Reseña: La mujer de negro (1989)

Pese a que ya en su momento hablamos de su remake con Daniel Radcliffe, lo cierto es que no habíamos revisitado este clásico del horror televisivo británico, y hacerlo me ha hecho reconocer que la versión original de La mujer de negro (1989) es una película que en muchos sentidos ha envejecido muy bien y cuyos más efectivos elementos de terror funcionan en parte gracias a las limitaciones propias de la televisión, y en parte también por la pericia de su director, Herbert Wise, un hombre increíblemente prolífico con una larga carrera que se extiende por casi cinco décadas, dedicándose casi de forma exclusiva a la televisión en su país de origen. Precisamente esta de la que hablamos hoy es una de sus películas más conocidas.

La película adapta la novela homónima de la también británica Susan Hill, y al igual que el libro aborda la figura del fantasma desde una perspectiva si se quiere clásica pero al mismo tiempo muy contenida: un joven abogado en la Inglaterra de los años veinte viaja hasta una apartada mansión en medio de un pantano para organizar los documentos de una anciana recientemente fallecida, y una vez allí se encuentra con una misteriosa figura de una mujer vestida de negro que ronda a la población y cuya presencia augura la muerte. Los momentos más importantes de la trama, así como las escenas de auténtico terror, son aquellas en las que el protagonista se encuentra solo en la mansión que ha venido a investigar.

Creo que lo más me ha sorprendido de esta revisión ha sido precisamente esto, el hecho de que las escenas que transcurren en la casa sean tan pavorosas y consigan esa atmósfera tan opresiva a pesar de que Wise renuncia a prácticamente todos los trucos y lugares comunes del género de caserones embrujados; a diferencia de lo que ocurría por ejemplo en el remake, en esta versión original la casa está casi permanentemente iluminada y en orden, varias de sus escenas transcurren a la luz del día y el mobiliario es mayormente convencional, es decir que no sienten la necesidad de hacer la mansión más tenebrosa de lo que ya es, y el ambiente se consigue principalmente a base de silencios y de la sensación de soledad que embarga constantemente al personaje de Adrian Rawlins, a quien los más jóvenes reconocerán irremediablemente como el padre de Harry Potter en el cine.

A pesar de que incluso para su época es una producción muy limitada y que su trama y propuestas parecen de otro tiempo, La mujer de negro es una película de terror muy eficiente que aprovecha sus recursos de forma envidiable. Además de la atmósfera a la que me refería arriba, la película contiene uno de los fantasmas más inquietantes que he visto nunca considerando lo expuesta que está desde el principio, y encima incluye uno de los mejores sustos que he visto nunca en pantalla. No voy a decir aquí cual es, pero si has visto la película sabes perfectamente de qué escena estoy hablando.

Reseña: Humanoides del abismo (1996)

Carne de videoclub en estado puro, esta nueva versión de Humanoides del abismo (1996) forma parte de una serie de remakes televisivos que Roger Corman realizó de varias de sus películas clásicas para la cadena Showtime. Aquí en este blog de hecho ya reseñamos en su momento una de ellas, y esta sigue más o menos la misma senda: un elenco de actores en horas bajas y unos valores de producciones menores incluso que los de la original, pero sobre todo (y esto creo que es lo peor del asunto), un acabado mucho menos extremo que el de su antecesora y una voluntad de hacerla al menos en parte más digerible para todos los públicos.

Siguiendo la estela de la original, esta nueva versión transcurre también en un pequeño pueblo costero de los Estados Unidos donde un vertido ilegal de productos químicos ha propiciado la aparición de monstruos anfibios que se dedican a matar a todo el que encuentran y secuestrar a hembras humanas con las que aparearse. La principal diferencia esta vez es que los monstruos en cuestión son humanos modificados genéticamente por un experimento fallido del ejército y que han escapado a las cercanías del pueblo, donde la presencia del vertido les ha hecho más poderosos.

El añadido de la trama militar es quizá lo único interesante que la película tiene ya que introduce un ángulo de crítica antigubernamental del que la primera película carecía, aunque ello no se traduce necesariamente en grandes cambios; la mayor parte del argumento ni siquiera tiene que ver con esto sino con los intentos de los protagonistas por rescatar a una chica en peligro y derrotar a la amenaza de los monstruos que por supuesto terminan atacando al pueblo. Tampoco estas escasas ambiciones están bien llevadas a cabo: por momentos pareciera que los personajes se olvidaran de la chica desaparecida, y los valores de producción de la película son tan bajos que cuesta mucho tomársela con la más mínima seriedad. El ejemplo más sangrante de esto quizá ocurre durante el clímax, cuando los monstruos atacan una feria en el puerto: las escenas en exteriores (¡incluyendo a los monstruos!) son metraje reciclado de la original de 1980, y estas escenas se intercalan con los personajes protagonistas de esta en otra locación en interiores, en una secuencia tan chapucera que no me lo podía creer mientras lo estaba viendo.

Al cutrerío generalizado hay que añadir, por supuesto, el hecho de que esta versión suaviza en gran medida el contenido más transgresor de la original en lo que se refiere a la fascinación perversa por la sexualidad de los monstruos. Es cierto que aquellas escenas de la versión de 1980 que incluían agresiones sexuales de las criaturas hacia mujeres humanas eran de un muy cuestionable gusto, pero también es verdad que ese detalle argumental era una de sus principales señas de identidad y esta película tampoco se preocupa por sustituirla por nada más. Lo único que consigue es proyectar una luz positiva sobre la original, que sin ser una obra maestra resulta mucho más disfrutable que esta versión desdentada y francamente mediocre. Siento curiosidad, sin embargo, de ver otras de estas versiones tardías de la obra de Corman, así que quizá caiga alguna más en el futuro.

Reseña: Return to House on Haunted Hill (2007)

Aquellos que sean más jóvenes probablemente no recordarán que a mediados/finales de la década de los dosmil a varios estudios como Warner, Fox o New Line les dio por sacar cutresecuelas (casi siempre rodadas en Europa del Este para ahorrar gastos) de lo que fuera que tuvieran entre manos, principalmente para el mercado de directo a DVD/Blu Ray, formatos que en aquel entonces estaban en pleno apogeo. Uno de los ejemplos que tenía pendiente de reseñar desde hace mucho es Return to House on Haunted Hill (2007), continuación de aquel remake de 1999 dirigido por William Malone y que vendría a llenar en parte ese nicho al que me refería más arriba. Su director, el es´pañol Víctor García, terminaría dirigiendo varios de estos productos, aunque este fue su primer largometraje.

El argumento es algo con lo que nadie se partió la cabeza, por lo visto, ya que echa mano de un muy conocido arquetipo muy empleado en las secuelas desde el éxito de Aliens (1986), que consiste en enfrentar a un grupo de personajes a la misma amenaza de la primera película pero esta vez acompañado de un grupo de hombres fuertemente armados que por supuesto irán muriendo uno por uno. En esta ocasión la excusa para el regreso a la casa embrujada es la hermana de una de las protagonistas de la primera parte (por lo visto Ali Larter no quiso retomar su papel), que es llevada a la mansión a punta de pistola por un grupo de mercenarios en busca de un ídolo maldito que vale mucho dinero pero que por supuesto es el causante de que los fantasmas anden sueltos por las ruinas, cosa que descubren de la peor manera posible.

Una cosa que hay que decir de entrada es que esta secuela sale perdiendo en comparación a su antecesora principalmente por el hecho de no contar con la muy elaborada y ambiciosa estética que distinguía a la película de Malone. El muy escaso presupuesto de esta segunda parte la hiere de muerte al dotarla de una estética muy de andar por casa, un elenco de segunda fila y unos muy pobres efectos especiales dignos de una tienda de disfraces de Halloween, cuando precisamente esto último era lo que más llamaba la atención de la primera y la convertía al menos en un espectáculo digno de verse. Esta en cambio no hace sino arrastrarse por un muy pobre desarrollo de búsqueda de tesoro y mercenarios despachados uno a uno por fantasmas de saldo. Al menos, eso sí, han mantenido la presencia de Jeffrey Combs como el fantasma del doctor Vannacutt. Combs es el único miembro del elenco de la primera que regresa en esta ocasión, y creo que por eso su personaje tiene una presencia e importancia mucho mayor en esta secuela a pesar de que en ningún momento habla.

Una cosa que sí quisiera destacar y que me parece al menos interesante es que esta película contó en su edición de Blu Ray con una función interactiva que permitía al espectador escoger el destino de algunos personajes y desbloquear así escenas y muertes alternativas que no pueden verse en ninguna otra versión. Este recurso fue empleado también en otras películas contemporáneas a esta como Destino final 3 (2006) y por desgracia nunca terminó de cuajar a pesar de que Netflix lo resucitó en algunas producciones propias varios años más tardes. De todas formas tampoco está muy aprovechado más allá de lo meramente anecdótico, y el resultado es una secuela muy olvidable incluso para sus ya de por sí bajos estándares.

Reseña: V/H/S 94 (2021)

Probablemente parezca difícil de creer, pero V/H/S 94 (2021) es una película que esperaba con muchas ganas, ya que este regreso de la saga de antologías de metraje hallado (producida y estrenada esta vez en la plataforma de streaming Shudder) fue precedida por un gran hype que auguraba un retorno al estilo de terror que la hiciera popular en su momento. Por desgracia el resultado ha estado muy por debajo de lo que esperaba, no solo en cuanto a la calidad de sus historias sino incluso en cuanto a su adherencia a la premisa principal, que en esta ocasión parece más bien un agregado superficial cuando antes era lo más importante.

Nuevamente tenemos un marco narrativo en el que un grupo de fuerzas especiales de la policía irrumpe en el escondite de un misterioso culto en el que encuentran un lote de cintas de VHS con siniestras historias de terror supuestamente reales. El hecho de ambientar la película en el año 1994, a decir verdad, no parece tener demasiada importancia y apunta únicamente a cierta estética nostálgica que se aprecia solo en una de las cuatro historias que incluye la antología, en la que un equipo de reporteros de una cadena local se adentra en el alcantarillado en busca de un monstruo de leyenda y termina encontrando más de lo que puede manejar. El resto de las historias son perfectamente atemporales, con lo que la premisa tampoco es que se aproveche mucho.

La verdad es que ninguna de las cuatro historias resulta muy memorable. La cinta tiene un gran acierto al incluir nuevamente al director indonesio Timo Tjahjanto, quien ya había trabajado en V/H/S 2 (2013), la mejor película de la saga, y su historia es lo suficientemente desquiciada y poco convencional para llamar la atención, pero es en el fondo una comedia gore que parece más bien una parodia del género de terror (este aspecto paródico, por cierto, está presente en los cuatro segmentos) y, sobre todo, no justifica su adherencia al formato de metraje hallado. A decir verdad, este fue mi principal problema con la antología en general: ninguna de las cuatro historias aprovecha realmente el punto de vista subjetivo más allá de la aplicación de un filtro a la imagen para darle su apariencia de videocámara noventera; todas ellas contienen planos elaborados, contraplanos y montaje preciso que sigue a los actores y a las escenas sin fallo alguno, con lo que en realidad cualquiera de ellas podría haber sido rodada con una perspectiva tradicional de tercera persona.

No me pareció tan terrible como la tercera entrega de la saga, pero esta nueva entrega de V/H/S ha terminado siendo una ligera decepción debido a lo poco memorable de sus historias y al triste desaprovechamiento de su premisa y formato. No he mencionado la historia que enmarca todo porque honestamente me pareció lo peor y con un nivel de calidad muy por debajo de todo lo demás gracias a sus actuaciones y valores de producción dignos de una parodia porno. Como antología contiene algunos pasajes e ideas interesantes, pero lo cierto es que mentiría si no dijera que esperaba mucho más de este regreso.

Reseña: No One Gets Out Alive (2021)

Con No One Gets Out Alive (2021) tengo la sensación de estar ante una de mis posibles favoritas del año y una que mejorará con el tiempo y el recuerdo, sobre teniendo en cuenta dónde la vi, ya que para nadie es un secreto que estas cintas de terror del llamado directo-a-Netflix no son algo de lo que se suela esperar mucho, salvo contadas excepciones. En esta ocasión tenemos una muy sólida película de miedo basada en la novela homónima de Adam Neville, cuya obra ya ha sido adaptada con The Ritual (2017), una cinta que tiene más de un parecido con esta de la que hablamos hoy.

El argumento esta vez comienza como la historia de una pensión embrujada y una maldici´on de origen exótico de la que sabemos muy poco para luego comenzar a hacer malabares con temas como el desarraigo, las penurias del inmigrante mal llamado “ilegal” y, sobre todo, la pérdida de la inocencia debido a los sacrificios que hay que hacer para escapar de las garras de la pobreza. Todo esto encarnado en la figura de una joven mexicana que intenta sobrevivir como puede y a la que su situación particular le obliga a permanecer en un lugar donde está constantemente en peligro.

Esto último es un gran detalle que dota a la película de un alto grado de realismo en cuanto a las reacciones de su protagonista, por mucho que después la historia vaya cobrando un ángulo fantástico. Pero lo mejor de todo es que, sorprendentemente, la historia logra hilar todos estos temas de forma muy elegante y coherente con la premisa principal, sobre todo cuando llega su clímax y asistimos a unos magníficos veinte minutos finales en los que solo un mejorable CGI perjudica (parcialmente) un trabajo muy digno. Este final consigue también que honestamente no es tan fácil y que consiste en aclarar los misterios de la película sin tratar al espectador como idiota teniendo que explicarlo todo mediante exposición. Aquí, por el contrario, creo que todas las interrogantes quedan resueltas a pesar de que en ningún momento los personajes explican nada, todo lo vemos ocurrir en pantalla, lo que sin duda es un gran acierto.

Como podéis comprobar ya esta fue una que me gustó mucho, y es cierto que muchos de sus recursos estilísticos se han vuelto muy comunes con el tiempo (por ejemplo los omnipresentes planos sostenidos de rincones en penumbra) y que varios de sus temas ya han sido tratados en obras recientes como His House (2020), pero sería una lástima que pasara desapercibida en medio de todos los estrenos de octubre de una plataforma de streaming. Encargaos de que no sea así.

Reseña: Things Heard and Seen (2021)

En los últimos meses me he pegado lo que se dice un auténtica atracón de películas de terror en casa, y curiosamente esta es una de las que más recuerdo. Quizá porque Things Heard and Seen (2021) contó con un empuje promocional muy fuerte debido a la presencia como protagonista de Amanda Seyfried, una actriz que me gusta mucho y que por desgracia no suelen destacar a menudo en la prensa ni siquiera cuando es la auténtica protagonista. Este no es el caso; la película está hecha en esta ocasión para su completo lucimiento, recibiendo no solo el papel principal sino una trama que gira en torno a ella.

Esta trama por desgracia parte del ya conocido cliché de presentar a estas otrora populares actrices en roles de madre una vez pasada la treintena, y en esta en concreto tenemos a una mujer que se muda a un pueblo pequeño renunciando tanto a su vida citadina como a sus propias aspiraciones profesionales en beneficio de la carrera académica de su marido. Por supuesto la ilusión de un matrimonio perfecto y una vida perfecta se rompe gracias a la aparición de un fantasma que habita la casa, con el consecuente desmoronamiento psicológico de la protagonista y el misterio oculto en el pasado de la vivienda.

Pero a pesar de este resumen de la premisa, una de las cosas que me quedaron más claras al final es que esta no es una historia que llegue a ser completamente de terror. Se trata más bien de un drama con elementos sobrenaturales en el que los conflictos de la protagonista y su matrimonio tienen tanto peso o más que el propio ángulo sobrenatural, e incluso este queda relegado a un punto referencial de un drama similar al que está ocurriendo en el mundo de los vivos, mientras que el lado terrorífico nunca alcanza del todo su potencial. Uno de los principales motivos de que esto ocurra es que varios de sus ángulos fantásticos (el misticismo, el ocultismo, la historia detrás de la casa) nunca llegan a ser explorados del todo a lo largo de dos horas en las que la película intenta meter varios planos argumentales, con lo que estamos ante otro de esos casos en los que la estructura de la película hubiese quizá funcionado mejor como una serie.

La presencia de la Seyfried es probablemente una de sus mayores fortalezas, ya que los escasos elementos de terror de la historia se ven ampliamente superados por muchas otras películas anteriores que inevitablemente vinieron a mi cabeza, sobre todo una de hace ya más de veinte años, What Lies Beneath (2000) a la que se parece mucho no solo en cuanto al argumento y el tono sino también en cuanto a un curioso énfasis en los efectos especiales que en este caso al menos no han quedado lo que se dice demasiado bien. Aquella en cambio sí era más “de terror”, mientras que esta se queda a medio camino en ese apartado.

Reseña: The Dark and the Wicked (2020)

A pesar de que nunca se estrenó donde vivo, The Dark and the Wicked (2020) era una a la que le ten´ía muchas ganas ya desde el momento en que vi avances como el trailer o el cartel, ya que se veía como un trabajo vistoso y mucho más inclinado hacia el terror puro y duro a pesar de que también parecía intentar venderse como algo serio. Al final ha resultado ser una ligera decepción: a pesar de que es una película visualmente muy atractiva y eficiente, es también tremendamente vacía y superficial y no se aleja tanto de los arquetipos que maneja desde el primer momento.

En lo que es claramente un ejemplo de “cine de pandemia” (la cinta está rodada con un presupuesto muy bajo, un elenco mínimo y una locación principalmente abierta en lo que luego me he enterado es la finca de los padres del director), la historia va acerca de dos hermanos que se reunen en la viviendo rural de sus ancianos padres para lidiar con la enfermedad y muerte de estos, descubriendo que además hay un trasfondo de posesiones diabólicas que no les dejan salir y del que también ellos serán presa.

Esta historia muy típica de maldiciones y posesiones (que incluye por supuesto horripilantes visiones de la vejez y curas siniestros) es algo que hemos visto repetido mil veces ya y si funciona parcialmente es sobre todo por las artes de su director Bryan Bertino, el mismo de Los extraños (2008) y alguien que al menos sabe darle un empaquetado visual interesante a algo que parece más bien el episodio de una serie. Algunas secuencias y sustos muy bien hechos logran distraer un tanto de lo trillada que es la historia, pero en general se me hizo algo larga y difícil de ver de un tirón, detalle que con el tiempo (lo confieso) se ha convertido en uno de mis principales criterios a la hora de valorar un trabajo de estas características.

La verdad es que la recepción de esta pel´ícula ha sido un tanto desigual y quizá haya pasado desapercibida entre los estrenos de terror que se estrenaron directamente en streaming gracias a la pandemia. De todas formas, si eres alguien a quien le gustan estos trabahos principalmente atmosféricos y lentos puede que le saques alg´ún provecho, pero el problema es que tampoco me pareció que tuviera realmente nada más allá de unos cuantos momentos de sustos repentinos y un imaginario de posesiones bastante básico y trillado, además de que (personalmente) este tipo de historias cínicas en los que los protagonistas nunca saben a qué se enfrentan hasta que es demasiado tarde es algo que me echa mucho para atrás.

Reseña: Malasaña 32 (2020)

Una de las últimas apuestas del mainstream español en cuanto a cine de terror, Malasaña 32 (2020) fue una película de la que escuché mucha mala prensa cuando se estrenó, y en parte por eso me la perdí en aquel entonces. Finalmente pude verla y me parece que gran parte de esa mala reputación fue un tanto exagerada, ya que si bien es efectivamente una producción menor que depende en gran medida de las obras en las que se inspira y se referencia, sí que tiene innegables aciertos propios y una identidad acorde con situaciones que se han vuelto ideas recurrentes en el terror hispánico de las últimas dos décadas: el peso del pasado, la idea del fantasma como la materialización de una culpa colectiva y, en este caso en particular, la ambientación en los viejos edificios de apartamentos de las grandes ciudades, que por lo visto se han vuelto un escenario casi obligatorio desde el éxito de REC (2007) y similares.

Tal edificio es en este caso el que da título a la película (en sí mismo un juego metaficcional ya que la verdadera calle madrileña de Malasaña solo llega hasta el número 30), ambientada en los años del franquismo tardío y que gira alrededor de una familia que se muda a un apartamento demasiado barato para ser bueno. A partir todo resultará muy conocido, desde la aparición progresiva de un fantasma hasta la investigación de un terrible hecho del pasado que guarda relación con lo que está pasando y la desaparición del miembro más joven de la familia, por supuesto desembocando en un clímax de enfrentamiento con lo sobrenatural una vez agotadas las vías racionales.

Otra cosa que tiene en común con trabajos similares es que toda la historia sobrenatural se va intercalando con un drama familiar que toca a cada uno de los personajes y que por desgracia se explora poco, aunque siempre remitiendo a lo que parece ser el tema central de una dinámica social y familiar basada en la vergüenza y el señalamiento moralista al que se ven sometidos todos los personajes. Este detalle en sí es algo que se reitera mucho y que parece tener tanto peso como los elementos de terror, los cuales sí es verdad que se sienten muy artificiosos y centrados principalmente en la construcción del susto, con influencias muy claras no solo de clásicos del horror sino también de trabajos exitosos más recientes con las que ha sido comparada quizá de forma un tanto exagerada.

A pesar de todo me pareció más efectiva de lo que se le ha concedido, con alguna escenas e imágenes aterradoras y que funcionarán sobre todo con gente que de alguna manera ya guarde una fascinación con fotos antiguas de gente an´ónima, y yo en lo particular celebro la existencia de estas películas que no tienen miedo de rendirse a su lado fant´ástico de forma claramente entusiasta.

Reseña: The Mortuary Collection (2019)

Definitivamente los últimos años me tenían malacostumbrado, porque en un mundo plagado de antologías de terror cutres (salvo contadas excepciones), The Mortuary Collection (2019) es una auténtica gozada y una de las representantes más dignas de este subgénero, la prueba de que este se puede hacer bien incluso recurriendo a la superficial carnada de la nostalgia. Esto último lo digo porque un vistazo a la estética y estructura de esta cinta es suficiente para emparentarla con otras antologías de relatos autonconclusivos y anfitrión siniestro al estilo de Cuentos del lado oscuro o, por supuesto, Cuentos de la cripta, que siempre es la referencia más evidente. Sin embargo, este trabajo tiene virtudes propias más allá de sus muy evidentes influencias.

En este caso son tres las historias (cuatro sin contamos lo que se cuenta en el marco narrativo que las engloba), las tres de estilos y referentes muy distintos pero las tres realizadas por el mismo director, el debutante Ryan Spindell. Es precisamente la unidad creativa de tener todos los segmentos realizados por el mismo cineasta lo que da a la película gran parte de su efectividad, dándole además una coherencia interna que mezcla terrores lovecraftianos, comedia de body-horror y hasta una curiosa vuelta de tuerca al género slasher, siempre desde la estética y el espíritu retro que se ven coronados aquí por ese magn´ífico marco narrativo presidido por Clancy Brown en el papel de maestro de ceremonias.

Y lo mejor de todo quizá sea el hecho de que su estética y estilo festivos no impiden un tratamiento de lo más oscuro en algunos de los argumentos, sobre todo en el marco de la historia, una especiamente siniestra considerando el subtexto y una cuya resolución augura nuevas entregas de algo que podría dar mucho de sí. No sé qué tanto éxito pueda haber tenido ni he leído nada acerca de posibles nuevas entregas, pero es sin duda algo que vería como perfectamente posible.

No la vean esperando encontrar algo novedoso o que en cierta forma reinvente el concepto de las antologías de terror. Si la ven que sea para disfrutar de un trabajo muy efectivo que consigue el nada fácil equilibro de calidad en sus historias, uno que no esperaba me fuerga a gustar tanto y que ante mis ojos se ha convertido en otro de estos ejemplos a recordar de lo que llevamos de siglo, en un nivel similar al que ya vimos en obras como Trick ‘r Treat (2008), V/H/S 2 (2013) o Southbound (2015). Muy buena, sin duda, y recomendable hasta decir basta.

Reseña: Gaia (2021)

Con un rodaje terminado por los pelos durante la pandemia, la producción sudafricana Gaia (2021) es eco-terror del bueno con un empaquetado muy sencillo que oculta una discreta pel´ícula de monstruos de ambientación selvática y mensaje naturalista. Lo que me ha parecido curioso es que la película tiene sus mejores momentos precisamente en las escenas más efectistas, y resulta menos atractiva en sus momentos de disertación filosófica o el drama pseudo-erótico que se manifiesta entre los tres personajes que consituyen casi la totalidad de su elenco. Es una cinta curiosa que probablemente jamás habría visto fuera de un festival pero que maneja muchas ideas que me gustan y que no suelo ver a menudo.

Como bien se puede intuir por el título, el centro de la trama lo ocupa la representación de la naturaleza como un ente con cierto grado de voluntad, concretamente en una selva en la que una mujer perdida debe lidiar con un par de chalados que viven recluidos en una cabaña protegiéndose de una extraña forma de vida omnipresente que amenaza todo aquello que entre en sus dominios y que se extiende a través de esporas y hongos transformando todo lo que toca en horribles y violentas mutaciones.

A esta premisa de supervivencia y estado de sitio se agregan escenas muy gráficas y elaboradas de body horror y unos monstruos humanoides que recuerdan mucho a las criaturas de The Last of Us, tanto que no me extrañaría que dicho juego fuese parte de la inspiración del guión. Sin embargo, tal como mencionaba arriba, la mayor parte del metraje se va en la interacción entre los tres personajes del elenco, que mantienen largas discusioes acerca de la vuelta a la naturaleza y la corrupción del hombre gracias a la tecnología, a la vez que la protagonista busca escapar con el miembro más joven de la pareja de ermitaños quien parece estar viviendo sus primeras dudas fruto de su despertar sexual.

El énfasis en los diálogos y la discusión muy probablemente tenga motivos presupuestarios, ya que a la hora de la verdad esto es una película de zombis con mensaje ecologistas y es allí donde consigue sus mejores momentos, tanto en los (escasos) ataques de las criaturas como en las fascinantes transformaciones de aquellos que caen víctima de los efectos de esa forma de vida que habita la selva y que por fortuna nunca es explicada, lo que le añade una capa de misterio que resultó muy bienvenida. Todo esto es lo mejor y es una lástima que aparezca poco porque la película gana mucho cuando se rinde a su lado más superficial. El resultado es, sin embargo, un trabajo simpático que vale la pena.