesta maldad del niño ya que a veces parece estar siendo controlado por una entidad externa y otras parece que es él quien se entrega a su lado perverso por pura psicopatía, sin que nunca veamos por su parte un conflicto ante el descubrimiento de sus poderes. Lo que quiero decir con esto es que hubiese sido interesante ver en algún momento algún tipo de interpretación acerca de por qué Brandon se ha convertido en un super-asesino, si su maldad se debía a un entorno de maltrato o quizás ante la propia desaparición de aquellos valores morales con lo que el personaje de Superman había sido criado. En la película no hay realmente nada de esto y la transición de Brandon a psychokiller con poderes se da muy rápido y sin que signifique realmente nada.

Donde sí que destaca mucho Brightburn es en el tono que se le ha querido dar: es una verdadera película de terror que te engaña al principio con su estética de placidez americana (no es casualidad que incluso el trailer haya explotado la estética del Man of Steel (2013) de Zack Snyder) y termina entregándose con gusto a escenas muy violentas en las que ni siquiera escatima en el gore e imágenes muy jodidas y perturbadas. Hubiese preferido, sin embargo, que la película hubiese explorado más su premisa o por el contrario hubiese optado por una aproximación más cercana a un auténtico cómic, aunque para esto último habría sido necesaria alguna otra figura de poder contrapuesta a Brandon como en la ya citada Chronicle. No me ha desagradado, pero sí se siente un poco como un cúmulo de oportunidades perdidas que habría dado para mucho más.